¿Y tú eres...? ~Priv Izaya

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¿Y tú eres...? ~Priv Izaya

Mensaje por Sayuri el Sáb Feb 13, 2016 10:32 am

Hacia no mucho había terminado dentro de aquel peculiar mercado que tantos seres llamaban ilegal, y ¿El porqué de estar allí? Era simple, aun con mis cientos de años encima, seguía siendo una niña despistada, alguien que se perdió en medio de una pequeña excursión para luego ser llevaba por los cazadores de mascotas exóticas a ese extraño, cerrado y horrible lugar, simplemente para terminar como mercadería barata, aunque una parte de mí, añoraba porque mínimamente mi cabeza tuviese un buen precio, podría decirse que eso era amor propio, pero, nunca se sabe cómo aquellos hombres tazan su mercadería.

Aunque claro, en lo que menos pensaba ahora era el precio al que me venderían, más bien me preocupaba con la persona que fuese a terminar, no tenía ganas de acabar con algún anciano de fetiches raros, ni mucho menos que me adquirieran para experimentos o ventas de órganos, pero... sería mucho pedir que ocurriera algo similar a mi infancia, aquel momento de mi vida donde Rompi apareció y me llevo con él, sin aceptar protesta alguna o tan siquiera ponerme una reglamentación o condición, solo me había dejado ser yo misma mientras me criaba a su extraña manera, que más bien se asemejaba a hacer lo posible para no dejarme tirada en algún mercado. A veces, conforme más recordaba a ese pelinegro, empezaba a creer que la verdadera adulta de los dos siempre fui yo y no él, pero no por ello estaba menos agradecida con su trato para conmigo, había sido la figura paterna y hasta materna, que falto en mis más importantes años de vida, claro que no todo fue perfecto, pero nada en la vida lo era realmente.


- ¿Que estará haciendo ahora? -sin querer, a mi mente llego la imagen de Hachime, mi supuesto padre, aquel quien me adopto volviéndose la única familia que poseía actualmente, y por quien, justamente ahora me encontraba en un rincón apartado de las duchas, dejando que la helada agua recorriera cada parte de mi cuerpo, pegando las hebras rosas a mis mejillas y faz, así como también cierto sector de la espalda, causándome escalofríos por la diferencia de temperaturas de mi cuerpo, respecto a las cientos de pequeñas gotas que lo recorrían, pero claro ¿Que tiene que ver una ducha "normal" con Hachime? Cualquiera se daría cuenta de la relación, si se percataba que ahora con quien me encontraba no eran personas de mí mismo sexo, sino, puros hombres, ya que si bien las duchas eran mixtas muchos preferían irse a un grupito y quedarse allí, siendo yo la única loca que se fue a la bolita de testosterona, y no por morbo, simplemente... ¡No toleraba que otra mujer me viera! Estar... estar desnuda frente a ellas, y que sus ojos pasearan por mi piel, era... horriblemente penoso, por eso prefería a los hombres, con Rompi siempre nos bañábamos juntos, y gracias a ello, me adapte a ver ciertas "cosas" que evidentemente las mujeres no poseían, o al menos, no las que la sociedad caracteriza como normales.


Sin importarme la realidad de mi situación, o tan siquiera lo peligroso que podría ser estar entre tanto hombre continuaba enjabonando los sectores de mi cuerpo más evidentes, aburriéndome de aquella rutina luego de escasos minutos, permitiendo a la larga cola demoniaca hacer acto de presencia, dispuesta a morderla como tantas veces antes había hecho, sin embargo, el sonido de pasos acercándose consiguieron detener cualquiera acto, sosteniendo la punta acorazonada entre mis manos, conforme me viraba hacia el sonido, teniendo frente a mí un joven que a leguas era un retrato casi idéntico a Hachime... aquello debía ser una broma, no podía ser que las dos veces de mi vida donde realmente lo necesitaba ,él apareciera, y aquello me dejo sin palabras, logrando el repiquetear de mi corazón, mientras el rojizo de mi mirar se centraba en el tono ajeno.


