Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

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Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Mar Ago 16, 2016 5:54 am

La tormenta no hacía mas que arreciar a cada momento, los rayos iluminaban el cielo que estaba cada vez mas oscuro; nada de eso importaba al castaño, después de todo, ya estaba completamente empapado y no podía hacer nada al respecto, solo aguardar a que el maldito taxi pasara. Sujetaba la mochila en el hombro derecho y con la zurda rascaba un poco el cabello de su nuca, tan húmedo que le era imposible peinarlo como le era usual -Ahh... perdemos tiempo...- dijo en un suspiro de fastidio a la sirena que le acompañaba. El problema para Yuma no era estarse mojando, más bien, todo radicaba en el aire invernal que azotaba con fuerza su rostro, haciéndole sentir miserable por no haber llevado una chaqueta más abrigada; también cargaba con cierto sentimiento de culpa, pues su amiga pelirroja estaba en prendas aun menos cálidas y podía notar (aunque ella intentara semi-ocultarlo) que el frío también hacía mella en su persona -Creo que será mejor si caminamos un poco más... estamos algo apartados de las avenidas centrales y quizás por eso no hemos visto el taxi aún- le comentó a la sirena, comenzando a andar por la acera en dirección a la calle mencionada antes. Las farolas se encendieron pasados algunos minutos, cuando el cielo gris se volvió opaco por completo; la calle se iluminó en resplandores naranjas y amarillos, sumados también los reflejos que se proyectaban en los charcos y en el asfalto húmedo, realmente no era una mala vista, era agradable incluso... sería perfecto si el frío no calara en los huesos, al menos eso creía el vampiro.


Luego de avanzar algunos metros, un par de faros mostraron su luz de frente al castaño y a la pelirroja -¡¡Al fin!! Creí que jamás llegaríamos a ningún lado- exclamó el mayor un tanto alegre, haciendo señales con los brazos al vehículo cuando le identificó como transporte de paga. Verdaderamente, el lago en el que habia decidido desarrollar la competencia con su amiga estaba apartada de la zona urbana de Berlín, no era de sorprenderse entonces que hubieran tenido que esperar para sentarse en el cómodo y mullido asiento trasero. Yuma dió la dirección de su residencia, lugar al que habían decidido ir cuando la cacería de ranas terminó y el conductor pronto se puso en camino, no demorando mas que quince minutos en llegar -Gracias, aquí está el dinero- pagó lo correspondiente al hombre y le observó bajar la colina desde donde les había dejado -Bien, Tsukki, entremos antes de que alguno de los dos pille un resfriado- sonrió bromista a la chica de los ojos rubí, sacando el llavero de su bolsillo para abrir la reja principal y, posteriormente, la puerta de la casa -Bienvenida, perdona el desorden- dijo una vez estuvieron adentro, alegrándose de que el ambiente fuera un tanto más cálido ahí -Joder, estoy empapado... ¿Que te parece si antes del café nos cambiamos de ropa? Puedes usar el baño de la segunda planta, si lo deseas; hay agua caliente y en la habitación del fondo hay ropa femenina... es de Miu- explicó despreocupado y sin darle mucha importancia, tampoco dió muchas indicaciones porque la pelirroja había estado antes en su casa y suponía sabia como moverse por su cuenta -Pero ella no está ahora y dudo que le importe si tomas un conjunto prestado- se encogió de hombros y comenzó a subir las escaleras rumbo a su propia habitación con la intensión de asearse él también: tenía la ropa empapada y llena de lodo, no le agradaría quedarse así mas tiempo del necesario -Siéntete en tu casa, si prefieres quedarte así puedes esperar en la sala, no demorare mucho - sonrió como usualmente hacía y se detuvo en la parte alta cuando una idea loca cruzó por su mente -Aunque... también podríamos hacer una competencia de quien está listo en menos tiempo- arqueó una ceja aguardando una respuesta de la fémina... aunque estaba cien por ciento seguro de que la sirena no se negaría a un reto.


Última edición por Yuma Midorikawa el Mar Feb 07, 2017 7:34 pm, editado 1 vez

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Vie Ago 19, 2016 4:00 am

El clima no daba tregua, la tormenta no daba indicios de desaparecer aun cuando la lobreguez de la noche comenzase a hacer presencia. La lluvia acrecentaba los charcos y el viento sacudía las copas de los árboles. -- Ahh.~ -- Un suspiro pesado y una amplia sonrisa se dibujaba en los labios de la sirena, quien tenía sentimientos contradictorios con todo ello, por una parte estaba rodeada de agua; disfrutando de la humedad sobre su piel con constancia mientras por otro lado la suciedad la cubría con esa pegajosa sensación, al menos sabía que su amigo vampiro estaba igual que ella. ¿Qué podían hacer? Tan sólo caminar aun cuando pareciera que no los llevaría a ningún lado. -- Vamos, caminar es mejor a quedarse sentados. -- Comentó arqueando una ceja, tratando de subirle el ánimo, la pelirroja se sentía ligeramente incómoda con la situación de sus ropajes, sí, pero si no se movían empeorarían y eso no era una opción. --¡Encontraremos algo, ya lo verás! -- Porque ella no era de las que se deban por vencidas por nada en el mundo, eso debía tenerlo claro el muchacho, ya sea que tuviese que gritar “taxi” a todo pulmón para que los escucharan, no se rendiría hasta que ambos se vieran sentados en el asiento de un vehículo de pago que los llevara hasta su destino.

Buen karma, suerte o lo que fuera pero no les bastó demasiado para verse sentados en el automóvil rumbo a la casa del castaño. -- Gracias, y lamento que el asiento haya quedado tan mojado. -- Lo mínimo que podía hacer era disculparse con el chofer antes de irse, ¿no? Tampoco es que haya sido su culpa pero ser cortés nunca estaba de sobra.

Sus rojizos orbes se dirigieron a la figura masculina, arqueando una ceja antes de soltar una suave risilla. -- ¿No querrás decir antes de que tú pesques un resfrío? -- Debía seguirle la broma a Yuma, después de todo, ni muerta aceptaría que su cuerpo era tan frágil como para enfermarse con algo como una “simple” lluvia. Como sea, Tsukki siguió al muchacho a paso lento. -- Permiso. -- Dijo por mera costumbre tras ingresar al sitio, volviendo hacia el dueño de casa. -- Descuida, no creo que vea nada que me asuste. -- Una nueva y reprimida carcajada fue seguida de sus palabras, pues bien sabía que la disculpa del chico estaba de más, su casa estaba mucho mejor que presentable, hasta emitía una deliciosa fragancia similar a la de los lirios en verano.  

La pelirroja no tardó en dejar sus bolsas con bocadillos y bolso sobre una pequeña mesa que se encontraba cerca, dirigiendo su mirar hacia el de afilados colmillos. -- Sí, por favor. Lo necesito. -- Y no estaba exagerando, debía quitarse esa enlodada ropa antes de que sintiese asco de sí misma. En el fondo, Tsukasa deseaba darse un largo baño con todo y burbujas no obstante sabía que ello no podía ser, tampoco se aprovecharía de la buena voluntad de su amigo. -- Oh, ya veo…-- No podía negarlo, tomar ropa de otra chica se le había algo incómodo, mucho más cuando la susodicha no se encontraba como para tener su permiso, lo último que deseaba eran más malentendidos en su vida.

-- Bien, entonces te veo en tu sa…-- Quería terminar la frase mas al escuchar las últimas palabras del muchacho no pudo evitar ascender sus comisuras en una enorme sonrisa, arqueando una ceja para dejar en evidencia su entusiasmo. Una nueva competencia no le caía mal a nadie, ¿verdad? -- ¡Trato! -- Dijo sin pensarlo, notoriamente motivada. -- El primero que esté listo y se siente en el sofá de tu sala, gana. -- Condiciones sencillas y cortas. -- Tres, dos, uno, ¡ya! -- No podía evitar sentirse como una infante, adoraba competir y por lo mismo sus pies no tardaron en moverse con agilidad hacia el segundo piso, buscando el baño.

La de cabellos rojizos conocía la vivienda ajena por lo que dar con el cuarto de baño no fue difícil, estando aun en el pasillo fue quitándose la ropa para que ésta cayese en el suelo sin intenciones de ser doblada, llevaba tanto tiempo haciendo eso que ya era parte de su vida. Llegando a la puerta sólo se encontraba en su negruzco traje de baño, el dejaba su delicado y formado cuerpo a la vista, resaltando las escamas carmesíes que se vislumbraban a través de las tiritas del bikini, estaba en completa ventaja. -- Bien... -- Con una mueca de notoria felicidad se acercó hasta la ducha para abrir las llaves del agua, regulándola al momento en que de sus labios se escuchaba un suave tarareo.

El agua tibia era su favorita por lo que al sentir la temperatura perfecta, la fémina ingresó a la ducha rápidamente. Oh, aquella sensación perfecta de humedad sobre su piel, el roce de las gotas resbalando por sus piernas; chocando en las escamas de sus caderas, era maravilloso. -- Aah.~ -- Un nuevo suspiro de satisfacción se coló por sus labios para que tomase algo de jabón lavando su cuerpo, seguido del champú para eliminar la suciedad albergada en su rojiza cabellera. Una ducha rápida de no más de diez minutos y ya estaba lista. -- Yes. --  Se dijo a sí misma tomando una toalla blanquecina que se encontraba colgada, secando su cuerpo y un poco su cabello pues realmente no le molestaba demasiado que éste siguiese húmedo. ¡Un momento! Ya estaba lista, ¿no es así? Su cuerpo no goteaba y llevaba algo encima –por muy minúsculo que fuera-, ¿para qué perder el tiempo probándose atuendos de alguien más si podía andar con sus propias pertenencias? No había razón de ser.

Tan pronto como ordenó lo utilizado en el baño, la chica Nanase salió del cuarto, aprovechando a recoger su ropa para doblarla en el camino hacia la sala. -- ¡Te voy a ganar, Yuma! -- Gritó en advertencia antes de llegar a la sala, esperaba ser la primera y poder tomar asiento, perder nunca era una opción. Luego quizás podría pedir que le lavase la ropa, ¡ese sí que sonaba como un buen premio!


Off:
El bikini que está usando Tsukki.~

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Dom Ago 21, 2016 8:08 pm

La sonrisa en su rostro se ensanchó aún más cuando la pelirroja cortó su frase sobre "aguardar" tan pronto escuchó el nuevo reto -¡¡Acepto tus condiciones!!- le respondió animado echando a correr a su propia habitación, deshaciéndose de la chaqueta y la remera en el camino. La puerta se cerró con fuerza una vez el vampiro estuvo dentro, acabando de desvestirse en los escasos metros que le separaban de la puerta del baño; estaba más que seguro de que sería el vencedor de aquella extraña competencia: había aceptado los estándares que la sirena había propuesto, pero sólo esos; Tsukasa jamás hablo sobre usar poderes y, bueno... un vampiro podía ser verdaderamente rápido cuando se lo proponía. Abrió las llaves del agua y se introdujo a la lluvia artificial, saliendo de nuevo en un escaso par de segundos -¡Carajo! está helada- frotó sus hombros en un intento de recuperar el calor y aguardó breves instantes antes de entrar de nuevo a la ducha, sólo cuando vio que un poco de vapor emerger hacía el techo. No perdió mucho tiempo en enjabonarse el cabello,, frotándolo con las yemas de los dedos; la velocidad a la que se movía era increíble, el castaño incluso creía escuchar un breve zumbido a cada uno de sus movimientos.


