Una Dona Por Tu Ayuda [Priv. Kyouya]

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Una Dona Por Tu Ayuda [Priv. Kyouya]

Mensaje por Miu Nyanpire el Dom Ago 14, 2016 5:53 am

El frio de Myr empezaba a verse menos molesto con el correr de los días, o eso es lo que Miu creía, pero quizás se debía al horario en que estaban, las 16 en punto para ser precisos, a tan solo media hora luego de una de sus clases en la cual su pequeño mundo cambiaria. Si bien era de saber público que la Nyanpire estudiaba para ser una diseñadora de moda, cosa que destacaba bastante por los curiosos trajes que portaba, no era tan común para el cuerpo estudiantil verla como gato, pero para Miu, en esos momentos era algo imprescindible. El porqué de esta curiosa situación era simple, su tarea que valía la mitad de la nota.

Puede que algunos pensaran ¿Que tiene que ver una cosa con la otra? Simplemente Miu requería un modelo adecuado para sus nuevas creaciones, alguien que encajara en sus estándares, porque si bien no era la primera vez que hacia algo de ropa para sus clases, si era la primera en que debía vestir una persona y no un maniquí, por ende, todo tenia que ser perfecto, y a cualquiera que encajara en sus ideales era mejor comprarle con aquella lindura felina que caracterizaba su forma gatuna.

Solo por esto sus pequeñas patitas marcaban la nieve, viéndose resguardadas por botitas especialmente diseñadas para tan molestas temperaturas, su cuerpo envuelto en tela le daba un plus de calor sin molestarle un cabello de su pelaje, y sus alitas destacaban por pequeño orificios a través del saco con el cual se protegía del clima, era prácticamente el mismo diseño de ropa -solo que en tamaño reducido - al que decidió llevar ese día cuando estuvo en forma humana. Pero si bien la moda es lo que nos traía a sus predicamentos, lo que más interesaba ahora era un hombre adecuado para cumplir el papel que le daría, por ello la chica había decidido volar hasta un árbol cercano, mirando la gente pasar sin saber quién sería el mejor. Había chicos guapos, sí, pero no eran lo que ella estaba buscando, o más bien, ni sabía que buscaba, solo tenía en mente que de verle lo sabría.


- Tal vez se lo pida al tomate... me debe un favor -puede que su amigo no fuese su primera elección, cosa que evidentemente no diría, pero si representaría un reto vestir a alguien tan alto como lo era Yuma. Con un suspiro estaba a punto de irse, viéndose obligada a pasar por su cabeza y parte del cuerpo, su bolso, donde tenía la libreta, lápiz y un cambio de ropa más adecuado, pero entonces lo vio. Cabellos rubios, piel clara, ojos rojos y un gusto para vestir que le agradaba - Él...  - por primera vez en mucho tiempo la felina se había quedado sin palabras, era perfecto para su tarea, y cargaba algo en sus manos que interpreto como café, quizás con soborno de cafeína cedería más fácil.


Decidida, miro en todas direcciones para no ser atacada por un cumulo de mujeres desenfrenadas con ganas de manosearle de cabeza a cola, lanzándose al vacío para simplemente planear con sus pequeñas alas, aterrizando en un arbusto cercano, donde extrajo de su bolso un espejo, mirando que estuviera arreglada antes de salir y ponerse frente al muchacho de claros cabellos sentado en una banca. Dudo un poco, pero finalmente su patita derecha se posó en la pierna ajena, intentando captar su atención, ya que por la diferencia de alturas seguramente ni la había visto.


- Disculpa humano... -no sabía si el chico era o no un humano, pero ya que tenía la apariencia, iría a lo seguro - ¿Tienes unos minutos que puedas dedicar a una dama en apuros? -de cierto modo, sus palabras iniciales habían sonado como si estuviera por predicar algún tipo de palabra sagrada, o deseara venderle algo, aunque en cierto modo lo que se proponía iba medio ligado a la segunda idea - Veras... tengo un pequeño problema en el que quizás puedas ayudarme, te prometo café y donas, muchas donas de los más deliciosos sabores a cambio de tu ayuda -de un pequeño brinco ya estaba sentada en la banca a su lado, abriendo nuevamente su bolso para introducirse meneando sus caderas que quedaron fuera del accesorio, conforme buscaba su libreta, extrayéndola con su hocico para posarla en el asiento y correr las paginas hasta la tarea del día - Como veras aquí, tengo la tarea de vestir a alguien... es decir, necesito un modelo, y me preguntaba... si tu... ¿Podrías ser mi modelo? -tomándose un poco de confianza, las patitas delanteras se apoyaron en la pierna derecha del chico, mientras sus ojos no dejaban de verle con suplica.


