Las lágrimas del nuevo comienzo [Priv Yuma]

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Las lágrimas del nuevo comienzo [Priv Yuma]

Mensaje por Tsukasa Nanase el Dom Sep 17, 2017 8:42 pm

¿Podría ser que las cosas mejorasen por fin para Tsukki? Vamos, que tampoco es como si su vida fuese un completo desastre, claro, tuvo que venderse a sí misma para salvar a sus padres y luego fue comprada, salió con su mejor amigo y tras un extraño altercado se volvió su novio, el existir venía con momentos buenos y malos, los ciclos no se detendrían, por muy triste o feliz que estuviese alguien. La sirena quería ser alguien positiva, es por eso, que en cuanto la compraron y pudo ser de ayuda, no pudo evitar sentirse dichosa, pero nuevamente, el día a día estaba lleno de sorpresas.

Un día común y corriente, la pelirroja se había levantado temprano como de costumbre para poder dirigirse a su trabajo como mesera, procurando irse en silencio para no molestar a nadie en sus labores, o en su defecto, en su sueño. Su jornada fue tranquila, los clientes regulares le sacaron una que otra sonrisa y los más ancianos, la hicieron sonrojarse con comentarios inocentes acerca de lo radiante que se veía últimamente. -- El amor de los jóvenes, eh. Que envidia. -- Por supuesto, la chica Nanase no podía hacer más que tragar su vergüenza y continuar sirviendo a los clientes.

Como sea, su turno acababa y emprendió el viaje de retorno con tranquilidad hacia la mansión de la rubia. Pensando en qué estilo de natación sería el más indicado para seguir con la terapia de su ama, es decir, no era una experta en la hidroterapia empero se había preocupado de estudiar para que su estadía en la casa ajena tuviese validez.

-- ¿Eh? -- No. Eso tenía que ser una broma, una muy mala broma. Sus pies se detuvieron en la entrada de su supuesto hogar, donde las rejas estaban cerradas y sus pertenencias se encontraban en un bolso, por fuera de éstas. -- Esto es una jodida mentira. -- No es que la bestia fuera la más malhablada de la isla, no obstante, su arremolinado corazón no lograba encontrar las palabras exactas para lo que la abatía. Revolvió en aquel bolso, encontrándose con cada una de sus cosas, hasta el más minúsculo broche para el cabello, todo estaba allí, y entre medio de eso, un sobre de color morado.

Tsukki,

Es una pena que tengas que enterarte de esto así,
me hubiese gustado decírtelo en persona y
haberme despedido, pero ya ves, las cosas son así.
No puedo decirte las razones, pero mi padre ha optado
por que nos mudemos a otra parte de Myr.
Agradezco profundamente todo lo que has hecho por mí,
y el progreso que logramos con tu notable amor por el agua.
No podré alargar demasiado esto, así es que muchas gracias por todo.

Disfruta de tu libertad.

La carta no estaba firmada, en su lugar sólo se encontraba una pequeña llave, la llave de su libertad. -- No. -- Su respiración se tornó errática, las mejillas se le enrojecían y las lágrimas comenzaron a brotar. La habían abandonado.

Un llanto que brotó desde lo más profundo de su alma, ¿por qué no podía seguir todo como estaba? ¿Era necesario que la abandonaran de esa manera? ¿De qué le valía tener su libertad ahora? Las emociones se desbordaban, así como las lágrimas recorrían sus mejillas. Tsukasa tomó el bolso con sus cosas, guardando la carta y la llave antes de comenzar a correr.

El viento sacudía sus cabellos y le enfriaba su entristecido rostro, helando su corazón. No podía seguir ahí. Sus pies se movieron sin pensarlo demasiado.

Uno, dos tres, diez. Golpes desesperados en la puerta de la única persona que podría comprenderla, el único ser en quién podría refugiarse de la soledad. -- ¡Yuma! -- Lo llamó esperando que le abra, dejando caer sus pertenencias, soltando un grito que denotaba la amargura de su corazón. -- ¡Me abandonó…! -- Fue incapaz de pronunciar otra cosa al ver la figura masculina, lanzándose a sus brazos y ocultando su lamentable rostro en el cómodo pecho ajeno. Un poco de calor, sólo el vampiro podía curar su corazón.

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Re: Las lágrimas del nuevo comienzo [Priv Yuma]

Mensaje por Yuma Midorikawa el Mar Oct 17, 2017 5:52 am

Una larga jornada de trabajo siempre tendría por resultado a un vampiro perezoso que emplearía cada una de sus siguientes horas libres en reponer la energía gastada. Yuma  había tenido un incremento de labores en su empleo como paisajista y en las últimas semanas había descansado poco, aunque eso no quitaba que siguiera disfrutando de salir a hacer alguna trastada con amigos, comer chatarra en la comodidad de su hogar y, su nueva actividad favorita, salir con la sirena pelirroja para molestarla, retarla y hacerla sonrojar un poco; por ello, esa tarde en cuanto su jefa le anunció que dispondría de un par de días libres antes de iniciar un nuevo proyecto, casi suspiró de alivio.

