Pequeño Paseo ~Libre

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Pequeño Paseo ~Libre

Mensaje por Invitado el Vie Abr 22, 2016 11:05 pm

Se supone que una mascota es obediente, la misma debe hacerle caso a su amo en todo lo que este mande e incluso buscar arreglarle la vida de la mejor forma posible, sin embargo, ese tipo de cosas no son 100% ciertas, en especial para la pequeña demonio que rondaba el parque central a las 21hs, sin ánimos de volver a su hogar.

¿El porqué de esta situación? Era sencillo, su queridísimo zorro había salido con uno de sus “amigos” a tomar unas copas, dejándola nuevamente sola en su morada a pesar de haberle dicho que aquella noche le enseñaría como jugar póker, porque si bien Tsuki no era del tipo apostador, aquello era una mera excusa para pasar algo de tiempo con Dai, quien, frecuentemente parecía actuar como si ella le molestara, y no, no es que Tsuki estuviera enamorada del zorro volviendo su trato en dolor para la chica, ni nada similar, simplemente era lo único que tenía en aquella vida y si por azares del destino llegaba a correrla de la casa donde ambos residían, no tenía idea de que hacer. Cuando más joven le había prometido a su primer y mejor amigo, el mismo que dio la vida por ella en ese espantoso mercado dos cosas, la primera era que nunca volvería, mientras que la segunda era nunca mirar atrás, por ello solo le quedaba avanzar y en ese caso, el avanzar se trataba de mantener una vida más o menos estable con su nuevo amo, el mismo a quien ella trato de mascota cuando lo creyó un pequeño e indefenso zorrito abandonado dentro de una caja por tener su cuerpo flagelado.

Pero no se deben equivocar, la demonio no buscaba retribución por aquello, lo hizo por mero altruismo para con el animal, solo… ella solo, no sabía que esperaba del mayor con ojos diferidos, pero estaba molesta, fastidiada y decepcionada por el cambio de planes tan repentino, volviéndola una amenaza para el público en general, no porque atacaría al primero tonto que viera, sino que, si la molestaban arderían en fuego.


-Tonto… –su delicada voz no perdía el toque de elegancia tan característico en ella a pesar de estar molesta, su lacio cabello se mecía con la suave y cálida brisa al igual que sus prendas, y su menudo cuerpo reposaba sentado en una banca del parque. Realmente deseaba volver, sumirse en la calidez de aquello que una vez pensó hogar, pero un hogar se basaba principalmente en el cálido ambiente de un sitio donde te esperan con los brazos abiertos, no una simple casa donde te abandonaban para divertirse entre copas… -Debería de dejar de pensar en él… –se sentía a cada momento más molesta, pero su molestia no se expresaba rompiendo cosas. En aquel instante, lo único que podía hacer era subir los pies a la banca y abrazar sus piernas, mientras apoyaba su frente contra las rodillas, pensando en todo y la nada, buscando la calma que solía ser su día a día y no aquel manojo de nervios y molestia en que Daisuke le había convertido.
Invitado

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