- No pensé que te vería... aquí... -seguía sin creerme que él fuera Rompi, incluso cada poro de mi ser lo negaba, pero, en la tierra ¿Cómo sería posible que dos como él pudieran existir? Además, la esperanza, aun en un ser como yo era algo inevitable de poseer - Ha pasado tiempo... ¿No te parece? –le sonreí con calidez, puesto que la felicidad de verlo nuevamente, y en aquella situación fue demasiada, tanta que no lo resistí un segundo más, acortando las distancias hasta tomarlo entre mis brazos, uniendo ambas manos a la altura de su espalda, sin interesarme realmente el mojarle, quería, por aquella vez, actuar como lo que yo era, aquella hija que decidió tener por propia cuenta y no alguna especie de error como tantas veces ocurría.


No pude expresar ningún tipo de palabra, simplemente me quede estática aferrándome con fuerza a él, olvidándome del mundo que nos rodeada, o tan siquiera del frio de las pesadas gotas sobre mi espalda, solo tenía ojos para la réplica de mi padre, aquella figura reflejada sobre un roto cristal, idéntica a la del hombre que por tanto tiempo, había cuidado de mí.

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Re: ¿Y tú eres...? ~Priv Izaya

Mensaje por Izaya Orihara el Mar Mar 22, 2016 6:07 am


Apenas terminé mi trabajo en el despacho del mercado me dirigí a la zona del sitio que el público jamás vería salvo que se volviese parte de la mercancía. Mis pasos eran calmados y lentos, mi mirada se paseaba por el primer trecho vacío y oscuro que, poco a poco, se iba iluminando pobremente a la vez que las celdas de las mascotas eran descubiertas. Miré por cada ventanilla en las puertas solo por el morbo que eso me producía ¿En qué pasarían sus vidas aquellas alimañas? ¿Estarían aburridas? ¿Habría alguno muerto? deseaba saber todo aquello ya que aun teniendo cámaras de vigilancia, nada podría compararse con la cruda realidad y por lo mismo yo estaba más que satisfecho en mi peculiar oficio como vendedor. No muchos serían capaces de ver tantas expresiones ni en notar la gran cantidad de odio y resentimiento que las celdas despedían, cada uno de manera distinta, con olores y ruidos, con aspectos verdaderamente nauseabundos y que pese a todo mantenía una belleza sórdida poco apreciable.

Algunos me gruñeron al saber mi identidad y quienes no me conocían podían notar en mi cuello la ausencia del collar que denotaba el estatus ajeno, me limité a mirar fríamente sin sonreírle a nadie solo por no querer causar aún un alboroto. No era mi destino el hostigar a los enjaulados, no, mi foco de atención radicaba aquel día en los seres que disponían de un mínimo de libertad - si es que puede decirse que poseen alguna- dentro del patio y el resto de instalaciones en el mercado negro. La sala de castigo sonaba interesante, pero al pasar por esa zona no fui capaz de oír nada que mereciera la pena, solo alcancé a mirar una cruenta escena donde ningún grito de dolor podría escapar. Después de todo los cadáveres no hablan ¿verdad? Aburrido seguí mi caminata llegando al patio común, siendo un sitio deprimente y allí mismo se podía ver cuanta degeneración existía entre las bestias que insistían en ser tratadas con dignidad. Sonreí y me escabullí con cuidado para no interrumpir, de momento, las masacres en la derecha o las demostraciones afectivas por la izquierda.

— Bajos instintos desbordados, nada ha cambiado en este lugar — murmuré con una sonrisa burlesca adornando mi faz. Quedaba un sitio por ver y solo pasaría a mirar de pasada, era normal que las duchas estuviesen llenas de hombres durante la tarde y al sostenerme de una muralla -no muy alta por cierto- pude corroborar que, efectivamente, estaba llena de hombres a esas horas. No vi nada entre ellos que me interesase, ninguno disponía del atractivo que yo buscaría en un hombre y la mayoría de ellos parecían tener ya una víctima que por alguna razón solo era contemplada. Mi curiosidad continuó y divisé entre las siluetas y el agua que escurría las curvas propias de una mujer, aquello me sorprendió al no ser natural que una fémina se metiese a bañar entre tantos hombres y creí por momentos que se trataría de alguna sucubo o una chica bastante indecente. Me aparté de la muralla y rodeé la zona para poder entrar a incitar a quienes merodeaban el sitio a avanzar. Ver solamente nunca sería totalmente satisfactorio, al menos en el hombre promedio y de aquellos en el encierro no se podía esperar algo mejor que el ataque.

