Abriendo La Caja De Pandora [Priv. Shu]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Abriendo La Caja De Pandora [Priv. Shu]

Mensaje por Momo el Jue Ago 24, 2017 3:12 am




Abriendo La Caja De Pandora
Con Shu en la Mansión a las 20:00Hrs

No lo entendía... en verdad que no entendía nada


Tú me gustas...


Deseaba tirarse del techo de la mansión para borrar todo lo que había escuchado de su mente, pero eso solo crearía más problemas.


En serio Momo... olvidémonos de todo, y quédate conmigo, porque me gustas tanto, que eh llegado a odiar a cualquier que te mire demasiado...


Aquellos sonidos, los ecos lejanos de la confesión que hacía poco había escuchado aun resonaban en su mente, y es que Momo, estando recostada sobre el sillón de la sala de estar, seguía sin poder creerlo, y es que ¿Cuándo había pasado todo aquello? ¿Cuándo siquiera Edgar había dejado de mirarla como una amiga? ¿Porque... porque justamente el debía de declarársele? Y no es que el grifo fuese feo, que la tratase mal, o que representara una peste para toda la vida, sino todo lo contrario, porque desde que había llegado a la mansión significo el primer empleado que la trato como un ser vivo en lugar del juguete de su amo, a quien trataba bien frente a Shu pero como basura cuando no estaba presente, siempre le mostraba una cálida sonrisa, estaba ahí cuando se molestaba con Shu y necesitaba un hombro sobre el que llorar, y es que... ¿Cómo no tenerle aprecio a Edgar? Si, Momo lo quería, pero no al grado de considerarlo como una pareja, al menos jamás intento verle de esa manera hasta que él confeso sus sentimientos, tomándola por sorpresa en la cocina, casi obligándola a seguirle hacia los jardines de la mansión aquellos que en más de una ocasión visito con Shu -llevándole prácticamente a la fuerza porque el varón no era del tipo que amara el aire libre -decepcionando a Edgar al pensar el grifo que era el primero en enseñarle semejante paisaje, pero aun así no se había dado por vencido, con sus mejillas algo rojas y el azul de su hermosa mirada destilando seguridad tomo con fuerza las manos de Momo, pidiéndole le escuchara, que no se marchara hasta que lo dijera todo, y es entonces, que ante el asentimiento de una confundida pelirosada que finalmente soltó su verdad


Tú me gustas... en verdad que lo haces Momo, desde la primera vez que llegaste a la mansión llamaste mi atención y créeme que no fue por lo que eras, sino por quien eras, y en quien te fuiste convirtiendo estando aquí... ¿En serio no te das cuenta de lo que provocaste en mí? Te metiste en lo más hondo de mi ser, siempre que sonríes, que te veo nerviosa, triste o.. solo viéndote día con día, soy feliz... -sus suspiros cortaron un segundo aquel instante de efusividad y rapidez a la hora de hablar, cambiándolo por los nervios típicos de un muchacho en plena confesión, así como también la profunda ira mezclada con resentimiento que se albergaron por aquel quien le había quitado lo único que le había pertenecido de la súcubo desde su llegada, la alimentación que lo volvía el hombre principal en su vida, porque Shu podría haberla comprado, pero de él dependía la vida de la súcubo, y sin embargo, hacia un tiempo ya tras, Momo termino por decirle que no era necesario aun le alimentara, porque Shu decidió hacerlo, y entonces el mundo de Edgar se había terminado de resquebrajar, porque su amo no solo le había robado la mayor parte del tiempo de aquella a quien amaba, sino también lo único que en verdad a su parecer le volvía importante para Momo, y todo porque Shu Toirumi era un maldito egoísta quien no se conformaba con tener todo el tiempo de la súcubo, sino que la quería al completo y no porque realmente le amara o tan siquiera le quisiera, ese sujeto no conocía lo que era el cariño por otro ser que no fuese su mismo reflejo, sino por el hecho de no compartir su tan querido juguete, y Edgar lo sabía, Shu jamás se planteó que Momo se alimentaria de alguien más, lo supo en cuanto noto su rostro cambiar de tranquilidad a cierto enfado tras que unas maids hablaran de los sonidos que escaparon del cuarto del grifo, pero claro que Edgar nunca se lo dijo a Momo, para ese entonces la chica ya le había conquistado, y tal como ahora, no pensaba entregársela a él ni a nadie - En serio Momo... olvidémonos de todo, y quédate conmigo, porque me gustas tanto, que eh llegado a odiar a cualquier que te mire demasiado... y eso es porque te calaste muy profundo en mí, simplemente ya no puedo resistirlo más... por ello, solo te pido que me quieras a mí, solo a mí y nadie más... si lo haces juro que no te faltara nada, te daré lo que sea que me pidas Momo, si quieres una mansión la conseguiré, si quieres tu libertad le pagare al amo Toirumi lo que pida, pero a cambio solo te deseo a ti, por siempre


