Water heart. || Priv. Celty

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Water heart. || Priv. Celty

Mensaje por Azriel el Miér Jul 12, 2017 10:50 am

"El azul es conocido como un color 'triste'. Pero cuando veo un océano, un lago... todo mi dolor desaparece, es lavado."

"Día libre"
No.
Aquel era de todo menos un día "libre", más que nada porque él no era para nada "libre", ni si quiera allí,  en un lugar como aquel.

Aquel día, cuando despertó, formaba parte de su rutina, un día más en el mercado ilegal, pero algo lo cambio todo. Se le había informado de que iba a ser un día genial e inolvidable. Sabiendo del lugar del que provenía, no sabia muy bien qué esperarse, por lo que su sorpresa fue tremenda y absoluta cuando le dijeron que debía de ir al lago más cercano a realizar algún recado, porque se estaban quedando cortos de personal. O eso fue lo que el rubio entendió, porque no veía razón alguna por lo que debía de ser mandado él hasta aquel lugar. No le molestaba, es más, le había encantado que le dijeran que el destino era un lago, repleto de aguas cristalinas que Azriel como elemental de agua adoraba con todo su ser... Sólo se le antojaba lejano, le daba cierta envidia. Pensaba en como seria pasar tus días como se te apeteciera, visitando el lago o inclusive una playa, sentir el agua en la piel, sumergirse bajo las olas, no hacer pie... Todo aquello parecía un sueño. Un bonito sueño que no se le era permitido tener, puesto que la realidad se esforzaba por mantenerlo despierto y asegurarse de que era consciente de lo que estaba viviendo.

Cuando llegó allí se paró en seco, admirando la simplicidad que en un principio las aguas transmitían. Pensó que la gente no sabia nada de estas, de lo profundo que podía ser un mismísimo lago, mucho más pequeño que el mar. Pensó que el agua, por muy pura que pareciera, guardaba muchos secretos difíciles de digerir. Tal vez era por ser elemental de agua, pero un pensamiento fugaz de que él era como las profundidades del océano rebotó en su cabeza, resonando una y otra vez.
Suspiró, negando con la cabeza. No había venido para comerse el coco y que su mente le atacara con aquellos pensamientos crueles, tenia que centrarse, por lo que empezó de inmediato a buscar lo que se le había pedido. Si acababa antes tal vez... tal vez podía quedarse un poco más. Podía observar el misterioso lago, podía verse reflejado en este, o podía tocarlo.

"Si el mar cada día se traga como mínimo a una persona... ¿Qué hay de los lagos?"

Guardó el recado en una bolsa que se le había dado, sentándose delante del lago nada más finalizar, con la bolsa entre las piernas. Suspiró, perdiendo la mirada en el agua. Si había algo que podía agradecerle a sus padres, por muy mínimo que fuera, era que le llevaran a ver lagos, ríos,  o el mar. Quizás el hecho de que el hijo de un par de elementales de agua no conociera dicho elemento hubiera sido raro, e incluso vergonzoso para personas de tal prestigio como lo eran sus padres, que se mostraban frente a la sociedad como personas maravillosas y encantadoras, pero se comportaban con el pequeño rubio como si este hubiera nacido del mismísimo diablo y esto lo hiciera peor persona que nadie más.

Azriel frunció el ceño. Se levantó, dejando la bolsa en el suelo, y agachandose para ver su rostro reflejado en el agua, sumergió las manos. Se había hecho las mangas largas hacia atrás, pero no había retirado la venda de su mano izquierda. Tenia cortes recientes, un contacto directo con el agua podría causarle malestar o incomodidad, dolor o picor, depende de la profundidad de las heridas. Hizo una mueca de disgusto, el agua estaba fría y notar el cambio de temperatura en sus manos tan drásticamente al deshacerse de la temperatura ambiente así le produjo un pequeño escalofrío. ―M-Mierda... ―masculló para si, en voz alta. Cerró los ojos, apretando ambas manos en un puño para comenzar a formar pequeñas olas en el agua. Abrió los ojos con lentitud, aquello le arrancó una sonrisa, después de tanto tiempo. Admiró la forma en la que las olas rompían y volvían hacia atrás para volver a comenzar, sin ser conscientes de que volverían a romperse de nuevo una vez pasado el límite. ―Que bonito... ―Simplemente le parecía hermoso. Se levantó, sacando sus manos del agua. Observó estas, empapadas, y su vista no pudo evitar desviarse hasta las vendas, también mojadas.  ―Joder... ―se quejó, mientras hacía un poco de presión y una pequeña gota roja se mezclaba con las del agua, transparentes. Al igual que algo prohibido, corrió rápidamente por su antebrazo, dejando un rastro de sangre por su camino. Apretó la mandíbula, con cierta frustración. Había sido imprudente, ni que no supiera en que condición estaban sus heridas cuando mojó sus manos con el agua cristalina y pura del lago, ahora manchada en pecado gracias a él. Chasqueó la lengua, molesto consigo mismo. Por suerte, la herida tampoco estaría tan abierta, puesto que apenas había sido una simple gota color carmín.
Soy idiota. ―Aseguró. ―Ahora tengo que encargarme de esto... ―volvió a acercarse al agua, parando las olas y haciendo que el lago volviera a estar apacible, tranquilo, como lo estaba desde un principio, antes de que él llegará.  Era gracioso, siempre fastidiaba las cosas. Las cambiaba, el mal le perseguía. Él era el culpable, ¿cierto?

