Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

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Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Shu Toirumi el Vie Mar 25, 2016 11:07 pm




Bienvenida calurosa... quizás...
Con Momo en la mansión a las 19:30 hrs


Shu miró el reloj de roble del recibidor, cuyas manecillas señalaban ya las 7:30 de la tarde; hacia casi dos horas que había vuelto del mercado de mascotas y aún no llegaba la chica en cuestión. El rubio llegó directo a tomar una siesta, despertandose al poco rato por golpecillos en la puerta, mismos producidos por un sirviente para notificarle la cena estaba preparada y lista para servirse en cuanto el amo lo indicara. Sin embargo, la cena no se serviria hasta después, pues la nueva "invitada" aún no aparecia y no tenia caso el iniciar sin ella; el ojiazul, ya aburrido, optó por solamente sentarse en el sofa del recibidor, aguardando que la joven tocara el timbre en cualquier momento.  Sus ojos pesaban de sueño, asi que decidió marcharse a la habitación de nuevo, dando ordenes a los empleados de que si la nueva habitante llegaba y él aún dormia, le ayudaran a instalarse.


El rubio no fue conciente del tiempo que pasó pues, apenas su cabeza tocó la almohada y sus audífonos estuvieron a un volumen considerable,  un fuerte letargo le apresó, tal como si le hubieran inducido en coma. Un olor familiar le despertó, haciendo que se irguiera en la cama; habia una esencia femenina en la  mansión; se levantó con cierta pereza, caminando despacio y arrastrando los pies al andar; el pasillo estaba vacío, cosa que le dió a entender que la mujer aún se encontraba en la planta baja, quizas apenas entrando. Atravesó los corredores de la planta alta, bajando el primer tramo de escaleras para llegar al segundo piso; cruzó la sala de entretenimiento y el cuarto de la Tv, la galeria y otras habitaciones hasta situarse en el balcón interno, que tenia vista al hall de la residencia.


Identificó al momento la peculiarmente melosa voz de la joven, distinguiendo sus rosados cabellos; traia una pequeña maleta con ella, que le dió a entender no llevaba muchas de sus pertenencias. Permaneció de pie, callado a espera de que Momo se percatara de su presencia esa chica... quien diría que tanta extrañeza puede caber dentro de una persona... pensó al apreciarla de pie, frente a él; aún no se olvidaba de sus atrevidas actitudes, empezando por toquetearlo mientras dormía para después insinuarse con él, robandole dos besos al final de su encuentro en el teatro. Repentinamente, su mirada se cruzó con la violasea de ella -Hola de nuevo, mujer pervertida...- murmuró como saludo, deleitandose con la cara de estupefacción de la contraria, que lo miraba con la boca abierta al ver que era él mismo quien ahora seria su amo -Bienvenida a Original Resonance... aqui hay varias reglas, pero las principales son dos: la primera, dejame dormir... la segunda, no debes manocear a la gente mientras duerme - le dedico una sonrisa de lado antes de apoyar los codos en la barandilla y colocar su cabeza sobre las manos.


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Última edición por Shu Toirumi el Mar Abr 05, 2016 3:58 am, editado 2 veces

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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Momo el Sáb Mar 26, 2016 4:40 pm




Bienvenida calurosa... quizás...
Con Shu en la mansión a las 20:30hrs

Cuando despertó aquella mañana, no esperaba que fuera el día en que finalmente seria comprada, sin embargo, contrario a lo que Momo hubiera podido esperar, su querido y reluciente nuevo amo no estaba en el recibidor esperándola, por lo que le informaron debería dirigirse directamente al recinto del joven, claro que, antes de ello le obligaron a arreglarse del mejor modo posible, todo con tal de darle una buena impresión al rubio, incluso la despojaron de aquel molesto collar a sabiendas de que la chica no escaparía, porque para la súcubo todo se reducía a dos posibilidades, la primera era irse rápidamente del lugar y vagar por las calles de Myr hasta encontrar un sitio donde quedarse o incluso deber trabajar en un burdel con tal de conseguir su tan necesitado “alimento” cosa que realmente no le agradaba porque la Deviluke era bastante exigente con sus aperitivos y en un lugar así al jefe le valdrían poco y nada sus preferencias alimenticias, en cambio de solo comportarse como una buena chica podría primeramente conocer a su nuevo amo y luego de ello definir qué hacer con el resto de su vida, todo dependería del adinerado con gusto por las súcubos en edad escolar quien le había adquirido.

Finalmente lista, portando un ligero vestido verde pastel en conjunto con calzado bajo negro, la jovencita fue depositada frente a la mansión de su nuevo amo. Al parecer la esperaban puesto que un mayordomo la escolto al recibidor comunicándole que el “Amo” estaba descansando pero mientras tanto ellos le atenderían. Sin más remedio la pelirosada aguardo la aparición del chico, dispuesta a inspeccionar el recinto cuando una voz realmente familiar hizo acto de presencia, obligándole a voltearse, y fue allí, donde todo su mundo cambio…


-Tu… –los ojos de Momo se abrieron con extrema sorpresa mientras su boca formaba una perfecta O, de todas las personas habidas y por haber, justamente él acabo comprándola, y eso, la jovencita no supo si tomarlo como una obra del destino o simple casualidad -Déjame ver si recuerdo… Shu, 165 años, vampiro puro ¿Verdad? –la melodiosa risa de la menor hizo eco en toda la mansión, realmente le encantaba aquella idea, todo se volvería interesante de ahora en más -Te dije que volvería a saber de ti corderito… pero –con toda la confianza del mundo utilizo nuevamente el apodo que ella misma creo para con el rubio, recordando cómo le molestaba tanto formalismo de parte de un sirviente, y si él no quería aquello, pues… no es que le molestaría actuar como siempre -Jamás pensé que sería en una relación de dependencia como esta… realmente eres intrigante –sin más demora los pasos de la menor marcaron cada vez menos distancia para con Shu, subiendo los grandes escalones con total confianza conforme hablaba -Entonces no podre colarme a tu cuarto mientras duermes para manosearte… que mal, que mal… tenia tantos deseos de hacerlo, pero realmente no me molesta esperar un poco más –finalmente cara a cara con el rubio, busco su mirada conforme una sonrisa traviesa se formaba en los labios de Momo, si antes el chico no quería tocarla, ahora no tendría opción -Ahora que eres mi amo, debería decirte ciertas cosas que no te comente cuando nos topamos la primera vez… como veras soy una súcubo y los de mi raza necesitamos alimentarnos mediante el coito… así que como mi amo supongo que será tu deber darme de comer ¿No? –arqueando una ceja continuo con aquel monologo -Y te advierto… necesito alimentarme cada siete días, los cuales vencen pasado mañana corderito, espero que puedas ayudarme ese día y los siguientes también, pero claro, si no me crees puedes investigar… podría decirse que soy algo especial como súcubo al no deber comer diario –tomando la maleta con fuerza en la zurda, la diestra se posó en la mejilla del rubio -Tengo un largo periodo en el que puedo estar sin comer… pero si quieres juguetear entre comidas je… tampoco me negare –como cada vez que se emocionaba, su larga cola se dejó entrever por la espalda de la menor, moviéndose de lado a lado, en un lento serpenteo, poco antes de que la pelirosada soltara su maleta que tan solo llevaba la poca ropa que poseía y uno que otro libro, ya que en el mercado negro no le permitían tener mucho, para al momento tomar el rostro del rubio entre ambas manos poniéndose de puntas de pie debido a la diferencia de altura para robarle un rápido beso, relamiendo al separarse -Me agradan tus reglas corderito, es más divertido manosearte despierto… –ante su mirada completo -Dijiste que eran dos reglas, dejarte dormir y no manosear a nadie mientras duerme, jamás dijiste que no podía manosear cuando estabas despierto y eso es una invitación para cualquiera –retrocedió un paso dándole algo de espacio personal, tomando nuevamente sus pertenencias antes de acercarse y sujetarlo del brazo tal cual había hecho en el teatro, posando su cabeza contra el mismo-¿Podrías ser tan amable de mostrarme el lugar e indicarme que es lo que debo hacer aquí corderito? Si me compraste como mascota es que o bien me extrañabas tanto que me necesitabas a tu lado, o, lo más probable, querías alguien para ciertas tareas –la chica sabía que lo más factible fuera la segunda opción, sin embargo molestarle en conjunto con el coqueteo innato en ella eran simplemente cosas irresistibles de hacer, solo debería esperar que no la corrieran por acoso sexual contra su amo.