El agua resbaló por sus hombros llevándose el jabón de su cabeza mientras él ya estaba ocupado en limpiar el resto de su cuerpo, principalmente brazos y piernas al ser las partes cubiertas de barro. Cerró la llave del agua y envolvió su cintura con una toalla, saliendo despedido del baño hacía su vestidor en busca de algo que ponerse, siendo el conjunto elegido unos jeans oscuros. Tomó la primer camiseta que encontró, siendo esta una de color azul marino que se colocó a toda prisa mientras bajaba las escaleras. Una risita silenciosa se escapó de sus labios cuando escuchó a la menor gritar desde la parte de arriba que estaba por ganarle -ja, ya quisieras- susurró para sí mismo dejándose caer en el sofá que funcionaría como meta en la competencia con su amiga acuática. Cruzó los brazos tras su cabeza y aguardo tan solo un par de minutos a que los pasos de la pelirroja resonaran en la estancia -Más vale que mi premio por ganar sea realmente bueno- sonrió irguiendo el torso para observar a la recién llegada; sus ojos se abrieron con marcada sorpresa y un ligero sonrojo invadió sus mejillas -Bueno, no negaré que esto también es una buena recompensa- arqueó una ceja mostrando una sonrisa pícara y levantándose de donde estaba, cruzando ambos brazos a la altura del pecho y frotando su cabello con la toalla que llevaba a los hombros desde que salió de la ducha -¿De verdad era tan difícil buscar algo de ropa?... aunque claro, si lo hacías por ahorrar tiempo, creo que te falló la estrategia- sonrió pasando la mirada por el cuerpo ajeno con cierto disimulo y luego echando a andar por uno de sus costados -Podrías empezar a preparar el café mientras yo voy por algo de ropa para ti; no es correcto que las señoritas decentes se vistan de este modo- sonrió y volvió a observarla; no podía negarlo, el cuerpo ajeno presentaba una muuuy buena fisionomía y el no era precisamente un santo como para perderse de aquello, al menos no por los primeros instantes.


Volvió a subir las escaleras, dando vuelta hacia su propia habitación en lugar de la de su ausente pet; probablemente la chica estaba incómoda con la idea de ponerse algo ajeno sin permiso, así que buscaría entre sus propias cosas algo que pudiera prestarle. Tomó una sudadera amplia y de colores opacos y bajó de nuevo en busca de la sirena para tendersela una vez la tuvo en frente -Para ti~ y no intentes hacerte la dura que jamás se enferma- añadio con una sonrisa por lo que le había dicho en la entrada cuando llegaron.

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Miér Ago 24, 2016 6:06 am

¡¿Qué?! ¡¿Cómo era posible que haya perdido?! Sus piernas se detuvieron en seco al contemplar la figura masculina sentada plácidamente en la “línea de meta”. -- Maldición. -- La pelirroja no pudo ocultar su frustración para que sus hombros bajasen mientras su ceño se fruncía, ¡se había dado una ducha más que rápida y aun así no había sido la ganadora! Ya que, tampoco podía lamentarse por el resto de la tarde, ¿no? Su oportunidad de darse una larga ducha se había esfumado empero al menos ya se encontraba limpia y bueno, los comentarios de su amigo le sacaron una ingrávida sonrisa. No podía enojarse con Yuma, no con la excelente relación que tenían. -- No era estrategia, más bien costumbre… o eso creo. -- Encogiéndose de hombros dejó salir una corta carcajada, pues vestir traje de baño ya era parte de sí; precisamente para poder sumergirse sin problemas al interior de albercas o lo que fuera. -- Está bien, está bien, ya voy. -- Un suspiro pesado con sabor a derrota se coló por sus labios antes de que mirase de reojo al castaño. -- Pero déjame poner a lavar mi ropa primero. --

Una sonrisa amplia acompañó sus palabras para que fuese directo al cuarto de lavado donde sin chistar puso en funcionamiento la lavadora con su ropa en el interior antes de dirigirse hacia la cocina. Bien, su ropa terminaría limpia igual así que no tendrá problemas. Aun luego de haber perdido su anterior encuentro, Tsukasa se sentía muy bien, por lo que tarareando una pegajosa melodía se dispuso a poner los granos de café en la cafetera además del agua esperando que éste se hiciera. -- ¿Mh? -- Volviendo hacia Yuma arqueó una ceja cruzando sus brazos, no era adrede empero sus pechos no pudieron evitar juntarse y elevarse un poco dándole un aspecto algo más “provocativo” aunque fuera lo último que quisiera hacer. -- Oh, vamos, Yuma, ¿no me vas a decir que ibas en serio con eso? Soy una sirena, sabes que no me molesta. -- Bajando sus extremidades volvió a soltar un suspiro, sabía que el vampiro era difícil por lo que simplemente optó por tomar la sudadera y ponérsela. Era obvio, le quedaba grande llegándose hasta los muslos, ¿cómo era que se llamaba aquel efecto? Ah, “camisa del novio” a pesar de que aquello no era una camisa y Yuma tampoco era su novio. -- Listo. ¿Feliz? --

Las manos de la bestia se ubicaron en sus caderas para que las ladeara con ligereza hacia la derecha, no es que estuviese molesta ni nada, de hecho agradecía la atención del vampiro pero ya tenía suficiente con la ducha y estar resguardada, ¡inclusive había puesto a lavar su ropa! No quería que él pensara que era una aprovechadora, claro que no. -- Estoy dentro de tu casa, no me enfermaré aquí. -- Porque ella nunca lo admitiría, de su voz jamás se escucharía la fragilidad que podía albergar su cuerpo. Volteándose, la chica Nanase le dio la espalda al dueño de casa para ocultar su casi invisible apeno y enrojecidas mejillas, terminando por acercarse a un estante del cual retirar dos tazas junto a sus respectivos platos.

Uno, dos, tres. Tras unas respiraciones profundas pero disimuladas, Tsukki fue capaz de dejar las tazas en la mesa antes de volver hacia su querido ser infernal. -- Sabes Yuma, creo que encendiste mi curiosidad. -- Dejando atrás la reciente vergüenza, le dedicó al nombrado una sincera y amplia sonrisa. -- Un día en que si valga la pena iremos a la playa, ¿está bien? -- Porque se moría de ganas por descubrir si la caballerosidad que acababa de presenciar era algo puntual o muy en el fondo el chico era así y trataba de ocultarlo. -- Sólo no te vayas a espantar por cada bikini que veas. -- Sus manos se elevaron a la altura de su pecho como si quisiese demostrar una seña de rendición. -- No te preocupes por mí, ocultaré mis escamas para evitarte malos ratos. --

Una sonrisa ladina se pintó en sus labios, no sabía muy bien por qué empero ahora su boca tenía un amargo sabor. Ella fue quien indicó la invitación y siguió hablando, entonces, ¿cómo es que su estómago estaba tan revuelto? ¿Su inconsciente trataba de decirle algo? No sabía, no tenía idea de nada de lo que estaba empezando.

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Dom Sep 04, 2016 4:46 pm

La media sonrisa seguía plasmada en su rostro y ésta sólo se ensanchó un par de centímetros más dejando ver los largos colmillos cuando la menor cruzo los brazos enfrente suyo, permitiéndole a Yuma apreciar -cada vez con menos disimulo- la anatomía ajena; eso sí, el tenue rosado de sus mejillas era un tanto difícil de ocultar -No me importa que seas una sirena y tampoco el que no te moleste; son las reglas de la casa: nada de andar en "ropa interior"- hizo comillas con los dedos porque la pelirroja estaba en traje de baño, pero era similar -o lo que sea si no estamos jugando a algo divertido- sonrió con picardía por su broma, no pudiendo contener una pequeña carcajada cuando la de ojos rojos finalmente se colocó la sudadera -¿Ah? si debo ser honesto no me molestaba la otra vista, pero dejemoslo así- rió de nuevo, dándose la vuelta con un ligero "Ya vuelvo" mientras subía las escaleras a toda prisa, recogiendo la ropa que había dejado esparcida en el suelo y encaminándose al cuarto de lavado. Al parecer Tsukasa y a había puesto a lavar su propia ropa y el ciclo en realidad no llevaba mucho de iniciado, así que lo pausó y en seguida puso su ropa también; si no la lavaba era probable que el barro endureciera y luego fuera más difícil removerlo. Volvió a la planta baja inhalando profundamente cuando sintió el aroma del café proveniente de la cocina: olía bastante bien -Eh, ¿Cual es el café que has usado? huele fantas... ¿Tsukki que haces?- no pudo evitar reír entre dientes al ver que la sirena estaba de espaldas a él, observando un par de tazas como si fueran la novena maravilla de Myr.


Sin embargo, su risa fue muriendo -no así su expresión divertida- cuando la más joven se volvió alegando que él había despertado su curiosidad. La observó atento un par de segundos aguardando el comentario que explicara el por qué de aquella peculiar frase, escuchándolo pocos instantes después, aunque realmente no le respondía nada. No pudo evitar sentir un repentino malestar en el estómago, como si se hubiera mareado o estuviera nervioso ¿Que era aquello? Enarcó una ceja, valiéndose de sus usuales bromas y su propia picardía para disipar el tenue sonrojo que le invadió el rostro -¿Ah? ¿Acaso es eso una cita?- sonrió enarcando una ceja y aproximándose un par de pasos a donde ella estaba, aunque se desvió segundos después a un estante con tal de buscar papas fritas o alguna botana, suponía que su invitada tendría tanta hambre como él -¿Ah? no me asustan los bikinis ¿Estás segura de que eso no lo dices solo porque te pondrías celosa si veo a alguien más?- preguntó sin abandonar el tono de broma, aunque muy en su interior, una peculiar frase no dejaba de resonar en su cabeza, una y otra vez "Siempre hay un poco de verdad en cada 'Es broma'" y es que, de forma inconsciente, el vampiro estaba comenzando a desear que aquella invitación fuera realmente una cita... él aun no se daba cuenta de ello. -¿Sabes? Creo que estas fingiendo ser amable con esa invitación y en realidad esperas que vaya a la playa contigo para ver como me vuelvo cenizas con el sol en su punto más alto- rió y luego le dedicó una alegre sonrisa que denotaba lo anterior lo había dicho de juego-Bueno, tal vez no; de todos modos no me voy a pulverizar tan fácilmente. ¿Te parece que vayamos cuando empiece a hacer un poco más de calor?- así es, acaba de aceptar una invitación que podría ser por demás divertida. Aunque quizás luego le hablaría sobre tener que ir al atardecer: si bien, tenía resistencia a la luz solar por no ser un vampiro puro, tampoco era inmune y mejor no jugar con cosas que podrían matarle.


La tormenta en el exterior de la casa parecía arreciar a cada segundo y los rayos podían verse a través de las cortinas en cada ventana; los cristales eran azotados sin piedad alguna por el agua que caía con cada vez más furia -Vaya tormenta- comentó en voz alta el castaño -Seguro en el consejo están teniendo algunos problemas para estabilizar al que la causa- suspiró volviéndose a la pelirroja con los paquetes de papas fritas y demás chuches -Tal parecer que vas a tener que estar aquí un buen rato- le sonrió y es que realmente disfrutaba de su compañía -¿Te apetece que veamos una película? Seguro con el café y estos "lujosos manjares" nos sienta bien- sugirió acercándose a la cafetera cuando se percató de que el café estaba casi listo. Rebuscó un momento en un estante cercano y sacó su adorado frasco de cubos de azúcar -Serán.. déjame ver... dos para mi, ninguno para ti- sonrió poniendo dos cubos en una de las tazas y observando fijamente a la sirena al lado suyo: se veía demasiado bien con el cabello húmedo cayendo a los costados de su cara, el rostro ligeramente sonrojado y su corazón bombeando sangre con fuerza, sumando a todo el toque de "ternura" que le daba el portar aquella enorme sudadera. Por un momento se avergonzó de lo que pensaba y giró su rostro hacía otro lado frotándose el cabello una última vez con la toalla de sus hombros para en seguida comenzar a sujetarlo en su usual coleta con la liga elástica que llevaba siembre en la canilla derecha -¿Ya está listo?- inquirió.

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Jue Sep 08, 2016 4:31 am

Debía admitirlo, de todas las palabras en su diccionario esa era la última que se hubiese cruzado por la mente. “Cita” ¡¿Ella?! ¡¿Teniendo una cita?! Bien, no debía precipitarse, de seguro era una forma de decir, sí, una simple broma como la mayoría de lo que salía de la boca del vampiro, entonces, ¿por qué su corazón había dado un vuelco con sólo escucharlo? ¡No! ¡No podía estar pensando en algo extraño! Tsukasa debía concentrarse por lo que tras emitir una ligera y corta risilla decidió seguirle el juego, sin saber lo que le esperaba. -- ¡Claro que será una cita! Vamos, que hasta yo puedo ser todo un caballero si quiero. -- Comentó para volver a soltar una carcajada, la que, aunque sonaba sincera tenía un amargo sabor. Nuevamente, ¿por qué? No lograba comprenderlo. -- ¿Ah? -- Arqueando una ceja volvió a su amigo para llevar sus manos a sus caderas, ladeándolas hacia la derecha con ligereza. -- ¿Yo? ¿Celosa? -- Dando una breve pausa, la sirena se cruzó de brazos proporcionándole una enorme sonrisa, completamente divertida. -- En tus sueños. -- Aun cuando dijese eso no podía ocultar la verdad para que sus mejillas se sonrojaran con ingravidez, desviando la mirada con rapidez por unos segundos. Ella sí era celosa y bastante posesiva, claro, adoraba a cada uno de sus amigos y la poca confianza que podía llegar a tener en sí misma le jugaba bastante en contra. Pensándolo mejor, ¿qué pasaría si Yuma encontrara al amor de su vida en la playa? No. Un nudo en su estómago apareció tan pronto como aquella idea se esfumó de su cabeza, no había forma de que el castaño la abandonase en una salida para quedar con otra chica, ¿verdad?