En otra situación aquella propuesta le habría parecido tan descabellada que le hubiese dado miedo, pero conocía a Edgar o al menos creía conocerlo, para comprender que su sentir no era obsesión, sino un cariño tan profundo que de rechazarle le lastimaría, y por ello es que se libró del varón pidiéndole algo de tiempo, solo necesitaba pensar un poco las cosas, recomponer su mente y tratar de unirlo a aquel órgano que hacia tanto intento dejar de lado para poder soportar las cosas que de vez en cuando debía de hacer con tal de alimentarse y poder vivir. Su corazón.

Deseaba, en verdad que quería corresponderle al grifo, en su cabeza comprendía que no faltaría a su palabra, le daría hasta el sistema solar con tal de hacerla feliz, y con ello se sintió tan tonta por no darse cuenta antes de los sentimientos ajenos, que casi parecía haber estado jugando con el pelinegro, pero, había otro factor a su ecuación, Shu... ¿Y que tenía que ver él en esa situación? Era fácil, cada que Edgar hablaba deseaba que su cabello no fuera negro, sino rubio, que aquella suave melena que le recordaba a las ovejas viniera acompañada de su amo, pero no comprendía el porque exacto de ese hecho, o más bien, no quería aceptarlo, porque Momo sin darse cuenta, a medida que el tiempo había pasado, con cada nuevo día a su lado, cada vez que la madre del rubio decía algo lindo sobre él y lo llegaba incluso a intimidar, las veces que Shu se mostraba reacio a los tratos de la súcubo pero aun así cedía, cuando se despojaba de su pereza habitual para acompañarla a donde ella se lo pedía, esas y muchas veces más había sido tan feliz, tanto que no pudo dejar de sonreír ni un solo segundo, llegando a dejar el plano del sexo -porque si, finalmente logro que él aceptara alimentarla -en segundo lugar, pero no tanto para intentar obviar que con Shu no era como con Edgar, ni con ningún otro hombre, porque con el Toirumi no deseaba marcharse de su lecho apenas todo acababa, le agradaba poder dormir a su lado, sintiendo su calor corporal, su aroma que seguía impregnado en ella a la mañana siguiente, el poder verle dormir tan plácidamente, incluso el poder despertarlo todos los días, notando su semblante de pereza y enfado, el molestarlo en la escuela a donde asistía y él era profesor, el escuchar de vez en cuando su risa y ver su sonrisa, incluso cuando ella pudiera ser el motivo de burla llenaban su pequeño corazón, y solo entonces comenzó a comprender, que mientras Edgar se iba encariñando con ella, ella misma se iba lentamente enamorando de su amo, haciendo aquello que nunca creyó haría... después de todo ¿El amor era para idiotas verdad? Pues Shu le había convertido en una completa idiota.


