Las ánimas del terror || PV White

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Las ánimas del terror || PV White

Mensaje por Xerxes Break el Miér Feb 17, 2016 12:52 am




Las animas del terror

— Wipe that stupid grin off your face —






















Nadie ve lo que yo veo, entonces los locos son ellos! Jajajaja. No es mi culpa, yo soy completamente feliz viviendo en mi mundo de colores diferentes, pintándolo todo a mi voluntad y mi son.
Elefantes rosas aparecen a mi alrededor todos los días, cada vez que mis ojos se abren al mundo. Al principio no se quien es, ni quien va, solo empiezo oír unas extrañas trompetas a mi alrededor y poco a poco empiezan a aparecer.

Quien es? Quien va? Ya empiezan a desfilar, vienen ya, mira que saltos dan! Serán quizás...parientes de satanás!
Ya están, aquí, entorno a la cama van, al revés como acróbatas. Terror, me dan! Me quieren enloquecer!
Que voy hacer? Que me harán?
Al que abusa del licor, se le aparece una visión, son elefantes de color que espantas y dan terror!
Yo que al diablo desafié y que la cola le arranque. Los paquidermos bicolor, han hecho que pierda mi gran valor.
Ay que horror! Déjenme en paz! No puedo más! Ya se van! Ya se van! Las ánimas del terror!
Era realmente divertido. No podía dejar de reír en mi mente. Iba a llorar. Menudas tonterías se me ocurrían.

Continué con la mirada fija en el cielo imaginando a los elefantes rosas flotando a mi alrededor sin preocuparme viendo como estos poco a poco cambiaban de formas haciendo cosas cada vez más extravagantes.
Un elefante era un camello, después ese se transformaba en una cobra que intentaba comerse un ratón que corrían bajo mis pies huyendo de algo que desconocía y a su vez esta serpiente se volvía una danzarina del vientre haciendo su espectáculo increíble, tan bueno que desaparecía convirtiéndose en una bola de carne que se transformaba en ojo.
Es que nunca iban dejar de cambiar?
Suenan trompetas redoblen tambores! The show must go on!
El telón se rompió y detrás de él con una música más relajada aparecieron dos elefantes bailando ballet. Después empezaban a correr y caían en un estanque nadando o bien remando en una balsa. Más tarde volvían a correr y el lago se convertía en hielo por donde estos espectros de elefantes comenzaban a patinar una elegante danza perdiéndose en el horizonte para regresar esquiando por la montaña helada.
Que bobada de representación...
Ya me estaba aburriendo de mirarles...

Maracas! Ahora tocaba un poco de ritmo y salsa! Baila baila que te bailaras! Parejas, solos, pero que no pare de bailar el cuerpo!
Ahora todos conviértanse en coches y diviertanme al ritmo de sus motores! 1, 2, 3 ya! Todos salen disparados perdiéndose en la inmensidad del bosque, pero rápidamente otras cosas inconexas se me unen en mi andar, rodeándome, saltándome por encima, nadando por debajo, entre mis piernas, girando alrededor de mi cuello haciéndome cosquillas y finalmente todos chocaban en una explosión de color.
Que divertido! Aplaudí feliz, complacida por el magnifico final que aquellos elefantes, que yo solo podía ver, me habían dado.
Todo se había resuelto al final, aunque continuaba sin entender nada de lo que hacían. Cualquiera que pudiera ver aquello que yo veía pensaría que estaba loco, pero en verdad no lo estaba, era el mundo. Ese mundo que nunca había llegado a comprender del todo, o mas bien que jamas me había comprendido.

Pero de repente volví al mundo real cuando sentí como las fuertes campanadas del reloj resonaban por toda la plaza, cerca del parque donde me encontraba. Que ocurría? Había dicho algo fuera de lugar mientras permanecía embelesado con los elefantes? Algo inconexo que hacía que me llamase y despertase como si verdaderamente necesitara conectar con aquel aburrido mundo? No! Claro que no. Tenía una cita no era así? Sonreí levemente. Aquel conejo también tenía un reloj de plata no? Era curioso que su “mama”, por decirlo de alguna manera, me hubiese despertado.
Él varía también elefantes rosas? Quizás se asustaría si los viese.
Mejor sería no preguntarle, eso si que no. Si no, podría pensar que estaba loco, el problema era que eso, por una vez, era verdad.

