Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

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Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

Mensaje por Momo el Miér Dic 07, 2016 11:42 pm




Empecemos Donde Nos Quedamos
Con Shu en la Mansión a las 21:00hrs

La mente de Momo era un completo caos, ella no podía comprender como era que las cosas se habían tornado de aquella manera, todo por el curioso comportamiento de aquel hombre al cual llamaba amo, por eso es lo que Shu era, su amo y cuando mucho uno bastante agradable a quien de ahora en más meramente había decidido brindarle su amistad. El cambio brusco en el pensar femenino no fue un producto de locura temporal, tampoco una descabellada idea nacida de los intentos infructuosos anteriormente realizados, claro que no, después de todo Momo no era de las que se rendían con facilidad, de ser por ella aun estaría encima de su adorable rubio, el problema venia de lo que logro presenciar el día en que se encontraron de compras, o mejor dicho la noche anterior.

Sabía que el vampiro tenia sentimientos, eso era algo que desde un inicio comprendió, pero nunca pudo creer que estuviera enamorado de otra persona, de una joven que le había hecho ignorarla al completo mientras salía corriendo en su búsqueda, extendiendo su mano con tal de alcanzarle, poniendo un rostro tan entristecido cuando finalmente se percató de que todo era una falacia, una mera ilusión que sus enormes deseos por reencontrarse le habían producido, eso solo quería decir que Shu estaba enamorado, pero su amor no era correspondido, lo que volvía todo en una suerte de novela romántica donde Momo no pensaba involucrarse en ningún aspecto que no fuera de apoyo para el varón, porque bien ella misma intentaba hacer que él fuese quien le alimentara, pero ahora comprendía mejor que nunca el hecho de tanto rechazo, porque si él tenía a quien amar, entonces ¿Cómo posar sus ojos en una mujer que le ofrecía sexo gratis? Todo era una completa locura.

Puede que Momo fuera muchas cosas en aquella vida, una súcubo que no se medía el sitio donde deseaba tener relaciones, tampoco temía a la edad, raza, religión, especie, razón política ni nada similar, porque cuando una presa se colocaba en su mirar, ella no se atrevía a dejarle hasta tenerle, pero tras descubrir aquello de Shu comprendía que no iría a mas con él, porque para bien o mal, aun cuando su naturaleza gritara y exudara sexo por placer sin segundas intenciones, existía una parte del corazón de Momo que aun creía en el amor, quizás no para ella porque a veces a su mente llegaba la idea de ¿Quién podía amar a una chica que a tan corta edad tenia semejante carrera sexual, considerando que no era del tipo de persona que suele repetir comida, para así evitar sentir un afecto que a la larga dañaría a cualquiera de los dos? Pero aun cuando ella consideraba que el amor no era para su persona, si lo creía capaz para otros individuos, y si un ser tan amable como lo fue Shu con ella –mismo que le demostró una calidez que hacía años nadie le demostró sin ir con segundas intenciones – sentía aquel amor por otra persona, ella no se lo arruinaría, lo borraría de su lista de posibles candidatos alimenticios para dejarlo en la zona de amigos, pudiendo así apoyarle y retribuir de alguna manera todo lo que hacía por su persona, porque ese era el tipo de ser que Momo era en su interior.

Lo curioso de todo esto, es que Shu, en momentos anteriores, le había correspondido los besos, las pequeñas caricias, y demás cosas, pero si lo razonaba bien, tomando todo desde el lado en que posiblemente el chico sufriera de desamor, puede que en su interior intentara borrar el cariño de aquella a quien confundió en la tienda, con Momo, pero la chica no lo volvería a permitir, no solo por orgullo, sino también porque a la larga eso le haría mayor daño a su nuevo amigo, pero no por eso Momo dejo de pensar en el chico durante lo que resto de la noche anterior, y todo el día subsiguiente, arribando finalmente a la tardía hora que era actualmente, siendo aproximadamente las 21:00 horas, viendo a toda la mansión aun en movimiento, quizás porque a esa hora Shu estaba más activo -aunque eso se resumía a pasar de oso hibernando, a oso en la última faceta de embarazo, alguien que se mueve, pero solo lo necesario - y ella sin mucho trabajo que hacer, sobre todo cuando los padres de los pequeños a quienes se supone debía cuidar, los estaban preparando para cenar, bañarse y luego dormir, a la espera de un nuevo día donde las clases diurnas eran lo pertinente en su lista.