- Yo... no... -pensó que si lo decía en voz alta, si podía tan siquiera expresar un "yo no lo amo", sus sentimientos se irían, pero, el nudo en su garganta ante intentar soltar tamaña mentira, le había terminado de confirmar su sentir. Lo amaba, por primera vez en su vida se había enamorado de alguien, pero ¿Cómo no hacerlo? Había sido el primero que le otorgo lo que tanto necesitaba, incluso mucho antes que Edgar, Shu la había ascendido de una mascota, de un juguete, de un objeto, a una persona, a un ser que en verdad podía ser tratado como al resto, y eso, valía mas para Momo que tener mil mansiones. Se sentía tan tonta, tan débil, tan... como la niña que internamente era por haberse enamorado perdidamente de su amo, sin tan siquiera darse cuenta, y aun sabiendo que el recuerdo de Mika seguía azorando la mente del vampiro ¿Cómo competir con un fantasma? No había forma de hacerlo, mucho menos cuando empezó a oír mas y más cosas de ella, lo perfecta que parecía ser, lo hermosa, talentosa... simplemente llego a comprarse sin darse cuenta, solo para saber que estaba muy lejos del tipo de mujer que parecían gustarle a Shu, pero entonces... ¿Que era ella para él? Estaban juntos casi siempre, reían juntos, y tenían sexo pero ¿No lo había hecho también con Edgar? ¿Qué diferencia había de un trato con él otro? Para Shu podía solo ser la manera correcta de tratarla, porque ya antes dijo que no tenía idea de cómo era convivir con una súcubo o como alimentar a una, además, si sumaba el que había estado soltero por tanto tiempo puede que ella solo se tratara de algo momentáneo, porque ahí exista un ganar/ganar. - Tsk... -abrazándose a sí misma, ahora sentada sobre el sofá, con su mirada gacha, pudo notar como pequeñas gotas saladas caían sobre sus piernas, sabía que todo aquello era falso, Shu no hacia las cosas por hacerlas, él no era ese tipo de personas que jugaría con alguien, pero aun así, el hecho de que existiera la posibilidad le dolía, tanto que su corazón le estaba haciendo pasar una mala jugada a su cabeza, o viceversa, para aquella altura ya no sabía quién razonaba y quien sentía. Pero, antes de seguir sumiéndose en su mente, el sonido de un automóvil estacionando fuera de la morada le alerto, Shu había regresado y ella debía recibirlo como siempre, por ello rápidamente limpio cualquier vestigio de lágrimas de su faz, corriendo hacia el varón en cuanto atravesó la puerta, apegándose a él con fuerza, frotando su mejilla en su pecho como si fuese una niña la cual veía a su padre años después de que este se marchara a la guerra, con una necesidad palpable a flor de piel - Corderito... bienvenido a casa -soltó en un ligero suspiro, sin apartarse como normalmente haría, ni tampoco acosarlo, dando a entender que algo había pasado durante su corta ausencia, y de aquello Momo estaba segura el varón se daría cuenta, siempre lo hacía, porque aun cuando todo mundo dijera que era un despistado, estaba atento a la primera de cambio y sabía que no podía llegar a ocultarle absolutamente nada - Tenemos que hablar -y sabiendo que no demoraría nada en soltar la verdad, prefirió ser la primera en sacar el tema, por ello, dudando, se llevó al chico al sofá de la sala, sentándose a su lado para tomarse su tiempo antes de hablar, segundos, minutos incluso, pero tras la espera el silencio se cortó con una simple oración - Edgar se me declaro hoy... y estoy pensando en si debería aceptarle -fue sincera, tal como siempre, porque puede que su corazón fuera de otro, pero si las posibilidades con Shu eran nulas, quizás y solo quizás... darle una oportunidad al chef no era tan descabellado - Él... él va en serio con lo que dijo... -sentía que su corazón se estaba partiendo, pero ni aun así se atrevía a mirar a Shu, solo hablaba por inercia, como una muñeca de cuerda - Dijo muchas cosas... demasiadas y por ello sé que no miente, creo que incluso podría haberse enamorado pero no lo dijo para no asustarme, y que me escapara de él, es decir... esta dispuesto incluso a pagarte por mi libertad de ser necesario... aunque técnicamente sería volverme su propiedad -una risa ahogada, y completamente falsa se le escapo, quería verle, saber que pensaba sobre aquello, pero no se atrevía, tenía miedo de que tan solo le dijera "Me alegro por ti", mostrando un rostro carente de interés, porque eso le destruiría al completo - Y yo... yo... quisiera saber qué piensas tu... no como amo, sino, como amigo Shu... ¿Qué crees... que debería hacer? -finalmente, luego de tanto pensarlo, de tanto hablarlo, sus ojos fueron subiendo por la silueta de Shu, buscando llegar hasta su faz, preparándose, para lo que fuese, que llegara a decirle, porque ella solía ser valiente, sin embargo cualquier muestra de valor moría fácilmente ante la idea del desamor, porque todo el mundo desea ser amado, incluso aquellos quienes dicen que no.

