Un poco de agua no le hace mal a nadie

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Un poco de agua no le hace mal a nadie

Mensaje por Daniel el Sáb Jul 09, 2016 6:58 am

Algo que siempre le había gustado a Daniel era la lluvia, por lo que desde que despertó aquel día, solo tuvo en mente el pronóstico del tiempo que indicó con claridad que durante la tarde llovería hasta el día siguiente. Debido a ello atendió a todas sus clases e hizo lo pendiente de sus asignaturas antes de salir del instituto, para que de esa manera le quedase tiempo suficiente durante la tarde para disfrutar un poco del clima en lo que regresaba al mercado. Las horas en el instituto se le hicieron larguísimas y lo único en lo que pensó fue en la lluvia y el frío, sintiéndose a gusto con lo segundo, pero lo primero le dejó cierto vacío que no se llenaría hasta sentir la humedad en el rostro y en el resto de su cuerpo. Llevó paraguas solamente porque se lo pidieron antes de salir, si fuera por él no se taparía nunca de la lluvia aún si esta fuese con granizo o semejante. A cada momento libre miró por las ventanas expectante, pero nada cambió en el cielo gris y lo único que podría apreciarse era la velocidad que adoptó el viento, siendo algo con lo cual tener cuidado más adelante.

Una vez las clases finalizaron, Daniel se apresuró en salir, solo le prestó atención al cielo topándose con un clima sin variación alguna a como lo vio horas antes, motivo por el cual se sintió ligeramente frustrado e inquieto. Apenas llegó a la entrada le esperaba su fiel compañero, un perro monocromático de aproximadamente cuatro meses, can que tenía por costumbre ir a buscar a Daniel para regresar juntos a 'casa'. Dan al verle le acarició el lomo como saludo, si no fuera porque el perro estaba sucio, le habría tomado en brazos para cobijarle del frío unos momentos, pero debido al estado del perro, Daniel se negó a ensuciar el uniforme escolar. El perro se mostró confundido, por lo regular Daniel le alzaba para mirarle y luego le abrazaba, pero a diferencia de otros días no lo hizo y se limitó a las caricias, motivo por el cual el animal ladró algunas veces y con la cabeza le empujó la mano al híbrido.

— Si te levanto me ensuciarás — murmuró con paciencia y un toque de afecto hacia el animal, Daniel no tendría problemas en ensuciarse mientras no fuese la ropa del instituto, ya que esta de por si era solo un préstamo y el estropearla le generaría problemas — Hoy... puedo darte un paseo más largo — mencionó poco después de volver a acariciarle la cabeza al perro quien, pareciendo entender lo dicho, movió su cola con mayor inquietud denotando alegría. El propio Dan sonrió ligeramente y se levantó para comenzar a caminar junto a su mascota con dirección desconocida, el pasear sin rumbo fijo era algo que Daniel acostumbraba hacer y más teniendo tan grata compañía.

— ¿Sabes? Dijeron hoy que llovería... — le contó mientras seguía caminando, su paso se hizo menos ligero al escuchar una pareja frente a él que murmuraba sobre el clima también. Daniel se mostró interesado y tuvo deseos de preguntarles, pero con solo acercarse pudo oír lo que necesitaba saber. — Dijeron que las lluvias se sentirían más fuertes en la costa, ¿Por qué no vamos a mirar? — dijo una chica acompañada de su pareja, pero aquel prontamente le respondió con una negativa invitándola a otro sitio, palabras que Daniel no procesó al quedarle en la mente lo de la costa. Se detuvo en seco y miró hacia el cielo, percibiendo casi por instinto que la lluvia caería pronto, pero saber que en otro sitio sería incluso más fuerte -y por ello mejor para él- generaba una gran expectativa y un deseo irrefrenable con respecto a sentirla sobre sí.  

