Una Noche Para Olvidar [Priv. Ake]

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Una Noche Para Olvidar [Priv. Ake]

Mensaje por Akabane Ichi el Sáb Ago 12, 2017 10:00 pm







Una Noche Para Olvidar



No estaba del todo segura respecto a cómo debería sentirme, era feliz de eso no habían dudas, pero, aquella felicidad volvía a traerme consigo lo que me obligaba a apartarme de Akechi, el temor de que mi pasado, mi presente y futuro trajeran aparejados junto a él su muerte, porque, no negaría mi naturaleza, tampoco las cosas que arrastraba tras de mi como una sombra oscura, buscando repetirse en un bucle infinito como una condena que no tenía un final, sin embargo se lo había prometido, y esta vez quería cumplirlo.

Hacia tantos años que lo anhelaba, que deseaba tenerle a mi lado de nuevo, y ahora que estaba aquí, unto a mí, el temor me forzaba a querer abandonarle de nuevo, pero al mismo tiempo sus palabras de "una última vez", seguían resonando en mi mente, esta vez Akechi lo cumpliría, este nuevo inicio marcaba el final de todos aquellos años de tiras y aflojes, porque estábamos sobre la cuerda floja, apunto de cortarse y condenarnos al vacío, dando como resultado una temible respuesta a nuestro futuro. Tan solo debía plantearme s era más fuerte el amor o el temor, sin tener que combinarles como antes había hecho. Pero, aquello no quitaba que mi mente siguiera tan dispersa, necesitando algo de relajación, unos días alejada del bullicio de la ciudad, del hospital, de los pacientes, médicos... de Anmael y Kogoro, tan solo yo y mi soledad como compañía, además de algunas armas para protección personal, claro está.


- Esta demasiado silencioso -suspire con fuerza, sentada en una amplia rama de un gran roble, mirando como la luna en el cielo decoraba toda la espesura del bosque, además de hacer brillar sutilmente el cañón de mi rifle. La brisa era fresca pero agradable, la sensación de mis piernas apenas cubiertas rozando con cada hoja, rama, e incluso los vestigios de tierra arrastrados por el viento me traían recuerdos de épocas más simples, donde el horizonte se extendía a una gran lejanía, sabiendo que este no tenía final, a diferencia de ahora, donde tarde o temprano me toparía con el borde de la isla, en una caída en picada demasiado prominente, pero, eso no importaba, si caía podría sobrevivir en la zona infectada y buscar la manera de regresar, aquello no era un gran predicamento para mí - ¿Seguirás escondido por mucho tiempo más? -bufe en voz alta, esperando que el espía saliera de su escondite de una buena vez, porque, puede que la paz y tranquilidad reinara aquella noche, incluso que mi mente se encontrara dispersa, pero eso no quitaba que mi sentido de supervivencia siguiera tan intacto como siempre, era un depredadora, un arma natural nacida para drenar la vida de otros seres, con la conciencia suficiente para comprender que cualquier iría por mí, y eso me llevaba a estar atenta aun cuando dormía, por ello ese ser que llevaba detrás mío buen rato no había quedado exento a mi radar, sin embargo su aroma se me hacía familiar, demasiado. Solo esperaba que ese nuevo encuentro, no fuese el inicio del desastre.


Tan solo, queria algo de paz

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Re: Una Noche Para Olvidar [Priv. Ake]

Mensaje por W. Akechi Kogoro el Jue Nov 02, 2017 6:35 pm






Ground control to Major Tom
Answer me please. I'm lost.


