Solo Vamos A Hablar… ¿Verdad? [Priv. Shin]

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Solo Vamos A Hablar… ¿Verdad? [Priv. Shin]

Mensaje por Hoshino Megumi el Dom Ene 22, 2017 12:03 pm

Aquella noche estaba siendo demasiado movida, en un amplio sentido de la palabra, porque ¿Quién le hubiera dicho a la ardilla policía, que de la nada, se reencontraría con un viejo amigo de su infancia, y no cualquiera, no, sino uno que estaba al tanto de lo que le había pasado aquella tarde en el bosque, alguien dispuesto a sacrificarse por ella y ahora, con el corazón tan herido después de saberle con la pérdida de memoria como para soltar tan gruesas lágrimas, mirándola con una desesperación tal que en su vida había conseguido apreciar? Y no solo eso, había algo más oculto detrás de los sucesos de la noche, para ella, el tal Shin no era simple y llanamente un conocido más, estaba más que segura de que aquel hombre había significado en su vida más que todos aquellos quienes iban día con día a visitarla en el hospital, incluso que los amigos y contactos que ahora tenía, porque todo su cuerpo se había estremecido tras notarle triste por su culpa, ella se estaba sintiendo responsable por el dolor del pobre licántropo, de aquel hombre quien seguramente había sido entrenado para no llorar ni con las peores torturas impuestas por el enemigo, pero que ahora no paraba con el llanto al saber que era lo que había pasado con ella.

Pero, como toda historia, la situación no había sido la mejor para desenvolverse, todo porque tanto su amiga, como el de Shin, había interrumpido el abrazo de ambos, siendo cortados por Megumi quien no tardo en marcharse, junto a Shin, de la escena, estando ahora bajo la lluvia, riendo tras oír la invitación del de cabellos claros, respecto a ir a cenar.


- Vaya ¿De verdad te piensas que nos dejaran entrar a un restaurante con estas ropas tan mojadas? Estoy segura de que nos pondrán en el menú, como la sopa de entrada -lo miro divertida, se sentía segura de mostrarse tal cual era con él, algo que muchas personas demoraron años en conseguir, pero que el supuesto conocido anónimo, había logrado en pocos segundos - Podemos ir a mi casa, bueno... es más bien un departamento, te preparare algo de cenar y mi tío aun no fue a buscar la ropa que dejo la semana pasada ahí, seguro te quedara, además, está limpia, la lavé para que no tuviera excusas a la hora de retirarla -la joven ardilla se encogió de hombros, realmente era increíble que estuviera invitando a alguien a su morada, en especial un hombre, pero comprendía que podía confiar en él, y en caso de equivocarse, el agua era una buena conductora de la corriente de su arma - ¿Tienes vehículo? -esperaba que aquello tuviera una respuesta afirmativa, ella había ido con su amiga, por ende no tenía un medio de transporte, pero, poco antes de que Shin le diera una respuesta, la puerta de salida por la que ellos pasaron fue abierta, nuevamente por el ebrio amigo del licántropo. Lo que paso después era fácil de adivinar, pero en resumidas cuentas se trataba de un escape a toda velocidad, amenazas, y seguramente un rumor que perseguiría a la ardilla hasta su tumba, pero ahora que finalmente estaban en su piso, todo era paz y quietud - Amm... no suelo tener visitas, así que no te espantes si ves ropa en algún sitio que no corresponde, o un poco de desorden -advirtió al chico, encontrase en el pasillo que conectaba con el resto de departamentos de aquel piso, siendo no más de cuatro en total, y por ello cada ambiente era bastante amplio, el problema era que, conforme colocaba la llave en el cerrojo, estaba sintiendo la mirada de una anciana que era bastante curiosa, esa mujer estaba al tanto de su vida, y la del resto de personas en aquel lugar, siendo por demás, molesta - Solo ignórala -susurro en voz baja, suponiendo que Shin se había dado cuenta, terminando por abrir la puerta y pasar primero, pidiéndole al chico que colocara el seguro, conforme se quitaba los zapatos y encendía la luz, acabando por lanzarse de lleno a un sofá de tres cuerpos que se encontraba en la pequeña sala, justo en frente a un amplio televisor, todo porque había visto el brasier que se había quitado antes de ducharse, previa a irse al trabajo en la mañana, después de todo, Megumi vivía completamente sola, y era rara la persona que conociera su domicilio, por ende, no le molestaba dejar de vez en cuando la ropa tirada, o andar sin ella dentro de su morada, especialmente si andaba apurada, ella sabía que al volver la recogería, el problema ahora era que no tenía idea de donde había dejado tiradas las bragas, cosa que no importaría si estas no tuvieran dibujadas bellotas por todos lados, demostrando su obsesión por las mismas - Puedes... tomar un baño ahí, te dejare la ropa y una toalla en el ante baño -señalo la puerta cercana a los sofás, de madera blanca, donde se encontraba el ante baño, con un canasto para la ropa sucia, tocador, y demás cosas, quedando entonces tras otra pequeña puerta el baño principal, con la preciosa tina y ducha que Megumi tanto amaba, pero ahora estaba cediendo al mayor, intentando extender lo más posible el hecho de revelar su pasado así como si nada, suponiendo que si él había sufrido por su falta de memoria, no se tomaría muy bien el resto de su supuestamente trágica vida - Te acompañaría en el baño, pero, dudo ser alguien agradable de ver sin ropa -intento amenizar el ambiente, recordando su adorado barquito, que seguramente el chico tomaría como un juguete de baño.


