No Destroces… Mi Corazón De Cristal [Priv. Shiro]

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No Destroces… Mi Corazón De Cristal [Priv. Shiro]

Mensaje por Utau el Jue Abr 13, 2017 7:42 am

Decir que estaba desesperada era poco, porque para aquellos que conocían al hada invernal, el hecho de que su tan amado hermano dragón estuviera demorando más de una hora respecto al habitual horario de llegada que tenía luego del trabajo, y, que para colmo de males no contestara el celular, eran indicios claros de que Utau se pondría a llorar en cualquier momentos, para luego llamar a la policía, guardia nacional y noticiero conocido de Myr, todo con tal de que iniciaran una búsqueda en masa por su hermano mayor. El problema de esto, es que el inmenso cariño que Utau le profesaba al varón le jugaba en contra, porque, de estar pensando con lógica no andaría en aquellos momentos, aun en pijama, dejando el tazón de palomitas que hacía mucho preparo sobre el sofá instando a cualquier insecto cuyo olfato fuera lo suficientemente bueno para subirse y devorarlo pudiendo empezar a llenar la casa de plagas, para caminar de rincón a rincón, buscando mejorar la señal de su celular a como diera lugar, culpando a ese hecho por el problema de no lograr comunicarse con su hermano, como si escuchar el contestador no fuera suficiente para darle a entender que Shiro no estaba disponible, pero, ese tipo de cosas siempre sucedían cada que la menor perdía por lo que ella suponía, era demasiado tiempo, el contacto con el primogénito de la familia, posiblemente debido al temor de perderle tal cual había sucedido tiempo atrás con sus padres, aunque muy en su interior la cantante sabía que ese tipo de sentir no era por el hecho de no querer perder a su hermano, había algo más detrás de todo, desde hacía años que la sola idea de que su tan amado Shiro empezara a dejarla de lado luego de encontrar una compañera de trabajo que le diera el tipo de amor que una hermana no debería ni plantearse, por ello trataba de aprovechar cada minuto, cada segundo, entremezclado la necesidad, los celos, la imaginación y el amor, en un conjunto nuevo de emociones que terminarían por destrozarla, carcomiéndola por dentro hasta el día en que finalmente tuviera el valor de enfrentar la realidad, debiendo escoger el camino de la confesión amorosa con la posibilidad de un corazón partido en millares de pedazos, o, la más inteligente, simplemente empezar a olvidar cualquier sentir ajeno a la hermandad. Pero, para decidir, primero debía asimilarlo y aceptarlo, cosa que de momento el hada no haría.


-¿Hermano? -el sonido de la puerta abriéndose la quito de cualquier tipo de trance en el que estuviera, dejando a su cuerpo guiarse solo, al correr los metros que le separaban del cuerpo masculino, trastabillando un poco debido a que sus pantuflas de osos polares habían resbalado en el pulido piso de madera, perdiéndose una en el camino, y acabando ella, con su faz en el pecho del varón, aun ambos de pie -Shiro... -suspiro su nombre con un aire de ensoñación abismal. Ahí lo tenía de nuevo, estaba entre sus brazos -o ella entre los de él -respirando su fragancia, dejándose embargar de aquel sentimiento tan cálido que tantas veces tenía tan solo con él, y que representaban el único calor que podía realmente soportar debido a su naturaleza helada, todo era tan fácil de comprender si se unían los puntos, pero tan difícil de asimilar debido a los problemas que traería en un futuro, pero, justo en ese momento, en aquel efímero instante de tiempo en la tan larga vida de seres como lo eran Utau y Toushirou, todo era más que perfecto -Me... me tenías tan... -su mirada clara se elevó desde el pecho de su hermano, mirándolo con pequeñas perlas cristalinas a punto de derramarse por sus mejillas, las cuales prefirió contener, sonriéndole como siempre hacia solo para él, omitiendo el "Me tenías preocupada", para decirle algo que estaba segura lo alegría mucho más -Te extrañe onii-sama... bienvenido a casa -su voz era un suspiro anhelante, sus pequeños brazos lo rodearon en un necesitado abrazo, porque por fin podría ser feliz de nuevo, otra vez era aquella Utau que el mundo tanto admiraba por la alegría contagiarle que irradiaba, cuando la realidad era que su felicidad se iría, si algún día aquello que le daba calidez se apartaba de ella... toda su dicha se esfumaría si su Shiro, simplemente se marchaba de su lado, porque lo amaba, mucho más de lo que nadie haría jamás.

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Re: No Destroces… Mi Corazón De Cristal [Priv. Shiro]

Mensaje por Toushirou el Sáb Abr 29, 2017 6:47 am

No podía creerlo, su jefe había llegado a su oficina repentinamente para pedirle una clasificación de evidencias, un reporte del crimen que investigaban en ese momento y, por si fuera poco, que revisara las teorías de algunos de sus colegas respecto al caso, todo cuando faltaban solo quince minutos para que la jornada terminara. Suspiró resignado, no habría nada que pudiera hacer y no tenía sentido discutir con su superior, así que se limitó a concentrarse en aquellos deberes para hacerlos de manera que su tiempo extra no se extendiera demasiado. Fracasó épicamente en un primer momento, pero aquello no resultó tan importante porque cuando sólo había trascurrido media hora adicional a su horario de trabajo (y sólo tenia hecha la clasificación de evidencias) algo inesperado sucedió. Un potente trueno se dejó escuchar a través de las paredes del edificio y  sin un inicio suave, una torrencial lluvia decantó sobre el centro de Berlín.


El híbrido suspiró, aquello solo podría significar que su jefe usaría de excusa la tormenta para hacerle trabajar un poco más, por suerte aquello no fue posible: de un momento a otro, un segundo trueno se hizo presente y todas las luces se apagaron, dejando las oficinas parcialmente a oscuras, pues estaban en la parte central del establecimiento y el sol estaba oculto tras densas nubes negras. Las computadoras se había apagado y las luces interiores también, al parecer el rayo de antes había caido en uno de los postes de luz eléctrica en la esquina de la cuadra, dejándolos a todos en tinieblas. Shiro sonrió, después de todo aquello solo significaba que el trabajo debería posponerse y el podría marcharse a casa para hacer compañía a su preciada hermana menor. Alegre ante ese pensamiento, el chico se dispuso a abandonar la oficina, con su viejo pero conservado portafolios en mano y las llaves de su vehículo en la otra, corriendo al mismo para evitar mojarse en lo más posible... pronto estaría en casa.


