Malos tratos [Priv. Sedric]

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Malos tratos [Priv. Sedric]

Mensaje por Irean Aubriott el Vie Sep 09, 2016 12:21 am

Qué días. Tenía tiempo en esa isla y aun no se acostumbra del todo al modo de vida. Podría ser que sigue arraigada a su pasado, pudiera ser que no disfruta nada a causa de la melancolía que la invade día con día. Ha llegado a pensar que enloquecería de no ser por la compañía de su pequeño y fiel amigo Orión, desde niña han estado juntos, incluso cuando han tenido problemas, él ha estado ahí, no de la misma manera siempre, pero su presencia ha sido elemental, para aliviar su interminable soledad.

Aquella noche, decidió dar un paseo, el clima no se presta para ello. Es Invierno, existe una brisa fresca y gélida que invita a quedarse en casa, pero su deseo fue mas grande, que las contras del clima. Escogió un conjunto blanco, de escote justo para que Orion pueda acomodarse entre ese par de voluminosos senos, Irean siempre mantuvo a su fiel amigo en esa parte de su cuerpo, aun con su evidente desarrollo, no ha cambiado esa afinidad, todas sus prendas tienen una pequeña bolsa en esa zona, para que el oso café vaya cómodo, incluso, tiene una pequeña horma que ayuda a no aplastarlo por la cercanía natural de ambos pechos. Se coloca un abrigo corto y abierto al frente, añade a su atuendo una crossbody del mismo, para guardar sus llaves y accesorios, así como su cartera, para cualquier cosa que se le ofrezca durante el camino. Sus botas con tacones rematan el atuendo demasiado polar que escogió.

Sumamente feliz o al menos con una sonrisa, abandona la habitación de hotel, en lo que se establece perfectamente en aquella ciudad. Si, lleva años rentando una misma habitación que no sabe cuándo dejará, supone que en lo que encuentra algo que le convenza o sienta que es necesario hacer el cambio de residencia. Mientras la administración no se la pida, y ella siga pagando el hospedaje, cree que no hay problema alguno.

Dirigió sus pasos hasta el parque más cercano a la periferia del hotel, quería confirmar lo cómodo que podía ser la ciudad a esas horas. Sobra decir, que también tenía pensado visitar alguno que otro lugar para poder despejar su mente. Conforme fue dando una definición a sus pasos, acomodó su celeste cabellera, de forma que cayera, cual cascada, por su fina y blanquecina espalda. Fue entonces que escuchó un ruido a su cercanía. Es un zorro, con forma humana, pero al fin un animal, lo que detectó hizo que se sobresaltara, también lo acuña a su muy arraigada manera de estar casi en silencio absoluto, por eso, su sentido del oído está un poco más desarrollado de lo que se puede considerar como normal.

Cruza la calle para llegar a la acera contraria, una vez sube aquel relieve, nota a la cercanía a un sujeto, que, por el mismo sonido que fabricó, reconoció que era aquel quien detectara a unos pasos a la lejanía. Estaba lista para defenderse por si querían asaltarla.

Y ocurrió.

Aquel sujeto quiso arrebatarle la bolsa que traía cruzada elegantemente por el cuerpo, desde luego, la zorro no se dejaría amedrentar, aunque entró en el forcejeo normal de no querer soltar su pertenencia, aquel la amenazó con un arma y con su especie: un jaguar. Eso, le pareció un insulto, pero no podría contra él, no por principio de razas, sino por fuerza - ¡Auxilio! – Fue lo primero que se le ocurrió hacer, aunque a aquel rufian no le pareció buena la idea de la peliceleste, en seguida, le sestó una bofetada, capaz de hacerla marear por espacio de algunos segundos.

Y, ni así, soltó su bolsa. No dejaría que ese malviviente la robara.


Última edición por Irean el Lun Oct 24, 2016 2:51 am, editado 1 vez

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Re: Malos tratos [Priv. Sedric]

Mensaje por Sedric Niles el Dom Sep 11, 2016 10:38 pm

Por su parte, que el día estuviese repleto de positivismo enfermizo en el aire, pugnando por convencer a los privilegiados sociales de la normalidad del sistema, le resulta irrelevante. Él conocía mejor que nadie las tretas de los altos mandos por volver útiles a los desdichados vueltos esclavos, a quienes para no sentirse tan mal se convencieron en llamar “mascotas”; es más, si lo pensaba en un sentido estricto, ellos tampoco tenían el infortunio, no obstante, de aquellos residentes en el bien logrado barrio bajo de la isla flotante, mejor conocidos como “mascotas ilegales”: ese puñado de seres vivos inconformes con su situación, capturados en contra de su voluntad y vendidos al mejor postor con la única esperanza de encontrar una oportunidad nueva en la vida. Tal parece que, a ojos de los exitosos, ellos no son lo suficientemente humanos como para merecer el libre albedrío, son la escoria, la mano de obra. Los marginados.

