Bienvenido A La Locura [Priv. Hideki]

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Bienvenido A La Locura [Priv. Hideki]

Mensaje por Sanae el Vie Abr 14, 2017 2:58 am

No es que la joven de cabellos rosados se sintiera extraña, triste o solitaria, simplemente estaba recordando a aquella persona que por tanto tiempo había significado una gran alegría en su vida, su hermano mayor Hideki, de quien no tenía mucha información luego de haberse marchado de la casa de sus progenitores, para empezar a vivir en la de sus primos.

Si bien era lo que podría decirse feliz en la morada de los gemelos, empezaba a preguntarse cómo se tomaría las cosas el rubio joven, sopesando la idea de que quizás, y solo quizás, terminaría por molestarse con ella, y no es que le tuviera pánico al vampiro, meramente le preocupaba el enfadarle, después de todo su Onii-san era una de las personas más queridas en el mundo para la rosada - Sino es que la mas amada por ella a la fecha - y por ende, haría todo lo posible por no incrementar su enfado, costara lo que costara.

Ahora bien, estando en la sala de la mansión, un curioso aroma se compaginaba con la lluvia exterior que le impedía poder salir a volar por los cielos, o enviar a sus familiares a espiar gente en el exterior, aquella fragancia se le hacía tan conocida, tan única que dudaba poder confundirla con alguien más, pero él hecho de que él estuviera ahí, solo significaba que ya estaba al corriente de todo, y que ahora iba o a darle un sermón o quizás, intentar llevarla con él a quien sabe dónde, pero si algo sabia Sanae, era que su corazón no podía dejar de repiquetear completamente feliz de tenerle ahí con ella una vez más.


-Hide-nii -su voz parecía un pequeño y anhelante suspiro, el paso presuroso de una maid quien la buscaba para decirle que su hermano estaba ahí, preguntando por ella fue la gota que colmó el vaso, Sanae no demoro mucho en levantarse del sofá, vistiendo aun el uniforme del colegio debido a que no hacía mucho regreso de sus clases -aunque eso sí, tiempo después de que llegara la lluvia dio inicio -, llegando a la entrada de la mansión, donde su hermano estaba parado, quitándose aquel abrigo humedecido, pero aunque lo hiciera, Sanae podía notar pequeñas gotas de la lluvia caer por sus delgados cabellos, perdiéndose en su piel o vestimentas, sin embargo no le había importado nada el mojarse, solo se lanzó contra él como cuando era una pequeña niña de 5 años, aguardando la llevada del varón, abrazándole con la fuerza que poseía, comprimiendo su cuerpo en el contrario, frotando una de sus mejillas en el torso del mayor, conforme sonreía con una inocencia típica de una joven mucho menor de la edad que poseía actualmente, pero, con Hideki era así, con él volvía a ser una niña pequeña y no aquella mujer tan preparada para el mundo la cual sus padres tomaron tiempo en formar, solo con aquel rubio se expresaba tal cual era, aquella muchacha a quien le costaba expresarse, y cuyo corazón se partía en mil pedazos, derritiéndose como el chocolate en verano, cada que un animal lastimado o necesitado llegaba a su radar. Con su Hide-nii, Sanae siempre seria, tan solo la pequeña Sanae.

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Re: Bienvenido A La Locura [Priv. Hideki]

Mensaje por Hideki Hyakuya el Sáb Abr 15, 2017 11:45 pm

Trabajo, aquello que hacía girar el mundo (al menos lo que quedaba de él) y el dinero que pasaba de manos en manos. El rubio había estado tan sumergido en él que incluso las visitas a la casa de sus padres para ver a su preciada hermana menor habían tenido que posponerse no una, ni dos veces, sino una docena; hacía más de mes y medio que no veía a la amante de los animales y aquello lo ponía de mal humor en cierto modo... En ese momento se encontraba en una junta administrativa de varias empresas como representante de la suya y por ello había tenido que estar un tiempo lejos de la ciudad central de la isla, viajando por las ciudades del sur de Myr para arreglar algunos convenios y tratos con socios de comercio. En más de una ocasión, había deseado mandar al demonio todas sus funciones en la industria para ir a ver a la joven, pero hacer eso sería un desperdicio de tiempo, esfuerzo y dinero... debía soportar un poco más, solo cuatro días y podría  volver a Berlín.


