De Compras y Castigos [Priv.]

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De Compras y Castigos [Priv.]

Mensaje por Bonnie el Miér Ago 10, 2016 2:51 am

¿Qué decir de mi día? Principalmente que las clases en la academia mágica no eran del todo gratas para el cumulo de alumnos quienes debían aguantar el frio en los salones, para, según algunos maestros, aprender a manejar su magia en climas fríos ya que al tener un cuerpo humano ese tipo de situaciones podían poner en riesgo nuestras vidas en caso de una pelea real, pero, siendo honestos, a veces no comprendía porque tanta prevención, incluso aquel ángel de largos cabellos se mostraba frecuentemente preocupado de lo que sucedía alrededor, como si tras la más pequeña piedra el peligro nos atraparía, sin embargo ¡Eso no era vida!

¿Qué caso tenia estarse preocupando siempre? No es que no creyera que fuese malo el prevenir, pero existía una delgada línea que separaba ese estado anímico de la exageración. Quizás por ello aquel día, luego de mis clases, no regrese al hogar donde se suponía tendría clases extras con Adair, a pesar de saber el castigo que me daría cuando me tuviera entre sus manos nuevamente, porque, quizás yo era su maestra, pero según él, era su deber entrenarme adecuadamente y eso conllevaba a ciertos golpes con un libro cuando los errores eran continuos. Pero, no era mi culpa, practicaba siempre lo hacía al grado de que el cansancio me agotaba y obligaba a cometer errores, pero este día no sería así, por una vez deseaba poder ir de compras como una chica normal, o mejor dicho una chica pre-Adair.

La cuestión es que, conforme miraba las diversas vitrinas del centro comercial, sintiendo mucho menos el frio por la calefacción de la edificación, notaba una curiosa mirada en mi espalda, haciendo que me girara cada tanto sin poder ver al culpable, solo caras desconocidas en medio del gentío. Por un momento me sentí paranoica, podría jugar que el aroma del ángel al que estaba tan acostumbrada podía percibirse en la cercanía, pero no era posible, es decir... no podía encontrarme tan rápido ¿Verdad? Sé que nuestro lazo era fuerte, sin embargo ¿Tanto así como para dar conmigo tras cinco minutos tarde en mi típica llegada al hogar? De ser así casi parecería acoso de su parte.


-Solo debe ser imaginación mía... -suspire con fuerza poco antes de ingresar a un mercado basado en hechicería, quería un nuevo libro de conjuros sobre curación puesto que no era del todo buena en ella y un pequeño repaso me vendría bien, sin embargo, nuevamente al chequear la mercadería del lugar volví a percibir cierta mirada. Inconscientemente lleve una mano al pendiente que marcaba el pacto de amo-maestro con Adair, ahora estaba más que segura, él debía de andar por ahí cerca -¿Adair? -lo llame con duda, mirando de lado a lado, incluso arriba y abajo, con él nunca era fácil saber desde donde aparecería, pero si, que no me libraría de su castigo.

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Atuendo

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Re: De Compras y Castigos [Priv.]

Mensaje por Adair el Miér Oct 12, 2016 10:50 pm

Aquella mañana Adair despertó percibiendo un mal augurio, algo nimio en efecto, mas solo eso bastó para dejarle intranquilo durante horas y horas. Luego de despedir a Bonnie sintió la necesidad de permanecer a su lado, el separarse de ella significaría aumentar la intranquilidad en el ángel, mas tuvo que contenerse y mantener la calma para no exasperarse ni crear exceso de estrés en su joven maestra. Claro, no porque le preocupase que ella sintiese estrés, sino que el sentirlo, le privaría de un buen ánimo durante sus clases y por ende, obtendría un mal aprendizaje. Su labor, por lo tanto, caía en su protección y en darle las herramientas necesarias para que se formara como una maga excepcional, una que con su ayuda, podría volver a poner en alto el nombre de los Reed tal y como lo hizo el propio Dante en el pasado. Por tal motivo es que durante tres tardes a la semana Adair tomaba tres horas para darle clases sobre la magia de la cual Dante escribió, no solo sobre los hechizos que los Reed crearon en el pasado, sino como su cuerpo debía resistirlos y como es que sus circuitos mágicos -como Dante solía llamar a la red de magia presente en el cuerpo humano- debían ser entrenados y purificados.

