Abriendo La Caja De Pandora [Priv. Shu]

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Abriendo La Caja De Pandora [Priv. Shu]

Mensaje por Momo el Jue Ago 24, 2017 3:12 am




Abriendo La Caja De Pandora
Con Shu en la Mansión a las 20:00Hrs

No lo entendía... en verdad que no entendía nada


Tú me gustas...


Deseaba tirarse del techo de la mansión para borrar todo lo que había escuchado de su mente, pero eso solo crearía más problemas.


En serio Momo... olvidémonos de todo, y quédate conmigo, porque me gustas tanto, que eh llegado a odiar a cualquier que te mire demasiado...


Aquellos sonidos, los ecos lejanos de la confesión que hacía poco había escuchado aun resonaban en su mente, y es que Momo, estando recostada sobre el sillón de la sala de estar, seguía sin poder creerlo, y es que ¿Cuándo había pasado todo aquello? ¿Cuándo siquiera Edgar había dejado de mirarla como una amiga? ¿Porque... porque justamente el debía de declarársele? Y no es que el grifo fuese feo, que la tratase mal, o que representara una peste para toda la vida, sino todo lo contrario, porque desde que había llegado a la mansión significo el primer empleado que la trato como un ser vivo en lugar del juguete de su amo, a quien trataba bien frente a Shu pero como basura cuando no estaba presente, siempre le mostraba una cálida sonrisa, estaba ahí cuando se molestaba con Shu y necesitaba un hombro sobre el que llorar, y es que... ¿Cómo no tenerle aprecio a Edgar? Si, Momo lo quería, pero no al grado de considerarlo como una pareja, al menos jamás intento verle de esa manera hasta que él confeso sus sentimientos, tomándola por sorpresa en la cocina, casi obligándola a seguirle hacia los jardines de la mansión aquellos que en más de una ocasión visito con Shu -llevándole prácticamente a la fuerza porque el varón no era del tipo que amara el aire libre -decepcionando a Edgar al pensar el grifo que era el primero en enseñarle semejante paisaje, pero aun así no se había dado por vencido, con sus mejillas algo rojas y el azul de su hermosa mirada destilando seguridad tomo con fuerza las manos de Momo, pidiéndole le escuchara, que no se marchara hasta que lo dijera todo, y es entonces, que ante el asentimiento de una confundida pelirosada que finalmente soltó su verdad


Tú me gustas... en verdad que lo haces Momo, desde la primera vez que llegaste a la mansión llamaste mi atención y créeme que no fue por lo que eras, sino por quien eras, y en quien te fuiste convirtiendo estando aquí... ¿En serio no te das cuenta de lo que provocaste en mí? Te metiste en lo más hondo de mi ser, siempre que sonríes, que te veo nerviosa, triste o.. solo viéndote día con día, soy feliz... -sus suspiros cortaron un segundo aquel instante de efusividad y rapidez a la hora de hablar, cambiándolo por los nervios típicos de un muchacho en plena confesión, así como también la profunda ira mezclada con resentimiento que se albergaron por aquel quien le había quitado lo único que le había pertenecido de la súcubo desde su llegada, la alimentación que lo volvía el hombre principal en su vida, porque Shu podría haberla comprado, pero de él dependía la vida de la súcubo, y sin embargo, hacia un tiempo ya tras, Momo termino por decirle que no era necesario aun le alimentara, porque Shu decidió hacerlo, y entonces el mundo de Edgar se había terminado de resquebrajar, porque su amo no solo le había robado la mayor parte del tiempo de aquella a quien amaba, sino también lo único que en verdad a su parecer le volvía importante para Momo, y todo porque Shu Toirumi era un maldito egoísta quien no se conformaba con tener todo el tiempo de la súcubo, sino que la quería al completo y no porque realmente le amara o tan siquiera le quisiera, ese sujeto no conocía lo que era el cariño por otro ser que no fuese su mismo reflejo, sino por el hecho de no compartir su tan querido juguete, y Edgar lo sabía, Shu jamás se planteó que Momo se alimentaria de alguien más, lo supo en cuanto noto su rostro cambiar de tranquilidad a cierto enfado tras que unas maids hablaran de los sonidos que escaparon del cuarto del grifo, pero claro que Edgar nunca se lo dijo a Momo, para ese entonces la chica ya le había conquistado, y tal como ahora, no pensaba entregársela a él ni a nadie - En serio Momo... olvidémonos de todo, y quédate conmigo, porque me gustas tanto, que eh llegado a odiar a cualquier que te mire demasiado... y eso es porque te calaste muy profundo en mí, simplemente ya no puedo resistirlo más... por ello, solo te pido que me quieras a mí, solo a mí y nadie más... si lo haces juro que no te faltara nada, te daré lo que sea que me pidas Momo, si quieres una mansión la conseguiré, si quieres tu libertad le pagare al amo Toirumi lo que pida, pero a cambio solo te deseo a ti, por siempre


