[Priv/Col] ¿Qué hacer cuando el zorro te quiere comer?

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[Priv/Col] ¿Qué hacer cuando el zorro te quiere comer?

Mensaje por Edgar Allan Poe el Sáb Jul 22, 2017 6:12 am

Edgar había pasado todo el día durmiendo junto a Lenore, acurrucado junto a él bajo la sombra de un gran árbol que al tener alzadas las raíces creaba un escondite perfecto para el mapache y su compañero. Allí se estaba cómodo, fresco, cubierto por varias hojas y arbustos a su alrededor en conjunto al abrigo que le daba una cerca tras el mismo árbol. Era agradable y debido a que Edgar solía dormir solo cuando estaba al borde de un colapso físico, es que el despertarle era algo laborioso. Nada a su alrededor causó que el mapache despertase o siquiera se moviera, Lenore por su cuenta se había levantado algunas veces dejando a Edgar solo, mas solo por escasos momentos para que no extrañara su calor. No fue hasta llegada la noche en que Edgar fue descubierto por uno de los trabajadores, era nuevo y por ello es que desconocía de ese inusual escondite que para Edgar era recurrente. El hombre preocupado y nervioso movió al moreno llegando al punto de jalarlo del agujero, este no quería levantarse e hizo un gesto de resignación cuando se vio privado del descanso que 'le tocaba'.

"Fuiste vendido, ve hacia la parte trasera. Lleva tus cosas." Fue lo que le dijo el hombre y Edgar, tras media hora, decidió aparecerse en la zona trasera de la tienda, allá a dónde le insistieron del inicio que no fuese a esconderse. Edgar conocía el sitio, era básicamente una sala que antecedía a una cochera, nada más allá de eso. Tras todas las veces en que el mapache fue allá pudo entender que el sector era un área de despacho de mascotas, por lo que supo que allí no se encontraría su dueño, solo el encargado de llevarle a conocerlo. Edgar, quien llevaba a su amado Lenore en brazos, observó con duda la estancia anterior, donde él no se encontraba solo, eran muchos los que estaban allí. Lo que Edgar desconocía es que la multitud de mascotas se debía al retraso de las entregas, cortesía de la gran siesta que el mapache se había dado. Varias mascotas le observaron, algunas con rabia, otras con cierta indiferencia, las menos con cierta gratitud por retrasar lo inevitable. La persona a cargo suspiró y entendió el porqué de tal retraso, no dijo mucho y le indicó a Edgar que se sentara a esperar. Aquel trámite no demoró mucho, era cosa de ordenar a las mascotas en el automóvil, cada una con las pocas pertenencias que decidían mantener. Edgar por su parte solo llevaba lo puesto y a Lenore, los objetos que había conseguido juntar carecían de interés afectivo, prefería no portar cosas innecesarias.

Edgar no se percató de cómo fueron avanzando con las mascotas, apenas si se dio cuenta del proceso cuando le llamaron a él y, tras una plática donde se le pidió dejar a Lenore, seguido de una especie de berrinche por parte de Edgar, para no retrasar más las cosas decidieron permitirle ir con Lenore. El hombre encargado ya estaba demasiado atrasado como para querer lidiar con algo tan nimio como eso, además, apenas le dijo a Edgar que podría llevar a Lenore si cooperaba, notó la gran diferencia de un Edgar desinteresado a uno ansioso por no separarse de su amado Lenore. El par de mapaches sin hacer más lios se subieron al vehículo quedando en la última posición, Edgar estaba asustado, no quería separarse de Lenore y le apretó contra su cuerpo lo mejor que pudo sin causarle daño. Se acurrucó en su asiento recargándose en el hombro de quien era su compañero de asiento, persona que Edgar ignoraba sería más que solo un acompañante en el viaje. Debido a la gran demora en subir, el viaje fue rápido para poder compensar, Edgar no solo se recargó en la otra mascota, sino que se aferró de su brazo con tanta naturalidad que parecería que se llevaban bastante bien, lo cual no podría saberse ya que Edgar básicamente solo hablaba con Lenore.

