El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

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El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Hee-Young el Lun Abr 11, 2016 12:11 am




El Mar de Luciérnagas

Con Ayato en las Montañas a las 21.45hs.

La noche anterior, la joven sacerdotisa había tenido un peculiar encuentro con un vampiro, el mismo era de casta noble, cabellos tan rojos como la sangre, y ojos verdes como la hierba recién cortada, eso sin mencionar el peculiar aroma que desprendía. Masculino, intoxicarte y con un toque que no podía distinguir, pero Hee sabía que era adictivo, al grado en que no pudo dejar de pensar en el menor durante toda la noche, mañana y parte de su tarde, deseaba volver a verle, y debía hacerlo para mantenerse fiel a su promesa con él, misma en la cual intercambiaría sangre y alimentos por el recuerdo de su encuentro, conmemorado en forma de aquella caliente prenda doblada cuidadosamente en el fondo de su armario, y no porque deseara esconderla, simplemente buscaba conservarla lejos de ojos curiosos, aquellos que fácilmente podrían arrebatarle su pequeño tesoro personal.

La joven aguardo, contando las horas que pasaban hasta que finalmente consiguió escaparse de su templo, en el momento justo en que las nubes grises adornaba el cielo, un pequeño presagio de la tormenta que pronto se desataría, pero para Hee aquello no representaba un problema mayor al leve enfado de tener su cola desesponjada en caso de empaparse con la lluvia veraniega. La pequeña zorrita cargaba consigo un bolso de tamaño promedio, pero lo suficientemente espacioso para llevar consigo los alimentos que le prometió al vampiro a quien, curiosamente no vio en su tienda de acampar, obligándole a buscarle con su olfato, alejándose más y más del templo, debiendo apresurarse puesto que la lluvia pronto se haría notar y desgraciadamente el rastro acabaría por esfumarse, siendo otro inconveniente del clima tan cambiante, porque si bien Hee comprendía que la lluvia era necesaria para todo tipo de ecosistema, no quitaba que le molestara en aspectos más bien personales a la rubia, pero omitiendo ese detalle, finalmente había encontrado el rastro contrario, debiendo aumentarla velocidad de sus piernas en cuanto la primer gota cayó sobre su esponjada cabellera, no deseaba terminar empapada por la tormenta, pero mucho menos que su ¿Amigo, conocido, hombre encontrado por pura suerte? Terminase perdido debido a no conocer la zona diligentemente, incluso estaba al tanto que un murciélago no podía volar planamente en medio de una tormenta, debiendose quizas, al peso del agua en sus alas, volviéndose problemático.


- Ore-sama lo encontré –el pequeño grito de la joven se vio opacada por un trueno cercano, mismo que partio al medio un enorme sauce llorón - Pero creo que será mejor resguardarnos… no parece que el clima este de buen humor –no dijo más, tampoco se excusó o pidió permiso antes de tomar la mano del joven guiándolo a una cueva cercana, conforme la tormenta daba inicio, mojando a ambos de pies a cabeza. En el caso de Hee quien no previo esconder su felpuda cola la misma se veía igual a la de un can luego de una buen baño, mientras que su reluciente cabello se apegaba a su faz y la pulcra ropa de la sacerdotisa empezaba a teñirse del lodo que pisaba, simplemente, se convertía en un pequeño desastre, pero no le interesaba, en aquel momento la etiqueta no era de menester, solo buscaba prestar un pequeño servicio al pelirrojo, dándole cobijo donde supuso estaría seguro - Aquí es ore-sama –finalmente frente a la entrada de la cueva, no dudo en introducirse con el contrario, soltando su mano mientras se sacudía como un can, buscando secarse de ese modo sin mucho efecto - Lamento el traerlo aquí sin su autorización, sin embargo su campamento estaba alejado y en este clima no es seguro acampar cerca de árboles tan grandes, puesto que puede suceder lo mismo que vimos con el sauce partido al medio… debería tener cuidado de esos detalles para próximas expediciones, ore-sama –explicaba sin dejar de buscar trozos de leña regados en la zona más escondida de la cueva, lo necesario para encender una pequeña fogata, nacida a base de una leve llama que invoco en su dedo índice, encendiendo al momento la leña. Pudiera ser que no tuviese la menor idea sobre doblar ropa, quehaceres del hogar a nivel general, y cientos de cosas más del estilo “normal” de la vida diaria, pero si sabía lo necesario para sobrevivir en un bosque, no por nada recorrió el mundo en su mejor época, explorando de punta a rabo el globo terráqueo, acompañada por su pequeño sequito a donde fuese, debiendo protegerlos de todo, motivo principal de que aun ahora, en medio de la pequeña paz que compartían siguieran atesorándola de modo tan grato - Ore-sama… –volvió a llamarlo para que se acercara a la fogata, mientras se dedicaba a posar la pequeña mochila contra una de las paredes de la cueva, intentando soltar el gran moño de su Kimono, suspirando cuando no lo consiguió, y todo ello debido a que siempre tenía quien le ayudara con esa faena tan compleja, especialmente cuando el nudo estaba en su espalda - Traje su comida… está en la mochila, asi que dudo que llegara a mojarse... sin embargo, de momento lo mejor sería que se quitara la ropa mojada a menos que desee pescar un resfriado


Por una vez sus comentarios no estaban plagados de picara malicia, tampoco de la curiosidad que tanto le caracterizaba, ni siquiera como orden, sino un mero consejo para que el contrario no acabase enfermo ante su inexperiencia en el bosque. Ademas, si algo le gustaba a la zorrita de las tormentas, era que al finalizar estas, había una hermosa zona del bosque donde las luciérnagas hacían acto de presencia, y con suerte, podría enseñárselo esa noche al Ichinose, como un pago por su agradable compañía.

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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Ayato Ichinose el Mar Abr 19, 2016 5:11 am




El mar de luciérnagas
Con Hee Young en las montañas a las 22:00 hrs


Durmió como tronco todo el día, despertándose cuando el canto de los grillos y  búhos llegó a sus oídos, traspasando las delgadas paredes de su tienda de acampar. Se estiró para desperezarse y pronto ya se encontraba levantado, buscando entre su maleta que prendas usar, pues era muy quisquilloso con su vestimenta, aún estando en medio de la nada donde era poco probable que le viesen. Se sorprendió al no encontrar la chaqueta que tenía planeada usar, o así fue hasta que recordó se la había intercambiado a la kitsune, cambiando de opción por otra chamarra, una color azul marino un poco más delgada que la primera, cosa que le hizo sentir inseguro, pues algunas nubes se distinguían en el cielo nocturno, ocultando las estrellas con su  densidad. Una vez estuvo listo, se colgó al hombro una mochila donde previamente había metido un par de sus preciadas bolsas de sangre y algunos objetos básicos a la hora de ir de excursión, tales como una navaja, un encendedor, etc.


No se demoró mucho en alejarse del campamento, aventurándose cada vez más lejos seguro de que, en caso de perderse, siempre podría volver volando, desde el cielo podría reubicar su tienda. Luego de algunos minutos, el pelirrojo se encontró de píe frente a una depresión: una pradera extensa que se encontraba en inclinación descendente para, después de algunas hectáreas, volver a subir, esta vez formando una montaña. No le dio mucha importancia al asunto y comenzó a descender la llanura, topándose con conejos  y demás roedores mientras avanzaba. Estaba por continuar cuando algunos truenos se hicieron notar a la distancia, preocupando de pronto al chico: si llovía, no podría volar como murciélago, pues sus alas empapadas perderían fuerza; como  humanoide con alas, tampoco podría elevarse, pues estaría expuesto a recibir un rayo y no le apetecía comprobar si los vampiros eran resistentes a la electricidad o no. Rascó su nuca, confundido, mientras se dirigía a un sauce llorón, ubicado no muy lejos de ahí. Estúpido cielo... ¿En qué momento Ore-sama permitió que lloviera? se dijo internamente, maldiciendo el descuido de no haber memorizado el camino de vuelta al campamento que, según sus cálculos, estaría al menos a 3 kilómetros de distancia. Algunas gotas comenzaron a caer y el ojiverde decidió lo mejor sería buscar otro refugio, apartándose del árbol y caminando en la dirección por la que había llegado; apenas se había separado unos metros cuando un segundo rayo cayó, esta vez bastante cerca de él, partiendo a la mitad el sauce en el que se había resguardado momentos antes. El pelirrojo no supo con que sorprenderse más: si con el hecho de haberse salvado por poco o por que, al car el rayo, había escuchado una familiar voz llamarle. Ayato giró la cabeza y se encontró a la sacerdotisa, quien corría hacia él; no dijo nada cuando ella le tomó la mano y corrió en dirección a la montaña, notando como cada tanto ambos se resbalaban en el barro y sus empapadas ropas se manchaban con el mismo.