En otra situación aquella propuesta le habría parecido tan descabellada que le hubiese dado miedo, pero conocía a Edgar o al menos creía conocerlo, para comprender que su sentir no era obsesión, sino un cariño tan profundo que de rechazarle le lastimaría, y por ello es que se libró del varón pidiéndole algo de tiempo, solo necesitaba pensar un poco las cosas, recomponer su mente y tratar de unirlo a aquel órgano que hacia tanto intento dejar de lado para poder soportar las cosas que de vez en cuando debía de hacer con tal de alimentarse y poder vivir. Su corazón.

Deseaba, en verdad que quería corresponderle al grifo, en su cabeza comprendía que no faltaría a su palabra, le daría hasta el sistema solar con tal de hacerla feliz, y con ello se sintió tan tonta por no darse cuenta antes de los sentimientos ajenos, que casi parecía haber estado jugando con el pelinegro, pero, había otro factor a su ecuación, Shu... ¿Y que tenía que ver él en esa situación? Era fácil, cada que Edgar hablaba deseaba que su cabello no fuera negro, sino rubio, que aquella suave melena que le recordaba a las ovejas viniera acompañada de su amo, pero no comprendía el porque exacto de ese hecho, o más bien, no quería aceptarlo, porque Momo sin darse cuenta, a medida que el tiempo había pasado, con cada nuevo día a su lado, cada vez que la madre del rubio decía algo lindo sobre él y lo llegaba incluso a intimidar, las veces que Shu se mostraba reacio a los tratos de la súcubo pero aun así cedía, cuando se despojaba de su pereza habitual para acompañarla a donde ella se lo pedía, esas y muchas veces más había sido tan feliz, tanto que no pudo dejar de sonreír ni un solo segundo, llegando a dejar el plano del sexo -porque si, finalmente logro que él aceptara alimentarla -en segundo lugar, pero no tanto para intentar obviar que con Shu no era como con Edgar, ni con ningún otro hombre, porque con el Toirumi no deseaba marcharse de su lecho apenas todo acababa, le agradaba poder dormir a su lado, sintiendo su calor corporal, su aroma que seguía impregnado en ella a la mañana siguiente, el poder verle dormir tan plácidamente, incluso el poder despertarlo todos los días, notando su semblante de pereza y enfado, el molestarlo en la escuela a donde asistía y él era profesor, el escuchar de vez en cuando su risa y ver su sonrisa, incluso cuando ella pudiera ser el motivo de burla llenaban su pequeño corazón, y solo entonces comenzó a comprender, que mientras Edgar se iba encariñando con ella, ella misma se iba lentamente enamorando de su amo, haciendo aquello que nunca creyó haría... después de todo ¿El amor era para idiotas verdad? Pues Shu le había convertido en una completa idiota.