Eran aquellos momentos donde sentía que miles de miradas se posaban en su anatomía, pero no le atacaban meramente por estar con alguien, sin embargo, mientras más tiempo Miu se encontrara al aire libre con esa apariencia, mas subían las posibilidades de un ataque sorpresa por parte de locas con ganas de tomarle fotos y llamarle Sasi, o cualquier otro mote felino que le hacía agradecer que su nombre fuera Miu y no Pelusa, sin embargo, se arriesgaría a eso y más con tal de salvar su dignidad como diseñadora de modas, siempre y cuando su modelo estrella quisiera darle el sí.


_________________________________________
Atuendo

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Re: Una Dona Por Tu Ayuda [Priv. Kyouya]

Mensaje por Sata Kyouya el Jue Ago 18, 2016 3:38 am

-- ¿La sala de micro-economía? Está en este edificio, es la sala número cien en el segundo piso. -- Una sonrisa ligera decoraba el perfecto rostro de Kyouya, entregando aquellas indicaciones ante la sencilla petición de un par de perdidas muchachas que en el fondo tan sólo buscaban un pretexto para hablar con el proclamado “príncipe de la facultad de ciencias económicas”, y es que su carácter carismático y porte sumado a sus calificaciones sobresalientes hacían que cualquiera voltease a verlo e inclusive suspirar por él. -- ¡Muchas gracias, Sata-kun! -- Le dijeron antes de marcharse entre risillas.

Saliendo por completo del edificio en el que se encontraba y tras cerciorarse de encontrarse solo, el rubio dejó salir un largo suspiro al momento en que su entrecejo se fruncía con ingravidez. -- Ugh… -- Su molestia era notoria, tener que fingir tantas horas seguidas lo cansaba rotundamente, aquella cínica mueca junto a la falsa amabilidad que tenía que mostrarle a las insistentes féminas, era algo que agotaría hasta al actor más profesional, ¿por qué simplemente no le dejaban en paz? El demonio no quería causar revuelo ni llamar la atención, tan sólo quería estudiar y que su padre no lo fastidiara, ¿era tanto pedir? Suponía que no, empero por más que se lo cuestionaba más imposible se tornaba. -- Necesito un café. -- Se dijo cruzando el patio del campus hacia un pequeño negocio en el que se podían encontrar diversos comestibles al paso, nada demasiado ostentoso, algo preciso para la vida universitaria. Para su suerte no estaba repleto de gente por lo que en un par de minutos ya se encontraba frente a la cajera. -- Muy buenas. Un espresso doble por favor, sin azúcar. -- Solicitó con suma cordialidad, proporcionándole otra de sus famosas sonrisas, para que la muchacha asintiera completamente sonrojada; recibiendo el dinero y entregándole su producto como si ello hubiese sido lo más maravilloso que le pudo haber pasado en el día. “Tiene que estar bromeando.” Porque sólo había comprado un café, Sata no veía el motivo de verse tan feliz, definitivamente no entendía a las mujeres.

-- Tsk. -- Una vez fuera del local fue capaz de chasquear la lengua con libertad antes de inhalar con profundidad llenando sus pulmones para tratar de seguir con su camino, sus clases ya habían terminado mas no tenía deseos de retornar hacia su departamento, ¿para qué hacerlo? No es como si quisiese ir a encerrarse, aunque tampoco le apetecía ir a algún lugar lleno de gente, vaya dilema, tal vez lo mejor sería leer un poco ahí mismo, si se mantenía concentrado de seguro nadie le hablaría o interrumpiría. “Sí, será lo mejor.” Pensó dándose ánimos y bebiendo un par de sorbos de su bebida antes de dirigirse hacia un sector algo más apartado en el mismo campus, donde la naturaleza hacía presencia con majestuosidad y por lo mismo varios estudiantes se dedicaban a sus actividades más silenciosas.