Suspiró antes de proceder a lavarse aquella marca rojiza que había quedado en su antebrazo, colocando mejor la venda en torno a su muñeca, para finalmente sacudir sus manos y bajarse las mangas al retirarse. La camisa de mangas largas se había mojado un poco, pero no le dio importancia, es más, hizo ademán de adentrarse en el lago, pero no lo hizo, pues al darse la vuelta para volver a su sitio se encontró con la bolsa tirada en el suelo, con algunos frutos por los suelos. ―N-no.... ―balbuceo,  acercándose rápidamente para recoger los que habían quedado por el suelo y agarrar la bolsa con aires de cierto poder. ―Habrá... habrá sido el viento o algún animal, tsch... ―trató de encontrar excusa, en un tono de voz considerablemente alto. Ahora debía de buscar más. ―Pero... Ha sido culpa mía, por despistarme... ―emitió un gruñido, ¿por qué no hacía más que fallar?
Se odiaba.

"En lo profundo de esa oscuridad que observaba, durante mucho tiempo permanecí, preguntándome, temiendo, dudando, soñando sueños que ningún mortal jamás se había atrevido a soñar antes."


Última edición por Azriel el Miér Ago 02, 2017 9:47 pm, editado 1 vez

Volver arriba Ir abajo

Re: Water heart. || Priv. Celty

Mensaje por Celty el Jue Jul 13, 2017 2:04 am

Hacia mucho tiempo que no dormia. La mayoría de las veces pasaba las noches trasnochando llegando a trabajar y trabajar. Ni un momento de relajación, calma ni paz interior. No podía devorar la comida de manera natural, y mucho menos sentir lo que era poder besar a una persona ajena, o incluso el mero echo de verse reflejado mi rostro en un espejo. Cuando me quitaba el casco veía la nada que me atravesaba el alma sin que nada pudiera ocultar. Un agujero negro en mi interior del cual solo brotaba oscuridad y filos hilos como si esta fuera una chimenea, en la cual fuera la ceniza a punto de terminar de consumirme. Me coloqué los trapos de siempre, saliendo de un apartamento del cual no pertenecía, sin embargo estaba agradecida poder acobijarme en los días de lluvia.

Era bastante temprano, tanto que ni los gallos habían anunciado el nuevo nacimiento de un dia. Ese dia tuve un sueño terrible, del que desperté casi de inmediato buscando algún culpable al que responsabilizar de mi mal estar, pero al cabo de poco tiempo se me olvidó como si fuera el polvo llevado y esparcido junto al viento. Me sentía sola, sin nadie con quien tratar y mucho menos con quien poder conversar. ¿Acaso todo el mundo se había puesto en mi contra? De poco me importaba, a decir verdad lo que me molestaba eran los pocos reconocimientos que llegaba a tener por parte de los ajenos. Suspiré un tanto molesta, pero de poco llegaba a tranquilizarme. Era raro verme sin mi querida moto, pero por alguna razón sin explicación, ese dia me recorrí las calles un poco a la deriva, sin prestarle importancia al mismo tiempo. Tan solo era una gota en un día de lluvia, pero al parecer para otras personas no era así.
Un señor me tomó del brazo llevándome casi a rastras hasta una tienda en la que no solía visitar. Resultaba ser una farmacia. El hombre parecía muy orgulloso, agradecido y feliz. Al parecer, a parte de las malas lenguas, uno de los trabajos que tuve que hacer alguien habló de mi mencionando las pocas características que me "diferenciaban", las cuales eran que portaba casco amarillo, ropa ajustada y cuerpo femenino muy atractivo. Estaba bastante extrañada, pero al parecer, uno de los órganos que transporté era vital para la vida de su hijo hace algunos meses. Este se recuperó con mucha energía y bastante feliz de ello me entregó una caja de primeros auxilios bastante repleta. Por experiencia sabía de primeros auxilios y que debía hacer, más que nada porque yo misma me lesionaba alguna que otra vez, sobre todo en caídas tontas al intentar huir de alguna persona. Ramas, verjas, torceduras de tobillos... Era lo más típico que me solía suceder, pero hacia mucho que no me sucedía. Le agradecí aquello, pero aunque le argumenté de que no lo necesitaba, el hombre insistió tanto que me sabía mal rechazarselo.
Era ya casi al medio dia, aunque algunas tiendas empezaban a abrir, otros usaban técnicas del dulce. Una técnica típica de panadería, donde hacían el pan recién echo y lo exponían dejando que las calles inundaran ese agradable olor, del cual carecía.