Por suerte el ser infernal siempre sabía que decir, alejando toda mala reflexión de la mente de la pelicorta para en su lugar dejar escuchar una nueva carcajada, denotando alegría sincera, con eso. -- ¿Esa es la imagen que tienes de mí? -- Alzando su ceja diestra ladeó sus caderas en sentido contrario, enteramente divertida. Era obvio que aquella idea jamás se le había pasado por la mente, pues aun cuando había mencionado el viaje no visualizaba un sol radiante sino más bien un día nublado donde pudiesen estar a gusto sin ningún tipo de inconvenientes. -- Seguro, iremos cuando puedas quedarte al aire libre sin que te derritas. --

Tsukki mantenía aquel espíritu juguetón para con el muchacho, dibujando una amplia sonrisa en sus delicados labios, los que no tardaron en abrirse con sutileza en cuanto su mirada se posó en la ventana, sintiendo como su piel se erizaba y su pecho se apretaba, se moría por ir a mojarse un rato pero no, no podía salir. -- Sí, supongo que mañana la mitad de la isla estará enferma. -- Sin quitar su sonrisa retornó su mirar hacia la cafetera, no debía emocionarse de más por la tormenta. El café hirviendo continuaba cayendo para que lentamente la cocina se inundara con aquel amargo aroma. -- Acertado, mi querido vampiro. -- Extendiendo su zurda hacia un cajón, tomó una cucharilla para dejarla sobre el platillo que era para el castaño, después de todo ella no necesitaba revolver nada, ¿no? Porque azúcar, ¡ni muerta! Eso a otras mujeres, ella adoraba las cosas saladas, con eso era feliz. -- Oi, no desesperes que ya está listo. -- Manteniendo un tono de voz jovial, esperó los segundos necesarios para que su bebida estuviese lista y la sirviera con calma, dejando todo en su lugar para así tomar las dos trazas desde sus platos para no quemarse. -- Ahora sí, señor urgido. --

Emitiendo una reprimida risa, se encogió de hombros con levedad para salir de la cocina con ambas bebidas calientes, dirigiéndose hacia la sala, quedando de pie a medio camino. -- Así que veremos una película, ¿de qué será? ¿Suspenso? --  Había dicho un género al azar, para que su curiosidad incrementara, claro, si ella tuviese que escoger sin dudas diría romance empero no se trataba de ella, tampoco tenía muchos ánimos de aburrir a Yuma o llorar frente a él, por lo que suponía que era lo mejor. -- Supongo que no veremos terror o estarás pegado a mí hasta el final de la película. -- Así como su cabello era rojo, la sirena podía aseverar a que eso no pasaría, no obstante un ligero cosquilleo se albergó en su vientre, ¿por qué? Su inconsciente era sabio, haciéndole dudar acerca de cosas que seguramente no descubriría en un tiempo. ¿Por qué de pronto tenía unas enormes y extrañas ganas de sentarse a ver la película junto a su acompañante? ¿Eso no era considerado una cita también? ¡¿Eh?! ¡Claro que no! Sacudiendo su cabeza un par de veces, eliminó aquel pensamiento para seguir al anfitrión, hasta poder sentarse esperando entregarle la bebida a Yuma para poder saborear la suya, quizás el delicioso sabor del café le quitaría ese raro gusto que se deslizaba por su garganta quedándose en su pecho. ¿Por qué? ¿Por qué justo en ese momento las curiosas sensaciones continuaban? ¿Qué le estaba pasando?

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Lun Oct 03, 2016 3:00 am

No lo negaría, la sirena le hacía reír y la mayor parte de sus comentarios eran entretenidos al punto en que podía olvidar por completo el aburrimiento  aún si todo lo que hacían se reducía a esa charla en la cocina. Una mueca burlona atravesó el rostro del vampiro tan pronto escuchó las palabras de la pelirroja -¡¿Ah?!- fruncio un poco el entrecejo y cruzó los brazos fingiendo molestia -Dos cosas, enana: en primera, no soy ningún SEÑOR así que no me llames de esa manera; en segunda, no estoy urgido, sólo quiero mi café porque huele endemoniadamente bien y el ambiente lluvioso solo dúplica mis ganas de beberlo- sonrió al ocurrírsele algo más para molestar a la contraria -¿Acaso te muestras tan reacia con el café porque prefieres que me alimente del líquido rojo que fluye dentro de ti?- arqueó las cejas y soltó una corta pero sonora carcajada mientras tomaba de la mano femenina la taza que le correspondía y caminaba hacia la sala mientras daba un par de sorbos a su bebida. ¿Ella estaba aceptando ver una película con él? ¡Estupendo! -¿Suspenso? mmmm.... si, ¿por qué no? hace un tiempo no veo una de esas pero me parece bien; esperaba que eligieras un documental oceánico o un romance al mas puro estilo... ammm- se llevó el dedo índice de la mano libre a la barbilla intentando acordarse del nombre de una antiquísima actríz de películas románticas -¿Julia Ravens?**..... bueno, quien haya sido... de ese tipo de películas que obviamente no tengo- acabó rindiéndose mientras su taza era colocada sobre la mesa de centro de la sala. Volviose entonces el Midorikawa sobre sus pasos para redirigirse a la cocina, donde abrazó con una sola mano los paquetes de chuches que antes había sacado de las alacenas dispuesto a llevarlos a su "zona de entretenimiento mientras Tsukki está en la casa y llueve afuera". Pronto estaba todo dispuesto y hacía falta nada más que seleccionar la pelicula que habrían de ver primero; Yuma no demoró mucho en acercarse a un mueble cercano al televisor para abrirlo y permitir a la pelirroja observara la colección de DVD que poseía -Elige la que quieras, pero te advierto que si te asustas no dejaré que me abraces con tanta facilidad -volvía a hacer bromas con cosas que no debería mencionar ¿Por qué? quizás porque si mencionaba tantas veces en una noche asuntos que se relacionaran -ya fuera de forma directa o indirecta- con afecto y cosas típicas en las parejas... quizás y sólo quizás si las cosas seguían por el rumbo que llevaban en ese momento... quizás sólo entonces el castaño se diera cuenta de los sentimientos que cada vez arremetían más fuerte contra su pecho y estómago pero que, por el contrario, seguían luchando por entrar en su cabeza para hacerse notar. ¿Qué se podía decir al respecto? ¿Que Yuma era un idiota? probablemente lo era, ¿cómo podría entonces explicarse que no pudiera evitar relacionar a la sirena con temas románticos -aunque fueran meras bromas y juegos- y luego se avergonzara por ello? ¿De que otra manera podía justificar los sonrojos frecuentes y el sentimiento de algo agridulce en la boca cada que competía con la pelirroja con cualquier pretexto y bajo cualquier condición?


El vampiro tragó saliva: su mirada se había perdido por un momento en las diversas imágenes que se reproducían en el televisor ¿Qué canal observaba? No lo sabía, tampoco era 100% consciente de lo que estaban trasmitiendo o lo que decían las pequeñas personitas que se movían de un lado a otro en sus respectivos programas. Sus ojos recorrieron la habitación un momento y luego se detuvieron sobre la joven que le acompañaba -Por un momento me puse a pensar en cosas raras...- suspiró en voz baja antes de volver a sonreír intentando ignorar la gran revelación que se había expuesto dentro de su mente -¿Has decidido que película veremos? Si demoras mucho más acabaré quedándome dormido y tendrás que huir de mi porque soy sonámbulo y me da por comer dormido- sacó la lengua indicando a Tsukasa que sólo bromeaba. Tomó de nuevo la taza de café entre sus grandes manos y bebió un poco de ella centrando sus ojos en el líquido que se deslizaba del recipiente a sus labios. ¿Así que eso había sido todo el tiempo? Negó con la cabeza suavemente y sonrió intentando ser discreto para no llamar la atención de su invitada. Conocía a Tsukki desde hacía poco más de un año y desde siempre se habían llevado de las mil maravillas y la competitividad de ambos no hacía mas que entretenerlos siempre en infinidad de retos que alegraban el día a ambos.... y hasta ahora se daba cuenta: el sentimiento que había comenzado a manifestarse en el desde hacía un par de meses, aquellas bromas y juegos tenían siempre sus significados y al más alto le había costado bastante descifrarlo. Finalmente y con ayuda del aroma del café mezclado con la humedad del aire, Yuma se había dado cuenta de que gustaba de la pelirroja.


-Ya vuelvo, creo que nos vendrían bien unas palomitas de maíz; iré a poner un paquete en el microondas- se levantó del sofá y caminó por enésima vez en esa noche a la cocina para hacer lo que previamente le había dicho a la sirena.... ¿En serio ella le gustaba? ¡¡¿En que momento había llegado a pasar?!! suspiró sin poder creérselo aún. estaba frustrado, en primera porque había demorado bastante en entenderse a sí mismo y eso le hacía sentir idiota; en segunda, porque ahora no sabía como continuar con aquello ¿Seguiría actuando como si nada o se animaría a ir a por algo más que una simple amistad?... Al darse cuenta de sus pensamientos se frustró todavía mas --Maldición... de todas las personas que conozco tuvo que ser ella...-- se dijo aquello mentalmente y es que no comprendía porqué se mantenía a su mismo como un simple conocido ante la pelirroja cuando, comúnmente, era el típico "galán" que no se intimidaba a la hora de sonreír a una linda chica extraña e incluso pedirle su número tan sólo instantes después de hablarle. Alguna vez la bola de pelos (y es que así le decía a su mejor amiga, Miu) le había dicho que era un acosador de colegialas de primer nivel... y ahora resultaba que prefería mantener un perfil diferente al romántico con la chica que le atraía. Patético, realmente patético; se daba vergüenza él mismo -¡¿PERO QUÉ?! .... ¡¡COÑO!!- el que su cabeza estuviera en otros mundos acabó teniendo sus consecuencias: una cada vez más gruesa columna de humo salía del horno de microondas debido a que el tiempo colocado por el castaño superaba los 15 minutos y las palomitas se preparaban sólo en dos y medio. -¡¡¡JODER!!! joder joder joder joder joder...- refunfuñó sacando el paquete quemado y abriendo la ventana de la cocina para permitir que el aire fresco se llevara el horrible olor que había inundado el aire. La película tendría que esperar un par de minutos mientras solucionaba aquello y preparaba otras palomitas.

of-rol:
**Notese que Yuma intentaba recordar a Julia Roberts xDDD
-la usser se muere de risa por la torpeza de Yuma en este post-

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Sáb Oct 15, 2016 8:36 am

-- Vamos, que el que tú seas un poste no me hace una enana. -- Arqueando una ceja, la pelirroja decidió seguirle el juego porque… ¿por qué lo hacía? Realmente no había una buena excusa para eso, tan sólo se divertía con Yuma a tal extremo en que su corazón no lograba tranquilizarse y una estúpida sonrisa era dibujada en su rostro. Oh, no. -- Mi sangre es demasiado sana para ti, recuerda que casi no tiene azúcar. -- Y ahí iba una vez más. Una larga carcajada se dejó escuchar desde sus labios para que sus mejillas se colorearan con ingravidez de manera tal que ni la misma Tsukasa se percatara de ello. ¿Sería por el delicioso sabor de su bebida? Sí, era por ello, empero no era la única razón, ¿cómo era que la sirena no se daba cuenta?