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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Shu Toirumi el Mar Abr 05, 2016 5:02 am




Bienvenida  calurosa... quizás...
Con Momo en la mansión a las 19:50 hrs


No se movió en lo más mínimo cuando la joven pelirrosa comenzó a subir las escaleras, limitándose a asentir una vez ella repitió su nombre, edad y raza. No pudo evitar mostrar una sonrisa de lado cuando los sirvientes pusieron cara de incredulidad al escuchar a la recién llegada llamarle "Corderito"; sus expresiones mostraban una mezcla de impresión, enojo y expectación, prestando atención a las reacciones del amo esperando éste pusiera en su lugar a la confianzuda chica. Pero Shu no lo hizo, pues había sido cosa de sus propias palabras el que la menor le llamara de esa manera. -¿Intrigante? no se a qué te refieres...- suspiro rascando su nuca con la diestra. Un grito ahogado escapó de los labios de una de las mucamas cuando la joven insinuó sus deseos de manosearlo, causando una risita entre sus compañeras y las miradas severas del mayordomo; al vampiro ya le estaba incomodando la presencia de los sirvientes, por lo que les indicó con la mirada se retiraran del lugar.  


Sus sentidos se concentraron en la pelirrosa que ahora estaba frente a él. Permaneció callado ante el monólogo de la chica, abriendo los ojos un poco más de lo acostumbrado cada que escuchaba algún detalle relevante -Sí que eres extraña...- murmuró para sí al tiempo que la contraria colocaba las mano en su mejilla, sintiendo un extraño escalofrió recorrer su espalda pero  ignorándolo magistralmente. Abrió los ojos con algo de sorpresa cuando Momo le besó de nuevo, pareciéndole graciosa la manera en que se puso en puntas de pie para alcanzarle, pero sintiendo el sutil sabor a... ¿fresa? que desprendían los suaves labios de ella.


Sonrió ladinamente y fijó su mirada zafiro en la violácea de ella -Que mujer tan lasciva... incluso te has tomado la libertad de decidir que responsabilidades me corresponden- ajustó su audífono izquierdo, que se había resbalado un poco por la acción de la súcubo -Lamentablemente para ti... no estoy dispuesto a darte de "comer" cada que tu lo quieras... en todo caso, si llego a hacerlo será porque yo lo deseé, no por tus preferencias caprichudas- continuó, mostrando una sonrisa algo arrogante -Sin embargo, no seré un mal amo... te permito escoger a cualquiera de los sirvientes para que sacie tus necesidades de alimento... - finalizó; si la pelirrosa creía que por haberla comprado el había cambiado de opinión se equivocaba, quizás no del todo, pero para el rubio prefería investigar más acerca de ella antes de permitir ese tipo de relación. La joven le resultaba algo atractiva físicamente, pero le llegaba a desesperar un poco su actitud, después de todo, no podían tener la misma perspectiva dos personas que se llevaban casi 150 años de diferencia; Momo era una extraña mezcla entre una mujer atrevida y una niña curiosa y juguetona.


Levantó las cejas al escuchar las nuevas palabras de la joven,  que había empleado sus propias reglas  en su contra Interesante... pensó, no era algo muy común el que las personas le regresaran las palabras de esa manera.  Entrecerró los ojos y se recargó en la pared cercana -Tienes razón... suena como una invitación... Oh, espera: acabo de recordar un pequeñísimo detalle - inclinó la cabeza un poco hacia su hombro derecho -Amo dormir... así que será de mucha suerte para ti el lograr encontrarme despierto - por muy extraño que esto sonase, era cierto: Shu podía pasar hasta 19 horas diarias durmiendo. Se le podría considerar campeón olímpico; dormía de pie, recostado, sentado, incluso en el piso o sobre los muebles; muchos de sus conocidos habían pensado en ocasiones que el rubio sufría narcolepsia, pues la facilidad que tenía para dormir era extraordinaria.


Miró a la menor aferrarse a su brazo, pidiéndole le mostrase el lugar y le indicara cual sería su labor. Se quedó pensando, en realidad ni él mismo sabía para que había comprado una mascota; sólo le habían entrado ganas de tener una y por eso fue al mercado, el que fuera Momo su nueva pet era una mera coincidencia. -Que molestia... y yo que me disponía a dormir una siesta..- comentó pestañeando con lentitud y bostezando -Bueno.. supongo que podría mostrarte el lugar sólo mientras la cena esta lista- olfateo el aire, al parecer recién ponían a calentar los alimentos y alistaban el comedor. Caminó tranquilo por los pasillos, señalando con la cabeza o, si la pereza no le ganaba, con el índice las diferentes habitaciones de la segunda planta, que era en la que se encontraban. Le mostró la biblioteca, una sala de juegos, una especie de habitación-cine y finalmente, una estancia con grandes puertas de madera: la sala de música. Abrió con lentitud, levantando el brazo para que la chica pasara a observar -Bien... este es el salón de música. Puedes disponer de cualquiera de los instrumentos de esta primera instancia pero- señaló una puerta al fondo del lugar -Los que están ahí dentro son de mi uso personal; no los toques- concluyó, era bastante celoso con sus instrumentos, los que eran únicamente para él. Sin embargo, los que estaban en la primera parte de la sala no le molestaban, la joven podía disponer del piano, las violas, flautas, el violonchelo, las guitarras, los violines y todos los demás.. pero los de su sala privada no.


Pudo sentir en el aire el olor a comida, al parecer ya no faltaba mucho para que los llamaran a la mesa. Comenzó a subir el tercer piso, girando la mirada a la pelirrosa a manera de pedirle que lo siguiera; rodeó gran cantidad de pasillos y habitaciones que ya después se encargaría de mostrar a Momo. Detuvo su andar frente a una puerta blanca -Esta es tu habitación- explicó mientras giraba la perilla. Era una recámara espaciosa, con las paredes pintadas en tonos lilas; si bien, el no había previsto que la nueva pet sería una chica, había preparado una habitación masculina y esa para estar preparado en ambos casos. Los muebles, al igual que la puerta, eran de madera blanca, destacando un elegante armario en una esquina y el fino tocador en otro lado de la estancia, la cama estaba en el centro, era de tipo clásico, con grandes pilares a los costados y cortinas rodeando el colchón. -Dispones de tu propio baño... y hay un vestidor tras esa puerta. Deja tus cosas por ahora y vamos a cenar... ya tengo hambre- indicó -Puedes instalarte luego- dicho esto, comenzó a andar por el pasillo.