Sin esperar realmente una respuesta de él, la castaña se dirigió a su propio cuarto, tomando una toalla limpia con la cual se secó antes de colocarse una larga camisa limpia, además de un cambio en su ropa interior, dejando el brasier cautivo, en su amplia cama, preguntándose ¿Cómo demonios es que habían terminado de esa manera? Y rogando porque aquel hombre no estuviera tomando mal las cosas, es decir, si te invitan así como así a una casa, te ofrecen ocupar un baño mientras tú te vistes previo a cocinar, entonces... la supuestamente pulcra invitación, podría tornarse en algo digno de una película XXX en la mente de cualquier hombre sexualmente activo.


- Mejor... me coloco algo debajo -suspiro mirando su camisa, era larga hasta las rodillas, pero aun así, sabía que podría verse más de la cuenta si se agachaba, terminado por rebuscar entre su ropa, y sacar un pequeño pantaloncillo, mismo que no se veía por la blanquecina prenda, pero le daba confort saber que estaba ahí. Sin más que hacer, y con su ondulada cabellera suelta, buscando que se secara de manera natural, llegando a mojar ligeramente su ropa seca, Megumi tomo lo prometido a Shin, ingresando al ante baño, poco después de haberse anunciado, dejando las cosas en el tocador, retirándose a la cocina, iniciando con la preparación de la comida, que no sería otra cosa, sino algo de pasta con una salsa de nueces que le agradaba, incluso había buscado licor, al recordar que Shin no había tocado sus tragos. Tenía una botella de licor de nuez cerrada, quizás un reencuentro era buen motivo para abrirle, pero eso se lo preguntaría al varón - ¿Shin? -lo llamo en voz baja, tras haber escuchado un sonido que no supo identificar, estando en la cómoda cocina/comedor, separada por un desayunador, acomodando la comida ya lista en su respectivo lugar, rogando por no haberse apresurado o equivocado de menú, pero siempre podrían pedir una pizza, en especial cuando lo que realmente importaba en esos momentos, era el hecho de que Shin tenía preguntas, y Megumi, las respuestas que buscaba.

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Re: Solo Vamos A Hablar… ¿Verdad? [Priv. Shin]

Mensaje por Shin Tsukinami el Vie Mar 24, 2017 9:32 pm

No había manera de negar que en aquellos momentos Shin se encontraba atrapado entre las emociones.  Aún le costaba creer que luego de casi diez años hubiera encontrado a su preciada amiga… no sabía si avergonzarse por su actitud previa, donde había demostrado cuan frágil podía ser en ocasiones, o alegrarse de que ahora la castaña le estuviera tratando como un cercano antes que como un extraño, aun cuando antes su actitud había sido desconfiada y apartada. No dijo nada al respecto, solo regaló a la menor una sonrisa ladina, sincera y común; estaba por responder a su cuestión respecto a si contaba con un vehículo cuando de nuevo fueron interrumpidos por el dúo dinámico: su ebrio colega y la sirena que habían acompañado a cada uno al principio de la velada -Tengo una motocicleta- habló claro y directo, sujetando la mano de la joven ardilla para jalarla hacia la acera contraria, un par de metros mas allá hasta donde se distinguía el vehículo bajo la lluvia -Sube- instó, tendiéndole el casco extra que usualmente llevaba consigo para de inmediato emprender la huida de sus compañeros. La cara del pelinegro enamorado era la perfecta representación de la tristeza y la furia mezcladas: la frustración; por otro lado, la chica de cabellos celestes parecía de lo más divertida con todo aquello, cosa que se denotó cuando hizo una seña de despedida a su amiga desde la distancia y le mostró el pulgar de la mano derecha alzado en signo de “bien”.

El trayecto al departamento de la menor fue relativamente corto y es que el rubio seguía al pie de la letra las indicaciones que Megumi le daba para llegar a la vivienda.  Dejó la motocicleta estacionada al pie del edificio  y siguió a la inquilina al interior, notando de inmediato sobre sí la pesada mirada de la vecina. No dijo nada, simplemente le observó de reojo hasta que la chica junto a el expresó sólo debía ignorarla -Buenas noches- murmuró sonriendo cortés a la dama madura mientras inclinaba la cabeza con levedad, ganándose el que la contraria le mirara con desdén y cerrara la puerta en su cara luego de haberse metido en su residencia -Hump, vieja bruja- susurró antes de él mismo ingresar al apartamento de su amiga de la infancia. No supo si sorprenderse o reír ante la divertida visión de la chica lanzándose al sofá, así que prefirió ignorar el hecho y asentir con la cabeza ante el ofrecimiento de tomar una ducha.

Entró al cuarto de baño y se deshizo de sus prendas mojadas sin perder el tiempo, girando la llave de la ducha para que de la misma comenzara a caer el agua caliente. No lo negaría, estaba más que tentado a usar la tina en lugar de la regadera, pero sabía perfectamente que de hacerlo estaría mas de una hora en aquella pieza y en realidad, sería descortés lucir ese tipo de actitudes frente a la castaña que aún cuando le había re-conocido ese día, le había ofrecido cenar en su casa y bañarse en la misma. Suspiró -Menudo día ha sido este- se dijo terminado por adentrarse en la llovizna artificial para enjuagar su cuerpo en repetidas ocasiones. La calidez que la lluvia le había arrebatado momentos antes volvió de a poco a su anatomía, notándose  de forma principal en su semblante, que abandonó el aspecto lúgubre  y cenizo que había tomado  previamente cambiándolo entonces por un aspecto más jovial.