Tras un viaje complicado ante la velocidad y la prisa por entregar a las mascotas, quedaron solo dos mascotas sobre el vehículo y el pequeño Lenore. El conductor no dijo nada hasta que se bajó para poder darle aviso a ambos para que descendieran, allí es donde Edgar le dedica una mirada a su compañero de asiento y recita un escueto "Gracias", para luego soltarle y bajar. Edgar estaba en su propio mundo, hizo caso omiso a las palabras del hombre, cosas como "Compórtense" o "No hagan tonterías" eran poco interesantes para Edgar, quien solo estuvo atento del inicio del edificio donde le tocaría vivir. Reparó obviamente en los sitios a donde podría ir a esculcar, mas al ser conducido al interior de aquel gran edificio tuvo que centrar su mirada al frente. Apenas si acomodó el largo flequillo sobre sus ojos, el cual debido a su postura poco erguida seguía tapándole gran parte de su campo visual. El hombre parecía más interesado en hablar con la otra mascota a que con Edgar ya que el mapache no respondía ni parecía estar oyendo.

Tras menos de diez minutos se encontraba ante una puerta blanca con numeración platinada, el encargado del transporte tocó la puerta e hizo una seña a ambas mascotas para que se quedaran calladas. Hubo tras eso algo de plática, Edgar no atendió, se dedicó a acariciar a Lenore mostrándole a él una pequeña sonrisa. Lo siguiente que supo es que el encargado se despidió y se retiró, Edgar le quedó mirando y tomó una de las patas de Lenore para poder despedirse sin emitir palabra o sonido alguno. Había entendido eso, les estaba dejando y eso debía ser algo triste, mas el mapache no tuvo sentimiento alguno sobre eso, no uno que pudiese comprender en aquel momento. Quedó pensativo, pero al percatarse de que a su costado seguía la mascota que antes le había acompañado, se confundió y llevó una de sus manos al mismo brazo que antes había agarrado, buscando allí una explicación, ignorando momentáneamente el hecho de que estaba ante quien le había comprado.

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Re: [Priv/Col] ¿Qué hacer cuando el zorro te quiere comer?

Mensaje por Hinata el Dom Ago 13, 2017 12:12 am

Para Hina, aprovechar el tiempo en cosas que realmente valían la pena era esencial para una vida feliz, por ello usaba con sabiduría los días libres que le habían dado en el trabajo parta hacer de la suyas en el mercado legal de mascotas, acosando a algunos pets y cuidadores, fastidiando a otros más, robando e incluso causando un alboroto en la cocina cuando metió al horno de microondas una bola de papel alumnio y salió corriendo de ahí justo a tiempo para librarse de la explosión causada. Si, se entretenía muy bien, aunque para desgracia suya, los administradores del lugar no veían sus acciones con los mismos ojos de diversión que ella tenía y por eso se había ganado varias descargas eléctricas del collar que rodeaba su cuello, un par de amonestaciones  y la prohibición de salir del mercado como castigo por todo lo previo... de hecho, había terminado por quedarse encerrada en su habitación con una cerradura especial para asegurarse de que se comportara de mejor manera en el futuro. Eso si que no le causaba ni una pizca de gracia.