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Spoiler:
Perdón por la demora qwq lo he hecho un poco más extenso que de costumbre para compensar por la tardanza

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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Momo el Sáb Abr 09, 2016 6:29 am




Bienvenida calurosa... quizás...
Con Shu en la mansión a las 20:30hrs

Si Momo debía ser honesta en aquel momento, posiblemente acabaría por decir palabras no aptas para una dama como ella, porque en serio... aquel rubio empezaba a exasperarla, pero no de mala manera, porque ¿Alguna vez escuchaste aquella frase de "Cuanto más te niegas, más te deseo"? Pues con Momo era efectivamente cierta, al 100% a decir verdad, o por lo menos así sucedía con aquel hombre de esponjada cabellera, puesto que la súcubo le deseaba, sin embargo no haría nada que la devolviera al mercado ilegal y si de momento debería alimentarse de meros sirvientes, no tenia de otra, acataría la orden de su amo, aunque internamente se preguntaba si existiría alguno parecido a Shu... quizás de verla con él, el original terminaría tentado, o al contrario la trataría como una acosadora.

Realmente ¿Porque los hombres eran tan complicados? Si alguien sabia la respuesta, seria de mucha ayuda que se la dijeran a la pelirosada puesto que de momento buscaba una forma de tentar al contrario, pero algo que realmente sirviera y en lo cual no recayera al nivel de una desesperada, puesto que tamañas actitudes no iban con la súcubo. Es más, aquella debería ser la primera vez que deseaba tanto a alguien que se le negara, puesto que normalmente de ocurrir, pasaba de aquellos hombres, pero el vampiro tenía un algo más... quizás era la edad, el que ahora fuera su amo, la cercanía que tuvieron, incluso que se dejara dominar o la forma en que la derribo en el teatro sin importarle nada ni nadie... podían ser tantas cosas al mismo tiempo que la chica prefería no pensar en aquello, dejándose llevar solamente por el deseo que sentía hacia Shu.

Paso tras paso, empezaba a memorizar los diversos sitios que le estaban siendo enseñados de la mansión, quedándose particularmente admirada por la sala de música, no solo porque esta tenía el misterio del cuarto extra, sino por aquella amplia variedad de instrumentos que detonaba el particular gusto del rubio, incluso Momo admiraba la vista, quedando particularmente prendada del piano, era de madera opaca y tan hermoso que deseaba correr a tocarlo, retomando su amor por ese instrumento, aun cuando pasaron años desde su ultima vez.


-¿De verdad que no te molesta corderito? -lo vio con interés conforme volvían a caminar -Realmente llevo tiempo sin poner mis dedos sobre el piano... solo espero no estar demasiado oxidada... -suspiro con pesar, sin soltarse del brazo de su acompañante, después de todo aun tenia buen oído musical, eso lo comprobó en el teatro cuando reconoció el destiempo del piano, pero a pesar de aquello, nada le aseguraba que su memoria corporal fuera perfecta... prefería tocar y practicar cuando Shu durmiera, cosa de que no ensordecerle -El cuarto es precioso... -concedió posando su bolso sobre la cama, percatandose cuando había pasado desde que estuvo en un sitio como aquel, llegando a impactarla de cierta manera porque, si bien de pequeña conoció el lujo, le fue arrebatado tan repentinamente, que ahora era tan nuevo para ella, como lo es la primera vuelta en una bicicleta sin ruedas entrenadoras, tan familiar y nuevo al mismo tiempo, curiosa mezcla posible en la vida, pero tan poco probable que la estupefacción de Momo duro, tan solo hasta que la voz de Shu la trajo a la tierra -Comida.. ¿Ahora quien se le insinúa a quien corderito? -bromeo con él, segundos antes de salir por la puerta, tomándolo de la mano para guiarle hasta el comedor, donde solo aprecio dos platos sobre la amplia mesa... aquello no sabía si tomarlo como curioso o desconsolador, puesto que si uno era para ella y el otro para Shu, antes de su llegada quería decir que su amo se la pasaba solo ¿Verdad? ¿Sería entonces que ella fuera comprada para compañía? -No es como si realmente me moleste ser como una muñeca para él -aquello quizás era extraño, pero de todos modos preferiría eso al mercado, aun cuando todo se volviera extraño para cualquiera de los dos, de cierto modo, Momo suponía que estando con el rubio no tendría ningún daño... era demasiado confianza posada en un desconocido, misma que podría llevarla a la perdición, pero preferia se aferrarse a eso antes de vivir encerrada en un caparazón de inseguridad como la mayoría de las mascotas que conoció en su vida, motivo principal de ser tan libertina con todo, tan arriesgada y tan única, puesto que siempre vivía su día a día, como si este fuera el ultimo -Corderito... estamos demasiado alejados -con toda la confianza del mundo y sin permiso alguno tomo su plato, o lo que supuso era para ella debido a la diferencia en cuanto a cantidad de comida entre plato y plato, para luego acomodarlo cerca del joven de esponjado cabello quedando él a la cabecera y ella a su lado, consiguiendo de ese modo, acariciar cada tanto la pierna del rubio bajo la mesa -Entonces... corderito, dime algo ¿Nadie más vive en esta mansión? Es decir además de los sirvientes claro esta... -dándole una probada a la comida, sus mejillas se sonrojaron y sus papilas gustativas parecían volver a la vida... ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que comió algo tan elaborado como aquello? Quizás hacia tres meses cuando trabajo en un café, pero tal como el teatro, eran pequeñas labores que no solían durar más de dos semanas, en las cuales el mercado negro enfrascaba a sus mascotas para conseguir algo de dinero para sí mismo, o, como este decía, "mantención del estilo de vida de cada mascota" -Sabe... exquisito Shu... deberías comer... anda, prueba de lo mío -como toda una niña pequeña, acerco algo de carne al rubio, olvidando por completo que aquella mansión le pertenecía, siendo que ese tipo de comidas eran algo del día a día para él, pero la Deviluke no tenía mente para cosas tan fáciles de procesar, la emoción y sabores nuevos inundaban sus papilas gustativas de tal modo, que hasta sus ojos brillaban de emoción, pero no fue sino hasta oír una pequeña risilla que presto atención a otra persona en aquel lugar, parecía que era el cocinero de la mansión quien llevaba una pequeña salsera, misma que alego se habían olvidado de llevar a la mesa, y claro está que Momo reparo en el joven. Cabellos negros, mirada zafiro como la de Shu, su musical risa y esa mueca alegre pero sería al mismo tiempo en su faz... con solo eso lo supo -Dijiste que podía tomar como comida a cualquiera ¿Verdad? -sus ojos continuaban fijos en la puerta por la cual el chef había desaparecido. Al menos sabía que si Shu no le daba de comer, tenía en mente a quien tentar hasta que su amo cambiara de opinión.