Hee lo guió al pie de la montaña, donde se distinguía una pequeña cueva que, seguramente, les funcionaría como refugio. -Chibi-chan- dijo una vez estuvieron dentro y la joven dio la explicación de porqué el exterior no era seguro -¿Me estabas buscando?- preguntó, primero con intriga, pues no se esperaba volver a encontrarse con ella, creyendo que lo ocurrido el día anterior se borraría de la memoria de ambos; casi de inmediato, su lado narcisista decidió aparecer en acción para salvarle del comentario anterior -¡Ja! Ya decía yo que no te era posible vivir sin observar cada día la maravillosa presencia de Ore-Sama - Observó a la chica hacer una fogata, pareciéndole curioso el que pudiera hacer aparecer fuego en sus manos. Giró la cabeza a la rubia y se acercó al fuego, según ella le pedia; habría preferido no seguir sus indicaciones, pero la ropa mojada hacía que lo considerara; a los pocos momentos, la vio intentar desamarrar su kimono y se acercó a ayudarle con el nudo, decidiendo él hacer lo mismo, tal como ella sugirió. El vampiro llevó la mano a su chaqueta, deslizando la cremallera para luego quitársela y colocarla junto al fuego para que se secara un poco -Mmmm... espero que a Chibi-chan no le incomode que me quite la camisa también... aunque creo que podrías disfrutar la vista;  alégrate de que el grandioso yo te lo permita - bromeó orgulloso mientras se desabotonaba la prenda y la acomodaba cerca de la chamarra. Miró de reojo la bolsa que la joven había comentado, en verdad que tenía hambre; era cierto que Ayato no esperaba el que la chica recordara las promesas a cambio de su prenda, pero decidió aprovechar que lo había hecho para comer algo además de sangre pues, incluso con el suministro de ésta, aún le agradaba comer alimentos normales. -Bien, Hee - decidió llamarla por su nombre - Quizás podríamos comer un poco ahora... no se cuanto más continuará la lluvia - comentó mientras se colocaba a la entrada de la puerta, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda desnuda al notar que la llanura se había inundado por las precipitaciones, tomando entonces la apariencia de un lago. No pudo evitar ponerse nervioso pues, aún sabiendo que no era muy profundo y siendo él mismo un excelente nadador, llegaba a recordarle cosas que preferiría olvidar. Dirigió de nuevo la vista a la zorrita, dedicándole una media sonrisa mientras se acercaba a la fogata otra vez -Bueno, Chibi-chan, empecemos -


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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Hee-Young el Mar Abr 26, 2016 8:55 am




El Mar de Luciérnagas

Con Ayato en las Montañas a las 22.15hs.

La lluvia continuaba con furia, los truenos marcaban el cielo con potencia mientras que el viento parecía que deseare romper los árboles, pero Hee ya estaba acostumbrada a ello, sintiendo más molesto el conservar su ropa mojada amenazante de enfermarla, que el temor por la tormenta, pero por buena o mala suerte, depende para quien se trate, Ayato tuvo la bondad de soltar el molesto moño de su kimono, regalándole la libertad que tanto ansiaba, apreciando la espalda del joven pelirrojo conforme este se acercaba hacia la salida de la cueva, contemplando el lluvioso paisaje.

- Se lo agradezco ore-sama –finalmente, luego de tanto forcejeo la delicada prenda abandono el cuerpo de la kitsune, quien sin problema lo poso cerca de la fogata antes de tomar asiento a su lado, permaneciendo únicamente en su ropa íntima, que aún seguía ligeramente húmeda, pero aquello era mejor que nada, sin mencionar el hecho de que con ayuda del fuego prontamente podría secarse tanto su pelaje como aquellas prendas. Hee buscaba el calor de la confortable fogata, soltando uno que otro delicado estornudo mientras recapitulaba lo sucedido ese día, primero su pequeña recolección de comida, después la fuga de su hogar para llevarse a rastras al vampiro hacia una cueva, sin importarle realmente sus palabras sobre la necesidad de la zorrita por verle, puesto que era verdad, si deseaba volver a toparse con él, sabiendo que estaría intranquila si sus caminos no se cruzaban aunque fuera solo un momento, por más efímero que este llegara a volverse, porque para ella, cada encuentro depara algo nuevo y lo nuevo en su vida era un regalo que no desperdiciaría - Ore-sama… ¿Qué hacía vagando de ese modo por el bosque? –su curiosidad hizo acto de presencia de manera rápida, sin embargo a diferencia de otras veces sus ojos verdes no se encontraban fijos en los del vampiro, esta vez se concentraban en el hecho de alisar su suave cola, en un vano intento por secarla más rápido, como si el hecho de separar hebra por hebra fuese de ayuda - Es peligroso si no conoce la zona, existen muchos animales el doble de grandes que usted, fácilmente pudo ser comido por un oso… aunque claro, eso dependería mucho de su fuerza y resistencia contra un animal como ese –en ese momento su diestra llego a tomar su propio mentón, pensando en una batalla como aquella y quien podría ser el vencedor. Por un lado el oso era un arma mortal, mientras que Ayato no parecía ser físicamente tan poderoso, o al menos el meticuloso escaneo de la pequeña chica daba como resultado aquello, pero el varón contaba con el factor vampiro, alguien de esa especie no podía ser débil o de lo contrario la gente normal no les temería… aunque - Ayato-sama… ¿usted es un hombre realmente fuerte? –lentamente y sin perder detalle de la musculatura contraria, Hee se acercó al pelirrojo, tomándolo del brazo, rozando las yemas de sus dedos sobre la piel expuesta mientras le analizaba, realmente no parecía tener tanta fuerza pero dudaba que fuera débil - Por cierto… el que usted se encuentre con poca ropa no me molesta Ayato-sama, pero no malentienda, soy una sacerdotisa completamente pura, sin embargo fui criada por mi padre y los zorros de mi comuna, estoy acostumbrada en cierto grado al cuerpo masculino, pero si le soy sincera, descontando a mi padre es la primera vez que alguien del sexo opuesto me ve de este modo tan… ¿Cómo decirlo? ¿Intimo quizás? –con picardía sus calmados e inocentes ojos pasaron a verse más afilados, conforme su cola ahora un poco recuperada de tanta humedad se movía de lado a lado, realmente adoraba la sensación de hacer lo que por tanto tiempo le prohibieron, pero comprendía perfectamente la línea entre hacer cosas prohibidas y sobrepasarse, por ello se separó del ajeno para regresar a su lugar, no sin antes virarse ligeramente, recordando la otra parte de su promesa, haciendo que sus pasos retornaran hacia el vampiro, girándose rápidamente para apoyar su espalda al torso contrario, enredando su suave cola en el muslo del chico solo por la necesidad de aferrarse a algo, conforme su diestra movía su cabellera al lado izquierdo- Casi olvidaba la otra parte de nuestro acuerdo… le dije que le daría de mi sangre ¿Verdad Ayato-sama? –suspirando con nerviosismo, su piel se volvió casi de gallina, su rostro se viro lo necesario para mirarlo de reojo y su voz sonaba ligeramente ansiosa, realmente deseaba sentir aquello que llamaban “el placer de ser mordido por un vampiro” - Espero que no le moleste consumirla directamente de mi… sin embargo, sea amable, no me han mordido antes al menos no para extraerme sangre, pero de todos modos soy bastante resistente al dolor ore-sama


La lluvia seguía resonando con fuerza, la fogata lentamente se consumía y los alimentos les esperaban, pero en ese momento la sacerdotisa estaba más interesada en la sensación de los labios y dientes contrarios sobre su piel, preguntándose si aquello seria en extremo doloroso o algo más satisfactorio. Sin embargo no lo sabría hasta que el momento llegara, fuera ahora o mucho después.