Finalmente sus deseos se hicieron realidad: el vuelo de regreso a la capital  fue relativamente corto y el vampiro apenas estuvo en casa por un par de horas. Salió de su vivienda poco después del medio día y sin perder tiempo condujo directo a la mansión de sus progenitores, siendo recibido por una maid que, seria en todo momento, lo guío hasta la sala de estar... -¿CÓMO QUE ELLA YA NO VIVE AQUÍ?- si alguien hubiera tomado una fotografía de aquello, habría notado el rostro desencajado y algo pálido -más de lo habitual- que el vampiro mostró cuando su madre explicó la situación ¿Boda? ¡¿Que estaban locos?! Casar a Sanae tan joven era inconcebible... eso justificaba el que ella hubiera querido abandonar su hogar tal cómo él lo había hecho en su juventud. ¿Cuántos hijos tenían que marcharse de casa antes de que los Hyakuya comprendieran que hacía falta un cambio? -Pudieron al menos avisarme cuando sucedió... Si me hubieran llamado yo la habría recibido en mi casa- miró a sus progenitores furioso para luego pedir información del paradero de su hermana. Tan sólo una hora después, el rubio bajaba de su coche envuelto en un abrigo negro que lo protegía de la lluvia; sus pasos se marcaban con chapoteos en cada charco que separaba su persona de la puerta de entrada a la mansión Hayashi. Podía sentirlo aún en el aire húmedo: su querida hermana menor se encontraba dentro de la casa impregnada por su esencia.


Por segunda vez en el día, fue recibido por una maid que le observó curiosa, no era común que aquel rubio pasara a visitar a sus primos y casi al momento supuso estaba ahí buscando a la inquilina temporal que éstos tenían -¿Puedo ver a la señorita Sanae?- inquirió  recibiendo por respuesta un asentimiento de la chica, que corrió a otra parte de la mansión. Mientras se desprendía del húmedo abrigo, Hideki pudo escuchar al fin la voz que ya extrañaba -Sanae...- la observó sonriendo un poco, recibiéndola entre sus brazos y apegándola a su cuerpo con cariño mientras le acariciaba la rosada cabellera; pensar que ya sin importar cuantos años tuvieran ambos siempre serian tan unidos hacía que su corazón palpitara gustoso. Simultáneamente a aquello, algunos pasos resonaron en la parte superior de las escaleras, el rubio elevó la mirada al lugar de donde provenía el ruido a tiempo para ver al varón de sus primos, pasando por ahí y observando aquello en silencio; le saludó con un movimiento de cabeza cordial y recibió la misma respuesta por parte del albino antes de que este se perdiera, quizás buscando darle algo de privacidad a los hermanos recién reunidos. Su atención volvió a centrarse en la chica que mantenía entre sus brazos, apartándose un poco sólo para mirarle el rostro -Por amor de horror, Sanae.... ¿Acaso no pudiste avisarme antes de que me fuera que querías escaparte de casa?- dijo aquello entre bromeando y con seriedad, palmeando la cabeza de la menor un par de veces, como solía hacer cuando ella era una niña -Hubieras visto la cara que puso mamá cuando llegue a la mansión preguntando por ti...
pero ya, hablando en serio
- su semblante cambió un poco -No tenía idea de que estabas viviendo aqui... pudiste haberme llamado y yo te habría dejado quedarte conmigo- suspiró mientras soltaba por completo a la vampiresa y le sonreía una vez más, alegre de volver a verla aún cuando no eran las circunstancias usuales. Avanzó a paso tranquilo hasta la sala de estar, tomando asiento en un sillón y esperando que su hermana se sentara a su lado. Una de las maids preguntó si deseaba beber algo y el respondió afirmativamente, pidiendo una taza de café y quizás algo de chocolate, se atrevió a pedir por la menor porque suponía que aquella bebida aun le gustaba a la pelirrosada que en años previos solía acurrucarse con él en dias lluviosos para que le leyera un libro mientras ambos disfrutaban de sus respectivas bebidas. La sonrisa plasmada en su rostro ante aquellos recuerdos permaneció asi, aún mientras observaba a la de ojos rojizos -Te extrañé bastante...- lo dijo como su por un momento se hubiera olvidado de lo que planeaba hacer ahí -Me alegra saber que te encuentres bien aqui... por eso quisiera preguntarte algo- la miró con seriedad, mas no dureza -Tu... ¿Planeas seguir viviendo aquí?-