La puerta de la casa se abrió lentamente mientras el híbrido cruzaba el umbral con pesadez y cansancio, menudos líos tenía que enfrentar. Aún con todo, una pequeña sonrisa se mostraba en su rostro y sostenía con firmeza entre las manos una caja de cartón, que colocó en el piso apenas escuchó la voz de la cantante llamarle con suavidad y, al mismo tiempo, ímpetu. Como si estuviera advirtiendo de un peligro cuando este ya estaba muy cerca, como si tuviera que susurrar -Estoy en casa- respondió al curioso saludo de la menor con la tranquilidad amable que le caracterizaba, regalándole a la joven una sonrisa mientras sus manos acariciaban la cabeza de ella. Bastaron solo unos instantes para que se enterara de que no se había explicado con respecto a su tardanza -Lamento mucho haberme demorado tanto... el jefe me pidió que hiciera trabajo adicional y luego pues...- sus palabras se interrumpieron por un pequeño lloriqueo proveniente de la caja. El dragón miró a la chica y sonrió, recogiendo la caja y levantándola hasta que la misma estuvo a la altura de su abdomen, suficiente para que Utau observara como poco después las alas de cartón se abrían para dejar que un pequeño cachorro asomara la cabeza e intentara lamer una de las manos del joven que sostenía su caja. Shiro observó a la menor sonriendo de lado -Iba conduciendo por la avenida... y cuando di vuelta en la glorieta que está cerca del parque vi a este pequeño justo en el centro del círculo. Tuve que estacionarme para poder cruzar la calle y sacarlo de ahí.. no camina, de hecho lo hace muy lento y cojea, así que supongo tiene una pata lastimada y por eso estaba atascado ahí- se explicó mientras el can los miraba a él y a su hermana con curiosidad -Es un perro común, lo comprobé por el olfato. Es un cachorro aún y no hay veterinarias abiertas a esta hora.. supuse que podemos quedarnos con él por hoy y mañana mientras se recupera de la pata... y luego le buscamos un hogar ¿Que opinas?- según hablaba, el perrito observaba a la joven hada con expresión de ternura en el rostro, como si suplicara en silencio el que permitiera su estancia ahí en lugar de la cruel tormenta de afuera. Shiro casi tenía seguro que sucedería después.}


Perrito [Imaginale parcialmente mojado y sucio,  con una venda en la patita hecha con un pañuelo de Shiro]


Última edición por Toushirou el Dom Jul 09, 2017 3:31 am, editado 1 vez

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Re: No Destroces… Mi Corazón De Cristal [Priv. Shiro]

Mensaje por Utau el Vie Mayo 05, 2017 9:52 am

Su mente seguía un tanto perdida en aquellos momentos, pero el alivio de tenerle nuevamente a su lado, ahí con ella, era un algo que nada ni nadie podría quitarle, porque, Shiro, su querido hermano, estaba completamente sano y salvo, en casa, mientras le acariciaba sus largos cabellos infundiéndole la paz que tanto necesitaba, explicando el motivo de la tardanza, algo que realmente poco le importaba a Utau, después de todo, solo deseaba que él se mantuviera junto a ella, brindándole aquel calor que era el único tolerable en su mundo invernal, esa sensación de paz, armonía, serenidad y ese no sé qué, que lograba ponerla más feliz que nunca. Sin embargo, en un dos por tres su mente paso de solo gritar el nombre de su hermano, a centrarse en aquel pequeño animal que no dejaba de verla con afecto, rogándole le dejara permanecer en su morada hasta que la lluvia se detuviera para así no deber sufrir del frio y el clima exterior.

Utau podía ser muchas cosas en la vida, pero no un alma desalmada, sobre todo con aquellos que realmente necesitaban de su ayuda, por eso, sin mediar palabra, tomo al pequeño cachorrito entre sus manos, acercándolo a su faz para examinarle mejor, sintiendo como su fría lengua dejaba marcas en su mejilla derecha. Debía admitirlo aquel animal era una completa ternura, y aunque no lo fuera, el hada invernal no tenía corazón para dejarle en la calle.


-Onii-sama… en verdad es adorable –la sonrisa de la chica era tan radiante como antes, y los pequeños ladridos del animal comenzaron a oírse a medida que la pelinegra lo acercaba a su pecho, brindándole el poco calor que su cuerpo podía expedir -Iré a bañarle y curarle, en un momento volverte contigo onii-sama


Sin más demora, la joven se perdió escaleras arriba, empezando con el cuidado necesario para el cachorro quien antes de la comida, necesitaba estar limpio para así poder ver mejor su herida y evitar que esta se infectara, aunque claro, luego de haberle estado sosteniendo, su cuerpo también termino completamente empapado y lleno de lodo, por eso, un baño en conjunto no se le hizo mala idea, sin embargo, conforme el tiempo continuaba, y ambos ahora eran secados en la cama de la Idol con su secadora de cabello –provocando esponjosidad extra en el animal –, la muchacha se preguntaba ¿Qué había sido eso que sintió momentos antes? ¿Por qué solo con su hermano se sentía de aquella manera?

Bien sabia por escritos, relatos de sus amigas, y un sinfín de cosas más, que esa necesidad se podría equiparar a la romántica, pero se trataba de Toushirou, de su amado Shiro-chan, su hermano mayor quien siempre había velado por ella y viceversa, por ello, no podía ser amor de pareja, pero entonces ¿Qué cosa era? ¿Cómo debía llamarle a esa sensación que enloquecía su corazón?