El tiempo pasaba y aunque mis pasos fueran lentos y tranquilos, en mi interior ardía de rabia y dolor. Era difícil para mi expresar todo aquello. Bien se dice que la gente se colocaba una "mascara" para ocultar su dolor tras una sonrisa, pues aquello me venia como anillo al dedo. En mitad de un parque, un joven muchacho se metió en problemas contra unos pocos, que casi de inmediato sacaron a sus hermanos mayores. Estos parecían tener poder adquisitivo y por ello se creían más "fuertes". Por lastima para ellos, no iba a permitir tal injusticia, a lo que tan solo acercarme me crucé de brazos como "protegiéndole" pero tan solo realicé un sencillo acto de presencia. Parecía que los jóvenes acataban a los adultos, y fue cuando se rebajaron y salieron de su prepotencia. El niño agradecido me pidió que le acompañara. No tenía nada mejor que hacer, a lo que no me opuse. Fue entonces cuando de pronto me encontraba con una bolsa de galletas con pepitas de chocolate en la zurda y en la diestra la caja de curas del señor anterior. Comenzaba a sentirme un poco como un burro de carga...
Tomé mi moto y guardando las cosas en el maletero me dispuse a irme lejos de aquella civilización.

...

Fue un abrir y cerrar de ojos, en el que comencé a escuchar el leve cantar de pájaros y el viento del aire soplar a mi alrededor. No era el aire por la velocidad que conducía, era un aire fresco proveniente de las montañas. Aquella moto se convirtió en un caballo. Un hermoso frisón negro nórdico, el cual comenzó a pasearme por las laderas de aquel bello paraje. Atravesando las malezas y los follajes hasta que dimos con un claro lago cristalino. Aquel lugar me encantó tan solo verlo, pero un pequeño escandalo hizo que saliera de mi zona de conford. A unos cuantos metros vi a un joven molesto por alguna razón. Ladee un instante la cabeza, pero el verle verter sangre en el prado césped significaba que algo no iba bien. Hice un gesto para que Zen, que así llamaba a mi frison, se quedara oculto entre los arboles, pues este tampoco portaba cabeza, aunque pudiera aparentar una. Era algo timido al principio, pero si corria algún peligro, estaba segura de que se colocaría en medio para evitar dañarme cualquier amenaza.

Me acerqué al joven observando sus actos. Parecía portar un collar con lo que se trataba de alguna mascota de alguna de las tiendas. Mis pasos eran silenciosos, pero la bolsa que portaba las galletas era demasiado ruidosa, a lo que le hizo destacar mi presencia. Me rasqué el cuello antes de nada, como si quisiera presentarme. Me arrodillé frente a él extendiéndole la bolsa con las únicas cinco galletas que tenia en su interior. Tomé mi propia ropa arrancándome un pedazo de tela y alargué ambas manos con intención de dárselo para presionarle la herida antes de que derramara más sangre.

Volver arriba Ir abajo

Re: Water heart. || Priv. Celty

Mensaje por Azriel el Jue Jul 27, 2017 11:43 am

"He vivido demasiado tiempo con dolor. No sabré quién soy sin él".


Y entonces,  mientras apretaba la mano en un puño en torno al plástico puro de la bolsa,  su mirada se desvió hacia la mano contraria, entumecida.  ―J-Joder.. ―gruñó de nuevo entre quejidos y jadeos, observando como la venda se tornaba rojiza y manchaba irremediablemente también las mangas de su camisa en el lado izquierdo. Sus heridas se habían abierto, de nuevo. Era como si sus demonios volvieran a visitarle tras haberlos echado, como si todo el sufrimiento escrito en aquellas líneas perfiladas ahora con su propia sangre volviera a ser real.
Siempre fue real, pero de cierto modo el joven rubio quería pensar que todo era un sueño, una pesadilla de la que despertar era prácticamente imposible. Aunque el dolor le hiciera sentir vivo de alguna forma, no era algo que disfrutara, pero... Había vivido ya tanto tiempo lidiando con semejante sufrimiento que ya no podía figurarse si este. Apretó los labios antes de volver a remangarse y se quitó la venda, ensangrentada. Tampoco era mucho, pensó, solo que tras la venda aquello dejaba un rastro similar a un círculo de sangre, pues los cortes se encontraban unos debajo de otros y los distintos pecados que se escondían tras estos se unían en un líquido carmín maldito, igual que su portador. Seguramente se habían abierto dos heridas, una tras otra, para causar todo aquel desastre que no podía evitar.

"Una vez vi a una mujer que de un árbol era péndulo. Me habló, ¿quieres saber que me dijo? Quería que fuera con ella.  ¿Quieres saber que le dije yo? Que ya se había llevado a un amigo."