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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Shu Toirumi el Sáb Abr 16, 2016 1:21 am




Bienvenida  calurosa... quizás...
Con Momo en la mansión a las 20:50 hrs


Le dedicó una mirada que.. bueno, no denotaba ningún sentimiento; simplemente había sentido que debía mirarla cuando  ella hizo el comentario sobre el piano. ¿Momo tocaba? quizá se lo pudo haber esperado, después de todo, había demostrado tener buen oído musical al percibir los errores de la orquesta aquella noche en el teatro; errores que, por cierto, se había tomado la molestia de hacer notar al director una vez la representación hubo terminado. Una sonrisa ladina recorrió su rostro al escuchar las palabras de la chica, quien le acaba de encontrar el doble sentido a su propuesta para bajar a cenar No tiene remedio... pensó algo divertido, adoptando de nuevo su semblante serio cuando la menor le tomo de la mano para ir rumbo al comedor. Shu sintió un leve cosquilleo en el vientre al ver los dos platos sobre la mesa... hacía muchísimo tiempo que no comía acompañado de alguien y eso le causaba una mezcla entre emoción y nerviosismo, aunque no tenía bien claro el porqué. Se percató de que la pelirrosa le miraba y al parecer compartían pensamientos similares, con respecto a la soledad de él... estaba rodeado de gente y solo, bastante irónico. Se encaminó a su lugar en la cabecera y meneó la cabeza suavemente cuando la ojivioleta movió su plato al asiento contiguo, entretenido con la actitud de la chica, alzando las cejas y mirándola con los ojos entrecerrados cada que ella posaba disimuladamente su mano cerca de su rodilla o incluso a medio muslo -Ah... insisto en que eres una pervertida de primera..- murmuró a modo de "regaño", comenzando con su comida.


Dejó el tenedor de lado un momento para responder la pregunta que la pelirrosa  le había hecho -¿Ah? pues... los sirvientes viven en una casa adjunta en la parte trasera de la mansión, solo algunos habitan aquí mismo. No tengo familia ni nada parecido... sí, vivo solo aquí. Aunque a veces mi madre viene de visita con su pequeño séquito y... - se interrumpió a sí mismo al ver la expresión de Momo al probar la comida: se veía adorable. Como acto reflejo, inclinó su espalda hacia atrás, apartándose de la cuchara que le ofrecía la menor,  parpadeando un par de veces confuso ante su repentina actitud y sus actitudes infantiles, sintiéndose él un niño al mismo tiempo. El rubio estaba acostumbrado a comer ese tipo de cosas y, en realidad, pensaba avisar a los empleados de la cocina que agregaran un poco más de sazonador y quizás algunas gotas de limón extra para mejorar el gusto... o al menos eso pensó hasta que se dio cuenta de que a Momo le encantaba; quizás no estaría mal dejar las cosas como estaban si ella estaba feliz. Reflexionó de pronto sobre sus propios pensamientos, sonrojándose ligeramente ¿Por qué le importaba si ella era feliz o no?. Agradeció al universo el que la joven estuviera tan enfrascada en su plato, pues eso le dio el tiempo suficiente de ocultar el rosa de sus pálidas mejillas.


Siguió comiendo, tranquilo, ignorando al chef que dejó las salsas sobre la mesa y se retiró al poco tiempo. Escuchó la pregunta de la chica -Si, puedes alimentarte de quien quieras - le dijo sin prestar mucha atención, dándose cuenta de lo que había respondido a los pocos segundos,  dirigiendo una rápida mirada a Momo y sintiendo su sangre arder por momentos, pues ella observaba la puerta por la cual se había marchado el pelinegro momentos antes; era demasiado orgulloso como para negar algo que él mismo había dicho antes, así que no se molestó en corregir el permiso de acostarse con cualquier empleado.  Se sintió extraño, con una emoción dentro de sí que no tenía idea de cómo describir... -Estoy lleno... ya he terminado- comentó antes de abandonar el lugar, viendo por el rabillo del ojo que un sirviente aparecía cerca de ahí y recogía su plato, que aún conservaba la mitad de la comida. Subió las escaleras con las manos en los bolsillos, acomodando el saco sobre sus hombros y desabotonando un poco su camisa, el calor que sentía seguía aumentando. ¿Acaso eso era la ira? pero... ¿ira por qué?. Aún con el mar de emociones que le envolvían, su semblante se veía como de costumbre: sereno y adormilado. Repasó mentalmente las actividades del día, dándose cuenta de que no había dedicado tiempo a la música, aparte de su  ya permanente uso de auriculares. Atravesó los pasillos del segundo piso y, finalmente, abrió la puerta de madera; ignoró los instrumentos de la sala principal y se encaminó directamente a su "habitación personal", sacando una llave de su bolsillo y girándola en la cerradura para abrir la puerta y entrar.  Se trataba de una estancia espaciosa, pero no en exceso, con paredes color caramelo y piso de madera para dar mayor resonancia a la música; había un piano de cola en una esquina y, al igual que en la sala anterior, una gran cantidad de instrumentos, aunque estos no estaban igual de ordenados que los otros. Contra una pared, había un sofá en el que frecuentemente se dormía los días en que la pereza le ganaba y no deseaba ir a su dormitorio; sobre el sillón, estaba un estuche negro, perfectamente limpio y acomodado para que no cayera al suelo. Shu se acercó y pasó los dedos por la caja sintiendo tranquilidad al contacto con la superficie de textura irregular; abrió con cuidado el estuche y se pudo apreciar un violín color terracota, bastante hermoso. No tardó en tomarlo y en posicionarse para comenzar a tocar: unas suaves notas salieron de las cuerdas conforme el las frotaba con el arco, comenzando una melodía tranquila que le hizo dejar la tensión de lado. Fue aumentando la intensidad de sus movimientos, dejando salir de sí las emociones que todo el tiempo ocultaba bajo semblantes inexpresivos, creando así una canción cargada de energía, una energía que costaba creer provenía del ojiazul. Cerró los ojos entregándose por completo a la música... no era una exageración decir que la música era vida para él.





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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Momo el Jue Abr 21, 2016 6:21 am




Bienvenida calurosa... quizás...
Con Shu en la mansión a las 20:30hrs

Sus ojos se habían quedado prendados de la nueva presa, imaginando lo que podría llegar a hacerle, sin embargo en medio de sus ensoñaciones lo único que acudía a su mente era la faz del rubio, provocando un evidente dejo de molestia en Momo quien pensaba haberse encaprichado en demasía con su nuevo amo, siendo eso lo más sensato para la chica, ya que a su parecer no podía existir ningún otro tipo de explicación lógica para su extraño malestar mental.

Busco algo de paz, concentrándose en la comida, pero en ese momento Shu se levantó alegando ya no tener hambre mientras abandonaba la mesa, cosa curiosa, había pasado de 10 a 0 en niveles de calma en menos de un minuto ¿Seria acaso que hizo algo para molestarle? -Dudo haber dicho algo malo… ni siquiera lo manosee en el último minuto –un nuevo y largo suspiro escapo de los labios de la menor, no podía comprender a su amo, parecía ser una de las más elaboradas telarañas, después de todo se lo había topado de la nada en aquel teatro, donde le mostro faceta tras faceta de su personalidad, y seguramente de no ser interrumpida, incluso había conseguido algo mucho mejor que solo beso. Después de tan esporádico encuentro, debía admitir que no pudo sacárselo de la cabeza, casi como si en su mente musitara un cantico para reencontrarse, pero jamás sospecho que el destino los juntaría como amo y mascota, pero la vida era así y ella nunca se quejaría de tan buena elección, o eso esperaba, porque en ese instante, todo parecía haberse vuelto hielo entre ambos, instantes después de que el cocinero se perdiera en sus labores… pero… quizás -No creo que se pusiera celoso… –nuevamente hablaba para sí misma, acomodando su mejilla derecha sobre la palma de su mano, dejando a su codo reposar sobre la mesa, todo con tal de hacer soporte para su cabeza, estando completamente segura de que nadie más podría oírla, o que de hacerlo, simplemente secretearían el uno con el otro como buenos empleados de una mansión donde una intrusa, en este caso Momo, llegaba para revolucionar el todo, cosa que la súcubo comprobó por la exageración de las empleadas cuando se atrevió a llamarle corderito, parecía ser la única quien realmente lo trataba como solo un hombre y no el dueño del lugar… dato curioso que debería recordar -Como sea… lo mejor será…


Con lentitud ambas manos se apoyaron sobre la mesa, conforme se levantaba de su sitio, viéndose interrumpida en tan raro monologo cuando una dulce melodía llego a sus oídos. Aquello no era una reproducción, tampoco intentaba imitar una partitura puesto que Momo conocía miles de las mismas, tenía tantas memorizadas a fuego en su mente que sería raro no las reconociera.