El ser infernal tomó asiento en una banca sin mayores prisas, dejando su café en la misma seguido de su bolso para poder buscar uno de los textos que había en su interior, bien, si todo seguía así podría suprimir por completo el murmullo de los demás y centrarse en lo escrito en aquellas hojas. No obstante, antes de que siquiera pudiese retirar el libro desde sus pertenencias, sintió un delicado toque sobre su pierna, volviendo la mirada algo extrañado, inclusive arqueando una ceja. -- ¿Mh? -- Quien lo diría, una gata vestida. Sus marrones orbes no tardaron en parpadear pausadamente asimilando la imagen que presenciaba, no podía negarlo, era malditamente tierna, por lo mismo es que una sonrisa sincera y leve se dibujó en sus labios, le fascinaban los animales pequeños. Con calma agachó un poco su postura acercándose al animalito, extendiendo su zurda dispuesto a tenderle una caricia empero se detuvo en seco.

Esa gata le estaba hablando. -- … -- Silencio certero y una expresión algo más neutral. -- Vaya. -- Terminó soltando para sonreírle de forma ladina en aquella faceta de amabilidad completamente hipócrita. -- Debo admitir que no me esperaba esto. -- Porque, ¿quién en su sano juicio esperaría que una gata vestida le pidiera ayuda? -- ¿Donas? No, no podría aceptar nada de una pequeña dama. -- Dijo con gracia sin cambiar sus gestos, volviendo a la felina, no podría aceptar algo que detestaba. ¿Dulces? No, muchas gracias. Se podían oír claramente los susurros de los demás universitarios que presenciaban la extraña escena, con tantos testigos no podría reclinar la solicitud por más que quisiera, estaba acorralado. -- Oh. -- Vislumbrando lo escrito en la libreta ajena asintió con suavidad una vez. -- Pues… estaré encantado pero, ¿estás segura de que soy lo que necesitas? -- ¡¿Ser vestido por una gata que no conocía?! ¡¿Qué tipo de broma era esa?! “Cálmate, Kyouya.” Sí, debía mantenerse apacible y caballeroso. -- Quiero decir, deben haber chicos con mejores proporciones, ¿no crees? -- A pesar de que él mismo lo dudaba, sabía que su cuerpo no estaba mal, pero, ¿modelo? Nunca se hubiese imaginado a sí mismo metido en algo así.  Los comentarios a lo lejos acrecentaban, rayos, no podría declinar. -- Bueno, creo que al final de cuentas no podré rechazar a una adorable joven felina. -- Dictaminó antes de que los rumores continuasen en expansión. -- Tan sólo dime qué cosas debo ponerme y cuándo, con gusto te ayudaré a cumplir con tu tarea…ahm…-- Ya se había auto-sentenciado, por lo que sonriendo lo único que le quedaba esperar era el nombre de la peluda y que su café no terminara por enfriarse antes de que lo pudiera acabar. -- Por cierto, soy Sata Kyouya. Espero que trabajemos muy bien juntos. --

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Re: Una Dona Por Tu Ayuda [Priv. Kyouya]

Mensaje por Miu Nyanpire el Dom Ago 21, 2016 2:32 am

Los nervios de la chica iban en aumento conforme el joven de rubios cabellos parecía razonar y sopesar las posibilidades de ser su modelo. Para Miu aquellos instantes eran críticos, ya que si bien la gata se trataba de una mujer bastante abierta a diferentes conceptos, y sobre todo, gente a quien vestir -no por nada también lo hacía con pequeños animales -, cuando se trataba de la primera vez de una chica, todo debe ser especial, ya sea un beso, tomada de manos o inclusive, buscar el tipo de maniquí humano para su tarea, por ello de perderlo, se sentiría totalmente desvalida.

Sus pequeñas patas temblaban, sus ojos suplicaban por oír un sí, y su corazón rebotaba con fuerza dentro de su pecho, acelerando sus pulsaciones al oírle decir que aceptaba. Ella lo había logrado, su esponjado ser pudo conquistar la mente del galán de sus fantasías, el modelo de sus sueños a quien vestiría lo mejor posible, ya fuera con un elegante traje o algo más casual para el día a día, y ¿Quién sabe? Posiblemente si le gustase la manera en que lo arreglaba, se conseguiría una especie de cliente regular, a quien le cobraría con modelar para ella cada que una tarea nueva se presentara, porque según tenía entendido, de ahora en más se les pedirían modelos de carne y hueso, para muchas de sus tareas, por esto tener a alguien regular le sentaría de mil maravillas.