Nada más llegar a su casa había realizado lo que ya era su costumbre luego del trabajo: ducharse, comer algo de la nevera y tumbarse a dormir. Aunque el último paso lo suplió por permanecer en la cocina preparando un guiso de carne con patatas y algo de tomate: si por fin tendría algo de tiempo libre, entonces aprovecharía para consentirse a sí mismo también en la comida, ya que últimamente se la vivía con alimentos instantáneos que compraba en mini-súpers cuando tenía oportunidad. Cuidadoso, dedicó casi un cuarto de hora a cortar la carne y otros 45 minutos en sazonarla con especias y aderezos, tranquilo y en cierto modo alegre. Cocinar le hacía recordar que no era un vago en todo como casi siempre demostraba al mundo, una cosa más que sumar a la lista de cosas en las que podría retar a alguien por diversión. Miró el reloj de pared por un par de segundos para comprobar la hora en que metería su platillo al horno de la estufa y decidió que los 30 minutos que tendría que esperar podría pasarlos en su sofá.  Tan alto como era, se dejó caer en el amplio mueble de tapicería oscura y suspiró satisfecho de si mismo por el descanso que habría de tomarse en aquellos días. Quizá incluso se le presentara la oportunidad de viajar a la granja que poseía en el islote agrícola de Myr, un viaje de fin de semana sería bueno para olvidarse de las preocupaciones, tal vez incluso pudiera llevar a Tsukki con él si su ama le permitía realizar la pequeña escapada.

No habían trascurrido más de 5 minutos desde su cómoda posición cuando el insistente y fuerte llamado a su puerta le tomó por sorpresa, al grado en que el ruido repentino le hizo saltar del sofá y caer de espaldas en el suelo al tiempo en que soltaba un quejido -¡Agh! maldición- instantáneamente se llevó las manos a la zona afectada y queriendo matar mentalmente a quien fuera que tocaba la puerta de ese modo comenzó a levantarse de su incómoda situación. Un claro gesto de molestia estaba marcado en su rostro conforme se planteaba la idea de fingir que no se encontraba en casa e ignorar por completo al visitante que le quitaba la tranquilidad... o al menos así fue hasta que a sus sensibles oídos llegó con claridad la voz de la sirena de dientes afilados, que le llamaba. Su desinterés se desvaneció mientras caminaba a la puerta, algo tenía que estar mal: el tono en la voz de Tsukasa era más que suficiente para advertirlo ¿Desde cuándo sonaba tan lastimera y deshecha? Eso no era algo que encajara con el perfil que tenía de ella.


No fue necesario que él se aproximara a la pelirroja en cuanto la puerta se abrió, ella se encargó de acurrucarse contra su pecho antes de que siquiera pudiera verle la cara pero, para su mal gusto, descubrió que en serio algo malo había sucedido en cuanto el tacto cálido de la joven denotó el matiz del llanto y amargura -¿Que te.... qué?- las palabras pronunciadas por la fémina le tomaron por sorpresa,  de hecho, en un principio no fue capaz de comprender a que se refería con aquello hasta que sus ojos se posaron sobre el bolso con las pertenencias. Como un click rápido en su cerebro, la situación que posiblemente atravesaba la pelirroja fue armándose como un rompecabezas dentro de su mente -No es cierto... ella no se atrevería a...- la frase quedó inconclusa en sus labios. Tsukasa no le mentiría o bromearía con algo así de serio, si estaba ahí diciendo que había sido abandonada y con todas sus cosas en aquel bolso no podía significar otra cosa que lo que ella había expresad. Lento, sus brazos se acomodaron en torno a la silueta contraria y dejó que sus manos acariciaran con suavidad los cortos cabellos de la menor en un intento por consolarla, no tenía realmente palabras para aquello -Venga... entremos... sera mejor que seguir aqui- la jaló con suavidad al interior de la vivienda y cerró la puerta en cuanto ambos la atravesaron por completo.


No permitió que trascurriera demasiado, una de sus manos se había ido a posar a la mejilla derecha de la sirena, acunándola con suavidad mientras él se aproximaba a depositar un corto beso en la frente de la chica -Necesito que me expliques lo que sucedió.. pero no debe ser ahora, no te forces a ello- se alejó un par de pasos y la miró con preocupación, aunque el olor de su guiso en la cocina le dió algunas ideas --Estoy preparando algo, quédate a comer... de hecho, puedes quedarte cuanto lo necesites, sabes que no me molesta- comentó aquello conforme le regalaba una sonrisa ladeada corta en un intento por animarla. No había manera de negar, que incluso alguien tan vago y poco serio como Yuma podría sentirse mal cuando una persona que le importaba resultaba dañada.

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