-Alexander –llamo al perrito con aquel nombre que decidió darle, y a quien ahora estaba vendando con un pequeño retazo de tela blanca, mirando aquel pañuelo sucio que sabía pertenecía al dragón, ahora posado en su mesa de luz -Sé que tu no hablas pero… ¿Por qué será que me siento así? –el pequeño ladrido del can, seguido de su cara ladeada le hicieron sonreír, era como si le entendiera pero al mismo tiempo no, incluso su fría lengua lamiendo la mano que quedo cerca de su hocico le parecía la forma canina de darle ánimos -Creo que debería hablar con él ¿No lo piensas así Alexander? –los pequeños ladridos convencieron a la chica, que no tardó mucho en tomar al perrito, bajando las escaleras junto con él para llevarle a la cocina, donde tras volcar algo de comida en un plato, se lo dejo a su lado, esperando que este comiera, reconociendo cerca del lugar el sonido del televisor, suponiendo que el mayor se encontraba en la sala-Come todo lo que quieras Alexander –insto al perrito, quien demasiado entretenido con su comida, ni siquiera se tomó la molestia de ladrar -Onii… sama… ¿Podemos hablar? –sus pequeños pies adornados por aquellas pantuflas de oso polar impedían que sus pasos resonaran en el cuarto, su corazón acelerado le estaba dando un poco de nauseas, se sentía enferma sin estarlo, tan nerviosa como si estuviera por confesarle el peor pecado del mundo, y tan ansiosa que su cuerpo temblaba conforme se sentaba en el sofá -Hermano… en serio… creo que algo malo está pasando conmigo –despojándose de sus pantuflas, el hada subió ambas piernas, ahora flexionadas, al sofá, hamacándose ligeramente de izquierda a derecha, tarareando suave para infundirse confianza, antes de ver directamente a los ojos al mayor, dejando salir todo el aire que contenía en sus pulmones -Yo… no sé qué me sucede contigo, onii-sama… –su mirada, al igual que su voz, bajaron notoriamente, antes de volver a centrarse única y exclusivamente en el varón, adornando el silencio con el caer de la lluvia en el exterior -Yo solo… es que… veras… cada que estoy contigo, mi corazón… no, no, mi mente… espera… no… no es lo que yo quería...


RING-RING


El sonido del celular ajeno le alerto, no estaba segura de que Shiro contestaría, pero antes que arriesgarse, en un rápido movimiento tomo el aparato, dejando en el proceso a su hermano recostado bajo su cuerpo, todo porque el móvil se encontraba a un lado de este, sin embargo, no presto atención a sus actos, hasta luego de haber silenciado el artefacto, sonrojándose con furia ante la posición tan comprometedora en la que ahora estaban, con sus cuerpos casi pegados, con ambas manos a los costados de la cabeza ajena sobre el apoya brazos del sofá, y su pierna derecha entre las ajenas. Y fue entonces que nuevamente lo sintió, aquella asfixiante presión en su pecho, el dolor que su corazón le estaba dando por la gran velocidad con la cual latía, y por sobre todo, el temor que tenía al poder verse atrapada por Toushirou, ahora más que nunca.


-Lo… lo lamento… no… no debí cortar así la llamada… pero… en verdad… necesito que me expliques que es lo que me sucede hermano –sus manos acomodadas en él apoya brazos del sofá, a cada lado de la cabeza contraria, temblaban como nunca, incluso las sentía sudar mientras aclaraba su mente para hablar -No comprendo porque… porque es que estoy tan nerviosa justo ahora, siento que si te digo todo, estaré haciendo algo malo, cuando en verdad no lo hice, porque créeme, no hago nada para que mi corazón lata tan fuerte cuando estoy contigo, ni mucho menos me obligo a pensar en ti cuando no te veo, o siquiera deseo encelarme si demoras en volver y pienso que es por alguna mujer –en aquellos momentos ella no lo sabía, pero se le estaba declarando de un modo indirectamente directo al dragón, y lo peor, es que no podía callarse, ahora que finalmente hablaba, su voz no dejaba de fluir con velocidad -Yo… sé que algo debe estar mal en mí, no es bueno que siendo tu hermana piense esas cosas, mucho menos que te las esté diciendo, pero… ya no lo soporto, desde que sentí que te podría perder el otro día cuando intentaste defenderme de ese hombre… todo se intensifico, tanto así que llega a doler –pequeñas y cristalinas gotas caían de los ojos de la fémina, eran igual que ligeras perlas de cristal, aquellas que morían al chocar contra la faz del varón. Utau estaba más que asustada, temía no solo el rechazo, sino, el total y completo odio de su hermano, pero cuanto más lo pensaba, cuanto más su corazón se fragmentaba, más se daba cuenta de la verdad, aquella que por tanto tiempo intento disfrazar como un gran cariño, pero ahora era más que evidente que no era tan simple, ella estaba total y completamente enamorada de él, por eso no podía verlo solo como su hermano, puesto que, con el tiempo, empezó a verlo como el hombre que realmente era y por ello, necesitaba serle franca -Y duele tanto… porque en verdad… yo en verdad te amo Toushirou-onii-sama… –los largos cabellos de Utau rozaban la piel de las mejillas masculinas conforme iba acortando las distancias con el mayor, sus ojos de igual tonalidad a la ajena, claro indicio de su unión sanguínea, se habían cerrado conforme se dejaba llevar por sus instintos, sintiendo su aliento empezar a entremezclarse con el del albino. Iba a besarlo y nadie le detendría, o al menos eso creyó hasta que sintió el ladrido del perrito que la trajo a la realidad, separándose al momento del dragón, quedando sentada en el sofá y mirándolo tan pálida como si hubiera visto un fantasma -Es… es algo tarde… creo que iré a dormir con Alexander –el hada no estaba escuchando nada de lo que su hermano pudiera estarle diciendo, ni siquiera quería mirarlo, porque sentía que había hecho algo malo, que pudo haber quebrado su relación ante lo que quizás, era una confusión o un capricho de su parte -Espero que no te moleste que le llamara así… luego podemos pensar en otro nombre –rápidamente se calzo las pantuflas, tomando al perrito entre sus manos, para luego dirigirse hacia las escaleras -Des… descansa onii-sama –no dijo más, meramente empezó a subir las escaleras que le guiaban a su cuarto con gran velocidad, ingresando en este y metiéndose entre las cobijas con el pequeño animal, quien no dejaba de verla sin comprender que le sucedía a la chica, aunque bueno… no es como si ella entendiera del todo la magnitud de aquellos actos y en lo que podría decantar de ahora en más, solo tenía en mente que se le había confesado a su hermano, casi besándolo y luego, escapado sin darle chance a nada. Sencillamente había actuado, como una verdadera cobarde.

