Jugo de frambuesa

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Jugo de frambuesa

Mensaje por Daniel el Sáb Jul 09, 2016 10:45 am

Daniel llevaba alrededor de una hora esperando frente a un gran árbol con una inscripción en su base, allí mencionaba su nombre y la fecha en que se plantó, sumando otros datos como los del parque y las personas que decidieron dejar su marca en una placa tan amplia y notoria. Daniel permaneció inmóvil en ese sitio, mirando hacia el lado opuesto a donde estaba la placa, esperaba. Lo único que hizo en todo ese momento fue esperar, silente, paciente, con la mirada perdida entre las personas que decidían pasar frente a él sin faltar el individuo que chocó contra el híbrido. Pocas disculpas recibió, fueron más las miradas de sorpresa o enojo por la aparente culpa que poseía el chico quien, durante toda su espera, no se movió del sitio donde había quedado su grupo escolar en juntarse. El viernes anterior, es decir, hacía no más de veinte horas, se había fijado una salida entre varios compañeros de clase y Daniel simplemente quedó unido a ellos por casualidad, ya que apenas si se trataban durante la jornada escolar, pero por alguna razón alguien le notó y le añadió a la lista. La cita era en el parque central, uno bastante grande y concurrido, por lo cual al llegar ahí entre todos se llamaron para reunirse en un punto diferente al inicial a petición de uno que llegaba tarde.

Nadie se preocupó en avisarle puesto que ninguno de sus compañeros poseía el número telefónico o siquiera el correo electrónico de Daniel, por lo que contactarle sería complicado, pero eso estaba bastante lejos ya que no se habían dado cuenta de su ausencia. A Daniel tal situación no le molestó, al menos no durante la primera hora, ya que tras pasar el tiempo comenzó a cansarse y a pensar en que tal vez si se habían olvidado de él, tal y como sucedía con frecuencia en diferentes sitios. La esperanza de una llamada o de visualizar a algún retrasado era nula, así que Daniel luego de revisar la hora en su teléfono, se estiró y comenzó a caminar sintiendo algo de tensión en sus piernas. Tanto tiempo de pie le dejó algo tieso y se notó al caminar, pero en breve eso cambió y le dejó más relajado mientras buscaba algún sitio en el parque donde poder sentarse a descansar en lo que pensaba que hacer durante el resto del día. Ya había avisado en el mercado sobre la salida y lejos de privarle o limitarle horarios, le fomentaron que saliese y así pudiese pasarla bien con sus compañeros. En la tienda se tenía a Daniel como alguien solitario, más bien asocial, por lo que saber que le interesaba salir con personas ajenas a Sakura era algo digno de destacar.

Deambuló tranquilamente por los caminos del parque y se detuvo al ver un puesto que vendía jugos de fruta hechos al momento, tal cosa asombró a Daniel quien luego de mirar como le preparaba a otras personas, sintió el deseo de comprar para probar diversos sabores. Se asomó cerca del puesto, pasando frente a un grupo de personas algo ruidosas para finalmente llegar a la pequeña fila que se había formado. El día no era muy caluroso pese a ser soleado, pero días así fomentaban el consumo de bebidas y helados, productos por los cuales Daniel era un adicto solo por lo frío de estos. Estando en la fila se dedicó a mirar los letreros con los sabores, los cuales iban de frutas conocidas y solas a unas curiosas y extravagantes mezclas de frutos tropicales, incluso sabores que ya no se daban tanto debido al espacio para producirlos dentro de Myr. Si fuese por él probaría todo lo que ofrecían, pero beber tanto no le haría bien y tampoco tenía para pagar aquello, así que se tendría que conformar con una o dos porciones, todo dependía de que tan bueno fuese el primer sorbo. La fila avanzó lento y ayudó a que escogiese un sabor, optó por algo común y se lo pidió a la mujer encargada, quien con una radiante sonrisa preparó un jugo de frambuesa bien frío. Daniel pagó por ello y caminó alejándose del grupo que se formó para poder beber tranquilamente del jugo, pero gracias a su distracción no se fijó en el grupo que vino hacia él y que tampoco notaron la presencia de Daniel. Terminó por chocar contra uno del grupo y por suerte no manchó a nadie con el jugo, ya que el vaso quedó hacia el lado contrario, impactando el suelo y esparciendo su contenido allí.