— Vamos, vamos~ no se vale solo mirar — susurré al entrar y varios me reconocieron, evitaron el contacto e incluso se largaron pensando que tocaba la hora del castigo siendo normal que me llevase a unos cuantos a la sala destinada a ello para 'jugar' un poco. Sonreí ladino al notar el temor en tales mascotas ignorando a los pocos que se quedaron, ninguno parecía querer actuar e incluso buscaron terminar luego con su aseo para igualar al primer grupo — Cobardes... — pero esa cobardía les ayudaba a no sufrir por los collares ni de mis abusos, por lo que más que cobardes sería mejor decir precavidos y eso era aún peor que la cobardía. Suspiré y continué mi avance en dirección a la fémina de cabellera clara, quería hacerle unas cuantas preguntas además de molestarla hasta que me aburriese de ella. Percibí su mirada rojiza sobre la mía y aquello consiguió forzar en mi un cese al andar, yo conocía ese mirar y perturbó mi temple unos instantes sin tener ánimos de indagar mucho en mis memorias hasta encontrar a la dueña de la mirada que veía reflejada en esa mujer. Fruncí ligeramente el entrecejo y detallé su cuerpo para quitarme de la cabeza la nefasta sensación que me produjo su mirar, pero al hacerlo fue peor incluso ya que la desnudez de la joven produjo un sentir igual o peor.

Escuché su voz y por reflejo retrocedí un paso, corto que por mi orgullo tuve que volver a avanzar, pero su pregunta me dejó inquieto y mudo. Tiempo, sin duda había pasado un largo tiempo desde la última vez que vi a alguien como ella y se suponía que no tenía porqué estar viéndola frente a mi, mucho menos sin ropa. Apenas volví a prestarle atención la tuve contra mi cuerpo, sentía la humedad de su piel y el frío recorrer desde mi pecho hacia las piernas, aquella chica me había abrazado y saberle real fue algo que me impactó de sobremanera. No podía ser verdad ¡Ella no debía porque vivir!, sin embargo estaba aferrada a mi como años atrás lo hizo y rememoré entonces todas las ocasiones en que la tuve en mis brazos, las veces que compartimos noches largas, días intensos, caricias prohibidas y lujuriosas palabras. Lentamente la rodeé en un abrazo apretándola contra mi cuerpo, costaría definir lo que sentí al tenerla nuevamente conmigo ya que Sayuri me pertenecía pese a todo.

— No tienes idea... cuánto te he extrañado, Sayuri — mi voz flaqueó al pronunciar su nombre, mucho tiempo había pasado desde la última vez que me atreví a decirlo y no estaba preparado para llenar mi mente con pensamientos de ella, muchísimo menos el tener contacto directo con quien creí muerta por tanto tiempo — ¿Cómo es que llegaste aquí? — saber como se procedía en el mercado negro hizo que cerrara con fuerza los párpados y rozara mi frente contra el hombro ajeno en un vano intento por no imaginar el maltrato que otro hombre podría haberle dado — Sa... Sayuri — susurré casi en un gemido que dirigí hacia su oído tras alzar un resto mi cabeza — Creí que no volvería a... a verte — por vez primera me expresaba tal cual pasaban las palabras por mi cabeza, no oculté mi tristeza o la nostalgia que marcaban mis palabras, ignoraba que clase de expresión poseía en esos instantes.

Rodeé su cintura con mis manos y le observé recordando su desnudez que por momentos quedó en segundo plano, entonces me quité la oscura chaqueta con pelaje blanquecino en la capucha y le tapé con ella evitando de esa manera que otros ojos se posaran en el cuerpo ajeno, puesto que insistiría ante todos que ella por completo era mía y de nadie más. Le abracé nuevamente marcando presión con mis manos en sus caderas y me puse mi frente contra la ajena, teniendo que inclinarme un tanto al tener diferentes estaturas y mi mirada se centró en sus labios, nada más que en esos bellos labios — Estoy... tan feliz de verte — y acto seguido ladeé el rostro inclinándome más en busca de su boca, besándole con lentitud debido a la tentación que estos me generaban y a la costumbre que tuve siempre con aquella mujer.


¡Aquí están todo lo que me han regalado! Ya no cabe en mi spoiler.