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Re: No Destroces… Mi Corazón De Cristal [Priv. Shiro]

Mensaje por Toushirou el Dom Jul 09, 2017 6:03 am

Intentaba mantener el semblante tranquilo a toda costa, pero aquello le resultaba muy difícil, aún más cuando su adorada hermana le sonreía de aquella manera tan alegre y cálida y entornaba su amabilidad al pequeño perrito que se había encargado de recoger en el exterior. La sonrisa de satisfacción que se dibujaba en su rostro no podía ocultarse así como así, con un poco de suerte, había esperado que el pequeño cánido se quedara con ellos más que solo dos días, y por como iba la cosa tal vez así sería.


De su cabello escurrían gruesas gotas de agua y había comenzado a dejar un charco en el piso de madera, asintió a la propuesta de la menor con respecto a ir a bañar al perrito y, con una expresión divertida, negó con la cabeza mientras se quitaba el saco húmedo y lo dejaba en una percha cercana a la entrada, junto con los zapatos. Siguió el rumbo que había tomado Utau, con la leve variación de dar vuelta en la otra dirección del pasillo para dirigirse a su propia habitación. Estaba más que seguro de que el hada invernal acabaría por ensuciarse también al limpiar a su nueva mascota, así que intuyendo aquello no le vio problema a darse una ducha rápida también, todo con tal de relajarse un poco, limpiar la suciedad y el barro del exterior y eliminar el aroma a perro mojado que se le había pegado al cargar a su pequeño amigo hacia el coche. Suspiró cerrando la llave, no había demorado ni cinco minutos en aquello. Se vistió  con uno de sus usuales conjuntos deportivos para mayor comodidad suya y bajó tranquilamente las escaleras hasta la cocina, descalzo, en busca de algún refrigerio para calmar su apetito. Con un trozo de tarta  y un vaso de té helado, se encaminó al sofá de la sala para  encender posteriormente la televisión y descansar luego de su larga jornada de trabajo. En realidad le hacía falta aquello. No pudo evitar negar con la cabeza al distinguir en la mesita un tazón de palomitas, suponiendo que su hermana se las había preparado y la preocupación por su demora le había hecho olvidarse de ellas por completo... las cosas siempre eran así. A la mente del albino llegó el recuerdo de su llegada a la casa hacía un rato, con la tremenda expresión de alegría plantada en el rostro de Utau al recibirle y sus ojos húmedos ante la preocupación que denotaba, pero no compartía en la mayoría de los casos. No podía comprender porque aquello, más que hacerle sentir culpable, le ponía inmensamente feliz. Para alguien como aquel híbrido, el hecho de poseer una persona que se preocupara a tal punto por tu bienestar era fantástico y, al mismo tiempo, extraño. No era que le desagradara, en lo absoluto, pero en más de una ocasión había considerado que no merecía tantas atenciones por parte de la cantante que fácilmente podría ocupar su juventud en diversión y salidas antes que, como casi siempre sucedía, aguardar con ansias a que él terminara su trabajo, como si el tiempo que los dos compartían fuera el más valioso del mundo.


Sus pensamientos vagaban como un barco a la deriva, primero concentrándose en que debería compensarle de alguna manera a su hermana y luego, de un momento a otro, buscando respuestas a aquella sensación de calor, tranquilidad y dicha que le llenaba el pecho nada más al recordar las sonrisas que había dado y obtenido en sus vivencias con el hada invernal. No era necesario hacer hipótesis muy complicadas: el sencillamente amaba a Utau con cada fibra de su ser y a un grado insospechable, tan intenso que en más de una ocasión se había preguntado si aquello era normal. No quería apartarse de ella más que lo necesario y, si debían atender sus asuntos por cuenta propia, no veía inconveniente en volver a buscarla tan pronto hubiera concluido lo correspondiente. Utau era la única persona que, a lo largo de los años, había permanecido a su lado conociéndole más allá de la seriedad y responsabilidad que le caracterizaban. Utau no conocía facetas... Utau lo conocía a él. El nombre de su hermana rondaba su cabeza desde el amanecer hasta que su cuerpo se rendía al sueño por la noche, cosa que sucedía en ese momento, pues el dragón comenzaba a quedarse dormido con el vaso vacío apoyado en el suelo, el plato vacío de la tarta en la mesita y la cabeza acomodada sobre uno de los antebrazos del sofá. El sonido del televisor se había ido perdiendo hasta dejar de ser escuchado y su respiración se había vuelto lenta y acompasada. Aún con todo y como prueba de que no podía hacer nada sino aceptar lo que sea que su hermana le pidiera, sus parpados comenzaron a separarse en cuanto ella le llamó pidiendo un poco de tiempo para conversar -¿Utau? Ehh... claro, siéntate ¿Sucede algo?- intentando despabilarse, se frotó los ojos con la diestra para en seguida mirarla con atención. Ella tenía una expresión de desconcierto dibujada en el rostro y eso le  preocupó de inmediato al mayor, que con seriedad le dedicó una mirada de súplica para que continuara. No importaba que cosa fuera, si aquello estaba haciendo sentir mal a la azabache, nada en el mundo impediría que el se encargara de solucionarlo. Eso es lo que tenía fuertemente determinado Shiro y por ello el corazón le dio un vuelco cuando la fémina afirmo que el problema lo involucraba a él. Pasó saliva ¿Acaso ella estaba incómoda por algo que él había hecho? su mente intentó sacar conclusiones, pero no pudo rebuscar demasiado en sus recuerdos porque pronto la chica retomó la palabra en medio de tartamudeos y dudas. Aquello no continuó demasiado.