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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Ayato Ichinose el Sáb Abr 30, 2016 9:52 pm




El mar de luciérnagas
Con Hee Young en las montañas a las 22:00 hrs


Dejo de observar el paisaje lluvioso cuando la esencia de Hee se intensificó, señal de que había logrado quitarse la ropa mojada. El sonido de algunos estornudos le dio a entender que el cuerpo de la zorrita había permanecido mojado mucho tiempo; se giró hacia ella y se sorprendió un poco de verla únicamente en ropa interior, a lo que reaccionó sonriendo de lado y meneando la cabeza suavemente. Ayato ya había visto a muchas mujeres de esa forma, sin embargo, no se esperó que la rubia fuera a dejar de lado el "pudor femenino", aunque claro, quedarse con la ropa empapada tampoco habría sido muy lógico. Permaneció callado mientras se sentaba junto al fuego, del lado contrario donde la chica estaba, no por timidez o algo parecido, fue simplemente porque le quedaba más cerca; tomó un pedazo de leña entre sus manos y comenzó a atizar el fuego, más por necesidad de mantenerse ocupado que por apoyar a las flamas. En ese momento desearía estar en su mansión, viendo la lluvia caer desde dentro de su habitación, donde el frio permanecía aislado y podía distraerse con alguna película o videojuego.


La pregunta de la kitsune lo sacó de sus pensamientos, ¿Qué  hacía? Solo pulular, sin ninguna orientación ni destino. Las nuevas palabras de la ojiverde le hicieron reír - Jajaja oye, no se por quien me tomas - le costaba hablar entre risas - pero alguien tan magnífico como yo no tiene la mínima comparación con un oso- sacó el pecho orgulloso, arrepintiéndose luego, pues unas gotas se escurrieron de su cabello por la espalda causándole  escalofríos - Joder.. estúpida lluvia - susurró para sí mismo mientras se llevaba una mano a la espalda para quitarse el rastro de agua, aunque fuera un poco. Mientras tanto, la sacerdotisa se había quedado callada, el pelirrojo adivinó que reflexionaba sobre algo por la mirada pensativa que poseía. Y no se equivocaba, Hee no tardó en hacer la pregunta sobre su fuerza, además, se acercó hasta el y tomó entre sus manos uno de lo brazos del vampiro - ¡¿Ah?! ¡desde luego que sí!- no desaprovechó la acción de la rubia y flexionó el brazo para denotar la musculatura de este; era cierto que su físico no lo  aparentaba, pero lo era -Ore-sama hará una demostración para ti- continuó mientras estiraba el otro brazo para tomar una roca cercana, de forma semi-redonda que  tendría un peso de 9 kilos y un tamaño regular. Únicamente con la mano izquierda, la sujetó firme para luego apretarla, haciendo que esta se rompiera en pedazos con facilidad - ¡Ja! ¿Ya lo has visto? El grandioso yo es genial - finalizó orgulloso.


La suave voz femenina se hizo presente de nuevo, esta vez explicando que no le molestaba el que ambos estuvieran semidesnudos, argumentando que vivir en el templo la había acostumbrado al cuerpo masculino en cierta medida. Sin embargo, el último comentario hizo que sus mejillas enrojecieran un poco ¿Que él era el primero? eso le gustaba; no podía evitarlo, el vampiro había sido así desde pequeño: le encantaba ser el primero en todo, le hacía sentir importante. Y a él le gustaba sentirse importante, claro está. Miró a los ojos a la chica, dándose cuenta de que esta vez tenían un brillo diferente al usual, pero sin distinguirlo por completo; la sintió apartarse de él, pero al parecer ella recordó otra cosa, pues se giró de nuevo. Ayato abrió los ojos como quien no quiere quedarse ciego al sentir el contacto de su casi desnuda espalda contra su pecho descubierto; entreabrió la boca con sorpresa cuando la zorrita enredó su cola en su muslo, quedando los dos en una posición que daba mucho que pensar. No tardó en escuchar la explicación de la rubia conforme esta apartaba su cabello, dejando a la vista la tersa y blanca piel de su cuello; definitivamente, eso era jugar con fuego.


Sus labios se curvaron en una sonrisa, mientras se concentraba en pasar la saliva que sus papilas gustativas no tardaron en producir ante el olor aun más concentrado del líquido vital de la joven. No podía evitarlo, ese aroma le fascinaba. -Mmm... Chibi-chan ha propuesto un juego interesante- murmuró con una voz más profunda que la habitual, abriendo un poco más la boca cuando los colmillos comenzaron  molestarle al aumentar en tamaño y filo -No te prometo nada- sentenció antes de rodear con ambos brazos la cintura de la chica. ¿Qué podía decir? era parte de su naturaleza; los vampiros son seres de ponzoña, causan atracción a sus victimas y luego las atacan; sin embargo, esto no siempre era así, podía ser que la victima les atrajera a ellos y no tuvieran más que esperar la oportunidad. Disminuyó todavía más la distancia que lo separaba de la piel de Hee y pronto comenzó con su "festín". El pelirrojo inhaló una vez más el aroma que desprendía la chica antes de besar su hombro derecho un par de veces: para él, la sangre y la sensualidad eran placeres que prefería disfrutar juntos; no le importaba mucho si la rubia no había mencionado algo así en el trato, simplemente se dejó guiar por el instinto.  Hizo un camino de besos lentos y suaves por el hombro y la zona que lo rodeaba, acercándose cada vez más al cuello; en el último tramo, intercambio sus labios por la lengua, humedeciendo con su saliva la piel contraria y deleitándose con el sabor de la misma, asiendo aún más fuerte la cintura de la zorrita. No pudo ocultar una enorme sonrisa que dejó ver perfectamente ambos caninos blancos y afilados sobresalir; no tardó casi nada en clavarlos con cierta fuerza en el blanco cuello frente a él, cerrando los ojos para mayor disfrute; esperaba oír los gemidos de dolor de la rubia. Comenzó a succionar, abriendo los ojos ante el sabor de la chica; sorbió más, no podía describirlo, se trataba de algo dulce y exótico, un sabor que no podía comparar con nada que hubiese probado antes. Casi por inercia, acarició un poco la piel del vientre de Hee, separando los labios de su cuello para hundir los dientes de nuevo, esta vez en el hombro, cerca del omóplato; al tratarse de una zona menos blanda,  podía sentir aun más tersa la piel, aunque quizás eso causara más dolor a la sacerdotisa. Suspiró un poco antes de enderezar su cuerpo y apartar sus colmillos de ella, pasando de nuevo la lengua por el par de heridas que había causado, olvidándose de soltar su abrazo también, pues se sentía en éxtasis ante la calidad de la sangre que había probado. - Hee... sabes muy bien- susurró para después recargar su rostro en la espalda de ella; quería permanecer en esa posición algunos minutos más.


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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Hee-Young el Mar Mayo 03, 2016 8:43 pm




El Mar de Luciérnagas

Con Ayato en las Montañas a las 22.15hs.