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Re: ¿Y tú eres...? ~Priv Izaya

Mensaje por Sayuri el Vie Mar 25, 2016 6:27 pm

No terminaba de caber en la sorpresa de que Rompi estuviera allí, justamente por mí, como en antaño, hace tantos cientos de años que había perdido realmente la cuenta del tiempo que paso, pero, quizás... muy en el fondo seguía siendo una niña pequeña para él, quizás y solo quizás, realmente me veía como una hija, a pesar de las cientos de veces que me dejo abandonada por allí a mi suerte, aun cuando muchos de sus malos hábitos se quedaron arraigados a mi persona y nuestras discusiones sobre la humanidad lo sacaban de sus casillas, si es que realmente las tenía... ¿Porque si no estaría allí?

Sus palabras y gestos eran tan diferentes a lo que recordaba del mayor, pero el tiempo y la distancia cambian a todo mundo, incluso a mi tan adorado padre, pero... había algo extraño en todo esto, Rompi jamás me había observado con ese temor, seguido de nostalgia y necesidad, ni siquiera aquellos tiempos donde me pasaba días intentando recordar el camino a casa, topándome de milagro con nuestro hogar, aguardando que me abriera la puerta para luego probar bocado como un animal desesperado... entonces ¿Porque ahora el pelinegro frente a mi actuaba así? ¿Quién era él? Sabia mi nombre, me miraba como un pequeño tesoro que finalmente regresaba a sus brazos, cubriéndome con sus cálidos brazos y luego aquel afelpado abrigo que llevaba consigo, consiguiendo tapar la desnudez de mi cuerpo, algo que realmente no me molestaba.


- Yo... -quería responder a sus interrogantes, de verdad que iba a hacerlo, pero sus tibios labios sobre los míos, fundiéndose en un beso que no pude corresponder, posando ambas manos en los hombros ajenos mientras lo apartaba de mi cuerpo acabaron por confirmarme que aquel hombre no era quien yo pensaba que era - Tú no eres mi padre... tú no eres Rompi ¿Verdad? -retrocedí un poco, pero sus manos aun sobre mi cadera me impedían marcharme de su lado, lo peor fue cuando los ojos curiosos de aquella ducha se sintieron atemorizados... ¿Quién rayos era aquel hombre? ¿Porque todos se comportaban como pequeños ratones asustados de solo tenerlo cerca? ¿Sería un vendedor del mercado? Posiblemente sí, no tenía collar ni nada que lo tildara como mercancía - ¿Cómo es que... sabes mi nombre? -fuera o no un vendedor, no tenía la intensión de aminorarme por él, Rompi siempre decía que un demonio era una raza reconocida como superior a otras, quizás yo no pensaba como él, pero de todos modos, por una vez me creería su pequeña mentira - No... llevo tanto tiempo aquí como para que todos los que trabajan aquí me conozcan... posiblemente solo los que me capturaron en la zona infectada -no quería dar más datos al respecto, con que supiera mi nombre y que me recogieron de aquella zona, aun cuando todo fue un accidente de mi parte, bastaba.


En aquel momento, quería que me soltara, quizás en un inicio había parecido alguien amable, no lo negaría, pero todo eso lo considere así porque me recordaba a Rompi, al no ser Rompi la imagen se descuadraba y todo lo blanco se volvía negro... él sabía mi nombre, decía conocerme, incluso se había preocupado en un grado que sobrepasaba la familiaridad. Me asustaba... tenía miedo de comprender que tanto él sabía de mí, quizás me confundía con alguien más, pero ese beso... me había robado un beso de forma tan... tan... no sé cómo explicarlo, pero sentí demasiadas cosas por su parte en tan efímero contacto, que el haberle rechazado, dudaba que le sentara bien.


- Disculpa... pensé que eras mi padre, incluso sabes mi nombre y te pareces mucho a él... esto... ¿Señor? -busque retroceder nuevamente, no sabía qué hacer con él, por un lado necesitaba saber más y por el otro solo marcharme rápidamente - Realmente lamento que me confundiera con alguien más... pero... no creo ser la Sayuri que usted está buscando


Tenía en mente que de mentirle, de pretender ser aquella mujer, posiblemente tendría una oportunidad para salir de tamaño lugar, pero la desesperación del chico, con solo notarle de aquel modo supe que no podría mentirle, ni siquiera para mi propio beneficio, yo nunca seria ese tipo de mujer...

