Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Mizuki Kondo el Sáb Sep 24, 2016 11:12 pm

La castaña no iba a negarlo: era completamente extraño que a alguien se le ocurriera hacer un día de playa en esa época del año, cuando las temperaturas eran un poco más bajas de lo normal y el sol no terminaba de salir por completo de entre los nubarrones que se extendían a lo largo del cielo. Era media tarde y un ligero viento hacía acto de presencia en el lugar, haciendo que en ocasiones las olas de la costa rompieran con más fuerza de la usual, pero sin llegar a ser consideradas amenazadoras -Cielos...- suspiró revisando por enésima vez el móvil; una de sus amigas la había convencido de asistir a aquella reunión con tal de refrescarse un poco luego de todos los estudios que estaban llevando para los exámenes finales del curso. Todo iría bien ¿No? habían acordado no nadar para evitar cualquier posibilidad de pillar un resfrío; solo conversarían un rato y comerían algunos dulces alrededor de una fogata que armarían los chicos invitados, aquellos que probablemente se contaban entre los tantos muchachos que su amiga había intentado "presentarle" para una "larga relación como amigos" -Rayos, ¿cuanto más piensan tardarse?- se dijo a sí misma impaciente, pues llevaba casi cuarenta minutos aguardando la llegada de los otros estudiantes y ninguno se había asomado siquiera al lugar; desde hacía rato ella estaba lista: había llevado una manta para extenderla sobre la arena y a su lado reposaba una hielera con los aperitivos que había esperado compartir con los demás.


Bep-Bep... Bep-Bep el celular sonó de esa forma y luego se quedó en silencio, indicando a la joven hada que había recibido un  mensaje de texto:
"¿Mizu-chan? ¿Ya estás ahí? D: Anoche te había dicho que se pospondría nuestra tarde de playa hasta el próximo fin de semana ¬ ¬" ¿Donde tienes la cabeza que no me escuchas cuando te hablo, niña? <<"
-Oh, tiene que ser una broma- se quejó al terminar de leer el texto; no tenía posibilidad de reclamar nada a su compañera de piso, pues era cierto que la noche anterior habían estado hablando por teléfono un rato antes de dormir, aunque ella no recordaba muchas de las palabras ajenas porque el día había sido cansado y apenas podía mantener los ojos abiertos en ese momento. Quizás fue por eso que el dato "Será la próxima semana" se había borrado por completo de su cabeza. ¿Qué podría hacer? el siguiente trasporte de vuelta a casa pasaría dentro de un par de horas y no podía regresar volando con aquella pesada hielera en manos, sumando a todo el que sus alas eran sensibles al frío y podían quebrarse de exponerse demasiado. -Uhmm...- se llevó el índic e de la mano derecha a la boca, una manía habitual en ella cuando tomaba decisiones. Observó por algunos segundos el cielo, a las aves que volaban tranquilas y también el océano frente a ella. Todo se veía tan armónico y tranquilo; una sonrisa se formó en sus labios al tiempo que se dejaba caer con cierta suavidad sobre la manta a sus pies -Un tiempo para mi sola tampoco está mal de vez en cuando- afirmó mientras inhalaba gustosa el dulce aroma de la brisa marina.


Fácilmente podría haberse dormido en ese momento, pero ligeros gruñidos provenientes de su estomago se lo impedían: no había comido nada porque planeaba aguardar hasta la reunión con los demás y ahora tenía hambre. Enderezó el cuerpo y se volvió a la hielera para extraer un par de sándwiches: se veían tan apetitosos que incluso se alegraba de que fueran solo suyos en el momento. Desenvolvió uno de la bolsita que llevaba  y estuvo por darle una mordida cuando el timbre de su teléfono la interrumpió, esta vez sonando con la melodía seleccionada por ella, indicador de una llamada -¿Si?- respondió tan pronto tuvo el móvil junto a la oreja, parpadeando un par de veces al reconocer al otro lado de la linea la voz de Mirai, su amiga -Araa, no pasa nada- dijo con su usual tono alegre mientras la otra continuaba disculpándose por el malentendido de la playa -Te digo que no sucede nada, está bien- repitió al insistir la contraria -Justo ahora paso un agradable rato conmigo misma y... ¡Hey! Mirai-chan te llamaré luego ¡adios!- colgó con velocidad: un pelícano se había acercado hasta ella y había tomado con el pico el sandwich que la joven planeaba comerse -Ohh... ¡no seas malo!- reprendió al ave, que la observaba entretenida -Ese sandwich es mio y no me pediste ni un poco ¿Acaso no sabes usar el "por favor"?- frunció el entrecejo cuando el animal negó con la cabeza -No importa dame eso y.. ¡No! ¡esperen!- otros dos de esos pájaros estaban hurgando en la hielera y llevaban más sándwiches en el pico -Vuelvan con eso- exclamó la castaña comenzando a correr detrás de ellos, sin fijarse mucho por donde iba. Ese fue el motivo principal por el que se estrelló de lleno con un chico pelirrojo al que no había notado antes, haciendo que ambos cayeran al piso por el impacto.