'Si supieses que clase de descendiente me posee ahora, ¿Qué harías, Dante?...'

En lo único que Adair pudo encontrar paz durante esa fría jornada fue en el rezo, oró por Dante y por Natasha, oró a su Dios, oró por cada persona que Adair conoció bajo el apellido Reed e incluso oró por quienes no alcanzó a conocer. Deseó desde el fondo de su corazón que tales rezos fuesen oídos, mas tras tantos años de nulo contacto con su Dios, ya no había respuesta, pero la fe del ángel no caería por ello, sabía que para bien o para mal sería escuchado y eso le bastaba. El día en que todas sus palabras reciban respuestas, sería cuando su luz regresara junto a Dios, cuando ya no existiese ningún Reed sobre la tierra, solo allí podría regresar y recibir el juicio apropiado por sus acciones en sus años lejos del cielo.

Puntualmente Adair se dirigió a la sala donde acostumbraba esperar a Bonnie, allí todo estaba dispuesto para los deberes de la ocasión, el mismo Adair había traído consigo un libro nuevo para el estudio, mismo que vio como Dante escribió hacía ya muchos años, por lo que el sostenerlo en sus manos resultaba nostálgico y triste, puesto que las hojas del libro poseían un tono algo amarillento en comparación al cremoso color que una vez lucieron. Adair contempló por solo cinco minutos aquel libro, puesto que tras pasar aquel corto periodo de tiempo, su pacífico semblante cambió a uno enfadado, Bonnie estaba tardando más de lo previsto. Cerró el libro que estuvo hojeando con parsimonia y, acto seguido, con paso rápido y seguro se dirigió a la entrada principal y bastaron escasos segundos para extender sus alas e impulsarse con la suficiente fuerza como para crear una pequeña ráfaga que desojó una pequeña planta decorativa. Subió lo más alto que pudo para apreciar, primeramente, los alrededores de la casa Reed y su joven maestra no se encontraba por ningún lado, su ceño se frunció y cruzó sus brazos — Suplicarás tener nuevamente solo tres horas, maestra — murmuró momentos antes de mirar hacia el oeste y volar en línea recta, sabiendo perfectamente donde estaba su dueña gracias al vínculo mágico que les unía como maestro y sirviente. Aquello resultaba verdaderamente útil y más al tener aquel pendiente que solo fortificaba tal enlace.

Pocos minutos pasaron hasta que visualizó a su maestra, aquella ingresó al concurrido centro comercial, lo cual le disgustó enormemente por tantas razones que el enumerarlas sería tarea difícil. Adair continuó volando e ingresó por la zona superior, por la terraza, misma que contaba con una amplia entrada para seres que al igual que él se desplazaban volando. No por nada aquel refinado lugar albergaba tiendas para todo tipo de personas, forzándole a recordar que el mundo ya no estaba poblado única y exclusivamente de humanos, ni siquiera se le podría llamar mundo al trozo de tierra donde vivía junto a la rubia. El volar dentro de un sitio como aquel pese a contar con una entrada especial, no era bien visto, puesto que el mostrar abiertamente un rasgo tan propio de una raza era peligroso y más en seres débiles o fáciles de atrapar, pero aquella realidad era ajena a Adair, quien tras haber despertado semanas atrás, aun no comprendía del todo como funcionaban las cosas en la época actual, solo le interesaba ella pese a que el deseo de romperle un libro en la cabeza rondaba frecuentemente su pensar.

