[Priv.] Salir de casa no es bueno.

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[Priv.] Salir de casa no es bueno.

Mensaje por Edgar Allan Poe el Sáb Jul 22, 2017 8:21 am


Edgar llevaba muy poco tiempo en su nuevo hogar, apenas unos días, tal vez tres o cuatro, el moreno lo desconocía. Lo único que tenía presente es que Lenore era bienvenido allí, solo eso valía para él. Lenore era su todo. A Edgar no le importaban los objetos, las cosas que se suponía eran suyas, ni siquiera la ropa que vestía significaba para él algo importante. Agradecía tenerlas, con ellas no pasaba frío en su forma humana, pero más allá de eso carecía de valor pese a que era muy buena ropa. Gracias a ellas no se veía tan extraño ni de dudoso proceder, se veía decente dentro de lo posible para alguien como él. Lamentablemente era forzado a llevar consigo un aparato demasiado extraño, era un teléfono celular, sumamente delgado y con una infinidad de aplicaciones que prácticamente hacían de todo. Edgar podía encontrarse horas jugando con eso, pero tras los días que había estado en ello, aprendió el uso del dispositivo a un nivel superior al promedio.  

El aparato ya no le escondía secretos, como él decía al inicio, por lo que al darse cuenta de que su tiempo había estado concentrado en aprender el uso de su teléfono, tomó la decisión de salir del departamento donde había estado recluido por voluntad propia. Permiso tenía, su dueña no restringía nada de su comportamiento, ella era una jovencita demasiado liberal, tanto que hacía muchísimas cosas extrañas con la otra mascota del hogar y con su propio padre. Si bien Edgar había visto solo cosas menores con aquellos dos, eso le fue suficiente como para entender que la mujer era así con cualquiera, lo cual lejos de asustarle o repugnarle, le causaba una completa indiferencia. Mientras no tuviese nada que ver con Lenore, a Edgar no podría importarle menos. Lo bueno de esa personalidad y que Edgar destacaba, es que la mujer la única condición que le informó para poder salir fue el portar aquel celular. Serviría para comunicarle su ubicación y para poder contactarse en caso de perderse. Esa era la pauta para el mapache, quien tras comprender lo que se le pidió, informó que saldría porque debía conocer mejor los alrededores. Además, alegó que Lenore se aburría dentro de casa.

Antes de poder salir, Dae-Hyun -el padre de Dae, su dueña- se encargó de forzar al mapache a bañarse y a cambiar sus ropas, portando parte del conjunto que se le había comprado y que el propio Edgar había elegido. Su gusto era algo extraño, anticuado inclusive, pero tampoco se negaría a portar otras ropas porque tal y como se dijo al principio, a Edgar no le interesaba como lucía. Una vez listo se apresuró en irse del departamento siguiendo los mismos pasos que dio a su llegada, aunque en cierto punto se extravió y fue por Lenore que encontró la entrada principal. Es así como su travesía inició. Diferentes fueron los lugares que observó, cada uno poseía cierto encanto, Edgar se maravilló con todo puesto que cada cosa parecía nueva para él. Nunca salió de la tienda de mascotas hasta ser vendido, luego de eso apenas si se había asomado lejos, antaño en su forma animal era muchísimo más activo ya que solía ir de pueblo en pueblo, casa en casa, jugando y buscando.  Parecía un sueño lejano el tiempo en que vivía solo, antes de Lenore, luego de aquella tragedia acaecida a su manada.

Edgar pensaba en ello cada tanto, cuando su imaginación se distraía en eventos pasados y en las posibilidades, Lenore no le decía nada sobre aquel incidente. Nunca lo hizo pese a las interrogantes de Edgar, este asumía que Lenore no sabía nada sobre ello y así estaba bien, Lenore o lo desconocía o se negaba al diálogo. No insistió, por eso es que en momentos donde esos recuerdos le atacaban, permanecía en silencio, distraído totalmente de la realidad, tanto así que llegaba a caminar de manera automática sin atender su entorno. Lenore por su parte estaba acostado sobre los hombros de Edgar, como si de una bufanda se tratase, parecía dormir y lo hacía, mas nadie que les mirase podría segurar si era un accesorio o algo de verdad. No fue hasta una hora después en que Edgar se percató de que no sabía dónde estaba, no reconocía su entorno, tampoco percibía aromas conocidos. No olía a 'perro' como en el departamento donde residía. Pese a saberse perdido no dejó de caminar, estar fuera tanto tiempo no le era problema, no tenía noción de que debía volver aquel día y su dueña no aclaró, solo le recalcó que debía regresar, nada más.