__


Atuendo:I - II






Taaaan Lindos:


Volver arriba Ir abajo

Re: Abriendo La Caja De Pandora [Priv. Shu]

Mensaje por Shu Toirumi el Mar Oct 03, 2017 6:35 am

Aunque ponerse los auriculares era una gran tentación para el vampiro en ese momento, debía permanecer serio y firme en aquella junta que el director del instituto myrense había programado esa tarde. Las calificaciones de los alumnos y el análisis de casos problemáticos entre los mismos en realidad le tenía sin cuidado, por ello una de sus manos reposaba tranquilamente sobre la mesa mientras la otra permanecía ahuecando su mejilla izquierda con desinterés. Su mirada recorría alternadamente la puerta de la sala de juntas, los documentos expuestos frente a él, el reloj en la pared y la presentación digital que  mostraba los datos que el resto del personal docente repasaba y comentaba sin cesar. Si de él dependiera el asunto, Shu ya se habría marchado a casa para tomar un merecido descanso en cualquier mueble o lugar que fuera lo suficientemente sólido para resistir su peso muerto al dormir; aunque, si se lo pensaba mejor, desde la llegada de cierta sucubo a la mansión sus periodos de descanso se habían reducido en consideración: las siestas largas, caminatas acompasadas y lentas por los pasillos sin ningún punto de llegada específico; también había acabado despidiéndose en cierta manera de las horas de soledad en la sala de música, perdido entre canciones. Todo eso había ido quedando atrás cuando la presencia de Momo comenzó a parecerle significativa: no le molestaba que sus horas de sueño fueran menos por conversar un poco con ella (Más bien, escucharla hablar, puesto que el rubio no era demasiado conversador), los coqueteos inocentes entre ambos se habían vuelto cada vez mas suspicaces y Shu no negaría que había encontrado gusto en el par de ocasiones en que él había iniciado un comentario pícaro y había tomado por sorpresa a la menor con sus palabras.  


De manera casi inconsciente, la permanencia de la pelirrosada a su lado se había vuelto significativa; de momento pensar que Momo pudiera simplemente irse le haría volver a la soledad acompañada (o compañía obligatoria) que el resto de los empleados suponían. Momo no lo veía como su amo o alguien a quien hubiera que respetar de manera obligatoria; era la única persona que lo veía como individuo y no como superior o alguien ajeno a todo cuanto le rodeara. Y por eso, precisamente, el ojiazul había comenzado a encontrar felicidad en los momentos que compartía con la menor; el significado de la sonrisa ladina que se formaba en su rostro ante el solo pensamiento de bromas, discusiones o intentos de la fémina por moverlo de un sofá formaban ahora recuerdos preciados para el Toirumi e involucraban sentimientos que el vampiro se esmeraba por procesar pero, al mismo tiempo, estaba aferrado en evitar con tal de no caer en errores del pasado. Necesitaba, ante todo, reprimir el sentimiento que se se hinchaba en su pecho ante la sola visión de Momo y que, a la vez, se opacaba o retorcía cuando reflexionaba de la presencia notoria de alguien más en el supuesto "Panorama feliz". No era necesario ser un gran detective para notar la tensión existente entre el chef de la mansión y el amo de la misma: Edgar parecía tener por la sucubo los mismos sentimientos que el vampiro no había terminado de descubrir o asimilar pero que con frecuencia acababa exponiendo en  lapsus breves que luego se esmeraba por ocultar, aunque era difícil hacerlo cuando no podía ni quería disimular su expresión de frialdad pura hacia el grifo en cada ocasión en que se topaban. Si bien, a Shu le costaba disimular su sentir, al grifo le era prácticamente imposible y parecía que todos se daban cuenta de ello a excepción de la fémina involucrada en el sueño de romance. Justo por eso, al vampiro no le causaba mucha gracia que ella pasara el tiempo en la compañía del pelinegro, más por las miradas intensas que él continuaba dedicándole pero que ella parecía obviar.