Cuando Shiro se estaba preguntando cuanto más le haría sufrir con aquella enloquecedora espera, el celular que llevaba en el bolsillo comenzó a sonar ¿Quien podría ser? En ese momento le valía lo mismo que un guisante. Tomó el aparato sin demora, dispuesto a apagarlo sin más hasta que distinguió el nombre de quien llamaba, una de sus compañeras de trabajo. Por un momento dudó ¿Se trataría de algo relacionado al caso que investigaban? No tuvo tiempo de planteárselo porque, para su sorpresa, Utau había retirado el aparato de sus manos y le había dejado fuera de servicio. Pasó saliva de nuevo, aquello debía ser más que serio si la menor se comportaba de aquella manera...  sin embargo, algo más golpeaba con fuerza en su pecho, amontonando un millar de sensaciones en su interior. No podía simplemente pasar por alto el que su preciada hermana estuviera acomodada de esa manera sobre él. Con el nerviosismo plasmado en el rostro, Shiro hizo lo posible por controlar el sonrojo que amenazaba con colorear sus mejillas al punto de dejarlas comparables con una manzana; aguardo con la respiración irregular. ¡Necesitaba un explicación y la necesitaba en ese preciso momento! Utau pareció leerle el pensamiento porque comenzó a hablar a los pocos segundos dejando al mayor más sorprendido con cada una de las palabras que pronunciaba. Fuego. El elemento más mortal para los elementales de hielo... ¿Cómo podía ser que en ese momento Toushirou sintiera una hoguera abrazadora quemándole el pecho en una sensación tan agradable? No podría describir la extraña mezcla de satisfacción, confusión y temor que le embargaba... ¡Necesitaba decirlo! Tenía que expresar lo que pensaba en aquel momento o podría explotar de un instante a otro -Utau... en realidad yo...- sus ojos buscaron encontrarse con los ajenos, esos que reflejaban el mismo color que los propios -Yo...- suspiró sin quererlo... ¡¿Qué estaba pensando?! Los ojos de Utau no hacían más que recordarle en medio de reproches mentales que eran hermanos ¿Debía acusarse tal cual lo había hecho el hada con sí misma respecto a la irracionalidad de sus sentimientos siendo ellos familia? Porque de pronto al dragón le había parecido ver a la joven con otros ojos: protectores, pero no como un hermano mayor... amables, pero no como quien auxilia a su hermana pequeña... cariñosos, pero no en el sentido en el que Shiro debería ver a Utau. Acababa de ver a Utau con los mismos ojos con los que su padre veía a su madre cuando era un niño pequeño... Quizás por ese pequeño descubrimiento fue que el híbrido no dudó demasiado en permitir la cercanía de sus labios con los ajenos, deleitándose con el repentino deseo que se había acrecentado con solo probar un poco del aliento contrario -Utau..- repitió el nombre de la fémina en un susurro cuando sus labios estuvieron por tocarse, aunque aquello nunca llegó. El ladrido que había cortado el momento fue repentinamente seguido por excusas y pasos presurosos, un portazo y el ruido de pasos en la planta alta de la vivienda.


Shiro se quedó tumbado sin saber exactamente como reaccionar, parpadeando de pura confusión ante lo sucedido. Su rostro se sonrojó aun más ante la mezcla de furia y vergüenza, preguntándose si realmente todo aquello habría sucedido o formaría parte de un sueño corto en el tiempo en que se había dormido en ese sofá. La ausencia de su móvil en el bolsillo confirmaba lo primero. Atolondrado, como si acabara de recibir un golpe en el estómago, se levantó del sofá y subió las escaleras despacio, encaminándose a la habitación de la cantante. No abriría la puerta, porque en aquel momento su corazón había soportado todo menos ver el rostro dolorido o molesto de la fémina... cualquiera de esas dos expresiones en ella habrían roto la cordura de Shiro. No podría tolerar que alguien tan amable, dulce y linda como su hermana se turbara... y menos por su culpa. Sin embargo, en ese momento el dragón helado tendría que enfrentar dos ideales si quería avanzar en algo aquella noche. Por un lado, hacer que Utau le sonriera de nuevo, asi como le había sonreído al volver del trabajo esa tarde... y por el otro estaba un motivo más egoísta: él quería sonreirle a Utau en la manera en que uno sonreía a la mujer que amaba. No estaba seguro de si rebelar su segundo deseo le haría perder la sonrisa de su Yuki (apodo con el que a veces la llamaba) pero necesitaba al menos probar... Siempre tendría la excusa del alcohol para disculparse si luego de ello su hermana se enfadaba con él.


Tocó la puerta tres veces con los nudillos del dedo índice y cordial -Utau- la llamó, su voz tenía el mismo tono que cuando declaraba en alguna asamblea todos los resultados de sus investigaciones. Era firme, segura e intensa... algo ronca también -Utau... No estoy seguro de lo que sucedió hace un momento pero quiero decirte... eso extraño que te sucede no es tan extraño entre nosotros. También lo he sentido yo- pasó saliva, calculando sus palabras para evitar cualquier problema más grande que el que ya se encontraba -No soy capaz de explicar el porqué te considero la mujer más importante en mi vida y no como mi hermana... sino como mi todo. Se que es extraño y creo que me odiarás por expresarlo de esta manera pero... ¡No lo se! Sencillamente me vuelves loco ¿Sabes?- el tono cambió en ese momento a uno similar al de reproche, pero con cierta ironía en la voz -¡¿Cómo se te ocurre hacer semejante cosa?!
Decirme todo eso y luego... luego lo que sucedió... y entonces ¡Huyes! Por favor... se que me quieres y no entiendo porque si lo haces juegas conmigo de esa manera
- apretó los puños y agachó la mirada al suelo, temblando con ligereza -No es difícil solo para ti.. lo es para ambos. Y como ese es el caso entonces dime ¿Seguirás rehuyendo a estos sentimientos? ¡Porque yo no puedo tolerarlo más!
He pasado los últimos años intentando convencerme de que mi cariño hacia ti sólo crecía porque habíamos comenzado a vivir juntos y retomamos nuestra cercanía.. pero no lo creo ¡Sólo tu haces que me sienta de esta manera... tan confundido y feliz! y lo entiendo ahora aunque sea extraño ¡YO TAMBIÉN TE AMO, UTAU!
- exclamó lo último con más fuerza, como si quisiera evitar que sus pulmones se rompieran de retener todo aquello un segundo más -Te amo como no había amado y no de la manera en que todo mundo cree correcta para lo que somos tu y yo- pasó saliva -¡Te amo en serio! Así que por favor.. no huyas de mi ahora, solo sal y responde a lo que he dicho ¡Juro que no volveré a tocar el tema si esto te resulta extraño o desagradable! Te doy mi palabra. Pero por favor... necesito saber que opinas de ello...- su espalda se apoyó en la pared opuesta del pasillo y lentamente fue resbalando hasta quedar sentado en el suelo. Su corazón helado lo había descongelado alguien de hielo... vaya ironía.