- ¿Lo dices de verdad nya? -la cola de la felina no dejaba de serpentear, y su cabeza restregarse en el pecho masculino, mientras uno que otro maullido se escapaba debido a la felicidad - No sabes cuánto te lo agradezco nya -dándose cuenta de su atrevimiento, rápidamente tomo asiento en su lugar, mirando con detenimiento el café que el chico portaba, seguramente se pondría frio y todo debido a su culpa, o bueno, a las ansias que tenía por hacerle parte de su moda - Si no quieres las donas, déjame invitarte un café nya, aunque sea de por aquí cerca, seguro que el tuyo ya se enfrió -su colita seguía meneándose, y de su bolso, había extraído su monedero, mirando al joven unos segundos - Espera aquí... -con monedero en boca, salió apurada a buscar un puesto de café, sin pensar en lo difícil que le sería cargarlo y todo porque su mente completamente emotiva no cabía en su felicidad, opacando cualquier otro pensamiento lógico.


La llegada al puesto de café fue rápida, y más aún esperar ser atendida porque no había nadie cerca, pero lo complicado fue cargar aquel vaso que la joven y alegre vendedora le tendió, aunque más que alegre parecía desear burlarse de sus intentos por cargar el café. Había abierto su hocico para tomarlo, pero sería antihigiénico, sin mencionar que aun debía de cargar el monedero con su dinero, en su cabeza se le complicaría aún más, debiendo sin otra opción, posarlo en su lomo, manteniéndole estable con sus alitas que ahora se sentían un poco frías por la parte interna, y calientes por la superficie al encontrarse sosteniendo aquel recipiente caliente, mientras volvía a paso rápido con Kyouya.


- Lamento la demora -espero que el chico tomara aquel café, antes de agitar sus alas, como si con aquello pudiera aliviar la curiosa sensación de temperaturas diferidas que le embargaba, contrayéndolas contra su espalda nuevamente, como si de un adorno se tratara mientras volvía a sentarse con el varón, guardando su monedero antes de regresar la vista al chico - Sata-kun... ¿Cuándo crees que sería correcto reunirnos? -para momentos como esos, lo mejor era preguntarle a él los días que tenía disponibles y acoplarse a la agenda masculina, sin mencionar que proveerle de su número celular era indispensable - Puedo darte mi dirección sin problema, también mi celular -su felicidad se notaba al completo, tanto así que presentarse adecuadamente paso a segundo plano, percatándose de aquello tras haberle llamado por su apellido al varón - Lo lamento, aun no me presente correctamente, mi nombre es Miu, Nyanpire Miu y será un placer trabajar contigo


El contrato había quedado establecido, y, lo quisiera o no, de ahora en más pasarían bastante tiempo de calidad, el uno con el otro.

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Re: Una Dona Por Tu Ayuda [Priv. Kyouya]

Mensaje por Sata Kyouya el Jue Sep 01, 2016 5:20 am

-- Por supuesto que sí. -- Manteniendo sus comisuras alzadas, el rubio cerró sus ojos tratando de lucir lo más amigable posible, ya había aceptado en voz alta y con tantas personas como testigos el negarse sonaba como una patada en el mismo rostro. “Maldición.” Porque no encontraba otra palabra que cruzara su mente, tan sólo maldecir su suerte además de esa estúpida y arraigada costumbre de fingir ser alguien completamente contrario. Quién hubiese imaginado que mostrarse como un príncipe gentil podía ser tan cansador, y es que con tan sólo su respuesta y aquella sonrisa ya se sentía completamente agotado, en mala hora se le había ocurrido quedarse allí. -- Oh, no es nece…-- Sin poder finalizar su frase, suspiró bajando su cabeza al momento en que apoyaba sus codos en sus muslos, llevando posteriormente sus manos a su rostro, cubriéndolo para fruncir el ceño a gusto, vaya lío en el que se había metido. Primero, no había sido capaz de beber su café, tampoco leer como se suponía, y para colmo se había transformado en un modelo, todo ello en menos de treinta minutos. ¿Qué rayos pasaba con su vida?

