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Mensaje por Invitado el Sáb Feb 06, 2016 8:36 pm


MERCADO NEGRO — SALA DE CASTIGOS — PRIVADO CON ETZATLAN


El día a día en el mercado negro solo podía ser peor que el día anterior, esa era la mejor manera de pensar para poder sorprenderse cuando las cosas no eran tan malas como uno esperaba. Solo los más obedientes podrian decir que vivieron 'sanos' en la inmundicia de semejante lugar; el problema era que básicamente nadie era sumiso ni dócil en un cautiverio como el que vivíamos constantemente. Lo peor del asunto es que aun consiguiendo escapar, éramos regresados en horas o en días para los menos afortunados ¿Y por qué digo esto?, sencillo, entre más tiempo estás fuera más agradable sería la bienvenida cuando te apresen de nuevo. En mi caso, alcancé a estar solamente dos días fuera y como era de esperarse me capturaron al primer descuido. Fácil pueden decir que soy despistado, pero tampoco podía estar mucho tiempo fuera en condiciones decentes ya que si no es uno es otro quien me atrapa debido a la manera en que me gano las cosas fuera. Lamentable, lo sé bien.

¿A qué más puedo aspirar sin dinero?

Tras haberme atrapado me gané una buena golpiza, lo habitual, a mi ya no me importaba ser dañado físicamente. El dolor corporal, de alguna manera, seguía recordándome que lo peor no llegaba, seguía vivo. Simplemente tardaría en recobrar las fuerzas para intentarlo de nuevo, ya que pese a ser devuelto incontables veces aún no descubrían como es que me lograba escaparme, aquel es mi secreto más íntimo en la actualidad, el único que puedo tener a estas alturas y aunque los empleados de aquel comercio ilegal insistían con sus golpes, no conseguirían nada de mi. Ellos y yo estábamos más que acostumbrados a tal trato. Me llevaron rápidamente y sin mucho problema directamente a la sala de castigos pasando por un largo pasido donde se veían las celdas de todos los otros desdichados, allí se encargarían de 'educarme' por, quien sabe que vez ya, perdí la cuenta tras la vigésima. Lo bueno para mí era que no podían matarme, no por algo así al menos, yo seguía significando un número positivo para aquel lugar y mientras yo no matara a nadie seguramente podría vivir un nuevo día, un nuevo intento y un nuevo fracaso.

Al menos con vida, existe la mínima esperanza.

— Deberían darme más días fuera, después de todo siempre regreso con ustedes... — comenté en un tono cansado a sabiendas de que tales palabras serían castigadas, apenas terminé de enunciar tal oración fui empujado con brusquedad a un muro sin siquiera recibir una respuesta verbal. No tenía sentido el hablarles y admito sin problemas que soy testarudo, no dejaré de hacerlo, no mientras aún tenga cuerdas vocales y consciencia. Me incorporé con lentitud y dejé mi cola lo más pegada a mí que pude, quise evitar de esa manera que la tomaran y la arrancaran o le dañaran, ya lo habían hecho y es algo que no quiero repetir. Mi cuerpo se resintió al momento de apartarme de la pared y retomar el camino, creí que al llegar finalmente a la sala podría dormir un poco, lo más probable es que pasara el castigo inconsciente y eso me relajaba.

Al darme cuenta ya estaba dentro de la gran estancia dedicada a darle a los que huyen lo apropiado, alcé la mirada buscando a otros como yo y pude apreciar solo a un individuo quien al igual que yo no era humano, dato que solo me hizo alarmar, nunca me llevé bien con otros como yo -ya que pude ver que poseía rasgos animales como los mios y equivocadamente le dejé a mi nivel- y esperaba que no me tocase compartir el castigo con él. Sentí rechazo instintivamente y no supe el porque, no obstante, mi mirada no se apartó de la de aquel sujeto en lo que me empujaban  y colocaban una cadena directamente al collar de mi cuello.