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Re: No Destroces… Mi Corazón De Cristal [Priv. Shiro]

Mensaje por Utau el Dom Jul 16, 2017 5:01 am

Dolía... en verdad que su corazón estaba doliéndole con fuerza, y no es que hubiera sido quebrado por aquel de quien estaba enamorada, después de todo ni siquiera le dio tiempo a responder sus sentimiento, porque se había escapado como si el suelo bajo sus pies fuese lava y ella un pequeño copo de nieve con temor a derretirse en el fuego. Lo que la chica no espero, fuera que su hermano llegase a buscarla, hablándole detrás de la puerta con ese tono tan serio, tan molesto, haciéndole saber que había hecho algo realmente malo.

Utau estaba congelada, sus ojos claros empezaban a volverse líquidos en totalidad, pensaba llorar mientras fingía dormir, había cometido el mayor error de su vida y el pequeño can gimoteando a su lado estaba al tanto de aquello también. Pero de repente sucedió… las palabras de su hermano se habían convertido en un fuerte bálsamo para aquellas heridas auto infringidas sobre su corazón, nunca llego a creer que Shiro también se sintiera de esa manera con ella ¿Cómo... como los dioses habían sido capases de hacerlos hermanos cuando su amor era correspondido? Quizás muchos lo tomarían como una prueba respecto a ser fuertes y no dejarse caer en la tentación, pero ella no tenía ese poder, ella de verdad quería amarlo, lo deseaba con cada fibra de su pequeño ser y por eso, no demoro en salir de las cobijas, demorando al haberse colocado las esponjadas pantuflas de oso polar, no porque no quisiera verle, solo que tenía miedo... mucho miedo de lo que llegaría a pasar de ahora en más, porque, dijera lo dijera las cosas cambiarían para bien o para mal, y todo recaía en sus manos.

Conto los pasos que le separaron de su cama hasta la puerta, tomando el picaporte de esta con fuerza y respirando profundamente, necesitaba calmarse, que su corazón dejara de golpear con tanta fuerza en su pecho, solo quería que parara de una vez. Y así, dándose el valor necesario tras recordar a su hermano diciendo que le amaba es que finalmente abrió la puerta, y lo que estaba frente a sus ojos, no era el imponente Toushirou de siempre, sino ahí estaba un hombre rendido a ella, entregado en cuerpo, mente, alma y corazón, tan solo esperando como un vigía que le dieran la orden de moverse, y solo entonces Utau se dio cuenta de que no estaba mal... si su hermano le amaba de aquella manera, y ella misma estaba consiente que moriría de no tenerlo, entonces su amor no estaba mal. El mundo podía decir lo que fuera, todos sus fans podrían irse, la gente quizás le daría la espalda, todo eso podía suceder si alguien se enteraba de su amor prohibido, pero si lo tenía a él, si Shiro estaba dispuesto a estar con ella a pesar de los riesgos, entonces se entregaría sin pesarlo dos veces, saltaría al abismo de la nada absoluta si con ello se aseguraba el jamás apartarse de su mayor y único amor.


-Shi... -pensaba llamarle, pero su voz se cortó, no era buena con las palabras y eso se había dejado entrever cuando la menor intento declarársele, por eso, solo se acercó a su hermano, de manera presurosa, quedando arrodillada frente a él, justamente en el hueco que sus piernas habían formado mientras le tomaba de las mejillas, acariciándoles con sus pulgares, mirándolo con una gran intensidad mientras su propia faz se volvía rojiza -Toushirou... yo... lo lamento... en verdad... -aquellas disculpas casi parecían ser la anticipación de una negativa al amor que el chico dijo antes, pero, la realidad no podía estar más alejada de aquello -No tuve que correr así... pero... pero tenía miedo... tenía mucho miedo de que me odiaras, de que no me amaras como yo te amo a ti y que nunca más quisieras verme en la vida... -sus pequeños hombros temblaban, su voz se hacía un hilo, estaba destrozada y sus lágrimas semejantes a pequeñas gemas seguramente eran tan heladas como el mismo frio invernal, sin embargo, aquella enorme sonrisa que adornaba su faz era tan cálida como el sol de verano, aquello era la más grande contradicción existente ¿Cómo podía estar feliz pero a la vez tener tanto miedo? Realmente no lo sabía, pero si sabía que solo Shiro era quien le daba todas y cada una de esas sensaciones -Pero... pero ya no escapare más... no huiré de lo que siento por ti porque yo, Toushirou yo solo te amo a ti, para siempre y por siempre


Las palabras estaban sobrando, sus labios hicieron aquello que se negó a realizar en el sofá de la sala, esta vez finalmente beso a su hermano, con sus labios temblando debido a la inexperiencia, pero aun así lentamente se fue adaptando, buscando el calor del cuerpo ajeno, suspirando en medio del beso, moviendo sus labios con cariño, frotando, apegándose, y acariciando los del chico, incluso había llegado a morder de vez en vez el labio inferior o superior de Shiro, acorde a los actos ajenos, terminando por separarse completamente agitada.


-Te amo... te amo, te amo, te amo Shiro -soltó entre pequeños besos picoteados, acurrucándose en el pecho del chico mientras lo mirada, apoyando la palma de su mano sobre el pecho del chico, donde se encontraba su corazón -Y soy muy egoísta porque, quiero que todo tú seas mío Shiro-nii -musito cerrando sus ojos ahora más relajada de lo que nunca antes estuvo, respirando su aroma mientras sus manos ahora se desplazaban hasta la espalda de chico, abrazándole con fuerza. Necesitaba todo de él resarcir aquellos años en los cuales su amor ya estaba presente pero ninguno de los dos tuvo el valor de hablar, porque el tiempo perdido no regresaba, pero siempre se podía hacer que desde ese instante y a futuro, cada momento juntos constara como veinte de los perdidos -Aam... Shiro-nii -los dulces ojos de Utau, ahora más intensos que nunca, buscaron los de su hermano, conforme le jalaba del pecho de su camiseta para acercarlo más a ella -No quiero dejar de besarte... de verdad te necesito a ti... completamente... ¿Podemos seguir, por favor? -lo pidió con sumo cariño en su voz, aguardando que el aceptara o se negara, pero todo lo que Utau decía era cierto, necesitaba besarle mucho más, abrazarle más, tocarle, acariciarle, simplemente quería amarle y llenar todos los vacíos que su indecisión habían ocasionado. ¿Es que acaso, había algo malo en su pensar? Porque de ser así, Utau se volvería de la niña más buena sobre la faz de Myr, a la mujer más malvada de toda la historia, y eso solo lo haría por el único amor de su vida.