-¡Lo siento! No me fijé en que estabas ahí- se excusó rápidamente, ignorando por completo a las aves que huyeron con su comida y centrándose en el contrario, a quien tendió una mano para ayudarle a ponerse de pie -En serio perdona, por mi culpa estás todo lleno de arena... oh, ¡tus gafas!- se agachó a recogerlas, pues estas estaban tiradas entre la arena. Suspiro aliviada al ver que no se habían dañado  y se las entregó al joven -Emm... ti-tienes arena en.. ¿Puedo?- Levantó ambas manos al cabello rojizo del contrario y le sacudió el polvo; un tenue rubor adornaba sus mejillas por el incómodo momento que había ocasionado -Ya esta... lamento mucho lo ocurrido este... amm... ¿Cuál es tu nombre?-

Volver arriba Ir abajo

Re: Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Luciel Choi el Lun Sep 26, 2016 7:22 pm

¿Cómo había terminado, esepcificamente en la playa? Vamos, que sí es el mejor hacker de la historia según sus propias críticas pero la distancia del mercado negro a la playa eran demasiadas y no podría romper la seguridad de los collares con un dispositivo móvil -robado anteriormente de un guardia muy descuidado, aburrido y estresado por los malos chistes de Luciel- tan sencillo como ése... entonces ¿Cómo es que ahora daba un paseo solitario por la orilla del mar? Uhm, bueno, lo dejaremos como un secreto.

Caminaba con los pies descalsos, la sensación de tener arena entre los dedos era bastante agradable, de hecho era la primera vez que caminaba sobre la arena y le pareció bastante agradable. En su diestra sostenía los tenis y en la siniestra un reloj cronometrado que marcaba 2 horas y retrocediendo. Su mente se perdió por un momento en lo bello que le resultaba el paisaje, pero sólo quedó en éso, un paisaje lejano para él porque Luciel estaba acostumbrado a otra clase de vida, una muy desagradable que esperaba nunca le pasara a nadie más; era una pena que no tuviera un sentimiento cálido por lo que alcanzaba a ver con sus ojos pero al menos de todo lo malo que traía consigo encima le resultaba tranquilizante escuchar tanto silencio, el simple golpeteo de las olas rompiéndose a la orilla de la arena y cómo sus pies se empapaban un poco y volvían a llenarse de arena, ojalá tuviera oportunidad de hacer ésto algún otro día; claro, siempre y cuando no descubran que había salido -otra vez- del mercado negro sin autorización; ya le conocían sus mañas y su astucia, por eso permanecía alejado de cualquier dispositivo electrónico ¡Frustrante! Porque se aburría constantemente con las piedras de su celda.

Caminó un poco más casi como un poseso y en su trayecto pateó algo que en automático le grasnó. Un ave de gran tamaño, no una gaviota ni una paloma, era un pelícano que había golpeado por accidente y éste ahora molesto le quería picar los pies. -¡Ouh, ouh, espera! Se quejó dando unos cuantos saltos tratando de evitar el largo y monstruoso pico del ave. -¡Ssshuuu! Hizo un ademán con las manos para "espantarlo2 pero éste animal sólo se enfureció más y grasnó con más fuerza haciendo que Luciel diera un grito y corriera tras sus pasos tratando de huir del salvaje animal. -¡Aaaaaaahhhhh! Claro que no era la imagen más varonil que se podría apreciar de Luciel, el defensor de la justicia, el guapetón pelirrojo que siempre se mostraba confiado... ¡Pero es que el pelícano le quería picar los pies! ¿Quién no se espantaría con eso?

Su distracción y espanto le costó un golpe con algo blandito, algo blandito y con vida, cabellos cafés y cuerpecito chiquitito. El golpe había sido tal que cayó de sentón al suelo y el pelícano le alcanzara para picarle la cabeza e irse triunfal volando con sus otros amigos ladronxuelos que se llevaban una cesta y una manta... La naturaleza está loca. -¡Auch! Se quejó por todo, el dolor del choque, el sentón y el plus del picotazo. -No, no, no. Estoy bien. Se sobo la frente apenas abriendo los ojos y mirando la delicada mano sobre su rostro, claro que veía borroso ¿Sus gafas? ¿Dónde estaban ahora? -Ah, ah, ah... Esto es malo... Mis gafas... Hizo un puchero que no tardó en desaparecer con la ayuda de ésa extraña señorita que le entregaba sus segundos ojos. -¡Gracias! En verdad no podría ver nada sin ellos, me salvaste. Se rió al fin levantando la vista con las gafas ya puestas y mirar a la chica que le había ayudado.

Su rostro alegre cambió por completo al de la sorpresa cuando ésta chica le pasó una mano por la cabeza; en automático se encogió de hombros y apretó los ojos... Ah... No eran golpes, sólo le intentaba quitar la arena del cabello. Volvió a abrir los ojos lentamente, no tenía ni si quiera ganas de levantarse, lo que tenía en ése momento era muy gratificante y no quería que nada alterara el momento. -Gra...cias. Sacudió la cabeza y somtró una sonrisa ensanchada, ocultando toda su preocupación. -Oh, sólo soy un súperhéroe que quería salvar a la damisela atacada por pelícanos, el defensor de la justicia, Luciel a sus servicios. Alzó la mano a modo de saludo y luego se rascó la mejilla. -Aunque creo que los pelicanos ganaron ésta ronda, eh.