— Hoy parece que tienen suerte pequeños infelices, el carcelero no se encuentra cerca, tendrán que esperar a que llegue para ser atendidos — dijo uno de los hombres, el más corpulento del grupo y poco me importó lo que dijera — Si se portan bien quizás tenga algo de compasión — comentó seguido de una gran carcajada y mientras aquel iba diciendo más tonterías innecesarias, uno de los hombres fue con lentitud hacia donde se encontraba mi único compañero de 'habitación', se le notaba con miedo por la manera en que lento buscó verificar -en mi opinión- la cadena que debía sujetar al contrario. Por mi parte acomodé mis ropas y las limpié (referencia) despreocupadamente y terminé por sentarme de tal manera que la cadena no tirase demasiado. Al mirar mejor al hombre que aun no se acercaba del todo al otro sujeto pude fijarme el el motivo principal de la cautela del hombre, cerca del chico habrían varios trozos de carne y un charco de sangre que incluso le ensuciaba y no parecía estar herido, pero lo que me llamó fuertemente la atención es que al ver su cuello no encontré ninguna cadena que le atara a la pared.

¿Qué demonios hace aquí si no tiene amarras? Algo en el fondo me instó a no querer averiguarlo.

Invitado

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Re: |P|+18| Aún vivo

Mensaje por Etzatlan el Sáb Feb 06, 2016 8:43 pm

Ellos lo sabían, siempre lo supieron, conocían perfectamente las reglas acerca del mantenimiento de un Ahuizolt como él.
• Mojarlo con agua, fría, caliente, congelada, limpia, sucia, de cualquier forma, pero debían mantenerlo mojado por lo menos una hora por día.
• No acercarse demasiado. Con una criatura que se maneja solo por instintos animales, no hay que acercársele demasiado, porque puede pasar de la curiosidad al ataque en menos de un segundo. Por eso desde que lo capturaron, no ha conocido otro lugar que no sea su oscura, fría y sucia celda, no se arriesgaban a que intentara atacar a alguna de las otras valiosas criaturas que hay en ese lugar, otro lugar que conocía era el patio, pero solo por poder verlo atreves de aquella pequeña ventana, un patio igual de gris y rodeado de rejas electrificadas, más de una vez ha visto a pets intentando escapar, saltando o pasando por debajo, solo para tocarlas accidentalmente y sufrir una descarga que los paralizaba por unos minutos.
• La tercera regla y una de las más importantes de todas. Jamás, nunca, por ningún motivo, dejar que pase hambre. Olvidarse de esta regla es el peor error que pueden cometer… y es exactamente eso lo que ha sucedido.

Pasaron 7 días desde la última vez que le dieron carne cruda, no es que no le dieran de comer, durante esos tres días recibió su alimento diario… pero solo era pan, arroz, o algún alimento que a él no le sirve de nada, si come algo de eso podría llegar a enfermar, además que el sabor de esa comida no le gusta para nada, si bien es un ser que puede pasar días y días sin con comer, con cada minuto que pasa con hambre sus instintos se vuelven más y más fuertes, llegando al punto que ya su conciencia pierde por completo el control y solo queda un animal salvaje, que atacaría al primero que viera.
Y es la persona que le lleva la comida ese día.

Apenas la puerta se abre la garra de su cola atrapa a la persona del cuello y la mete en su celda. Los gritos horrorizados alertaron a los guardias que rápidamente llegaron a ese lugar y lo retuvieron, interrumpiendo su comida, entre forcejeos, gritos, gruñidos, sangre, mordiscos, y golpes, finalmente lograron encadenar y llevar al Ahuizolt a la celda de castigos.