Inhalando con profundidad trató de calmarse, seguía en el campus, no podía explotar. -- Tsk. -- Un chasqueo rápido de lengua fue suficiente para que parte de su molestia saliese a flote, con eso bastaría por el momento. Tras volver a su postura inicial, cerró los ojos unos instantes más, a la espera de la felina, si se concentraba en otra cosa podría soportarlo. “Un poco más, Kyouya.” Tenía que alentarse a sí mismo si quería mantener aquella imagen, ¿no?

La fina voz de la gata prontamente resonó en los oídos del demonio, quien dirigió su mirada a ésta, tomando el café con cuidado. -- Lamento esto, espero que no haya sido mucho problema. --  Su hablar era pausado, tratando de reflejar preocupación aunque no hubiese ni un ápice de ella en lo profundo de Sata. -- Gracias. -- Dando un sorbo, rogó internamente que no estuviera dulce, no podía escupir ahí mismo. Suerte, sólo eso, y es que maravillosamente su bebida se encontraba en el limbo de lo amargo y dulce, no podía quejarse, al menos no en demasía. -- ¿Mh? -- ¿Reunirse? ¿No se suponía que tan sólo tenía que modelar? Los marrones ojos del chico se abrieron un poco vislumbrando la figura felina a su lado. --….-- Sólo unos segundos fueron suficientes para que cayera en cuenta de lo que había hecho, era más que seguro que tuviesen que ajustar un poco las prendas que tuviese que vestir para delinear mejor su figura. “Que dolor de cabeza.” Porque tener que quedarse quieto para que llenasen de agujas una camisa no sonaba como un buen panorama para él, no, más bien parecía una tarea completamente engorrosa –que dependiendo de la cantidad de personas a su alrededor podía hacerse mejor o peor-. Como sea, presionando las yemas de sus dedos en el vaso caliente, contuvo la respiración al momento en que sus labios dibujaban una nueva sonrisa. -- Creo que con tu teléfono bastará, ¿no? -- No es como si realmente lo quisiera, empero debía hacerlo. -- Cualquier día está bien mientras no sea en la mañana. -- Explicó, después de todo no faltaría a clases por hacerle un favor a alguien, ¿quién era, un santo? Ni de broma.

-- ¿Nyanpire? -- ¿Por qué le sonaba ese apellido? ¿Lo habría escuchado de su padre o algo así? Daba igual, no era momento de ponerse a analizar el nombre ajeno. -- Muchas gracias, será un placer ser tu maniquí, Nyanpire. --Más bien, para ti será un placer.” Sí, porque a él ni siquiera le hacía gracia, tanto así que suprimió cualquier honorífico al apellido de la peluda, ¿por qué tendría que rebajarse y tratar con respeto a una gata que acababa de conocer? Kyouya no encontraba una razón lógica.

Antes de que su nuevo café se enfriase dio un nuevo sorbo, revolviendo entre su bolso para retirar un trozo de hoja y un lápiz, escribiendo en él su número de teléfono y correo, extendiéndoselo a la felina luego, ubicándolo cerca de las patitas contrarias. -- Ahí está mi contacto. -- Dijo con calma para que a su alrededor se escucharan los agudos gritos de algunas féminas que contemplaban la escena, denotándose como se morían de envidia, después de todo, él, el príncipe de economía jamás de los jamases se había dignado a compartir sus datos de contacto con alguien, mucho menos una desconocida, seguramente pronto la minina sería acosada nuevamente. -- De cualquier forma, estoy en esta facultad así que podrás encontrarme por aquí si es que por algún motivo tienes problemas con el teléfono. -- El ser infernal miraba a su compañera con una sonrisa ladina, ocultando sus intenciones tras esas dulces palabras, sí, porque en caso de no querer contestarle, tan sólo apagaría el teléfono omitiendo las llamadas y los mensajes; obligándola del mismo modo a que vague por el campus en su búsqueda, algo así como un leal perro, una mascota. Vaya…de pronto sonaba interesante.