Aburrida como estaba, había vuelto a armarse mapas mentales y estrategias sobre que actividades podrían mantenerla ocupada en aquella prisión domiciliaria en la que solo tenía permitido salir a la hora de las comidas. Los juguetes de su tan amado baúl le habían salvado la vida de morir ahí infeliz sin nadie que la mimara... y es que, para suerte de la can, el castigo que le había impuesto también involucraba usar el collar del mercado para poner un freno temporal a sus poderes, así que se había quedado atrapada bajo su apariencia femenina, lo que implicaba que podía divertirse con normalidad ella misma ahí dentro, leer sus revistas privadas en tranquilidad y jugar con su preciada pelota masticable. Por ende, fue más que una sorpresa cuando a la mitad de sus días de encierro, la puerta se abrió dejando ver a uno de los cuidadores del mercado, que algo temeroso dijo "Te han comprado... alista tus cosas y ve a la parte de atrás del mercado" para, de inmediato, volver a cerrar la puerta, esta vez sin llave y alejarse de ahí lo más pronto posible. Hinata sonreía ante aquello, conocía perfectamente las razones por las que él se alejaba de esa manera y le encantaban ¡Que maravillosa era la sumisión de otras personas ante el acoso sexual constante! la pelinegra meneó la cola, comenzando a imaginar de inmediato qué cosas le deparaban con el nuevo amo que la había adquirido... esperaba que al menos fuera alguien con un sentido del humor similar al suyo, no como el chico que acababa de escaparse al temer ser sometido de nuevo -Jo, no saben lo que es bueno- suspiró, quizás extrañaría a un par de personas del mercado que eran particularmente fáciles de molestar y tocar ¿pero qué podía hacer?  En medio de distintas melodías tarareadas, había metido en una pequeña maleta la ropa que era de su propiedad (solo un par de trajes, dos pijamas y prendas interiores para ambos sexos) y había ordenado las cosas de su baúl. Si le dieran a elegir, dejaría todo atrás pero nunca su baúl ¿como esperaban los demás que sobreviviera sin sus juguetes sexuales, sus disfraces, revistas xxx, lubricantes y demás cosas? ¡Sería una locura! Esperaba que su amo no tuviera inconveniente en dejar que se quedara con todo, dudaba que fuera así, después de todo, al mercado legal solía acudir la gente aburrida de vida común, no como los locos que frecuentaban más el mercado ilegal en el que había estado presa años atrás...


Todos los pensamientos se dispersaron en cuanto hubo terminado de recoger todo, echando una ultima mirada a la habitación mientras desfilaba por el pasillo con la maleta colgada al hombro y arrastrando el baúl sobre las ruedas pequeñas que tenía en un extremo. Llegó a donde se le había indicado y observó con curiosidad a los demás pets presentes, sonriendo entretenida cuando algunos de ellos la miraron con complicidad y picardía mientras otros sin disimulo se apartaban un par de pasos. había que ver... se sentó sobre el baúl a esperar indicaciones, aunque pronto tuvo que levantarse de nuevo porque el conductor estaba metiendo las pertenencias de todos en el amplio maletero de aquella especie de mini-bus. Sin embargo, fue más largo el tiempo en que todas las mascotas ocuparon sus puestos en los asientos del transporte, pues faltaba uno para que la carga estuviera completa, mismo que no llegó sino hasta más de media hora después, aparentemente confundido e indiferente a todo cuanto sucedía a su alrededor... Hina no le dio demasiada importancia al sujeto en cuestión, al menos no lo hizo hasta que cuando todos estuvieron dentro del vehículo, el mismo chico se acomodó contra su hombro, acurrucándose como si planeara usarla de almohada -Vaya, vaya...- sonrió entretenida, plameándole la cabeza como toda respuesta a su acción mientras sus orejas se lucían altivas y curiosas ante la posibilidad de a donde iría.


Una tras otra, las demás mascotas fueron bajando en sus respectivos hogares, donde el conductor se detenía y bajaba para hacer entrega de las mismas para luego retomar la marcha hacia el siguiente destino. Al cabo de un rato, los únicos que quedaban en los asientos eran Hinata y sus esponjosos acompañantes. Hina había intentado acariciar al mapache en los brazos de su compañero pero había desistido de hacerlo cuando éste le había lanzado una mirada acusadora y un tanto peligrosa. No le apetecía luchar con la bola de pelo en ese momento, mejor esperar a que se bajaran del auto y así podría divertirse un poco con el chófer que, para sorpresa de la sabueso, estaba demasiado tranquilo aún siendo un anterior blanco de acosos por su parte... eso solo podría significar que ella sería la siguiente en bajar y por lo tanto no tendría oportunidad de darle un poco de amor sucio. Lo que no esperó fue que, minutos después al detenerse frente a un complejo de apartamentos, tanto ella como el compañero de viaje tuvieran que descender del auto bajo las indicaciones del conductor que, en poco tiempo, les dio un par de consejos simples y le entregó a la pelinegra su maleta y su baul, casi lanzándolos con tal de no tener que estar a menos de dos metros de ella -Uhm.. eso no es nada amable- bufó siguiéndolo hasta abrazarle suavemente por la espalda, generando un escalofrío en el contrario -Debería vengarme siendo mala contigo ¿No crees?- el otro bufó y con las mejillas rojas (sobretodo porque la mano de Hina estaba peligrosamente cerca de su entrepierna) se alejó de ella, comenzando a caminar al interior, revisando un papel con la mayor concentración del mundo y obligando con eso a la fémina a permanecer atrás, junto al otro pet y su mapache. Ella observaba todo curiosa, sacudiendo las orejas cada tanto conforme caminaban a lo que seguramente sería su hogar ¿Serían ella y su compañero de viaje vecinos acaso? eso sería interesante.