La sala de Castigos es un lugar lúgubre, frío, una habitación amplia de cuatro paredes de cemento, con manchas de color rojo oscuro manchándolas de castigos anteriores. A lo largo de las paredes están clavadas cadenas de diferentes largos para poder asegurarse que las mascotas no pudieran escapar de sus castigos. Lo dejan solo encadenado contra una pared unos minutos, minutos que aprovecha para calmarse y analizar la situación de una forma más tranquila. Cuando el carcelero llega al lugar, él ya tiene pensado un pequeño plan, el cual ea… alimentarse. El carcelero se acerca a él con un gran fierro en la mano, listo para castigarlo y asustarlo como siempre ha hecho con otros pets, pero su confianza es demasiada. Cuando lo tiene al alcance en un segundo se transformó, rompió la cadena y de un mordisco le arranco un brazo, la sangre salpicó por el lugar, manchándolo a él y al suelo.

Esta vez fue el carcelero quien se asustó, más no pudo hacer nada cuando la garra de la cola de Etzatlan lo atrapa del cuello y lo estrangula hasta la muerte. Atrae el cuerpo hacia la pared y se sienta a comer con una calma impropia de una bestia que acaba de matar a alguien. Come dándole la espalda a la puerta y tapando aquel cuerpo con el propio de manera que nadie pudiera verlo.

Ya casi termina de comer, al menos las cosas más importantes que son los órganos, en especial, el hígado y el corazón, cuando el sonido de unos pasos le alertan y rápidamente vuelve a su forma semi-humana convirtiendo su cola en una simple cola de perro o lobo. Se sienta mirando a la puerta con solo su ojo bueno y con los restos del cuerpo tras él, con el dorso de la mano se limpia la boca, para no levantar sospechas, y tal vez… poder conseguir algo más de comida, aún está hambriento.

Mueve sus orejas cuando escucha la puerta abrirse, aunque su rostro se muestra sin emoción, en realidad está sorprendido al ver como esos dos guardias atan a aquella extraña criatura de cola y orejas felinas, como había visto en otros pets antes que le atraparan. Se queda más tiempo del debido mirando y analizando a aquella criatura, haciendo oídos sordos al idiota corpulento que no dejaba de hablar y de reírse, e ignorando al otro flacucho que se acerca de forma cautelosa hasta que está demasiado cerca para él y entonces de un movimiento rápido gira su cabeza y se enfoca en aquel guardia que para esos momentos está demasiado pálido y sus ojos muestran el terror que siente, aquello hizo que el corazón de Etzatlan latiera con rapidez y sonriera de una forma escalofriante. –Corre…-Susurra muy bajo aquel guardia al tiempo que el Ahuizolt se levanta de su lugar de forma lenta y dejaba ver la terrible carnicería que había hecho con el cadáver anterior. -¡¡Corre!!- Grita, pero una garra le aprieta el cuello y con su otra mano le arranca los ojos sin ningún cuidado y cuando grita de dolor, también le arranca la lengua, la sangre brota sin parar y el hombre se ahoga con su propia sangre... El humano que aún está vivo al ver esto sale corriendo a la salida gritando… mala idea… nunca hay que correr frente a un depredador… te verá como una presa fácil.

Tan rápido como antes, Etzatlan se lanza contra su tercera presa, saltándole encima y tomando su verdadera forma animal desgarra el vientre del hombre y empieza a comer de él, tapándole la boca con una de sus patas/manos. En menos de un minuto, eran tres los cadáveres en el suelo. Se toma su tiempo para comer, masticando y tragando cada bocado y pedazo de carne que considere importante. Cuando termina con el hombre más grande, deja los restos donde están y camina de forma calma a los ojos y la lengua que le había arrancado al otro y los había tirado para cazar al tercero. Los lame antes de comerlos de un solo bocado, es entonces que su ojo se fija en el único sobreviviente del lugar. Se pasa la lengua por el hocico solo para limpiarse, su hambre ya está saciada, por lo tanto ahora sentía curiosidad por aquel individuo extraño. Se acerca con pasos silenciosos y lo olfatea a corta distancia.

Él ya comió y se encuentra lleno, por lo tanto no volverá a cazar ni buscar alimento por un tiempo, a menos que sea provocado.