— Vamos... — susurró y comenzó a correr siendo seguido instantáneamente por el perro tras de si. No le importó la distancia ni el horario, deseaba satisfacer la necesidad que poseía con la lluvia aún si fuese solamente por cumplir su capricho, pero estaba claro para él que una vez fijaba una meta él la cumpliría aún en un absurdo tema como el mojarse. Una de las cosas buenas de su institución académica es que esta quedaba próxima a los balnearios y la costa donde se tenía una playa artificial, misma que en fechas invernales poseía una afluencia de personas menor a la habitual y que tras una larga caminata o unos minutos de trote serían de fácil acceso a cualquiera. Cada tanto el joven se detuvo a descansar, él no era excesivamente atlético y por sobre todo era importante conseguir algo de agua para el perro, pudiendo pedirle a algunos locatarios de la zona quienes le facilitaron algo de agua. Demoró aproximadamente una hora en llegar, quedando cercano a la zona sur de aquella playa, precisamente el sector más alejado del balneario, por lo que al ver eso Daniel se detuvo antes de continuar.

— Estoy cansado — se escuchó en un susurro sutil que no alcanzó a ser oído por el animal que continuó corriendo, adentrándose entre los diversos árboles decorativos del sector. El perro se veía feliz dando saltos y olisqueando luego la zona, puesto que aun siendo un terreno artificial, no poseía cielo falso ni límites visibles, todo gracias a la tecnología y a la magia misma que protegían Myr. Daniel se relajó y acomodó el bolso sobre su hombro, portando el paraguas cerrado en la otra mano, comenzó a caminar lentamente cuidado por donde pisaba para no pisar mal o peor, caer. Cuando alzó la mirada del suelo, buscó a su mascota por donde creyó había ido y de un momento a otro lo perdió de vista, apresurándose y esquivando los árboles que paulatinamente disminuían en cantidad hasta finalmente desaparecer. Daniel estaba ya pisando el arena, lo notó tras hacerlo, lo blando del sitio le impidió correr y por ello comenzó a caminar de una curiosa manera. Estaba lejos de la orilla así que la humedad no alcanzaba a compactar apropiadamente por donde él pisaba y eso le molestó.

— ¡Ven acá! — fue lo único que dijo para llamar la atención del perro, nombre no le tenía y él no era de gritar, le costaba mucho hacerlo sin sonar extraño. Continuó caminando y observó un roquerío, creyó ver a la distancia algo que se movió y asumió que se trataría de su perro, puesto que nadie más que él parecía merodear la playa a esas horas de la tarde. Avanzó como pudo y en el momento más inoportuno la lluvia comienza a caer con fuerza, sin siquiera avisar con un suave goteo, consiguiendo empapar casi en segundos a Daniel. Inmóvil, levantó la mirada, absorto en la fría sensación y dejando solo por un momento de lado la búsqueda de su perro. Solo un minuto, quizás dos, solo eso le bastaría antes de proseguir. Solo eso quería.

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Re: Un poco de agua no le hace mal a nadie

Mensaje por Kobayashi Rindou el Mar Jul 19, 2016 5:38 am

Las clases de la joven habían sido un tanto aburridas durante la mañana, todo porque la teoría la empezaba a matar, prefería cocinar, sentir el dulce o salado aroma de los platillos, o ¿Porque no? Algo más agridulce, lo que fuera le agradaría siempre y cuando pudiera degustar poco después el delicioso aperitivo preparado, pero no, como toda escuela la teoría venia incluida y para su pesar esas clases se intensificaban los lunes, otorgándole aquella bella frase tan conocida por un curioso gato de la televisión, Rindou "Odiaba los lunes".

Pero, por fin, tras horas extenuantes entre libros -aunque la mayor parte del tiempo se había quedado dormida escudándose con los mismos - la libertad le perteneció, paseando entre los pequeños puestos de comida que veía en su camino a un sitio en especial para el cual había preparado una buena cantidad de trampas y otras cosillas, con tal de obtener un esquivo cangrejo que hacia días deseaba comer y ahora que el pronóstico del clima anunciaba lluvias quería suponer que el clima ayudaría a que el animalejo saliera de su escondite para convertirse en su cena, solo si el mito del cangrejo azul era real, de lo contrario se iría con el estómago deseoso, pero no vacío, en especial cuando cargaba con por los menos cinco tipos de panes rellenos.

