Lost. || Libre.

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Lost. || Libre.

Mensaje por Nines el Miér Ago 02, 2017 11:40 am

Yeah, yeah...

Tsk... ―Chasqueó la lengua, mientras se acomodaba un poco mejor la bolsa que sostenía en brazos con firmeza. Se le había ordenado llegar al centro de la ciudad y recoger un recado, pero no esperaba que fuera una bolsa con manzanas. Suspiró, eso de seguro era porque ya eran bastantes mascotas a las que alimentar en el mercado legal... ¡Y claro! ¡De entre todas las que había, le había tocado a él hacerse cargo de dicho recado! Era una injusticia, se dijo a si mismo aquella mañana. Siempre era Nines haz esto, Nines haz lo otro... Desde antes, incluso. ¡Estaba harto de hacerle el trabajo a los demás! Era cierto que a veces se ofrecía, pero no para trabajos tan tediosos. Dejó escapar un resoplido,  ciertamente aburrido. Bajó la mirada a las manzanas. ―Joder... ―gruñó por lo bajo, con cuidado de que nadie le escuchara, apretando los dientes. Si tuviera alguien a quien cargar con la bolsa de manzanas lo hubiera hecho... No. No creía eso, demasiado egoísta. Pero... ¡Sí que necesitaba alguien que le ayudará con todo esto! Aunque fuera para hablar, alguien con quien pudiera desviarse un poco del trabajo,  sin embargo, una vez más,  rara vez estaba acompañado. Sus sentimientos nunca se tenían en cuenta... Pero las emociones estaban prohibidas.
Aunque a él eso nunca se le dio muy bien.

You see? I'm a total slave, whoosh!

Entonces, una niña le cortó el paso. El albino se detuvo, observándola tras la venda que ocultaba sus ojos. Le regaló una amplia sonrisa. ―Buenas, ma'am~ ―saludó, animado. ―¿En qué puedo ayudarla, señorita? ―y entonces la niña le señaló. Estridente, comenzó a hacer preguntas. ―Oiga señor, ¿por qué lleva una venda? ¿Es ciego? ―la pequeña frunció el ceño. ―¿¡Q-Qué!? ¡N-No, no soy....! ―antes de que pudiera terminar la frase, la niña continuó hablando, bombardeandolo con preguntas. ―Oiga señor, ¿por qué viste todo de negro? ¿Acaso está usted de luto? ¡Eh! ¡Oiga, señor! ¿Por qué tiene usted el pelo blanco? ¿¡Es teñido!? ¡Señor! ¿Usted tiene hijos? ¿Sabe hacer bebés? ¿Cómo se hacen los niños? ―el tema se le escapaba de las manos. Nines pestañeó varias veces, desconcertado, había ido demasiado rápido. ―¡Hey, hey! Relájate, ¿quieres? ―ladeó la cabeza, prácticamente al mismo tiempo que reía, ¿bebés? ¿él? ¿se veía de verdad tan viejo como para tener hijos? Era bajo, enclenque y aniñado, aquello le causaba risa, era divertido. ―...Jum. ―La niña infló los mofletes. ―¿Me da una manzana? ―Pidió, descaradamente. ―¿¡Q-Qué!? A-Ah.... ―suspiró. ―B-Bueno... Pero sólo una, que no son mías. ―le extendió la bolsa a la pequeña,  y entonces, en un abrir y cerrar de ojos, ésta salió corriendo con la bolsa.

¡Ah! ¡Tú! ¡Maldita! ―bramó, siguiendo a la chica lo más rápido que podía. ―¡Eh! ¡Eso no está bien! ¡No puedes robar! ¡No seas mala y vuelve aquí! ―gritó, tras ella, y entonces todas las miradas se fijaron en la persecución sin planear que se había formado de calle en calle. Los susurros iban dirigidos a ellos, que se entrelazaban a medida que ellos cambiaban de sentido. El peliblanco sentía el asfalto sobre si, pisando fuertemente el suelo, girando con prisa y llegando a chocar varias veces con la gente que por allí pasaba, teniendo que detenerse a pedir disculpas mientras su cara se tornaba roja de la vergüenza que estaba pasando tan sólo por unas manzanas. ¿¡Qué iba a decir cuando volviera a la tienda!? ¿¡Qué una adorable niña le había robado las manzanas!? Seguro que no le creerían y pensarían que él se las habría comido, estaba totalmente seguro.
Entonces, se obligó a parar de lleno, bruscamente, puesto que si no lo hacía chocaria contra una pared. Había llegado hasta un callejón. Contuvo la respiración,  pero no pudo.  Agitado, tragó saliva varias veces mientras recostaba la espalda en la pared. Levantó la cabeza, estaba sudando. Apoyó las manos protegidas por los guantes sobre sus rodillas e intentó recobrar el aliento, respirar profundamente para recuperarse de aquella carrera que había completado sin victoria. ―G-Genial... ―se quejó, sacudiendo la cabeza. Cerró unos momentos los ojos con fuerza. Había perdido de vista a la niña, y ahora también había perdido las manzanas y por ende la confianza que tenían los de la tienda en él al no conseguir completar un simple recado. Dio una patada en el suelo, claramente disgustado y enojado, ahogando quejidos. Miró a su alrededor, su día iba de maravilla, porque ahora él también estaba perdido. Se pasó la mano por el pelo, retrocediendo para asomarse y mirar el lugar. No, no tenía idea alguna de donde estaba ni de cómo volver hacia la tienda de mascotas legales. Apretó la mandíbula, chocando los dientes entre sí. ―Joder... Joder, todo por mi culpa. ¡No! ¡Y de esa niña! ¡Tsch! ―Se quejó en voz alta, quizás demasiado alta. Siguió la calle con la mirada, y una idea le pasó fugazmente por la cabeza al fijarse en una persona. Se detuvo frente a ella. ―¡B-Buenas! ―saludó. ―Espero... Espero que esté teniendo un gran día. ―sonrió, repleto de amabilidad. ―Oiga, ¿puedo preguntarle una cosa? ―los ojos le brillaban tras el negro antifaz,  que desde dentro era transparente y dejaba ver el exterior. ―¿Sabe como puedo llegar a l-la tienda de mascotas...? ―Balbuceó un poco. Se señaló el collar que lo fijaba como mascota. Rio con nerviosismo y se encogió de hombros. Era vergonzoso admitir que una mascota de allí no sabia como volver. ―O... No sé, ¿¡h-ha visto por casualidad una niña con una bolsa de manzanas por aquí!? Así, bajita... ―vaciló. ―Las manzanas eran mías. ―confirmó. ―Bueno, no mías mías, eran un recado pero...

What a pain.

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