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Re: ¿Y tú eres...? ~Priv Izaya

Mensaje por Izaya Orihara el Lun Jul 11, 2016 7:38 am


Sucedió algo que tenía tiempo sin sentir, Sayuri me apartó cortando el suave beso que inicié y que ella no correspondió, ante tal sucedo elevé mi rostro y le miré con molestia, una clara y sincera molestia. Parecía actuar como lo hizo al casarse, separándose de mí, evitando mi contacto, negándome lo que me pertenecería por la eternidad. Ladeé el rostro buscando entender su expresión y sus acciones, mas no solté su cuerpo pese a que ella no se mostró complacida o siquiera cómoda con mis acciones. Aquella balbuceó algo sobre su padre, un tal Rompi ¿Cómo podía existir un nombre tan ridículo como aquel? pero eso no era lo que persistió en mi pensar, dejarme llevar por la burla sobre un nombre sería ignorar el motivo por el cual ella me trataba como tal individuo - o al menos pensó así de mí- y vino a mi mente la imagen de Hachi. Reí al pensar en lo absurdo que eso sería, aquel bastardo no me había dicho nada sobre otra hija y peor, una capaz de mostrarme la forma de mi preciada Sayuri. El problema que seguía era su nombre, la fémina había respondido a él e incluso me preguntaba sobre como yo le conocía, entonces, ¿Sería esta una amarga coincidencia? ¿Será que Roppi había decidido iniciar una guerra conmigo? Sin darme cuenta le apreté con más fuerza hacia mi cuerpo, mas no volví a intentar besarle, una mujer con ese rostro, esa voz y su intensa mirada, solamente podía ser una sola. Una que debía estar muerta.

— ¿Cómo no he de saber tu nombre? — le sonreí con malicia, esa mujer no era la Sayuri que conocí y tras pensarlo con algo más de frialdad, no existía la posibilidad de que fuese ella. Después de todo, aún conservaba su cabeza en mi habitación — No seas ilusa, Sayuri — musité animado, contrastando con el intenso malhumor que se agolpaba en mi interior — ¿Nos tomas por ineptos o por malos trabajadores?  — negué varias veces, acariciando la espalda contraria por sobre la tela de mi chaqueta — El resto no lo se, al menos yo, soy muy bueno con la información  — fruncí el ceño y volví a acercarme a ella — Aunque eso no es algo que deba importarte, un nombre, una cara, un dato íntimo... ¿Qué importa?  — murmuré dejando de sonreírle ante el pésimo humor que poseía aún.

— Hachi no me dijo que tenía una hermanita — y con ello le di a entender mi posición con respecto a ella y volví a sonreírle para acercar mi rostro a ella — Si lo hubiese sabido... — me permití el volver a besarla, pero sin el deseo y afecto que le dediqué antes — Te habría dado una mejor celda —  susurré contra sus labios tras ese corto contacto — ¿Hachi no te ha visitado? Se pasea con regularidad por acá, suelen confundirle conmigo —  murmuré manteniendo una mano en su cintura para poder alzar la contraria y dirigir mis dedos hacia su cuello húmedo. Enderecé el rostro y le observé atentamente, era idéntica a Sayuri e incluso portaba su nombre, incluso la calidez de sus labios y el aroma que despedía eran los mismos. Entonces ¿Cuál era la explicación para todo esto?

— ¿Cómo es que te dejaste atrapar, hermanita? — dije más animado y amable, dejando de lado cualquier sombría intención, la prioridad era saber de donde había salido la fémina y si verdaderamente aquel era su aspecto — Tendrías que haber preguntado por mi, ¿sabes?, trabajo en este sitio — rocé el índice en el borde inferior del oscuro collar que rodeaba el cuello ajeno, pasé el dedo por la zona próxima a su piel — Esto te dejará marcada... —  suspiré y negué — ¿Quieres que lo afloje un poco? — enarqué una ceja y jalé del collar para meter el dedo en ese espacio, parecía que solo jugaba o que le acercaba a mi, pero mi intención con todo ello era revisar su cuello y buscar cualquier marca en este — Solo un poco... hay que tener cuidado o podría dañarte — y en esa frase se podria sentir cierto deseo, pero no el mismo con el cual le besé, sino uno por ver su expresión de dolor ante un movimiento en falso hacia el collar mismo.