El grupo siguió de largo y el chico con quien Daniel chocó le miró unos momentos poco antes de seguir su camino. Daniel le miro por el rabillo del ojo y se agachó luego para recoger el vaso con quizás una décima parte del jugo, aunque no era su objetivo el beber lo que pudiese rescatar. Lo que Daniel buscaba era recoger el hielo que quedó en el suelo para evitar que alguien al pasar tuviese un accidente, aquello en parte sería su responsabilidad y como un chico responsable no lo permitiría. Quedó en cuclillas y se dedicó a recoger, con la pajilla misma, los hielos para meterlos en el vaso uno por uno. — Yo quería probarlo... — dijo en un tono bajo mientras observaba el suelo y el líquido desperdiciado, desprendía un grato aroma y por ello la ansiedad por probarle crecía con cada segundo que pasaba allí agachado.

Spoiler:
Esta es la vestimenta

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Re: Jugo de frambuesa

Mensaje por Invitado el Mar Jul 12, 2016 1:15 am

Se secó con la manga de su camiseta el rostro, al voltearlo hacia esta y poder frotarse contra la prenda, que quedó con el sudor que había provocado todo el esfuerzo, motivo por el que sentía su cuerpo adolorido, al menos de cintura para arriba; los brazos le temblaban un poco por el esfuerzo, aun no se terminaba de acostumbrar a tener que apoyar todo su peso en estos mientras hacía el esfuerzo de caminar. Aquellos ejercicios se combinaban con la hidroterapia que recibía en casa, de modo que pudiera recibir una rehabilitación completa y más profunda para ayudarla a caminar, y no iban del todo desencaminados, es más, poco a poco, la movilidad de sus piernas volvía; claro que, iban lentas y torpes, y necesitaba de un gran esfuerzo por su parte para solo mover una, así que en quince minutos parecía haber corrido una maratón, aunque ya no recordaba cómo se sentía aquello. Bebió algo de agua de la botella que se había traído consigo al lugar, sintiendo alivio al poder humedecer la garganta, que ya la sentía seca por la respiración entrecortada; no creía estar fuera de forma, pero para cualquiera que fuera incapaz de saber realmente lo que era aquello, solo con verla podría saberlo.

-Por hoy ya hemos terminado, ya puedes irte a casa, Laika... ¿Nos vemos mañana a la misma hora? -Preguntó la mujer que se encargaba de ella, unos años mayor que la nombrada, quien sonrió y asintió con la cabeza mientras tragaba el agua acumulada en sus mejillas.- Entonces hasta mañana. No te sobre esfuerces en la hidroterapia, ¿entendido?

-No te preocupes, en el agua es mucho más fácil todo... Mi amiga me está ayudando mucho, y procura no forzar demasiado a mi cuerpo. -Decía la rubia con calma, colocándose en su silla de ruedas ante la atenta mirada de su compañera, aunque sabía que no necesitaba su ayuda; no era la primera vez que la conejo demostraba poder ser bastante independiente incluso en su estado.- De todas maneras, os preocupáis demasiado... ¡El esfuerzo ha conseguido que ya las mueva! Así que no hay que preocuparse, ¿si?

-Eres muy optimista, y eso es lo que me gusta de ti... Sigue así, pero repito, no te pases ni dañes tu cuerpo. Si sientes que te dice 'basta', te detienes, ¿entendido? -Siempre lo decía, siempre se lo repetía y siempre la más joven ponía los ojos en blanco con un gesto de diversión por lo cansina que podía ser y se acercaba a la puerta.