Estaba tan inmerso en encargarse de la sangre que goteaba al verde prado que no escuchó la bolsa de galletas que anunciaba la llegada de alguien más a aquel solitario lugar, impregnado de odio por y hacia él mismo. Por lo tanto,  cuando levantó la azul y aguada mirada del asqueroso carmín de su muñeca izquierda, topó de lleno con aquella persona. Se sobresaltó, casi pegando un grito y dando un salto en el sitio, había atravesado su pecho y su corazón, alarmado, había comenzado a latir con bastante fuerza. Tragó saliva. ―¿Q-Quien.. ―balbuceó, ocultando sin éxito la mano izquierda tras su propia persona, un tanto temblorosa. ―¿Quien eres? ―preguntó, fuera de lugar. Se fijó en aquello que le extendía, acercando la mano derecha con timidez, llegando a rozar el plástico. Hizo una mueca, había hecho ademán de tomar la bolsa, mas no lo había hecho. ―¿E-Es.. para mi? ―se encogió de hombros. ―A-Ahm... Hola. ―rio, nervioso. Se agachó también, quedando en cuclillas, sentía su pulso en la muñeca izquierda, ni que su cuerpo intentara avisarle de lo evidente, sabia que estaba sangrando, no era idiota. Hizo una mueca, apretando la mandíbula, pero trató de disimularlo. ―Eh... Yo tengo fruta. ―comentó, alcanzandole la bolsa que un rato antes se había derramado por el suelo y él había recuperado, como si fuera su propia vida.. Sin embargo, su vida ya estaba perdida, no se importaba a si mismo, y nadie más se preocupaba por él. Era cuestión de tiempo su desaparición. ―Es.. E-Es un trabajo, pero puedes coger una si quieres ―informó, tratando de ser educado y considerado.

"Porque nunca en toda mi infancia me sentí como un niño. Me sentí como una persona todo el tiempo. La misma persona que soy hoy."

El joven rubio se fijó entonces en el resto de sus acciones,  teñiendo sus mejillas de un color rojizo, ruborizado. ―¿¡Q-Qué hacés!? ―exclamó, al ver como se arrancaba un trozo de su propia vestimenta para dárselo al chico. Pestañeó varias veces. ―Gracias... ―asintió, confuso, pues no entendía para qué era aquello. ―Eh.. ¿Q-...Que debo hacer con esto? ―titubeó. Parecería que le estaba vacilando o algo asi, pero realmente no sabia que hacer con el trozo de tela que la muchacha le había dado. Entonces una idea fugaz pasó por su mente. ¿Era para que se cubriera la herida? ―T-Tú... ―murmuró. Negó con la cabeza, aún haciendo más esfuerzos por esconder la sangre que brotaba de su persona. ―Lo has visto... ―casi confirmó. Ahogó jadeos, y avergonzado, desvió la mirada para mostrar su muñeca, no servía de nada ocultarlo en el estado en el que estaba y era más que evidente. ―¡G-Gracias! De verdad, n-no hacia falta que... ―su voz se cortó, sus cuerdas vocales chocaron las unas con las otras y sus penas le impedieron hablar directamente. Se ahogaba. Asustado de la gente, su corazón saltaba con alegría mientras el dolor de su pecho permanecía. Era difícil, era duro, y sin saberlo, le estaba lanzando una señal de auxilio a la hasta ahora desconocida.  Tomó la tela, apretando esta entre sus dedos. Aquella simple acción era más de lo que siempre habían hecho por él. Acostumbrado al odio, o a ser invisible por los demás, le resultó extraño que una persona que no le conocía se mostrara tan amigable con su persona, que incluso quisiera ayudarle a curarse aquel rojo intenso que cargaba en silencio.

Tú... ¿Eres real?

¿Por qué...? ―suspiró. Negó con la cabeza, y aquello le arrancó una sonrisa, regalandosela a la ajena. ―¿P-Por qué lo haces? ―¿acaso quería algo a cambio? ―N-no tengo mucho.. pero por favor, coge una fruta, es lo mínimo que puedo darte, s-supongo. ―consideró, refiriéndose a su situación real, atado a un mercado y a un collar que lo fijaba como mascota. ―Azriel. ―soltó, su voz estaba repleta de inseguridad, ¿pero por qué no confiar en ella? Acababa de intentar ayudarle, era lo mucho que podía tratar de lograr, confiar. ―Mi... Mi nombre. Es mi nombre, Azriel. ―confirmó. Se colocó el trozo de tela sobre la muñeca izquierda. Se quejó por lo bajo. ―¿C-Como...? ―tenia que intentarlo. ―¿C-Como hago que pare? Yo n-no sé... ―se atrevió. Pedía ayuda, se refugió en la primera figura amigable que llegó a él, tal vez por error. No quería dañarla, por lo que debía de ser prudente, todo lo que tocaba ennegrecia y sufría, eso era egoísta.

¿Tienes bondad? Ayúdame, por favor. Ayúdame a sanar mi roto corazón, ayúdame a querer, ayúdame a confiar, ayúdame a quererme... Y si no, ayúdame a encontrar un lugar donde morir.

"La humanidad no nos pide ser felices. Simplemente nos pide ser brillantes en su nombre."