Adair se mantuvo en un piso superior observando silencioso a la fémina, tuvo que descender, por lo que plegó las alas tras de sí solo para no generar estorbos y caer en discusiones innecesarias. Sostuvo con fuerza el libro contra su pecho teniendo aún los brazos cruzados y se dedicó a esperar, no le era grato bajar y perderse entre el gentío, no cuando la vista de la joven era ideal desde su altura, pero cuando ella entró en un mercado de aspecto familiar, Adair no soportó el no verla y tuvo que descender del todo hasta el mismo nivel en que ella se encontraba. En el proceso se vio forzado a algo que no hacía desde hacía mucho tiempo, casi podría afirmarse que nunca lo habría hecho, mas eso sería inaceptable por un hombre que de verlo necesario ocultaría sus alas, lo cual hizo en un movimiento veloz. Sus alas se volvieron un polvo que acabó por desaparecer y le otorgó la reducción de espacio necesaria para adentrarse en el sector donde su ama insistía en perderse. Una voz y una mirada fue necesaria para hacer que el ángel rápidamente se acercara a su maestra, colocándose al lado opuesto a donde esta miraba por mera costumbre.

Justo en el momento en que ella miró hacia donde Adair se detuvo, el ángel colocó el libro contra esa pequeña cara restregándole la cubierta sin delicadeza alguna, sin importarle que la decoración de la tapa fuese a dañarle, sería su pequeño castigo anticipado por su error al no acudir a la cita ni avisar sobre ello. — Te esperé y no llegaste — restregó con más fuerza aquel libro mostrando una expresión de disgusto puro — ¿Qué haces acá? — Adair la respetaba por ser su maestra, por tener la sangre que le permitía seguir sin lo que alguna vez le aquejó, pero como persona, la fémina no poseía aún el respeto del ángel quien lo demostraba con su rudo trato y tuteo — Has perdido quince minutos de mi tiempo en un sitio del cual no estoy al tanto — apartó lentamente el libro y volvió a dejarlo contra su cuerpo al retomar la postura que tuvo antes de bajar a tal piso — ¿Estás preparada para el castigo que te corresponde ante tal afrenta? — miró con frialdad a la rubia mientras Adair reparaba en algo importante, no solo se encontraba en un sitio que le recordaba a la bodega de los Reed en el pasado, sino que sentía claramente la frialdad del suelo.

Miró sin disimulo alguno el suelo y sus pies, luego ladeó el rostro y se centró en la cabellera que tocaba el piso ensuciándose — Que desagradable... — se quejó y apartó la diestra desde el soporte dado al libro para tomar aquella cabellera restante y acomodarla en su propio brazo de tal forma en que ya no tocase la suciedad del piso, pero ya varias hebras se habían ensuciado con tan corto contacto. Adair sintió una ligera frustración, pero era su error por no anticiparse a eso ni al tema del calzado — Es hora de irnos, no es prudente desperdiciar más tiempo en este tipo de tiendas teniendo lo apropiado en casa — regresó la mirada a Bonnie, pero en esos momentos se les aproximó un vendedor que había presenciado la escena desde una zona cercana, quien sin dudarlo colocó la mejor sonrisa antes de dirigirse a la pareja — ¡Bienvenidos! ¿Necesitan algo en especial? Hoy contamos con libros nuevos y utensilios para encantamientos sencillos, ¿Les interesaría mirar?  — el vendedor se mostró entusiasta, demasiado para la apagada actitud del ángel.

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Re: De Compras y Castigos [Priv.]

Mensaje por Bonnie el Lun Nov 28, 2016 5:19 am

En la vida el querer estaba bien, el amar también, incluso cuando esos sentimientos se encontraban enfrascados al rubro laboral, como era el caso de Adair, pero, cuando el amor se vuelve obsesión -como parecía suceder con mi guardián -las cosas cambiaban totalmente, porque, una cosa es que él supiera donde podría buscarme al habérselo dicho yo, otra muy diferente era que utilizara aquel lazo entre nuestros pendientes, como si fuera un rastreador del tipo GPS cada que salía de su radar, o demoraba algunos minutos entre nuestras clases ¿En qué mente cabria aquello?

