How can you hate 'n love the same thing? [Priv. Shinya Y.]

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How can you hate 'n love the same thing? [Priv. Shinya Y.]

Mensaje por Nala el Mar Dic 13, 2016 5:40 am

Todo era tan extraño. Actuaba de forma instintiva, pero nada le parecía natural. Observaba las cosas a su alrededor y algunas le parecían conocidas, hasta lógicas. Pero la mayoría de lo que sus ojos veían parecía ser algo completamente nuevo y fuera de este mundo. Y tal vez lo era… después de todo Nala no podía decir con certeza que conociera nada de lo que parecía sorprenderla cada dos por tres.

Apenas si sabía su nombre y poco a poco había comenzado a recordar lo que era también… o más bien su cuerpo. Cuando se daba cuenta veía su reflejo en un ventanal y distinguía las redondeadas y pequeñas orejas felinas. En seguida se las tapaba con las manos y las retraía. No sabía muy bien por qué, pero no le gustaba mostrarlas estando rodeada de tanta gente…

Y esa era otra cosa más. La cantitad de seres que andaban de un lado a otro era simplemente increíble. Nunca había visto a tantas personas aglomeradas en un espacio tan pequeño (no que recordara a nadie en especial, pero estaba segura de que la cantidad de gente que andaba a su alrededor era algo que nunca había presenciado en la vida). Era tanto que en algún momento fue  demasiado y sintió la necesidad de salir corriendo. Después de todo aa estática aleatoria que a veces recorría su cuerpo hacía que la cercanía de otros se sintiera aun más y pronto el sentimiento de claustrofobia comenzó a invadirla.

Cuando se dio cuenta había terminado en callejones alejados de las vías principales, su único compás era la presión atmosférica. Inconscientemente su cuerpo buscaba aquellas zonas que sintiera más cálidas. Por dicha se había decantado por aquella ropa de toda la que su amo le había ofrecido: una camiseta, un short de tela liviana y unos tennis. Era poco estorboso y la dejaba moverse a placer.

Todavía no entendía muy bien toda esa situación de ser una mascota… pero tampoco le importaba. De todas formas no comprendía  casi nada en esos momentos. Sólo sabía que le pertenecía a Izaya y que podía hacer lo que quisiera mientras volviera a casa… sonaba bien para ella.

Seguía andando, ahora caminaba de nuevo, ya que había dejado la multitude atrás. El aire tenía un olor salino y el calor había aumentado. Nala se sentía ahora más cómoda. Comenzó entonces a escuchar un sonido repetitivo y suave, hipnotizante y atrayente. Dejándose llevar de nuevo por sus sentidos y su cuerpo, buscó el origen de aquello que le había llamado la atención. Dio un giro final a la calle que transitaba, y  entonces lo vio. Contuvo un exhalación, mientras sus ojos trataban de abarcar aquel espectáculo frente a ella.

Era agua. Litros y litros y galones de agua. Todo el horizonte era azul, densao y lejano. Nunca había visto algo parecido en su vida. Casi podía jurar que ni siquiera en aquellos recuerdos que habían desaparecido de su cabeza encontraría algo así de increíble. Sin pensarlo más comenzó a correr a la orilla, hasta que comenzó a notar la arena bajo sus pies. Hacía que se hundiera y avanzar con velocidad le costaba muchísimo. Entonces aligeró el paso. Ahora observaba cada huella que dejaba al pasar conforme avanzaba al agua. Cada vez eran más profundas en el suelo se húmedo.

De repente decidió quitarse los zapatos. Al poner el pie desnudo en la arena, sintió sin embargo el frío de la humedad y en seguida pegó un brinco sólo para caer igual en arena mojada. Repitió está ridícula acción unas tres veces, hasta que finalmente sintió como su piel ya parecía haberse acotumbrado a la temperatura. Entonces comenzó a jugar con la arena, hundiendo y estirando sus dedos en la misma. Era una sensación agradable. Sin darse cuenta ahora sonreía.

El sonido de las olas volvió a llamar su atención y nuevamente la fijo en el mar. Observó como el agua iba y venía, y la espuma que se formaba en ella. Una vez más la curiosidad la domino, y antes de que pudiera analizarlo, ya estaba dirigiéndose a la orilla. No consideró sin embargo la velocidad de las olas, y la siguiente que reventó, la alcanzó con mucha más rápidez, bañando sus pies hasta los tobillos.

El frío la hizo erizarse por completo, y como si de un gato espantado se tratara, pegó un brinco digno de una gacela. En seguida se giró, dispuesta a salir huyendo, pero al dar el primer paso dio de frente con algo… o alguien.  

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