La intensidad era sublime, la energía que despedía electrizante y el sentimiento tan profundo como un delicado lamento que no podía definir si era bueno o malo, solo comprendía que su corazón latía con fuerza, repiqueteando potentemente una y otra vez. Momo no lo pensó, ni tampoco dudo cuando empezó a caminar escaleras arriba, guiándose por su estupenda audición hasta el salón de música, sin embargo Shu no estaba en el primer cuarto, por ello, confiada giro el pomo de la puerta para adentrarse en la sala que secundaba el sitio donde tenía permitido tocar música, quizás Shu le advirtió no tocar ningún instrumento, jamás le dijo que le negaba el placer de ver como él tocaba, por ello aguardo en silencio, con su espalda contra la puerta recién cerrada hasta que el vampiro termino, solo entonces un muy suave aplauso hizo eco en el amplio cuarto.


-Realmente eres bueno, demasiado –la mente de la joven aún conservaba vestigios de la dulce melodía, consiguiendo que la tarareara sin darse cuenta mientras se acercaba al contrario, abrazándolo por los hombros, sin buscar sus besos ni nada diferente al calor de su cuerpo -Admito que me atrapaste… la forma en que tocas es… ¿Cómo decirlo? Apasionada –de ser otra persona, quizás hubiera utilizado exquisita, soberbia, y aquellas palabras tan comunes que años atrás le habían inculcado, sin embargo ¿Para qué promulgar aquellos modales carentes de verdadera emoción? Con Shu quería ser honesta, expresar lo que realmente había pensado y sentido, pero no conseguía otra palabra que no fuera la pasión, y no, aquello no nació por su lado súcubo, simplemente pudo captar el alma del rubio en su música, algo que ella nunca pudo hacer puesto que cuando tocaba el piano, si bien amaba el instrumento, la manera tan forzada en que debió aprenderse partitura tras partitura, sin permitirle expresarse a sí misma no podía compararse a lo que escucho hacía pocos minutos -Ahora comprendo porque tenías tan buen oído en el teatro… realmente eres fantástico… pero –ladeo su cabeza levemente, mirándolo a los ojos mientras sus mejillas pálidas se tornaban de un leve rosado, no estaba acostumbrada a pedir cosas “normales”, en especial después de tantos años sin recibir absolutamente nada del mundo, resumida a lo que querían darle las personas de mercado negro si era una “buena chica”, incluso en su infancia las cosas habían sido similares, ya que al tratarse todo sobre complacer a su supuesto padre, no le daban más de lo necesario y por ello tenia rotundamente prohibido desear más de lo que ya le otorgaban -Puedes… tu… –titubeo, apretando la tela de la prenda contraria entre sus delicadas manos, conforme sus ojos viajaban por el cuarto, detestaba verse como una niña tímida, cuando su personalidad solía ser todo lo opuesto, pero en esa ocasión, los nervios le traicionaban, puesto que fácilmente el rubio llegaría a negársele -Corderito… ¿Te molestaría volver a tocar para mí? –finalmente había pronunciado aquello que tanto le costó, sintiendo como un peso abandonaba sus hombros, pero Shu no le respondía aun, y eso solo lograba que los nervios y sonrojo de la joven aumentara, porque Momo podría ser una atrevida, extrovertida y cientos de cosas más, pero como toda persona, cuando algo nuevo se presentaba en su vida los nervios le atacaban sin clemencia, y para ella la normalidad humana, era un mundo por descubrir.


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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Shu Toirumi el Vie Abr 29, 2016 8:36 pm




Bienvenida  calurosa... quizás...
Con Momo en la mansión a las 21:10 hrs



Estuvo tentado a detener el movimiento de sus manos cuando sintió la puerta, que estaba de espaldas a él, abrirse; sin embargo, una pieza de ese calibre no debía ser interrumpida, y el rubio no tenía deseos de hacerlo. Continuó con su canción, creando un "decrescendo" en las notas de su armonía y disminuyendo el ritmo a intervalos, acabando con la música de una manera suave. El silencio duró poco, pues la menos comenzó a aplaudir tan pronto la melodía hubo cesado; no respondió nada al alago de Momo, tampoco se movió cuando la chica se abrazó a su cuerpo, viéndola por el rabillo del ojo ya que su mirada seguía fija en la "interesantísima" pared opuesta. Apasionada... la palabra usada por la pelirrosa hizo eco en sus pensamientos. no podía negarlo, la música era justo eso, era su pasión; fue la música la que lo salvó cuando, muchísimo tiempo atrás, su corazón había sido pisoteado por aquel que él llamaba padre, alejándolo de toda la felicidad que alguna vez tuvo. la música estuvo ahí para él así que ¿por que no decantar todos sus sentimientos en ella?


Volvió a la realidad, pues sus pensamientos lo habían sacado de la misma; dedico una mirada al instrumento que había dejado reposando sobre una mesa cercana, pudo ver reflejados en la madera los recuerdos de su infancia, un pequeño  de ojos azules siendo regañado por sus padres al saltarse las clases de música. Esa era la historia real, el jamás disfruto de la música cuando era un crío, huía de aquello que lo obligaban a aprender; no fue hasta que sintió el vacío dentro de sí que decidió acercarse a su instrumento esta vez por gusto, descubriendo al violín como su nuevo mejor amigo, después de la almohada, claro, y a sí mismo como alguien talentoso. Los comentarios de la ojivioleta se colaron en su cabeza, observándola con expectación cuando ella pronuncio ese "pero..." concentrándose en las reacciones de la chica ¿Qué quería decir? No pasó por alto el leve sonrojo que tenía sus mejillas, tampoco ignoró la manera en que se removía, avergonzada e inquieta ¿Mmmm? ¿Cuántas sorpresas más puede esconder alguien como ella? se preguntó a si mismo. Sus ojos se clavaron en los de ella, seguía sin hablar y el esperaba sus palabras callado. Después de repetidos balbuceos, la súcubo al fin articuló la frase completa; alzó las cejas ante su pregunta ¿Tocar para ella? El rubor en las mejillas de la menor se intensificó conforme los segundos pasaban y él no respondía. ¿Qué pensaba? bueno, para Shu la música lo era todo, y justo por eso, la recelaba demasiado. ¿Por qué habría de tocar para alguien que recién había entrar en su vida? - No, no me molestaría...- hizo una pausa mientras se alejaba un poco de ella, observando por la ventana que había obscurecido por completo - Pero no lo haré, demasiado trabajo ahora...- finalizó mientras se recargaba en la pared y cerraba los ojos por instantes.