Última edición por Azriel el Miér Ago 02, 2017 9:50 pm, editado 1 vez

Volver arriba Ir abajo

Re: Water heart. || Priv. Celty

Mensaje por Celty el Miér Ago 02, 2017 4:51 pm

Según me iba acercando, me fije que su sangre pintaba a cuenta gotas aquel prado. Aquellas heridas podrían ser profundas e incluso se podría desangra si continuaba de aquella manera, pero sería él quien debía permitir o no aquel acto, tan artístico como el de tornar lo verde a lo rojo. En el instante en que el joven alzó la voz, comenzando a dirigirme varias preguntas, yo le respondía con un siniestro silencio. Sujete la bolsa por donde colgaba el pequeño nudo y espere a que lo tomara. Su gesto de querer pero no tomarlo fue un tanto frustrante. ¿A que niño no le agradaban las galletas? Aquella pregunta se me pasó por la mente, extendiendo el brazo izquierdo y agarrando su diestra por la muñeca, le puse aquellas galletas encima, afirmando de que ahora le pertenecería...
Me distancie un poco, negando el ofrecimiento de tomar alguna manzana. A fin y al cabo dudaba que pudiera comermela. ¿Como le explicaría que mi rostro fue robado? ¿En qué momento se lo diría? Quizás aquellas preguntas eran insignificantes. Tan sólo pondría la misma excusa de siempre. "Soy muda y agradecería guardar mi rostro al ajeno"... Aquellas eran siempre las mismas palabras que le mencionaba a los curiosos que me preguntaban a pesar de estar en una habitación y con poca iluminación.

Acto siguiente, proseguí por arrancarme un pedazo de tela de mi cintura para dársela. Aunque el joven parecía inocente e infantil, estaba segura de que en su interior esconderia una inteligencia más que dotada, tan sólo le faltaría un poco de empeño en sacarla a la luz. Señalé mi propia muñeca, haciendo leves gestos de que era para él, para la herida que brotaba sangre....

Tomé su brazo asistiendo anteriormente a su pregunta de si lo había visto. Ya había observado varias heridas y de diferentes profundidades. Ya estaba mecanizado en mi mente todo lo que debía hacer para que aquellas heridas se curasen lentamente pero seguro, a pesar de dejar algunas cicatrices detrás.

Mi cuerpo salto un poco hacia atrás, mostrando una mano frente mi cuerpo, como si sintiera que fuera a agredirme por su manera tan repentina, pero sus palabras mostraban todo lo contrario. Me aproxime nuevamente guardando silencio a la espera de que este acabara con sus dudas y preguntas.

Guardé silencio una vez más, tomando mi teléfono y escribiendo en este. Me senté sobre el suelo para una mayor comodidad.


Señorito Azriel. Me puedes llamar Celty. Lamento comunicarme de esta manera, pero soy muda de nacimiento y no puedo ejercer ningún sonido a pesar de que escucho. No todos cobrarán la misma manera una ayuda y aunque me ofreció esas manzanas que de seguro le pidieron, he de negarselo, porque desde el principio ya me estaba entregando lo que deseaba. Una sencilla sonrisa era lo que le iba a pedir. ¿Eso me lo puedes ofrecer? Y descuida, yo te sanarse, pero debes aguantar un poco el dolor. Te sentirás que queme y hasta incluso que desees arrancarte la piel, pero se fuerte y cerrarán en un tiempo...

Tras mostrarle aquel mensaje, mientras leía, chasquee los dedos llamando a zen. Este se acercó a paso tranquilo, tomando su tiempo en llegar a nosotros. Al estar a unos pocos metros de mi, me acerco el pequeño botiquín, donde me organice colocando fuera de este un bote de micromina, vendas, suero fisiológico y un pequeño caramelo que había ahí dentro. Claro estaba que no iba a hacerle daño ni mucho menos, pero era necesario. Le tomé de la muñeca, apretandole para que sangrara y posterior, verti el suero encima para limpiarselo. Al menos la herida estaba limpia. Continúe por depositar la crema por encima, dejando una fina capa de esta, presionando con la yema del dedo para que la crema profundizará y cerrara los huecos de la herida. Una vez hecho esto, coloqué la gasa por encima y lo tape con la venda, realizando un vendaje en espiral, pasando esta por encima del pulgar para dejarlo más fijo. De esta manera, quedaría fijo y no se infectaria. Tomé el caramelo, abriendolo con cuidado por tener la mano llena de aquella sustancia médica, y con el meñique y el dedo anular, le puse el caramelo sobre los labios del joven. Con el otro meñique, toqué su mandíbula para desplazarla hacia abajo y que abriera la boca y terminar por introducirle aquel dulce. Una vez terminado mi trabajo, recogí las pertenencias y me senté mirando al lago.

No debes forzar la muñeca o volverá a sangrar... Y quizás algún día nos volvamos a ver...

Aquel mensaje mostrado desde el teléfono era una especie de despedida, como si solo hubiera pasado para curarle y darle ánimos y de seguido marcharme, pero en realidad tan solo era un comentario más. Zen se lo estaba pasando muy bien jugando dentro del agua, trotando un poco y creando pequeñas olas a su paso por su gran volumen.

Volver arriba Ir abajo

Re: Water heart. || Priv. Celty

Mensaje por Azriel el Miér Ago 16, 2017 1:15 pm

"Dios es cruel. A veces te hace vivir."