Inclina levemente la cabeza sin dejar de ver al gatito y vuelve a su forma humana.
–Tu… ¿Qué ser tu?- Su voz suena joven, pero algo rasposa, como si no estuviera acostumbrado a hablar, y esa es la pura verdad.


La forma animal:

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Re: |P|+18| Aún vivo

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 27, 2016 4:27 am

No esperé presenciar algo tan bestial como lo que vi en aquella celda, ni siquiera las veces anteriores en las que me encerraron allí pude ver algo tan hórrido como lo hecho por aquel ser. Dudé un largo momento en si conseguiría salir de allí, ya que la brutalidad  ajena me impactó y la escena dejada a su paso era vomitiva. Inconscientemente me apegué al muro tras de mi haciendo el menor ruido posible, como si de esa manera pudiese evitar que aquel sujeto centrase su atención en mi persona. Yo no podía hacer nada, ni siquiera libre de la cadena que me aprisionaba, lo único que podría haber hecho era escapar y por como el contrario obraba, resultaba imposible tal idea. Decidí, entonces, contemplar resignado la macabra escena percibiendo los sonidos de sus dientes al masticar el hueso y las entrañas de su victima, notando como la sangre escurría por el suelo generando un charco bastante amplio alrededor de los cuerpos que yacían sin vida. Aquello no me asqueaba y no porque estuviese mínimamente acostumbrado, mi lado felino -precisamente el jaguar- me hacía rememorar las veces en que yo mismo tuve que cazar para sobrevivir y por ello, no pude apartar la mirada del animal frente a mi. No negaré que cierto temor se apoderó de mi al ver que ya había 'terminado' con el cadáver, fruncí el entrecejo y mi cuerpo se tensó a medida que aquel se iba aproximando hacia mi ubicación.

¿Querría seguir probando carne? Dudaba que tras comer todo aquello tuviese espacio para mi, pero, esa duda podría terminar en la perdición. Fui incapaz de emitir sonido o siquiera moverme un resto hasta que el contrario cambió su aspecto y, lo peor, me dirigió la palabra de una forma algo extraña.  — ¿Qué soy?  — fruncí el entrecejo, ofendido por aquella pregunta pero tonto no era y no recriminaría a alguien capaz de tal masacre  — Soy un híbrido  — aclaré bajo pero audible  — ¿Puedes notar entre que especies?  — pregunté tanteando la situación en la que me encontraba ¿Sería una presa para él? de serlo no me habría hablado, supongo, pero ¿Qué demonios sabía yo de una criatura como esa? Retrocedí un poco logrando apegar del todo mi espalda a la fría pared y el tintineo de la cadena nuevamente se escuchó, lo odiaba bastante solo por recordarme donde me encontraba. — ¿Tú qué eres? — le devolví la pregunta tras unos momentos de silencio por mi parte, no me atreví a saca conjeturas directamente o podría perder algo que me importara. Aún así, pese a que sentía miedo no lo demostré, nunca fui muy expresivo con el resto y esperaba que ello jugase a mi favor. Sería patético ser asesinado con una expresión tan lamentable como la del pánico. Agité una de mis orejas y ladeé apenas el cuerpo, no podía hacer mucho después de todo, si aquel me atacaba yo ni siquiera podría cambiar mi aspecto o acabaría ahorcado entre la diferencia de medidas en mi forma animal y 'humana'.

Mis orejas se desviaron en cierto momento al oír algunos pasos, mi audición era bastante buena — Oh... — no quise desviar mi mirada del rostro ajeno y estuve curioso por aquel parque, pero no fue ese rasgo lo que me mantuvo atento sino lo obvio, el peligro que aquel ser representaba aún para mi. Podría decir que estaba algo sorprendido en que aún conservase mi vida para esos momentos y, queriendo pasar todo aquello como algo normal, retomé la palabra — Hay más vigilantes fuera de aquí ¿Te preocupan? — pregunté sin alterar mi voz y demostrar mi naciente inquietud. No sabía si sería peor quedarme con él o acudir a otros cuidadores, a las finales, aquel como yo era una mascota ¿no?