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Re: Bienvenido A La Locura [Priv. Hideki]

Mensaje por Sanae el Lun Mayo 22, 2017 11:46 pm

Su aroma, su voz, su calidez inhumana, todo aquello que exudaba el rubio era único para Sanae y no podía negar que lo había extrañado como nunca antes. Muchos podrían decir que su cariño por el mayor era bastante infundado, ósea ¿Cómo podía llegarle a adorar más que a sus progenitores? Seguramente hasta la manera en que se acercaba a él, como le llamaba y actuaba, incluso el hecho de espantar a todas aquellas que suponía no eran lo suficientemente buenas para su hermano mayor era materia de investigación, escepticismo y por supuesto, rumores de todo tipo, pero la verdad era que Sanae simplemente, desde muy temprana edad, solo lo había tenido a él a su lado, cuidándola de todo y todos, dándole el cariño que nadie más se atrevía a proveerle, siendo ese el motivo principal de que no viera a Hideki como uno más del montón, solo por el su temperamento tsundere quedaba relegado, y era como plastilina moldeable en las manos de su hermano mayor, era tan fácil decirle que si a él y a su vez, tan complicado negarle algo, seguramente nunca en su vida aquel chico había recibido una negativa por parte de la joven vampira, porque si algo alegraba el corazón y alma de Sanae, era ver al Hyakuya orgulloso y feliz por ella.

Pero ahora, algo dentro de la menor se estaba removiendo, puede que el chico expresara cariño, le dijera que la extrañaba e incluso tuviera aquel tacto que siempre tenía para con ella, pero, al mismo tiempo, un atisbo de regaño se dejaba entrever entre sus palabras, haciéndole saber que marcharse de esa forma sin siquiera consultarlo previamente con él no había sido lo correcto, y ella lo sabía, pero en aquellos momentos no lo pensó adecuadamente y ahora, mientras lo seguía a la sala con su cabeza gacha, pensaba que decir, actuar y/o hacer para que él no terminara odiándola, y si, estaba siendo extremista, pero, si la única persona que te demostró cariño a lo largo de 16 años de vida se enfada contigo, es evidente que en tu mente cualquier acto que desencadenara enfado te llevaría a pensar locura tras locura.