Volver arriba Ir abajo

Re: Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Mizuki Kondo el Vie Oct 07, 2016 5:30 am

La de castaños cabellos observó al chico algunos segundos más con un par de parpadeos que denotaban confusión por sus acciones; si bien, antes había mantenido la mano por unos instantes esperando estrechar la contraria y ayudarle a levantarse, la idea cambió cuando se dedicó a la tarea de sacudir los residuos de arena que permanecían en la pelirroja coronilla ajena; se sorprendió al percatarse de que el chico de ojos claros adoptara la actitud de quien está por ser castigado... decidió ignorar aquello al menos por el momento. Tampoco había pasado desapercibido ante sus ojos el que aquel extraño fuera considerablemente adorable: sus gestos, el tono de su voz e incluso el lenguaje corporal hacían que la joven hada sintiera una peculiar sensación de animosidad por conocerle -N..no es nada... lamento mucho haber chocado contigo en primer lugar. Pude haberte lastimado y por culpa mía esa ave te picó ¿No es asi?- acomodó su propio flequillo mientras se sentaba sobre sus piernas (al estilo japonés) para quedar en una posición un poco más cómoda frente al pelirrojo -Que pájaros tan groseros; tendré que darles un buen regaño la próxima vez que los vea- gruñó aquello en voz baja aunque tampoco los culpaba si habían robado aquellos sándwiches por tener hambre. Sin embargo, lo siguiente que vio la hizo enrojecer: aquel chico le estaba regalando una cálida sonrisa que podría contagiársele a cualquiera ¿Que podía decir Mizuki? si bien, era alguien de carácter amigable y juguetón, también era algo tímida a la hora de conocer a nuevas personas y por ello le resultaba poco común que el joven frente a ella estuviera con tremenda sonrisa; además, no iba a negar que le causaba cierta gracia la peculiar manera que este tuvo de presentarse -Y..ya  veo. En ese caso, un gusto Luciel- devolvió la sonrisa al de ojos claros -Mi nombre es Mizuki... y sí, creo que nos vencieron las aves esta vez- suspiró cerrando los ojos para de inmediato volverlos a abrir y fijarlos sobre el rostro del "súper héroe".


Estaba por decir algo más cuando distinguió algo que provocó que una suave risa se escapara de sus labios: tras Luciel distinguió (a aproximadamente 15 metros) esparcidos sobre la arena los sándwiches envueltos en sus respectivas bolsas plásticas, la manta húmeda al haber sido alcanzada un poco por una ola y, más allá, la cesta vacía volteada de cabeza -Tal parece que esas aves tenían más intensiones de jugar con nosotros que de robarnos en todo el sentido de la palabra- negó con la cabeza levantándose para aproximarse a los objetos abandonados. Mala idea; muy mala idea. Como si aquel día fuera una parodia, la de ojos color avellana se inclinó a recoger al menos un par de emparedados con el propósito de compartir uno con su pelirrojo compañero como compensación por el empujón y la caída, sin embargo, apenas sostuvo uno entre sus dedos, de nuevo los malvados pelícanos atacaron dejando muy en claro que no iban a rendirse ese día con respecto a ganar un almuerzo gratis -¡Hey, eso no es justo!- se quejó la chica agitando ambos brazos a sus costados cuando las aves pasaron de sujetar los sándwiches a estirar algunos mechones de su cabello y jalar su ropa -¡¡Hey!!- volvió a quejarse dando un par de pasos hacia atrás y tropezando. El karma parecía estar en su contra, pues le sucedió exactamente lo mismo que al pobre Luciel antes: cayó sentada de espaldas (aunque a ella nada le picó la cabeza) y fue demasiado lenta para levantarse acabando empapada de los muslos hacia abajo cuando uno de los últimos repliques de una ola alcanzó la parte de arena donde ella permanecía -Ohhhhh.... no puede ser- se quejó levantándose y sacudiendo de su ropa seca la arena, jalándose el abrigo un poco más hacia abajo para cubrir las medias mojadas. Su cara estaba roja de pura vergüenza al haber perdido por segunda ocasión contra las aves de la playa en menos de 10 minutos; tenia tanta pena que ni siquiera se animaba a girar la vista al chico que recién había conocido -L..lo siento, Luciel... no pude recuperar los sándwiches y planeaba darte uno al menos por haberte tirado antes- se excusó desviando la mirada al océano un tanto resentida con él por haberla mojado. Sip, la joven no se comportaba aún como una adulta y a su perspectiva el mundo se movía por energía que podía ser buena o mala según el tiempo, el lugar y la ocasión que se viviesen; así que, para ella, en ese momento el mar era un ente malo que la mojaba a pesar del fresco clima otoñal. El hada volvió a pasar las manos por sus medias, frotándolas un poco como si de esa manera pudiera llegar a secarles aunque fuera un poco (sobraba denotar que su positivismo era extremo).


Luego de algunos instantes de intentar controlar el carmín de sus mejillas, finalmente cruzó su mirada con la ajena; una pregunta se había formulado en su cabecita de cabellos ondulados y ahora necesitaba al menos aclarar esa duda -Oye... has dicho que eres un súper héroe. ¿es eso cierto? ¿No se supone que tengas una identidad secreta o algo?- se detuvo un momento y luego sonrió con ironía -Señor defensor de la justicia, el marcador va 2-0 en este momento- suspiró metiendo las manos en los bolsillos del abrigo con tal de hacer que estas recobraran el calor perdido luego de estar en contacto con su húmeda ropa inferior. Dentro de uno de ellos, se topó con una paleta de caramelo que había guardado ahí esa mañana para comer en el autobús de vuelta -¡Oh! ammm... ¿te apetece?- se la tendió al pelirrojo aproximándose a él mientras se ajustaba la bufanda.