-- ¿Julia Ravens? ¿¡Quién rayos es esa!? -- Ese comentario lo detonó, una explosiva risa que obligó a la pelirroja a dejar su taza en la mesita frente al sofá o con seguridad terminaría derramando el café sobre sus piernas. –Vaya, Yuma…-- Comentó aun entre risas para tomarse del estómago terminando por dar un suspiro. -- Deberías ser comediante, pagaría por ver todas tus funciones. -- Ascendiendo sus comisuras le guiñó un ojo antes de ponerse de pie para acercarse al mueble donde se disponían las películas. -- Mmhh…~ veamos, veamos. -- Canturreó sentándose en el suelo en posición de loto para analizar todos los títulos de la colección del castaño, debía admitirlo era una galería bastante peculiar y completa, por lo mismo es que la muchacha sacó más de un DVD para poder leer la reseña y así convencerse por completo de lo que los mantendría pegados a la pantalla por casi dos horas. Pegados a la pantalla y pegados el uno al otro, ¿no? -- ¡….! -- Inhaló ruborizándose al instante. ¿¡En qué estaba pensando!? ¿¡P-Por qué querría estar pegada al vampiro por dos horas!? ¡No, no, no! ¡Ya era hora de dejar de pensar así! ¡Ella no era ninguna heroína de manga como para imaginar algo así! Sacudiendo su cabeza repetidas veces, juntó sus labios en una línea para auto convencerse de lo mal que estaba haciendo.  “¡Demonios, Tsukki, ya aclara tu mente!” Bien, al menos no era la única pensando en cosas que estaban de más.

-- Sí, sí, ya decidí. Deja de buscar pretextos para morder mi cuello. -- Una mirada acusadora fue acompañada de una corta risa para que las bromas no acabaran. Bien, aun cuando lo había dicho, la verdad es que la sirena no tenía la más mínima idea de cuál sería la película ideal para su velada, no obstante tomó la primera que había seleccionado, una versión moderna de un filme que trataba de un asesino serial. Tomando entre sus manos la caja, se levantó una vez más para dejarla sobre la mesa y así volver a tomar asiento. -- Procura no demorar mucho o seré yo quien se quede dormida. -- Sonriendo con amplitud se dispuso a beber un par de sorbos de su café a la espera del dueño de casa. Tsukki podía tener muchas virtudes pero ser especialmente paciente no era una de ellas, y es que tan pronto como el castaño desapareció de su campo de visión, su deseo porque volviese se había activado….¡Un momento! ¿¡Por qué necesitaba tanto que Yuma estuviera cerca!? Es decir, eran amigos, era normal que pasaran tiempo apartados, entonces, ¿por qué le desesperaba tanto? “Porque no debes abandonar a tu cita, idiota.

Las pálidas mejillas de la pelirroja pronto estaban a tono con su cabello. ¡Quería que esa fuera una cita de verdad! ¡Sí, no podía negarlo! Por mucho que moviese su cabeza y tratara de convencerse de lo contrario, muy en el fondo quería ser vista de esa manera. -- Tsk. ¿Por qué? -- Dijo en un hilo de voz para sí misma, al momento en que su pulso se aceleraba sintiendo como su corazón podría saltar desde su pecho en cualquier instante.

Porque me gusta el vampiro.

-- ... -- Tsukasa había hecho corto circuito con su propia conclusión.

Completamente sonrojada, sólo pudo reaccionar ante la sarta de maldiciones del susodicho, atinando a correr hacia la cocina. -- ¿¡Qué pasó!? -- Encontrándose con el notorio olor a quemado, tosió un par de veces adentrándose al lugar para mover sus brazos ayudando a que el humo se disipe y escape por la ventana abierta. -- Te apartas de mí unos momentos y casi quemas tu casa. -- Llevando sus manos a sus laderas, las ladeó con sutileza hacia la izquierda, no es que lo estuviese regañando sólo buscaba tomarle un poco el pelo. -- Más te vale que tengas otro paquete de palomitas o tendrás que ir a comprar una pizza. -- Arqueando una ceja sonrió divertida, esperando a que el humo desapareciera por completo para cerrar la ventana pues el viento de la tormenta acrecentaba y no querían otro accidente, ¿verdad?

Quedándose de espaldas a Yuma, vio la figura masculina por el reflejo de la ventana, sintiendo como una punzada atravesaba su pecho con fuerza. La de cabellos bermellón se había puesto nerviosa, quién lo diría. -- Menos mal no te pasó nada. -- Un susurro casi inaudible salió de sus labios para que sus mejillas se sonrosaran una vez más, desviando la mirada hacia el suelo, sin intenciones de encontrarse con los orbes ajenos ni mucho menos de voltear para encararlo. ¿¡Pero qué le estaba pasando!? ¿¡Tanto cambiaba el hecho de que te gustara alguien!? Al parecer para Tsukki, sí. Y el que sea Yuma no lo hacía precisamente mejor. Pobre sirena enamorada.

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Miér Dic 07, 2016 5:18 am

Sus brazos continuaban agitándose cuando la pelirroja ingresó de nuevo a la cocina, inquiriendo al momento que había ocurrido -¡Si yo no he hecho nada!- refunfuñó luego de toser un poco -Ha sido este aparato del demonio el que se volvió loco de pronto- su entrecejo se frunció levemente mientras un suave sonrojo llegaba a sus mejillas por la expresión de gracia que se había adueñado del rostro de la sirena -¡Venga, no te rías! Te digo que en serio yo no hice nada- sin quererlo comenzó a reír entre dientes él también, después de todo, la sonrisa ajena era contagiosa hasta el punto en que le era imposible no reirse de él mismo ¿Quien lo diría? No habían pasado más que algunos minutos desde que descubrió su atracción hacía la fémina que le acompañaba y ya había comenzado a comportarse como un idiota sentimentalista que, por distraerse en sus romances, causaba inconvenientes en todos lados -Es una locura...- murmuró para sí mismo sonriendo de lado mientras metía un nuevo paquete de palomitas al horno de microondas , cuidando poner los dígitos correctos esta vez en el reloj. Sin demorarse demasiado, estiró la diestra a las gavetas superiores de la cocina  (mismas que alcanzaba con entera facilidad) y buscó en ellas un recipiente de buen tamaño para  poder servirse las palomitas una vez estas estuvieran preparadas por completo. -¿Sabes qué?- en determinado momento se volvió a Tsukki, topándose con la gran sorpresa de que ella veía a la ventana como si fuera lo más interesante en la galaxia -Esto... se me ocurrió que quizá pedir una pizza (además de las palomitas) tampoco sería mala idea- le sonrió mientras sujetaba el tazón y comenzaba a caminar a la sala -Vamos, ¿o piensas ver la tormenta toda la noche? Sabía que te gustaba el agua pero no creí que quisieras casarte con ella y tener dos hijos "gotita" y "charco"- bromeó soltando una corta carcajada y caminando hacia el sofá, en el que se dejó caer segundos después.


Yuma comenzaba a frustrarse consigo mismo por la actitud que estaba tomando hacia la sirena y es que en tan solo minutos comenzaba a sentir un cambio desencadenado únicamente por el hecho de saber que gustaba de ella. Meneó la cabeza de un lado a otro intentando no pensar en eso, ya lo reflexionaría cuando estuviera a solas y pudiera analizar todo sin distraer su atención en la joven que con su sola presencia le distraía de algunas cosas. -¿Si? ¿Hola?- con el móvil apoyado contra la parte derecha del rostro, el vampiro mantenía la corta e irrelevante conversación con una pizzería-Si, una de las especiales... no, tamaño grande... grande, no familiar. Si, la dirección es...- mientras hablaba, su vista recorría la habitación, analizando desde el dvd seleccionado por la pelirroja (mismo que reposaba sobre la mesa) hasta el vapor que salía de su café, dispuesto enfrente suyo -De acuerdo... espero aquí. Gracias- cortó la llamada y observó  a su amiga -Pizza en camino- sonrió enseñando los colmillos, llevándose la zurda a la parte trasera de la nuca para rascarse un poco -Dado que por ahora tenemos las palomitas, veamos la película que la "señora valentía" escogió...- observó bien la caratula y arqueó una ceja -Mooo.... suspenso. Creí que de verdad escogerías algo de miedo para tener excusas para abrazarme- sonrió de lado con picardía y se apoyó en el respaldo del sofá, cruzando los brazos tras su cabeza -Vale, empecemos- desperezándose un poco, el castaño se levantó de su asiento y colocó la película en el reproductor, pasando luego por la parte trasera de la estancia para apagar las luces -Es parte del efecto, espero eso no te ponga nerviosa- molestó a la contraria un poco y volvió a acomodarse a su lado, sujetando al momento su taza de café y dando algunos sorbos al mismo, exhalando aire de puro gusto por el sabor relajante que le trasmitía. Lo siguiente que ocurrió era curioso; si bien, Yuma estaba sentado al lado de la pelirroja y permanecían separado uno del otro sólo por el tazón de palomitas su vista se dividía de forma cómica e incesante entre la trama que se reproducía en el televisor y cada uno de los movimientos de la chica a un costado suyo. La película parecía tener un avance demasiado lento a comparación de los pensamientos que atravesaban su mente a la velocidad de un rayo ¿Y si realmente quería abrazarla? Podría usar el típico truco de "Ahhhhhh -bostezo- que pereza me cargo.... -colocar la mano tras la espalda de ella", luego de eso todo dependería de si la sirena aceptaba recostarse contra su pecho o se burlaba de el por seguir los estereotipos antiguos de un "primer abrazo". Mm.... si ella bromease con eso quizás le regresaría la broma., se dijo el más alto de forma mental; para él todo funcionaba así, si hacía algo mal, la broma correcta con las palabras y el humor adecuado siempre podían salvarle el pellejo.


Sus ojos continuaron fijos sobre la pantalla, aunque no prestaba la mínima atención a la película, continuaba planteándose cuestiones sobre las posibilidades que tenían la chica y él como pareja ¿Que pasaría si nada funcionaba? Estaría en un buen aprieto, pues además de quedar en la terrible área de la soltería,  quizás perdería también  a su amiga y compañera de competencias, quedándose sumido en el aburrimiento eterno -Estúpido cerebro....- murmuró auto reprendiéndose por pensar esas cosas en ESE momento. Se volvió a la sirena y, buscando picarle un poco, tomó un par de palomitas del tazón y las acercó a su boca metiéndolas en ella -Jaja venga y come algo, estas tan viciada que casi no pestañeas- se mofó con levedad volviendo a su anterior postura sin dejar de sonreirle -Con esa cara alguien podría robarte un beso y tu no reaccionarías hasta medio siglo después- dijo divertido mientras un sonrojo (para su desgracia notorio) teñía sus pálidas mejillas; su mirada se desvió a la pantalla -Esto... era una broma...- no era necesario aclararlo, pero sintió que debía hacerlo, aunque aquello lo dejaba aún más expuesto, o al menos eso sentía él. Quiso por un minuto que la tierra se lo tragara y estaba por inventar que debía ir al sanitario cuando el timbre de la residencia le alertó -Debe ser la pizza; ire a ver- sin perder tiempo, se levantó y fue a la puerta, abriéndola y mojándose los pies por la violencia con que el viento empujaba las gruesas gotas de agua al interior -Pizza para... ¿Midorikawa?- inquirió el repartidor, con un impermeable pero aún así empapado de pies a cabeza. Yuma afirmó en una respuesta corta y sujetó la caja con la comida -Gracias- buscó en su billetera el dinero correspondiente y entregó al muchacho un par de billetes más -Venga, acéptalos que si yo fuera tu ni de coña salía con un clima así; mucho menos repartiría pizzas en una motocicleta- se explicó sonriendo un poco y retrocediendo para ingresar de vuelta al calor de su hogar. Estaba por cerrar la puerta cuando algo en el exterior llamó su atención: algunos metros mas allá de su puerta, en la acera contraria, un par de hombres sostenían uyna escalera metálica mientras un tercero (encaramado en ella) manipulaba la caja de fusibles y cables principal del vecindario -¡Eh!- el castaño sujetó un paraguas que estaba cerca de la puerta y salió hacia donde estaban los extraños, aunque eso le costó mojarse de las rodillas hacia abajo -¿Que estais haciendo?- inquirió aquello, recibiendo por respuesta única un "Hay riesgo de un corto eléctrico si no solucionamos un problema de cableado. La tormenta causaría un apagón que nos llevaría días arreglar" Yuma observó aquello un tanto confundido "tenemos que desconectar la electricidad por ahora para evitar problemas futuros" el segundo hombre lo explico de manera más concreta -Entiendo... ¡Vale, seguid en lo suyo!- exclamó aquello antes de volver presuroso a su casa.