-Lo lamento Hide-nii… –murmuro con aquella suave voz rara vez oída por alguien ajeno a quien estaba a su lado, o por cualquier animal que estuviera bajo su cuidado -En ese momento, no pensé bien las cosas –volvió a musitar, despacio, audible, pero notablemente apenada, buscando acurrucarse en el pecho del mayor ahora que ambos estaban sentados en el sofá, enmudeciendo al sentir los pasos de aquella maid la cual había ido por sus bebidas volver con las mismas, posándolas en la pequeña mesa central antes de marcharse nuevamente, realizando una reverencia. Aquello fue una ligera pausa para la vampira, el sonido de la tormenta exterior continuaba, pero el calor de su hermano y de aquella bebida que ahora consumía eran como un bálsamo para cualquiera tipo penuria -El chocolate que tú haces, sabe mejor que este –se quejó un poco, mirando al joven de claros ojos, sonriéndole con gentileza, porque, puede que el rubio más de una vez le sirviera algo un tanto amargo para tan dulce paladar, pero, aunque pudiera quemar la bebida, ella seguiría prefiriéndola -Hide-nii… no quiero regresar a esa casa –continuo la charla que dejaron pendiente, volviendo la menor a buscar reducir las distancias, pero esta vez y para no entorpecer el consumo del café ajeno, solo acomodo su cabeza en el hombro del varón -No es que pretenda vivir aquí por siempre… pero, no quería molestarte cuando estabas ocupado con tus negocios y tampoco podía permanecer en esa casa… es que yo no quiero casarme con ese hombre –un gesto de ligera molestia surco su faz, siendo opacada por el asco de aquel supuesto matrimonio que era beneficio para su linaje -Luego pensé en llamarte, pero, si lo hacía y te lo contaba todo, hubieras venido volando a intentar solucionar las cosas y… no es correcto que interfiera con tu trabajo, los inversionistas podrían haberse ofendido si los dejabas plantados y terminarías por perder acciones beneficiosas –se excusó de la mejor manera que podía, mirándolo desde aquella posición que había adoptado, con sus rojizos y expresivos ojos, ahora un tanto culposos, porque estaba más que segura de que el rubio apenas se enteró de todo, había ido corriendo a verla -Hideki… –le nombro al completo, algo que rara vez hacia a menos que fuera un tema de seriedad, sin embargo su semblante no manifestaba eso, sino, una increíble paz -Bienvenido de regreso a casa… aunque esta no sea tu casa… –se sonrojo un poco, ya que la frase en si carecía un poco de sentido, pero, era algo que siempre le gustaba decirle cuando volvía donde ella luego de algún viaje, después de todo, estaba más que segura de que en su morada nadie le decía aquellas palabras que muchas veces pueden albergar un gran significado y alegrar hasta un corazón tan duro como una piedra -Y yo, también te extrañe mucho –lo decía un poco tarde, sin embargo la situación en que se reencontraron había cambiado las prioridades, y a su vez, quedaba otro tema en la mesa, aquel que su hermano planteo sin siquiera saberlo, en el que, de haberle avisado con tiempo, él la hubiera acogido en su morada -Lo de tu casa… bueno… no quiero molestarte y aquí me tratan bien, mucho mejor que madre y padre –suspiro acurrucándose de nueva cuenta en él, debía admitir que no había sitio más cómodo que el pecho de su hermano -Tsubane y Subaru pelean mucho, pero es gracioso verles discutir sobre todo porque tienen el mismo temperamento, y la mascota de Tsubane enfada seguido a Subaru, se puede decir que la mansión es bastante bulliciosa –no negaría que si él se lo ofrecía una vez más, era capaz de irse a empacar para marcharse en ese mismo instante, ni siquiera necesitaría ordenárselo, porque, estar a su lado todo el tiempo –o gran parte de él – era como cumplir uno de sus sueños cuando más pequeña, aquellos en los cuales su hermano iba a quedarse no un día, ni dos, sino para siempre, dándole la oportunidad de despertarle cada mañana e incluso colarse a dormir acurrucada junto a él, solo con correr al cuarto contiguo al propio, pero a su vez ella sabía que ya no era una niña, y que su hermano también necesitaba de su propio espacio sin que ella estuviera por ahí absorbiendo su tiempo libre. Si, Sanae podía ser una maldita, controladora, bipolar, y aspirar a tener todo lo que deseaba, pero con Hideki era diferente, con él siempre antepondría la felicidad de su hermano a la propia, aun cuando terminara por salir herida -Nii-sama te amo –soltó de repente como cuando era una niña pequeña, cambiando el tema de golpe igual que en antaño debido a sus constantes cambios de pensar, abrazándose al mayor y frotando su mejilla en su pecho, lo que no espero es que, enterados por la fragancia del varón, todo su sequito de pequeños murciélagos estuviera ahí, en la alfombra de la sala contemplando la escena que su ama estaba montando, mirándola enternecidos de ver a su ama feliz, aun cuando esta, estaba ardiendo de lo roja que estaba, sin poder hablar, lo único que se escuchaba eran los soniditos del murciélago mayor, aquel que no podía volar, saludando al rubio con una ligera reverencia que se vio precedida en conjunto por los demás animales, mientras anunciaban un claro “Es un placer verlo de nuevo, Hideki-sama”.

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Re: Bienvenido A La Locura [Priv. Hideki]

