[Priv.] ¿Cómo te atreves?

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[Priv.] ¿Cómo te atreves?

Mensaje por Kojirô Shinomiya el Miér Ago 03, 2016 3:15 pm

Una furtiva y dorada mirada se apreciaba aun en aquella gran oscuridad, una que incluso bajo una lluvia incesante era fácilmente distinguible. Allí estaba Kojirô, expectante, silente e inmóvil, analizando cada pequeño movimiento o sonido ajeno a la lluvia que caía, permanecía a la espera de que su objetivo se moviese desde la casa donde se había escondido. Tocaba una noche larga, era menester el exterminar con el traidor al haberse atrevido a llevar deshonor a la mafia donde el Shinomiya había sido acogido. Los motivos por los cuales Peter era merecedor del cruento castigo que le esperaba, no tenían caso, solo se requería conocer un único dato: esa noche sería la última en su vida. El tiempo pasó, la lluvia cesó, Kojirô parecía haberse vuelto parte del entorno ante el nulo movimiento que presentaba, mas este cambió al percibir como su objetivo comenzaba a moverse. Se tomó su tiempo, no le abordaría frente a su residencia al tener aún el desconocimiento si operaba solo o si tenía consigo algo de protección. Con un intervalo preciso de un minuto, Kojirô avanzó siguiendo rápidamente a Peter en lo que aquel parecía acudir a alguna cita.

Varias calles avanzaron y cada una era peor que la anterior, las veredas se estrechaban al igual que las calles mismas, terminando estas en callejones con un ambiente cargado negativamente. No solo el aroma del lugar se sentía pútrido, sino que las diferentes especies que merodeaban la zona le fueron cargando con su presencia, inundando todo con una peste terrible. Para alguien como el Shinomiya, de haberse encontrado en su tiempo libre, habría dado media vuelta desistiendo de pasearse por semejante lugar, pero al estar trabajando y exterminando uno de los hombres bajo su cuidado, no podía sentirse asqueado siquiera por la pestilencia del callejón donde ingresó. En cierto punto perdió el rastro del individuo que seguía, lo cual provocó que avanzara con mayor rapidez , no podía perderle y mucho menos revelarse o podría fallar todo su plan, causando que su espera y paciencia se volviesen inútiles. Tuvo que correr, pero antes de virar en una esquina para meterse en otro callejón, se sintió un ruido seco, uno propio de un cuerpo chocar contra el concreto y en lo que Kojirô consigue visualizar la escena, ve como una joven de cabellera negra permanecía frente a lo que ya era un cadáver y que para infortunio del mafioso, era su objetivo.

— ¿Por qué? — murmuró con evidente malestar al encontrarse con su trabajo frustrado y no dudó en avanzar hacia la fémina buscando respuestas — ¿Qué sucedió aquí? — le analizó completamente, sin temerle pese a que aquella emanaba una sensación de peligro por donde se le viese aun si se mostrase como una jovencita 'pacífica'. Se acomodó los anteojos sobre el puente de la nariz y frunció el entrecejo, bajó la diestra y esta se acomodó próxima a la pistola que ocultaba tras su espalda a la altura del cinturón, misma que era cubierta por el saco negro que vestía Kojirô. Resultaba ser una escena extraña, por no utilizar otro tipo de palabra. Con cautela se alejó de la mujer y fue a verificar el estado de lo que para él seguía siendo un cadáver, pero que deseó poder sentir vivo ante el tacto que realizó sobre su cuello, buscando pulso. Seguía tibio, pero no poseía seña vital alguna, incluso el rostro del sujeto parecía haber sido desfigurado con una fuerza increíble.— Tsk... — chasqueó la lengua y golpeó la pared tras levantarse luego de haberse aproximado al cuerpo. Suspiró hondamente y se arregló el cabello que permanecía húmedo, igual que varias de sus prendas — ¿Qué se supone que haré ahora?— musitó mirando los restos de Peter, como si al preguntar aquel hombre fuese capaz de librarle de dudas.

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Re: [Priv.] ¿Cómo te atreves?