Sus pensamientos divagaron un rato más entre las posibles opciones para aclarar el torrente de sentimientos que le recorrían, no se creía capaz de seguir negando que algo dentro de sí era feliz cuando Momo permanecía a su lado, bromeaba con él y conversaban sobre cualquier cosa. El sonido de la silla del director arrastrándose lo trajo de vuelta a la realidad: los profesores intercambiaban un par de comentarios mas acerca de las medidas que utilizarían en el próximo periodo de clases y se despedían unos de otros con breves; Shu no era demasiado sociable en el cuerpo académico de la institución y por ello se ocupó únicamente de ordenar los documentos que él había expuesto, meter todo en su portafolios y salir de ahí rumbo al estacionamiento.  

El sol se mostraba aún en el cielo aunque el vampiro estaba seguro de que no tardaría en comenzar a ponerse; sin embargo, la potencia de sus rayos seguía siendo considerable y por ello el Toirumi se colocó unas gafas oscuras  y un abrigo largo antes de abandonar el edifico y encaminarse a su vehículo. Necesitaba aclararse pero al mismo tiempo todo lo que quería era llegar a su hogar... quería estar cerca de Momo. Había desarrollado una especie de zona de confort a su lado y, aunque no quisiera admitirlo, muchas veces él se encargaba de cruzarse en su camino o coincidir con ella durante el día con tal de abandonar la monótona rutina a la que él se había encadenado desde hacía tanto. Tras un rato de conducir en silencio (no se había colocado auriculares y el estéreo del coche había permanecido apagado) la mansión se vislumbró en una colina un tanto apartada del centro urbano de Berlín. La reja de la entrada principal fue abierta para  permitirle el paso y pronto estuvo atravesando el umbral de la puerta con su habitual semblante de agotamiento y letargo. Como si alguien le hubiera advertido de ello, el veloz saludo de la pelirrosada no lo sorprendió, al contrario pareció relajar un poco la tensión que hasta hacía momentos lucía en su rostro -Estoy en casa- murmuró conforme permitía a su cabeza reposar sobre la coronilla ajena en busca de algo de comodidad y cercanía, aunque el instante fue efímero. Algo estaba fuera de lo normal y no le era difícil percibirlo: el tono en la voz de Momo bastaba para indicarle que sucedería algo más y ese algo llegó como una incómoda sensación de hielo bajando por la espalda "Tenemos que hablar". El desconcierto atravesó la cara del mayor conforme daba una asentida con la cabeza y se dejaba guiar por la fémina hasta el sofá, otorgándole entonces una apariencia alarmante a la situación por toda la seriedad en el ambiente. Miró a Momo con fijeza, como esperando cualquier señal de que debía preguntar algo o disculparse, o lo que fuera, pero no tuvo tiempo de divagar sobre posibles tópicos porque sin demora alguna, la sucubo expuso de una sola lo que ameritaba aquella charla. Más rápido de lo que al blondo le hubiera gustado, la sensación de los hielos fue suplida por la de un pequeño monstruo mordiéndole las entrañas y revolviendo sus intestinos, como si en lugar de sentado en el sofá se encontrara en algún juego de parque de atracciones. No podía decirse que estuviera incrédulo o sorprendido: Edgar había sido muy obvio antes con respecto a las intenciones que tenía con la pelirrosada, sin embargo, eso no apaciguaba el gusto agrio que de pronto había invadido la boca del ojiazul. No, no estaba de acuerdo. Le importaba poco o nada que el grifo quisiera pagar por la libertad de Momo o que le ofreciera todas las maravillas de Myr; le valía un guisante que estuviera locamente enamorado. Él no quería simplemente apartarse de Momo sin más... no había sido un amo como tal así que ella prácticamente era libre dentro de la mansión y fuera de ella... aunque, sin saber de forma exacta como había llegado a esa conclusión, Shu estaba seguro de que lo único que no quería liberar era el corazón de la menor.