- Yo... no... -pensó que si lo decía en voz alta, si podía tan siquiera expresar un "yo no lo amo", sus sentimientos se irían, pero, el nudo en su garganta ante intentar soltar tamaña mentira, le había terminado de confirmar su sentir. Lo amaba, por primera vez en su vida se había enamorado de alguien, pero ¿Cómo no hacerlo? Había sido el primero que le otorgo lo que tanto necesitaba, incluso mucho antes que Edgar, Shu la había ascendido de una mascota, de un juguete, de un objeto, a una persona, a un ser que en verdad podía ser tratado como al resto, y eso, valía mas para Momo que tener mil mansiones. Se sentía tan tonta, tan débil, tan... como la niña que internamente era por haberse enamorado perdidamente de su amo, sin tan siquiera darse cuenta, y aun sabiendo que el recuerdo de Mika seguía azorando la mente del vampiro ¿Cómo competir con un fantasma? No había forma de hacerlo, mucho menos cuando empezó a oír mas y más cosas de ella, lo perfecta que parecía ser, lo hermosa, talentosa... simplemente llego a comprarse sin darse cuenta, solo para saber que estaba muy lejos del tipo de mujer que parecían gustarle a Shu, pero entonces... ¿Que era ella para él? Estaban juntos casi siempre, reían juntos, y tenían sexo pero ¿No lo había hecho también con Edgar? ¿Qué diferencia había de un trato con él otro? Para Shu podía solo ser la manera correcta de tratarla, porque ya antes dijo que no tenía idea de cómo era convivir con una súcubo o como alimentar a una, además, si sumaba el que había estado soltero por tanto tiempo puede que ella solo se tratara de algo momentáneo, porque ahí exista un ganar/ganar. - Tsk... -abrazándose a sí misma, ahora sentada sobre el sofá, con su mirada gacha, pudo notar como pequeñas gotas saladas caían sobre sus piernas, sabía que todo aquello era falso, Shu no hacia las cosas por hacerlas, él no era ese tipo de personas que jugaría con alguien, pero aun así, el hecho de que existiera la posibilidad le dolía, tanto que su corazón le estaba haciendo pasar una mala jugada a su cabeza, o viceversa, para aquella altura ya no sabía quién razonaba y quien sentía. Pero, antes de seguir sumiéndose en su mente, el sonido de un automóvil estacionando fuera de la morada le alerto, Shu había regresado y ella debía recibirlo como siempre, por ello rápidamente limpio cualquier vestigio de lágrimas de su faz, corriendo hacia el varón en cuanto atravesó la puerta, apegándose a él con fuerza, frotando su mejilla en su pecho como si fuese una niña la cual veía a su padre años después de que este se marchara a la guerra, con una necesidad palpable a flor de piel - Corderito... bienvenido a casa -soltó en un ligero suspiro, sin apartarse como normalmente haría, ni tampoco acosarlo, dando a entender que algo había pasado durante su corta ausencia, y de aquello Momo estaba segura el varón se daría cuenta, siempre lo hacía, porque aun cuando todo mundo dijera que era un despistado, estaba atento a la primera de cambio y sabía que no podía llegar a ocultarle absolutamente nada - Tenemos que hablar -y sabiendo que no demoraría nada en soltar la verdad, prefirió ser la primera en sacar el tema, por ello, dudando, se llevó al chico al sofá de la sala, sentándose a su lado para tomarse su tiempo antes de hablar, segundos, minutos incluso, pero tras la espera el silencio se cortó con una simple oración - Edgar se me declaro hoy... y estoy pensando en si debería aceptarle -fue sincera, tal como siempre, porque puede que su corazón fuera de otro, pero si las posibilidades con Shu eran nulas, quizás y solo quizás... darle una oportunidad al chef no era tan descabellado - Él... él va en serio con lo que dijo... -sentía que su corazón se estaba partiendo, pero ni aun así se atrevía a mirar a Shu, solo hablaba por inercia, como una muñeca de cuerda - Dijo muchas cosas... demasiadas y por ello sé que no miente, creo que incluso podría haberse enamorado pero no lo dijo para no asustarme, y que me escapara de él, es decir... esta dispuesto incluso a pagarte por mi libertad de ser necesario... aunque técnicamente sería volverme su propiedad -una risa ahogada, y completamente falsa se le escapo, quería verle, saber que pensaba sobre aquello, pero no se atrevía, tenía miedo de que tan solo le dijera "Me alegro por ti", mostrando un rostro carente de interés, porque eso le destruiría al completo - Y yo... yo... quisiera saber qué piensas tu... no como amo, sino, como amigo Shu... ¿Qué crees... que debería hacer? -finalmente, luego de tanto pensarlo, de tanto hablarlo, sus ojos fueron subiendo por la silueta de Shu, buscando llegar hasta su faz, preparándose, para lo que fuese, que llegara a decirle, porque ella solía ser valiente, sin embargo cualquier muestra de valor moría fácilmente ante la idea del desamor, porque todo el mundo desea ser amado, incluso aquellos quienes dicen que no.

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