Mensaje por Hideki Hyakuya el Lun Jul 24, 2017 12:33 am

La observaba en todo momento, como si intentara evaluar con la mirada el estado en que la menor se encontraba, si habían cuidado de ella lo suficiente o si mostraba el menor signo de duda respecto a su nueva residencia. Suspiró; no tenía manera de negar que la vida con la familia Hyakuya era demasiado dura, exigente y muchas veces hostil e intolerante respecto a la individualidad ajena a lo conveniente para el apellido. Él mismo sabía que a los progenitores de ambos no les importaba en lo más mínimo como se sintieran ellos respecto a cualquier cosa que les sugirieran era lo mejor para la familia: el ni siquiera se había enterado en un primer momento del matrimonio arreglado de la pelirrosada, sus padres se las habían apañado para mantenerlo alejado del asunto y solo terminó por conocer la situación cuando Sanae se lo había contado vía teléfono. Recordaba sus sensaciones del momento, estaba más que furioso ante la sola idea de ver que algo tan especial como la boda de su hermana se transformaba en un mero negocio en el que no había ni un sentimiento de por medio. Sólo dinero y prestigio -No te preocupes... No volverás a ver a ese sujeto si yo puedo evitarlo- dijo a manera de consuelo al percatarse de la expresión tensa de su hermana menor dándole un par de palmadas de apoyo suaves en la cabeza -Pero de igual manera...- continuó luego de que ella diera la explicación de por qué no le había llamado -Sabes que eres mucho más importante que mi trabajo... Si me hubieras dicho que necesitabas un lugar donde quedarte se habría solucionado todo de inmediato. Creé en mí. Ninguna junta, accionista o trato es tan fundamental para mi como lo eres tu- dejó el café (ya a medias) en la mesita para poder envolverla en un suave abrazo. La había extrañado demasiado: Sanae era quizás la única persona a la que realmente podía considerar como su familia; ni sus padres que solo lo veían como herramienta, ni su hermano que rara vez mostraba la cara. Solo ella.


El rubio retomó la distancia entre ambos y  se dispuso a beber lo que restaba de su café, escuchando con atención las palabras de la menor respecto a lo que le parecía su nueva vivienda. Quiso argumentar "No eres ninguna molestia" cuando la vampiresa insinuó no quería fastidiarle al mudarse con él, pero decidió dejarlo. Nada le obligaba a llevársela en ese instante y no pensaba obligarla a ello; no era completamente cercano a sus primos y no los conocía al completo, pero sabía que no suponían ninguna amenaza para la menor, lo que de momento los hacía confiables. Sanae parecía divertirse ahí; él podía vivir con eso... aunque estaba más que seguro de que insistiría en sus visitas posteriores. Todo eso cruzaba por su mente cuando el repentino comentario de la pelirrosada, sumado a su peculiar abrazo le hicieron sonrojar las mejillas segundos antes de que la sonrisa apareciera en su rostro conforme sus manos envolvían a la chica. Pensar que su hermanita era ya mayor pero el la seguía viendo cual la dulce pequeña que fue siempre con él -También te amo, Sanae- dijo tranquilo, apoyando su cabeza contra la contraria en señal de que el abrazo no le desagradaba, después de todo, había echado de menos la compañía de la joven -¿Sabes? Me alegra que aquí estés mucho mejor que antes... Y vendré  de visita igual que en la mansión, cada que me lo pidas o lo necesites- afirmó aquello, notando entonces la presencia de una alfombra negra y peluda con muchos ojos. Y patas... y alas... -Vaya, veo que ahora tienes incluso más familiares- miró a los murciélagos y sonrió al más viejo, aquel que reconocía desde siempre, respondiendo con un cortés "Igualmente, espero estés cuidando muy bien de ella" al saludo que él había iniciado.


