El amor está en cada habitación [Priv. Shiori]

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El amor está en cada habitación [Priv. Shiori]

Mensaje por Ruki Otoya el Jue Jul 20, 2017 8:06 am

El destino podía dar tantas vueltas como las que daba la tierra alrededor del sol desde tiempos remotos y eso estaba más que claro en la mentalidad del vampiro. No podía explicarse aún como había tenido la suerte de coincidir en tiempo -porque lo había contratado como maestro de cocina en la mansión Mukami- y en sentimientos con la única escritora que había logrado hacerle permanecer horas con la vista fija en las páginas de diversas obras. Y no necesitaba explicaciones: le bastaba saber que el cariño inmenso que había adquirido por Shiori a lo largo de pocos meses era correspondido por la rubia.


Pasó de profesor a buen amigo y, hacía apenas un par de semanas, había decidido subir un peldaño más en la relación que compartía con la chica de ojos rosados ¿Cómo no haberse enamorado? El tiempo que pasaban juntos, los temas de común interés sumados a que ambos habían podido dejar de lado la seriedad para comportarse como realmente eran... todo aquello había concluido en la peculiar declaración de ambos y en la peligrosa misión de continuar juntos, estando separados y vigilados cuando coincidían en espacio. Si, aquella era la parte difícil de todo. Si bien, Ruki había conseguido cada vez con más frecuencia los permisos del jefe Mukami para sacar a su hija menor de la mansión en supuestas lecciones prácticas, aquello era ocasional y debían esperar entre cada una de sus excursiones con tal de no levantar sospechas ante las frecuentes salidas y pocas evidencias de trabajo culinario. Podían salir escasamente una vez por semana y entre sus citas había que interrumpir un poco para hacer compras de ingredientes y demás para justificarse. En una de esas salidas fue precisamente que el caos se formó.


Una salida ¿Que podría salir mal? se habían organizado el tiempo, decidiendo ir primero al supermercado para comprar los víveres que utilizarían de excusa para la salida. No perderían tiempo, después de todo planeaban utilizar la tarde en cosas mas productivas para ellos; más divertidas. En el centro comercial habría una exposición de arte y, si no se había equivocado el pelinegro, también una feria de libros donde nuevos autores presentarían sus primeras obras. Todo estaría perfecto. Hicieron las compras y, posteriormente, se encaminaron hacia los eventos que llamaban la atención de ambos; fue una tarde agradable, incluso se habían detenido en una heladería a comprar un postre para continuar comiéndolo mientras se dirigían a la salida de aquel enorme edificio. Más adelante de donde la pareja se encontraba, un par de vendedores (vecinos de locales) discutían entre ellos: una bruja de aspecto curioso, con amplias gafas circulares que hacían ver sus ojos tres veces  más grandes pedía disculpas y a la vez intentaba librarse de la riña que un hombre le daba ¿El conflicto? La bruja había trastabillado al pisarse accidentalmente la larga falda que llevaba y una de las pociones que llevaba en sus manos había terminado cayendo sobre una bandeja de cupcakes con caramelo. Había ido ahí a comprar un bocadillo y el resultado de todo era que el panadero molesto le reprochaba por su descuido, incluso ignorando que otros clientes se volvían curiosos de vez en cuando para ver a través del aparador el pequeño espectáculo. En escasos segundos, la poción de la bruja se había vuelto transparente y solo quedaban de ella algunos brillos esparcidos como supuesta "decoración" en los cupcakes -¡Debiste ser mas cuidadosa y dejar la poción en tu tienda! ¡¿Para que tenías que traerla contigo?!- interrogaba el afectado por aquello -¡No ha sido culpa mía! Es solo que estaba trabajando en ella y de la emoción me olvidé de dejarla! ¡Ahora tendré que hacerla de nuevo y no es nada sencillo!- Mientras aquello continuaba, Ruki se había acercado al local mirando a su pareja con una sonrisa tranquila sin prestar real atención a la discusión entre ambos vendedores -¿Sabes una cosa? Hay un par de productos de esta panadería que realmente me gustan demasiado... entraré por un par ¿Puedes esperarme?- normalmente habría pedido que entrara en su compañía, pero considero que no tardaría demasiado como para hacerla soportar el parloteo demasiado alto de las dos personas dentro. El vampiro ingresó al local y saludó sin obtener respuesta al dueño del mismo; caminó a las estanterías donde estaban los distintos panes en exhibición y suspiró un poco decepcionado al ver que solamente quedaba en la bandeja uno de los cupcakes que había querido comprar -Oh... pero si quería que Eva los probara- suspiró, volviendo la vista al mostrador donde con agrado divisó una bandeja entera de los mencionados panes. Seguramente el vendedor estaba por colocarlos en la repisa. Se acercó y tomo uno, usando una especie de servilleta para dejarlos en el mostrador -¿Cuanto te debo, Bart?- inquirió tranquilo, pero de nuevo fue ignorado porque el hombre en cuestión seguía la discusión con la bruja -Bart...- intentó llamar su atención en vano y suspiró ante aquello -Bien.. eh...- con una rápida mirada al precio de los cupcakes sacó el dinero correspondiente de su monedero y lo dejó en el mostrador, llevándose el par de pastelillos en una servilleta en cada mano -Gracias- salió de ahí y sonrió de nuevo a la rubia.