Cerró la puerta a sus espaldas y suspiró frotándose los antebrazos en un pequeño abrazo hacia sí mismo -Joder... el frío está terrible...- bufó temblando un poco y asomando la cabeza a la sala de estar, donde la película permanecía pausada -Tsukki... Adivina de lo que acabo de enterarme- habló a la sirena justo en el momento en que un rayo iluminaba la habitación, sincronizado todo aquello con el retumbar de un trueno. de un segundo a otro, las luces se habían apagado y la oscuridad reinaba en la estancia -Estaremos sin luz....- gruñó. Si bien, el podía ver perfectamente en la penumbra (tan claro como si fuera de día), dudaba que la sirena tuviera la misma habilidad -Buscaré algunas velas; ¿ayudas o te quedas?- dijo aquello acercándose a un mueble en el pasillo siguiente a la sala, sacando de un cajón una linterna y tendiéndosela a la sirena -Tranquila, en mi casa no hay monstruos.... bueno, no los hay si no me cuentas a mi - sonrió.

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Lun Dic 26, 2016 5:47 am

No es que la sirena fuera de esas personas que se la pasaban analizándose introspectivamente, ¡por supuesto que no! Considerando que la mayoría de sus acciones eran parte de sus instintos e impulsos, estaba lejos de pensar mucho en qué hacer, no obstante, luego de su “pequeño descubrimiento” el retraimiento parecía ser involuntario, bien, tampoco es como si tuviese más opciones que esa, no podía comenzar a actuar deliberadamente como una adolescente enamorada, ¡eso estaba fuera de discusión! -- A-Ah, sí. -- Reaccionó volteando al muchacho para arquear una ceja tras el comentario ajeno, sonriendo ligeramente divertida. -- Si dices eso no te invitaré a la boda y de hecho, ni siquiera te convidaré del pastel. -- Siguiéndole la broma, caminó hasta la sala para sentarse junto al vampiro apoyando su espalda en el sofá para tener mayor comodidad, y es que con la situación lo último que quería era ponerse todavía más tensa.

Necesitaba calmarse, ya no estaba en edad de andar suspirando por cosas como esas, ¿verdad? Su corazón había cambiado el ritmo de su palpitar y la pelirroja podía sentir como resonaba en cada una de las paredes, ¡quedaría al descubierto! Oh, bueno, siempre podía emitir alguna mala broma con respecto a eso, ¿verdad? Su mirar se desvió hacia el muchacho quien ahora se encontraba hablado por teléfono, tenía unos segundos para volver en sí y dejar todo ese alboroto hormonal, es decir, le gustaba alguien, no se iba a acabar el mundo. “¡Ah! ¡Tsukki, ya deja de pensar tanto!” Se recriminaba a sí misma al momento en que subía sus pies al sillón abrazándose de éstas para apoyar su mentón en sus rodillas como si tratara de hacerse bolita.

Un pesado pero imperceptible suspiro se coló por sus labios para que parpadease antes de dirigir su mirar al castaño. -- Vamos, el suspenso hará que no te quedes dormido a mitad de la película. -- Una risilla se dejó escuchar desde su boca para que se encogiese de hombros con ligereza. ¿Cómo se vería Yuma durmiendo? ¿Si se quedaba dormido se recostaría contra ella? Oh no, su corazón daba un vuelco y tras pasar saliva podía sentir como la sangre se agrupaba en sus mejillas. ¡¿Qué tipo de cosas se estaba imaginando?! Para su suerte apagó las luces, haciendo menos notoria su vergüenza. -- No excuses tu tacañería, sólo quieres ahorrar en electricidad, ¿no es así? -- Porque continuar diciendo payasadas era lo único que se le ocurría para que no fuesen descubiertos sus pensamientos, es que una nueva risilla se le escapó, algo más nerviosa que las veces anteriores, ¡que comenzara rápido la película!

Sus súplicas fueron escuchadas por los dioses y pronto las imágenes se proyectaron en la pantalla, atrapando por completo a la muchacha, pues si se terminaba por concentrar en el filme entonces todo retornaría a la normalidad, lejos quedarían esas reflexiones innecesarias. De a poco fue relajándose para soltar sus piernas y que sus pies retornen al suelo, dejando sus manos sobre sus muslos para optar una posición más normal y cómoda. Listo, ya podía comportarse como siempre… o eso creía. Sus labios de pronto sintieron una presión, obligándola a abrir la boca para que se encontrase comiendo un par de palomitas. ¡Estaba siendo alimentada por el Midorikawa! Los colores se le subieron al rostro y sólo atinó a cubrir sus labios para comer los bocadillos que se le habían entregado con rapidez. Obviamente se apresuró a tragar para tomar un par de palomitas y arrojarlas a la cabeza ajena en modo de protesta. -- ¡Hey! ¡No interrumpes así a la gente! Por tu culpa ya me perdí el nombre de la hija del protagonista. -- Era una mentira. Frunciendo el ceño unos segundos con las mejillas encendidas, al final soltó una carcajada, no la habían descubierto. Conocía lo suficiente al ser infernal como saber que sólo quería picarla, ¿en verdad estaría tan seria? Tenía que controlarse o sus sentimientos sí terminarían por salir a la luz, o bueno, en ese caso a la oscuridad de la sala.

¡Salvada por la campana! Y es que la pizza no había podido llegar en mejor momento. -- Eso estuvo cerca. -- Exhalando con profundidad se recostó en el sofá ocupando absolutamente todo el espacio antes de cubrir sus ojos con ambos antebrazos. -- Casi lo arruino. -- Susurró escuchando las voces masculinas a lo lejos, suponiendo que todavía tenía unos segundos de soledad. Aunque se había molestado en ponerle pausa a la película ya había perdido el hilo y a decir verdad, poco y nada le interesaba la historia, por ahora su principal preocupación era qué o cómo hacer para que su descubrimiento no arruinara la noche ni la amistad que le había costado tanto forjar. “Tienes que ser bien estúpida para enamorarte de tu amigo.” No terminaría de reiterárselo.

Al sentir los pasos del dueño de casa se incorporó en el sofá una vez más para mirarle arqueando una ceja.  -- ¿Qué…? -- No alcanzó a completar su pregunta para que se encontraran sumidos en la oscuridad total. -- Si no te conociera diría que das mala suerte… y tremendamente. -- Tratando de amenizar el ambiente se burló de la situación para ponerse de pie y seguirlo con cuidado, ella no era muy buena viendo en medio de la lobreguez, sus ojos como los de la mayoría tenían que acostumbrarse a ella, aunque sí tenía una buena memoria como para haber memorizado los muebles y procurar no chocar con ellos. -- Hai, hai, jefe. -- Dijo aceptando la linterna para tratar de encenderla, no obstante las condenadas baterías no funcionaban. -- Estás bromeando, ¿verdad? -- Suspiró antes de reír, Yuma sabía cómo devolverle las energías aun cuando se sintiese derrotada, ¿eso era lo que llamaban “el poder del amor”? ¡Ah, tenía que dejar de pensar en cursilerías!

Su rostro se ponía a tono con su cabello y Tsukasa ahora agradecía el que el campo de visión estuviese algo más restringido. -- Es mejor monstruo conocido que humano por conocer… o algo así. -- El nerviosismo y la agitación de su pecho le habían llevado a decir esa tontera de cual no pudo hacer más que volver a reírse y comenzar a caminar en dirección a la cocina. Sí, estaba escapando disimuladamente. -- De seguro tienes velas y baterías en tu cocina, iré a por ellas. -- Eso era en lo común, ¿no? Y antes de que el castaño pudiese refutar ella ya estaba revolviendo cajones en el sitio dicho. -- Tsk. -- Chasqueando su lengua por la frustración, por más que indagaba entre los cajones no lograba dar con lo que buscaba. -- ¿Acaso ocupará toda esta sarta de utensilios de cocina? -- Eran demasiados, inclusive, habían algunos que la bestia no podía reconocer, ¡en su vida los había visto! O bueno, tocado.

No se atrevía a preguntarle nada a Yuma todavía. Su corazón acelerado insistía en no retornar a la normalidad y con ello, su torpeza parecía acrecentar, por lo mismo es que sin darse cuenta metió su mano en el cajón de los cuchillos, vaya error. -- ¡Aaah! -- Su palma había recibido un corte no muy profundo pero sí bastante largo, el que no tardó en escurrir su cálida sangre.-- Tsk. Maldición. -- Chasqueó su lengua acercando su mano a su pecho sin saber cómo detener el sangrado. Genial, ahora estaba enamorada, herida y sin luz. Tenía que hacerlo. -- ¡Oi, Yuma! -- Le llamó para morder su labio inferior breves segundos. -- ¡Una sirena herida aquí! -- Comunicó sin moverse de donde estaba, lo último que quería ahora sería tropezarse, chocar o algo así. -- Y antes de que lo preguntes, no, no encontré las jodidas velas ni las jodidas baterías. -- Suspirando con suavidad, se tragó su frustración negando un par de veces con la cabeza, a veces esforzarse no ayudaba para nada, sino todo lo contrario. ¿Qué tanto podía arruinarlo la pelirroja? ¿Qué otras sorpresas les tendría preparada la noche? Todavía quedaban muchas horas.

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Mar Feb 07, 2017 7:32 pm

Aún cuando la oscuridad reinaba por completo en la casa, siendo interrumpida solo por el resplandor ocasional de un rayo, el vampiro no se inmutaba en lo absoluto; al ser Yuma perteneciente a una raza de tipo infernal, el chico no se preocupaba más que de recordar donde había guardado las baterías de la linterna, y es que en el momento  estaba conteniendo la risa porque la sirena se había quedado en penumbras nuevamente. Sus esfuerzos fueron en vano, al poco ya estaba riendo mientras subía las escaleras en busca de las velas que había prometido -No es ninguna broma, escamas- la llamó por un corto apodo, asi como para él era común que le nombraran "dientes" -Agradece que siquiera tengo linterna porque dime, ¿para que necesita una alguien que ve de noche?- se burló un poco más y finalmente se apartó en el segundo piso, buscando en las cajoneras de distintas habitaciones donde recordaba había velas guardadas. Recorrió tres sin tener mucha suerte y no fue hasta la cuarta (el estudio, específicamente) que al fin logró encontrar las velas, acomodadas todas en la parte superior de un librero -Perfecto, creo que con esto será suficiente- se dijo a sí mismo, distribuyendo las seis velas en sus manos anchas que fácilmente podrían sujetar dos extra. Sin embargo, su cabeza estaba en otra parte; seguía dando vueltas al asunto de su pequeño descubrimiento emocional. ¿Que haría a partir de aquel momento con la sirena? sin que se diera cuenta, acabó sentándose en la silla del lugar, apoyando los codos en las rodillas y dejando caer la cabeza en las manos flexionadas -Tenía que gustarme alguien... ahhh... habría sido más fácil ser un soltero feliz- se quejó estrujándose un poco el cabello y causando un ligero efecto de estática que duró segundos. Quizás solo debería esperar por tres posibles desenlaces: el primero, aguardar a que la atracción por la pelirroja se le pasara, el segundo, ver si ella parecía corresponder sus sentimientos (si era así probablemente se declararía en algún momento) y la tercera, confesarse con la expectativa de si ella aceptaría o no. Sobra mencionar que la última opción no le agradaba en lo absoluto y que su preferencia se decantaba por la primera alternativa.