El camino a la playa fue lento, las nubes se veían totalmente cargadas y el aroma de la sal marina inundaba sus fosas nasales. El día anterior había dejado unas cuantas trampas regadas por la playa, mismas que ahora revisaba topándose con uno que otro pequeño cangrejo u ostra, que guardaba sin problema dentro de un bolso extra para situaciones como la que ahora vivía, optando por esconderse entre una pequeña acumulación de grandes rocas, asentando su base en el lugar. Esperaría que su presa viniera hacia ella, lo creía mucho más efectivo.


- Debería aprovechar antes de la tormenta -cualquiera pensaría que una colegiala como ella estaría llevando libros, cuadernos y otros útiles escolares dentro de su gran bolso, pero no, allí dentro portaba unas cerbatanas con tranquilizantes, un poco de carbón, cuchillos, e incluso bolsos más pequeños -como aquel donde ahora tenía pequeños cangrejos que pronto serian su cena -, sin mencionar otras cosillas, porque, para ella, esas herramientas eran esenciales en su deber de comer hasta ser comida por alguien más, pequeña y extraña filosofía que mantenía desde la primera vez que un delicioso chocolate toco su lengua - Es su turno de ser devorados pequeños -los ojos de la pelirroja brillaban con peligrosa intensidad, su hábil mano tomo el primer cangrejo que pudo capturar, posándolo en la fría arena antes de encajar con fuerza uno de los más afilados cuchillos con los cuales cargaba, dándole muerte al instante. Pensaba cocinarlo con el carbón que llevaba, sin embargo en caso de atrapar aquel mito ese día, necesitaría todo lo necesario para poder cocinarle a la perfección - Bastara con limón -encogiéndose de hombros arranco una de las patas de su aperitivo, succionando su contenido, incluso sus fauces lograron romper aquella dura carcaza sin demasiado problema, casi parecía un animal salvaje con modales lo suficientemente finos para no terminar devorando a su presa con ferocidad - Aparece de una buena vez -los minutos pasaban, y su pequeño homicidio crustácico empezaba a desaparecer en su estómago, las gotas de lluvia la mojaban al grado de pegar su ropa y cabellera a su anatomía, pero no le importaba, en especial cuando lo realmente importante se encontraba en su bolso, mismo que tenía protección contra el agua, mientras que la cerbatana con el somnífero ahora reposaba en el bolsillo interno de su chaqueta, como si fuese una pluma ordinaria - ¿Debería irme? - no le molestaba estar bajo la lluvia, sin embargo el cangrejo azul no parecía querer llegar a donde ella se encontraba, suspirando con fuerza mientras la última extremidad de su tentempié se hallaba entre sus labios, tal cual como si fuera una niña con chupete, pero, en ese momento un sonido le alerto, pasos acercándose y un pequeño ladrido ¿Pudiera ser que en verdad su presa había llegado a su encuentro?


Sin más demora se recostó en la arena, ensuciando sus prendas, comprimiendo su pecho contra una de las rocas mientras cambiaba su comida, por la cerbatana, enfocándose en el único punto azul que lograba captar a la distancia, era alto, y de cierto modo no sabía si en serio seria el cangrejo del mito, pero quien no apuesta no gana y sin más demora con un soplido el dardo voló entre la lluvia impactando contra algo, -ya fuera su presa o una mera roca -

La sonrisa femenina no se hizo de esperar y sin mayor demora con el cangrejo en sus labio se apuró al sitio, mirando intrigada a un joven completamente empapado que la dejo sin palabras, seguramente eran los únicos dos locos en aquel sitio.


- ¿Acaso viste un cangrejo azul por aquí? se supone que yo... -iba a seguir hablando cuando de repente noto como el chico había caído desplomado, y poco después el dardo en el tobillo de aquel delato la realidad de lo sucedido. Lo azul que vio a la distancia era él y no un cangrejo mítico - Maldición... -miro a todos lados, intentando saber si alguien había sido testigo de su especie de crimen accidental, acabando por cargar al varón en su espalda, porque, fuerza era lo que menos le faltaba.