Jugaba con fuego y lo sabía, ardería en el infierno pero no le importaba, la sensación de aquellos labios masculinos recorrerle estremecían cada milímetro de su cuerpo, su lengua traviesa humedecía su ya de por si mojada piel, el abrazo era firme rozando la posesividad, pero ella bien sabía que aquello era como las cadenas del vampiro para no dejar ir a su presa, que en esta ocasión se ofrecía por propia voluntad, solo porque Hee deseaba calmar su curiosidad respecto al tema del joven, aprovechándolo al máximo.

Conforme el tiempo pasaba y la lluvia parecía no detenerse, un torrente de nerviosismo inundaba la mente de la sacerdotisa, era la primera vez que alguien hacia eso con ella, o mejor dicho, la primera vez que le permitía a otro ser tomarse tantas confianzas, invitándolo e incitándolo sin saber el porqué de aquello, porque su mera curiosidad no era excusa para ser tan asertiva y directa, bien podría solo preguntar o investigar, pero había algo en el pelirrojo que le impulsaba a buscar la parte práctica de la “clase sobre vampiros”. Sin embargo le agradaba sentirse tan extraña, su cuerpo estaba mojado por fuera, pero por dentro ardía de mera espera, se veía relajada cuando la verdad era que su nerviosismo estaba en grados nunca antes alcanzados, su piel tersa lentamente se volvía de gallina gracias a los espasmos en su piel, y sus labios se entreabrían dejando escapar suspiros necesitados de más atenciones permitiendo que su mirar se entrecerrara, sin embargo, en cuanto los dientes del vampiro se encajaron en su piel, todas sus alertas se activaron. Los verdes posos de su mirar se abrieron de sorpresa, la mano libre rápidamente fue a parar sobre una de las del joven, entrelazando sus dedos con esta mientras su cola hacia más fuerte el agarre contra su muslo, deslizándose de arriba hacia abajo, no escaparía de él, porque a pesar del dolor, le agradaba que la mordiera


- A… Ayato-sama… e…eso… –no supo cómo explicarse, tampoco el motivo de que su voz saliera como un delicado gemido, pero realmente no le interesaba, se mantenía firme permitiéndole a él sorber cuanto necesitara de aquel liquido carmesí, sin poder detener los jadeos conforme los segundos pasaban. Sintió la mano contraria acariciar su vientre consiguiendo que su pulgar rozara la mano que mantenía unida con la propia, suspirando cuando los colmillos se separaron de su piel, pero un nuevo gemido de dolor y placer escapo de sus labios con la nueva mordida, misma que dolió un poco más pero igualmente disfrutaba, cosa curiosa porque el dolor no era algo que gozara en el pasado, pero había algo en aquella mordida que le atraía, haciendo que su mente se apagara conforme el seguía bebiendo, Hee solo podía dedicarse a sentirlo, cerrando sus ojos relajada cuando toda acción ceso, exhalando todo el aire de sus pulmones en cuando la cara de Ayato paro en su espalda. Ella quería más, pero no comprendía que cosa era lo que realmente quería ¿Una nueva mordida? ¿Más de aquellos besos en su piel? ¿O acaso era un algo más que aún no experimentaba? La joven no sabía la respuesta, pero necesitaba encontrarla, por ello, pasados algunos segundos se giró, aun sujeta por los brazos contrarios enroscando los propios a la altura de los hombros del menor, pegando ambas frentes, rozando sus narices y manteniendo sus ojos cerrados, buscando serenarse - Ore-sama… yo… lo deseo –confeso, volviendo a abrir su mirar, dejando que el verde con el verde se fundieran nuevamente, demostrándole que no mentía cuando hablaba, porque lo deseaba, pero no sabía la magnitud de su deseo, solo comprendía que deseaba más de aquel hombre - Sin embargo… no sé qué cosa deseo de usted… solo comprendo que lo deseo de alguna inexplicable forma… por ello ¿Puedo, verlo más seguido, aun cuando abandone este bosque? – si bien inicialmente lo único que ella deseaba era estudiarlo y convivir con él durante su periodo de acampado, ahora deseaba poder extenderlo, queria estar más tiempo a su lado, pero aquel era un permiso que solo Ayato podría concederle. Espero su respuesta, centrándose en otra parte de la anatomía masculina, aquellos labios que habían abusado de su piel, mismos que escondían los colmillos encargados de perforarla segundos atrás, debía admitir que se sentían estupendamente pero nuevamente se encontraba con el dilema de no comprender el motivo de tan satisfactoria sensación, porque antes su padre había besado su frente utilizando sus labios, pero no se parecía en nada a la sensación que Ayato le concedió ¿Eso se debería al hecho de ser dos personas diferentes, o es que el vampiro tenía algo especial en dicha zona? ¿Sería ella capaz de hacerlo sentir tan bien, utilizando sus labios en él? ¿Qué pasaría si ambos labios se unían? Eran tantas preguntas y tan pocas respuestas, se encontraba tan lejos y cerca de la verdad, pero, una necesidad en su bajo vientre logro que su respiración se acelerara tanto o más que su corazón, mientras, sin darse cuenta acortaba las distancias con los labios ajenos - A…ya…to…sama…yo… –el nombre contrario escapo de sus labios en forma de un jadeo, quería pedirle permiso para terminar de acortar distancias, pero conforme más se acercaba la necesidad le gano, acabando por unir sus bocas en un contacto cálido y necesitado. Lo había besado, sin ser realmente consiente del motivo o la significancia de ese acto, solo hizo lo de siempre, se dejó guiar por sus instintos más primarios y deseos. Aquel, aunque muchos no le creerían, había sido su primer beso y eso se notaba a leguas, porque solo permaneció con sus labios pegados a los ajenos, sin moverse, solo presionándolos hasta que la necesidad de aire le hizo separarse, dejándole un pequeño cosquilleo en dicha zona que relamió con su lengua, mirando al hombre frente a ella - Ore-sama… ¿Puedo… hacerlo de nuevo, onegai? –su mente aún seguía perdida en algún extraño lugar, acompañando a su sentido común, pero a pesar de ello, no se atrevería a besarlo dos veces seguidas sin tener su autorización, porque no estaba en su sistema obligar a la gente a hacer cosas que realmente no deseaban, por ello aguardo su respuesta, sin poder apartar su mirar del contrario, estando tan cerca el uno del otro que sus respiraciones se habían vuelto una, su pecho se apretaba contra el torso masculino, y sus narices se rozaban con cada pequeño movimiento, siendo la misma una situación que le permitiría a quien los viera imaginar de todo, menos el verdadero motivo de sus acciones.

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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Ayato Ichinose el Vie Mayo 06, 2016 6:12 am




El mar de luciérnagas
Con Hee Young en las montañas a las 22:25 hrs


Su respiración fue normalizándose conforme exhalaba pequeñas nubes de vapor, producto de su aliento caliente en contraste con el frío aire de tormenta. La lluvia continuaba cayendo a cántaros fuera de la cueva y podía escuchar varios truenos resonar a la distancia, pero dentro todo era silencio y expectación. Su mente repasaba una y otra vez los sucesos que acababan de desarrollarse, repitiéndolos sin cesar como si se tratará de una película y rebobinara su parte preferida; la zorrita había resultado algo fantástico de ver en esa situación, pues no había intentado ocultar los suaves gemidos, aunque no sabía si eran de dolor o gusto, y el que hubiera pronunciado su nombre entre jadeos no había hecho mas que dejar al vampiro con un ligero sonrojo y una mente imaginando cosas más allá de lo correcto; además, la  sangre de Hee se había vuelto una adicción tan pronto había dado el primer sorbo. Fue separando el rostro de la espalda contraria, irguiendo su columna pero, extrañamente, aun sujetándola, un tanto extrañado por la mano que presionaba suavemente la suya. Estaba por retirar los brazos de su cuerpo cuando, repentinamente, la mayor se dio la vuelta, quedando de frente y causando que el rubor de su rostro se incrementara cuando unió su frente a la de él, cosa que también le causó cierta gracia, pues parecía querer robarle los pensamientos de aquel modo. Sin embargo, no pudo evitar alejarse algunos centímetros y alzar ambas cejas sorprendido cuando la sacerdotisa, en esa posición y situación le dijo "lo deseo". Su orgullo se elevó a un millón en tan solo una milésima de segundo y casi pudo escuchar un coro de aplausos y silbidos a su alrededor, como si acabara de encestar un tiro de 3 puntos, de espaldas y con los ojos cerrados (?). El resto de las palabras pronunciadas por la rubia sólo hicieron que sacara el pecho orgulloso -Era de esperarse, Chibi-chan; no lo entendería si me dijeras que no me deseas; me parece perfecta tu idea: podría venir de acampado cada fin de semana pero... - se alborotó los rojos cabellos con la diestra, observando el techo de la caverna -Es difícil; odio estar al aire libre mucho tiempo, para ser honesto, preferiría quedarme en casa donde dispongo de todas las comodidades - concluyó para luego fijar su mirada en los ojos verdes que permanecían clavados en su rostro, quedándose hipnotizado por algunos segundos ante el particular brillo que estos poseían, siendo capaz de escuchar por momentos los latidos de ambos corazones mientras su nombre era pronunciado de una manera que le erizó todos los vellos de la nuca.