Una fría noche me esperaba, el olor del veneno y los contaminantes de los coches entre otros pudrían el aire “puro” de la isla, es que acaso no se estaban dando cuenta los de ese consejo que estábamos haciendo lo mismo con Myr que con la tierra? Después que vendría un segundo Myr? Aquello era ridículo y por supuesto esperaba estar allí para verlo a no ser que todo se fuera al traste y Akechi hiciera alguna estupidez que me hiciera seguirle. Ese chiquillo no sabía estarse quieto y más teniendo a aquella seductora vampiresa siempre metida en su cabeza repitiéndose que esa noche sería la última vez que pensara en ella. Que ridículo.
La ciudad de Berlín. Que solitaria se encontraba aquella noche.
Miré de un lado a otro sosteniéndome con equilibrio sobre la fina barandilla de una de sus magnificas construcciones. Me gustaba estar en lugares altos donde nadie mas pudiera interrumpirme. Solo allí podía disfrutar realmente de aquella maldita existencia que me había tocado vivir en soledad.
No pensaba en nada, solo observaba. No me servía de nada ponerme a pensar en lo que había sido o sería pues el tiempo se había congelado para mi hacia muchos años. Ya no podía disfrutar de la “vida”, ni si quiera de una cálida mueca de felicidad pues hacia tiempo que esos músculos se habían atrofiado en mi rostro y no reflejaban aquel sentimiento verdadero, igual que lo haría un inocente niño al recibir un caramelo. Solo me quedaba esperar como una estatua marmórea manchando por el rojo carmesí de algunas victimas que caían en mis manos de vez en cuando a la llegada de aquel hombre de cabellos negros, mi gran amigo, Akechi. Solo el podía hacerme mover esos músculos de la boca dibujando una graciosa mueca en la cara.

Siempre estaba en la cuerda floja, entre la salvación y el negro abismo que se extendía bajo mis pies sin red de salvamento. Siempre aguantando hasta el último momento en el que estallaba y me volvía un completo monstruo para muchos y un dios para otros, un autentico salvador, el mesías, Jesucristo. Que ignorantes eran todos aquellos, yo solo era un hombre con unos ideales, unos fuertes ideales e ideas claras, alguien que sabía lo que no quería, pero que no tenía ni idea de lo que quería. Casi podía sentir como el vomito acudía a mi cuerpo solo de imaginar lo que podría querer, eso era ceñirse demasiado al plan y yo quería descubrir, imaginar, llename del conocimiento, de sentimientos, de las ideas y los gustos de otra gente. Tal vez, para muchos, todo sería mejor si resbalaba y me dejaba arrastrar hasta el suelo vacío bajo mis pies haciendo que mis vísceras y mi sangre le dieran un poco de color rojo a aquellas insípidas aceras color gris, después de todo era un manipulador nato para que el fin no justificaban los medios y eso incluía vidas humanas de por medio, justicia, o algo así.
Pero no podía, aun no podía acabar con mi vida a pesar de todos los crimines cometidos y los pecados que acumulaba en mi espalda, a los cuales nunca daba mucha importancia, después de todo no era mi culpa si aquellos que me seguían no tenían su propio criterio y se dejaban manipular. Sus muertes no cargaban sobre mi conciencia aunque si sobre mi alma y eso no tenia nada que ver con las veces que había introducido el cañón de una pistola en mi boca casi hasta desencajar mi mandíbula, pero jamas había podido apretar el gatillo.

Aun así la excitación del momento me pedía a gritos que me tirara desde la cima de esa gran construcción al suelo.
Que debía de hacer? Saltar al vacío y entregarme de lleno a aquel asfalto gris? Casi hubiera preferido que hubiese algo mas blando abajo.
Giré sobre mi mismo y recorrí toda la barandilla rodeando el edificio hasta llegar a la parte trasera. Bingo. Allí había un gran lago rodeado y adornado de flores. Aquella iglesia lo tenía todo. Quien hubiera sido príncipe o rey para vivir allí. Solté un pequeño bufido. El resultado hubiese sido el mismo para mi. Acaricié con cuidado la marca en forma de cruz de mi rostro sin dejar de mirar hacia abajo algo atontado sintiendo una ligera punzada de dolor en mi cabeza al pensar de más en los acontecimientos pasados.
Aquel lago negro me llamaba con fuerzas, era oscuro, era frio, lo que yo más quería, lo que yo mas ansiaba. Tal vez si me lanzaba allí me diluyera como una gota de agua en el gran mar...o bien podía quedarme para siempre sin correr riesgos sobre la caliente y seca barandilla de piedra viendo mi vida pasar sin actuar? Ese no era mi estilo Que debía de hacer? Que haría el verdadero ente de aquel cuerpo? A quien de los dos le gustaba verdaderamente el riesgo? Quien era el verdadero? No tenía ni idea. Despues de todo desconocía la verdad, igual que el otro. Pero todo seguía tranquilo como el latido de mi corazón en aquellos instantes dejando que una suave brisa meciera con suavidad mi cabello.