Suspiró y sonrió de lado, después de todo era inevitable, la sirena le había atrapado a lo largo de mucho tiempo de amistad con bromas, chistes, competencias y buenos momentos que ahora comenzaba a recordar como si fueran una película muy divertida. Probablemente sería arriesgado sentir algo más por Tsukasa... la amistad que habían mantenido hasta el momento correría riesgo si las cosas no salían como él lo planeaba. No iba a negarlo, el castaño tenía miedo, no a un rechazo (eso ya le daba lo mismo) sino a perder a su amiga. Tragó saliva, pensando en aquello hasta que un peculiar aroma llegó a su nariz. Era dulce, dulce pero a la vez vigoroso y latente, activo. En una palabra, increíblemente atrayente. Inhaló profundo un par de veces más, decidido a saciarse con el aroma de la sangre que se percibía en el aire, enviciado hasta el momento en que lo reflexionó un poco. Había alguien más en su casa y ese alguien era la pelirroja sirena que buscaba las baterías para la linterna -Carajo...- maldijo al conectar los puntos de aquella situación y casi al momento volvió a tomar las velas que había dejado en el escritorio y corrió escaleras abajo, prácticamente saltando a medio camino -Tsukki- se aproximó casi conteniendo el aliento; el aroma de la sangre contraria se intensificaba en aquella parte y el vampiro se ponía ansioso al ver las gotas escurrir de la mano ajena -Jo, no te puedo dejar sola un segundo sin que te lastimes.... Ya se que soy indispensable para ti, pero no intentes suicidarte cada que me aparto- bromeó riendo leve antes de aproximarse a ella -Venga, vamos al baño- mientras hablaba había tomado una caja de cerillas para encender un par de velas -Así puedes caminar por tu cuenta hasta allá- quiso reír un poco pero no se encontraba demasiado bien como para hacerlo.


Entró al baño del primer piso, esperando que la chica también lo hiciera antes de buscar en las gavetas un pequeño frasco de alcohol, algodones y algunas vendas -Venga, presta tu mano para ayudarte con eso...- pidió para comenzar a examinar el corte, que no resultó ser muy profundo pero que aun así sangraba en consideración. Pasó saliva por enésima vez, humedeciendo un algodón con alcohol dispuesto a desinfectar la herida cuando algo así como un estremecimiento recorrió cada vértebra de su espina dorsal. "Maldición.... esto no es bueno" se decía mentalmente intentando  controlar un poco el instinto que amenazaba con dominarle; estaba bajo demasiada presión con una tentación enorme muy cerca. Y ocurrió, sin que nadie pudiera evitarlo. Lo que rozó la pálida piel sangrante de la joven no fue el algodón, sino la lengua del castaño que dejó salir un corto sonido de disfrute cuando finalmente saboreo la tibia sangre contraria -Tsukasa... mira que tentarme de ese modo, de verdad que eres increíble- había perdido el control en cierto grado y ahora que había probado el líquido vital de la sirena le costaría mantenerse en sus 5 sentidos -Tsk... tenias que cortarte justo ahora cuando la situación es...- guardó silencio, pues razonó a tiempo que estaba hablando de más. Ya la había degustado y no demoró en comprobar que incluso el sabor de la pelirroja le gustaba, era único, como beber parte de su personalidad y todo eso lo descubrió solo en unas gotas de sangre... ¿Que sucedía si bebía un poco más? -Hey, no te lo tomes a mal- sonrió mientras le sujetaba las manos sin mucha fuerza con la diestra mientras la zurda sujetaba su espalda para apegarla un poco más a él -Sé mi juguete un momento....- susurró cerca de su oreja segundos antes de aproximar el rostro a su cuello y morder sin dilación sobre la yugular, sorbiendo lento la sangre que de inmediato saltó al interior de su boca. Quizá después se arrepintiera de aquello, o Tsukasa se molestara al grado de no querer volver a verle... no lo sabía y en ese momento no podía razonarlo de forma correcta. Sólo esperaba que ella supiera entender que correr entre gacelas podía hacerte victima de un león.

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Sáb Mar 11, 2017 4:16 am

Cortarse accidental en la casa de un vampiro mientras no hay electricidad, si no lo estuviese viviendo en carne propia, Tsukasa hubiese creído que ese tipo de situaciones sólo eran posibles en las películas de terror. ¿De terror? No es como si ella sintiese miedo del castaño, de hecho, era todo lo contrario, la sensación de protección que le entregaba era algo que sólo reforzaba sus pensamientos; dándole una nueva razón para que su corazón se acelerase. -- Tsk. -- su lengua se chasqueó una vez más para que sus mejillas insistieran en colorearse, por más que tratara de ignorar el tema todo la devolvía a eso: le gustaba Yuma y no había que hacer para impedirlo.

Los pies de la muchacha decidieron moverse con lentitud hacia el umbral de la puerta al sentir los pasos del dueño de casa. -- Si tuvieses linterna con baterías no tendrías que pasar por mis suicidios frustrados. -- Trataba de seguir la broma, aunque podía sentirlo, el ambiente se había tensado un poco, ¿era así o tan sólo su imaginación le jugaba una mala pasada? Ya no tenía idea de nada, bien decían que las personas enamoradas se tornaban un poco estúpidas. Tomando la vela encendida con su otra mano simplemente asintió para seguir a Yuma hacia el baño, debía curarse rápido.

No era una herida muy grave, es más, suponía que si la dejaba unos minutos ésta se cerraría por sí misma y más estragos que alguna mancha no dejaría, sin embargo no podía negar que ser atendida por el ser infernal con tanto esmero le agradaba, la hacía inmensamente feliz. Una sonrisa ingrávida se dibujó en sus labios al momento en que extendía su mano hacia el muchacho, preparándose para el pequeño ardor que seguiría el paso del algodón con alcohol por la abertura. Sus rojizos orbes se cerraron con fuerza esperando lo peor… esperando algo que no llegó. -- ¿Eh? -- La extrañeza de la sensación la obligó a abrir los ojos. -- ¡…! -- Una inhalación bastó para darse cuenta de lo que había ocurrido y que los colores se le subieran al rostro.

La vergüenza no era algo que la acompañase con frecuencia, al menos no la que la mayoría de la gente manejaba. ¿Apeno por su cuerpo? ¡Claro que no! Mas, ver como el chico que le gustaba lamía su sangre, eso sí que la marearía, deseaba que la tragase la tierra ahí mismo. -- ¡Y-Yuma…! -- No supo qué más decir pues su mente se tornó de blanco y su garganta pareció secarse en una sincronía impresionante. ¿Es que no le daba asco beber de la sangre de alguien que conocía tan bien? “…Oh, no.” Sus orbes se abrieron con exageración, acababa de recordar algo que había leído por casualidad en alguna oportunidad, “...la sangre de los seres posee oculta parte de su personalidad, parte de sus sentimientos…” ¿Eso sería real? Quizás era ficción, pero si no lo era estaría en enormes problemas, sus emociones románticas quedarían al descubierto de la forma más peculiar posible. ¡No podía dejar que eso pasara!

Demasiado lenta. Todo ocurrió más rápido de lo que le hubiese gustado. Soltó la vela para que esta se apagase y cayera rodando por el piso del baño al momento en que se veía atrapada en los brazos del mayor. -- ¡Yuma! ¡¿Pero qué rayos estás dici…?! -- Terminar su frase fue imposible, los afilados colmillos ajenos pronto se incrustaron en su blanquecino cuello. -- A-Ahng…-- Un pequeño gemido reprimido salió desde su boca, un escalofrío recorrió su columna vertebral obligándola a arquear su espalda apegándose a su opresor de manera inconsciente.

Dolor adictivo, una sensación nueva, ¿era masoquista acaso? -- M-Mh… Yuma… -- Cualquier ánimo de resistencia se desvaneció cual pompa de jabón, transformándose en una dulce muñeca rendida a las acciones de quien tenía su corazón. Un ligero temblor la sacudió y a pesar de que su líquido vital comenzaba a ser drenado, el fluido permanecía dándole un tono carmesí a sus mejillas, su palpitar se aceleraba ya sin saber por qué, todo eso le gustaba, tal vez demasiado.

¿En verdad Yuma podría saber qué estaba pensando con tan sólo beber su sangre? Si no llegase a ser así de seguro sus acciones la delatarían. Tsukki era fuerte empero aquello le tomó por sorpresa y su respiración errática lo evidenciaba, no era desesperación ni nada parecido, por muy raro que sonara seguía sin estar aterrada, enojada o molesta, se sentía bien, tanto así que una sonrisa ladina permaneció en su rostro por todo el tiempo que fue una presa.

¿Segundos? ¿Minutos? No tenía idea de cuánto habría sido y tampoco le interesaba realmente saberlo. Estaba mareada, bastante, pero su orgullo no la dejaría admitirlo. -- Estúpido dientes. -- Una risilla se le escapó en cuanto lo llamó, pues lo mejor que podía hacer en ese momento para romper el hielo de la situación era tontear, no había más salidas. A penas sus manos fueron liberadas, las apoyó en el pecho contrario sin apartarse un mísero centímetro, no desaprovecharía la oportunidad ni siquiera cuando ella misma no se diera cuenta que la estaba tomando. -- Parecía que no hubieses comido en una semana completa. -- Broma tras broma, no podía dejar que su amor sea descubierto. ¿Estaba siendo muy ilusa? ¿Cuánto tardarían en rechazarla? Su pecho no lo soportaría, podría apostarlo. -- Al menos sabes que mi sangre no tiene mucha azúcar, no engordarás con ella. --

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Jue Abr 13, 2017 8:40 pm

El momento parecía ser tan efímero como eterno, una contradicción más que confusa pero que describía perfectamente lo que el vampiro evaluaba de esa situación. A cada segundo el líquido carmesí que brotaba del cuello femenino salpicaba sus labios a un ritmo delicioso, sorbiendo él con ahínco en busca de que la sangre siguiera brotando. Era un manjar, demasiado exquisito y a la vez tan exótico; Yuma no acostumbraba morder a sus cercanos pero la tentación del momento no podía ser mayor y la resistencia del castaño era mínima cuando ponían frente a sus ojos la carnada perfecta. Sus brazos asieron con más fuerza el cuerpo de la sirena, en un abrazo que podría verse más que comprometedor al estar él inclinado y con una pierna levemente situada entre las dos ajenas; podía sentirla temblar, no sabía si de gusto o de terror. El dolor de una mordida de aquel tipo era indescriptible según tenía entendido, más que nada por la peculiar mezcla de dolor y placer que se unían al mismo tiempo en que la victima era parcialmente consumida. Algunos jadeos se le escaparon al más alto, de puro gusto ante el platillo que degustaba  -Tsukki...- pronunció entrecortadamente, extasiado aún mientras se apartaba lentamente del cuello ajeno, pasando la lengua por la blanca piel contraria al vislumbrar en la oscuridad las pequeñas gotas de sangre que resbalaban de los agujeros recién hechos. Un par de lametones más bastaron para que, de poco en poco, las heridas se fueran cerrando hasta desaparecer por completo.


Yuma no se apartó, tampoco disminuyó ni un poco la fuerza con la que se aferraba a la presencia ajena, más bien, en lugar de ello ahora estaba abrazándola con un poco más de cuidado, acomodando su mejilla sobre los rojizos cabellos de la joven mientras reflexionaba. ¿De que se trataba aquello? ¿Era sólo una jugarreta de su mente aquél agradable sentimiento que le embargó mientras se alimentaba de su mejor amiga? El chico podría jurar que una voz en su interior le decía continuara, que arriesgara lo que tenía por ella y lo que había pensado apenas hacía algún rato mientras veían TV, antes de que todo aquello se hubiera tornado una película bizarra de romance y suspenso -En realidad llevaba seis dias sin comer... así que casi aciertas- respondió en un susurro divertido, sin atreverse a mirar el rostro que tendría la sirena. No quería enterarse de si le había causado miedo o si estaría enfadada con él por haberla mordido.... no quería observarla y luego tener que despedirse. Permaneció callado, abrazándola mientras una sonrisa melancólica curvaba sus labios de forma apenas visible: si ella estaba bromeando quizás no hubiera tomado tan mal su perdida de control previa.... ¿Por qué Tsukasa no se apartaba de él? Lentamente, como si quisiera que el tiempo corriera aún mas despacio en favor suyo, fue apartando sus brazos de la espalda ajena, solo para aún cauteloso descender hasta la cintura de la menor, sin apretarla, solo rozándola como si aquello fuera una invitación para que permaneciera junto a él solo por unos segundos más -Idiota...- gruñó aunque la sonrisa permanecía en su rostro -La estúpida eres tú, escamas. La próxima vez que veas que un vampiro esta perdiendo el control agarra una estaca y golpea su cabeza con ella- le devolvió la broma, ahora si buscándole la mirada directamente. Pasó saliva, de forma repentina se había puesto nervioso -Tsukki yo....- calló de nuevo ¿Qué se supone que le diría? ¿que el haberla probado no hizo más que confirmarle que la necesitaba un poco más cerca en su vida? suspiró, confundido y agotado, elevando de nuevo su mirar al ajeno. Necesitaba al menos desahogarse o aquella situación lo mataría.