Entregándole uno de los cupcakes a la escritora, comenzó a morder el otro, que resultó ser el adornado con los brillos, aunque él no lo había notado -Son deliciosos, espero puedas disfrutarlos tanto como lo hago yo; de hecho, si te gustan tal vez podamos intentar hacerlos la próxima semana te parec...- dejó de hablar por unos momentos, mirando atentamente a la vampiresa.... ¿Siempre había sido así de hermosa? -Eh... si... preparemos de estos después- afirmó, aunque seguía un tanto ido con la fija en Shiori. El resto de la tarde fue normal: se separaron en la entrada de la mansión y el se despidió creyendo que no volvería a verla hasta un par de días después, en una de sus visitas clandestinas en el jardín de la propiedad... Cuán equivocado estaba.


El sol comenzaba a salir en el horizonte y aquello no podía mas que significar el inminente descanso para los seres nocturnos... al menos para la mayoría, porque Ruki seguía despierto, dando vueltas en su lecho sin poder cerrar los ojos. Sólo tenía una cosa en la mente: Quería ver a Shiori. No podría explicar por qué ni como, pero le estaba carcomiendo desde dentro un deseo demasiado fuerte, necesitaba tener entre sus brazos a la chica, susurrarle palabras afectuosas al oído y degustar sus labios como no había hecho hasta el momento, como si su vida dependiera de ello. Su corazón estallaría si no tenía cerca a la joven. No tuvo que pensárselo demasiado. Se vistió con lo primero que encontró y salió presuroso por la ventana de  su habitación con tal de no alertar a los sirvientes o a su familia. Decidió que el vuelo sería la opción más rápida para terminar con la distancia que le separaba de la de orbes rosados y en aquello acertó. En poco tiempo se estaba colando en su forma animal por la ventana de la habitación de la blonda, quien a diferencia de él parecía completamente dormida. Eran cerca de las nueve de la mañana, demasiado pronto para que un vampiro no cegado por el amor estuviera despierto. El Otoya se transformó de nuevo y se acercó a la cama femenina a paso cauteloso pero impaciente a la vez: Podía sentir las emociones vibrando con fuerza en cada poro y, sin embargo no lo entendía. La quería para ser feliz y no había nada más que discutir. Se recostó al lado de la menor con una confianza que estando en sus 5 sentidos jamás habría demostrado -para empezar ni siquiera se habría metido a hurtadillas a la habitación de una dama- y sin poder contenerse más, una de sus manos repasó el costado y cintura de la vampiresa -Eva- susurró intentando despertarla conforme comenzaba a besarle la mejilla con insistencia, necesitado -Eva, despierta- pidió de nuevo, esta vez dándole un suave beso en la oreja y luego descendiendo a su cuello. El riesgo de aquello le valía un soberano guisante; no tenía porque haber problemas con nadie si él todo lo que quería era dar de su inagotable amor a la chica más linda de Myr.