Intento pensar a donde llevarlo, el muchacho seguía vivo así que tirarlo al mar para que las olas se lo llevaran no era opción, y aun no había pasado a un estado de canibalismo como para rostizarlo, pero, una cueva no muy lejana seria buen escondite hasta que él despertare y pudiera convencerle no delatarla con la policía, o puede que culpara a un erizo de mar, ya lo pensaría en el momento en que el desconocido reaccionara.

Sus pasos lentos se vieron detenidos cuando llego al sitio de los bolsos, arrastrándolos con la diestra, mientras mantenía al joven como costal de papas con la zurda, por lo menos era ligero y eso le daba un punto a su favor. Tras al menos diez minutos más de camino, finalmente llego a la cueva donde deposito al chico y sus pertenencias, notando solo entonces que un perrito les había acompañado, mismo que no tardo en acabar sobre quien ella supuso era un estudiante debido a sus prendas.

Por un lado Rindou podía irse para no tener problemas a futuro, pero prefería quedarse y cargar con la extraña culpa, porque, podría ser haragana e irresponsable, pero no arriesgaría el bienestar de otra persona por un pequeño error que cualquiera cometería, decidiendo quedarse con él, sentada a su lado mientras su espalda quedaba contra la estructura rocosa de aquella cueva, siendo el único sonido y visión para su entretención, el mar y la lluvia.

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Re: Un poco de agua no le hace mal a nadie

Mensaje por Daniel el Dom Jul 24, 2016 2:45 pm

Quedó absorto durante un largo momento en la lluvia, sintiendo como esta le mojaba cada vez más y poco importó saber que terminaría enfermo o que sus prendas de todas formas se ensuciarían. La lluvia fue para Daniel muchísimo más importante, al menos, durante el tiempo que el híbrido le dedicó y este no acabó gracias a su decisión, sino que un agudo dolor en su tobillo le distrajo de su pequeño paraíso. Se agachó y llevó una mano con rapidez a la zona afectada, sintiendo algo aún enganchado a su piel y creyó que se trataría de algún mosquito o similar, pero al sentir un objeto extraño entre sus dedos no dudó en removerlo. Lo llevó al frente para mirarlo, se trataba de un dardo semejante al usado en la caza. Daniel lo miró con detenimiento, enderezando su cuerpo, nunca antes había visto uno y trató de pensar en el motivo por el cual había acabado en su propio cuerpo. Es cuando trata de pensar en una razón lógica que su cuerpo comienza a sentirse extraño, partiendo por una ligera desorientación y un mareo. ¿Habría sido envenenado? Apenas si alcanzó a mirar a la persona que le abordó, sintió su voz, mas no comprendió lo que le dijo debido a la necesidad de dormir que invadió su cuerpo. Lo último que supo fue el rojo intenso que se le presentó ante los ojos mientras caía al suelo dándose un fuerte golpe contra el duro suelo.

El tiempo pasó sin ser Daniel consciente de ello, no se enteró de nada, ni siquiera sintió como fue cargado por alguien o como la lluvia ya no empapaba su anatomía. Acabó despertando muchísimo después totalmente confundido y con un dolor persistente en su pierna, enfocó su mirada como pudo y se fijó en que el monocromático animal dormía sobre el vientre de Daniel, quien con cuidado le acarició mientras trataba de moverse, siéndole aún algo complicado. — ¿Dónde... —  murmuró mirando hacia arriba, topándose con un techo de roca oscura y notoriamente húmeda, miró a su alrededor siguiendo el borde de aquella estructura — ¿Cue-va?  — mencionó aún bajo en lo que trató de sentarse, pero sus brazos flaquearon y quedó recostado nuevamente, solo que a diferencia de antes quedó de costado y por consiguiente el animal se movió de su sitio — Lo lamento... pero, n-no me siento bien — le dijo a su perro que seguía a su lado meneando la cola animado al ver que Daniel despertó.

