¡Bienvenida 002! ~ ||Priv.

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¡Bienvenida 002! ~ ||Priv.

Mensaje por Izaya Orihara el Mar Dic 13, 2016 5:40 pm



¡Bienvenida 002! ~
Privado con Nala — Martes  1 am — Celda #002


Mis días en el mercado negro pasaban más rápido de lo que me gustaría, estar allí siempre resultó ser sumamente entretenido y satisfactorio, no solo por mi trabajo al atender a los odiosos clientes en el despacho, sino que el trato para con las mascotas era lejos lo mejor del lugar. En el mercado negro todo trabajador era libre de hacer lo que quisiera con los desafortunados que quedaban prisioneros bajo un collar, uno muy especial, uno con el cual les vigilábamos en caso de escape y les controlábamos si decidían rebelarse. A veces bastaba con que uno se moviese lento o no atendiera y el dispositivo se activaba, denotando lo fácil que era para nosotros los vendedores o los cuidadores, el lidiar con lo que creíamos complicado. Por mi parte debo aclarar que nunca utilicé el castigo de los collares sin una razón válida, mejor es provocar desobediencia u hostilidad, de tal manera en que el castigo fuese totalmente justificado. ¿No debería sentirse uno mejor de esa manera? Se supone o eso dicen.

Aquella noche había ido ante el pedido del jefe, se requería cuidado nocturno y gracias a mi pésimo horario de sueño y a mi gran aburrimiento en casa, no me negué a tomar el turno. De lo único que se me informó es que ese día llegaría un nuevo cargamento de mascotas, pero no el habitual, sino que era proveniente de la zona inferior. ¡Necesitaba ver eso! era menester para mi revisar a cada una de las mascotas que fueron sustraídas de tan patético lugar, estas siempre poseían algo increíble, algo digno de rememorar, pero a su vez eran iguales todas. Abajo los humanos no podían vivir, por ello a mis ojos eran inferiores, meros juguetes con los cuales vería si podía siquiera divertirme una noche. Inútil era desear encontrar un humano o al menos un híbrido que se le acercara, pero tal conocimiento no mermaría mis ansias por diversión, nunca lo hacían.

Dejé el despacho con uno de los encargados, si alguien acudía debía avisarme, pero bien podía encargarse de la venta el mismo sujeto, no había precisamente un orden decente en el mercado. No importaba para mi, solo me interesó el sonido de una gran compuerta al abrirse dando paso a varios hombres y mujeres, empleados del lugar, que bajaban de un gran camión varias jaulas con las mascotas de la ocasión. Eran menos de las que solían traer y eso me dejó desilusionado,menos que ver, menos de donde elegir y me preguntaba si valdría alguno mi tiempo y entusiasmo. Fruncí eñ ceño mientras me acercaba con paso ligero y relajado al patio principal, donde temprano las mascotas se divertían, pero de noche quedaba completamente vacío al tener como fin el recibir la mercancía nueva.

Saludé al líder de los cazadores, le sonreí travieso y este me regresó una fría mirada, como era costumbre, pero a diferencia de otras veces, el hombre me informó que habría una de las mascotas que me interesaría mirar. Si él decía eso, entonces tendría razón, por lo que me mantuve cerca, lo más cerca posible, a la espera de que bajasen las siete mascotas que habían capturado. Había solo una mujer entre todos ellos y fue justamente ella la que captó mi interés, en esos momentos no pude saber el porqué, simplemente me dejó con una familiaridad curiosa, la cual radicaba en su raza y yo lo ignoraba. No me fije en el resto, me dejé guiar por el instinto y seguí a los hombres que la llevaron al área de celdas, uno me preguntó donde debían meterla y yo rápidamente le respondí señalando la celda en cuestión — La cero cero dos, quedará bien allí — bajé la mano y la metí al interior del bolsillo en mi oscura chaqueta, resguardándola allí al igual que la otra. Animado fui avanzando, tras el grupo de personas que llevaban a la rubia hacia la celda, le trataron pésimo he de aclarar, ¡Simplemente le arrojaron al interior de la celda! ¿Cómo es que podían ser tan crueles con una joven mujer?

— Deberían aprender a ser un poco más delicados con una dama, a estas no se les maltrata mientras duermen, sino que... — sonrei sin acabar la oración, uno de los hombres me quedó mirando intrigado y el otro se retiró sin dirigirme siquiera la palabra. Se notaba que yo no les caía bien debido a mi estupenda personalidad, lo sabía, por eso siempre les molestaría. Antes de que el otro cerrara la celda, le pedí la llave y este me la entregó, la moví entre mis dedos y la guardé en un bolsillo interno con la clara decisión de jugar un poco con la chica. Entré a la celda con ella y cerré tras de mi, la observé en el suelo y lo primero que hice fue revisar la presencia del collar de seguridad, estaba perfectamente colocado alrededor de su cuello, este era negro con una pequeña caja metálica más gruesa que el collar mismo, era la cerradura y el dispositivo en si que le dañaría si a nosotros los encargados se nos antojaba así.