El tocar tal artefacto me hizo entender que de herirle, no sería utilizando nada santo, por lo que de activarse el seguro con ello no me dañaría. Nació en mi la curiosidad por saber si gritaría igual que ella, si sangraría parecido, si se vería igual de hermosa al perder la cabeza. — Sayuri... — susurré y volví a abrazarle apartando delicadamente la mano de su cuello, debía contenerme y esconder todo anhelo prohibido, todo lo que podía hacerle mal con el único propósito de entender que era lo que tramaba mi padre con todo esto. Él sabía algo que yo no y eso no podía seguir así.


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Re: ¿Y tú eres...? ~Priv Izaya

Mensaje por Sayuri el Miér Jul 20, 2016 9:10 am

No lo comprendía, no entendía nada de aquel hombre, ya le había dicho que yo no era aquella a quien llamaba, no tenía nada que ver con la mujer que anteriormente pudo conocer, ya que yo, según recordaba, portaba ese nombre en honor a mi madre ¿Sería posible que quizás, solo quizás, el demonio de confundidos pensamientos, le hubiere podido conocer en antaño? Rompi solía decir que me parecía mucho a ella, pero, si aquel hombre tan similar a mi padre era un viejo amigo de ella o no, era algo que no me atrevía a preguntar, no es que temiera por mi vida, simplemente existía un algo extraño que envolvía todo el asunto.

Quería irme de una vez, que me soltara, que dejara de besarme y tocarme con tanta facilidad como si fuera su pertenencia, sencillamente aquello me causaba repulsión, y no porque fuese un hombre falto de encanto, sino que no tenía la menor idea de quien era, tampoco poseíamos una cercanía tal como para permitirle actos similares.


- No los tomo por ineptos... solo que pensé que quizás, podrías conocer a mi madre... -no buscaba revelar quién era ella, pero la sola idea escapo de mis labios como si fuera la más fina brisa de la primavera, sin embargo no era momento de perderme en mi mente, mucho menos en viejos recuerdo, él había dicho que conocía a Rompi, pero no solo eso, sino que también indico ser mi hermano, ósea un hijo de Rompi - Yo no sabía que tenía un medio hermano... -hubiera sido más correcto decir ¿Hermano adoptivo o similar? Aquella duda me llenaba la mente, yo consideraba a Rompi un segundo padre pero al no tener madre directa por adopción, eso me convertía en solo una parte de la familia de Hachime, aunque lo peor no se detenía, mi ahora hermano volvía a besarme con descaro, pero había algo muy diferente en sus labios, no era cariño, tampoco ternura, casi pude sentir un extraño deseo por romperme con tan pequeño contacto ¿Estaba molesto de que no fuese aquella mujer o era porque se enteraba que formábamos parte de la misma familia? Quería saberlo, conversar adecuadamente con el espejo de Rompi, pero este no se detenía con su inspección, tampoco con sus vacías palabras. Sus dedos rozaban tan sensible collar, alegando poder aflojarlo para no dejar marcas, pero la yema de sus dedos tocaba mi piel ¿Que buscaba? ¿Qué es lo que quería de mí? - ¿Her...mano? -me atreví a llamarlo con entera duda, no le pediría que me liberara puesto que con tal solo oír el "Puedo darte una mejor celda", estaba más que segura de que mi estadía se prolongaría indefinidamente dentro de tan pútrida prisión - ¿Cuándo crees que padre vendrá? -mi esperanza para irme era Hachime, no exista otra opción para poder ser libre - Además... ¿Crees que... podrías decirme tu nombre? -en esos momentos, justo entre sus brazos llegue a darme cuenta de su curiosa calidez. Él me hacía sentir extraña, como si lo hubiera conocido de toda la vida a pesar de no ser así y solo hasta ahora, cuando finalmente me relajaba a su lado era posible percatarme de ese peculiar sentir sopesando la idea de preguntarle sobre mi madre - Hermano... ¿Cuántos años tienes? -necesitaba un punto de inicio para mi interrogante - Pienso que quizás me confundes con mi madre... no la recuerdo bien porque aún era joven cuando murió y paso hace muchos años, pero Rompi dice que me parezco demasiado a ella, aunque dice que se enorgullece de que yo sea un demonio puro y no una hibrida como solía serlo ella -suavemente la serpenteante cola se meció, llegando a mis labios solo para ser mordida con suavidad, soltando una delicada corriendo eléctrica en mi cuerpo - Además, me pusieron su nombre... -la última frase fue dicha con todo el placer contenido tras la mordida en mi propia extremidad, percatándome de un nuevo individuo que acaba de ingresar a los baños, un sujeto bastante alto y fornido, olía a perro por lo que asumí era un licántropo, pero aquello no era lo importante en ese momento sino que, algo sorprendido de ver a mi hermano ahí, continuo con su trabajo, anunciando que la ducha se terminó finalmente. Sin más remedio busque aquel par de ojos tan rojos como los míos, intentando me prestara nuevamente atención - Creo que tengo que marcharme... otro día puedo contarte como me atraparon, pero ahora... ¿Crees que podrías soltarme?