Pero todos esos títulos se resbalan por la piel del myrense con cabello albino y piel cobriza, deshaciéndose de toda pregunta improductiva, él nunca pretendió tener una vida digna de ser presumida. Desde su juventud padeció la pobreza, el hurto, el asesinato, el indescriptible dolor de perder un órgano importante hasta aprender también a vivir con un punto ciego. Ser vendido es solo una etapa más que aprendería a superar, por más fastidiosa que esta fuese. Al menos podía presumir de los favores de su vendedora para salir a estirar las piernas y no perder la costumbre de rondar más allá de su territorio en búsqueda de excitantes experiencias. Con la ropa de siempre: Un jubón ojeteado de color gris platinado, con un cinturón de ornamenta conformado por eslabones con la misma forma circular simulando un Sol en su centro, sus pantalones se pierden en la composición de sus ropajes, no solo por el largo de la pieza que cubre todo su torso, culminantes en forma de triángulo en todo el volumen de la prenda, sino también por las botas cazadoras de alto impacto cubriendo más allá de la rodilla. Para resguardarse del frío, utiliza una capa hasta las pantorrillas con capucha cubriendo gran parte de su cabeza.

Sus pasos se hunden en la liviana capa de nieve que poco a poco se va juntando en el centro de la ciudad, dándole un toque helado al césped antes verde brillante. Los ruidos sintéticos de la ciudad llegan a sus oídos atenuados gracias a la tela alrededor de su cabeza, no así un grito de ayuda ocasional en una parte mucho más alejada pero que aún pertenece al parque. Decir que caminó rápido para acercarse es mentir, sin embargo, al rodear un árbol pudo ser parte del asalto. Aquella mujer se lo merecía, se encogió de hombros e intencionalmente dio media vuelta hasta que el sordo sonido de un golpe seco llegó hasta sus oídos, a esa distancia podía distinguir el candor en la mejilla de la fémina por recibir un golpe de tal calibre. Un ladrón de tan baja categoría no tendría éxito en su turno.

Lo siguiente que sucedió fue que el asaltante fue embestido por la fuerza colosal de un león blanco de gran tamaño e imponente musculatura, obligándolo a soltar el cordón de la bolsa además de rodar en el césped mojado al menos tres metros lejos de su víctima. Tal vez el impulso haría caer a la chica o tal vez no, le importó poco pues en cuanto se quitó de encima del rufián, para obtener una posición beneficiosa, escuchó el rugido del jaguar interviniendo. Correspondió al llamado de guerra, meneando la cola cual látigo mientras ambos felinos intentaron rodearse, caminando uno contra el otro en un círculo casi perfecto.

Entonces, la criatura adornada por manchas saltó en su dirección. En el momento preciso, emprendió una carrera febril en contra de éste, alcanzando a golpear con su cabeza y el peso de su cuerpo el abdomen de la criatura, arrebatándole estamina hasta hacerlo caer. No perdería más tiempo, golpeó el hocico de aquella con la cola después de dar una vuelta completa para correr directamente hacia la fémina, a la que, sin preguntar, arremetió de tal forma que ella montase su lomo. Dependía de ella acomodarse para no caer, tenían poco tiempo si querían escapar sin dejar rastro fresco para ser perseguidos.

Su arrebatada carrera detuvo el tránsito de algunos vehículos contra los que se aventó, obligándolos a detenerse para abrirle paso.

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Re: Malos tratos [Priv. Sedric]

Mensaje por Irean Aubriott el Lun Nov 28, 2016 2:25 am

Todo daba vueltas en su cabeza, producto del golpe que el jaguar le diera. Tenía la fuerza suficiente, no solo por ser hombre, sino por la supremacía de la raza en ese momento. Ella solo es un zorro, se supone que son astutos, pero ella parece ser la excepción en ese instante al no querer soltar la bolsa, y no lo haría, aunque tambaleara a causa de la agresión. Toma un poco de aire y sigue arremetiendo para hacer que desista del asalto, pero este opta por la transformación, en ese instante, solo cierra los ojos, no quedaría ni una triza de ella si este decide incluso devorarla. Se encogió, aunque no soltó el asa de su bolso, tembló como nunca antes.