-- Sólo por curiosidad, ¿qué tipo de ropa deberé llevar? -- Eso era importante, él no se pondría cualquier estropajo, ¡oh, claro que no! No arruinaría su imagen vistiendo como un payaso. Guardando el lápiz entre sus pertenencias, bebió un poco más de su café, arqueando una ceja, atento a la respuesta contraria.

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Re: Una Dona Por Tu Ayuda [Priv. Kyouya]

Mensaje por Miu Nyanpire el Jue Sep 15, 2016 6:02 am

No había mucho que decir o discutir con aquel hombre, tampoco es como si la felina tuviera alguna objeción a sus palabras o forma de comportarse, porque, realmente parecía un sueño hecho realidad, como si fuese un príncipe salido del mejor cuento de hadas, cosa curiosa a su parecer, porque según sabia, ni siquiera su hermano mayor –a quien por cierto adoraba, a pesar de regalarlo a cuanta mujer, u hombre, se topara por la calle – había llegado a ser tan encantador en toda su vida. Si bien eso en otras circunstancias le hubiera sido bastante sospechoso, ahora que estaba desesperada para conseguir un poco de apoyo en su tarea, siendo su única esperanza el rubio, posiblemente un edificio ardería detrás del joven, mientras se formaba un circulo satánico y el chico se transportaba al verse invocado para causar el apocalipsis, Miu seguiría creyéndolo un santo al 100%, ya que ahora le había ayudado, pero nunca se sabe lo que llega a suceder con el pasar de los días, sin embargo, eso lo descubriría en el momento dado.

Las palabras del rubio seguían llegando a sus odios, cortando su propia respuesta para recibir el número de contacto y demás datos que le habían sido proporcionados, quedándose medio sorda ante el ruido de gritos grupales por un par de féminas –y seguramente uno que otro hombre –que no hizo más que erizar su esponjado pelaje, al suponer que prontamente acabaría siendo ultrajada por quien sabe cuántas manos curiosas, frías e inquisidoras, porque bien podían tocarla con los guantes puestos, pero no, la gente tenía que atacarle con manos completamente heladas y desnudas.


- ¿El tipo de ropa? –los deditos de la patita derecha se posaron bajo su peludo mentón, pensando que tipo de ropas podía probar en el joven varón. Lentamente camino hasta acabar por sentarse en las piernas masculinas, apoyando ambas patas delanteras en el pecho del demonio, utilizándolo de punto de apoyo para estar elevada en sus dos patas traseras, entrecerrando su mirar como el más peligroso halcón apunto de comerse un indefenso ratón - Pues… creo que tengo una buena idea para ti, quizás algo en todos cafés, cálido y suave… pantalón de vestir, chaqueta de cuero… umm… si, podre hacer un excelente trabajo en ti –sonrió conforme, regresando a su asiento en las piernas masculinas, sin detener el meneo de su cola - El fin de semana puedo tener algunos modelos para ti, creo que es mas fácil mostrarte lo que tengo en mente, en lugar de solo decírtelo –poco a poco abandono el regazo contrario, que representaba la calidez que tanto perdía al encontrarse en aquella forma felina, porque aun con tanto pelaje, el invierno continuaba atacando y un gato no era tan fácil de entrar en calor - Por ahora… creo que lo mejor es cambiar de forma, pronto deberé regresar a clases, pero con este aspecto no puedo hacerlo –un suspiro acompañado de un pequeño nya, abandono los labios de la jovencita, despidiéndose al poco del joven para luego emprender camino hacia la sección de vestidores femeninos, pero por su emoción al finalmente tener un modelo, había cometido un pequeño gran error, dejo su bolso en la banca donde se encontró con Sata, aunque ese no fue el problema principal, sino que, cuando finalmente se dio cuenta de su error, regresando a toda prisa al lugar desde el cual partió, se vio atrapada por un par de féminas, seguramente admiradoras del rubio. Lo siguiente que paso no lo comprendió bien, solo supo que en un dos por tres fue tomada por una rubia y morena, para luego ser encerrada dentro de un casillero mientras escuchaba las claras palabras pronunciadas por estas de Un príncipe se comparte, no se monopoliza

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Re: Una Dona Por Tu Ayuda [Priv. Kyouya]