Se apartó con suavidad del abrazo contrario y sonrió, estirando la diestra hacia el flequillo ajeno para despeinarle la coronilla entre risas -Vale ya, que si te sigues comportando como si tuvieras el mejor hermano mayor del mundo (que obviamente lo tienes)- bromeó -harás que termine por meterte en un saco y llevarte a mi casa sin importar nada- le sonrió conforme estiraba los brazos un poco hacía el frente, observando a todos los murciélagos aunque con menos atención que con la que ellos lo veían a él. Volvió a centrar la vista en la de ojos rojizos -Bueno... supongo que este es el momento de la entrevista obligatoria. No esperarás que simplemente con saber donde vives ahora me conforme ¿O si?- le sonrió con tranquilidad -En primer lugar quisiera saber si el cambio de domicilio interfirió con tus estudios. Quiero decir ¿Cambiaste de instituto?- era la primera pregunta de las muchas que componían su lista. No estaba dispuesto a permitir que Sanae se quedara viviendo aparte sin antes estar seguro de que se encontraría en perfecto estado y con todo lo que necesitara a su disposición. Si sus padres se hubieran enterado de tal pensamiento, seguramente ya le estarían reprendiendo o echando en cara el mimarla en demasía, criticando que terminaría por malcriarla o hacerla inútil; pero Hideki no lo veía así: ¿Cómo podía eso considerarse como extremo si la chica frente a él había tenido un 80% de experiencias malas en casa y el restante 20% oscilaba entre lo indiferente? Obviamente ella necesitaba al menos algo de felicidad extra a la que le proporcionaban sus mascotas. Aguardó a la respuesta contraria mientras se planteaba la siguiente interrogante, haciéndola en cuanto el primer punto quedó aclarado -En cuanto a limitaciones de la vivienda ¿Tienes al menos un poco de disciplina en tus salidas? No lo tomes como restricción, más bien me refiero a.. uhmm- aquello no sonaba bién, decidió cambiar la estructura de las cosas -Sabes que Subaru y Tsu crecieron separados y cada uno acarreó demasiados problemas... no son precisamente lo que yo considero un buen ejemplo para alguien joven como tú, así que dime ¿Puedo contar con que ellos estarán al tanto de tu seguridad?- el rubio conocía a sus primos y sabía perfectamente que se enfrascaban en peleas cada que tenían oportunidad de ello. En cierto modo le preocupaba que se ocuparan sólo de sus asuntos y dejaran a la menor de lado -Se que no son malos, pero en todo caso no tienen la pinta de ser totalmente responsables.... es por ello que te daré una especie de condición- suspiró por enésima vez, no quería sonar como un adulto exageradamente maduro pero sus deseos de que Sanae estuviera bien siempre eran mayores -Si algún día sientes que no estás cómoda o tienes un problema en el que no creas ellos sean de mucha ayuda, llámame o ve donde mí. Sabes donde vivo y no he cambiado de numero telefónico, así que ponernos en contacto no debería ser muy difícil- le sonrió con un gesto que denotaba en cierto punto melancolía por no haber estado en tiempo y forma para ella. De no haber sido por el viaje seguramente en ese momento ambos vivirían juntos sin más -Ten por seguro que enviaré a mis abogados si ese par no te cuida como es debido ¿Eh?- bromeó volviendo a reir, después de todo, no podía permanecer con una actitud fría o inexpresiva ante quien significaba tanto para él. Para el vampiro, "Sanae" era sinónimo de "Alegría".

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Re: Bienvenido A La Locura [Priv. Hideki]

Mensaje por Sanae el Lun Jul 24, 2017 10:03 am

Hideki... Hideki... Hideki...

Su solo nombre era la mayor felicidad en el corazón de Sanae, el tenerle de nuevo con ella dejaba entrever el poder que tenía sobre si, y la facilidad con la cual todo su ser rebozaba en alegría, porque con él, ella volvía a esa actitud tan emotiva y sincera, la que ocultaba de todos y todo solo porque necesitaba demostrarle al mundo que era tan fuerte como cualquier otro, que no dependía de sus padres para tener una buena vida... aun cuando seguida atada a aquellos dos seres que la trajeron al mundo, y los cuales tarde o temprano volverían a intentar cobrar el favor que hicieron al criarla, solo era cuestión de tiempo y de eso la de cabellos rosados lo tenía más que en cuenta. Pero ahora, no necesitaba pensar en sus padres, solo quería dejarse llevar por el cariño ajeno, sentir sus caricias que hacia tantos días no le daba, inhalar su aroma, aquel que le aliviaba en las noches de pesadillas, él era su Hideki y nadie debía quitárselo, ni mucho menos, opacar la felicidad de aquel rubio.