Observó la puerta blanca frente a sí y casi con sorpresa solo escuchó una breve despedida del encargado, encomendándoles fueran buenos... ¿Fueran? miro a su lado, ahí seguía el chico de antes ¡Genial! al parecer su relación sería mas estrecha que la de simples vecinos, eso daba tantas opciones a su imaginación que de inmediato su cola volvió a sacudirse a sus espaldas, más aun cuando el contrario se sujetó de nuevo a su brazo, con aire de persona indefensa y confusa -Areee ¿intentando ser cariñoso conmigo desde ahora?- bromeó mientras le acariciaba de nuevo la cabeza -Bien, bien ¡eso es perfecto! debemos ser buenos amigos ahora que al parecer estaremos bajo el cuidado del mismo amo~ ohhhh~ solo el pensar que nos deje jugar los tres juntos ¡es tan emocionante!- dio un suave brinco de pura alegría, más aun cuando su olfato comenzó a trabajar detectando cierto aroma conocido en el aire, uno que parecía provenir desde dentro del apartamento y que ademas se hacía mas fuerte a cada segundo. Las cosas no podían ser mejor para ella... ese aroma lo conocía bien, así como el sabor y el tacto que acompañaban esa presencia, la vista, los sonidos que hacía ¿Que había hecho para que el señor del inframundo le escuchara y le diera tan buena suerte? En cuanto la silueta de la zorrita se dejo ver en la puerta de la residencia, Hina se soltó del agarre ajeno para lanzarse a ella -¡Dae, mi amado cariño!- exclamó feliz abrazándola, su cola continuaba el frenético movimiento. Como lo habría hecho un can, su lengua recorrió por un momento la mejilla de la contraria, presionando su busto contra el ajeno y mirándola de lo más feliz, con su picardía usual -Eres la persona más inteligente del mundo al querer que tu y yo estemos bajo el mismo techo- afirmó con un tono ronco en sus palabras, apartándose de pronto y tomando del brazo al otro pet para acercarlo a ambas -Dae, Dae~ podría perdonarte o molestarme contigo según lo que me digas ¿este chico es para jugar juntos o me sustituirás?-  le puso ojitos y bajó las orejas, pero en seguida se denotó su broma cuando la sonrisa ladina volvió a su rostro -Ahora que lo pienso, debería comenzar a referirme con más respeto a mi querida ama ¿Verdad? Digame cualquier cosa que deseé e intentaré cumplirla...- agregó con emoción mientras volvía sobre sus pasos para recuperar sus pertenencias.

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Re: [Priv/Col] ¿Qué hacer cuando el zorro te quiere comer?

Mensaje por Kang Dae el Jue Ago 17, 2017 7:33 am

Estaba más que expectante porque aquel día llegara, quería que de una vez por todas esas dos personitas que había comprado como mascotas llegaran a su residencia, y no para darles ordenes, mucho menos para maltratarles o lo que normalmente se hiciera con algo así, simple y sencillamente en la mente de la zorrita, lo que más primaba era la diversión que obtendría una vez estuvieran todos reunidos, porque, puede que conocidos le sobraran, así  como también las chances para escaparse de su morada, sin embargo el tener "compañeros de juego", en su propio hogar era un extra a su rutina que no desaprovecharía.