Mensaje por Sata Kyouya el Vie Oct 21, 2016 12:30 am

¿Por qué lo había hecho? Una sarta de maldiciones hacia sí mismo inundaba su mente, y es que, ¿cuándo en su sano juicio se hubiese imaginado lo complicado que podía llegar a ser ese “favor”? Si verse continuamente como un príncipe encantador entonces qué quedaría para eso, el sólo pensarlo le provocaba jaqueca. Tsk. No obstante, sus comisuras se mantenían ascendidas con ligereza; entregándole una amigable sonrisa a la felina que le acompañaba. -- Oh, ya veo. -- Dijo asintiendo una vez, tratando de demostrar interés aun cuando ni siquiera haya procesado lo dicho por la gata. -- Confío plenamente en tus gustos. -- Ladeando su cabeza, el rubio volvió a proporcionarle la más brillante de sus sonrisas, pareciendo casi que destellos lo rodeaban como si se tratase de algún tipo de guapo personaje de ficción. Desde lo más profundo de su ser, Kyouya tenía un ápice de esperanza en sus palabras, es decir, por algo le había hablado en primer lugar, ¿no es así? Suponía que los orbes de la fémina no estaban tan mal, al menos no tanto. -- En ese caso, los estaré esperando. -- Y aunque se tratara de algo completamente contradictorio, no podía flaquear a esas alturas.

-- Oh, ya veo. -- Dijo con un dejo de apeno fingido. -- En ese caso, que te vaya muy bien. -- Una nueva sonrisa acompañó sus palabras sacando el suspiro de más de una transeúnte, vamos que su “amabilidad” no podía ser tan bien vista, ¿verdad? ¿Cómo era que los demás no veían que tan sólo quería quedar bien? No había tenido la necesidad de estudiar actuación para mentir tan descaradamente y que le comprasen cada una de sus palabras. Tsk, como detestaba tener que hacerlo empero a veces la costumbre era más fuerte que uno mismo, y es que tanto tiempo viéndose obligado a hacerlo para no dejar mal a su familia había causado reales estragos en su personalidad verdadera, aquella que casi nadie tenía la suerte de conocer.

Como sea en cuanto la minina se marchó, Sata dejó lo que le quedaba de su bebida a un costado para volver a encorvar su postura, apoyando ambos codos sobre sus muslos para ocultar su rostro entre sus manos. -- Maldición. -- Susurró para sí mismo, suspirando con notoria pesadez. Vaya lío en el que se había metido. “Necesitaré unas jodidas vacaciones.

Recobrando la compostura no tardó en sentarse correctamente para dar el último trago a su amarga bebida para botar el envase en un basurero contiguo. Poniéndose de pie cruzó su bolso sobre su hombro diestro para caer en cuenta de algo, ahí estaban las pertenencias de la gata. -- ¿Qué pasa con ella? -- Pronunció en un hilo de voz para tomar el bolso contrario, contemplando a la lejanía a la felina. “Al menos se dio cuenta.” Un par de muchachas prontamente trataron de detener al príncipe, tomándolo de los brazos. -- ¡Sata-kun, Sata-kun! ¡Enséñanos el aula de macro-economía! -- Sus chillonas voces resonaron en los oídos del rubio para que negase con ligereza, viendo de reojo hacia la felina. “¿¡Que dem…!? Estas locas están organizadas.” ¿Qué otra cosa podía pensar cuando otro par se llevaba a la peluda hacia quién sabe dónde? -- Lo lamento. -- Dijo para soltarse con sumo cuidado, entregándoles una amplia sonrisa que ocultaba sus verdaderos sentimientos. -- Queda en el edificio de la izquierda en el primer piso, pero me temo que no puedo ir con ustedes, tengo un asunto que atender. -- Las mujeres no pudieron ocultar sus quejidos, completamente decepcionadas, al momento en que el demonio se apresuraba a seguir al maligno par.

Caminando un poco evadió a varios estudiantes para poder dar con la extraña situación. -- Saben. -- Pronunció con calma, pues no se encontraba solo en aquel pasillo. -- No es muy cortés encerrar a una felina. -- Manteniendo sus comisuras alzadas, provocó un escalofrío en las muchachas. -- No es necesario que me den explicaciones, chicas. -- Continuó negando con la cabeza. No iba a perder su tiempo escuchando a personas peores que él. -- Pero les advierto que no me gustan las mujeres que juegan sucio. -- ¿Indignación? Tal vez, empero con aquellas palabras, las sonrojadas –de pura pena- terminaron por correr hacia el baño más cercano para tragarse las vergüenzas.