Era su fin.

Súbitamente, notó la segunda intervención de una bestia que enfrentó a la primera, ambos dieron gala de fuerza y notoriedad, en tanto ella, solo pudo temblar. No sabía a qué se debía la determinación del otro a intervenir, se tensó un poco, ahora que estaba en el suelo dado el tirón que el otro dio al caer, solo pudo arrastrarse para jalar su bolsa y volvérsela a colocar en el cuerpo, era hora de huir antes de que las cosas se pusieran peores. Cuando pudo reincorporarse, notó al león correr en su contra ¿acaso pensaba devorarla? Cerró los ojos con fuerza, no podía ser peor la situación ahora que el ataque era directo, de súbito, notó entonces que terminó en el lomo del enorme felino que corría para alejarse de la situación, el felino negro quedó tendido en el piso, esperando componerse para volver a la carga, a razón de ello, fue que aferró sus manos a su pelaje, de manera que, cuando este siguiera la loca carrera, ella no caería a causa de la cabalgata. Aferró sus piernas a los costados con fuerza, de igual manera sus dedos a la melena de aquel, agachó el torso de manera que el aire se rompiera con la punta de su nariz, evitando que la proyectara hacia atrás y ocasionara un accidente peor.

Condujo como pudo al felino que seguía en la loca carrera, lo llevó a unos pasos cercanos a su domicilio, donde le indicó que podía parar. No se bajó de su lomo hasta que se sintió segura, incluso se recostó en él, aspiró su aroma, ese olor particularmente salvaje, a manera de calmarse. Descendió con cuidado, se recargó en la pared más cercana y se llevó la mano al pecho, tenía que nivelar su respiración o podría ser mucho peor.

Volvió su mirada hacia el enorme felino, no sabía que hacer – Gracias… - Musitó a penas su respiración es lo permitió, seguía demasiado agitada, su corazón seguía latiendo tan rápido como su capacidad y estímulo por adrenalina seguía. Estaba también a merced de un depredador más grande que el anterior: el “rey de la selva” por excelencia. Acercó su mano hasta el hocico de este, quería comprobar que no la había reservado para “comer” después. Tragó un poco de saliva luego de que sus dedos tocaron su húmeda nariz – ¿Cómo puedo agradecerte el haberme salvado? …- Nuevamente habló, sin saber qué decirle en realidad, seguía aturdida y confundida por lo que recién acababa de suceder – Salvaste mi vida, león…- Cayó sentada sobre el suelo, aun no se reponía del todo.

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Re: Malos tratos [Priv. Sedric]

Mensaje por Sedric Niles el Lun Nov 28, 2016 2:53 am

En cualquier otra circunstancia, Sedric no hubiese obedecido los comandos inseguros de la mujer que monta su lomo para escapar de su destino. No obstante, y sin pensarlo detenidamente para no cometer errores, la llevó hasta donde ella dio la indicación de detenerse, gradual, pero con cierta brusquedad a la vez, ejecutando pequeños saltos para frenar su velocidad; en cierto punto, sus patas de gran tamaño. para compensar el significativo peso de la fémina, se movieron en una caminata rápida hasta detenerse sin más. Estuvo quieto para dejarla bajar, volteando a verla después. No atendió al agradecimiento, su quijada se venció ante un jadeo silencioso para recuperar el aliento perdido gracias a los movimientos de impacto ejecutados con el fin de evadir automóviles y esquinas. No sabía siquiera en qué punto había perdido al jaguar junto con su dueño.

Sus orejas son las que primero se mueven al momento de percibir la mano de la chica acercándose a él, ¿con qué intención? Aunque su gesto parece impávido e indiferente, la sensación interna del híbrido es la misma que una ceja arqueandose. ¿Pensaba que estaba tratando con un perro o algo así? Le dejó tocarlo por cosa de unos segundos antes de mover su cola con fuerza de lado a lado, emitiendo un quejido poco importante desde su garganta hasta sus fauces. La rebasó, dispuesto a irse a pesar de un insignificante pero constante goteo de vitae perdido entre su pelaje blanco, acertando algunas manchas en el suelo. Había recibido un zarpazo de defensa impronta por parte del felino negro.

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Re: Malos tratos [Priv. Sedric]

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