Abrió los ojos sorprendido cuando los labios de ambos se unieron, quedándose de una pieza sin poder hacer nada al respecto, limitándose a parpadear intrigado conforme sus mejillas se contagiaban del carmín de su cabello. Se contuvo de reír suavemente, pues Hee demostraba no haber besado nunca a nadie (o eso quería creer él) por su falta de experiencia, sus comisuras se curvaron en una pequeña sonrisa cuando la más baja de estatura se apartó de él cuando la falta de airé lo reclamó. Sus labios se sentían suaves, incluso más que la piel de su espalda que, minutos antes, había probado. Su mente estaba en blanco o, más bien, el intentaba hacer que quedara en blanco, pues un sinfín de pensamientos hizo mella en su cerebro ¿Que se supone que debía hacer ahora? ¿Debería otorgar el permiso que le estaban pidiendo? Sonrió con cierta arrogancia, mostrando los dientes que aun conservaban una levísima coloración por la sangre que había bebido recién. -Chibi-chan, nunca pensé que fueras tan atrevida...- murmuró mientras se acercaba de nuevo a ella, llegando al punto en que sus narices se rozaban; esta vez eran sus orbes los que desprendían una luminosidad electrizante, metafóricamente hablando. -Ore-sama te permitirá hacerlo de nuevo con una condición..- sonrió ladinamente -Te enseñaré como se hace..- sin aguardar respuesta, prosiguió.


Con una delicadeza impropia en él, pasó la zurda por los rubios cabellos de la sacerdotisa, acariciando su nuca conforme acercaba su rostro de a poco, entrecerrando lo ojos a medida que la distancia se hacía menor y abriendo algunos milímetros los labios. Sus pestañas se juntaron por completo al momento en que presionó los labios de Hee con suavidad; si era primeriza, debía guiarla. Comenzó a besarla, rozando sus labios de forma tierna pero demandante mientras ladeaba su rostro con ligereza para poder amoldarse a ella un poco más; siguió con el masaje en el cabello de la chica, sin apartar los labios de ella, concentrándose en alternar sus besos entre el inferior y el superior, presionando para luego aflojar y comenzar de nuevo. Durante los pocos segundos que habían pasado desde que comenzó, su torso se había inclinado ligeramente sobre el de ella, sin riesgo de perder el equilibrio gracias a su mano derecha, que funcionaba como un soporte que sostenía la espalda de Hee. El pelirrojo se encontraba hecho un mar de emociones, pero intentaba controlarlas en la mejor manera posible mientras continuaba con el juego entre las bocas de ambos, preguntándose a qué nivel podía llegar aquel beso. Estuvo por separarse de la sacerdotisa hasta que el típico pensamiento de Ore-sama obtiene siempre todo lo que desea.... El grandioso yo no se conforma llegó a su mente. Ayato decidió hacer algo un poco más arriesgado y, separando un poco más la boca, comenzó a rozar con su lengua los labios de la ojiverde , haciendo una leve presión hasta conseguir que ella también los entreabriera. Se coló entonces por aquella abertura y comenzó un segundo juego, acariciando la lengua contraria para que ésta se uniera; era algo que por demás le fascinaba, disfrutando frotar sus papilas gustativas que, en momentos como ese, multiplicaban por veinte cada sensación. Su mano izquierda dejó de tocar el cabello de Hee para pasar a acariciar sus mejillas, extasiándose con sentir los músculos de la mandíbula moverse por la danza que su lengua ejecutaba en la boca contraria.


Por segunda ocasión en minutos, la carencia de aire los interrumpió, marcando de nuevo el espacio entre ellos conforme el vampiro apartaba el rostro con una media sonrisa y, aunque intentaba ocultarlo, un marcado sonrojo en las mejillas. A pesar de estar sin camisa o saco, con el invierno ya iniciado y, por si fuera poco, aun sin estar completamente seco, tenía calor; observó a la kitsune frente a él -Bien, Chibi-chan, ¿Has aprendido la lección?- cuestionó mientras palpaba su chaqueta para enterarse si se había secado o no.


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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Hee-Young el Mar Mayo 10, 2016 7:20 am




El Mar de Luciérnagas

Con Ayato en las Montañas a las 22.45hs.

Aguardo su respuesta con intriga y necesidad, dejando que su corazón se desbocara con fuerza, resonando y entremezclándose con los escasos sonidos dentro de la cueva, conforme los segundos pasaban, aguardando que Ayato diera cualquier tipo de señal, positiva o negativa, respecto a su pedido.

El ligero sonido de la lluvia cayendo fuera de la cueva, el cálido chasquido de la leña consumiéndose por el fuego, y el calor emanado del cuerpo del vampiro, eran el sazón perfecto para la situación que estaba viviendo, sumándole punto tras punto al marcador de su inseguridad, porque, por primera vez, Hee se sentía como una niña pequeña, tan fuera de su elemento, sin poder de decisión sobre la voluntad ajena. Porque Ayato no era de su comuna, él no le obedecería con tal solo chasquear sus dedos o pestañar un par de veces, por el contrario, era ella quien se encontraba bajo su control, era la joven zorrita quien esperaba un sí o un no antes de reaccionar, cambiando magistralmente los papeles que habían sido impuestos a su persona desde el instante mismo en que nació, y todo por un ser de quien apenas y conocía el nombre.


- Ore-sama... -repitió con deseo grabado en cada una de sus palabras, respiración e incluso mirada intensa, obteniendo por fin la respuesta que deseaba. Le había dado permiso, sin embargo la condición para aquello era dejarse instruir en el arte que era saber besar. Por un momento la rubia no supo que responder, realmente quería aquello como si se tratara del más grande tesoro o la más deliciosa golosina, pero las palabras no salían, su voz moría con cada milímetro que el Ichinose acortaba, acariciando su nuca y espalda, conforme la fémina solo se sostenía con fuerza de sus hombros, permitiendo que la nueva danza de labios iniciara.


Ayato fue delicado, buscaba acoplarla a un ritmo el cual la kitsune desconocía, pero rápidamente aprendía a imitar. Primero el delicado roce, después el movimiento de sus bocas de manera contraria para poder reencontrarse en cada nuevo tacto, Hee había cerrado su mirada hacia tiempo, guiándose únicamente por aquella peculiar forma de besar que tenía el vampiro, abrazándolo sin fuerza pero con notable necesidad, presionando las yemas de sus dedos en la suave piel contraria, dejando que su busto se comprimiera con fuerza en el pecho ajeno, permitiendo a sus corazones tener una idílica charla meramente por estar tan cerca el uno del otro. No quería, realmente no deseaba que se detuviera, necesitaba más y más de aquellos labios que la llevaban a la mejor de las demencias, porque tal como el pelirrojo parecía haberse vuelto adicto a su sangre, ella se había convertido en una total dependiente de sus deleitables caricias.


