Sorry. || Priv. Madai

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Sorry. || Priv. Madai

Mensaje por Azriel el Dom Ago 20, 2017 12:02 am

"Ocúpate viviendo u ocúpate muriendo."

Encerrados.
Encerrados como si fueran animales, unidos a un collar y a un lugar que los limitaba enormemente. Azriel era uno de ellos, uno de los que se vendían como mascotas en un mercado que encima era ilegal. Resopló, observando la cerca electrificada que los separaba del resto del mundo, y por unos momentos quiso mirar más allá, hacia fuera. Oh, si no hubiera sido secuestrado aquel día para ser vendido... Si sus padres, los únicos que podían salvarle en aquel momento lo hubieran querido como se suele querer a un hijo.... Él no estaría allí ahora. Quizás estaría sufriendo en su casa, recibiendo abusos y probablemente llorando en una esquina de su cuarto, o autolesionandose encerrado en el cuarto de baño... Aunque claro, tampoco sería tan distinto a como era su vida ahora, pero al menos hubiera tenido la oportunidad de tener un futuro, quien sabe. Quizás habría podido alejarse del odio de sus padres y centrarse en vivir una vida por y para él mismo, ahora todo era incierto. Ahora, si tenia suerte, moriría en manos de la persona que lo comprara,  y si nadie lo hacía,  moriría en soledad, quizás suicidándose, no sin antes morir del todo y convertirse en un muerto en vida, una de esas personas que siguen respirando porque es lo único que aún pueden hacer, incapaces de llevar una vida plena.

Pero vivir era un infierno. Y más allí.

Acarició su vendaje de la muñeca izquierda, que ocultaba aquellas horrendas cicatrices que surcaban su piel como dibujos ensangrentados. Parecían haber sido hechos en un satánico ritual, o en un accidente provocado en una pesadilla, algo que él no había sido capaz de evitar y que se había incrustado en su piel al igual que el collar que lo había hecho en torno a su cuello desde el primer momento en que pisó aquel lugar. Gruñó por lo bajo, y antes de que pudiera darse cuenta, sostenía una piedra entre sus finos dedos. Oh, cuantas veces había pasado la hoja cortante de una cuchilla o algo similar por su piel, tal y como susurros cuando entran por tu oído, tal y como suaves caricias llenas de malicia y odio a su propia persona.  Oh, cuantas veces había pensado en quitarse ese estúpido collar, sabiendo que éste podría darle una descarga eléctrica tan fuerte que le conduciría a la muerte. Oh, cuantas veces había pensado en tocar aquella cerca, recibir una descarga eléctrica y acabar con todo de una vez por todas.... Pero nunca se atrevía. A lo mucho que llegaba era a realizar cortes en su piel para desahogar su ira y expresar su odio personal, porque aquello era lo mismo que si se insultaba o se pegaba a si mismo, aquello eran frases escritas en un libro que se convertía en su biografía firmada por el dolor de vivir.

Entonces tiró la piedra, y deseó no haberlo hecho, porque ésta chocó contra la cerca electrificada y como si estuviera dirigida por una fuerza superior que odiaba tanto a Azriel como lo hacían sus padres y como lo hacía el mismo, rebotó. Se acercó a propulsión a un chico que andaba por ahi cerca, y el pequeño y joven rubio no pudo evitar llevarse las manos a los ojos, cubriendoselos.

¿¡Cómo puedo ser tan idiota!? Le haría un favor al mundo si me mato ahora mismo.

No vio si la piedra había alcanzado a dar al joven, o si le había rozado o si tal vez la había esquivado, pero definitivamente, no podía quedarse ahí. Ya era suficiente con haber hecho aquello, aunque no había sido intencionado. Corrió en su búsqueda, jadeando ante su encuentro. Su rostro, rojizo de vergüenza y enfado por sus propias acciones, se tensó en una mueca nerviosa y disgustada. Tardó en hablar, asustado en cierto modo. ―¿¡E-Estas bien!? ―exclamó. ―¡D-Dios mio...! ―se quejó, Dios no existía, aquella era una frase hecha con la que se mojaba los labios sin sentir absolutamente nada. ―N-No... Yo... Lo siento,  no pretendía.... Y-Yo no pretendía hacerte daño, ¡l-lo siento tanto! ―se apresuró. Su corazón latía con fuerza y su pecho subía y bajaba una y otra vez.
Ay, cómo la cagaba siempre.
Estaba maldito. Lo odiaba y se odiaba.

"Es dulce oír la voz del diablo."

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Re: Sorry. || Priv. Madai

Mensaje por Madai el Dom Ago 20, 2017 4:09 am

Mercado ilegal, el patio, aquellas dos horas que tenia para salir de su celda, el siempre las aprovechaba, nunca entendió la libertad que tenia fuera de Myr hasta que fue encerrado por primera vez. Allí afuera tenia incluso el poder de decidir como morir, pero allí adentro, ni siquiera podía decidir cuando comer, atado a la voluntad de alguien mas. Y cuando el saliera del mercado, solo sera bajo el yugo dominante de otra persona, eso le molesta, pensar en aquello le molesta, lo suficiente como para querer incendiar todo. Pero lo sabe, sabe que de hacerlo matara gente inocente, gente de dentro de Myr cuyo destino fue sellado por otros. Simplemente no le importaría si no tuviese su sentido de la justicia, si el creaba un incendio, estaría tomando vidas de personas que no quieren ser tomadas, como si fuera algún trabajador del mercado o un ricachón de Myr.

