Rubios y armados

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Rubios y armados

Mensaje por Izac Snider el Dom Dic 18, 2016 2:00 am

Izac iba a escasos pasos de distancia de su hermana, resguardando la retaguardia de su pequeña excursión entre escombros, pedruscos y materiales de construcción abandonados. El aire levantaba nubes de polvo acumulado con el paso de los años, moviéndolos para asentarlos en otro sitio. —Dime otra vez cómo fue que lograste convencerme de esto, Mirai... —Muy dentro sabía la respuesta él mismo. En primer lugar, cada que podía ir a la isla principal trataba de pasar todo el tiempo con su hermana y su madre, fueran a donde fueran; en segundo lugar, porque una vez que a la menor se le metía algo en la cabeza era casi imposible sacárselo; y en tercera y última, porque no podía negarle nada. Correcto, el teniente que en el colegio militar no aceptaba reclamos ni quejidos, era completamente débil a las peticiones de su hermana pequeña.

El sitio estaba prácticamente desierto a simple vista, aunque recién habían cruzado por los límites que indicaban el inicio de la propiedad, por lo que cualquier cosa podría estarlos esperando dentro. Izac no se fiaba de la fachada que se les presentaba en frente, lo más probable era que las fábricas no estuvieran tan abandonadas como se sugería popularmente. Elevó la mirada hacia la parte más alta de la estructura y usó una de sus manos como visera para proteger el ojo visible, el sol ya había comenzado su descenso por el Oeste, pero aún quedaban bastantes horas en las que les regalaría iluminación. Al menos tenía eso a su favor. Poco inconveniente hubiera habido aun yendo de noche, ya que ambos tenían instintos desarrollados y ver en sí no habría sido problema; sin embargo, Izac lo prefería de esa forma, era menos peligroso si podía percibir todo a su alrededor con la luz del día.

Mantente donde pueda verte, ¿de acuerdo? —advirtió mirando siempre a voltear hacia los lados. —Fíjate por donde pisas, y no toques nada sin olfatearlo primero. —Sí, a cualquiera la última instrucción del mayor le hubiera parecido extraña, pero era el sentido del cual ambos podían fiarse más para examinar algo desconocido. —Si puedes evitar tocarlo, mejor aun —añadió, pues lo que menos deseaba era que Mirai se lastimase en algún momento de imprudencia. Un aletear llamó su atención a la derecha y disparó su mirada hacia esa dirección, encontrándose con un pájaro color negro que había tomado vuelo y agitaba sus extremidades para levantarse en el aire. Siguió su trayectoria hasta que se perdió por detrás del edificio y continuó siguiendo a su compañera de camada. —¿Me has estado escuchando? —indagó, sabiendo que su espíritu aventurero a veces la cegaba y ensordecía cuando se trataba de decirle que tuviera precaución.

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Re: Rubios y armados

Mensaje por Mirai Snider el Dom Ene 22, 2017 11:06 am

Para alguien como Mirai, estar en un lugar como aquel, en una supuesta aventura que no demoraba más de un par de horas, era tan típico como respirar, pero lo que si cambiaba el panorama era el hecho de que su hermano mayor, Izac, hubiera optado por seguirle el rastro, o mejor dicho, aceptar su invitación para iniciar una nueva aventura que bien sabia la lobezna mujer, podía enfrentar sin ayuda de nadie. Quizás para la fémina estar con su hermano era lo mejor de la vida, sobre todo si por fin estaban juntos en algo más que no fuera una aburrida charla en el sofá de la sala de estar de la casa de su madre -porque si, Mirai hacía tiempo que había abandonado el hogar materno, aunque eso era algo que aún no le confesaba del todo al mayor de la camada, a sabiendas de cómo se pondría si se enteraba de que ahora vivía sola, en los límites del bosque, mismo del cual solía ir a cazar una buena presa para su cena, pero eso, era un asunto totalmente diferente al que ahora competía -, o incluso estando en un lindo restaurante bebiendo té, y no es que la rubia fuera de mentalidad completamente masculina, o no tuviera un grado de refinamiento, solo que, cuando los instintos te llaman, ella nunca rechazaba la llamada, sin interesar cuando sucia, lastimada, o en que tan malas condiciones terminara su ropa, o ella misma, todo valía con tal de tener su adrenalina al 100%.

Pero ahora, la expedición que uniría mas su lado salvaje con el de su hermano mayor, se estaba tornando en una especie de paseo infantil, todo porque el del parche no paraba de estarle diciendo el cuidado que debía tener, incluso utilizaba la misma regla que le impuso a los seis años de edad "No tocas, sin antes olfatear". Mirai amaba a su hermano, eso nadie lo negaría, pero en momentos así, quería patearle.


- Hermano... -lo llamo, virándose hacia él, colocando sus brazos entrecruzados bajo el busto, mientras su mirar estaba ligeramente entrecerrado, suspirando poco tiempo antes de responder - Aunque hubiera querido ignorarte, cosa que no hice -se apresuró a decir, antes de que le regañara - Somos los únicos dos aquí, el eco de este sitio es increíble, créeme... tu voz de mando es bastante potente, y si le sumas el grado de decibeles que se aumenta al estar en este lugar, no podría no escucharte -relajando su mirada y pose serias, dio unos cuantos brincos hasta quedar frente al varón, tomándolo de las mejillas, legando a estirarlas, masajearlas y moldearlas en una sonrisa que se suponía debía hacer juego con la que ella le mostraba, aquella que dejaba a la vista la blancura de sus canidos - Anda hermano, relájate un poco, no estamos en el ejército ni soy una de tus reclutas, intenta divertirte mientras buscamos algo interesante aquí -fácil era decirlo, incluso mucho más que el soltar la faz de su hermano mayor, pero lo que Mirai le estaba ocultando a Izac era el motivo de aquella expedición, a sabiendas de que el mayor se hubiera negado rotundamente, le hubiera encadenado mientras él se disponía a volar el lugar con un Jet o un tanque, que seguramente traería desde el islote de máxima seguridad donde trabajaba, ya que, según las fuentes de Mirai, aquel deposito era el sitio donde ciertas mafias iban a dejar los cadáveres de las personas que habían silenciado, pero no solo los tiraban como basura, sino que eran entregados a una especie de cirujano demente quien intentaba hacer realidad el cuento de Frankenstein, no estando conforme con las Muñecas vivas que la magia y tecnología diseñaban, no, él deseaba crear vida después de la vida, meramente con su intelecto y partes frescas de cuerpos cuyas vidas habían sido sesgadas, es por ello que Mirai no dejaba ningún sitio sin inspeccionar, ningún aroma sin haber sido olfateado, ya que ella, en lo más profundo de su ser, sabía que debía haber un pasadizo, un algo que le llevaría a las instalaciones subterráneas de aquel científico, porque estaba más que segura de que ese hombre pese a ser tratado como un loco debido a sus investigaciones, debía tener una brillante mente, que no dejaría que nadie detuviera o robara su arduo trabajo - Izac... creo que, tengo que confesarte algo -conforme la noche se hacía presente, y la mente de Mirai sopesaba el asunto, un cierto grado de culpa había llegado a su ser, pensando que sería mejor confesarle la verdad al mayor, pero, antes de que pudiera decir algo, el sonido de voces y pasos ingresando le dejaron callada, haciendo que tomara la mano de su hermano mientras se escondían detrás de grandes pedazos de escombros, esperando no ser atrapados por quien fuera, que hubiera llegado.

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