Al terminar ese pequeño tiempo que el licántropo tomó para el, se secó el cabello con una toalla y luego se enredó la misma a la cintura para salir al ante baño, donde encontró las prendas antes prometidas por Megumi. Para fortuna suya, las mismas parecían quedarle bien,  tanto como si fueran suyas y no prestadas; se observó al espejo unos segundos más… ¿No estaba soñando? Aun dudaba de que la chica que estaba esperando fuera en realidad no estuviera ahí… ¿Y si de pronto despertaba en la casa de su amigo, con resaca, y se daba cuenta de que aquello no había sido más que producto de una noche de alcohol? Suspiró, aun con la mirada fija en su reflejo y se llevó las manos a la nuca, soltando un par de broches y nudos hasta que su amado parche cayó al tocador… ahí estaba. Shin recordaba perfectamente el dolor que embargó su cuerpo cuando su ojo fue desprendido, podía recordar también que la herida en su rostro solo demoró diez días en sanar. Se podía ver su parpado en perfecto estado, aunque cerrado eternamente  ya que tras él no había ningún globo ocular que proteger. Era como si su ojo izquierdo estuviera siempre dormido, tranquilo e inmóvil. Todo era verdad… el estaba ahí, contemplando el pasado al que le había huido por años y separado solo por una pared de la chica que había alegrado mil tardes en su infancia. Volvió a colocarse el parche y retrocedió, dispuesto a salir de ahí cuando sus pies se enredaron en algo y tropezó, golpeando la puerta con un hombro y gruñendo con levedad… al menos hasta notar que las causantes del pequeño accidente no eran nada más ni nada menos que unas curiosas y cómicas bragas con un estampado de bellotas. Iba a reír pero se tapó la boca con una mano al escucharse nombrado por la ardilla -Ya voy… es solo que creo que olvidaste algo muy tierno por acá- no pudo seguir conteniendo su gracia y eso se demostró en una corta carcajada -En serio te gustan las bellotas, ¿verdad?- salió del cuarto de baño, aun riendo poco antes de observar la cena preparada por la menor -Vaya… huele muy bien- su risa cesó y el se aproximó a la mesa, probando con los ojos solamente el platillo dispuesto en la misma.

Se sentó en una de las sillas dispuestas y miró a su anfitriona, aun algo divertido por el mini-accidente del baño. Debía hablar con ella de cosas más importantes,  pues lo suyo no era un reencuentro casual, era un reencuentro que implicaba un misterio, perdida de memoria y un ataque marcado por siempre en la memoria del cánido -Que aproveche…- dijo sonriendo, aunque esa expresión no disfrazaba el tono serio de su voz; se estaba esforzando por mantener una apariencia tranquila ante aquello y no volver a la debilidad del bar -¿Sabes?- en determinado momento, dejó el tenedor de lado, solo había dado un par de bocados a su porción -Te busqué esa misma semana… quiero decir- seguía sonriendo, pero se notaba melancólico -Estuve en casa por dos días, recuperándome de mis lesiones.. cuando estuve mejor recuerdo haber ido a tu casa. Quería despedirme, al día siguiente me marcharía al colegio militar y no podía solo irme sin hablar antes con mi mejor amiga- contó -Estuve en la puerta de tu hogar por tres o cuatro horas, la primera tocando el timbre, las restantes aguardando a que tu y tu familia volvieran a casa. Pero eso no sucedió, tuve que irme y cuando volví ustedes ya no vivían ahí y nadie pudo decirme donde localizarlos- la miró y volvió a dar un bocado a su comida -Podría contarte que sucedió en todo el tiempo que estuve estudiando, pero ese no el objetivo principal de esta charla… el objetivo eres tú- su ojo se clavó sobre los de ella, esos mismos ojos verdes y expresivos que seguían brillando tanto como cuando ambos eran pequeños -¿Qué fue de tu vida, Megumi?-


Última edición por Shin Tsukinami el Lun Jun 26, 2017 3:17 pm, editado 1 vez

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Re: Solo Vamos A Hablar… ¿Verdad? [Priv. Shin]

Mensaje por Hoshino Megumi el Dom Abr 02, 2017 10:38 am

No era como si la joven hubiera estado intentando evadir el tema, tampoco es que deseara crear una barrera a los ojos de aquel can, porque de ser así, de tener Megumi el propósito de vender los ojos de Shin con tal de no crear una nueva herida, como parecía había hecho en el pasado acorde las palabras tan tristes que promulgaba, sencillamente hubiera evitado el tema desde el inicio. Pero las cosas no estaban pasando de esa manera, era Megumi quien invito al licántropo a su apartamento, era ella quien le había instado a continuar con esa enfermiza relación donde seguramente lastimaría aún más a su amigo, todo con tal de intentar recobrar aquellos fragmentos de memoria que sin piedad le fueron arrancados, por un ser del que desconocía todo, pero... todo el sacrificio valdría la pena ¿Verdad? Shin estaba dispuesto a todo con tal de saber la verdad oculta en esos fragmentos de cristal roto en los cuales se habían convertidos los recuerdos de la policía, Megumi hacía años que se prometió dar el todo por el todo con tal de desenmascarar el misterio que rodeaba aquel hecho, y los subsiguientes en su vida, porque, llámenlo intuición, perspicacia policial o mera locura, pero ella estaba más que segura que había algo más oculto detrás de la muerte de sus padres. No todo podía ser una mera casualidad o jugarreta del destino.