Y mientras sus maldiciones, en forma de líquido carmín, continuaban saliendo al exterior para continuar atormentandolo ahora también en la superficie, sintió como la mano de la chica agarraba su contraria y colocaba la bolsa de galletas en torno a esta. Sus ojos se desviaron hasta el plástico que sostenía entre sus dedos, alejándose del maravilloso fluir de sangre y de su dulce olor, prácticamente perplejo. Su labio inferior se movió apenas, tembloroso. El cosquilleo de miles de demonios diminutos rascando su piel cuando salían de las heridas abiertas y estiradas era insoportable, y el hecho de que el rubio tratara de ignorarlo tal vez lo hacía asombroso a ojos de ajenos.  Sin embargo,  lo que al joven le pareció asombroso fue el acto de la muchacha, el entregarle una bolsa llena de galletas siendo totales desconocidos. ―E-Eh... ―carraspeó. ―Gracias, pero... D-De verdad, no tenias por qué... ―comenzó, cortándose a si mismo si en un inseguro titubeo. Muchas gracias, es muy amable. ―sonrió, o se obligó a hacerlo. Aquella sangre que derramaba era triste y salía de las rajas de su piel con violencia. Trató de simular que él no era así, todo aquello le estaba pasando por equivocación, claro. Un gato había pasado por allí y le había arañado, nada más.

Porque... ¿A quién le importaría que mi vida acabara?
A nadie.

El mundo es mejor en blanco y negro... y rojo.

¿No quieres una manzana...? ―comentó, con un tono algo apagado y apenado, al observar cómo le negaba. Bajó un poco la mirada. Su pulso, en su muñeca, era realmente fuerte. Marcaba un pum-pum-pum nervioso, ajetreado y doloroso. Un latir que quizás se viera apagado en algún momento cercano con el pedazo de tela que la otra le extendía, confirmando que sí que era para que se hiciera cargo de aquel desastre. El pequeño rubio inspiró fuertemente, el olor de la sangre era exquisito, no iba a mentir. El fluir de esta era admirable, su color, llamativo. No era de su desagrado, es más, casi le gustaba. Si no fuera por el dolor...

Dolor.
Aquella palabra estaba incrustada en mi cabeza.
En mi piel.
En mi alma.
En mi completo ser.
Existir provocaba dolor.
Dolor.

Gracias. ―de nuevo,  aquella palabra se deslizó por sus labios. ¿Cuantas veces se había mojado ya la boca con palabras de agradecimiento? ¿En realidad lo sentía? Si, probablemente si. Estaba agradecido, era extraño pero reconfortante; alguien a quien acababa de conocer le estaba ayudando. ¡A él! Ni si quiera había pedido su ayuda, pero ahí estaba, haciendo acto de presencia para ayudarlo a él. Azriel apenas se lo creía, ¿era un sueño? ¿Dios había bajado a un ángel para que se ocupara de el, o similar? No. Dios no existía,  vaya cuento. ―Realmente no... ―apretó los labios durante unos momentos. ―R-Realmente no importaba. Podía a-aguantar... E-Esto... Se cerraría solo, sí. ―asintió. Era más una forma de autoconvencerse con una mentira que una excusa barata que intentaba venderle a la muchacha. ―Tsch ―chasqueó la lengua. Se ocultó en una posición molesta y enfadada que no le pegaba para nada y que al parecer, no sabia adoptar con naturalidad. ―No te acerques a cualquier gato que veas por ahí. ―no había excusa mejor. No había otra salida para tratar de explicar aquellos cortes que lo marcaban, que no fuera el hecho de aceptar haberlo hecho él, en momentos donde se ahogaba en lágrimas sin derramar y en silencios que se incrustaban en su corazón como témpanos de hielo.
Tal vez también lo pudiera entender cómo que él era aquel gato al que no se podía acercar. Tal vez fuera cierto. Tal vez era una forma de advertirla de que  fuera como fuera, la presencia del elemental de agua allí solo le empeoraría las cosas. Tal vez le avisaba de que estaba maldito, de que no era lo que parecía ser tras aquella apariencia aniñada y frágil. Tal vez sí que le avisaba para que no se acercara demasiado, temiendo destrozarla y dañarla una vez se adentrara en su ser, abriéndose paso a su atormentado corazón.

"Cuando Dios te pone una esvastica, aparece una ventana. Y luego te das cuenta de que no hay ningún Dios".

Bajó la mirada para fijarse en cómo ella se sentaba en el suelo tras haber retrocedido momentos antes. Se fijó en el teléfono móvil, y aguardó. Respiró profundamente, aunque jadeante, estaba teñido de un rojo profundo. Sangre que corrían para salir de las heridas como si fueran lágrimas.

Ayúdame.

Lo gritaba internamente. Pedía auxilio, pero era demasiado tímido e inseguro como para decirlo en voz alta. Era una mierda de persona y eso nadie se lo iba a quitar. Aunque se desangrara, seguiría siendo. No era alguien que pudiera mirar hacia sus pecados incrustados y aceptarlos. No era alguien que se aceptara a sí mismo a decir verdad.