Mensaje por Rory el Mar Ago 09, 2016 2:04 am

El frio, la lluvia, gente corriendo para escapar de una posible hipotermia, todo se prestaba para la más dulce tortura a la fisionomía humana, sacudiendo al completo el cuerpo de Rory, porque, por curioso que sonara, la muerte le excitaba, y no era un mero decir, en realidad actuaba como un afrodisiaco en su menuda fisionomía, aun cuando las almas que pasaran a través de su cuerpo hacia la deidad a la cual serbia eran meras ratas callejeras que la sociedad había decidido no servían para nada más que morir en la peor de las alcantarillas. Puede que sonara cruel la idea, pero la realidad en la que vivía siempre había sido de ese modo, a lo largo de sus reencarnaciones nada cambiaba, ni en lo más mínimo, siempre se trataba del que tenía poder y dinero sobre la mas débil sabandija, pero no era su deber intervenir en la rueda de la vida si no era para arrebatarle el espíritu a un pobre desvalido, ese era su trabajo, entregar y purificar las almas atravesó de su cuerpo, exhalando gemido tras gemido conforme lo hacía, acelerando sus pulsaciones solo por sentir más de ese placer, blandiendo su preciosa oz sin que el pulso le temblara, sin medirse por edades, sexos o tan siquiera los ruegos por una abundante familia que le aguardaba en su hogar, porque ella serbia a la muerte y la cúspide de la vida era cuando esta se terminaba.

Pero ese asunto de momento no era de interés, la shinigami, como solian llamarle, simplemente deseaba pasear por las vacías calles, recordando una vida anterior, mas precisamente aquella vieja Londres igual de húmeda, recorriendo los callejones similares a los actuales, contemplando la belleza de un mundo tan hueco y falto de purificación, pero entonces, fue que todo pensamiento, raciocinio y felicidad se cortó tras verse empujada y posteriormente apoyada contra un muro cercano, sintiendo su mejilla derecha enfriarse por el frio de la húmeda pared mientras la izquierda se resistía con su dureza a verse cortada con el filo de una navaja cuya hoja exhalaba el mas pútrido aroma a sangre seca.


- Heee... ¿Que tenemos aquí? -el lascivo sonido de la lengua femenina recorriendo sus propios labios ahora teñidos por un curioso violáceo, detuvo el monologo de aquel sujeto, tal parecía que se esperaba un grito ahogado de la fémina cuando lo único que recibió fueron burlas de su parte. Sin embargo Rory no aguardaría que la situación se viera explicada de alguna manera, puesto que era evidente lo que el varón deseaba, estaba grabado en su cara, actos, e incluso su misma asquerosa esencia despedía aquel aroma que siempre le repugno a la apóstol, uno que demostraba lo oscuro de su alma. Quería acabarle de una buena vez, pero no pensaba manchar la hoja de su oz con tan poca cosa. Cansada de seguir presionada de un modo inapropiado, sus piernas subieron hasta que las rodillas tocaron el pecho, apoyando la planta del pie en el muro logrando así impulsarse y girar en el aire para quedar detrás del asaltante. Lo siguiente fue fácil, un certero golpe en su nuca con la oz aun cubierta por la preciosa y costosa tela acabo por partirle el cuello, viéndolo caer completamente inerte a sus pies, cumpliendo su cometido original, matar sin ensuciar su preciada arma - Me pregunto si serás un buen sacrificio para Emloy -la idea de molestar al dios que veneraba se vio cortada cuando su cuerpo se sacudió. Lo sentía, aquella sensación fugaz acariciando su organismo al completo, haciéndole temblar y suspirar en el instante mismo cuando un sujeto nuevo apareció a escena, alto, cabellos rosados y lentes, además de esa actitud que no parecía ser muy agradable, pero a Rory no le importaba, no tenía gana con aquel hombre y no lo mataría si no le provocaba el hacerlo, además, la sensación en su bajo vientre no se detenía, sonrojando sus mejillas por ser observada con aquel par de faros dorados - ¿Qué quieres decir, con que harás ahora? ¿Tenías algún plan con él? -su curiosidad salió a flote, pero la lascivia de su mirar no se había apagado, incluso el índice de la diestra estaba en sus labios siendo mordido, abrazando su arma hasta pegarla a su cuerpo con algo de fuerza, como buscando contenerse cuando la verdad es que quería más, necesitaba sentir nuevamente aquel placer y solo matando lo conseguiría - Si no tienes nada que hacer... ven y diviértete conmigo -podría matarlo, sería tan fácil arrancarle la cabeza en esos momentos, pero se contenía, deseaba poder buscar otra presa más apetitosa, incluso una cacería en compañía sonaba sumamente divertida para ella en aquellos momentos, porque al final la cantidad de muertes era lo que necesitaba para sentirse completamente plena - ¿O acaso me dirás que no venias a matarle? -su cínica risa se vio acompañada por sus dedos tocando el mentón masculino, tenía un gesto de No me toques si no quieres morir, que le fue inevitable el hacerlo, porque quería divertiste aquella noche, jugar y buscar satisfacción de todos los modos posibles, aunque nunca se sabía, quizás y su siguiente victima fuera aquel sujeto de curioso aspecto.

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