Me incorpore, forzando a mi cuerpo a abandonar la calidad de barandilla. Me puse de espaldas a la caída y sin pensármelo por más tiempo estiré mis brazos haciendo una especie de cruz dejándome caer hacia atrás como un peso muerto con los ojos abiertos como platos.
No tenía miedo, no temía nada, no tenía vértigo, quería verlo todo, grabarlo todo, retenerlo todo en mi mente, incluso el momento de mi muerte quería grabarlo a fuego en mi retina desde todas las perspectivas para poder ver una y otra vez esas experiencias vividas. Mi primer beso, mi primer amor, mi primer paso, mi primera risa, los momentos felices, los momentos tristes, cuando me partieran el corazón, todo. Quería verlo todo hasta el final. Retener todo en mi mente como un dragón hace con su preciado tesoro, porque si nosotros nos olvidáramos de esas pequeñas cosas, de nuestros recuerdos nos perderíamos y nunca sabríamos como volver a casa.
El viento movía con fuerza mis ropas agitándolas con rudeza por la velocidad que estaba alcanzando.

Ahora si cerré los ojos dejándome ir a lugares lejanos sintiendo como si casi pudiera volar como un pájaro, sin escoba, sin encantamientos, como si fuera un ave, el ave fénix de colores rojizas que resurgía de sus propias cenizas una vez había sido carbonizada. Que hermosa metáfora, nunca había visto ninguna pero esperaba algún día poder hacerlo, debía ser un hermoso espectáculo digno de ver. El aire continuaba recorriendo mi cuerpo, hinchando mis ropas acariciando mi nívea piel buscándome las cosquillas. Podía sentirme libre, era embriagador...
Abrí los ojos de golpe encontrándome a escasos centímetros del agua sumergiéndome de lleno en ella rompiendo la superficie del agua con mis manos.
La sensación de tener los ojos abiertos bajo el agua era algo desagradable y picaba un poco, pero no me importaba, quería verlo todo, grabar cada momento, todo.
Era precioso. Aquel lago negro era precioso, magnifico en su fealdad. Era pantanoso, con un montón de algas y residuos de fango con un fondo que no se podía ver por mucho que miraras. Era una oscuridad que casi hasta daba vértigo mirarla, pero estaba bien.
Ladeé mi rostro aun con los ojos clavados en ese fondo infinito y permanecí allí por unos momentos más dejando que el completo silencio me envolviera.
Volví a cerrar los ojos olvidándome de todo sumergida en la inmensidad del oscuro lago negro dejándome llevar hasta la orilla sin querer salir de allí a pesar de que debía. Una importante misión me esperaba no lejos de allí. Pero esa refrescante caída me haría pensar con mayor claridad. Estaba hambriento de esa esencia que había sentido no hacia mucho desde la cima del edificio.

Salí del agua de un salto y me encamine con las ropas mojadas hacia el bosque, siguiendo aquel dulce olor a muerte con las ideas algo mas claras.

Camine con tranquilidad hasta alcanzar mi objetivo no poniendo mucha atención en ocultarme, después de todo, quería que ella me notara y como esperaba, no me hizo esperar. Sonreí suavemente con cuidado-no se te escapa nada-dije sin borrar mi graciosa mueca saliendo de las sombras, bajando de golpe de un árbol al que me había subido-te importa mucho si te acompaño Ichi?-sonreí de manera encantadora-estabas esperando a tu querido Akechi tal vez? He oído que esta por la ciudad-puse mis manos tras mi espalda entrelazando mis manos caminando hacia la vampiresa sin dejar de mirarle totalmente feliz-ha pasado mucho tiempo...no? Acaso me echabas de menos?-bromeé sin poder evitarlo manteniéndome alerta en todo momento por si ella atacaba, después de todo las señoritas iban primero-ya has visto a Ake-chan?-dije sin poder borrar aquella sonrisa-le hecho tanto de menos, puede ser que tengamos alguna especie de triangulo amoroso y tu seas nuestro pegamento? No es romántico-reí con fuerza sin poder evitarlo-estas estupenda, por cierto-hice alarde de mis bonitas y falsas palabras a pesar de que en verdad pensaba que se veía hermosa igual que Akechi lo pensaba. Maldita vampiresa.

...Drink up baby, look at the stars. 
I'll kiss you again, between the bars.

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