Quería gritar, escapar, hacer lo que fuera con tal de zafarme del castigo que estaba prometiéndome, pero, muy a mi pesar no sería posible, dudaba que Adair me permitiera librarme sana y salva de las supuestas represarías que impondría, a veces llegaba a pensar que los papeles de maestro y guardián estaban invertidos, o quizás, que en realidad todo el respeto que supuestamente poseía por mí, era algo completamente nulo, iniciando con la manera tan ruda en que restregaba aquel libro sobre mi blanca faz, tornándola completamente rojiza, y no de forma natural, mucho menos placentera, hasta culminar en sus amenazas, verdaderamente, ese hombre, estaba completamente loco.


-Son solo quince minutos... últimamente no me has dado tiempo libre Adair - era inevitable quejarse, ese hombre no comprendía lo que era la vida social, bajo su ala pasaba desde las clases en la academia, a las clases dentro de casa, para terminar completamente muerta de agotamiento sin más remedio que ir a descansar en mi alcoba, porque el agotamiento en base a la utilización de magia, sobre todo cuando se trataba de emplearla en base a prácticas y conjuros tras conjuros, era demasiado, algo que al parecer el albino con el cabello mejor cuidado de la historia, no comprendía -No estamos desperdiciando tiempo, nos faltan muchas cosas, porque alguien se empeña en que practique, pero no tiene la precaución de reabastecer nuestra reserva de materiales académicos -claro que normalmente no me quejaba tanto, ni actuaba como alguien que se enfadare a la primera, pero, estaba cansada de aquella actitud, incluso había levantado uno de los libros que cargaba para estamparlo en su cara como él solía hacer conmigo, pero tuve que detenerme a último momento, no porque una vena de calma, paz y quietud hubiera despertado, sino que, a Adair lo salvo el dependiente de la tienda que ahora intentaba saber que deseábamos comprar -Claro que nos interesa mirar ¿Verdad Adair? -entrecerré la mirada, clavándola en mi tan apreciado albino, sabía que se negaría por la mueca que empezaba a mostrar, solo por ello me apresure a continuar con mis palabras -Seria una descortesía marcharnos cuando tan amable hombre desea atendernos, además así podrás enseñarme como conseguir ingredientes y buen material para los hechizos ¿No lo crees?


No quería que intentara negarse, tampoco que cuando por fin salía me obligara a volver, porque a pesar de ser un alma dedicada a Dios, era bastante malvado de proponérselo, cosa que a veces no terminaba de comprender. Rápido y sin siquiera aguardar al ángel, me desplace por su lateral, siguiendo el caminar del hombre quien fue la salvación de pequeño escape. Según decía, la mercadería nueva estaba en otra sección de la tienda, cosa que parecía un tanto sospechosa, pero en verdad no tenía motivos por los cuales dudar de su palabra, y con Adair ahí presente, nada malo pasaría ¿O sí?


-Sigan por aquí, los mejores materiales los tenemos en la siguiente sección -una curiosa cortina negra nos separaba del lugar donde se suponía, guardaba todo lo pertinente para los encantamientos, sin embargo, era en momentos como aquel donde mi vista se fijaba en el ángel, sabía que estaba molesto, pero no por ello nos llevaría a una trampa mortal con tal de enseñarme una lección, entonces, si no se oponía, seguiría el camino sin mirar atrás
-¿Esta seguro que es por aquí? -nuevamente mire al hombre de quien no sabíamos ni el nombre, mismo que asentía con entusiasmo, sosteniendo la tela opaca en su diestra, dejando así una abertura que no demore en traspasar. El problema era que, aquel sitio estaba en completas tinieblas, y un dulce aroma empezaba a marearme. Algo me decía que, esta vez, me acabe adentrando en la boca del lobo.

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