- Lo lamento... -una disculpa no era la mejor manera de iniciar su conversación, pero era necesario el expresar su sentir, sobre todo cuando una punzada en su corazón le hizo bajar el tenedor con abundante pasta, poco después de oír el relato del varón. Era increíble lo fiel que era aquel hombre ¿Cómo pudo ella significar tanto en su vida? ¿Tan fuerte era su lazo, pero a la vez tan efímero como para borrarse? No, ella sabía que no se había borrado, porque aunque la mente estuviera jugándole en contra, todo su ser le pedía a gritos no apartarse del militar, era su corazón el que rogaba por no causarle más daño, y su mente empezaba a quebrarse ante tamaño cumulo de emociones y sensaciones - Sé que no necesito disculparme, ni tampoco te interesa eso... pero de verdad, creo que es lo correcto hacerlo... sin embargo, si de verdad quieres saber que fue de mi vida con mayor detalle, no podría negarme a tu pedido -suspiro por quien sabe qué vez, en lo que iba de la noche. Realmente aquella salida al bar bien podría ser la mejor, o peor decisión de su vida, dependiente de por qué lado de la moneda te decantaras - Como te comente antes... no se mucho de lo que sucedió ese día, solo tengo entendido que salí, y volví bastante lastimada, consiguiendo que me desmayara en donde vivía en ese entonces... luego... -una pequeña pausa, acompañada por la manera en que acomodaba un mechón de cabello tras su oído le dieron tiempo para acomodar sus ideas antes de continuar - Pase por lo menos una semana en el hospital, donde me diagnosticaron amnesia... pero los médicos no supieron decir si se debió a los golpes, o si se me suministro alguna droga... tampoco eran capaces de entender el porqué de que pudiera portar este collar, ni mucho menos los investigadores del caso, la cuestión es que por seguridad y falta de información aun lo llevo conmigo, pero al parecer es un mero adorno que cambia conmigo cada que adquiero forma animal, o mi cuerpo se desarrolla... creo que por esta cosa -sus dedos señalaron el curioso accesorio antes de continuar - Es que sospechan que todo fue un secuestro para venderme en el mercado ilegal de la isla... o que había despertado el deseo en alguna persona que ahora no recuerdo, y ya fuera por resistencia o simplemente porque el comprador así lo deseaba, incluso un accidente era válido, el hecho de que terminaran por borrarme los recuerdos... creo que logre escuchar al detective decirle a mis padre una frase similar a... para ellos era mejor tenerla como una pizarra en blanco -suavemente las gotas de lluvia golpeaban sus ventanas, el aroma de la comida se apagaba conforme el calor de esta disminuía, y el apetito de la fémina se evaporaba ante las pocas memorias de esa época - O puede que lo soñara... era pequeña después de todo, no sé bien que es realidad, fantasía o inventos de mi cabeza para formar una realidad -la sutil risa de Megumi era el complemento perfecto para su ahora opaco mirar, sencillamente no le agradaba volver las manecillas del reloj tan atrás, mostrándose como lo que era realmente en esos instantes, no una determinada mujer perteneciente a las fuerzas de seguridad de la isla, sino una joven que había surcado una vida difícil y que le asustaba lo que su pasado podría estarle ocultando - Luego de estar lo sufrientemente recuperada, y dado que no habían pistas de los agresores... mis padres decidieron mudarse, creo que buscaban apartarse de todo lo que pudiera lastimarme, ni siquiera le dieron datos precisos a la gente que administraría el hotel, solo una cuenta en la que deberían depositar el dinero cada mes, nada más... pero, supongo que al final mi pasado nos siguió... porque perdí a mis padres cuando aún iba en la escuela, y me quede completamente sola -suavemente hecho su cabeza hacia atrás, en un vano intento por retener sus lágrimas, después de todo, aun cuando los años pasaron, incluso luego de que ella misma se dijera que la herida estaba cerrada, bien sabía que la muerte de sus padres y saberse prácticamente sola en aquel mundo destruido, seguían doliéndole - Sin embargo, no necesite ir a un orfanato por mucho tiempo, al parecer aún tenía un pariente vivo, un tío que se enteró de todo y me adopto, por él es que empecé a vivir aquí en Berlín, sin embargo su oficio es el de un detective privado... si bien nunca fue un mal hombre, jamás estuvo pendiente de mí, al menos no como un padre lo estaría... con él empecé a aprender como valerme por mi misma y gracias a sus enseñanzas es que no me costó mucho el poder ingresar a la policía -el sonido de la silla hamacándose empezaba a hacer eco en el departamento, pero todo se cortó con un ruido seco, en cuanto Megumi recobro la postura adecuada, mirando a su invitado directamente a aquel ojo dorado que tanto cariño parecía profesarle - Creo que en verdad... nos hicimos mucha falta el uno al otro durante todos esos años Shin... ¿No opinas lo mismo? -el encantador brillo de la menor empezaba a apagarse cada vez más, lentamente volvía a sumirse en aquel espiral de depresión que tantas veces antes su morada tuvo que escudar de los ojos curiosos del mundo exterior, pero ahora no estaba sola, al menos no en esas cuatro paredes, tenía a Shin frente a frente, pero entonces ¿Aquello era una soledad compartida, o meramente seguía sintiéndose completamente sola en medio de la gente, tal cual venía sucediendo a lo largo de su vida? - ¿Crees que ese resumen, sea suficiente para dejarte saber que fue de mi vida, todos estos años Shin? -sus ojos estaban cansados, demasiado como para mantenerse abiertos, por ello los cerro, apagando el color de aquella sala, dándole una tonalidad completamente negra a un mundo repleto de sonidos, porque en momentos como aquel Megumi se sentía en una completa oscuridad que parecía querer devorarla, como posiblemente debió de haber sucedido en aquel bosque hacia tantos años.