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Re: El amor está en cada habitación [Priv. Shiori]

Mensaje por Mukami Shiori el Sáb Ago 12, 2017 11:16 pm

Feliz era una palabra demasiado vaga para definir su estado anímico en aquellos momentos, porque si debían de darle un nombre a su sentir, Shiori sabía que de momento no existía una palabra apta para definirlo, pero, eso no le inquietaba, al contrario, hacía que su corazón latiera con incluso más fuerza y que en su mente su maestro de cocina no dejara de reflejarse, como un espejismo de aquellos tan hermosos que contemplas en el desierto. Sus paseos eran riesgosos, sí, pero, aun así no podía negarse a nada, deseaba aún más del néctar prohibido que su relación era, buscaba agotar cada pequeña gota del tiempo que compartían juntos, siendo demasiado posesiva a su parecer, aun cuando en realidad no se notara porque su dulce temperamento le inhibía de maneras tan grandes que incluso llegaba a ser adecuado, porque si Ruki supiese cuanto Shiori lo deseaba, quizás saldría escapando por la primer ventaba abierta que pudiese encontrar.

Pero ahora, en su cuarto, vestida con su clásico camisón, buscaba tener un cálido sueño, tanto como el sol que empezaba a iluminar aquella mañana, sin embargo, en medio de sueños una suave sensación recorría su cuerpo, sutiles besos como el aleteo de una mariposa le daban cosquillas, y aquella voz que podría jurar se sentía mas real que nunca, tan solo le pedía que despertara, pero no quería hacerlo, porque eso sería romper su ilusión, su fantasía que apenas y se concretaba.


-Ruki... -lo llamo en sueños, sonriendo y acurrucándose aún más en la cama. Podría jurar que a sus fosas nasales llegaba el aroma del pelinegro, pero eso era irreal ¿Cómo tan siquiera podría sentirle sin estar ahí presente? -Umm... Ruki -repitió ahora con temor de su mente, estaba empezando a creerse demasiado enamorada de aquel hombre, porque, era eso o que el chef estuviera realmente dentro de la habitación. Necesitaba saberlo, darse cuenta de que solo lo imaginaba, pero, en esta ocasión la realidad fue muy superior a la ficción, porque en cuanto sus rosados ojos se abrieron, lo que tuvo frente a si, no era otro sino su pareja, mirándole con un deseo inigualable, se sentía como un pastel de cumpleaños a punto de ser devorado -¿E... estoy... estoy soñando... cierto? -la respuesta daba más miedo que hacer la pregunta en sí, e inevitablemente la menor retrocedió con sumo nerviosismo, sintiendo sus mejillas arder de lo rojas que estaban, terminando en un dos por tres, sentada en el suelo de su cuarto, haciendo un ruido seco, semi cubierta con las mantas de la cama que había jalado en su intento de escape, aquellas que apenas y estaban cubriendo la piel descubierta de sus piernas. No podía decir que tenía miedo de él, más bien, tenía pena de aquella situación, y la incertidumbre de que pasaba le daba un peso extra en su pecho, respirando con notable velocidad, rogando que en la mansión nadie le hubiese escuchado o tendría a casi todos los empleados dentro de su cuarto, buscando saber si tenía el mas mínimo raspón que disgustara a su padre, llevándoles al despido inmediato. Conto los segundos, fueron 15 exactos, en los que el silencio reino y se aseguró que nadie iría a la habitación, centrándose de nuevo en la faz del chef -No... no entiendo... ¿Paso algo? ¿Hi... hice algo? Es decir, nunca antes pensé que... quisieras entrar a mi cuarto, y menos tan... tan de sorpresa...


Su mente se consumía por las dudas, su garganta estaba tan seca que le sorprendía el haber podido hablar tan fluidamente -al menos para la situación en que se encontraba -, sus sentimientos estaban encontrados, entre una mezcla expectación, temor y anhelo, todo, producido por ese hombre quien parecía estar completamente enloquecido, pero ella no sabía de qué forma lo estaba.

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Re: El amor está en cada habitación [Priv. Shiori]

Mensaje por Ruki Otoya el Dom Sep 17, 2017 11:32 pm

Por un infernal momento las cosas más desagradables pasaron por la mente del vampiro: ¿Que tal si Eva no despertaba por que se hallaba inconsciente? ¿Y si alguien la había envenenado? ¿Podría ser aquello su culpa por haber aceptado iniciar una relación sentimental con ella? Era imposible que alguna de aquellas cosas hubiera sucedido en realidad pero por alguna razón Ruki se sentí intoxicado de cariño y eso conllevaba que también estuviera completamente alerta a cualquier cosa que pudiera hacer daño a la mujer que le devolvía la alegría su vida.