Tardó en notar la presencia de la mujer con quien compartía refugio, al verla recordó el rojo de sus memorias, mas no le atribuyó tal color a ella al pensar que solamente fue un sueño. Se quedó tal cual, no podía moverse sin sentirse débil y por ello es que decidió hablarle para así llamar la atención contraria — Disculpe... — trató de decirlo algo sin ser muy efectivo gracias a la incesante lluvia que no detenía su caída — ¿Por qué estoy aquí? — su voz sonó mejor y el eco de la cueva le ayudó en tal ocasión, por lo que si no era oído de esa manera, le tocaría arrastrarse o decirle a su perro que ayudase con la tarea. — N-no recuerdo lo que sucedió  — y más que no recordar se trataba simplemente de un desconocimiento total, porque en ningún momento vio a alguien cazándole y muchísimo menos cargándole cual saco de patatas.

Daniel entrecerró la mirada, aún sentía algo de sueño, la sensación le recordó mucho a los periodos de exámenes donde se llegaba a amanecer entre estudios. Era curioso y demoró, nuevamente, en prestar atención al único detalle del que fue testigo: el dardo. Su mirada se desplazó desde la cabellera de quien supo era mujer al verle de perfil y se dirigió posteriormente hacia el perro, tras ello buscó su propia pierna que movió con lentitud notando, al final, la marca dejada por una incisión fina, donde se apreció un poco de sangre que había escurrido ensuciando su pantalón incluso. Con la misma lentitud siguió mirando su cuerpo, él estaba acostado sobre la tierra que formaba parte del suelo de esa caverna, la cual estaba sucia y peor aún, el perro que se mantuvo a su lado estaba lleno de lodo. Daniel había fallado en cuidar su costoso uniforme y eso le deprimió notoriamente.

— No entien... no entiendo — frunció apenas el entrecejo al tratar de recordar lo acaecido, mas no funcionó, solamente tenía en su pensar el rojizo color y el dolor sentido en su tobillo. El ladrido del animal le quitó de sus cavilaciones al sentir la cercanía de la mujer al cabo de poco tiempo, aquello le puso en una pésima alerta, Daniel era incapaz de reaccionar apropiadamente al sentirse aún confundido y débil. A lo único que atinó fue a mirarle pasivamente, queriendo saber todo lo sucedido, ansiando respuestas, mas sin ser capaz de enunciar alguna otra pregunta.


Última edición por Daniel el Miér Nov 02, 2016 5:37 am, editado 1 vez

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Re: Un poco de agua no le hace mal a nadie

Mensaje por Kobayashi Rindou el Lun Ago 01, 2016 7:33 am

El tiempo pasaba y aquel hombre a quien drogo -sin ser su real intención - continuaba inconsciente, con nada más ni nada menos que el pequeño can sobre su pecho, actuando como si estuviera sobre la mas cómoda cama para la mascota, cosa curiosa, pero la pelirroja no lo evito, puesto que su mente estaba centrada en algo más, en el que decirle al pobre muchacho que la culpa no tenia de nada, pero ella misma tampoco se creía responsable, confundir un hombre azul con un cangrejo azul era igual ¿No? Casi como hablar de la diferencia externa entre patatas y batatas, por fuera prácticamente iguales, pero internamente diferentes.

Suspiro tras suspiro la hibrida buscaba una mejor respuesta que un escueto "Es tu culpa por parecerte a un cangrejo que puede o no ser real", puesto que aun para ella excusarse con eso sería patético y lo peor estaba por venir, porque su pequeña presa había abandonado el país de yupilandia donde los elefantes rosas se producían en masa, reaccionado al fin, llamándole en voz baja, sin poder moverse y pidiendo explicaciones de lo sucedido. Por un instante Rindou estuvo verdaderamente dispuesta a escaparse, porque el tipo estaba bien, había vuelvo a la vida, entonces ella no sería culpada de cometer asesinato y por ende, nadie la llevaría a la cárcel, pero, había algo en la lastimosa mirada del estudiante que le hizo retractarse de sus actos aun no cometidos.