Un leve "beep" en su móvil le indicó que había recibido un mensaje. Se dedicó a abrirlo y leerlo con calma, mientras se dejaba resbalar por la pared de madera hasta quedar sentado en el suelo del mismo material -Ah.. noticias- comenzó a explicar buscando con la mirada a Momo - De acuerdo a lo que tu ya me habías comentado aquella vez en el teatro y en vista de tu registro en el catálogo del mercado... Me he tomado la libertad de inscribirte en el instituto de Myr - le dijo cerrando los ojos una vez más - Iniciarás tus clases el lunes que viene, mientras tanto... habrá que dedicarnos a establecerte adecuadamente en esta casa - bostezó con su característica pereza - En estos días iremos a comprar lo necesario para tu estadía: ropa, calzado, artículos para tu cuarto y demás, a menos que prefieras que las criadas lo elijan en tu lugar y se encarguen ellas de las compras - dio la alternativa, por si a la joven no le apetecía caminar. Una vez terminó de hablar, esperando la respuesta de la menor, llevó amabas manos a los auriculares que pendían de su cuello para colocarlos de nuevo e sus oídos. Estaba bastante cansado a pesar de no llevar más que un par de horas despierto.




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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Momo el Mar Mayo 03, 2016 7:00 pm




Bienvenida calurosa... quizás...
Con Shu en la mansión a las 20:30hrs

Los nervios de Momo se sentían en todo el ambiente, cortando un poco la paz que este proveía, después de todo, ante su falta de costumbre por recibir algo ajeno a lo que se suponía merecía, la joven prácticamente temblaba internamente, esperando cualquier tipo de regaño, reprimenda o incluso la peor de las negativas, estaba acostumbrada a ese tipo de decepciones, demasiado a decir verdad, incluso para tan corta edad. Pero, ante las palabras de Shu, con tan solo oír el tan sutil “No, no me molestaría”, el corazón de la súcubo empezó a latir con potencia, creyendo por escasos segundos que finalmente alguien atendería un pedido nacido de ella, muy diferente a los realizados cuando necesitaba alimentarse, uno tan puro y sincero como los que rara vez podrías creer que era capaz de formular.

En ese momento, tan solo por diez segundos entre frase y frase del rubio vampiro, los ojos de Momo brillaron como hacía años no pasaba, incluso más que durante la cena, pero como todo en su vida, el momento de felicidad fue decayendo rápidamente, regresándola a la cruda realidad de su perezoso amo, quien le había ilusionado para luego quitarle su miligramo de felicidad. Otra adolescente hubiera llorado, pataleado e insultado al mayor ante tamaño cambio de ideas, pero la pelirosada solo suspiro, tomando asiento en el pequeño hueco conformado por las piernas del ahora sentado Shu, como si aquel puesto siempre le hubiera pertenecido, actuando como una especie de novia, hija o mejor amiga del contrario, apoyando sutilmente su espalda en el pecho contrario, dejando que este reposara su mentón –casi por obligación – sobre su rosácea melena, conforme le escuchaba anunciar que de ahora en más podría asistir a clases.

Un pardeo, dos, tres, incluso cinco fueron los que realizo la menor, no podía creer que realmente aquello fuera cierto ¿Cuántas veces antes, durante la época donde su vida se veía limitada a las paredes de su alcoba, había deseado poder asistir a una escuela normal como cualquiera otra niña? ¿Qué tantos sueños tuvo durante el inicio de su vida en aquella tienda ilegal, en los cuales su madre regresaba por ella y ambas formaban una vida normal, o quizás el más irreal y ahora cumplido sueño, donde un amo lo suficientemente amable le concedía la posibilidad de escolarizarse, aunque fuera por el fetiche de tener una colegiala en su hogar? Y ahora, aquel hombre, tan peculiar, tan extraños e irreal no solo la trataba de buena manera, sino, le daba aquello que por tanto tiempo deseo. La Deviluke no tenía palabras que expresar, por una vez su garganta se veía obstruida por un pequeño nudo, quería llorar de felicidad, expresarle su gratitud, besarlo hasta que sus labios se desgataran y un sinfín de cosas más, pero, contra todo pronóstico lo único que su cuerpo atino a hacer fue virarse y abrazarle con fuerza, escondiendo su faz en el pecho del corderito, ciñendo sus delicadas manos en la descolocada chaqueta de Shu, estaba feliz, tanto que las palabras no salían de su garganta, sin embargo era necesario forzarse a hablar, debía responder sus preguntas, era lo menos que podría hacer.