Podría ser la hermana de aquel hombre, incluso su mismísima mujer pero no por ello dejaba de ser mercancía de la tienda ilegal, un pequeño juguete que debía obedecer todos los mandatos hasta encontrar la mejor manera de librarme del castigo, y por ello solo restaba, acatar cada mínima orden que me daban.

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Re: ¿Y tú eres...? ~Priv Izaya

Mensaje por Izaya Orihara el Jue Jul 27, 2017 9:09 am


La palabra 'madre' resonó en mi cabeza con fuerza, con violencia y no pude borrarla de mi mente, no mientras veía a mi Sayuri siendo usurpada por alguien más. Mi bella y seductora Sayuri ¿Qué hicieron contigo? ¿Es que acaso alguien te robó de mi lado nuevamente? Desearía que pudieses responder, ansío el día en que de tus labios inertes salga alguna palabra. Tendré que conformarme con lo que esta copia, mi hermana, pueda decir. Esto claro en lo que demoro en forzar a Hachi a revelar lo que oculta, aquella verdad sobre mi hermana, sobre mi amada Sayuri que no era aquella que tenía en frente bajo el abrigo de mi chaqueta. Le sonreí en cierto momento y ladeé ligeramente el rostro, seguí el movimiento de sus labios y el de sus ojos con gran esmero — Ninguno sabía del otro, esto se lo debemos a Hachi sin duda. Nunca fue abierto con ciertas cosas — esa era la realidad, Hachi no contaba nada por mera pereza de hablar y mientras no se le preguntara algo directo donde el bastardo respondiese solo con un si o un no, sería inútil preguntar. Bien lo sabía yo.

Al oírla llamarme hermano sentí algo enfermo, retorcido, en mi interior algo se removió por ser testigo de que esa voz me llamaba hermano. Sonreí ampliamente, sin falsear tal curvatura, aunque esta era una sonrisa que no duraría al pensar nuevamente en Hachi tras la pregunta de la impostora de mi Sayuri — Hachi suele venir cuando se le necesita — y aquello era totalmente mentira, Hachi venía cuando se le daba la gana independientemente de que en el mercado se necesitase su labor. Como Hachimenroppi hacía de todo un poco, no tenía puesto fijo allí, no era como yo. Aunque en mi caso, si faltaba personal para darle un escarmiento a las mascotas jamás me negaría a ayudar y de ahí la reacción de varias de las mascotas que antes tomaron lugar en el baño común — ¡Que descortés de mi parte Sayuri! — le abracé nuevamente, sin una razón oculta salvo el enfatizar una emoción que no sentía pero que si podía emular bastante bien — Izaya, puedes decirme Iza, Izy, Iza-onii-chan ¡Como tú quieras!— dije depositando un toque animado a mi voz, mas esta no dejó de estar cargada de algo totalmente negativo y diferente a lo que se supone debía transmitir  — Que curiosa eres, Sayuri-chin ~  — me incliné hacia ella y rocé su nariz con la punta de la mía  — Nací en el 2800, saca la cuenta  — y esa fecha era un mero aproximado, no recordaba la fecha en que me dijeron que nací y sinceramente no me interesaba. Fuesen dos o diez años de diferencia, para mí siempre sería el dos mil ochocientos.  