- A…ya…to… –en cuanto noto que su, de momento, profesor, se separaba, entreabrió su mirar, clamando su nombre para que prosiguiera, sin interesar que su pedido se viera como el de una niña caprichosa o la peor mujer golosa, puesto que sus acciones siempre estaban dirigidas por sus deseos, y por lo visto con el Ichinose, esto se multiplicaba a niveles insospechables. Y aun cuando Hee no comprendía el motivo de que su húmeda lengua buscase abrir sus labios, no le negó el paso, ahogando un jadeo en medio del beso conforme tan tibio musculo la invadía. Con la dureza de un flan, ambas piernas temblaron y su cola se esponjo más de la cuenta, debía admitir que su cuerpo era en extremo sensible, sobre todo a estímulos que jamás sintió, provocando que sutiles jadeos abandonaran sus labios cada que su lengua se rozaba con la de Ayato, compartiendo fluidos al igual que el oxígeno mismo - A…Ayato…sama… –nuevamente lo llamo con necesidad en medio de su danza, permitiendo que sus propias manos se deslizaran por la piel contraria, estando la derecha encargada de acariciar cada centímetro de su columna vertebral, mientras la zurda masajeaba y despeinaba la de por sí, rebelde cabellera roja. Para ella, en ese momento no existía nada ni nadie más, solo ellos dos, fundiéndose de formas que nunca antes pensó podían hacerse, pero, como siempre el aire es necesario y con la necesidad de este tanto el beso como el calor contrario abandonaron el cuerpo de una sonrojada sacerdotisa. - ¿Uh? –por primera vez en años, Hee se mantenía tan en las nubes que demoro al menos medio minuto en procesar la pregunta contraria, asintiendo a sus palabras sobre si realmente había logrado aprender algo luego de ese beso - Aprendí que, disfruto besando a Ore-sama… por ello –se viro hacia él, abrazándolo por la espalda, dejando a su lengua surcar su columna vertebral, siendo para ella una pequeña e inofensiva caricia, tal cual hacen los de su especie con los cachorros, pero para el vampiro, nunca se sabía - ¿Qué más… puede enseñarme a hacer? Prometo aprender bien –aguardando su respuesta, el recuerdo del hambre contrario le hizo liberarlo, desplazándose hasta su mochila para regresar al lado de Ayato, tomando asiento en las piernas de este, como si tuviese el entero derecho de utilizarle a su antojo, al menos en lo referente a comodidad - Deberíamos comer antes de continuar con todas sus lecciones Ore-sama –sin más dilación, la mayor tomo una manzana de la mochila antes de entregarle el accesorio al contrario, dotándole del permiso correspondiente para que comiera todo lo que deseara, después de todo era su pago - Por cierto Ore-sama… cuando le dije aquello sobre seguir viéndonos, no me refería a que fuera necesario que siempre acampara aquí, fácilmente podemos vernos en la ciudad o en otro lugar, no sería la primera vez que escaparía para hacer algo sin supervisión –estaba animada con la idea de verlo más a menudo, tanto así que no contralaba su cola o el movimiento de sus orejas, ambas completamente felices y altivas - Pero, el tiempo que permanezca aquí, le enseñare algunos lugares interesantes del bosque… después de todo, a pesar de poder verlo en otros lugares, quiero que Ore-sama regrese a verme de vez en cuando


Muchos tomarían aquello como el pedido de una niña, de un alma que no conocía el cariño ajeno, pero lo único que ella buscaba de Ayato, era un algo incomprensible, llenar un vacío que nunca supo había llegado a obtener y sin embargo allí estaba, aguardando. Esperaba que su pedido fuera escuchado, porque cuando la lluvia terminara, volverían a separar sus caminos por un tiempo indefinido, al menos hasta que el destino quisiera juntarles nuevamente.

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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Ayato Ichinose el Mar Mayo 24, 2016 5:59 pm




El mar de luciérnagas
Con Hee Young en las montañas a las 22:35 hrs


Sus labios se curvaron en una sonrisa al notar el marcado sonrojo de la joven cuando se apartó por completo. Volvió a la labor de revisar si su ropa se había secado un poco mientras reía silenciosamente al escuchar a la kitsune confesar que disfrutaba besarlo -Por supuesto que sí, ore-sama es irresistibl... ¡¡ky!!- un pequeño gritillo se escapó de sus labios al sentir la lengua contraria a lo largo de la columna vertebral, haciendo que los cabellos más cortos en su nuca se erizaran por completo -¡Chibi-chan! ¡¿Eso que ha sido?!- preguntó mientras se tocaba graciosamente la zona afectada con la mano como si quisiera sacudirse la sensación, dejándolo de lado a los pocos segundos para tomar su camisa y colocársela, aun abierta con el objetivo de que terminara de secarse al completo sin tener que estar descubierto. Clavó su verde mirada en el cuerpo ajeno, obviamente con disimulo, inspeccionándolo un poco ya que antes del beso no le había interesado mucho hacerlo pero, después, ese asunto había cambiado. Sin embargo, la mirada fue leve, pues no tardó en desviar la vista y fingió ver cualquier otra cosa mientras respondía la pregunta sobre que otras cosas podía enseñarle, esquivando las "no correctas" que su mente proponía  y haciendo que le costase hilar un frase fluida -Amm.. pues.. te puedo enseñar a.. o.. si, creo que puede- un sinfín de situaciones que no debería estar pensando le obstruían la claridad -Pues creo que todo.. todo te lo puede enseñar su excelencia; pero necesito saber primero que es lo que no sabes, así que ya sé en que emplearé mi tiempo las próximas veces que nos reunamos -


Se revolvió aún mas la roja cabellera, dejando de la do la conversación al ver a la zorrita alejarse algunos metros en busca de la mochila con la que había llegado, tomándola y acomodándose luego en sus piernas como si él mismo fuera una silla. -Tch.. vale..- murmuró casi inaudible ante el hecho y prestó atención a las palabras de la rubia, que sugería comer un poco antes de continuar con las "lecciones". Una vez tuvo la cartera en sus manos, la revisó asomándose dentro, observando recipientes con diversos platillos e incluso paquetes de comida menos "hogareña", tales como papas fritas y, no supo si irónicamente o como parte de una broma, galletas oreo. Ja-ja que gracioso... pensó al tiempo que tomaba uno de los recipientes que, para su agrado, contenía takoyakis -¡Que aproveche!- agradeció alegre antes de llevarse uno a la boca, degustándolo y sonriendo con las mejillas llenas mientras lo masticaba -¡Están buenos! tus zorritos saben cocinar muy bien- continuó comiendo hasta que, después de algunos minutos, se terminó todos los takoyakis.


Ayato le dio un nuevo vistazo al interior del bolso, distinguiendo algunos otros alimentos que le gustaban pero que, de momento, no comería, pues estaba más que satisfecho debido al festín previo de la sangre de Hee y los takoyakis -Gracias por la comida. Ore-sama la ha disfrutado y guardará el resto para los siguientes dos días que me quedan en el bosque- comento acariciando un poco la rubia cabellera de la mayor, percatándose entonces de que el golpeteo de la lluvia disminuía a cada minuto, haciéndose más suave e inconstante hasta que, finalmente, se detuvo por completo. Entonces se le ocurrió algo entre cómico y curioso: con tal de levantarse a comprobar que la lluvia había cesado y sin tener que alejar a la kitsune de él, optó por levantarla en brazos para después pasarla a su espalda y llevarla al estilo "caballito" -bien, Chibi-chan, sólo sujétate si no quieres caer. Siéntete orgullosa de que Ore-sama te lleve en brazos- sonrió. Al llegar a la entrada de la cueva, sus ojos se iluminaron un momento ante el paisaje creado ante ellos: la depresión estaba semi-inundada y el cielo comenzaba a despejarse, distinguiéndose en el algunas estrellas por sobre las nubes que se reflejaban en el quieto charco bajo ellas. La superficie del agua estaba llena de pequeñas ramitas y algunos insectos, destacando dos: libélulas y luciérnagas; estas últimas hacían resplandecer sus luces parpadeantes, regándose por todo el entorno -Tiene muy buena pinta ¿no?- comentó el pelirrojo con una media sonrisa, llevaba mucho tiempo sin apreciar algo como aquello. Planeaba salir de su pequeño refugio cuando una corriente de aire frío arremetió directo contra ellos -Coño, casi había olvidado que no tengo chaqueta y que tu estas aún más expuesta que yo- se dio la vuelta y se acercó de nuevo a la fogata, bajando a la rubia y volviendo a sentarse, atizando el fuego con una vara esperando que el resto de sus prendas se secara por completo.