Atuendo -el tercero de izquierda a derecha-

Volver arriba Ir abajo

Re: Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Luciel Choi el Sáb Oct 08, 2016 2:44 am

Luciel restó importancia moviendo una mano amagando negación, ¿Qué importaba ya si el daño estaba hecho? Osea, el ave ya le había picoteado la cabeza y pues no había mucho por hacer al respecto; si a caso darle una sobada en la frente pero no más. Así como ella se miraba algo "furiosa" -aunque la verdad se veía tierna- Lucile infló las mejillas y se cruzó de brazos a la par que asintía con la cabeza. -¡Oh, sí. Malvados pelícanos! Al final sólo levanto una mano hecha puño y reparó moviéndola constantemente al aire como si resumara promesas de vengaza algún día. Todo aquello con su peculiar tono risueño y gracioso a la hora de expresarse.

No iba a dejar a la chica ir sola por ahí sobre todo sabiendo que estaban esos monstruosos bichos-aves-cosas que picaban a la gente... Ok, no, no era cobarde ni se trataba de refugiar en ella, en verdad que le iba a acompañar a recoger las cosas pero claro que éstos animalejos no les dejaron ¡Estaban furiosos! De hecho uno de ellos intentó volver a picarle los pies a Luciel y éste sólo dio un brinco de un lado a otro. ¡Pobre defensor de la justicia que ni si quiera pudo acercarse lo suficiente a Mizuki para librar sus cabellos de los picos salvajes! -¡Ah, ah, ah! Por más que intentaba acercarse más se veía forzado a brincotear y a cubrirse los brazos por los ataques furtivos de las aves. -¡Cuidado, Mi-chan! Con la caída de la chica las aves parecían reír a grasnidos y triunfantes volvieron a irse con su preciado botín.

-¡Mi-chan! ¿Estás bien? Se acercó a ella para tratar de ayudarle a ponerse de pie pero retiró la oferta al notar que ella no se encontraba de lo más animosa ¿Y cómo no estarlo? Si las aves fueron tan malas con ambos. ¿qué hacer? Sinceramente, a Luciel se le daban pésimo el lidiar con ésa clase de sentimientos y sobre todo era peor cuando eran los ajenos; así que optó por hacer algo para hacerla reír.

Como si de un juego se tratara, dejó salir su preciada cola vulpina, esponjoa y larga como para hacerse un abrigo con sólo ésta; usualmente no solía mostrar parte de sus rasgos por malas experiencias pero suponía que podría hacer algo para hacerla reír. -¡Vamos, vamos. Unos sándwiches no arruinarán el momento, al menos puedes decir que has venido a la playa a refrescarte. Se acercó a ésta y le pasó la cola por la cabeza hasta la cara para hacerle cosquillas... Y de momento soltó un grito, se sujetó la cara con ambas manos y tal cual como si imitara la obra de "El grito" se quedó así un momento, al final sólo agachó la cabeza y se tumbó en la arena bocabajo.

-¡Oh Dios, es verdad! Ahora conoces mi identidad secreta, eso no es bueno... ¿Sabes lo que tendré que hacer? Se giró como un tronco, poco le importó quedar cubierto de arena, de nuevo. -Tendré que convertirte en mi súper asistente. ¡Seremos como Batman y Robín! De nuevo la animosidad regresaba a él. -¡Y tendremos que hacer un cuartel secreto en la playa porque... Porque... Es la playa! Aprovechando que tenía su cola, se la pasó cual plumero por el cuerpo para quitarse parte de la arena que se le había quedado pegada, no se percató del ofrecimiento de la chica hasta que se retiró la cola de la cara. -¡Oh, paleta! Pero es tuya, no quiero sentirme como la frade "Como robarle un dulce a un bebé. Hizo un puchero con la boca; prefería que ella se lo comiera.

Volver arriba Ir abajo

Re: Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Mizuki Kondo el Miér Nov 30, 2016 12:30 am

Sus mejillas se inflaron formando pequeños bultos que denotaban no estaba del todo alegre por lo sucedido; pero ¿Qué iba a hacer? no es como si pudiera hacer un ritual para tener buena suerte eterna; además ¿No supondría eso estarle robando la fortuna a alguien mas? Solamente alguien muy horrible podría ser tan cruel como para desear que otra persona sufriera todos los infortunios que estuviesen originalmente destinados a él -Estoy bien, descuida- sonrió por las cosquillas que causaba en su faz la afelpada cola ajena. Por instantes sus ojos se quedaron prendados de tal esponjosidad: era muy bonita y de colores vivos ¿Así que él era un zorro? ¡Fabuloso! ella adoraba esos animales e incluso podría contarlos entre sus favoritos -Jaja tienes razón, de todos modos no estaba tan hambrienta como para pelear realmente por ellos- afirmó las palabras de él con una sonrisa enorme, volviendo a tenderle la paleta de caramelo, risueña por las cosas que el otro decía -Sí, es mia; pero justo ahora te la estoy ofreciendo como un regalo ¿Sabes? significa que no me incomoda que la tomes- sonrió y colocó la paleta en la mano del pelirrojo, utilizando su propia zurda para cerrar el puño ajeno y que sujetara el pequeño presente comestible -¡Por cierto! es una gran idea lo que ha dicho antes, señor super defensor de la justicia ¡Hagamos un equipo para combatir el crimen en la isla!- nuevamente una suave risa se escapó de sus labios: no lo negaría, en esos momentos su actitud era comparable con la de una niña de preescolar, quizás primaria ¿Pero por qué tendría que comportarse como un adulto serio que solamente se estresaba cuando aquel era su día de relajación en la fresca playa?