La complejidad de los sentimientos del pelinegro se estaba elevando en sobremanera a cada segundo; le parecía que el tiempo que pasaba al lado de la Mukami no era suficiente ni justo ¿Cómo se suponía que iba a demostrar su amor en un par de horas cuando este eran tan grande que el resto de su larga vida no bastaba? Gruño y movió un poco más  a la vampiresa -Eva- una sonrisa de pura felicidad se formó en su cara cuando la joven abrió los ojos luego de haber murmurado un par de veces su nombre -Estoy aquí para tí, Eva... y cada momento contigo es un sueño así que....- se aproximó hasta que sus alientos se entremezclaban -Si, estás soñando- sonrió, aunque su expresión cambió a una de mero desconcierto ante la repentina fuga y caída de la menor. Se sentó en la cama y la observó, negando con la cabeza las preguntas que la fémina planteaba.


No tenía idea de como explicar su presencia en esa habitación, pero sabía que debía darla y en realidad no le molestaba en lo absoluto hacerlo. Se dispuso en primer lugar a acercarse a Shiori nuevamente, debiendo para ello bajar del suave lecho al piso y acuclillarse cerca de ella, resistiendo la tentación de lanzarse a sus labios o mejillas. En verdad que tanta perfección junta debería ser ilegal en su opinión -Vine porque necesitaba verte y estar contigo... no se.... me sentí aquejado por la gran necesidad de estar junto a ti porque, diablos.... Eres como el aire para mi, sin tu presencia respirar me duele y siento como si todo se destruyera a pedazos- le dedicó una mirada triste y anhelante, podía incluso decirse que sus ojos se habían puesto cristalinos -Te extrañe mucho... y esos solo me hizo darme cuenta de que te amo con una locura tal que no me importa lo que opine tu familia o tus cercanos ¡Quiero que estemos juntos! No puedo seguir ocultándole mis sentimientos a todos...- determinado, se levantó y miró hacia la puerta de la habitación. No escuchaba o sentía a nadie fuera, pero eso estaba por cambiar; sus ojos se cruzaron con los orbes rosados y sonrió, era imposible no sonreír cuando su Eva estaba cerca -Tienen que saberlo, todos. Si nadie más sabe que eres mía corro el riesgo de perderte y no estoy dispuesto a ello- algo caliente le quemaba el pecho, todos sus sentimientos brotaban a magnitudes gigantescas en cada una de sus acciones -¡TE AMO, SHIORI!- clamó de pronto a todo pulmón -ME TIENES LOCAMENTE ENAMORADO-

Algo andaba mal, Ruki solía caracterizarse siempre por ser analítico y objetivo, así que era más que obvio que no estaba en sus 5 sentidos si acababa de exponerse a ser descubierto por algún empleado y ese razonamiento pudo llegar a su cerebro incluso cuando no estaba trabajando con la normalidad habitual. Su cara se tornó blanca por un segundo, acababa de comprender lo que había hecho y se dio cuenta de que eso podría implicar que lo alejaran para siempre de su amada escritora. Él no permitiría nunca algo así -Oh, no.... vendrán por mi...- miró con angustia a la rubia mientras intentaba maquinar ideas para librarse del aprieto en que se había metido él solo -Tenemos que irnos.... ¡Vayámonos juntos! Así cuando lleguen no tendremos que hacer nada porque ya no estaremos aquí... aunque necesitaremos un pretexto luego si te buscan- se llevó el indice a la barbilla en un gesto de concentración y comenzó a dar grandes zancadas al rededor de la habitación -¡Ya se! Podemos decirles que estás embarazada, si, eso es... no importa que tu y yo no hayamos hecho nada de eso aún, podemos reafirmarlo luego. Sólo debemos usarlo como excusa ahora y... y...- Todo en los ojos del varón se volvió borroso por un instante y luego miró a la vampiresa como si recién cayera en cuenta de su presencia -Ah... Eva, estas ahí- sonrió de manera torpe e intentó dar un paso hacia ella pero fue en vano: tan solo segundos después de haber planteado su extravagante plan de escape, el pelinegro cayó inconsciente, dando un golpe abrupto en el piso justo cuando algunas voces múltiples se escuchaban cada vez más cerca del pasillo, afuera.

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