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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Hee-Young el Dom Mayo 29, 2016 10:59 am




El Mar de Luciérnagas

Con Ayato en las Montañas a las 22.45hs.

No negaría que le agradaba estar a su lado, porque aun cuando el tiempo compartido entre ambos fuera tan efímero como el prólogo de una vieja película en blanco y negro, de cierto modo Ayato se le había calado en la piel, y no precisamente hablando de la mordida anterior, era algo más lo que Hee sentía, un ansia que superaba su innata curiosidad, lo sabía, ella tenía más que claro que ese hombre era especial, incluso él parecía saberlo porque su manera de hablar, aquel ego que destilaba de cada poro y que la zorrita ignoraba al ya estar acostumbrada a personas como aquellas, dejaba entrever la realidad de su mentalidad, una donde se sabía superior a todo otro ser ajeno al grandioso “Ore-sama”.

El leve tic-tac de las ultimas gotas de lluvia cayendo sobre las diversas superficies exteriores, parecían sonar idénticas a las manecillas del reloj para la rubia, logrando que la punta de sus orejas se curvara suavemente hacia abajo, mientras sus dientes se encajaban en la dulce manzana y su mirar buscaba perderse en el fuego, escuchando sin realmente escuchar las palabras de su ore-sama, todo porque ella tenía más que claro que en cuanto la tormenta culminara Ayato volvería a escapársele de entre los dedos, arrebatándole tanto sus lecciones como la mismísima compañía que mutua que se daban y entonces… ¿Qué haría? ¿Con que nueva excusa podría ir a verlo los dos días que le restaban? Su pacto estaba sellado, la sangre fue drenada y la comida entregada, entonces… ¿Sus clases bastarían para dejarle permanecer a su lado? Es decir, el vampiro mencionó que con saber lo que la joven desconocía podría darse una idea del planeamiento para los sucesivos encuentros que podrían llegar a tener. La sola idea volvía a ensanchar su pecho de esperanza, quería creer que sus palabras fueron ciertas, deseaba aceptar la muda promesa que formulaban sin pactarla en realidad, basándose solo en frases sin un hilo fijo.

De ese modo aquellos pensamientos fatalistas fueron suplidos por la esperanza, recobrando la alegría que Hee tenía al lado de aquel hombre ahora convertido en su asiento ¿Por qué? Simplemente porque junto al Ichinose podía permitirse ser ella misma, sonriendo y molestando al menor, incluso buscando tentarlo a su manera, preguntando, aprendiendo, escuchando y siendo escuchada a su vez, algo de lo cual no gozaba en su comunidad, donde ella era el todo y la nada para su gente, el inicio y el final, pero para Ayato… ¿Qué era? Quizás, solo una joven que conoció durante un campamento, siendo que a Hee, aquella etiqueta era más que suficiente.


- Pues mis cocineros siempre están probando platillos nuevos, o mejorando viejas recetas de sus antecesores, supongo que por ello el Takoyaki es tan bueno Ore-sama –virándose hacia él, le arrebato con sus labios la pequeña bolita que estaba a punto de comer, degustando la ligera tibieza que aún mantenía a pesar del tiempo que paso entre el su hurto y posterior aventura con el vampírico joven, seguramente era debido a los recipientes donde acabaron guardados, o lo cerca que estaban del fuego, sin importar la verdadera causa, el sabor seguía siendo tan único como la textura del producto, realmente era un manjar para el paladar - Está bien ore-sama, puede quedarse de momento con mi bolso también, lo recogeré antes de que abandone el bosque –la idea no era mala, aquello le daría una excusa para acompañarle poco antes de la pronta despedida del mentor en intimidad, titulo completamente falso, pero que aun así quedaba de mil maravillas - Ore-sama… ¿Dónde vamos? –tan distraída se encontraba en sus reflexiones, que no supo cuándo ni porque ahora se veía sujeta de la espalda masculina, sintiendo las frías manos varoniles sostenerle. Era curioso estar de ese modo, abrazándole por los hombros, apreciando su cuerpo comprimirse en la amplia espalda contraria, haciéndole recordar su niñez, aquel tiempo donde Dae la cargaba de la misma forma, paseando por los jardines del templo donde se crio, aquel sitio donde pudo vivir en armonía durante añares, junto a su padre y los viejos miembros de la congregación, quedando actualmente ningún ser de esa época en particular, pero si sus descendientes, principalmente porque los primeros zorritos de su comuna podrían catalogarse dentro del tipo normal, aunque actualmente las especies variaban, pero se mantenían en la idea de zorros - Hacia mucho… que nadie me cargaba de este modo… había olvidado la sensación –sonrió sutilmente, lamiendo el cuello del menor como muestra de agradecimiento, esperando que no gritara nuevamente, aunque no negaría que aquello le ocasiono una risa ahogada minutos atrás, no por burla, sino por la ternura de verle tan confundido cuando para ella, eso era normal. Finalmente en la entrada de la cueva, la escena desencadenada frente a sus ojos no podía dejar de ser más hermosa, trayéndole a su memoria el sitio que había estado planeando mostrarle aquella noche al ojiverde, aquella verde pradera donde las luciérnagas buscaban descansar, pero… si le daban a elegir, preferiría quedarse en ese lugar con el vampiro - Es precioso Ore-sama –su mejilla busco el contacto de la ajena, sonriendo por el momento que compartían. Las estrellas reflejándose en el agua como gemas, la luz de las luciérnagas alumbrando el ambiente ligeramente opacado por el escondite de la luna, y las libélulas sobrevolando el lago improvisado luego de la lluvia, puede que fuera una escena muy vista dentro de los años que portaba fémina, sin embargo, para la sacerdotisa era como verlo todo por primera vez, siendo que, lo que hacía perfecto ese instante, era la compañía del Ichinose. El solo pensar aquello le desconcertaba ¿Qué podía tener de especial compartir un momento así con él? No sería la primera vez que un paisaje como ese estaba frente a sus ojos, pero nunca antes lo sintió tan hermoso. Necesitaba respuestas a sus preguntas, una guía o manual de interpretación emocional le vendría bien, Hee se encontraba contrariada, para alguien que toda su vida se encontró en control de la situación, el verse sobrepasada por un sentimiento nunca antes sentido le era por demás, extraño, y solo tenía algo en mente… Ayato Ichinose, era el culpable de todo - Sabe… Ayato-sama me hace sentir extraña –finalmente libre de su contacto, las ideas regadas en su mente buscaban cobrar sentido, unir las piezas del rompecabezas para descubrir que le sucedía al lado de aquel particular hombre - No es la primera vez que me escapo del templo para poder divertirme un poco, pero si es la primera vez en que las manecillas del reloj parecían no querer avanzar, volviéndose eterna la espera –comprendía que el menor llegaría a perderse con el cambio de charla, pero la zorrita necesitaba quitarse aquel peso de encima, siendo parte de su personalidad el no tener “pelos en la lengua”, incluso para situaciones como la vivida. Tomando su ropa ahora casi seca, sopeso lo siguiente que diría, aquellas palabras que lograrían enterrarla o ¿Quién sabe? Puede que afianzara más la relación que llevaban ambos - ¿No le parece eso curioso? Además… descontando a mi padre, nunca nadie me había acariciado la cabeza mientras estaba sentada en sus piernas, pero, al contrario de muchas cosas que no hago, eso era porque, no sentía la necesidad de apegarme tanto a otra persona, pero con Ore-sama es diferente –un ligera risa salió de entre sus labios mientras se vestía con el kimono, dejándolo completamente abierto, conforme iba acercándose al vampiro con la larga tela que servía para mantener unido el kimono, misma que ella sabía no podría colocarse sin ayuda, porque bien tenía la opción de anudárselo al frente, cosa nada complicada, pero el llegar de ese modo al templo era algo que no podía permitirse- Creo que Ore-sama puede catalogarse como alguien especial para mí, quizás sea porque le entregue mi primer beso ¿Usted qué opina, Ayato…sama? –termino por acortar las distancias entre ambos, pegando su busto al torso del mayor, presionándose de tal modo que el escote, aun cuando no era prominente, destacaba de sobre manera, en especial por la diferencia de alturas, convirtiéndose la situación, en uno de esos momentos cuando su lado zorruno estaba mandando, demostrando la soltura, coquetería y sagacidad que su especie destilaba, todo porque necesitaba una respuesta, quería volver a sentir el contacto del menor, y un sinnúmero de deseos casi imposibles de conseguir, pero aun así lo intentaba, esforzándose al máximo a pesar de correr el riesgo de caer y tropezar, pero si no se intentaba, jamás se lograría nada - Mientras lo piensa… ¿Podría ser tan amable de ayudarme con esto? –apartándose un paso de su cuerpo, le entrego la tela girándose casi al momento, indicando que podría enredarla con esta para luego amarrarla - En verdad lamento pedírselo, pero, me es imposible el atarlo por mí misma, y si no lo amarro adecuadamente, podría llegar a soltarse al caminar, por ello, Ore-sama, mientras sigue sopesando lo que le pregunte, ayúdeme con esa tarea –su faz se viro de manera casi imperceptible, clavando su mirada en la vampírica, intentando leerle la mente sin ningún resultado. Por un momento deseo poder enfadarse ante la impotencia poseía con ese ser, en lugar de solo sonreír y relamerse, todo porque el interés nacido la noche anterior, empezaba a crecer con cada nuevo segundo - Si lo desea… podemos salir a pasear ahora que la lluvia se terminó, puedo incluso enseñarle lugares cercanos, o solo quedarnos junto al nuevo lago del bosque fuera de la cueva