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Re: Solo Vamos A Hablar… ¿Verdad? [Priv. Shin]

Mensaje por Shin Tsukinami el Mar Mayo 02, 2017 5:10 am

El vapor que emanaba de la comida iba disminuyendo a cada momento, pero no era posible para el licántropo se concentrara mas en ingerir la pasta, más bien, toda su atención estaba sobre la chica y su relato. Cada una de las palabras que ella pronunciaba le hacía un nudo en el estómago, al grado en que el rencor que años antes se había despertado en su interior hacía los hombres que les habían arruinado la vida se reavivó, con aún más fuerza. Si bien, los datos que tenía sobre la perdida de memoria en la castaña eran pocos, las pistas no comprobadas que ella sugería no hacían mas que generarle repulsión ¿Existiría en aquel trozo de mundo alguien tan depravado como para buscar tal sufrimiento en una niña de doce años? ¿Que hubiera sucedido con la ardilla si los propósitos de aquellos extraños se hubieran logrado? no quería ni pensarlo. Sus puños se apretaron con discreción y en su rostro podía notarse un leve mueca de disgusto, cosa que empeoró al enterarse de que los progenitores de la menor habían muerto -Lamento escuchar eso...- por el momento era lo único que podía pronunciar, dejando que los segundos trascurrieran siendo acompañados únicamente por el sonido de la lluvia exterior chocando con el cristal.


El suspiro de la ardilla pareció contagiarse al rubio, que la miró fijamente como si esperara que ella contara algo más de su relato; como eso no ocurrió, fue necesario que él rompiera el silencio -Megumi, creo que lo debes saber muy bien a estas alturas... Pero aún puedes contar conmigo, intentare ayudarte al menos, después de todo, esas personas me quitaron dos cosas a mí- cn discreción la señaló a ella y luego señaló su parche -Mi madrastra convenció a mi padre de que había perdido un ojo por involucrarme en peleas callejeras... Mi hermano no dejó de reprenderme por ser tan irresponsable como para participar en ese tipo de cosas y a mi padre se le metió en la cabeza la idea de que un colegio militar sería perfecto para mi... Entonces... Tú eres policía y yo militar...- la miró con fijeza, esperando que ella comprendiera al punto al que quería llegar -Te propongo trabajar juntos en resolver ese caso... ¿Que opinas?- intentando mostrar un poco de cortesía al ser el invitado de la oficial, probó otro bocado de pasta, encontrándola considerablemente más fría pero aún deliciosa a su parecer. Irónicamente, el haber experimentado tantas emociones en un corto lapso de tiempo le había acrecentado el apetito bastante y eso se denotó cuando su plato quedó prácticamente limpio de alimentos. Miró a su anfitriona momentánea  y consideró que el ambiente se estaba poniendo demasiado tenso para ser el primer día en que ambos amigos de la infancia se encontraban.

Ya tendrían tiempo después para hablar de las tragedias de sus vidas, detallar sus anécdotas de los años que estuvieron separados y colaborar para desenterrar el misterio de su pasado, uno que los unía por un hilo invisible. En ese momento el licántropo tenía un solo objetivo en mente: recuperar a su antigua amiga y recordarle lo que era sonreír de forma sincera. Quizás fue por ese propósito que decidió sacar el tema de algo que hasta ese momento había dejado pasar, todo con tal de aligerar el ambiente entre ambos un poco -Dime, Megumi- arqueó una ceja mientras sonreía de lado, entretenido -¿Todas tus bragas tienen estampados de bellotas y esas cosas? ¿O tienes cosas más maduras y dignas de ver?- la risa se le escapó sin que pudiera hacer nada por evitarlo, nada más que cubrirse la boca con una mano y acomodarse las gafas un poco, pues el movimiento que hacía al reír se las desarreglaba un poco -Solo bromeo, pero oye- se detenía a momentos, pues la risa seguía sin dejarle hablar con fluidez -Puedes al menos cerciorarte de no dejar ropa interior abandonada en el baño cuando un invitado va a usarlo- afirmó aquello levantándose y tomando su plato vacío para dejarlo bajo el grifo aún sin abrir la llave de agua. Retomó su lugar en la mesa y observó a la contraria, sonriendo aún con ligereza, necesitaba pasar el mal trago y no lo conseguiría con facilidad si hablaban todo el tiempo del accidente que los había separado. no iba a dejarlo de lado ¡Obviamente! pero para ser el primer día el tema ya había sido más que tratado. Necesitaba relajarse un poco -Aclárame una cosa, si tu tío fue el que te adoptó,  ¿Por qué ahora vives sola? ¡es por comodidad o... ehh...-  pasó saliva, distrayéndose más a cada momento mientras su vista se centraba en algo cercano a la ventana. Una lombriz paseaba campante por el borde de la misma, probablemente se había colado buscando algo del calor que había en el interior de la vivienda y comenzaba a poner nervioso al rubio -Ehh... fue.. por.. eh...- su atención estaba clavada en el gusano. No le tenía miedo, quizás no en todo el sentido de la palabra, después de todo, alguien tan valiente y fantástico como él no podía sentirse intimidado por algo tan pequeño como una lombriz; sin embargo, no iba a negar que sentía cierta paranoia a que aquel animal se arrastrara hasta su ropa, escalara por su piel y terminara entrando en sus oídos, poniendo huevecillos ahí y siendo devorado por dentro como alimento de las crías... ok, quizás si les tenía algo de miedo -Eh...- incluso se había olvidado de que estaba acompañado. Si veía un gusano al aire libre no tendía a preocuparse, era su hábitat después de todo y él permanecería en movimiento; pero dentro de una casa su sedentarismo lo volvía una presa fácil de aquel temor infundamentado.