Mi mente salto a otro tema a la vez que una ráfaga de viento movía mis atuendos con fuerza como si quisiera llevarme lejos de allí. Volví a cerrar los ojos con cuidado y por un momento imagine las cálidas manos de Mirana rodeando mi cuerpo con aquella calidad que solo ella podía darme. No me incomodaba sentir el contacto ajeno, al menos no por mucho tiempo, si eso se prolongaba comenzaría a sentirme algo incomodo, o más bien raro debido al poco contacto que había tenido con la gente en aquellos últimos años desde que Kevin había desaparecido. De nuevo una sonrisa se dibujó en mis labios. Kevin. Sus abrazos definitivamente eran los mejores, los que me reconfortaban en los momentos mas difíciles y en aquellos momentos necesitaba uno para volver por completo a la realidad.
Yo? Necesitar un abrazo? Si, algo raro, al fin y al cabo yo no los necesitaba, o desde hacia tiempo no había necesitado de aquellos sentimientos tan humanos como la soledad, el apego o incluso el amor. Me estaba comportando como un crio.

Me incorporé poco a poco abandonando la calidad del prado. Tenía que ser puntual si quería coincidir de manera accidental con aquel conejo.
Caminé entre las multitudes sin mucha preocupación, casi como danzando entre ellos sin que se dieran cuenta de mi presencia. Al fin y al cabo era un fantasma de ojos rojos no? Era increíble como la gente olvidaba tan rápido, no habían pasado más de 13 años y ya nadie recordaba si quiera el rostro de aquel carnicero, era maravilloso poder pasearse con total impunidad. Pero eso no me concernía ahora.
No demoré mucho en llegar hasta las tiendas ilegales que casi parecían mecerse con el viento mostrando sus esqueletos de metal o poliespan. Como iban a tener dinero para construir las tiendas si la gente vivía en las calles haciendo fogatas? La sonrisa de mi rostro no se desvanecía a pesar de todo lo que mis pecaminosos ojos veían acabando por alcanzar con presteza mi objetivo.
Ingresé en la armería sin pensarlo más veces pudiendo ver a un albino a lo lejos observando unas armas bastante interesantes a mi parecer. Al menos sabía que no tenía mal gusto, pero eso no bastaba para saciar mi curiosidad. Era un enemigo al que debía eliminar primero si deseaba acabar con su querida Alicia, por eso debía de conocerle a la perfección y poco a poco irme internando en su circulo de confianza y acabar con él como tantas veces había hecho con otros sujetos.
Reí por lo bajo sin poder evitar pensar, en ese momento, en los elefantes rosas. Como me vería yo de aquella manera? Con una cola y una trompa de elefante que era lo mas característico en ellos? O bien con unas orejas del tamaño de un niño?

Me puse a mirar las armas sin prestarles mucha atención realmente pues en aquellos momentos solo me importaba una sola persona. Caminaba hacia atrás cuando de repente choqué accidentalmente con el susodicho conejo haciendo que el arma que sostenía entre sus manos se precipitara hacia el suelo.
Rápidamente me giré y la tomé con delicadeza, como si se tratase de una pluma, volviendo a depositarla sobre el expositor. Me puse en paralelo con él-debería tener más cuidado con estas cosas, al fin y al cabo no son juguetes-sonreí de manera amable-no cree?-se me escapó una risotada divertida al verle realmente como un niño por su aspecto aunque si no nos dejábamos guiar por eso tal vez el niño lo acabase siendo yo...