Entonces, la contraria le extendió el teléfono. El rubio pestañeó varias veces, acercándose con cierta timidez para alcanzar a leerlo con mayor facilidad. Subió la mirada al leer la primera parte, ubicando sus ojos azules en la chica. ―Encantado, Celty. ―sonrió, ampliamente, ligeramente ruborizado, para volver a bajar la mirada y leer aquello. Abrió un poco los ojos con sorpresa, dirigiendo una mirada apenada a la chica. ―¡Oh! Yo... Yo... E-Esto... ―balbuceó,  nervioso. ―L-Lo siento, no sabía... ―trató de disculparse, moviendo la cabeza de un lado a otro. Se veía penoso, pero realmente era algo que no esperaba. ―Lo siento. ―corrigió. ―¡B-Bueno! No pasa nada, ¿uh? ―volvió a sonreír, hacerla sentir bien era lo mejor que podía hacer tras aquella noticia. Sus pómulos se tornaron rojizos ante aquellas palabras escritas en la pantalla del dispositivo. Otra sonrisa amplia. ―¿E-En serio? ―tartamudeó. Cierta vergüenza le invadió. ―Mi sonrisa no es nada del otro mundo... ―desvió el tema, cargado de pesimismo. Oh, cómo odiaba su cara. Su pelo. Sus ojos. Su sonrisa. Su personalidad. Su existir. ―Pero... ―comenzó. Se cortó a si mismo, agrandó la sonrisa. ―Sí. ―confirmó. ―Las que quieras. ―comentó, con cierto tono animado. Leyó lo siguiente, acompañándolo de una mueca nerviosa mientras arrugaba la nariz. Se llevó la mano izquierda a la boca. Mordió. Arrancó parte de una uña, hasta que se dio cuenta de lo que hacía y la retiró de nuevo, ensangrentada. Le tembló el pecho al respirar, pero asintió. ―¿D-Dolerá? Entonces... D-da igual, cerrará sol-.... ―su voz fue cortada.  Sus cuerdas vocales chocaron entre sí,  calladas por el sonido que hacían las patas del caballo al acercarse a ellos.

Oh, llévame lejos, allí donde la tierra acaba, allí donde el sol aúlla, allí donde mi muerte sería guardada como un secreto.

El rubio no pudo evitar fijar la mirada en el caballo. Lo siguió, atónito. ―¿U-Un... caballo...? ―murmuró, y fue prácticamente apagado por un quejido que escapó de su boca al sentir el agarre. Cerró un ojo, forzandose a mantener el ojo abierto en el lugar donde sus heridas abiertas eran forzadas a vomitar sangre. ―A-Argh... D-...Duele.... ―se quejó. Apretó la mandíbula con fuerza, gemidos y jadeos guturales eran emitidos por Azriel sin poder evitarlo. Movió un poco la mano, haciendo ademán de cerrar la mano en un puño, marcando sus huesos sobre las venas, que parecían dibujadas con bolígrafo sobre su blanca piel. ―A-Ah... C-Celty... Eso... Y-Yo... ―era incapaz de articular bien una palabra, tartamudeando. ―G-Gracias, pero creo que ya...- ―sintió un escalofrío al sentir el suero sobre las heridas. Apretó el puño que sujetaba las bolsas, clavandose las uñas. Respiró con cierto alivio al sentir la gasa que taparía las heridas, sus ojos llorosos se mantuvieron largo rato en esta, era como si el pulso del corazón que de había situado allí anteriormente estuviera siendo callado con aquello. Iba a volver a abrir la boca para agradecérselo -una vez más.- cuando sintió como le colocaba un caramelo sobre los labios y le abria la boca para que éste se introduciera en esta. Tragó saliva para acoger el caramelo en su paladar y la observó, asombrado. Lo saboreó, era dulce, estaba rico.

"La esperanza es un arma muy peligrosa."

Dulce.
Dulce como aquel acto de curarlo.
Dulce como la presencia de ella ahí.
Dulce.

N-no lo haré... ―aceptó. Recordó lo que había dicho antes, y volvió a adoptar una sonrisa con el propósito de regalársela. ―Celty... ―llamó. ―Muchísimas gracias. ―De nuevo. Cielos, esa frase estaría en su lápida el día de su entierro: muchas gracias. Muchas gracias por desaparecer de una vez, Azriel... ¿No? ―Esto no lo suele hacer cualquiera... Quiero decir, tú... ―suspiró. ―N-no sé por qué lo has hecho, pero... Oh, vamos. Eres genial. ¡A-Acabas de curar a alguien al quien no conocías de nada! ―vaciló.

"Desearía ser especial yo también..."