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Re: Solo Vamos A Hablar… ¿Verdad? [Priv. Shin]

Mensaje por Hoshino Megumi el Miér Mayo 10, 2017 1:56 am

En momentos como aquel al ardilla policía no sabía cómo era correcto reaccionar, es decir, no siempre un muchacho que se supone había compartido tu niñez aparece en un bar, ambos revelan cosas bastante intimas de su pasado, lo ves llorar mientras aquello te contagia de alguna manera que ni tu comprendes, y luego, en medio de acusaciones por parte de otra persona respecto a haber sido robada se escapan en medio de una tormenta siendo llevada por la motocicleta del chico de tu pasado quien curiosamente con aquel parche posee un aire rebelde, llegando a tu departamento donde le permites utilizar la ducha para al final comer y rememorar todo lo que podías y no recordar. En verdad que aquello complicaba la mente de cualquiera, sobre todo sin tamaño menjunje de sentir se producía en un lapsus de menos de 24 horas, es decir ¿Qué demonios debía de hacer ahora?

Para ser honesta, Megumi estaba más confundida que nunca, sencillamente quería una guía o una clase sobre cómo comportarse para salir airosa de la situación, pero, si de momento estaba hecha un revoltijo, en cuanto el licántropo la señalo a ella como una de las cosas que le habían sido arrebatadas –además de su ojo claro está – el rojo que cubrió su pequeña faz, sumado al rápido latir de su corazón se habían vuelto lo único en lo que podía pensar. Shin sin saberlo, estaba removiendo sentimientos bastante extraños dentro de ella, sentires que nunca antes se había planteado, y peor aún, que no quería llegara comprender.


- Amm… no es necesario que me estés señalando de esa manera… además es evidente que trabajare contigo, necesito saber la verdad y… ¿Eh? Be…bellotas – conforme hablaba, un rápido pestañeo se hizo presente con las últimas palabras del militar, mientras la tonalidad cutánea subía de intensidad, pasando de rojo semáforo, a rojo chili extra picante ¡¿Cómo demonios había sido capaz de olvidarse su ropa interior dentro del baño?! ¡Y para colmo Shin la vio! Ahora empezaba a entender a que se había referido con adorable momentos antes - Ca…ca…cállate… no… no es de tu incumbencia mi… mi ropa interior… jo…joder –quería seguir insultándole, incluso deseaba golpearle pero sabía que no estaba bien, que no era correcto, menos por un tema como ese, pero el deseo estaba en ella y eso nadie se lo quitaba, pero, no negaría que el tartamudeo del chico le había causado cierto grado de curiosidad ¿Qué había visto para distraerse de esa manera, luego de ser tan abismalmente “cómico” al grado de que ella ansiara golpearle para evitar apenarse más? - ¿Qué es lo que miras tanto? –sus ojos olivas fueron a parar a la ventana, ladeando la cabeza confundida cuando lo único que pudo ver fue un pequeño gusanito arrastrarse, y, seguidamente sonrió con malicia mirando a Shin, él había iniciado con el jugueteo de la molestia, y era su deber continuarle - ¿El lobo feroz le teme al pequeño gusanito asustado? –Megumi no era cruel, simplemente no estaba en ella ser así, pero la cara de Shin le tentaba a seguir el juego, haciendo que se levantara de su asiento, tomando al pequeño animalillo entre sus dedos para acercarse nuevamente al lican, con la intensión de restregárselo en su faz - Vamos Shin ¿No quieres darle un besito al pequeñito? Creo que se metió al departamento solo para estar contigo ¿No lo crees? –uno, dos y tres pasos fueron los necesarios para que Megumi pudiera jurar que el lobo empezaba a ponerse pálido, al cuarto paso se relamió los labios inconscientemente, estaba siendo mala y lo sabía pero no negaría que le encantaba si era para con aquel sujeto, y eso le dio pie a creer que muy probablemente siempre había sido diferente con el chico - Anda, seguro le animas la noche con solo hacerlooooooooooooooooo –la O se le había extendido cuando, sin pensarlo ni saber con qué, sus pies se habían terminado por enredar y su cuerpo termino sobre el del chico, produciendo un sonido bastante fuerte contra el suelo, ante la caída de ambos, al grado que el vecino de abajo comenzó a golpear su techo, gritando que se callaran, pero, en lugar de responder como haría normalmente, se quedó completamente enmudecida, y el motivo de aquello fue que sus labios presionaban los del chico bajo su cuerpo. La sensación era cálida, dulce y con un suave sabor a nuez debido a la comida anterior. Megumi simplemente no sabía qué hacer, temblaba ligeramente por los nervios, y el calor de su cuerpo iba en aumento, pero sin que pudiera siquiera separarse de manera tranquila, sintió algo moverse entre sus ropas, inicialmente pensó en abofetear a Shin, creyendo que el lobo se había emocionado más de la cuenta y sus dedos empezaron a recorrerla, pero tras pensarlo mejor, el pequeño gusanito no estaba en sus dedos, entonces solo quedaba un sitio donde podría estar - ¡Kyaaaa se me metió! – rápidamente la chica ya estaba girando en el suelo, y luego levantándose con rapidez, mientras sus manos se internaban en sus prendas, tratando de agarrar al animalejo, pero le era imposible tomarle sin dañarle, incluso llego a pensar que esa cosa precedía el futuro, porque cuando casi lo tenía entre sus dedos el mismo se marchaba a otro sitio. Sin más remedio, la policía cambio de forma, tomando la de una pequeña ardilla, luchando contra el gusano dentro de su blusa, girando en el suelo, completamente enroscada en su batalla campal, quedando a la vista del lobo el tan particular combate a muerte que se libraba en el departamento. En momentos parecía que Megumi finalmente derrotaría a su rival, pero casi al instante el gusano remontaba y se enrocaba en alguna de sus patitas o bracitos para hacerle caer, pero, finalmente, en un giro inesperado, la ardilla –ahora subida en el sofá – tomo con ambas patitas a su enemigo mortal, y pudo separarlo de su cuerpo, arrojándole al suelo lejos de si, viendo como espantado aquel insecto optaba por subirse a una maseta cercana y luego enterarse en la húmeda tierra - Finalmente –un largo suspiro salió de los labios femeninos, cambiando de forma animal a la humana, sentada sobre su cómodo sofá con la pierna derecha, entrecruzada sobre la izquierda, mirando al chico con entera calma, pero este, no parecía estar tan calmado como ella - ¿Sucede algo? –curiosa se levantó de su asiento, notando como la expresión de aquel hombre, que no supo descifrar, se había acrecentado, parecía que hubiera visto un fantasma, y tras pensarlo, finalmente la muchacha se dio cuenta de que es lo que pasaba, mostrando una expresión entre asustada, nerviosa y apenada, con sus labios temblando con fuerza, sus manos tapando la zona del busto y su lugar más íntimo, acuclillándose en el suelo, jalando los cojines del sofá que interpuso frente a ella como un escudo, gritando de pura vergüenza tras que su reencontrado amigo la viera completamente desnuda, todo por un descuido provocado por aquel insecto - ¡No… no te quedes ahí y pásame algo de ropa! –le valía si era una camisa, la misma ropa que dejo tirada en el suelo, o incluso aquellas bragas de bellotas que dejo en el baño, lo que fuera estaba bien, siempre y cuando lograra cubrirse y mantener algo de pudor.