- Escucha... -lentamente su espalda se deslizo por el muro de la cueva mientras se acercaba a él, sin importarle que el perro le ladrara porque dudaba llegara a atacarle - No tienes nada grave, solo caíste inconsciente en la playa porque... -la pelirroja rasco con suavidad su nuca, llegando a despeinarse con ligereza conforme le mostraba un pequeño dardo estando ahora acuclillada a un lado del pingüino, sin atreverse a verlo a los ojos - Te confundí con un cangrejo que quería comerme -no podía mentirle a su víctima de secuestro, después de todo tarde o temprano recordaría los sucesos y en ese instante si podría acusarla a la policía, además, el chico se veía tan apacible y sumiso que le causaba cierto grado de ternura, incluso podía llegar a querer comérselo, pero no al típico estilo rostizado, sino algo más particular de la combinación de sus razas - Lamento lo ocurrido, es solo que la lluvia me cegó de momento -su mejilla derecha se había inflado sutilmente con aire debido a lo incomodo de la situación, porque a pesar de estar siendo sincera al respecto, se sentía como una niña regañada, además, estaba más que segura que de haberlo visto con mejor claridad no le hubiera disparado, gastar un tiro en algo que no puedes o quieres comerte no era correcto y ella lo tenía más que claro, porque la joven podía ser la peor glotona del mundo, sin embargo jamás desperdiciaba comida o un medio para obtener a su presa - Me llamo Rindou... ¿Y ustedes son? Porque supongo que el can es tuyo ¿Verdad?... no se movió de tu lado ni un momento -puede que estuviera actuando más seria de lo normal, todo debido a la culpa que su cuerpo estaba albergando tras ver la mancha de sangre en el tobillo del varón. Era increíble como un pequeño dardo podía causar tanto daño en una piel tan pálida, suave, carnosa, completamente apetecible para un vampiro como ella quien justo ahora realmente tenía ganas de encajarle el diente al muchacho, pero de hacerlo le asustaría más de lo que ya estaba - La tormenta tardara un poco en terminar... -sin importar la cercanía o que violara el espacio personal del menor, acorto aún más las distancia, pegando sus narices sin apartar sus amarillentos e intensos ojos de los ajenos, inhalando su exquisita fragancia sazonada con la lluvia y el aire salado del mar. Quería devorarlo, no cabían dudas al respecto, pero toda buena comida debe hacerse desear - ¿Quieres comer algo en lo que esperamos -la pregunta podría tomarse con un ligero doble sentido solo si conocías la naturaleza de la fémina, quien no demoro en separarse para ir por su bolso, tomando aquellos panes rellenos que compro poco antes de ir a la playa, empezando a comer el de chocolate, ofreciendo el resto al varón - Toma lo que quieras... es mi pago por drogarte -sin más que decir se recostó al lado del chico, notando como el can luego de oler la comida había terminado en medio de ambos, consiguiendo una pequeña separación de cuerpos.


Puede que la chica fuera juguetona y bastante libertina en muchos aspectos, hasta era casi imposible comprender como funcionaba su mente fuera de la alimentación, sin embargo, si algo podía asegurase aquel día, era que no se iría hasta que su presa temporal pudiera manejarse libremente como una gacela en las praderas.

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Re: Un poco de agua no le hace mal a nadie

Mensaje por Daniel el Miér Nov 02, 2016 8:44 am

Enderezó la cabeza fijando su vista en la fémina mientras esta le explicó lo sucedido, lo cual dejó a Daniel algo desorientado por lo extraño de sus palabras, puesto que no se escuchaba todos los días sobre un cangrejo que comía personas, ya que, por como dijo la frase la mujer 'Te confundí con un cangrejo que quería comerme' se podría entender fácilmente que el cangrejo se la quería comer a ella y no al revés. Daniel trató de imaginar el tamaño de tal animal como para representar un peligro para una persona y al hacerlo le recorrió un escalofrío por toda la espina dorsal.