Girando una y otra vez en la cama, envuelta por las mantas al tener real pereza de levantarse, escucho como el timbre del departamento, sacando a relucir sus rasgos animales sin darse realmente cuenta, agitando su cola de lado a lado con velocidad, mientras sus orejas altivas buscaban saber quién era el invitado. Aun portando una camisa que solía utilizar para dormir y había técnicamente, sacando de la morada de un cocido, salió corriendo del cuarto, realmente no le molestaba vestir así, aquella prenda era lo suficientemente larga como para cubrirla lo necesario, pero, eso no era lo primordial, sino el hecho de que la mujer que había ido a realizar una limpieza general en la morada le estaba tendiendo una especie de factura que se suponía debía firmar para que el encargo le fuera entregado, y el único encargo que Dae esperaba eran aquellas dos personitas. Rápido, su mano escribió su nombre sobre el papel, buscando un espejo en la entrada donde acomodar sus cabellos conforme aquella fémina iba a entregar la factura, y Dae, ni lenta, ni perezosa, una vez se pensó lista, acudió a la puerta, abriendo la misma, teniendo frente a ella a la tan conocida can que cambiaba su sexualidad, y al mapache que ahora se enteraba, parecía venir con un compañero extra.


-Hina dulce bombón -musito recibiéndola en medio de su abrazo, riendo por la manera en que se comportaba, igual que un perro fiel que no había visto a su amo hacia muchísimo tiempo -Es evidente que soy un genio, solo lamento no haberte comprado antes -la mirada de la zorrita, se dirigió al instante al varón del lugar, mismo que Hinata estaba jalando, conforme hacía preguntas bastante curiosas -Si quiere jugar con nosotras, realmente no me importa, es más, me agradaría aquello -su mirada se afilo con picardía, y su lengua saboreo sus propios labios al solo pensar que sería un buen bocadillo, pero, aun no tenía idea de cómo era el varón y en realidad no se veía del tipo que disfrutara de los encuentros sexuales ocasionales, como lo hacia ella misma o incluso su divertida compañera Hinata -Pero de momento, entremos porque no es bueno quedarse en el pasillo... también debería ver si padre se encuentra, seguramente querrán conocerle -al momento de decirlo, Dae se encamino a las mascotas, mirando al mapache que el chico cargaba en brazos, tomándolo para llegarlo a su propio pecho, viéndole cómodo ahí, era como un peluche, después de aquello se viro, ingresando a la morada, acariciando con una mano la cabeza del mapache y con la otra sosteniéndolo con cuidado -Hinata, padre te agradara... no le molesta jugar con hombres ni mujeres, es bastante divertido, pero, antes de que juegues con él, debes de jugar conmigo -como toda una niña caprichosa la miro con sus mejillas un tanto infladas, dando a entender su punto, de que primero estaba ella en la lista y luego el hombre de rubios cabello, aunque para dejarlo más en claro, camino los pocos pasos que le separaban de la canida, tomándola del mentón para forzar su acercamiento y robarle un beso rápido, riendo con picardía al poco -Eso lo tomare como una promesa de tu parte -sacándole la lengua, continuo andando, llegando a la sala de estar, donde tomo asiento en uno de los sillones ahí predispuestos, acomodando al pequeño animal en sus piernas desnudas, acariciando su peluda cabeza -Creo que, deberíamos presentarnos adecuadamente, y luego de eso si tienen preguntas se las responderé... en especial a ti -sus ojos se dirigieron al joven de cabellos negros, y ojos ocultos tras esa melena. A Hinata le conocía mas que bien, por ello supuse que sus preguntas podrían ser mínimas, quizás con respecto a donde se encontraban los juguetes o si podría llevar gente al departamento -Veamos... mi nombre es Dae, me apellido Kang y esta es la casa de mi padre... aun voy a la escuela así que en ciertos momentos no me encontrare en el departamento, soy un zorro infernal por si les interesa y antes que lo olvide, en cuanto terminemos de charlar les quitare esos collares que me dijeron les dieron en el mercado, lo haría ahora, pero la llave la deje en mi cuarto... entonces ¿Tienen alguna pregunta? -su cola aun presente, seguía moviéndose de lado a lado con velocidad, estaba más que emocionada por la nueva convivencia que apenas y había dado inicio, eso sin mencionar que esperaba el destino le deparara más y más diversión de ahora en más.

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