Invitado

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Re: |P|+18| Aún vivo

Mensaje por Etzatlan el Sáb Mar 19, 2016 6:14 pm

La curiosidad de aquel ser se podía ver en su único ojo color cielo y pupila delgada que observaba al otro en cada detalle. Inclina la cabeza a un lado y se acerca más a él, cerrando su ojo para concentrarse y olfatearlo. Solo estuvo unos segundos olisqueando cual perro antes de volver a su posición anterior, el olor del otro era fácil de distinguir y también el temor que intentaba ocultar ante alguien como él. –Mmmm gato de humanos… poco sabroso y…. gato oscuro de selva…- Una fina sonrisa se forma en aquellos labios manchados de sangre. –Etzatlan no ver uno… mucho tiempo… - Sus memorias lo llevaron a aquella época donde nadaba y observaba desde las profundidades la fauna de las selvas y pantanos, recordaba la gran cantidad de panteras negras que existían antes que los humanos destruyeran todo y aquellos animales se convirtieron en un escaso número, hasta finalmente desaparecer… así como muchos otros seres con el correr de los siglos. Recordaba también que eran animales feroces y luchadores, más de una vez tuvo que alimentarse de alguno de ellos y peleaban hasta el final.

-Etzatlan ser Ahuizolt.- Se señala y se le queda viendo guardando unos momentos de silencio, hasta que se da cuenta que posiblemente este gatito nunca antes había visto a uno como él, o quizás ni siquiera ha escuchado algo acerca de su especie. –Ahuizolt vivir muchos años… venir cuando mundo no arder, todo ser verde y aire ser puro… muy puro.- Se acomoda mejor en el suelo, sentándose en forma india con sus piernas cruzadas como si fuera un ancestro contando una historia. –Etzatlan cruzar aguas grandes y oscuras muchos años… el sol bajar y subir muchas veces, iluminar montañas humanas de tierra de Etzatlan…- Baja su mirada al suelo. Moja uno de sus dedos en la sangre que había regada por el suelo y con su dedo hace el dibujo de una pirámide azteca, un calendario azteca y algunos símbolos de aquella época, tratando de mostrarle al otro de donde viene, aunque probablemente tampoco lo supiera, eso fue hace muuuuchos siglos y quizás ya no se estudian esas cosas.

Sus orejas cortadas se sacuden un poco y gira su rostro para ver sobre su hombro la puerta de aquel lugar, por los ruidos sabe que aún no están muy cerca. Vuelve su atención a su compañero momentáneo de celda.
-¿Preocupar a Etzatlan? ¿por qué?- Inclina un poco la cabeza dándole un aspecto infantil y casi inocente. -Guardias miedo a Etzatlan, Etzatlan no miedo guardias. –Una sonrisa algo escalofriante se forma en su rostro mostrando sus dientes afilados. –Guardias presas. Etzatlan cazador.- Su lengua recorre sus labios al pensar en la carne que se acerca hacia él. No tiene hambre en realidad, de hecho esos tres hombres fueron más que suficientes, pero aprendió que en este lugar no puede desaprovechar la comida y menos cuando esta se acerca tan fácilmente a él como lo hacen aquellos pasos apresurados y si tiene suerte son aquellos guardias que poco les interesa estudiar la raza de cada uno de sus prisioneros.

-Comida venir.- Anuncia. -¿Tu no querer comer?- Por lo general él no es alguien que comparta a sus presas, por el contrario es alguien que lo defiende hasta la muerte, pero esta vez… se siente más “generoso” quizás es solo porque reconocer que el felino es mitad pantera, le hace recordar tiempo antiguos, donde ambas especies compartían el mismo territorio. O solo es el día de suerte del gatito, sea como sea, sus palabras dejan en claro que por hoy no comerá híbrido felino de postre. –Tardar en venir.- Mira hacia la puerta bajando una oreja en un gesto de desilusión ante la espera.

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