La vista de la castaña se desvió del joven al horizonte del océano por algunos segundos: era increíble la mezcla de paz y misterio que desprendía el mar frente a ellos -¿Luciel?- nombró a su acompañante -¿Dónde crees que deberíamos armar nuestro fuerte? esto... si queda a la vista de todos tu identidad de super héroe quedará al descubierto una vez más y nosotros buscamos evitar que eso pase ¿Cierto?- sonrió de nuevo y, con cierta timidez, sujetó la diestra ajena para tirar suavemente hacia ella, comenzando a andar por la blanca arena -¡Vamos a buscar el lugar perfecto!- saltó un poco y, con los pies descalzos aprovechó cada pequeño receso de movimiento para dibujar flores y caritas en la arena -Oye, ¿Que hacías por la playa el día de hoy? esto, me refiero... este no es el clima con el que la mayoría de las personas vendrían: no se puede tomar el sol y el agua está relativamente fría como para bañarse en ella ¿Sólo estabas de paseo?- su curiosidad saltó a la vista, pues como casi siempre ocurría, la de ojos almendrados comenzó a inquirir todo aquello que le generaba duda -Oh...- un sonrojo invadió sus mejillas y su mirada se desvió de la del joven -Esto... perdona si te incomodo con tantas preguntas... la gente suele alejarse por comportarme de esa manera con personas que recién conozco y... ¡¡Auch!!- de un momento a otro, la chica se encontraba sujetando su pie izquierdo con ambas manos mientras saltaba de un lado a otro con el pie derecho. Distraerse del camino (que en realidad no era la gran cosa) había causado que se golpeará el pie con... -¿Qué es eso?- dejó de saltar para arrodillarse y desenterrar el objeto con el que antes se había golpeado: un pequeño cofre de metal. Cómo si se tratara del mayor descubrimiento de todos los tiempos, sus ojos buscaron inmediatamente los ámbares del zorro -¡Luciel, es un tesoro!- parecía que su mirada estaba alumbrada con brillantina, la emoción se dibujaba al completo en su semblante, que cambió a uno de concentración pura algunos segundos después cuando se dio cuenta de que un candado de plata cerraba el cofre y protegía lo que se encontraba en el interior de este -No puedo abrirlo.....- luego de forcejear algunos instantes se enteró de ello, acabando por tendérselo al chico -¿Podrías intentarlo tú?- se puso de pie y aguardó que el contrario lo intentara. Quizás aquel pequeño cofre no contenía mas que arena mojada por el océano. Quizás sólo tenía alguna moneda antigua o un montón de algas podridas ¡Era un completo misterio que ella quería conocer! porque, si bien, el cofre podía tener lo más insignificante, también podría guardar en su interior un objeto fabuloso, una carta de rescate o  un mapa del tesoro. Todo se sabría cuando consiguieran abrirlo.


Off-rol:
Luciel qnq lamento mi demora! intente avanzar lo más que pude sin retomar lo antes roleado para hacer que la historia continúe. Por favor disculpa mi tardanza qnq cualquier cosa que quieras  que edite házmelo saber

Volver arriba Ir abajo

Re: Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Luciel Choi el Mar Ene 24, 2017 8:22 pm

¿Cómo negarse al ofrecimiento ajeno cuando ella misma le había cerrado el puño? además esa cara de mofletes inflados eran suficientes para saber que Luciel no debía meterse con Mi-chan y sus promesas de venganza -si es que las tenía-, así que aceptó y miró la paleta ¿Hacía cuánto que no probaba algo dulce? O más bién ¿Cuándo fue la última vez que comió algo que no supiera a podrido o a cartón? No se hizo esperar, le quitó la envoltura y lamió la paleta... era deliciosa.

Permaneció en silencio con la mirada fija hacia las olas del mar, al igual que Mi-chan no dijo nada pues parecía ser una pequeña pausa entre ambos, cada quien sumergido en sus pensamientos. Él pensaba que sería buena idea huir como prófugo de la ley mercado negro y hacer su propia guarida escondida para ser el Foxman de ciudad Myr y en un breve momento miró a la chica esbozando una sonrisa. -Veamos... Batman tenía su escondite en una cueva porque así viven los murciélagos... ¿Yo debería tener una madriguera? Y de pronto soltó una carcajada animosa, el sólo pensar en aquello le hizo mucha gracia porque bien sabía que tendría que pelearse con los ratones o conejos por tratar de invadir su escondite. -¡De acuerdo, busquemos! Gracias a la animosidad de la mujer se sintió bastante bien, pronto se puso de pie y comenzó a andar a su lado acompletando los paisajes y retratos que ella dejaba sobre la arena, añadiendo nubes, gorras a las caritas y demás.