Claro,
en un primer vistazo

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Re: Las ánimas del terror || PV White

Mensaje por Invitado el Lun Mar 28, 2016 4:25 am

Había poquísimas ocasiones en las que el conejo se dignaba a salir sin la compañía de Alice, pero aún con su pesar él debía aceptar que no siempre podría estar con ella y más cuando White debía ir a sitios peligrosos donde, al ser pequeño y aparentemente frágil, sin dudas sería un blanco para los incautos que buscaban aprovecharse. El sitio del cual resguardaba a su preciada Alice, era uno que frecuentaba dos veces al mes, siempre los miércoles, a la misma hora en cada ocasión. El dependiente del lugar le conocía y le esperaba, es más, tanto el hombre encargado de la tienda como White, eran algo cercanos llegando a dialogar en reiteradas ocasiones sobre el tema que les reunía: armas.

Ese hombre había contactado con el conejo avisándole del arribo de nuevas armas, las cuales se las mostraría primero a él por ser un buen cliente además de ser docto en el tema, por lo que White no dudó en asistir el día usual a la hora habitual. Dejó a Alice en casa y le pidió que no saliera, por lo que no dudó en realizar una junta para la joven con algunas de las amigas de ella, White las conocía bien y las amistades de Alice solo ingresaban bajo la aprobación del albino. Tras dejar todo arreglado, salió sin más de su residencia portando su florete, dinero y una sombrilla de encaje negro que le ayudaba a taparse del sol. El joven inglés era muy cuidadoso con su piel y debido a que ese día era especialmente soleado, no se permitiría el herirse ni arruinar la piel que su Alice se esmeraba tanto en proteger.

Finalmente llegó a la armería e ingresó recibiendo varias miradas, no era normal que un 'niño' entrase a esa tienda y menos el recibir la atención del rudo hombre que atendía el negocio. Conversó medianamente animado con ese hombre y, al haber pasado unos quince o veinte minutos, el encargado le hace entrega de un estuche plateado bastante grande, le pide inspeccionarlo mientras va a conversar con quienes ya iban a pagar lo seleccionado. White se aproximó a un mueble lateral donde dejó tal estuche y le abrió encontrándose con tres armas en el interior, todas con un filo perfecto y un tono claro pero de aspecto decente. White admiró unos momentos el acabado en la guarda, tomó la más pequeña solo por ir de menos a más, dejó el filo hacia la mano izquierda y con la diestra maniobró el arma, apreció el detalle de la hoja ya que había un grabado en ella, era el herrero creador de dicha 'obra de arte'. Si alguien le hubiese visto de frente se habrían percatado de la pequeña curvatura en sus labios, el conejo había encontrado un arma digna de elogios.

Antes de proceder a tomar la segunda, previo guardado de la primera, alguien choca con el embelesado conejo provocando que el arma que sostenía cayese no sin antes hacerle un corte en la mano al tomarle sin protección alguna. El conejo miró primero el arma en el suelo que fue recogida en breve por un desconocido, le miró de reojo y solo al oír su voz es que le miró dirigiendo toda su atención al curioso hombre. Frunció el entrecejo enfadado y tuvo que alzar el rostro para quedar con un contacto visual fijo, notó que al igual como él poseía una rojiza mirada y cabello blanco — Sé muy bien que no son juguetes, si quisiera uno habría ido a la juguetería — espetó en un tono educado pero firme — Conozco como usar un arma, por favor, no me subestime — miró el arma depositada sobre el mostrador y luego reparó en la mano que hirió — Aunque, debiera ser yo quien le advirtiera, si no tiene cuidado con su entorno podría ser algo desventajoso para usted — afiló su mirada observando nuevamente el único ojo visible de aquel hombre, puesto que el flequillo dispar del sujeto le impedía ver su otro orbe y eso le irritó, puesto que si dependiera de White le habría cortado ya el cabello. Un hombre con tal aspecto le desagradaba debido a lo estricto que él mismo era con su aspecto.