Pasea por el patio sin nada mas que hacer, como si hubiera algo para hacer allí adentro, sin embargo, el cielo le recuerda a cuando no estaba encerrado. A cuando no tenia una gema incrustada en el que le daba el "privilegio" de estar allí adentro, simplemente quiere arrancársela y ser expulsado fuera. Y ese collar, después de tantas veces se dio por vencido, no sin antes quedarse con un claro recuerdo de todos esos intentos marcados en su cuello. Quiere ser libre y vivir, por lo que debe aguantar, vivir como se le es estipulado allí adentro, tener que aguantar toda esa mier...

-Woah- Esquiva algo que se le acercaba al rostro, esta siguió avanzando hasta dar con la pared, eso fue mucha fuerza. Mira por donde vino aquel proyectil de bajo calibre, pero se encontró con un joven corriendo hacia el, en su cabeza, ese chico parece estar por llorar. Ante las palabras de disculpa del chico el simplemente soltó una risa. -Estoy bien, lo he esquivado antes de que me golpeara, así que cálmate, ¿Bien?- Ve su rostro, es la primera vez que se encuentra con alguien así, resulta obvio que el lanzo la piedra, pero ¿Por que? Furia, el lanzo la piedra, si, pero no quería herir a nadie, entonces, ¿Por que la lanzo? Furia. -Ya suficiente tenemos con este tener que obedecer a la gente de este lugar como para tener riñas entre nosotros- No trata de ocultar su disconformidad en su rostro, es mas, incluso parece hacerlo bien adrede. -Seré sincero, estoy aburrido y aun me queda tiempo aquí fuera, yo me llamo Madai, ¿Y tu?- No sera la mejor, pero si una sincera presentación.

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Re: Sorry. || Priv. Madai

Mensaje por Azriel el Lun Sep 04, 2017 11:41 am

"Es injusto, pero a veces cuanto más te empeñas por hacer lo correcto... Más te alejas de tener un final feliz."

Su rostro enrojecio aún más ante sus palabras, mientras el menor negaba con la cabeza de un lado a otro. ―¡D-De verás...! ¡En serio...! No quería hacerte daño, de verdad,  ni si quiera me había fijado en ti y... ―continuó insistiendo, tratando de excusarse desesperadamente, ¡no quería problemas! ¡había tirado la piedra, llevado por la rabia, pero nada más! ¡él no quería problemas! Se fijó en el contrario, de cabello rojizo y notablemente mayor que él. Tragó saliva, mordiéndose el labio inferior. No parecía muy molesto, al parecer él tampoco quería problemas, las palabras que salieron de su boca a continuación lo confirmaron. ―Soy un idiota. ―comentó. Una pequeña risa nerviosa se arrastró por sus labios, mientras sus cuerdas vocales chocaban las unas con las otras y vibraban. ―T-Tendria que haber guardado la piedra para tirarsela a uno de los que trabaja aquí... Igual me daba tiempo a escapar. ―susurró, pero incluso él mismo fue incapaz de distinguir si lo decía en serio, aunque no se veía capaz de poder completar con éxito algo así.  

Aunque pocas cosas podría completar con éxito alguien como yo, pensé.


Escapar.
Había pensado tantas veces en algo así.  
También era cierto que había pensado en suicidarse.  
Porque... aunque lograra escapar, ¿que le quedaba ahí fuera? Nada. No había nada para él fuera de aquel lugar, nada ni nadie le esperaban, él allá fuera, en el mundo real, no existía. Sus padres le odiaban y ni si quiera se habían molestado en responder, en pagar el dinero que se les pedía para recuperar a su único hijo. Les sobraría el dinero para otros diez rescates. Qué más daba. Ese niño les había jodido la vida, ¿cierto? ¿Por qué no jodersela de vuelta? Sí. Aún más de lo que estaba. Que se pudra, si lo ignoran, si lo desconocen, el remordimiento no viene a visitarlos. El hijo de los Baermann podría haber muerto, en cambio, si lo escondías bajo la mentira de que estaba en un campamento, de viaje o en casa de su tía abuela, todo cambiaba, ¿cierto? Hasta ellos mismos eran capaces de tragarse esa mentira.
Pero Azriel no.
Él iba de infierno en infierno.

"No sé si quiero vivir o si debo hacerlo, o si sólo es un hábito."

M-...Madai. ―repitió, asintiendo con la cabeza, como si no quisiera que se le olvidara ese nombre. ―Encantado. ―hizo una pausa. ―Azriel. ―se señaló así mismo. ―Mi nombre. Soy... ―carraspeó, vaciló un poco, moviéndose en el sitio. ―Mi nombre es Azriel. ―sonrió. Una sonrisa cálida que buscaba agradar, una sonrisa que había sido dibujada en los labios del elemental de agua sin más, aunque tal vez no fuera realmente sentida. ―También estoy aburrido... ―confesó. ―Parece que por aquí no hay nada que hacer salvo esperar a que pasen las dos horas para volver a tu celda, ¿cierto? ―gruñó, un poco por lo bajo, mas su expresión era algo apenada, no estaba enfadado, maldecía su suerte, se entristecia del camino que había tomado su vida desde un principio... Algo que ya no podía cambiar. ―¿Crees que si le tiro una piedra a uno de los que trabajan aquí y lo dejo inconsciente...? ―sacaba tema de conversación, curioso, el aburrimiento había tomado las riendas. ―¿...podré escapar vistiendome como él y buscando la llave que me quite esta cosa del cuello? ―consideró, y otra risa volvió a salir de él, como si se burlara de si mismo por tales pensamientos.

Idiota. Debería de desangrarme, abrir esas heridas y acostarme mientras espero a morir.

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