-Si no es molestia… vamos ambos de compras –dulce, un poco suave y rasposa era la forma en que sus palabras resonaron, muy contrario al típico sonido que emitía con aquellos aires de superioridad y travesura, aquel día estaba mostrando más facetas de las necesarias y eso que solo llevaban pocas horas de convivencia, pero estaba feliz, agradecida y mucho más, motivo principal de optar por esa opción, porque si le daban a elegir, preferiría mil veces ir con el rubio de compras, no solo para pasar tiempo a su lado, sino para asegurarse que cada cosa que gastara en ella fuera de su agrado, era lo mínimo que podía hacer o eso creía ella -Y por cierto corderito… –lo llamo extendiendo sus manos hasta lo audífonos ajenos, quitándoselos unos segundos, quería estar segura de que la escuchaba a ella y no la música -Yo… –cerro los ojos sopesando las palabras que utilizaría, para al abrirlos sonreírle con entera gratitud, acercándose lentamente al rubio conforme su mirada volvía a cerrarse, ajustando sus labios a los del mayor, besándolo por quien sabe qué vez desde que se habían conocido, pero esta vez fue diferente, no eran sus típicos besos traviesos y esporádicos, este fue lento, preciso y un poco deseoso, moviendo sus labios sutilmente en los ajenos buscando consentirlo más a él que a sí misma. Primero los unió en un cálido tacto, luego se dedicó a besar su labio inferior, rozándolo suavemente para atraparlo y jalarle levemente obligando a entreabrir su boca, ladeando su faz para amoldarse aún mejor a él, tomándose su tiempo para el siguiendo movimiento, dejando que sus alientos se entremezclaran hasta fundirse en uno solo, volviendo a besarle, solo que esta vez su lengua se coló entre la pequeña abertura que había creado, buscando la del vampiro, invitándola a jugar con pequeños y delicados roces, acariciándola, rodeándola, intentando estremecer tan delicado musculo conforme un pequeño suspiro se escapó de entre sus labios, alargando el contacto lo suficiente para que el aire fuera necesario, antes de separarse por completo, llevando su faz a la curva del cuello contrario, depositando un pequeño beso en dicha zona, quedándose completamente quieta -Realmente te lo agradezco –dicho aquello sus labios se curvaron en una sonrisa perceptible en la piel ajena, conforme volvía a colocarle los audífonos tal cual los tuvo minutos antes, sintiéndose cómoda y segura contra su cuerpo, cosa curiosa, nunca antes nadie consiguió darle tal paz a la súcubo. Para sus adentros Momo supo que empezaba a querer a ese hombre, volviéndose un tanto dependiente de su compañía, cosa que a futuro comprendía podría ser peligrosa, en especial si el destino volvía a interferir de manera negativa para con ella, arrebatándole la felicidad que obtenía, porque, querer a alguien significaba entregarte de modos que Momo había optado por obviar, simplemente para protegerse a sí misma, pero Shu empezaba a colársele con actos tan simples, tan comunes para la gente normal, pero que para Momo eran demasiado valiosos -Corderito yo te escuche tocar a ti… ¿Qué tal si me escuchas ahora tu a mí? –si bien le encantaba estar en medio de su calidez, de quedarse más tiempo sobre su regazo, apegada a Shu, las cosas se volverían complicadas y de momento Momo prefería estar relajada, por ello, no tardó mucho en levantarse para guiar al ajeno al cuarto contrario, donde se encontraba aquel precioso piano que momentos antes miro con tanto afecto, recordando el tiempo donde aún podía considerarlo como un viejo amigo, mismo con quien se enemisto y ahora buscaba reconciliación. Tomo asiento algo nerviosa, empezando a ajustarlo a su altura, hacia años no tocaba, pero necesitaba calmarse un poco, quitarse las ideas extrañas que empezaba a tener sobre su amo -Puede que, no pueda crear una pieza como lo haces tú, pero al menos se interpretar –de manera juguetona le enseño la lengua, antes de empezar con la sonata para piano n.º 14 en do sostenido menor "Quasi una fantasia"*, o mejor conocida como “Claro de Luna”. Inicio algo nerviosa y eso se vio reflejado en su música, pero conforme continuaba todo cambio, el ritmo empezaba a notarse más acompasado, las notas se interpretaban casi a la perfección y sus nervios empezaban a abandonar su ser conforme sus dedos se movían sobre las teclas. Puede que no fuera perfecta, quizás no tuviera tanta alma como la música de Shu, pero aquella fue una de las primeras canciones que aprendido a tocar en un piano y le tenía gran afecto, por ello y porque su corderito la oía es que se esforzaba en interpretarla lo mejor posible, entrecerrando su mirada conforme llegaba al final, completamente sumida en su pequeño mundo, dejando escapar un suspiro cuando finalmente termino con aquello -Me hace falta practica… pero seguro la reconociste ¿Verdad? –sin levantarse de su asiento lo miro atenta, aguardando su respuesta -¿Conoces la historia de su creación? –se estiro bajando la tapa de las teclas del piano, para no cometer la torpeza de hacerlas resonar conforme hablaba -Según recuerdo, decían que Beethoven la creo para una de sus alumnas de la aristocracia, al parecer ella era mucho menor que él sin embargo terminaron enamorándose, o al menos él se enamorado, pero los padres de la joven no aprobarían una relación amorosa con el músico, al final la mujer se casó con un músico amateur que no le llegaba ni a los talones a Beethoven, rompiendo así su corazón… ¿No te parece algo trágico? –sopeso aquella historia que hacia tanto le relataron -Si ella hubiera sido más determinada, o si Beethoven se hubiera esforzado un poco más… quizás, aunque su romance fuera breve hubieran podido ser felices juntos ¿No lo crees? Después de todo, cosas como la edad no son tan relevantes –nuevamente se levantó, acercándose al contrario, apoyando sus manos en su torso, colocándose de puntas no para besarlo, sino para mirarlo con humor y travesura impregnados en toda su faz -Por eso te acosare lo necesario corderito, la edad no me molesta, tampoco el estrato social… a ver si esta vez Beethoven si se queda con la chica –una pequeña risa se le escapo, después de todo jugaba con él, aunque era verdad que lo veía como más que un simple amo, pero eso era un secretito que se lo guardaría para otra ocasión.

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*Link de la melodia






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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Shu Toirumi el Vie Mayo 06, 2016 3:03 am




Bienvenida  calurosa... quizás...
Con Momo en la mansión a las 21:10 hrs



No se movió aun cuando no le parecía del todo correcto el que la menor se tomara la confianza de sentarse de esa manera entre sus piernas, pues su cabeza llegaba a tocar su barbilla y, por otro lado y como motivo principal, el estar tan próximo a ella hacia que él quisiera beber su sangre, ya que el cuello de la pelirrosa estaba semi-descubierto por su pálido vestido verde. Se concentró por completo en la música que escuchaba  a través de su reproductor; sin embargo, entreabrió el ojo izquierdo al percibir cierto temblor en el cuerpo femenino. ¿Es que había dicho algo malo? La voz de la chica pidiendo que ambos fueran de compras le pareció extraña, no la había escuchado hablar con ese tono en ningún momento hasta entonces, aunque supuso que eso se debía a que llevaban menos de veinticuatro horas en convivencia mutua y él no la conocía lo suficiente. Estaba tan perdido en esos pensamientos que pasó por alto el que la menor le arrebatara los audífonos a sus oídos, reaccionando únicamente hasta que el "Yo..." fue pronunciado por la sucubo. No fue consciente de qué expresión tomo su rostro ante la cálida sonrisa que acababa de recibir por parte de Momo, una sonrisa tan dulce que incluso dudó se tratara de la chica que, hace algún rato, había estado manoseando su muslo por debajo de la mesa.


Shu se quedó de una pieza cuando la ojivioleta fue acortando las distancias entre sus labios y, de un momento a otro, lo dejó únicamente con la vista de sus rosadas pestañas y las mejillas levemente sonrojadas. Tan pronto sintió el roce de la piel contraria sobre sus labios, un caudal de pensamientos cayeron en su mente, haciéndolo incapaz de reaccionar de cualquier manera. Recordó, por breves momentos, como él mismo había besado de manera similar a Mika hacia más de un siglo para después arrodillarse y pronunciar con su melódica voz las palabras que acabaron cambiando el rumbo de su vida "¿Quieres ser mi esposa?". No quería recordar nada de aquello, pues cada que se hacia presente en sus pensamientos, le resultaba imposible evitar el nudo que se formaba en su garganta y, en ocasiones, el que sus ojos azules se cristalizaran en lágrimas. Pero esta vez era diferente pues, a pesar de los recuerdos que aquel dulce beso le trajo, no sentía dolor; podría describirlo como una mezcla de paz y alegría aunque ¿Alegría por qué?. Decidió dejarse llevar: sus ojos, antes abiertos, se cerraron al igual que los de la pelirrosa y se concentró en corresponder los movimientos de la chica; sus labios bailaron sobre los de ella e incluso se sintió con la confianza de rodear su cintura suavemente con la diestra, mientras la zurda permanecía como apoyo en el suelo. Cuando Momo beso su labio inferior, él hizo lo opuesto, concentrándose en el superior para que el movimiento de ambos no se viera interrumpido; sus labios fueron entreabiertos y pudo sentir claramente la esencia y aroma que desprendía la sucubo: era como el olor de una golosina, algo dulce. Se preguntó a qué olería el ¿A almohada? Pensaba en eso cuando sintió la presencia de algo ajeno en su boca, un algo bastante húmedo y resbaladizo. Como reflejo involuntario (aunque no estaba seguro si era realmente involuntario o no) su lengua comenzó a producir un poco de saliva, misma que no tardó en pasar para luego repetir el gesto de la menor: su lengua invadió la cavidad bucal ajena. Tocó sus dientes, centrándose en molares y premolares, pues sabia que al aplicar presión sobre esa zona, se experimentaba una sensación placentera; se dedicó después a acariciar la lengua contraria tal como la chica incitaba, frotándola con suavidad y, a la vez, sorbiéndola un poco, conteniéndose de darle una pequeña mordida, cosa que al final terminó haciendo a modo de "reprimenda" por ingresar en propiedad ajena (?). Se percató de la falta de aire en la menor y pronto se vio separado de ella, quedándose con cierto impacto y la boca aún abierta un poco, con los ojos levemente más abiertos de lo normal, sintiendo ahora a la joven recostarse contra su hombro. ¿Qué carajo acabo de hacer... y por qué lo hice? el reciente suceso no dejaba de dar vueltas en su cabeza, haciéndolo sentir extraño aun cuando su semblante permanecía igual de serio que siempre, escuchando el agradecimiento de la menor -No hay de qué.. supongo- respondió en voz baja mientras la música volvía a sus oídos.