-¿Hmm? Pronto las preguntas no se hicieron esperar, Luciel buscó la mejor mentira en su repertorio y la hizo sonar tan convinvente que hasta él mismo podía llegar a creérselo. -Oh, bueno tienes toda la razón en no poder entrar al agua; de hecho no me gusta mucho nadar... El agua es salada y si hubiéra sol terminaría con quemaduras. Soltó un largo suspiro y sonrió. -Pero me gusta la arena porque puedo cavar hoyos y distraerme jugando. Claro que podría hacerlo en el bosque pero está más lejos. Y él no podía alejarse demasiado del mercado negro; además si lo intentara tarde o temprano descubrirían que no se encontraba en su celda.

Divagó por un momento que no se percató de la chica brincó adolorida, él más bien se fijó en aquella punta brillante. Raúdo comenzó a esarbar en la arena, ayudándole a sacar el tan curioso cofre y aguardar paciente a que ella intentáse abrirlo. -¿Yo? Lo tomó en sus manos cuando ésta se lo tendió e intentó de la misma manera abrirlo sin lograrlo; probó una, dos, tres veces más forcejeandolo y haciendo muecas y morros con las mejillas. -Ufff... Necesitamos algo más... Miró a los lados ¿Qué podría usar como palanca que estuviése duro y perdido en la arena de la playa? Pero ¡Oh, sorpresa! A lo lejos vio un tenedor que habían dejado los malvados pelícanos. corrió por él y regresó casi a brincos; si corría con suerte las sales habrían corroído parte del candado y lograrían abrirlo sin dificultad. -¡Ahí voy! Mañoso y creativo logró hacer presión entre los barrotes del candado y éste, tal y como había supuesto, cedió y cayó al suelo. Pronto el rostro de Luciel se iluminó. ¿habría dinero ahí, oro? Si había oro... ¡Podía comprar su libertad! Pero cuando abrió el cofre sólo habían collares de caracoles, estrellas de mar y arena. No quiso verse pesimista, pero eso lo desilusionó.

-Se verían muy bonitas en tí. Se animó al fin al decir sujetando un collar y poniéndoselo en la cabeza; claro que él no lo usaría pero en Mi-chan seguro se verían muy bien. Luciel aprovechó y rebuscó sólo por ver si se encontraba algo más pero al meter la mano a fondo algo le pelliscó. -¡¡Aaaaauuuuuu!! Sacó la mano con rapidez y al quedar descubierto un pequeño cangrejo se había prensado de su índice con fuerza; y por más que Luciel intentó quitárselo sacudiendo la mano, sólo parecía que el crustáceo se sujetaba con más fuerza. -¡Duele, duele, duele!

Volver arriba Ir abajo

Re: Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Mizuki Kondo el Jue Abr 13, 2017 6:38 am

Observó sin perder detalle cada uno de los movimientos que el de gafas realizaba, inclinada un poco sobre el cofre como si de aquella manera la sorpresa que le esperaba dentro del mismo fuera a ser mayor. El que Luciel encontrara un tenedor con el cual deshacerse del molesto candado hizo que la joven hada sintiera el corazón latir dentro de su boca, aquella emoción era muchísima, tanta que apenas podía resistirla. Aguardó con la poca paciencia que conservaba a que el chico abriera el pequeño tesoro y casi de inmediato en sus ojos se apagó el brillo que hasta entonces había estado luciendo ¿Solo collares? no lo negaría, eran bonitos y peculiares al estar hechos de caracoles y  conchas marinas... pero era algo decepcionante si tomaba en cuenta que por un momento se había sentido pirata. -Oh, vaya... muchas gracias- sonrió medianamente animada cuando el pelirrojo colocó aquellos adornos sobre su cabeza, tentada a sugerirle se tomaran una fotografía juntos para recordar aquel momento; sin embargo, todo se interrumpió por los repentinos gritos del varón -¡Cuidado!- exclamó preocupada, levantándose al momento de la suave arena en la que había permanecido hasta ese instante.

La castaña observó la escena entre divertida y alterada: no negaría que todo aquello tenía toda la pinta de una tragicomedia, comenzando por su fallido hallazgo de un tesoro y ahora con la prisión animal de su nuevo amigo -¡Basta señor cangrejo!- Mizuki se había acercado a sujetar la mano prisionera del defensor de la justicia, colocando su propia palma bajo el cangrejo como incitándolo a soltarse -Se lo aseguro.. no queríamos asustarlo o lastimarle... sólo observábamos lo que había en el cofre que tiene usted por casa- se explicó ante el crustáceo que la miró con detenimiento por unos segundos -Le ruego que ahora suelte a mi compañero súper héroe o no podremos seguir librando a Myr de la maldad... por favor, ¿podría hacer eso por mí?- inquirió con toda la amabilidad del mundo, teniendo un efecto casi inmediato en el animal que soltó al pelirrojo y se posó sobre su palma, tranquilo, aunque aparentemente hablaba con la chica -Aja... comprendo... lamento eso, no volverá a suceder, muchas gracias- comentó finalmente ella mientras bajaba al animal al suelo, observándolo correr hacia unas rocas y esconderse ahí. Miró al recién lesionado y sonrió un poco de lado mientras se rascaba la nuca -El cangrejo dijo que sólo no vuelvas a buscar tesoros tan cerca de él, pensó que tu dedo era comida o un gusano invasor de su morada...- rió un poco antes de buscar la mirada contraria, cruzando el marrón de sus orbes con el ámbar de los contrarios -Espero ese pellizco no demore en sanar... parecia ser fuerte pero supongo que como héroe tienes resistencia para soportarlo- afirmó aquello esperanzada, volviendo sus ojos de nuevo al pequeño cofre cubierto de hierba marina. Suspiró, acuclillándose dispuesta a recogerlo para entregarlo al varón hasta que notó algo...