-Si, si... ¡Hasta mañana! -Sin esperar ninguna respuesta, tras tomar su chaqueta del perchero ayudada de un bastón cercano, se marchó de la habitación con camillas y máquinas u objetos para la rehabilitación; llevaba un tiempo yendo, y todos estaban asombrados con el gran progreso que había tenido en su recuperación.

Había demostrado ser una chica optimista y entusiasta en todo momento, sin rendirse pese a estar completamente adolorida, como en ese momento que le costó volver a colocarse el abrigo una vez salió del edificio y su cuerpo tomó una temperatura más normal; debido a que en el Hospital no podían hacer mucho por ella, su padre se había empeñado en llevarla a un lugar privado para que hiciera lo que necesitara para ponerse mejor, y eso a ella no le molestó, sino que la alegró poder continuar. Si no fuera por todo el esfuerzo puesto incluso cuando nadie más creía, dudaba haber llegado hasta donde estaba; y estaba dispuesta a conseguir aun más, y demostrar a aquellos que no quisieron dar nada por ella que Laika Trabant era una chica fuerte y decidida, que podía conseguir lo que se propusiera. En este caso, volver a andar. Para ella todo aumento de los minutos andando y aguantando era un triunfo, y cada que eso pasaba, lo celebraba de algún modo; usualmente era con pasteles, aunque debía admitir que aunque no engordara y acabara adelgazando todo lo comiendo por los ejercicios, estaba un poco cansada de esos dulces. Quería algo diferente.

Su camino por las calles, mientras la gente se hacía a un lado para dejarle paso, fue silencioso y tranquilo al estar sola, puesto que aun no había llamado a su casa para que la recogieran tal y como había dicho que haría; agradecía la compañía de las trabajadoras de su casa, pero no siempre estaba dispuesta o tenía ganas de estar acompañada por alguien que solo se preocupaba porque estuviera bien y no porque ella quisiera hacer algo diferente. Así que, con ganas de cambiar la vista, se dirigió a un parque que conocía y que no estaba demasiado lejos, respirando hondo el aroma a hierba y algo dulce que llegaba a su fina nariz nada más pasar la entrada; había bastante gente, más de la que debiera haber en un día de Invierno, pero este hecho no parecía importarle a nadie, y mucho menos a ella, que se aventuró a acercarse a una fila donde llevaba a un puesto con batidos hechos al momento. Se veían apetitosos, y era una manera de tomar algo dulce, así que no dudó en pedir uno de plátano con vainilla que enfrió sus manos nada más recibir el vaso de plástico con estas una vez hubiera pagado; lo bueno de tener una silla de ruedas, o más bien estar en una, es que la gente tenía cuidado de no chocar contigo y dejarte espacio para poder voltearte incluso cuando tenías la bebida entre los muslos para que no cayera.

No se había alejado lo suficiente del puesto cuando observó a un joven de cabellos azules mirar algo en el suelo, a lo cual tuvo que inclinarse en su asiento para poder ver qué era, reconociendo un vaso igual al suyo tirado en el asfalto; estaba lamentándose, seguramente por la pérdida de su bebida, la cual desconocía de qué sabor era, pero le daba una pena tremenda dejarlo sin más una vez que lo había visto, por lo que volvió a voltear al puesto y la persona que atendía la miró tras que el último cliente se hubiera marchado.

-Disculpe, ¿podría ponerme otro batido del mismo sabor que el joven de allá pidió? Por favor. -Usó una voz suplicante cuando señaló, intentando no ser muy descarada, hacia el peliazul con la intención de que se acordara de él; la otra persona la miró y asintió, pareciendo comprender el asunto, porque se volteó a preparar otro batido del mismo sabor, el cual supo al rato que era de frambuesa por el olor. Pagó y agradeció encarecidamente, ahora con dos vasos que sujetar con los muslos de mala manera mientras se aproximaba al chico, quedando a una distancia precavida, para no golpearlo ni que se golpeara contra ella al voltear.- ¿Estás bien, cielo? ¿Necesitas ayuda? ¿Un médico?-No, aun no diría sobre el batido conseguido para él porque podría sospechar que lo ofreciera sin más, así que decidió dejar entrever su preocupación al joven, esperando una respuesta que pudiera guiarla hacia su próximo paso.
Invitado