-Oye... al menos podías forcejear un poco ¿no? digo, yo se que adoras estar cerca mío pero puedes marcar la distancia de vez en cuando- bromeó, aunque mentalmente se estaba golpeando el rostro con un martillo por las idioteces que pronunciaba cuando el destino le estaba poniendo aquella oportunidad única que probablemente no se repetiría con facilidad. Su risa, hasta ese momento un poco forzada -y es que el  chico intentaba ablandar un poco el ambiente- fue cesando despacio, dejando a los dos "amigos" sumidos en el silencio y la oscuridad de aquel baño, donde lo único que rompía la quietud era el palpitar acelerado de ambos corazones -Tsk... al demonio...- gruñó el Midorikawa ya cansado de aquello ¿Que carajo sucedía con él y desde cuando se callaba lo que opinaba? ¡Más de un lío le había causado ser directo en exceso y vaya que esos habían sido problemas! podría enfrentar, entonces, el hablar de una vez con la pelirroja que aún con todo mantenía cercana a su cuerpo por el suave abrazo. En una peculiar mezcla de cautela y osadía, el castaño se había inclinado lentamente hasta que su rostro estaba próximo al de la sirena -Repetiré lo que dije antes... si no quieres que algo suceda, solo apártame o golpéame con algo... con cualquier cosa- susurró serio, mirando directamente a los ojos de la chica poco antes de que sus párpados se cerraran conforme la distancia entre sus labios y los ajenos disminuía cada vez más. Trascurridos dos segundos que para el infernal fueron equivalentes a medio siglo, los labios de Yuma se encontraron presionándose con suavidad contra los femeninos; curioso... ella sabía bien también de ese modo. Suspiró un poco, sin apartarse, intentando degustar de manera intensa y a la vez sutil y enigmática el sabor que desprendía la piel contraria.

Yuma estaba tentando a la suerte.... quizás morder a tu mejor amiga y luego besarla eran demasiadas osadías en muy poco tiempo. Pero el correría el riesgo de enterarse de lo que sucedería después.

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Miér Abr 19, 2017 9:07 pm

¿Aquella mordida le dejaría una marca? Realmente no le importaba que su inmaculada piel quedase con vestigios de aquella situación, su mente le daba vueltas y su cuello continuaba sensible aun después de que acabara el acto del vampiro. Una sonrisa boba se dibujaba en el rostro de la sirena, tal vez la falta de sangre la había mareado un poco o quizás sólo era el enamoramiento, quién sabe. Sus manos se ubicaron en el pecho del castaño para que normalizara su respiración con disimulo disfrutando del calor corporal ajeno y el baño de oscuridad que los cubría, agradeciendo así que el rubor de sus mejillas no fuera tan visible. Ah, ¿por qué le tenía que pasar algo así?

Bromear no la sacaría de cualquier apuro con sus amigos, no, porque dejar que el nerviosismo pusiera palabras en su boca no haría que sus muslos dejasen de rozar con la pierna de Yuma ni que sus tobillos dejaran temblar con ligereza, ¡tenía que calmarse ya! Una risilla entrecortada se le escapó, al menos colmillos parecía ser el de siempre, ¿verdad? -- Vale, vale. -- Pronunció encogiéndose de hombros buscando amenizar el raro ambiente. -- De ahora en adelante procuraré llevar una estaca en mi bolsillo. -- Tenía que continuar con esa jugarreta si quería salir “digna”.

Tsukki no era así, ¿qué le estaba pasando? No era realmente agradable haberse convertido en presa, ella era un ser libre, entonces, ¿qué hacía tan feliz entre los brazos del ser infernal? ¿Por qué no le enojaba que su corazón haya sido capturado por alguien? Un millar de cuestionamientos diferentes que suponía no tendrían una respuesta concreta. Sus rojizos orbes se desviaron para evitar la mirada contraria, mordiendo su labio inferior guardó silencio unos instantes, no quería ver a Yuma, no sabía cómo hacerlo, de hecho, ¿cómo hacerlo cuando su rostro estaba así de rojo y cuando su pecho se estremecía con tanta exaltación? -- ¿Ah? -- Una advertencia nueva que la obligó a retornar al dueño de casa, ¿acaso la volvería a morder? -- ¿Por qué di…? -- Una vez más su frase fue interrumpida, esta vez por la calidez de los labios ajenos, presionándose contra los suyos. -- … -- ¿Qué estaba pasando? Su mente quedó en blanco mientras sus ojos se abrían con exageración. -- ¡…! -- La sorpresa era inminente, tanto así que sus manos no tardaron en tomar la ropa ajena arrugándola un poco. Esta soñando, de seguro.

¿Tan obvia había sido como para que sus sentimientos quedaran al descubierto? Vaya que era estúpida. Sus orbes se humedecieron ante la frustración de su descuido para que sus manos se apretaran un poco más tirando de la tela ajena para apegarlo un poco hacia ella, todo le daba vueltas una vez más. Conocía a Yuma y dudaba que quisiera jugar con sus emociones, por lo mismo es que no sabía muy bien qué hacer. Bien, si su enamoramiento había sido revelado y de todas maneras no sabía cómo acabarían las cosas, al menos debía ejecutar lo que su corazón gritaba, ¿no es así? El rostro enrojecido y sus ojos cerrados con fuerza, no era para nada delicada empero lo haría, correspondía el beso con torpeza, la misma con la que sus pulsaciones se manifestaban, si tenía una mínima oportunidad dejaría que su corazón se apoderase de la situación, tal vez, sólo tal vez su afecto sería transmitido correctamente.

La sirena se esmeraría en evidenciar lo que ella misma había descubierto hacía poco, un beso largo en el que sus labios se movían con sincronía encajando a la perfección. Su respiración se volvía errática una vez más obligándola a separarse cuando el oxígeno ya era necesario, sus ojos entreabiertos se fijaron en la expresión que tenía el muchacho, guardando en lo más profundo de su mente aquella espectacular imagen. ¿Qué había de ella? Rogaba que la lobreguez de la noche no demostrara cuán ruborizada estaba, como sus labios seguían tiritando en el deseo de continuar y como la humedad de sus luceros transparentaba el goce de lo que habían realizado.

Segundos que parecían eternos en donde la única melodía eran las respiraciones de ambos y uno que otro trueno en el exterior. ¿Qué hacer ahora? Las manos de la pelirroja se deslizaron con lentitud por el abdomen ajeno para que por fin optara por apartarse, un mero paso en retroceso para que su mirar se desviara al suelo. -- Yo… -- Su labio inferior volvió a ser apresado por sus afilados dientes al momento en que empuñaba ambas manos buscando las palabras indicadas luego de todo eso. "Timing" aquella expresión que indicaba las coincidencias de la vida, pues justamente la puerta principal de la casa fue tocada por los hombres que se encontraban arreglando la cablería en el exterior, era probable que no pudiesen terminar los arreglos hasta que el aluvión terminase. -- ¿Quieres…? ¿Quieres que me vaya? -- Su diestra pasó por su espalda para que tomase su codo zurdo sin elevar la mirada, como nunca estaba avergonzada, huir no era parte de sí empero era lo único que se le ocurría. -- De seguro encontraré un taxi o algo… -- En verdad la tormenta era de lo último que le preocupaba, caminar hacia el hogar de su ama podría ayudarla a despejarse y ver qué hacer después para arreglar lo que había hecho, no dejaría que por su culpa aquella preciosa amistad se fuese por el desagüe. -- Mh. -- El tiempo continuaba transcurriendo con tortuosa calma, los rayos que iluminaban el nebuloso cielo nocturno no podían aclararle la mente a la chica. Arrugando el hoodie ajeno podía sentir como su cuerpo completo temblaba de incertidumbre. ¿Por qué tenía que arruinarlo todo? ¿Por qué estaba tan estúpidamente enamorada?

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Vie Jun 16, 2017 7:07 am

El vampiro no podía decir con seguridad a quién pertenecían las palpitaciones más fuertes que resonaban dentro de aquel espacio cerrado; sus latidos eran tan rápidos y potentes que por un momento llegó a temer que la sirena acabara por bromear al respecto, y no precisamente por la broma. Un chiste para Yuma jamás seria mal recibido ¡De eso vivía! (metafóricamente hablando) sin embargo, el que alguna gracia interrumpiera ese momento lo habría puesto furioso. ¡Estaba arriesgando el pellejo en aquel simple beso! aunque, si se lo pensaba bien, no era solo un beso. Sus labios continuaban moviéndose en sincronía con los femeninos, formando una especie de danza que, en un principio perteneció sólo a él hasta que la pelirroja correspondió con cierta  torpeza. Bien dicen que la amistad entre hombres y mujeres es un mito: el castaño no podía ni quería apartarse de ella, en tan solo unos segundos había desarrollado una terrible adicción a su sabor, su esencia e incluso el aroma de su aliento acelerado cuando, al cabo de poco tiempo, fue necesario que se apartaran para respirar -...- no tenía idea de lo que debía hacer ¿Disculparse acaso? ¿O intentar besarla de nuevo? Suspiró aliviado cuando ella dijo ese "yo" sabiéndose a sí mismo salvado (al menos por el momento) de enfrentar las consecuencias de lo que había hecho. En determinado punto se consideró un completo idiota, loco en extremo ¿Cómo se le ocurría dejarse llevar así por los instintos cuando su corazón recién se había enterado de quién le hacía palpitar con más fuerza? Ella calló de nuevo y él volvió a sumergirse en sus pensamientos, todos relacionados a ella, lo que había sucedido hacía apenas momentos y lo irremediablemente linda que lucía con aquel sonrojo en el rostro, porque sí, los vampiros son nocturnos y para Yuma el baño estaba iluminado como si fuera de día.


Sus labios se separaron en un segundo intento por pronunciar una palabra ¡La que fuera! debía hablar pronto si no quería que aquello se volviera aun más incómodo; el destino pareció compadecerse de él y su estupidez: el timbre sonó perturbando en un primer momento al chico que no supo como reaccionar a aquello -Yo...- le copió la palabra de antes a la menor -Yo... vuelvo en un segundo...- a paso presuroso, se dio la vuelta y abandonó la estancia para atender a quien fuera que permanecía en la puerta. Un relámpago iluminó al hombre de antes que sin perder tiempo explicó la situación respecto al servicio de electricidad y se marchó bajo la lluvia torrencial, perdiéndose en la espesura de la noche. El castaño se giró cerrando la puerta tras de si, solo para volver a encogérsele el estómago cuando se tpó de nuevo a la sirena... -¿eh?- ¿Ella quería irse? ¡Imposible! ¿Cómo podría permitir tal cosa? maldijo mentalmente a su cerebro, reprochándole decir todo aquello solo en el pensamiento y no de manera directa ¿Había perdido su osadía? Vaya tonterías podía lograr el amor en tan solo una hora y algo más -No quiero que te vayas...- murmuró en voz baja, tan baja que la lluvia la opacaba parcialmente -¡No digas esas tonterías! ¿Cómo puedes solo querer un taxi? Al menos intenta enfrentarme y no huyas- sin que pudiera hacer algo al respecto, el Midorikawa se había irritado un poco, no con ella y no por alguna cosa que la joven hubiera hecho, estaba enfadado consigo mismo ¿Su cobardía le costaría que ella se escapara así? ¡Ni loco! Al menos lo intentaría un poco más, al fin y al cabo ya la había besado y eso fue mas que suficiente para confirmar sus sentimientos hacia Tsukasa. La miró a los ojos, mismos que notaba tan brillantes como siempre aunque estos probablemente estaban teniendo dificultados para observarlo a él. se acercó de nuevo, esperando no asustarla por el movimiento poco tranquilo de sus piernas y torso, había caminado quizás con demasiada seguridad pero debía aprovecharla antes de que terminara por esfumarse -Tsukki... Intenta al menos afrontar las consecuencias de lo que hice... afrontalas conmigo o podrías arrepentirte- se acercó aun más hasta el punto en el que su mano se posó sobre uno de los hombros ajenos -Escucha... te dije que si querías que me detuviera solo debías golpearme con algo.. tus manos habrían sido más que suficiente para ello. Debo suponer entonces que no querías que parara ¿No es asi?- la miró serio, frunciendo el entrecejo -Deja de hacer este momento tortuoso...- suspiró de nuevo en voz baja, apartándose solo un paso (que por su estatura fue algo equivalente más o menos a medio metro).