— ¿Hay cangrejos... tan grandes?  —fue lo primero que atinó a preguntar tras la revelación ajena — Descuide, fue un accidente — el hibrido lo comprendió y se mostró calmado al respecto — ¿Usted se encuentra bien? — ladeó el rostro y trató de mantenerse sentado, pero aquello le seguía costando al sentir flaquear sus brazos. Apenas ella se presentó Daniel le dedicó una sutil reverencia y prosiguió a responder — Me llamo Daniel — dijo momentos antes de mirar al cánido a su lado, el animal había estado algo nervioso antes debido a que su amigo y dueño se encontraba mal, pero al verle bien y al no notar hostilidad, ya no tenía porque estar intranquilol. Daniel luego sonrió ligeramente — Es mi amigo, pero no tiene nombre — susurró ya que efectivamente, jamás le colocó un nombre o apodo, para Daniel nunca fue necesario hacerlo ya que el perro siempre le hizo caso ante la amabilidad que el híbrido mostró con él.

Para cuando volvió el rostro hacia Rindou esta se encontraba a una distancia donde el espacio personal de Daniel se vio reducido a la nada, sintió su hálito contra el propio y el remanente de calor que la lluvia no consiguió quitarle, tal cercanía causó que el chico se sintiera extraño, nervioso, acalorado incluso y eso se notó en el suave rojizo que decoró sus mejillas, pero aún con ese nerviosismo latente no retrocedió ni se quejó por la osadía con la que Rindou actuó. Daniel la observó atentamente, pendiente del tono de sus ojos y de la humedad en sus cabellos que estaban pegados a su blanca piel, los cuales le dieron un aspecto diferente a lo que Daniel estaba acostumbrado a mirar. — S-si — respondió escuetamente a la oferta de la fémina, misma que Daniel no malinterpretó ¿Cómo podría hacerlo siendo tan inocente e ignorante en temas así?

Se acomodó cuando aquella se apartó y ladeó su cuerpo un poco más para así tener un soporte decente al momento en que Rindou le ofreció comida, Daniel tomó un pan relleno de manjar y lo acercó a su boca, primero le olfateó y con lentitud posó su boca sobre aquel para darle una suave y pequeña mordida. El chico tendría que ser precavido, puesto que bien podría estar comiendo algo envenenado o con más drogas, pero no pensó nada de eso, no estando aún algo mareado y débil, además del frío que hizo que poco a poco su cuerpo temblase inconscientemente. El perro se acomodó libremente entre ambos y se echó a dormir, como si su labor de guardián estuviese hecha al no haber visto problema entre Daniel y Rindou, el joven miró al animal con ternura y luego posó su mirada en el rostro de la fémina a su lado.

— Gracias... por su atención para conmigo  — susurró manteniendo cerca el trozo de pan al cual fue mordiendo despacio, demasiado despacio quizás — ¿Qué sucedió con el cangrejo? — asumió que había uno rondando la costa y eso le generó inquietud — ¿Vino acá... para esconderse?  — le fue inevitable no pausar sus palabras, no podía mantener un diálogo demasiado fluido aún — Rin-Rindou...  — se recostó y mordió el pan quedándose allí unos momentos antes de preguntarle — ¿No debería... abrigarse un poco más? — dijo tras notar el como ella estaba vestida, lo cual para el joven no era muy abrigador y más en el clima que no les dejaba salir de aquella oscura cueva. La lluvia empeoró rápidamente así como los truenos seguidos de la luz entre las nubes, lo cual dejó en alerta al can quien se levantó prontamente y se dirigió a la entrada de la cueva a vigilar, sentándose allí como el orgulloso perro guardián que creía ser.

— Tengo... un chaleco en mi, eh... ¿Dónde está mi bolso?  — frunció apenas el entrecejo y alzó la cabeza para buscarlo, Daniel se había desorientado un poco y no se había percatado donde estaba tal importante objeto, mas al no verlo asumió que lo habría perdido y por ello bajó la cabeza para disculparse por no tener algo que entregarle a la chica para así que ella se abrigara. — Lo siento...— murmuró volviendo a morder el pan, ya con más ganas, con hambre.

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