Buscó entre sus prendas un pañuelo para limpiar la sangre que manchó su mano, no hubo queja alguna por ello ya ue lo sabía su culpa al tomarla con ese 'descuido', aún si fuese el otro quien le empujó. Era superficial pero bastó para hacerle sangrar y simplemente enrolló aquel pañuelo para así no gotear ni manchar otra cosa — Si me disculpa — dijo ya sin mirar al hombre y tomó el arma anterior para meterla nuevamente a la caja donde pertenecía, acto seguido inspeccionó la segunda repitiendo el escrutinio anterior mientras que el dependiente de la armería iba en dirección al nuevo cliente que seguía a un lado de White. El hombre en un tono grave y movimiento tosco  movió la caja que White revisaba, el conejo permaneció en su sitio y el hombre miró al otro albino Si quiere esas, tendrá que esperar a que el conejo las libere, son exclusivas — White observó al vendedor por el rabillo del ojo, después de todo no le sonaba bien ser llamado solo conejo, resultaba ser un tanto peyorativo.
Invitado

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Re: Las ánimas del terror || PV White

Mensaje por Xerxes Break el Lun Mar 28, 2016 11:25 pm




Las animas del terror

— Wipe that stupid grin off your face —






















La sonrisa como era normal no podía faltar en mi rostro. Que clase de payaso sería si alguna vez esa graciosa mueca se borraba de mi rostro? Sabía que él papel del payaso bueno no estaba reservado para mi pues yo siempre había sido un bufón, o lo que era lo mismo, el payaso triste. Yo era e segundón pero con un papel completamente protagonista, el payaso triste al que le hacían todas las jugarretas y del que la gente se reía. Yo jamás podría ser el payaso bueno, el payaso que hacía reír a los niños y este se reía con ellos! Eso era demasiado para mi. Yo daba pena y el mundo se reía de mis desgracias mientras que yo seguía sonriendo a pesar de todo a diferencia del payaso bueno quien sonreía por mera pasión y amor a su trabajo. Al payaso triste no le quedaba otra, porque si no sería un asesino.

Cuando el conejo tomó el arma entre sus manos volviendo a dejarla en el estuche elevé las manos en señal de rendición-vamos vamos solo estaba bromeando, no hace falta que te pongas tan serio Usagi-chan-reí divertido ante lo que parecía una amenaza por su parte-ah? Eso tendría que tomarlo como una amenaza?-pregunté sin tomármelo en serio, como casi todo lo que me ocurría, encontrándome al cabo de unos segundos al encargado justo delante mía haciendo que mi boca formase una gran “o” de sorpresa mirando a aquel gran armario que se creía persona. Alcé un poco más la manos-ya he dicho que era broma, no hace falta ponerse así-ladeé la cabeza poniéndome un poco serio-ademas, las armas no me interesan en lo absoluto-suspiré con fuerza llevándome una mano al mentón cerrando los ojos con una expresión un tanto frustrada al ver que ninguno de los dos se había dado cuenta de sus verdaderas intenciones-acaso no es obvio?-volví a abrir mi mirada señalando al albino-le quiero a él-dije aunque aquello pudiese ser mal entendido, aunque probablemente fuera eso lo que quisiera.

En ese momento el dependiente se reafirmó en su posición impidiéndome cualquier contacto con el animalillo pidiéndome amablemente que me fuera de allí a lo que me negué sacandole la lengua de manera despectiva. Si, quería provocarle, quería provocar una catástrofe a gran escala, quería llevar la situación hasta donde yo quería, forzarla hasta que el hilo se rompiese.
Fue entonces cuando el dependiente llevó su mano a la pistola que tenía en la funda que colgaba de su cinturón. Perfecto. Desenfundé la espada siempre oculta en mi bastón golpeando su mano y luego llevando el filo a su cuello-no creo que sea necesario recurrir a la violencia…-mi mirada se desvió al conejo-o tal vez si?-sonreí ampliamente divertido ante aquella situación.