-No puedo decirte como proceder ante esta situación- su voz por fin hizo acto de presencia luego de lo que a él le pareció una eternidad de reflexión; clavó sus ojos sobre los ajenos intentando disfrazar en lo más posible el resentimiento que sin más había aumentado hacía el chef, pero que repercutía en ella -Si te lo ha pedido a ti tu deberías considerarlo... ¿Le quieres? - la última pregunta reveló un temblor... Shu podría no estar seguro de como enfrentar sus sentimientos, pero dudaba que el caso de Momo fuera el mismo. Si ella le quería, entonces él tendría que resignarse a dejarla, porque ni siquiera como su amo se atrevía a comprometerla con respecto a lo emocional ¿Que clase de ser humano haría eso? -Si él te gusta... entonces supongo que nada podría impedirles que salgan juntos ¿No?- apartó la mirada y la fijó en un punto aleatorio de la sala de estar. Su corazón se había acelerado misteriosamente dentro de su pecho ¿Cómo era aquello posible si no estaba haciendo nada que lo justificara? Algo en su garganta luchaba por salir y él se debatía entre permitirlo o negarlo un poco más; era imposible que aclara sus pensamientos cuando una terrible mezcla de decepción y odio guiaban su actuar. El amor era complicado y doloroso: capaz de herir a las personas desde su descubrimiento, incluso antes de una asimilación total y una confesión, de eso Shu era testigo. No quería repetir el doloroso proceso de perder a un ser amado por una situación externa pero... ¿Podía permitirse el perder a Momo? -No quiero que salgas con él-


Sin que pudiera reprimirlo, la frase abandonó mordazmente sus labios al tiempo que entrecruzaba su mirar con el ajeno; estaba contradiciendo su propia idea de respetar las decisiones de los demás, pero o podía solo ceder lo único que, ahora entendía, era importante para él y había significado un cambio positivo luego de tanto tiempo -Tú eres mía... y no, no quiero decir que se deba a un contrato de pertenencia que firmé al sacarte del mercado. Ni aunque me pagara por tí podría cederte....- una de sus manos tembló mientras la determinación iluminaba el azul de sus ojos, que pronto se cerraron conforme un suspiro escapaba. No podía creer la locura que estaba por cometer -No puedo obligarte a que no le quieras.. pero quisiera que eso no pasara. Porque en este momento, no quiero renunciar a mi felicidad.... y esa felicidad eres tú- con suavidad ahuecó la mejilla contraria -No permitiré que me abandones...- un nuevo temblor en su voz indicó un momento de debilidad. Entre la frustración, los celos y la posesividad, Shu experimentaba también miedo: revelar sentimientos no era sencillo y lo era menos aún cuando existía la posibilidad de que su corazón algo dañado fuera expuesto una vez más.

Volver arriba Ir abajo

Re: Abriendo La Caja De Pandora [Priv. Shu]

Mensaje por Momo el Sáb Oct 28, 2017 4:09 pm




Abriendo La Caja De Pandora
Con Shu en la Mansión a las 20:00Hrs

En momentos como aquel, parecía que todos los sentidos empezaban a agudizarse, el latir de su corazón, la pequeña voz de su mente que intentaba acallar con todas sus fuerzas, los pasos y voces de la servidumbre de la mansión a lo lejos, simplemente, Momo podría percibir con facilidad el caer de un aguja sobre la suave tela de una alfombra, porque, los nervios eran tantos, el temor era tan grande, que llegaban a maximizar su sentir.

Shu estaba tardando demasiado, más de lo necesario en darle una respuesta. ¿Tan complicado era el poder ayudarla en esa ocasión, que tanto tenía que pensar el vampiro cuando meramente era felicitarle por encontrar un posible amor, o negarle el proceder con la felicidad que llegase a encontrar con el chef?