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Re: Jugo de frambuesa

Mensaje por Daniel el Dom Jul 24, 2016 1:31 pm

Movió con la pajilla todos los hielos que pudo dirigiéndolos al vaso, algunos entraron, pero otros fueron demasiado resbaladizos como para facilitarle la tarea al híbrido. No se detuvo al sentirse ligeramente frustrado, Daniel no dejaría de intentarlo con ansias, unos pocos hielos no mermarían sus ánimos así sea nadie fuese capaz de ver lo que el joven realizaba. Demoró, pero consiguió meter gran parte de los hielos en el vaso, dejando los más pequeños que acabaron por derretirse ante el constante movimiento que Daniel ejerció con la pajilla. Miró el contenido del vaso, hielo y algo del jugo se mezclaba con tierra, se veía horrible y solo restaba arrojar el vaso al basurero más cercano. Alzó la cabeza para buscar un receptáculo apropiado y es solamente entonces donde siente como alguien se le aproxima, mas al ser costumbre no volteó a mirar ya que si bien muchos se le acercaban era solo casualidad y no que buscasen contacto con él.

Metió la pajilla en el vaso justo al tiempo en que una voz femenina se escuchó cerca, Daniel por curiosidad buscó el origen de esa voz notando que la dueña de aquella estaba justamente a su costado, sentada en una silla de ruedas que si consiguió sorprenderle. Fue extraño que ella le preguntara tantas cosas, Daniel no comprendió el porqué ¿Parecía enfermo? ¿Se habría lastimado sin percatarse de su situación? — Ah... No creo necesitarlo — murmuró mirándose luego, como si fuese capaz de encontrar alguna herida que no notó antes — ¿Tan mal me veo? — y no se fijó siquiera en si su postura sería la apropiada como para que alguien más mirase algún tipo de marca en su cuerpo — Estoy... bien  — dijo finalizando el escrutinio propio. Se levantó entonces con lentitud, cuidando el no arrojar el vaso o su contenido al suelo, mirando posteriormente a la chica a su lado — Gracias por su interés — mencionó en un susurro mientras observaba la mirada ajena, notando la similitud en la tonalidad de sus iris con los de ella.

Sostuvo el vaso con ambas manos sin saber como reaccionar a la mirada contraria, supuso erróneamente que al seguir de pie frente a ella estaría siendo un obstáculo para su andar — No me fijé...  — volvió a susurrar moviéndose para quitarse del camino contrario y así permitirle el paso — Lo siento — acotó posteriormente y bajó la mirada algo apenado pero sin demostrar mayor cambio en su expresión, pero al hacerlo, vio como entre las piernas de la fémina se apreciaban un par de bebidas de distinto sabor siendo una de ellas del mismo sabor que la perdida por Daniel. Miró disimuladamente a la joven y luego observó el sitio donde seguían vendiendo, la fila volvió a crecer y trató de recordar cuanto dinero le quedaba para saber si alcanzaría a comprar otra sin problemas. Daniel no gastaba dinero porque si, solía guardarlo y ocuparlo solo en cosas necesarias, por lo que un segundo vaso con jugo no entraba dentro de lo indispensable. Metió la mano al bolsillo, dudando, realmente quería tomarse aquel jugo.

Off: Con alguien como Daniel no podía avanzar más que ello, así que, no me mates.
-se esconde en un vaso sin jugo-