Necesitaba una respuesta pero... ¿A que exactamente? No podía pedirle a la chica que aclarara todo el revoltijo de ideas en su cabeza, no si no lo hacía él antes. Una persona podía besar a otra por muchos motivos, un juego, apuestas, sentimientos, alcohol ¿Tendría que usar alguna excusa o la verdad implícita en todo el asunto?  -Verás..- apretó los puños, intentando hacer caso omiso a los truenos en el exterior de la casa, el olor a tierra húmeda que se filtraba por la ventana, las tazas de café frías seguramente en la mesa central de la sala y los nudos que hacían a su estómago sentirse prisionero de la ansiedad -Tu me gustas... en serio me gustas, escamas- la llamó por el apodo con tal de afirmar que se refería a ella, a la única persona a la que llamaba de ese modo -Correspondiste a mi beso en el baño y no pusiste resistencia a él... ¿Debería suponer que gustas de mí también?- fue directo al grano, no quería alargar las cosas solo para mal de su corazón -que podría saltar de su pecho en cualquier momento- y de su interior que se sentía cada vez más apretado -No puedo permitir que huyas sin decirme antes tus sentimientos... ¡Si quieres golpearme con un palo impregnado en aceite de ajo lo permitiré! ¡También que me lances un vaso con agua bendita o lo que sea! pero eso sólo sucederá si me dices que te molestó lo que hice y no quieres volver a verme... En ese caso dejaré que te desquites y te dejaré en paz hasta que te de  gana de hablarme otra vez...- se había sonrojado un poco, pero quería ocultarlo y por ello miró al suelo -Pero si no es así y correspondiste al beso porque tienes algo que decirme... entonces quisiera escucharlo ahora..-


Última edición por Yuma Midorikawa el Mar Sep 12, 2017 11:26 pm, editado 1 vez

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Jue Jul 27, 2017 1:46 am

Agradecer o maldecir al sonido de la puerta, la sirena no estaba del todo segura como sentirse luego de esa situación, es decir, si no hubiesen tocado, ¿qué habría dicho? ¿Su corazón habría hablado? ¿La habrían rechazado? Un centenar de preguntas invadió su mente en ese instante, ocasionándole un extraño nerviosismo, sus piernas temblaban y todavía podía sentir humedad sobre sus labios, ese beso había logrado cambiar su mundo de una maravillosa manera. Su cuerpo no respondía, una parte de sí deseaba salir corriendo, inclusive tirarse por la ventana, empero la otra parte anhelaba poder continuar compartiendo junto al vampiro. ¿¡Por qué tenía que ser tan complejo el tener a alguien que te gusta!? En las películas no lo tildaban de esa forma, o bueno, tal vez sí, pero ese no era el caso.

Incapaz de elevar su rojiza mirada, la chica sólo pudo quedarse de pie controlando el temblor de sus rodillas y arrugando las mangas de la ropa ajena. “¿Por qué?” Se lo recriminaría una y otra vez, definitivamente enamorarse de un amigo no era lo mejor que hubiese hecho en su vida, habría un antes y un después, de eso podía estar segura.

Huir, eso precisamente en lo que pensaba, el temor al rechazo de sus estupideces era algo a lo cual no estaba preparada y suponía nunca lo estaría, ¿por qué simplemente no hacían como si nada hubiese pasado? Sí, de seguro volverían a ser amigos, bromear sin problemas, reírse, golpearse, picarse, abrazarse… Oh, no, sus ojos se cristalizaban y sus mejillas se enrojecían, ¿por qué tenía que ser tan débil? Las palabras se aglomeraban en su garganta, no obstante, ni un solo ruido salía de su boca. El tacto ajeno la hizo sobresaltar, estaba quizás demasiado nerviosa como para actuar con naturalidad, aun así, pudo elevar el rostro para que su mirada se cruzase con la de Yuma, ah, podía sentir como su rostro se acaloraba un poco más.

La bestia tenía enormes ganas de soltar absolutamente todo lo que ocultaba peligrosamente en su interior, sus labios se habían separado; conteniendo aquellas lágrimas que deseaban brotar, sin embargo, al escuchar la voz masculina optó por mantener el silencio. Atenta como nunca, escuchó cada una de las palabras ajenas como si fuesen el tesoro más valioso que se pudiese encontrar en Myr, su pecho se agitaba sintiendo como todas sus dudas se derretían al igual que la nieve en una mañana de invierno, como un tifón aquella confesión había golpeado arremetiendo lo más profundo de su pecho, juntando el valor que cría que el viento le había arrebatado.

Ya no podía contenerse por más tiempo. Las manos de la chica se ubicaron a sus costados empuñándolas con ligereza, al momento en que sus orbes carmesíes se cerraban y sus labios se juntaban en una línea. -- ¡Estúpido colmillos! -- Gritó por fin, para que todo el peso de sus hombros se desvaneciera. -- ¿¡Eres idiota, o qué!? -- Preguntó con el rostro completamente enrojecido, volviendo la mirada a éste, para dar el par de pasos necesarios y así quedar frente a él, llevando sus manos hacia el pecho ajeno tomándole la ropa. -- ¡Es obvio que me gustas! ¡Me gustas mucho! -- Porque no cabían dudas de ello, es que jaló de las prendas contrarias al momento en que se paró sobre las puntillas de sus pies para que sus labios fuesen a encontrarse con los otros en un beso torpe pero lleno de emociones.

Tan largo como le fue posible, cuando supuso que lo correcto era apartarse, así lo hizo, bajando sus pies para apoyar su frente en el pecho ajeno, esperando que las fuertes pulsaciones de su pecho sean opacadas por los truenos en el exterior. ¡¿Qué estaba haciendo?! Sus mejillas se encontraban completamente rojas y su cuerpo temblaba como una gelatina, se sentía tan expuesta, tan débil, no tenía la más mínima idea de qué hacer en esa oportunidad. -- ¡N-No me veas! -- Pidió cubriendo su apenado rostro con ambas manos, sin intenciones de levantar la cabeza todavía. El calor la embriagaba y lo único que deseaba en ese momento era que la tierra la tragase. Tsukki era alguien vivaz, una chica alegre cuando estaba en confianza, empero, en el amor era una novata. ¿Cuántas novias había tenido Yuma? ¿De verdad podía ilusionarse un poco? ¿No se aburriría de su inexperiencia? -- … sólo... no te vayas, Yuma. -- Un susurro, palabras que emergían desde su corazón. ¿Qué tan egoísta podía llegar a ser?

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Re: Los aromas de la lluvia y el café [Priv Tsukasa]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Miér Sep 13, 2017 12:28 am

Los segundos trascurrían con lentitud antinatural según el vampiro ¿Por qué de pronto el tiempo parecía detenerse en rededor suyo? Apenas podía respirar, casi se olvidaba por completo de hacerlo: estaba mucho más concentrado en recibir una respuesta a su bizarra declaración. No tenía que rebuscarlo más, le gustaba Tsukki, le atraía de manera irrefrenable y lo único que le habría gustado en ese momento hubiera sido abrazarla para encontrar sus labios nuevamente ¿Tenía remedio? Un beso y ya se había quedado delirando por recibir más. Nadie podía culparlo: quizá no llevara demasiado tiempo con su descubrimiento de afecto por la sirena, pero eso no significaba que el sentimiento no estuviera ahí desde antes; si se lo pensaba mejor, ahora podía explicar por qué algunas veces en el pasado había estado tan feliz en su compañía, la había observado sin motivo alguno y había sentido aquel extraño monstruo golpearle el estómago al verla charlando con algún otro varón. Debía haberlo supuesto, todo eso no era la usual reacción de un "Mejor amigo" sino de un chico enamorado que, sin embargo, era demasiado torpe para enterarse de ello hasta después de tanto.


Volvió a la realidad con un par de parpadeos, necesitaba concentrarse en el Ahora y no en lo que había acontecido con previedad; de todos modos ¿De que serviría descifrar el misterio si a partir de ese momento la pelirroja decidía no era correcto que siguieran viéndose? Sólo pensar en eso le trajo una sensación agria a la boca y le aceleró el pulso aún más. No estaba seguro de que podría esperar mucho más tiempo en el infernal silencio que la Nanase prolongaba entre ambos ¿Él tendría que agregar algo más a su discurso de antes? ¡¿Pero qué podía decir si ya había expresado sus sentimientos tal cual era consciente de ellos?! pasó saliva ansioso y buscó con su mirada la ajena, casi sintiendo que algo dentro de él se caía a pedazos tan solo al percatarse de que los puños de la joven se habían tensado. Perfecto. Sería rechazado y quedaría sin pareja y sin mejor amiga. Suspiró, ya estaba preparando las siguientes palabras de disculpa, quizá incluso al día siguiente optara por presentarse a la casa de la sirena para argumentar que estaba con fiebre y no había sido consciente y... Los gritos de la fémina lo alteraron aún más y estuvo seguro de que todas las palabras se le habían olvidado. Ella le estaba diciendo estúpido e idiota... claro, debió imaginar que se molestaría con él por besarla.


Lo siguiente que ocurrió terminó por confundirlo: estaba seguro de que cuando ella caminó hacía él no había sido con otro propósito sino el de abofetearlo o pasar por su lado para marcharse de ahí; pero estaba completamente equivocado. Fue obligado a inclinarse en consideración y luego de ver que ella se ponía en puntas de pie pudo  ser consciente de que sus labios habían vuelto a juntarse ¿Le gustaba? Una sensación cálida se extendió por su pecho al mismo tiempo que la felicidad invadía cada rincón de su cerebro; después de todo no era tan desafortunado. Sus manos terminaron por enredarse una en la cintura ajena y la otra en la parte posterior de la pelirroja cabeza, sincronizando sus labios para extender el beso; de nuevo parecía salir a la superficie la indescriptible alegría que solo Tsukki podía causarle, era la mezcla perfecta de locura y satisfacción. Buscó amoldarse más a ella, no quería separarse pero debía hacerlo... al menos se conformó con dar un suave mordisco en el labio inferior de la sirena y tironearlo con delicadeza conforme la distancia volvía a presentarse entre ellos. Miró a SU Escamas: en cierto modo detestaba cada centímetro que le separaba de ella... y estos eran bastantes al medir él prácticamente dos metros. El rubor había teñido también sus mejillas y aunque la menor le pedía no observarla el no podía hacer otra cosa. Los fuertes latidos de su corazón le indicaron que no tenía porqué arrepentirse de nada, absolutamente nada, sino ser feliz por lo que había acabado provocando. Sonrió de lado con cierta ternura y se inclinó una vez más para que su rostro no quedara tan alejado del de la sirena -...¿Sabes?- habló con cautela en un susurro bajo y ronco, intentaba contener el torrente de emociones que ahora le circulaban por todo el cuerpo sin freno posible -No me iré a ningún lado... no mientras tu quieras que siga contigo- hablo con claridad de acuerdo a lo que su corazón le estaba exigiendo; sus manos se habían apoyado suavemente en las contrarias y las habían ido apartando de poco en poco para dejar al descubierto su rostro una vez más. El brillo verdoso que atravesó los ojos del castaño era un testimonio del sentimiento que estaba hinchando cada vez más su corazón travieso que, en ese momento, era el más serio del mundo. Le regaló a la chica una media sonrisa que dejó ver los colmillos -Pero tú debes prometer que también estaras conmigo... no sería justo que solo yo cumpla demandas ¿No crees?- completó su frase con una pequeña broma que el vampiro enviaba como un mensaje tranquilizador de que seguiría siendo el mismo... solo más afectuoso, quizá. Besó la frente de la sirena y luego volvió a buscar su mirada intentando trasmitirle un mensaje que no se creía capaz de articular o decir porque no estaba seguro con exactitud de qué quería expresar. Era un conjunto de protección, cariño y -para qué negarlo- deseo -Ahora somos algo más ¿No es cierto?- susurró, no necesitaba una respuesta: estaba seguro, incluso lo dejó claro envolviendo con sus amplios brazos el cuerpo femenino. El abrazo se extendió incluso más que el beso pero no resultó incómodo para él... ¿Quién podía sentirse incómodo cuando la persona que más quieres admite quererte a ti?

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