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Re: No Destroces… Mi Corazón De Cristal [Priv. Shiro]

Mensaje por Toushirou el Mar Ago 15, 2017 8:08 pm

Las emociones se agolpaban e su pecho y al mismo tiempo embestían su mente una y otra vez, no podía solo mantener la calma en la situación en la que se había metido de una manera tan abrupta ¿Cómo afrontarlo? luego de una vida entera de "normalidad" acababa de corresponder a la declaración de su hermana menor... estaba demasiad feliz y confuso en ese momento. El tipo de sentimientos que mantenía por el hada invernal era ajenos a lo que la sociedad dictaba en general... tal vez perjudicaría la carrera de la cantante, el mismo podría ser considerado menos serio en su trabajo y por sobre todo estaba e hecho de que los abuelos de ambos probablemente se opusieran al hecho de una relación romántica entre ellos.


Y ahí estaba lo contradictorio; aún conociendo todos los puntos malos que acarreaba la idea, Shiro estaba más que dispuesto a enfrentarlos o ignorarlos de ser necesario. No le importaba lo que otras personas creyeran mientras la más importante de todas fuera feliz con él... siempre que ella deseara serlo. Miró a la puerta desde su posición en el suelo, esperando algunos segundos a que la misma se abriera, al no hacerlo luego de unos segundos, el híbrido atinó a llevarse las manos al cabello ocultando e parte sus ojos conforme su corazón latía cada vez más rápido. Tal vez había cometido un error, quizás lo que Utau había dicho en la planta baja había quedado suspendido porque ella en realidad recapacitó las cosas y le dio otro significado a los sentimientos entre ellos. había posibilidad de que  en ese momento, la chica intentaba hacer oídos sordos a todo lo que él había admitido y procuraría ignorar el tema. Si de verdad había algo que aterrara al albino era que su hermana le detestara... podría soportarlo todo menos ver ese dulce semblante dirigirle miradas de reproche o enfado notorio. Si la azabache llegaba a abrir  la puerta y alguna de esas expresiones estaba en su semblante,  entonces él sabría que habían llegado a un punto de difícil retorno para su relación habitual.


por ese motivo, cuando el sonido de la puerta abriéndose llegó a los oídos del dragón, este no pudo más que quedarse como estaba, miando al suelo, temeroso de cruzar sus ojos con los ajenos y descubrir desagrado en ellos. Sin embargo, en cuanto la sintió acercarse a él y acomodarse entre sus piernas, supo que no todo estaba perdido, al menos ella no le odiaría. Siguió mirando abajo en silencio hasta que las manos ajenas le obligaron a lo contrario: ella estaba sonrojada, entonces... ¿podría ser? las palabras siguientes hicieron que un hueco se formara en su estómago, debía haberlo imaginado: Utau era tan dulce que no lo aborrecería por aquella impertinencia de su parte, se limitaría a dejar las cosas como estaban antes... al menos eso creyó hasta escuchar la segunda parte de la frase. Fue como si algún milagro sucediera, el brillo en sus ojos indicaba que estaba perdidamente enamorado y el ser correspondido ahora no era una preocupación, a cada nueva palabra su cariño crecía aún más de ser posible, la menor estaba volviendo a encender todas las velas que el ya había dado por apagadas. Y no necesitaba nada, nada más que eso; el amor que había estado encerrando por años salió a la luz junto con los besos. Sus labios degustaron los contrarios como si fueran el mejor manjar que hubiera probado en su vida, algo que había anhelado y que jamas había llegado a suceder como tal, el rubor en sus mejillas lo denotaba, Utau era como un dulce helad aunque, contrario a lo que aquello pudiese significar, estaba generando dentro de su pecho  una sensación cálida y serena, como si de algún modo aquellos besos significaran que todo en el mundo estaba solucionado, que no había mal en ninguna parte y que la felicidad sería eterna para él. sólo su hermana menor era capaz de inducirlo a una felicidad tan inmensa.


Ella era un poco torpe besando, pero ¿que importaba? podrían practicar juntos cuantas veces quisieran. Shiro no se contuvo de dar un leve mordisco al labio inferior ajeno cuando la fémina lo hizo primer, al parecer un poco de juego no estaría mal tampoco -Utau- sin saber como, había conseguido fuerzas para hablar en medio de tanta dicha -oh, utau... no tienes idea de lo mucho que te amo- suspiró volviendo a besarle para, al mismo tiempo, atreverse a colocar sus manos en la cintura ajena, pidiéndole de manera muda que permaneciera a su lado mucho más tiempo, sólo hasta que su corazón dejara de querer saltar de alegría porque entonces podría sufrir un infarto. Amaba tanto a su hermana, de maneras insospechables, le costaría descubrir las palabras correctas para describir su sentimiento al completo. Por ello se conformaría con los besos, necesitaba demostrárselo al menos en parte. Ella era lo más importante de su vida, la única persona a la que realmente quería hacer feliz sin importar qué, la dueña de sus sonrisas, de su corazón y su alma entera. Utau  era la única persona a la que de verdad había amado en su vida -no tienes que pedirme que sea solo tuyo, Utau...- le encantaba decir su nombre -lo he sido desde siempre... y estoy seguro de que no tengo que pedirte que seas sólo mía... porque creo que ya lo eres. Te amo tanto, por favor no me dejes solo nunca más...- susurró aquello cerca de su oído como si se tratase un secreto único entre ambos, nadie más tenía que saberlo, bastaba con ser felices uno con el otro -Te amo- repitió, besarle la mejilla y posteriormente acariciarla con suavidad, mirarla directo a los ojos como si de aquella manera quisiera confirmar que estaba siendo sincero para, de inmediato, volver a un nuevo beso, un poco más intenso que lo anteriores, uno que denotaba que estaba loco por ella y que no habría nada que lo cambiara. Mantuvo el abrazo entre ambos dispuesto a alargar aquello todo lo que fuera posible porque dudaba que en su vida pudiera llegar a tener un momento tan alegre o que siquiera pudiera compararse. sin embargo, algunos factores externos le hicieron parar... factores que podrían clasificarse dentro de la categoría: Animales peludos.