Al fondo de aquella caja, en una bolsa plástica adornada por caracoles marinos, se distinguía un pequeño cuadrado negro. La chica extendió su mano al interior y extrajo aquello que no resultó ser otra cosa que una pequeña funda aislante de agua -Dios, mira esto... Luciel, creo que si descubrimos algo después de todo- mostró al chico un celular antiquísimo, que estaba enredado en una hoja de papel con algunos escritos en una lengua que la joven hada no logró odentificar -Esto parece ser de cuando la zona infectada aún era habitable....- susurró en voz baja, observando también una llave en la bolsa -Tengo un presentimiento.. quizás si averiguamos lo que dice la nota entendamos por qué alguien puso en un cofre un teléfono móvil viejo y una llave... ¡tal vez sea algo importante!
¡Un verdadero secreto!
- exclamó mirando con entusiasmo al chico, tendiéndole los objetos con cuidado -El aparato parece ser muy antiguo.. ¿Sabes algo de tecnología? si conoces a quien pueda hacerlo funcionar de nuevo sería fabuloso-

Volver arriba Ir abajo

Re: Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Luciel Choi el Sáb Abr 22, 2017 12:23 am

Poco le faltó al querido pelirrojo de sexy apariencia de agitar con fervor la mano completa para tratar de que el pequeño y salvaje cangrejo dejara de hacer de las suyas y machacarle su índice. Si el cangrejo pudiése hablar seguro le diría a Luciel cosas como: ¡eso te pasa por meterte en mi casa!. Y con justa razón, pues Luciel sólo hundió la mano completa entre algas y corales para ver si no había una extraña perla rosa que bien podría cambiar por su libertad, ¡pero no! Se vio muy tentado a aplastar el caparazón del crustáceo, pues el dolor que sentía estaba empezando a molestarle, y lo habría hecho de no ser por la presencia de Mi-chan y su crustalenguáje. Hacía pucheros y apretaba los ojos, en algún momento rechinó los dientes hasta que al fin sintió como el pequeño señor cangrejo le soltaba y ahora reposaba tranquilamente en la palma de la fémina.

Luciel le miró con mala cara, si éste animalito le hubiése volteado a ver seguro que el pelirrojo le enseñaba la lengua. Ahora y con la prisión de su dedo liberada se dedicó a darse una pequeña sobada con su mano buena.

-¿Comida? Entonces soltó su chascarrillo. -Claro, ¿quién podría resistirse a éste bombón? Soy fuerte, no moriré por el pellizco del señor cangrejo Y de una forma hedonista se señaló de cuerpo completo con las manos; luego de éso se sobresaltó y mostró una estúpida sonrisa de oreja a oreja. -¡Woooh! ¿Crees que me pueda convertir en el nuevo crabman? Es decir, a Peter Parker lo mordió una araña y se convirtió en Spiderman, ¿No me pasará a mí también? Aunque, para ser sincero prefería no volverse Crabman, sino Foxman.

Raúdo se puso en cunclillas para ver mejor dentro del cofre, aquel envoltorio oscuro le pareció un tanto raro... Pero... Había algo más. -... Por poco y se atragantó con su propia saliva al sorprenderse y jalar aire repentinamente, ¿era éso lo que parecía ser? Ésos celulares no se veían desde la época del caldo -metafóricamente hablando-, y por lo que sabía, eran más complicados de lo que se podría imaginar. El plus de ésta época llena de tecnología, magia y cosas encantadas era que podía facilitarles el uso y manejo de la tecnología vieja; el contra era que ya casi no existía nada sobre ésas cosas. Todo se había perdido en la guerra y la elevación de la isla.

-Un tesoro. Dijo en voz baja olvidándose por completo de la castaña; ahora había estado sumergido en sus pensamientos, tratando de hilbanar las piezas rotas del rompecabezas; sí, lo de investigar el porqué de la nota con el celular y la llave ya lo había pensado desde mucho antes. Su vista regresó al rostro ajeno, esbozó una sonrisa y se puso de pie sacudiéndo la cola.

Una oportunidad.

Éso vio cuando la fémina le entregaba el aparato y éste lo revisaba de pies a cabeza. -Soy bueno con las máquinas, creo que puedo hacer algo. Si podía hackear el aparato como lo hizo con el collar, podría hacer milagros tecnológicos. -Veamos... Primero, mirar que el dispositivo estuviése intacto, estaba un poco desgastado por el paso de los años pero no había problema con su funcionalidad. Segundo, revisar si funcionaba con baterias, cargas o enchufes y, en efecto tenía una batería plana bastante irreconocible, ¿funcionaría aún? Luciel presionó botones esperando que alguno reaccionara y cuando estaba dándose por vencido escuchó un claro y agudo bip. -¡Encendió! Le temblaban los huesos hasta el tuétano. -Mii-chan, ¿hay algo más escrito en la hoja? ¿Y en el cofre, hay algo más que podamos utilizar?