Un murmullo continuo lo perseguía, ahora por hacerse el héroe. Procurando que nadie viese su cara de fastidio, el infernal dejó el bolso de la chica en el suelo para abrir el casillero, contemplando a la gata. -- ¿Estás bien, Nyanpire? --Preguntó arrodillándose lentamente para quedar a su altura. -- ¿No te pasó nada o sí? -- Un poco lejos, sí, estaba llevando su actuación tal vez demasiado lejos, mas no podía hacer nada, ya estaba ahí. Una sonrisa más y su diestra se extendió hacia la felina en un tierno toque su cabeza, una caricia rasa que acrecentó los suspiros de algunos fisgones. Debía soportarlo. “Un poco más, Kyouya, sólo un poco más.

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Re: Una Dona Por Tu Ayuda [Priv. Kyouya]

Mensaje por Miu Nyanpire el Miér Nov 09, 2016 1:15 am

Era una gata, si, un pequeño ser que no tendría problemas de estar dentro de un especio reducido, pero eso no significaba que la fémina amara estar en aquel casillero, tan estrecho y caliente –a pesar del clima –, privándole de bastante aire y luz, casi como una especie de prisión o caja de metal de la cual quería irse lo más rápido posible, no por miedo o claustrofobia, simplemente, tenía una clase importante a la cual no podía faltar por nada del mundo.

Contaba los segundos que pasaban, moviendo su felpuda cola de lado a lado, sopesando un plan para poder escapar de aquel lugar, sencillamente no debía quedarse quieta, tampoco asustarse, porque de hacerlo sus agresoras saldrían victoriosas, sencillamente tenía que emplear su mente para buscar un modo de escape, aunque la posibilidad fuera mínima, tenía que hacerlo.


- A la de tres, pateare esto con todas mis fuerzas -se dio ánimos, preparándose para "derribar" la puerta del casillero a pura fuerza bruta, cuando, el sonido de una voz masculina capto su atención, pegando el oído a las pequeñas ranuras que dejaban entrar luz y aire. Reconocía el timbre vocal, sin embargo le había escuchado tan pocas veces que no era posible para ella -de momento -reconocerle con facilidad, pero eso no era lo más importante, sino que, finalmente era libre, un alma piadosa había podido abrir el casillero dándole la tan anhelada libertad que necesitaba, teniendo frente a sus ojos al chico de rubios cabellos y ojos rojos, había sido él quien le rescato, él fue quien se tomó la molestia de ir por ella y ahora acariciaba su cabello con suavidad. Por un momento, a los ojos de la Nyanpire, Kyouya le había parecido un auténtico príncipe, comprendiendo porque más de una chica parecía suspirar por él, incluso podría decirse que de no estar en su forma animal, un notorio sonrojo se hubiese colado por toda su faz - Estoy bien, de verdad... y yo -el sonido de la alarma de su celular, que se encontraba dentro del bolso que el chico tan amablemente le acerco, empezó a resonar con fuerza, eso solo indicaba que estaba llegando tarde a su tan amada clase y si no se apuraba, las cosas podrían terminar mal para ella. Ante la idea de ser castigada, o peor aún, que su nota bajara por enfado del profesor, de un solo salto acabó en la cabeza de varón y luego en el suelo, pasando de manera cruzada, por la mitad de su cuerpo, su bolso - Gracias por la ayuda, pero ahora voy algo tarde a mis clases nya -carraspeo por el nya escurridizo - Nos veremos en mi casa Sata-kun, te enviare un mensaje con la dirección


En momentos como aquel, más de una chica se le había quedado viendo, todo porque Miu actuaba con el rubio como si este fuera un chico más del montón, porque pese a que realmente su acto heroico había removido algo en su corazón, Sata seguía siendo un chico como los demás, y ningún hombre a quien llevaba conociendo menos de una hora se interpondría entre ella y su tan amada moda. O quizás, las miradas eran de puro odio porque ella lo tendría en su casa, y las demás no… con la locura adolescente, cualquier idea era válida.

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