— ¿No te parece totalmente diferente? — habló Edgar dirigiendo aquellas palabras, junto a una disimulada mirada, a su Lenore. El animal se movió y alzó la cabeza para mirar a Edgar, tras compartir aquel mínimo contacto visual, ambos retornaron a su postura anterior. Lenore regresó a su pequeña siesta y Edgar continuó caminando, pero entre más avanzaba peor era su entorno, menos conocido, más solitario, muchísimo más oscuro y con un aroma extraño. El instinto de Edgar trataba de advertirle que era peligroso, pero aún si este sabía que por allí algo malo podría suceder, la curiosidad por saber que cosa pasaría era muchísimo más grande que su instinto o que el miedo mismo. Tendría que haberse detenido, tal vez si Lenore se hubiese despertado, las cosas no habrían avanzado como sucedieron.

Tras varios minutos de caminata Edgar se encontró en un callejón aparentemente desolado, a la distancia apreció un movimiento, un par de ojos brillantes, luego la silueta de lo que él creía era un animal salvaje, mas no era precisamente salvaje. Se trataba de una persona, de alguien como él, solo que su raza difería. "Huele a perro, huele como ellos." Pensó Edgar al encontrar similitud, avanzó con la intención de preguntar donde estaba, pero ese avance generó en la otra persona una reacción defensiva, dio un gruñido y adoptó una postura que indicaba algo claro, Edgar debía retirarse. El mapache podría haberse ido si quien hiciera esa señal fuese un animal, mas al ver a alguien humanoide en tal postura creyó que no era equivalente y claramente se equivocó. Aquel se abalanzó con rapidez hacia donde Edgar, mas al notar aquello Lenore se alertó y fue en defensa de Edgar, quien tardíamente reaccionó. Lenore fue quien recibió un fuerte golpe al enfrentar al contrario, quien a ese punto mostraba un par de garras filosas, sucias. Edgar al ver como Lenore estaba herido fue consciente de que la situación aquella era muy peligrosa y aunque estaba arrepentido, no podía dudar. Lenore seguía en peligro, no solo por haber sido herido, sino porque el otro ser no quedó contento solo con aquel zarpazo.  

—Lenore — murmuró Edgar yendo a cubrir al pequeño mapache que había quedado en el suelo, no quería que le lastimaran más y no sabía cómo defenderse, no en ese cuerpo. Cubrió lo mejor que pudo a su compañero — ¡Lenore no hizo nada malo! — intentó gritarle al otro, pero Edgar no hablaba muy fuerte, aunque si fue escuchado. El sujeto gruñó con más fuerza, airoso por ser quien vencía, por ver a Edgar y a Lenore en el suelo, rió con sorna y detuvo sus ataques unos momentos.  Caminó con lentitud ante el par de mapaches, les amenazó, les gritó cosas que Edgar no comprendía y le instó a pedir perdón, porque si no lo hacía no se detendría. Después de todo, para el cánido la culpa la tenía Edgar por meterse en su dominio, esa calle era de él, de nadie más que él. Edgar se aferró a Lenore y le sostuvo, no reaccionaba y se forzó a calmarse, inclinó la cabeza hacia el otro para pedir disculpas. Tenía razón, pero no estaba de acuerdo con el método en el que se resolvió aquel conflicto, mas al ser un animal podía entender la importancia del territorio. Solo le restaba salir de allí y esperar que no dañaran a Lenore, no más.

Quería volver a casa, quería que alguien viese a Lenore, si algo le pasaba por su culpa no podría seguir viviendo.

Aspecto.

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Re: [Priv.] Salir de casa no es bueno.

Mensaje por Vrede Draer el Mar Jul 25, 2017 6:23 am

I am ment to no good… so they said


Una bola de fuego del tamaño de una pelota de básquet impactó directamente a un lado del autoproclamado depredador, las escamas se habían asomado en su piel regresaron a su forma uniforme poco tiempo después del impacto, sus ojos rasgados retomaron su color azulado mientras caminaba dentro de aquel callejón. Todo su aspecto descuadraba con el poder de fuego que había exhibido, a poco menos de 5 metros de aquel par una chica de aspecto delgado, algo pálido y con un vestido de color azul marino, ajustado a su cuerpo, caminaba haciendo resonar sus delgados tacones sobre el frio y oscuro asfalto. Su mirada, su rostro entero estaba carente de cualquier expresión excepto por un leve desdén en la comisura de sus labios, Vrede realmente odiaba las injusticias.