-Tu puedes venir cuando quieras Hide-nii... sabes que siempre te estaré esperando -contesto a su propuesta, a sabiendas de que querría verlo a toda hora, incluso se buscaría problemas inexistentes si con ello podían estar juntos de nuevo. Omitiendo palabras, tomo en brazos al vampiro de mayor edad, posándolo sobre su regazo, conforme el varón se había acercado a despeinarle, arrancándole una pequeña sonrisa -Pero si tú eres el mejor hermano del mundo, Hide-nii... aunque no por ello debes meterme en sacos oscuros, puedes solo decirme que vaya a tu casa e iré -manifestó sin ningún problema, riendo tras imaginar al mayor vestido de ladrón, secuestrándole en una bolsa oscura solo para llevarla a su morada y mimarla como nunca antes... ese sería el secuestro más extraño del todo el mundo, si es que podía llamársele secuestro -¿Eh? Pues yo me cambie de instituto... pero me adapte fácilmente Nii-sama, no te preocupes por ello, no dejare de estudiar sin importar nada, sé que te molestarías mucho conmigo de hacerlo, puedo enviarte mis notas de manera regular si es que eso te alivia -los pequeños dedos nerviosos de Sanae, se entretenían acariciando la cabeza de su murciélago de mayor edad, sin percatarse de que el resto no perdían vista de su mano, ansiando el ser acariciados de la misma manera, todo porque los ojos de la vampiresa se enfocaban en los de su hermano, buscando las palabras correctas -Pues... no es que me impongan muchas reglas o que estén siempre aquí, pero se cómo comportarme y no meterme en problemas... además no me harían nada que me pusiera en riesgo, sobre todo Suba-nii, es bastante amable conmigo, es como si fuera otro hermano -murmuro en voz baja, quedándose enmudecida cuando el chico le puso una condición, acabando por reír suavemente para luego irse acercando al chico lo más que podía, con cuidado de no apretar a su amado murciélago, simplemente acomodo su cabeza en el pecho de su hermano -Hide-nii, no necesitas llevarles a prisión, te prometo que estaré bien, puedo cuidarme porque ya no soy una niña pequeña, pero... aunque ya no sea una niña no dejes de mimarme jamás, porque eres lo único para lo que jamás seré demasiado grande -sus ojos se cerraron, su cabeza empezó a bajar hasta quedarse acomodada en las piernas del chico, y su respiración se volvió tan acompasada que era evidente lo que pasaba. Sanae se había dormido.
-Lo lamento amo Hideki -el vampiro mayor se había soltado de los brazos de su ama, acomodándose sobre el hombro de esta para poder ver de mejor manera al rubio, ya que al carecer de la habilidad de vuelo, debía de caminar y esforzarse por encontrar lugares altos -Aunque el ama no lo diga, ha estado bastante tensa por lo que usted pensaría de ella, se fue de la mansión sin comunicárselo y ha estado aquí también sin que usted lo supiera, creo que incluso temía que llegara a odiarla, pero ahora que vio que su afecto por ella no disminuyo, se encuentra totalmente calmada -suspiro relajado, bajándose de su ama para llegar a la alfombra donde los demás murciélagos estaban a la espera de saber que ocurriría -Por favor, siga cuidando del ama Sanae, les dejaremos a solas para que puedan ponerse al corriente -apenas lo dijo, todos se marcharon de la sala, y no fue sino hasta que la puerta se cerró, que el sonido de esta había despertado a la joven, quien tallando sus ojos volvió a sentarse en su lugar, bostezando apenada.
-Hide-nii... lo lamento, me quede dormida sin darme cuenta - su voz suave e infantil, sumada a su gesto perezoso daban la idea de una niña quien deseaba quedarse en su cama y no ir a la escuela -Pero, ya estoy despierta de nuevo -sus brazos se estiraron, y su espalda regreso al respaldo del sofá, sopesando sobre que podría hablar con el mayor, tenía tantas cosas que deseaba hablar con él, tantas dudas que necesitaba evacuarse pero no sabía por dónde iniciar -Hide-nii... ¿Conseguiste una nueva novia? ¿Cómo sigues en tu trabajo? ¿Te quedarías a dormir conmigo hoy? -la última pregunta iba más bien dirigida hacia una especie de pijamada, bien podrían pasar la noche el uno en compañía del otro -Es que me hace tan feliz tenerte aquí conmigo que no quiero que te vayas -suspiro con fuerza, una parte de ella estaba más que consiente de que ya era muy grande para salirle con semejantes caprichos pero la otra, solo rogaba por más tiempo a su lado, solo un poco más, y no fue, sino hasta que una maid apareció, tomando las tazas vacías que la pelirosada se había pegado con fuerza al brazo de su hermano, con sus mejillas infladas de pura ofensa, soltando todo el aire cuando la maid se fue, centrándose de nuevo en el rubio -Es que,,, te miraba como si fuera a comerte... sabes que no me gusta cuando te miran de esa manera, porque no solo eres un rostro bonito Hide-nii... debes buscarte una mujer que sea apta para ti -internamente pensaba que ella debía de aprobarla también, pero ese era un bonus track que se guardaría, porque para aprobarla, su hermano no necesitaba saber qué tipo de pruebas y test emplearía.

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