- No es que no lo estuviese considerando, llego todo el día haciéndolo corderito -empezaba a temer que no solo Shu la considerara una niña, como seguramente ya lo venía haciendo desde el momento en que puso un pie en la mansión, sino que ahora también, la tomara como una insensible e irresponsable, de aquellas niñatas que necesitaban la aprobación de todo el mundo antes de lanzarse en una relación, cuando la realidad era completamente diferente, ella si necesitaba escuchar la opinión de Shu, pero no para convalidar sus emociones, sino, para detenerla de continuar en aquella relación, de saberse querida por su rubio amo. Tan solo necesitaba oír que tenía la mínima oportunidad con aquel a quien se negó a amar desde un inicio, pero que irrefrenablemente termino por querer como a nadie en el mundo. Las palabras de Shu continuaban, prácticamente le estaba dando paso libre a Momo de marcharse con Edgar sin mirar atrás, sin embargo, como si de un pequeño rayo de esperanza se tratare las tornas cambiaron y las más dulces palabras salieron de aquellos carnosos labios "No quiero que salgas con él" - Shu... -murmuro el nombre ajeno suavemente, volviendo a enmudecer conforme las palabras fluían como el agua de una fuente, su corazón empezaba a buscar un lugar a donde escapar, sus manos sudaban y temblaban notablemente, se sentía como el punto rosa del universo gris, tan única, tan  diferente y tan feliz como jamás había estado. Si, el miedo seguía presente en su mente, pero eran más fuertes los deseos por estar nuevamente con él que todo había quedado dejado en el olvidos, y su cuerpo opto por moverse solo, lanzándose a los brazos del mayor, derribándolo en el sofá conforme sus labios buscaban los masculinos, quería que se callara, necesitaba expresarle todo lo que ella estaba sintiendo, el cómo se había convertido en su felicidad, en su angustia y todo su mundo con tan solo escasas semanas de convivencia. Shu, era tan diferente al resto, desde el inicio así y había sido, y aunque Momo siempre se esforzó porque sus sentimientos no superaran la mera amista, ahí estaba ahora, acurrucada como una niña en los brazos contrarios, devorando sus labios como una completa caníbal, componiendo la más dulce partitura con el sonido de su corazón, y apagando toda lógica en su mente a medida que los segundos continuaban - Shu... ¿Porque... demoraste tanto en decírmelo? -el beso se había cortado, su pequeño cuerpo seguía extendido sobre el sofá, encima del cuerpo del vampiro, y la recriminación acompañada de sus mejillas sonrojadas y ligeramente infladas ante la molestia, hicieron acto de presencia - Pensé que te daba lo mismo que estuviera con otro hombre... y ahora de repente dices todo eso... y yo... yo solo... -los claros ojos femeninos refulgían con necesidad, sus manos antes apoyadas en el pecho ajeno, ahora habían subido a las mejillas de chico, acariciándoles suavemente con el pulgar, buscando acercase una y otra vez a sus labios en cientos de pequeños besos, para rápidamente volver a separarse, uniendo sus frentes antes de volver a hablar - No quiero que jamás me dejes ir Shu, ni que permitas que piense tan siquiera en estar con otra persona y eso es porque... aunque no lo quise, aunque me esforcé por negármelo una y otra vez.. yo... simplemente termine sintiendo algo por ti que no había sentido por nadie más, no puedes ni siquiera llegar a comprender lo mucho que me esforzaba por ver el rostro de Edgar mientras se me declaraba porque, en lo más hondo de mí, deseaba que fueses tu quien me lo decía, y eso se debe a que estoy total y completamente enamorada de ti... y comprendo que ahora cambies de opinión respecto a que yo soy tu felicidad, no creo que desees tener una niña como yo siguiente de cerca, pero, si por el contrario aun piensas todo lo que dijiste ¿Tu... querrías que ambos... bueno... tu... sabes?


Tímida como nunca, nerviosa como solo ella, y con su corazón entregado al completo a un ser infernal, Momo necesitaba convalidar su sentir con las palabras de su tan querido amo, ya que desde siempre y por siempre, su destino estaba ligado a la aceptación o negación de su amor.

__







Taaaan Lindos:


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.