Las opciones junto a él eran ilimitadas, tanto como sus sentimientos que rápidamente iban en subida, amenazando saltarse la gráfica, todo debido a sus emociones tan volátiles sumadas a la actitud peculiar de Ayato.

Si se lo preguntaban a Hee, ella fácilmente diría que no comprendía el sentimiento aun cuando en veces anteriores dio miles de consejos de amor. Pero es bien sabido que los consejos dados, rara vez son utilizados por su creador.

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Re: El Mar de Luciérnagas - Priv Ayato

Mensaje por Ayato Ichinose el Mar Jun 14, 2016 7:51 pm




El mar de luciérnagas
Con Hee Young en las montañas a las 23:00 hrs


Podía escuchar los leños arder a cada movimiento que él hacia con la rama, y eso era beneficioso, pues el calor aumentaba en consideración y pudo sentir su ropa casi seca en su totalidad. Sin embargo, sus manos abandonaron todo movimiento tan pronto la voz femenina llenó el ambiente una vez más; estaba un tanto confundido, pues las últimas palabras de la rubia habían sido respecto al paisaje y ahora lo abordaba a él como tema principal; sin embargo, la escuchó atento, alcanzando el hilo perdido en pocos segundos e interesándose por completo en el monólogo de la zorrita.


Mientras hablaba, la notó ponerse de pie y de un veloz vistazo recorrió su cuerpo, girándose de nuevo a sus propias prendas que, para su agrado, estaban casi secas también -¿Tu padre?- si bine, se había mantenido callado hasta el momento, el que ella mencionara su padre la había acariciado así antes, le resultaba curioso -Pues.. es normal que los padres acaricien la cabeza de sus hijos; mi madre no dejaba de hacerlo cuando yo era pequeño y en la actualidad todavía lo hace un par de veces cuando me ve- comentó. Hee volvió a hablar, comenzando a ataviarse con el kimono mientras mencionaba ore-sama era especial ¿Lo era? ¡Por supuesto que si!
El lo repetía a cada instante y ahora era un feliz testigo de que alguien más lo dijera. El pelirrojo se puso de pie para comenzar a abotonar su camisa, de abajo hacia arriba como acostumbraba; sin embargo, por segunda vez en minutos sus acciones se detuvieron por las palabras y acciones femeninas -¿Tu primer beso?- repitió con una media sonrisa, al parecer había acertado en su suposición. La sonrisa se ladeó un poco más al ver a la mayor acortar de nuevo las distancias que los separaban y esa sonrisa se vio acompañada por un ligero sonroja al sentir los senos de la kitsune comprimirse en su pecho por la cercanía de ambos; su vista bajó inevitablemente a la anatomía femenina, coloreándose aún más sus mejillas al distinguir las curvas y el canalillo visibles por el escote. El momento fue breve y la zorrita se apartó después de solicitarle acomodara la cinta de su kimono, cosa a la que accedió sin mayor problema, tomando la tela en manos dispuesto a enredara como se debía, pero antes de nada... se vengaría de algo. Con un rápido movimiento, su diestra hizo girar sobre su eje a la sacerdotisa, dejándola de cara a él por algunos instantes que el vampiro aprovechó para inclinarse y besar su escote, sorbiendo un poco la piel contraria para retirarse después de haber dejado pequeñas marcas, entre rojizas y moradas -Creí haberte dicho antes que jugar así con un vampiro es peligroso, Hee- la "reprendió" risueño, empezando a envolver su cintura con la tela para sujetar sus vestimentas, pidiéndole que girara un par de veces antes de atar el lazo tras su espalda.

Ayato se apartó algunos pasos para observar el resultado de su "trabajo" -Ya ha quedado- afirmó complacido por la vista -Su excelencia es un gran acomodador de kimonos y no hay manera de que alguien lo supere- alardeó mientras terminaba de abotonar su camisa, inclinándose luego para tomar su chaqueta y colocársela, feliz de que se hubiera secado al completo. Giró entonces la mirada de nuevo a Hee -Creo que tengo la respuesta a lo que preguntabas hace unos momentos- tomó la mochila del suelo y comenzó a caminar a la entrada de la caverna una vez más -Probablemente sientes todo eso por el simple hecho de ser yo... digo, Ayato Ichinose- pronunció su nombre con un énfasis de gloria -Su excelencia aceptó tu sangre como algo maravilloso... y tu gusto en general es bueno- enarcó una ceja, pues se estaba refiriendo al sabor de sus labios, que también le había gustado -Así que creo que si yo te acepto, es natural que tu deseés algo de mi- Si bien, su explicación era corta y no respondía del todo las cuestiones de la rubia, para él eso era lo que ocurría: el le gustaba, ella no le desagradaba y ambos parecían llevarse , sumando a todo el que la zorrita le complacía en llamarlo "Ayato-sama" y "Ore-sama".


-¿Pasear?- inquirió interesado, pues  aunque la idea del lago no le desagradaba, dudaba poder dejar de lado la incomodidad que sentía al ver un cuerpo de agua de esa clase en particular. Escuchaba las sugerencias de ella hasta que una peculiar idea hizo mella en su cabeza -A Ore-sama se le ha ocurrido un plan brillante- murmuró, girándose al interior de la cueva para apagar el fuego y asegurarse de no dejar nada en ella. Acto seguido, volvió donde Hee y la tomó en brazos  una segunda vez -Escucha, Chibi-chan, esta vez necesito que te sujetes bien- indicó segundos antes de que un par de alas negras surgieran de su espalda, permitiéndole elevarse hacia el cielo estrellado.



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