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Re: Solo Vamos A Hablar… ¿Verdad? [Priv. Shin]

Mensaje por Shin Tsukinami el Dom Jul 09, 2017 1:37 am

No quería admitirlo y rogaba a cualquier deidad que le estuviera escuchando porque la fémina no lo notara; estaba poniéndose nervioso con la campante lombriz que se paseaba sin pena. Ya ni siquiera hablaba, su mente se había alejado tanto de la realidad imaginando métodos posibles para hacer que el gusano abandonara aquel departamento; por lo mismo, en un primer momento no comprendió porqué la castaña se ponía de pie, mirándole con aquel gesto de travesura conforme sus dedos aprisionaban sin vacilar al causante de su inquietud -¿Q..que haces?- su rostro se ensombreció al percatarse de su propio tartamudeo; aquel signo estaba delatándolo por completo ante la menor y quizá aquello se notó demasiado en la expresión de maldad que por un momento pareció apoderarse del rostro contrario. Sus nervios se acrecentaron a cada paso que la menor dio en su dirección y tuvo que hacer uso de una gran fuerza de voluntad para no levantarse de su puesto y  apartarse al extremo más lejano de la ardilla y aquella cosa que sostenía -B..basta de tonterias...- espetó entre molesto, temeroso y un vago intento de mantenerse digno -No veo motivo alguno por el que yo quisiera besar a esa cosa... y creo que entró aquí por error, deberíamos dejarlo irse a casa en la tierra mojada por la tormenta. sin perder tiempo dio la opción e sacarlo de ahí, al menos que lo apartaran de su vista; todo eso le gustaría demasiado. Sintió que el estómago se le bajaba hasta los pies cuando la distancia que le separaba del gusano era nula; su torso se inclinó hacia atrás intentando alejarse, pero quedándose atrapado con el respaldo de la silla -¡T..te digo que ya fue suficiente!- exclamó, pensando en decirle a la chica un par de cosas más pero viéndose interrumpido por un repentino movimiento de ella y, acto seguido, el golpe contra algo duro y frío.


Abrió los ojos con lentitud y por momento un supo quien en aquella habitación estaba más confundido y avergonzado, si la castaña o él mismo. La vida podía jugar bromas demasiado pesadas en ocasiones y parecía que aquel día se había despertado con animo para ello: terminar yendo al bar porque su amigo era demasiado penoso para ir solo, reencontrarse con su amiga de la infancia, perder toda la dignidad frente a ella mientras lloraba como un niño... y por si no fuera poco, ahora se encontraba en el suelo, con la silla a un costado y la chica recostada sobre su propio cuerpo, presionando los labios contra los suyos ¿Debía tomarse aquello como algo bueno o malo? No supo de qué manera reaccionar y estuvo a poco de apartar con sus manos a la chica, todo con tal de evitar que distinguiera el tenue rubor que había coloreado sus mejillas ante el repentino contacto... no entendía por que ese pequeño incidente no le parecía malo en absoluto pero, aún con todo, parecía ponerlo ansioso, como si se estuviera reviviendo algo de su pasado que no podía determinar con exactitud. Trascurrieron un par de segundos y no fue necesario que el licántropo empleara la fuerza para librarse de la situación: Megumi se encargó de hacerlo por cuenta propia. Antes de que el militar pudiera comprender por completo que era lo que sucedía, la chica ya se encontraba dando saltos sobre el suelo de aquella estancia, recorriéndose el cuerpo con las manos como si intentara zafarse de algo venenoso y, además, doblándose en posiciones curiosas para intentar pillar al fugitivo bajo sus ropas -Yo advertí que el gusano era malvado...- susurró el del parche para sí mismo, sin levantarse del suelo aún, observando curioso la caótica pelea que tomó su auge cuando la fémina tomó su forma animal para oponer mayor resistencia al invasor.