Oírla hablar sobre su madre nuevamente me generaba algo desagradable, mas al oir su parafraseo sobre Hachi con respecto a los híbridos es que simplemente reí — ¿Se enorgullece de ti?, eso es realmente adorable. Un demonio sintiendo orgullo por otro demonio — en mi mirada podía apreciarse claramente lo disconforme que me encontraba con esa actitud para nada digna de un demonio que se respete. ¿Orgullo por un hijo? ¿Orgullo por otra persona ajena a uno mismo? Hachi era repulsivo, siempre lo fue, mas saber que estaba orgulloso de algo más provocaba que quisiera romperlo con mis propias manos. Por fortuna para aquella mujer, mi hermanita, mi interés era mayor en su madre y no en las formas que tendría de hacerla sufrir por simple gusto de fastidiar a mi padre. Verla morderse la cola era extraño y más al notar la forma en que su rostro reflejó el gusto por ser mordida allí, yo lo comprendía bien, sabía que tan sensible era esa zona y cuan adictivo podía ser el morder. Mantuve una sonrisa y aparté del todo mis manos, pero no me distancié de ella. No aún.

Nos interrumpió uno de los empleados del mercado, se trataba de uno de los custodios, quien tenía la finalidad de mantener a toda mascota en su celda a determinada hora, en caso contrario tomaría en sus manos el castigo apropiado. Dejé de mirar a Sayuri para centrarme en él, estaba sorprendido, rara vez me disponía yo a jugar con una mascota en los baños, ni siquiera en sus celdas. Mis juegos siempre eran en un solo sitio, sector al que me vi tentado en llevar a mi hermana. Alcé la diestra y saludé al hombre — No olvides revisar a los que suelen esconderse entre la basura~— el licántropo asintió y tras moverse un resto acabó por irse. No quería ser partícipe de mis acciones, nunca estaba satisfecho con mis métodos ni yo con los suyos. Yo jugaba, él simplemente ejecutaba. Retorné la mirada a Sayuri topándome con esa intensa mirada, aquella que durante tantas noches tuve solo para mí porque su portadora me pertenecía. Aun hoy en día pese a que ya no me observa ni podrá hacerlo jamás.

Volví a abrazarla y a juntar mi pecho al ajeno, tras eso es que ella asume que todo debía finalizar. Sentí cierto placer en saberla equivocada y más al ser rechazado — Que obediente de tu parte, Sayuri. Si tan solo tu madre lo hubiese sido, las cosas serían muy diferentes ahora — solté su cintura y llevé ambas manos a las mejillas contrarias, le sujeté con firmeza, pero sin abusar de rudeza innecesaria — Hoy pasarás la noche en otro sitio, no en tu celda — me incliné hacia ella y rocé mi frente con la de ella — ¿No te gustaría jugar con tu hermano ahora que podemos? Nunca se sabe lo que pasará el día de mañana, mucho menos en el mercado negro... — susurré con delicadeza al tiempo en que mi boca se posó en la mejilla contraria — Aprovecha que tu hermano trabaja aquí, puedo brindarte mayor comodidad e incluso darle aviso a nuestro padre — entrecerré la mirada y le solté por completo, dando un paso hacia atrás cuidando el equilibrio — Aunque para darle aviso, veo prudente que igualemos los favores ¿No te parece? — le miré entretenido mientras me alejé de ella en dirección a la salida — Ya que no quieres que te toque serás tú quien camine por cuenta propia, pero ten cuidado. Podrías caer... — junté ambas manos tras de mi y luego de balancearme unos momentos le dediqué una mirada altanera, provocadora y no precisamente por buscar reacción en ella, no en esos momentos. Solo quería transmitirle que realmente eso no me preocupaba y que allí, nadie se preocuparía de eso, ni siquiera su hermano.

— Vamos, vamos ~ si te encuentra Al se enfadará con nosotros — y tras eso salí finalmente de las duchas, pasando por un pasillo descuidado y no muy cubierto donde toda mascota dejaba los harapos que estuviese vistiendo para la ocasión. En la soledad que esa estancia me brindó es que una mueca retorcida se apoderó de mi rostro y sentí como mi pecho ardía. Sentí odio, amargura, ansiedad, excitación y una insana emoción por todo aquello. Deseaba saber tantas cosas ¡Magnífico era seguir siendo ignorante! El saber más cosas siempre sería algo que he de disfrutar pese a que esa información involucre a quien se supone conocía completamente. Sayuri, mi Sayuri ¿Cuántas cosas me habrás ocultado? Reí bajo, muy bajo antes de seguir adelante y esperar a que la copia de mi amada Sayuri saliera. Me debía tantas respuestas que no me importaría hacer un trato con ella, así de grande era mi necesidad por conocer a la única mujer importante en mi vida. Solo ella, nadie más que ella.


¡Aquí están todo lo que me han regalado! Ya no cabe en mi spoiler.

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