Le resultó un completo alivio el que la joven se pusiera de pie y sugiriera tocar para él, haciendo que el rubio se preguntase si ella obedecería sus indicaciones de no tocar ningún instrumento dentro de aquella habitación. Al parecer lo hizo, pues no tardó en tomarle la mano y conducirlo a la sala contraria, donde él se sentó en un sofá cercano mientras ella se acomodaba en el asiento del piano de cola, aspirando profundo antes de comenzar con su melodía. Sus dedos comenzaron a presionar suavemente las teclas del instrumento, interpretando  una canción que el vampiro no tardó en reconocer. Se trataba de una sonata de Beethoven, una canción bastante conocida por las personas amantes de la música clásica, él incluido. Si bien, las manos de Momo no eran completamente precisa, el ojiazul estaba disfrutando la pieza; podía distinguir los sentimientos de la chica plasmados en cada nota y, en su opinión personal, la pasión con la que se tocaba una pieza era la determinante de la calidad de la misma. Notó que, conforme la canción avanzaba, la pelirrosa tomaba más confianza y su destreza iba mejorando; después de algunos minutos, la melodía llegó a su final con un suave acorde. Sonrió de lado mientras acomodaba los audífonos en sus orejas de nuevo, pues se los había quitado para prestar atención a la menor -Si, la he reconocido y no te salió precisamente mal...- admitió poniéndose de pie.


Se quedó callado al escuchar el relato de la chica, sintiendo un ligero malestar en el estómago, ¿por qué el escuchar esa historia lo hacia sentir triste? Cuando ella acabó de contar la historia, se limitó a responder un serio -Es culpa de la familia de ella... no deberían entrometerse en los sentimientos de ambos- sintió que su voz temblaba un poco, aunque no estaba seguro de si era rabia o tristeza. ¿Por qué las familias se encargaban siempre de arruinar las historias felices? ¡Así ocurría siempre!. Apretó los puños un poco sin percatarse del momento en el que Momo se había acercado de nuevo a él, notando su cercanía sólo hasta el contacto de las manos de ella en su pecho. Alzó una ceja ante las palabras de la joven justo después de que ella comenzara a reír -Que mujer tan indecorosa...- murmuró mientras revolvía un poco los cabellos de la menor y se encaminaba a la puerta de aquella estancia - Ni siquiera te abstienes de presumir tus acosos...- meneó la cabeza con una suave sonrisa, al menos la broma lo había distraído del tema anterior.



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Re: Bienvenida calurosa... quizás... [Priv. Momo~]

Mensaje por Momo el Lun Mayo 09, 2016 11:13 pm




Bienvenida calurosa... quizás...
Con Shu en la mansión a las 20:30hrs

Una parte de ella había estado expectante respecto a las palabras que diría sobre su peculiar melodía, misma que seguramente había escuchado cientos de veces por parte de otros intérpretes mucho mejores que la joven súcubo, gente tan dedicada a ese medio como el rubio, sin embargo, Momo no buscaba compararse, tampoco que la vanagloriara, puesto que su interpretación buscaba tocar otro punto, demostrarle que había más de ella para ofrecer, mucho más después de rasgar la curiosa superficie que siempre mostraba… ¿Pero, que ganaba ella con dejarse conocer más por Shu?

Realmente no lo sabía, y dudaba llegar a comprender de manera pronta la realidad de sus emociones, pero, a pesar de no saberlo buscaría mostrarse como algo más que aquella muchacha tan indecorosa, sino, como la joven chica que hacia tanto tiempo decidió encerrar en lo profundo de su ser porque, para un amo común y corriente, los pensamientos libres, las actitudes y cualidades destacables en un súcubo no sirven de nada si no pueden complacerlos en la habitación, pero el Corderito era diferente, con él se sentía más libre y feliz de lo que nunca antes pudo llegar a suponer, aunque… quizás exageraba, pudiera ser que tarde o temprano Shu cambiara volviéndose como el resto de los hombres que conoció a lo largo de su vida, aunque, quien no apuesta jamás gana, y Momo, ya había depositado todas sus fichas en pos de Shu. Con él, se jugaría el todo por el todo, a pesar de que su corazón pudiera resentirse después.


-No había tocado el piano desde los siete años –una pequeña risa escapo de sus labios, confesando aquello, sin pasar por alto el comportamiento anterior del vampiro, parecía estar resentido respecto a algo de su pasado, porque de lo contrario no hubiese notado ese dejo de enfado o molestia al mencionar la palabra “familia”. ¿Sería una pelea familiar el motivo de que ahora viviera en completa soledad? Deseaba saberlo, en verdad que quería comprender el interior de su amo, sin embargo no era momento, apenas llevaban un día juntos y entrometerse ahora sería solo verse rechazada, por ello continuaba con sus insinuaciones, distrayéndolo, sonriendo cuando lo sintió despeinarla con sus amplias y cálidas manos, solo para seguirle el paso fuera del cuarto, tomándolo del brazo conforme caminaban por aquellos pasillos, seguramente su amo ya tenía deseos de dormir, aunque ella se encontraba completamente despierta -Oh vaya, no pensé que mis acosos deberían mantenerse en secreto Corderito –lo miro juguetona, apoyando su mejilla contra el brazo que aun sostenía, siendo presa de su calor y la peculiar esencia que desprendía el mayor -Realmente prefiero que estés al tanto de lo que quiero hacerte, así no existirán malos entendidos entre nosotros –guiñándole un ojo, termino soltándose apenas aprecio un amplio ventanal, mismo que daba la visión de un precioso jardín adornado por la luz de luna llena -No pensé que tenías este tipo de vistas Corderito…  sabes –sin despegarse de su lugar se viro hacia él, sonriendo ligeramente debido al tono que su pálida piel adquirió gracias a los rayos lunares colados por el ventanal -A pesar de lo bello de tu hogar, creo que lo que más me agrada, es el hecho de tenerte tan cerca –sin demorar un segundo más, la pelirosada regreso a su lado, tomando nuevamente posesión de su brazo conforme caminaban, deteniéndose en la intersección de pasillos que dividía sus respectivos cuartos -Supongo que no me dejarías dormir contigo, al menos no esta noche ¿Cierto? –suponiendo la respuesta del mayor sus labios se posaron en la mejilla ajena, de manera sutil, antes de soltarse de él, llevando ambas manos unidas detrás de su espalda. La escena era curiosa por donde se mirara, puesto que a leguas se dejaba entrever que la joven opto por escoltarle hasta su alcoba, como si se tratara del galante caballero en compañía de la preciosa damisela, cuando la realidad era, que los papeles deberían de invertirse -Te veré mañana Corderito, intenta soñar conmigo


Con aquella última frase, la joven súcubo se despidió completamente del vampiro, moviendo su mano en señal de despedida conforme empezaba a caminar lentamente hacia el cuarto que le designaron, tarareando con suavidad debido a la felicidad contenida en su pecho producto de tan atípico pero alegre día, segura de que, al menos ella, soñaría con cierto joven de curiosamente frio mirar.

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