La pelea continuó por un rato más, mismo en el que Shin permanecía como fiel espectador sin levantarse él mismo o a la silla que había caido con el tropiezo de la policía. Luego de un par de vueltas y gruñidos, la pequeña bola de pelos que en ese momento era su mejor amiga salió victoriosa de aquello, lanzando al oponente hacia una maceta donde el desgraciado se ocultó lleno de temor, disipando al mismo tiempo los nervios del cánido que suspiró tranquilo. ¿Como las cosas podían haberse salido tanto de control? con movimientos lentos, el varón se levantó, sacudió su vestimenta y acomodó en su lugar de nuevo la silla derribada, girando la mirada justo a tiempo para apreciar la transformación de la ardilla en la castaña de ojos verdes. La sorpresa le embargó por milésima ocasión en la noche, atragantándose con su saliva  y tosiendo ante la vista de su anfitriona en traje de Eva, caminando con toda la naturalidad del mundo hasta el sofá donde adoptó una posición más que reveladora que tuvo un efecto inmediato en el ruborizado militar. Si se tratara de otro momento y otra persona, probablemente Shin ya habría hecho algún comentario pícaro y se habría acercado a la víctima más que dispuesto a pasar una buena noche.. o por lo menos un buen rato con bromas y demás; sin embargo, ante la visión más que permitida de la anatomía de Megumi, las palabras se le habían desvanecido siendo estas suplidas por un leve balbuceo que intentaba avisar a la contraria de su situación. Su semblante era un poema caótico, donde los colores que le iluminaban eran comparables a luces navideñas, rojas y blancas alternadas cada pocos instantes. En cierto modo, el licántropo notaba una sabor agrio en la garganta y boca del estómago, como si aquel incidente fuera a desencadenar algo terrible que incluso podía finalizar con la ruptura de la amistad recién recuperada.. por el otro, cierta parte de su anatomía había comenzado a reaccionar como era natural ante semejante avistamiento. Los pensamientos del chico no podían estar más revueltos: ella no tenía exactamente el tipo de cuerpo que le, quizás sus curvas no eran tan pronunciadas como querría y su pecho no tan voluminoso.. pero le estaba causando el mismo efecto que otras mujeres habían tardado más tiempo en conseguir y ella lo había logrado en pocos segundos. Más que avergonzado, e intentando apartar la mirada para no quedar mal ante la chica, se acunclilló a recoger uno de los cojines del sofá y lo sostuvo frente a su cadera, al tiempo que con la mano libre sujetaba la ropa femenina desparramada por el suelo y la lanzaba toda en dirección a la castaña. Estaba debatiéndose entre esperar y fingir que no había pasado nada o salir huyendo en ese mismo instante para evitar más vergüenza.


¿Aquello podría ponerse aún peor? -L..lo siento, no pretendía.. este...- de nuevo la ansiedad le había ganado en la lengua y se trababa al hablar, cosa totalmente anormal en el egocéntrico y altanero militar -Eh... ¡Lamento eso!- si bien, no era su culpa, lanzó una rápida disculpa al aire y se inclinó en una reverencia torpe -Gracias por la ropa y por la cena.. yo... creo que será mejor que me vaya- soltó el cojín con el que se había estado cubriendo y dió la espalda a la chica para apoyarse en la mesa donde habían compartido alimentos unos minutos antes. Apuntó con caligrafía apurada su número de teléfono fijo, el del móvil y también una dirección electrónica y de domicilio por si acaso. En sus ansias por escapar de aquel desastre la pluma se le cayó al suelo y el nos e molestó en recogerla, simplemente pasó de largo evitando mirar el sofá y su ocupante, giró, abrió la primera puerta que encontró y "salió por ella". Su semblante se puso aún más pálido al encontrarse rodeado de la oscuridad y calidez de un armario. Pero claro... el estaba tan nervioso que interpretó el departamento ajeno como si fuera su casa y entró en lo que para él suponía la puerta de salida, ahora se había encerrado en el guardarropa y estaba amontonado entre abrigos de invierno, impermeables. paraguas y abrigos casuales -Demonios...- farfulló para si mismo, preguntándose si debería salir de ahí como si nada y marcharse por la verdadera puerta o simplemente hacer como que no se daba cuenta de nada y quedarse ahí. ganó la segunda opción. Permaneció en silencio mientras se sentaba en el suelo, con la espalda apoyada en la pared del fondo de aquel armario y el rostro oculto entre la ropa que pendía de las perchas, intentando controlar también la reacción de la parte inferior de su cadera aprovechando la oscuridad. Seguramente aquel quedaría marcado como el día más raro y difícil de su vida.

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