A mitad de su demostración de cariño con la pelinegra, había sentido un breve empujón en el pecho, como si algo más estuviera ahora entre el y la menor, un algo que de hecho lo obligó a apartarse un poco solo para de inmediato distinguir que algo lamía un de las mejillas de su hermana, luego lo observaba a él y repetía lo anterior. Se ruborizó un poco al quedar interrumpidos por semejante acontecimiento pero luego de algunos segundos no pudo hacer otra cosa más que sonreír de lado y buscarle la mirada a hada de hielo -es su primer día e esta casa y ya reclama toda nuestra atención.... creo que justo ahora estoy planteándome seriamente que no debía haberlo traído- bromeó, extendiendo su zurda hacia el cachorro para acariciarle tras las orejas y luego levantarlo un poco y acercarlo a su rostro -Escucha, eh... Maru-chan- con la locura de los acontecimientos previos, no recordaba el nombre que le había puesto su hermana al perrito, así que le llamó por ese apodo -Es de mala educación interrumpir a una pareja cuando está ocupada- se sonrojó mientras miraba con atención al cánido, que meneaba su cola alegre -Solo te lo perdonaremos porque eres nuevo aquí, pero tendrás que ser más cuidadoso ¿Bien?- inquirió aunque por toda respuesta obtuvo un lametón e la punta de la nariz -Tomaré eso como un si- lo bajó al suelo de nuevo y decidió aprovechar la oportunidad para robar un rápido beso a la pelinegra, mirando hacia abajo de nuevo pero esta vez solo para ocultar el intenso rubor de sus mejillas -Utau... pase lo que pase no dejaré de ser tu hermano mayor... es algo con lo que nacimos y no hay forma de cambiarlo... sin embargo- volvió a cruzar su mirada con la femenina -por favor... a partir de ahora veme como el hombre que te ama... como tu novio- pidió aquello serio, pero sereno y feliz. Tal parecía que e entusiasmo se le contagiaba también al pomerania, que comenzó a ladrar y a dar vueltas en donde estaba, como si de aquella manera animara a su ama a dar una respuesta afirmativa a aquello.

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Re: No Destroces… Mi Corazón De Cristal [Priv. Shiro]

Mensaje por Utau el Mar Sep 19, 2017 2:53 am

En momentos como aquel, el definir la felicidad que tenía, o tan siquiera equipararla con algo era más que nada, imposible, y todo porque al lado de Shiro, cada momento vivido parecía llevarle mayor felicidad que el anterior, sin embargo su hermano le afirmaba tras cada beso que le amaba, le demostraba con actos y palabras lo que ambos habían estado sintiendo tantos años pero nunca se atrevieron a admitir. Sencillamente, si alguien preguntaba si era feliz, Utau diría que lo era, como nunca antes lo había sido.

Los besos no se detenían, las pequeñas caricias mutuas cosquilleaban cada centímetro de piel disponible, en parte la menor comprendía que aquello estaba mal, demasiado, pero ¿Cómo poder parar, cuando su hermano había sido y era, su mayor amor en toda la vida? Lo quería más que al sol y las estrellas, lo amaba mucho más que a las sonrisas de sus fans cada que una nueva canción emergía de su garganta, por él entregaría todo, todo con tal de que aquel momento se extendiera más allá de un simple sueño como tantas veces antes había sucedido. Si, estaba totalmente loca, pero, el amor enloquecía hasta el alma más cuerda y racional, y Utau de por sí, jamás había sido una persona de ciencia y raciocinio.


-Alexander -se quejó suavemente, en medio de la risa provocada por la lengua del pequeño canido, cuando el mismo había empezado a lamerle, obligándole a separarse de su hermano, para luego verle atacar la cara del dragón. De todos los momentos posibles para intentar jugar con ellos, Maru -como ahora le decía su hermano - optaba por uno tan íntimo como ese -Creo que tanto tiempo en la calle, lo debe hacer extra mimoso -busco mitigar el posible enojo que su hermano podría llegar a tener, sonrojándose con furia ante las palabras emitidas por el albino al felpudo animal. Le había dicho que no estaba bien molestar a una pareja, es decir que los consideraba a ambos como tal, solo con ello Utau había caído en cuenta de que todo lo vivido en menos de una hora, no sería simplemente un momento pasajero, no era una mancha en su estatus de hermanos sino más bien, era un punto aparte que migraría a un nuevo escalafón en su relación -Lo se nii-sama... sé que a pesar de todo siempre seremos hermanos pero... -¿Pero qué? La realidad por mucho que se deseaba no era fácil de cambiarse, sobre todo en cuestiones como aquella, simplemente no se trataba de desear y cumplirse, tampoco serviría hacer esfuerzos, estudiar o pagar una alta suma de dinero a otras autoridades porque, nada ni nadie cambiarían lo que eran, tampoco lo que habían vivido, y de poder hacerlo, seguramente Utau no lo permitiría, porque si dejar de ser hermanos conllevaría el olvidar su pasado, aquellos mágicos momentos que le hicieron amarlo con la locura que lo hacía, simplemente prefería seguir cargando con aquella cruz -Pero aun sabiéndolo, nunca podría dejarte de amar -tras su confesión, el pedido de su hermano respecto a ser novios sobraba, porque desde su primer beso, desde el primer te amo y pedido por no separarse, Utau no necesitaba ningún tipo de cartel que catalogara su relación, solo se necesitaban mutuamente, pero si aquello hacia feliz al mayor aceptaría todo lo que le propusiera -Nii-sama, te veré como tu queras que lo haga, porque en verdad te amo -sin decir una sola palabra más, y medio apretando a Maru entre ella y el cuerpo de su hermano, volvió a unir sus labios con el varón una y otra vez, hasta el cansancio, como si de esa manera llegara a reparar todo el tiempo que pudieron haber estado juntos y no lo hicieron.

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