Las fichas estaban colocadas tal y como yo lo deseaba, ahora solo necesitaba una pequeña chispa, algo intenso que pudiese dar paso al siguiente escenario ya preparado en mi mente.
-Tu…-dijo por lo bajo el tendero-tu eres…-apreté más la hoja contra aquel duro cuello-shhhh, no se pueden decir mentiras-reí sin poder evitarlo al ver en sus ojos que me había reconocido. Al parecer el tendero no era tan estúpido como en un principio había creído, tal vez incluso me convenía que se lo dijera al conejo, aunque probablemente este no supiera la historia por su corta edad-sea como sea-cambié de tema-si hace usted el favor-dije refiriéndome al tendero-me gustaría que echase a todos los compradores del…-no había acabado si quiera la frase cuando la puerta del cuarto se cerró con fuerza dejándonos solos a los tres-que eficacia-bromeé sin poder evitarlo ante la facilidad de aquel chiste volviendo a centrarme con rapidez sin querer perder de vista a mi objetivo-pero vamos a lo que nos concierne-miré fijamente al dependiente sin perder de vista en ningún momento al conejo-creo que es hora de que vayamos a la trastienda no? Deseo jugar un poco con mi querido amigo peludo-continué hablando refiriéndome al susodicho chico de miles de formas sin temer por las represalias que este pudiese tomar contra mi de forma tanto físico como verbal-bien, nos movemos?-sonreí amablemente dejando que el armario humano nos condujera hacia la parte trasera de la tienda.

A travesando una puerta cerrada con llave se vio un gran espacio rectangular teñido de colores grises debido a que la pared de hormigón no estaba si quiera pintada. Aquel recuadro estaba delimitado por unos bloques negros negros de lo que parecía un material bastante resistente que no logré identificar. Aquellos bloques se extendían hasta el techo impidiendo ver más allá de estos que solo mostraban una entrada recta por lo que parecía un laberinto.
No pude evitar emocionarme y una vez el tendero volvió a cerrar la perta con llave le solté saltando de emoción completamente extasiado-vaya! Esta realmente es genial! Parece el jardín-laberinto de la reina de corazones! Solo que le falta color…-me quedé pensativo ante ese detalle pero rápidamente me volteé para verles a ambos-bueno como sea!-no le di mucha importancia regresando a la altura de los otros dos hombres-este es el juego-me dispuse a explicarlo concienzudamente ya que no deseaba que hicieran trampas-el juego es simple, los tres competiremos a vida o muerte dentro del laberinto, si? Yo me meteré primero, seré el equipo blanco ya que mi chaqueta es de ese color y vosotros dos que vais de negro seréis el otro equipo si? Así será mas fácil ya que me odias tantos-reí por lo bajo-es fácil no? Podéis usar cualquier arma que tengáis a mano-revisé sus cuerpos de arriba abajo-una pistola y un florete si no me equivoco, pues eso será-asentí con fuerza-yo solo usaré esta espada junto con su funda, en cualquier caso solo es un arma-la mostré poniéndome de espaldas al laberinto sin dejar de mirarles al estar posicionado justo en frente de ambos hombres-bien, las reglas son simples, encontrar y destruir, se puede agarrar, decapitar, cortar, todo esta permitido, así que no seáis tan perros de hacer trampas-saqué la lengua divertida-os espero al otro lado del espejo…pero antes las llaves...-mascullé por lo bajo tomando las llaves que el dependiente me lanzó impidiendo así que pudiesen salir de allí. Sonreí satisfecho y salí corriendo tomando la primera curva del laberinto perdiéndolos de vista internándome cada vez más en aquel extenso laberinto de paredes negras mientras que en el otro lado del laberinto los otros dos hombres se preparaban para el macabro juego al que yo había dado rienda suelta mientras que intercambiaban conocimientos sobre mi persona. Sobre el fantasma de ojos rojos y el peligro que corrían si en verdad yo era él y no solo una leyenda.

Saque una pistola y dispare
contra todos los hombres buenos,
baile con la muerte hasta el amanecer
y allí lloré por los dos.

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