El sonido del agua fue como música para sus oídos.  Desvió la mirada hacia el caballo, desearía parecerse más a él. Quizás ser un caballo era más fácil,  quizás era más alegre,  el sentirse libre... No sólo por el hecho de poder correr y hacer lo que quisiera a su antojo si no por... Por poder vivir sin estar atado a su odio. Por poder vivir sin dolor, sin sufrimiento. ―Es adorable... ―comentó, admirado. Dudó un poco antes de sentarse junto a ella. Tardó en mirarla.   ―¿P-Puedo..? ¿Puedo quedarme? ―susurró. ―Sí me llevo las galletas los del mercado pensarán que las he robado o algo así... ―pensó, en voz alta. Sacó una galleta. La mano izquierda le temblaba, aún dolía un poco, pero por suerte había parado de sangrar y aunque sus quejidos bajos no habían cesado, podía disimularlos mejor. ―Ojalá pudiera quedarme ahi... En el agua, para siempre. ―deseó. ―Celty. ―Una pequeña sonrisa adornó sus labios, apretados unos contra otros. ―¿Quien eres? ¿Por qué....? ¿Por q-qué lo hiciste...? ―se atrevió a formular. ―D-Debes de tener un alma muy buena como para venir, curarme y conformarte con sonrisas... ―consideró. Nadie se había portado así con él en la vida. ―N-no eres como los demás, ¿u-uhm...? ¿Qué eres? R-Raza, me refiero.... Debes de tener muchisima gente que te quiere. Si eres como acabas de ser conmigo siempre, sin duda te lo merecerías. ―ojalá el fuera más como ella.
Ojalá él fuera buena persona.
Ojalá no le siguiera el mal.
Ojalá...

Volver arriba Ir abajo

Re: Water heart. || Priv. Celty

Mensaje por Celty el Vie Ago 25, 2017 3:54 pm

Aunque el joven muchacho intentaba hace esfuerzos de creerse que se cerrarian solos, yo no lo pondría en duda, pero tal y como estaba actuando me daba la sensación de que sanarian mal y quedaría infectado por dentro. Ese dolor sería aún más insoportable, pues cada roce me haría gritar en el mismo infierno, si piel inflamada y colorida de una tonalidad bastante desagradable... Ya había visto muchas heridas como esas, pero a muy pocos les había curado. Le di un leve golpe en la frente molesta de sus palabras, donde las siguientes fueron peores, lo que le apropine otro más, señalando mi casco, como si fuera yo uno de esos animales tan odiados por él.  No iba a decir que no los odie, pero me daba la sensación de que debía controlar sus palabras.

Sus palabras y forma de ser tan alegre estaba en el lado opuesto a como me lo había encontrado. Un ser educado y amable no pediría sentarse, a lo que sencillamente afirme, brindando asiento con la zurda. No me molestaba en absoluto. Estaba atenta a todos sus gestos y sobre todo a sus palabras. Cuando me nombraba giraba el rostro para darle la sensación de que estaba prestando atención.
Todas aquellas incógnitas que el joven tenía en la mente las iba a solucionar, escribiendo en el teléfono, mientras zen se aproximaba, cambiando de forma a una moto, recostandose en el suelo, aunque a la vista estaba solo apoyado con la pata lateral. Alce un poco el cuello, deslizando la cremallera hasta la zona superior de mis pechos, quitándome el casco mostrando que no llevaba cabeza y en ese instante fue cuando me mostré el mensaje. De mi cuello salían pequeños hilos de humo negro, como si fuera una chimenea....


Soy un demonio, o eso explicaría porqué puedo seguir viva sin necesidad de una cabeza.... Referente a tus otras preguntas... Lo hice porque cuando te vi, algo de mi decía que no estaba bien. Estabas es un mundo oscuro y que no encontrabas el camino para salir de él. Y a decir verdad, si no sabes caminar por la oscuridad, yo te guiare por ésta, tan solo agarra mi mano y suéltalo cuando estés preparado, pues la vida te habrá pegado mucho y sin así no te has parado ni un segundo a observar realmente lo que te rodea. Los árboles te muestran su canción acompañados por los vientos y el piar de los pájaros. El agua transparente te muestra la serenidad y la calma, en cambio, sólo te enfocaste en tu dolor y adéntrate más en esta sin darle importancia a lo que tienes a tu alrededor..... ¿Acaso eso es vida? Puedes respirar y no si quiera eres capaz de sentirlo.

Mientras me mostraba aquel mensaje, mi cuerpo enfocaba hacia el frente, sin darle mucha importancia.
No sabía a qué velocidad llegaba a leer, aún así, me aproxime un poco, colocandome detrás y me apreté con fuerza en un abrazo, tomando el móvil y escribiendo una frase más.


Cuando te derriben, levántate, no importa cuanto de cansado este tu cuerpo y que mal lo estés pasando. Muestra una sonrisa y recuerda que en algún punto de este odiado y problemático mundo, hubo una persona que te quiso ayudar y como esta, habrán más. Pase lo que pase... Digan lo que digan o hagan lo que hagan, sonríe y guarda en tu corazón esos momentos tan dulces como el caramelo y si debes llorar que sea por la enorme felicidad que tienes contenida.... ¿Me harás ese favor? Te lo agradecería mucho...

Escribía a la vez que se lo mostraba. Era como si se lo estuviera diciendo, pero no sabía si llegara a leerlo al mismo tiempo, por lo que me devolví el teléfono para que lo volviera a releer si me era necesario. Le di otro fuerte abrazo apretando contra mi pecho y tras ello, me puse frente a el, dibujando una sonrisa con mis manos sobre su cara....

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.