- - -

- ¿Cuántas faltan? -preguntó la mujer deslizando sus dedos por una Tablet, revisando algunos números en ellas
-Eh… -su asistente apresuradamente acomodó sus gafas mientras revisaba los documentos en sus manos- unas 7 más… pero ¿Es necesario que visite las empresas? Con saber que están generando capital mediante los informes está bien…
-… -su dedo se detuvo al igual que su mirada, la cual dirigió a la joven sentada junto a ella y parpadeó un par de veces antes de regresar a sus asuntos- no me hagas repetirme

Vrede era como una sombra dentro de la isla, era parte de cientos de empresas, pero a la vez de ninguna, solo brindaba el capital necesario para aquellas ideas que pensaba que funcionarían, ganándose un puesto como inversionista gracias al tesoro que había arrebatado sobre la sangre de lo que antes conocía como su familia. Sobre sus hombros pesaba el último deseo de aquel con quien compartió unos escasos años y el cual la convirtió de una máquina de guerra a la persona que era ahora. Su vida no era suya y procuraba vivirla de la manera en la que le hubiese querido… el dinero que su familia codiciosamente guardaba ahora servía a los seres que tanto habían deseado destruir.

La mujer dragón de vez en cuando se paseaba por las empresas para verificar que todo funcionara correctamente, hacer algunas recomendaciones o clarificar algunas dudas con sus informes… a pesar de su estampa frágil su personalidad combinado con el poder que ejercía en algunos de estos lugares hacían estas visitas en el mayor de los casos unas torturas para los empresarios. Esto no era algo que le afectara directamente, pero a Rose, su asistenta le preocupaba un poco su jefa a nivel personal, la peli morada no era el ser más social del mundo, siempre estaba tan centrada en su trabajo que, luego del desastre en el mirador hacia un par de semanas temía que nadie más quisiera hacerse cercano a ella. No era mala persona, solo… un poco tosca para relacionarse con otros.

Sucedió entonces cuando se disponían a hacer la última visita del día, Rose y Vrede discutían sobre la actitud poco sociable de la pelimorada cuando un reflejo brillante llamó su atención. Los sentidos de un dragón eran agudos, sobre todo los de un dragón tan antiguo como ella. En una fracción de segundo pudo ver, desde una distancia prudente, al pequeño animal siendo herido unas garras afiladas, una sonrisa, lo suficiente como para levantar su voz -Detente – El chofer abruptamente pisó el freno causando que los papeles de su asistenta volaran por todo el auto, dejando salir un pequeño grito.

- ¿Qué sucede señorita? -agregó algo asustada, vrede solo entrecerró los ojos en dirección a lo que creyó haber visto- ¿Señorita?
-Rose… ve a comprar algo de comer…
-… ¿e-eh? ¿P-por aquí? No lo tome a mal pero no parece una zona con comida deliciosa… o… sana
-…Rose -giró su vista sobre sus ojos, la mujer no pudo hacer otra cosa que encogerse y salir despedida del auto, buscando algún establecimiento donde pudiese conseguir algo medianamente decente. Vrede abrió la puerta del auto a pesar de que el chofer le dio una advertencia de la zona a la que simplemente hizo caso omiso.

Ella no era ninguna clase de héroe, tampoco pasaba sus días ayudando a los desvalidos ni se metía en problemas ajenos, pero en ese momento estaba segura de que Mihail le hubiese recriminado haber pasado de la escena como si nada. Caminó entonces a paso tranquilo perdiéndose entre los callejones, lejos de la vista de su chofer, acercándose para corroborar la escena, escuchando el pequeño discurso de dominación mientras unas nauseas imparables se acumulaban en su estómago… era como su padre, se creía omnipotente solo por haber aplastado a unos cuantos debiluchos. Los ojos de vrede retomaron su aspecto de dragón mientras la piel de su rostro se separaba en finas escamas, abrió levemente su boca mientras una bola de fuego comenzaba a generarse frente a ella, saliendo disparada hasta un lado del depredador, las palabras de Mihail resonaron en su cabeza “Solo los malos matan… y tú no eres mala”

-Debo decir… que no tendré mala puntería dos veces… -La mujer caminó anteponiéndose entre el joven en el suelo y su enemigo, este inmediatamente levantó una de sus garras para toparse con los ojos de Vrede envueltos en furia- Esta isla no es territorio bélico… pero si quieres empezar una guerra con gusto la tendrás- Ante las escamas de un dragón los objetos filosos eran poco más que inútiles y al verse en desventaja el humanoide simplemente dejó salir un chasquido molesto, huyendo a toda velocidad para perderse de nuevo en la oscuridad, ella se volteó a ver al chico ahora fuera de peligro junto al animal que cubría con especial atención. - ¿Puedes ponerte de pie?

OFF:
Lamento la tardanza... i'm dying *enferma* si quieres cambiar algo en el post envíame un mp <3 Saludos!

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