De pronto, su rostro alegre, su actitud excéntrica y disparatada y sus chistes espontáneos desaparecieron como si nunca hubiése existido el zorro gracioso; ahora se encontraba el hacker, el que tenía que agudizar sus habilidades mentales para descifrar los problemas. Ya no hablaba con amabilidad, ahora parecía más bien ordenar y no se había dado cuenta de ello. -¿Y bien? Inquirió tajante mientras revisaba el aparato desde su sistema operativo. El mismo sistema de escritura que estaba en el papel... ¿pero qué significaba?

Volver arriba Ir abajo

Re: Figuras en la arena [Priv. Luciel]

Mensaje por Mizuki Kondo el Lun Mayo 01, 2017 10:17 pm

No podía creerlo ¡En serio lograron conseguir un tesoro auténtico! no en el sentido ordinario de la palabra, pues oro y joyas estaban totalmente ausentes de aquel cofre pero ¿Un teléfono móvil antiguo? ¡Fabuloso! La castaña sonreía con notable entusiasmo, asintiendo a la mayoría de las palabras que el zorro. Se le notaba tan fascinado también, en sus ojos podía distinguirse el brillo por haber descubierto aquel aparato ¿Podría repararlo? Esperaba que si, porque aquello no parecía ser un simple descubrimiento común; den primer lugar ¿Por qué alguien habría guardado en una caja aquellos objetos y los había dejado en el océano? había posibilidades de que la nota lo explicara todo... quizás ahí estaban los secretos que se involucraban en las guerras previas a la creación de Myr, o había datos sobre como recuperar de a poco la zona infectada...

Sus pensamientos dejaron de volar al poco tiempo, solo para centrarse de nuevo en el pelirrojo que inspeccionaba la pieza encontrada. Mientras tanto ella se dedicó a otra cosa: Mizuki había sacado su propio celular de uno de sus bolsillos y ahora buscaba en Internet alguna manera de identificar el contenido escrito de la nota. Los idiomas que antes se habían hablado a lo largo y ancho del  planeta tierra ahora estaban casi extintos, todo porque el lenguaje que se hablaba en Myr era el alemán moderno (Myrense) y otros idiomas como el japones, el español o el ingles eran más bien complementarios; las personas seguían hablándolos, pero no con la misma frecuencia que antes, de hecho, eran pocos quienes los dominaban aún -pocos sin contar a las personas que habían nacido antes de que Myr se creara-. La castaña pasó saliva cuando luego de un rato de búsqueda ella seguía con fracasos continuos; Luciel ya había logrado encender el celular y ella seguía sin averiguar que idioma era el que tenía escrito la nota en su mano ¡Que ingenua! Suspiró con pesadez, un ultimo intento no vendría mal. Buscó entre las opciones que el navegador hasta que una en particular llamó su atención, haciendo temblar sus manos de emoción pura -¡Encontré una aplicación para escanear!- exclamó con más entusiasmo del necesario, quizás porque como había estado todo el tiempo en silencio la emoción se había acumulado dentro de su menudo cuerpo. Sin aguardar demasiado, la joven tomó de nuevo la hoja de papel entre sus manos y, con ayuda de su teléfono móvil, hizo una fotografía del escrito. Una barra que indicaba "cargando resultado" apareció en la pantalla mientras los escritos de la fotografía eran analizados. Finalmente, apareció el texto que la fémina esperaba ver -¡¡Lu-chan!! La nota esta escrita en somalí- exclamó, ¡Finalmente! -Es un idioma que se hablaba en un país del viejo mundo... en un continente llamado África- terminó de explicar aquello mientras se disponía a buscar algún traductor para enterarse de lo que ponía el escrito en el papel misterioso... pero todo falló. De un momento a otro, el teléfono de la chica se apagó y para cuando pudo encenderlo de nuevo, se topó con que los datos referentes al idioma habían sido borrados, además de que el servicio de internet parecía haberse detenido.

Dejando la sorpresa de lado, en ese momento Mizuki tenía otra preocupación en mente ¿Porque Luciel estaba tan serio al respecto? ¿No se suponía que encontrar un tesoro misterioso debía ser divertido y no estresante? El pelirrojo parecía estar algo irritado, había dejado de bromear e incluso instaba a la chica a que buscara más pistas -E..esto...- su voz llegó a temblar un poco, quizás el profesionalismo del chico la convertía a ella en un estorbo en el tema. Estiró la mano hacia el pequeño cofre para acercarlo a sí misma, observando el interior. Además de los caracoles marinos, algunas algas y algo de arena, no podía ver nada más dentro del mismo -No... ya no hay nada más, Luciel- negó con la cabeza -Además, me quedé sin servicio de net para buscar la traducción posible de este texto....- reflexionó por un momento, ¿así terminaría todo?


Las olas del mar continuaban lanzando suaves murmullos y el viento soplaba moviendo las nubes. De verdad que era el día perfecto para descubrir un tesoro antiguo -¡T..tengo una idea!- no podía quedarse como un estorbo, quería demostrarle a él que era capaz de ayudarle también a descifrar los secretos del viejo celular -Dado que ya no puedo investigar más por ahora...  ¿Te parece si te llevas el teléfono e intentas averiguar bien como funciona qué tiene de especial como para que buscaran ocultarlo?- propuso aquello con tranquilidad, buscando la mirada del varón a través del cristal de las gafas de él -Mientras tanto yo intentaré traducir por completo la nota... y si quieres después podemos reunirnos en mi casa... ¿Si?- propuso aquello, sonriendo de lado un poco, intentando hacer más liviano el ambiente entre ambos, que se había tensado de pronto.

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.