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Re: Jugo de frambuesa

Mensaje por Invitado el Jue Jul 28, 2016 1:13 am

Hizo un pequeño mohín con los labios ante la reacción ajena, parecía que no había preguntado correctamente o él no había entendido el sentido en el que preguntaba, pero suponía más que no había sido concisa y fácil de entender, antes que echar la culpa al joven; pero ahora que lo tenía de frente y no de espaldas, pudo admirar que cabellos y ojos eran del mismo color azul que hizo que se quedara muda y lo observara fijo, deleitándose con ese tono tan bonito hasta el punto de sonreír de manera inconsciente. Aun si luego se diera cuenta de lo que hacía, no hizo desaparecer esa sonrisa, dejándola como un gesto tranquilo y ciertamente cortés al joven que estaba ahora delante de ella, y negó con la cabeza en principio como respuesta muda por la pregunta, decidiendo pensar mejor la forma de hablar. Que usualmente los jóvenes entendieran a qué se refería, no quería decir que todos fueran iguales, pero ese pensamiento le atraía más del chico; le agradaba lo que era diferente a lo que normalmente veía.

-No te preocupes, creí que al estar ahí agachado, podrías estar mareado... No es un día especialmente caluroso, pero la bajada de azúcar ataca incluso en Invierno. -Aunque, a ella no le había pasado nunca, pero sabía que podía pasar y los mareos eran un síntoma de esto.

Ella siempre comía algo dulce, le gustaba lo dulce, y era raro que en el día no hubiera comido algo de ese calibre, además del hecho de que ya no era una niña y no se sentía con hiperactividad tras serle suministrada esta comida; ya empezaba a notar el frío con levedad en sus muslos, así que lo más seguro es que su piel ya estaba con una temperatura parecida al batido, por lo que pronto debería quitarlos de ese lugar, aunque el pensamiento se fue de su cabeza al verlo alejarse, haciendo que enarcara una ceja por el acto tan repentino a su parecer.

- ¿Eh? -Parpadeó confundida por su gesto, y tardó un rato en comprender lo que había pasado, no era difícil de entender, pero ella tampoco había pensado en eso; sus facciones pasaron de demostrar extrañeza a una sonrisa comprensiva en el momento que volvió a acercarse al joven.- No te preocupes, no estabas en medio... ¡Hay mucho sitio para que yo camine!... Bueno, quiero decir que me mueva.- Ante su propio fallo, se rascó la nuca y rió con suavidad entre dientes, de manera algo torpe.-  Puestos a decir quien está en medio, yo tengo este cacharro enorme para entorpecer el paso. -Palmeó el posa brazos de su silla y sonrió con cierta diversión, sin sentirse molesta por ese hecho, terminando por encogerse de hombros.- Si estás bien y no te encontrabas mal... ¿Por qué estabas agachado?

Mientras hablaba, siguió la mirada hacia donde él miraba, encontrando el puesto de batidos en el camino, lo cual le recordó de nuevo aquel batido que había comprado de más; lo observó, notando que su ropa ya estaba algo mojada por la humedad que soltaba el vaso, e intentó idear una manera que no pareciera rara para ofrecérselo, dárselo sin que pensara que se metía donde no debía. Se llevó un mechón molesto tras la oreja con la mano y alzó la mirada hacia el joven, tomando el vaso del batido de frambuesa que había pedido por el chico del cual aun desconocía el nombre; se sentía algo nerviosa por lo que pudiera decir o hacer, pero esperaba que pudiera hacerlo sentir mejor así.

-¿Sabes? Pedí un batido, pero se equivocaron de sabor y... -Enmudeció unos momentos, sabiendo que estaba mintiendo y a ella no le gustaba, ni siquiera para hacer sentir mejor al otro, que podría sentirse ofendido si se enteraba de su engaño, aunque fuera por un buen motivo; negó con la cabeza, tomando aire para poder suspirar con calma, decidiendo rectificar.- No te mentiré... No vi lo que pasó, pero supondré que el motivo de verte inclinado hacia el suelo fue porque perdiste tu batido, ¿no? -Alzó el vaso del batido nombrado y se lo ofreció, tomándolo con firmeza aunque sabía que nadie chocaría con ellos, no estando ella ahí; había momentos que el respeto que aquel asiento daba era de provecho.- Puede que no te guste mi confianza, pero a mi no me gustó verte mal... Así que me tomé la libertad de conseguirte otro batido, espero que sea del sabor que pediste antes.
Invitado

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