Quedé en cuclillas a su lado y la inspeccioné sin decoro alguno, tocando lo que llamase mi atención, siendo lo primero aquel par de orejas felinas.No eran de gato, estas no presentaban el extremo pintiagudo, yo bien sabría eso al tener mezcla con tal raza. Acaricié una de sus orejas y luego su cabellera rubia, se veía sucia ¿Sería por vivir en la zona inferior o por el pésimo trato de camino al mercado?, quería preguntarle, necesitaba hacerlo, pero ella seguía durmiendo plácidamente — ¿Tan fuerte fueron las drogas? — pregunté sabiendo que ella no me respondería — Tendrás que acostumbrarte a eso aquí — susurré esbozando una maliciosa sonrisa, esperaría un poco más. Si ella se despertaba, o no, pasaríamos una noche muy entretenida.

Atuendo


¡Aquí están todo lo que me han regalado! Ya no cabe en mi spoiler.

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Re: ¡Bienvenida 002! ~ ||Priv.

Mensaje por Nala el Dom Ene 08, 2017 9:16 am



¡Bienvenida 002! ~
Privado con Izaya— Martes  1 am — Celda #002


Lo primero que comenzó a sentir fue el terrible frío que parecía ir avanzando por su piel. Primero un escalofrío… luego otro, y otro. Se quejó entre sueños y trato de concretar algo en su mente adormilada. Se sentía incómoda y nada más quería volver a la tranquilidad de la inconscienca, pero la realidad comenzaba a arrastrar y su cerebro trataba de procesar lo que suecedía.

Un ligero roce en su oreja, en su rostro y luego cuello hicieron que se agitara un poco. ¿Qué era eso? Qué molesto. ¿Por qué no la dejaba en paz...? Aun con los ojos cerrados comenzó entonces a visualizarse. Estaba acostada, apoyada en su costado derecho y sobre una superficie fría y dura. Ahora reconocía el origen de aquellos molestos escalofríos que parecían hacerse cada vez más fuertes. Ademá comenzó a notar los dolores. Se sentía magullada y débil. Además le dolían los músculos. Gimió por lo bajo mientras apretaba los párpados. Se movió un poco cambiando su posición para ahora apoyarse en su espalda, pero aquello desencadenó otra oleada de frío, por lo que con una queja más volvió a su posición original. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaba tan incómoda?

Entonces volvió a sentir el cosquilleo en su mejilla, mientras que una voz profunda comenzaba a jalarla a la realidad. Reconocía aquel tacto, eran dedos que acariciaban su rostro con completa libertad. ¿Quién…? ¿Quién era?  Trataba de pensar en alguien, en algo lógico… pero su mente no lograba concretar nada. Sus pensamientos eran oscuros y completamente indefinidos.

Sintió los latidos de su corazón acelerarse, mientras repentinamente su cerebro comenzaba a trabajar a mil. Las primeras coherencias la golpearon entonces, trayéndola de vuelta a una realidad que no reconocía. Abrió los ojos de par en par, y a penas si logró definir la figura que se alzaba sobre ella. Entonces de forma completamente instintiva apartó la mano que rozaba su mejilla de un golpe repentino. Como un rayo Nala se irguió de repente, echándose entonces para atrás, poniendo distancia entre el sujeto y ella misma. La atención sin embargo no le duró demasiado y casi en seguida sus ojos se perdieron en aquello que la rodeaba. Barrotes, un lugar cerrado, amplio pero oscuro. Metal... Nuevamente los barrotes, el frío… se encontraba en una jaula… el cuerpo le dolía, la cabeza le dolía aun más. Sentía que le iba a estallar. Se llevó entonces una mano a la frente y apretó los parpados con fuerza, esperando así mitigar el golpeteo…

Entonces su instinto volvió a llamarla… Abrió sus brillantes ojos azules y está vez los clavó en el sujeto frente a ella. Tenía una sonrisa extraña pintada en el rostro, vestía de negro… y le resultaba completamente desconocido. -¿Qué…?–Su voz sonó ronca e insegura… cómo si llevara tiempo sin hablar, cómo si estuviera intentando encontrar las palabras para poder hacerlo. -¿Dónde estoy…? –Se sentía completamente confundida. Observó fijamente al pelinegro y entonces el dolor volvió a su sien está vez con más intensidad. ¿Qué estaba pasando? Tratar de encontrar alguna respuesta o pensamiento coherente sólo hacía que el martilleo insoportable aumentara.  

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