Ante el aburrimiento, y su nuevo pensamiento para con Shu, a quien había saludado con la cortesía necesaria, sin miradas, besos, apodos, caricias ni segundas intenciones, incluso llegaría a decirse que el pequeño rumor de la noche que Momo paso con Edgar -evidentemente, sacando a Shu de su lista de pretendientes para comida, no se estaría muriendo de hambre cuando el Chef estaba más que predispuesto a darle alimentación -se convirtió en que Momo cambio a Shu, por el curioso Chef de claros ojos y oscura cabellera; Momo se la había pasado leyendo, indagando y luego recorriendo la mansión, acabando por llegar a un cuarto un tanto alejado, donde una de las sirvientas más adultas, tanto en apariencia como edad, se encontraba acomodando unas cajas, acabando por casi caerse de la enorme escalera que la acercaba a las repisas más elevadas, logrando que Momo le atrapara poco antes de lacerarse, suspirando con calma tras verle bien, llegando a ofrecerle su ayuda, a la cual la mujer un poco dudosa termino por aceptar, no porque despreciara a Momo, ya que quienes lo hacían era el sector más joven de la mansión, sino por el hecho de sentirse un poco inútil.

Luego de ser instruida en la labor, la chica empezó a acomodar todo, sacudiendo y subiendo cajas, no con ayuda de la escalera, sino con aquellas largas alas opacas con las cuales nació, siéndole más sencillo trabajar de aquel modo, pero, conforme miraba el contenido de algunas cajas, solo para ver si su interior estaba intacto o roto, acabo por toparse con una fotografía que capto su atención, deteniendo todo accionar, llegando a arrodillarse frente a la caja, conforme apreciaba su contenido. Lentamente saco objeto tras objeto, siendo lo más impresionante para ella la fotografía que no había soltado en ningún momento, ahí mismo estaba un Shu más joven, parecía tener la edad que ella presumía actualmente, pero si bien eso era atractivo y atrayente, no era el núcleo de su sorpresa, sino la mujer posada en la misma fotografía, aquella joven era idéntica a la de la tienda, pero entonces eso solo confirmaba sus sospechas de que Shu estaba enamorado de esa fémina a quien parecía conocer, pero no comprendía porque no estaban juntos en la actualidad. Para ella Shu era un excelente partido, entonces ¿Que le hacía a esa mujer rechazarle?


- ¿Sucede algo señorita? -la voz de la mujer le saco de sus ensoñaciones, en las cuales se perdió tanto que ni se dio cuenta cuando se le acerco tanto, hasta posarse a sus espaldas, pudiendo contemplar lo que Momo tenía en manos - Vaya, así que encontró cosas sumamente viejas del amo
- ¿Uh? ¿A qué se refiere? ¿Usted sabe quién es la mujer de esta foto? -la curiosidad le carcomía, quería saber para comprender como podía ayudar, pero lo que la mujer empezó a relatar le terminaría calando hondo, dejándola sin palabras.
- Supongo que ahora que vives aquí, lo más correcto es que sepas de estas cosas, para así no molestar al amo Toirumi... veras, esa mujer de ahí solía ser una gran amiga y pareja del amo -si bien a Momo eso le sorprendió, de cierta manera lo estaba esperando - Pero... ocurrió una tragedia cuando el amo y ella estaban por dar el siguiente paso en su relación -en ese momento la anciana enmudeció, mirando por segundos a Momo antes de posar una mano en su cabeza, dándole algunas suaves palmadas, como si con ello le estuviera diciendo que no fuera impaciente o que lo mejor era no saber ciertos datos - La señorita Mika falleció, eso es lo más importante de todo el asunto, y por su muerte pasaron muchas cosas que hicieron al amo ser, en parte, como es ahora... o eso es lo que todos aquí creemos


La súcubo se quedó sin palabras mientras procesaba toda la nueva información, comprendiendo que Shu no perseguía a su amor, sino un fantasma, un algo que no regresaría a aquella tierra, o al menos no lo haría con facilidad o de la manera en que él desearía. Manteniendo el silencio, Momo continuo con sus tareas, siendo aquella la última caja que necesitaba guardar, para luego empezar a rondar por la mansión, sin un rumbo fijo, pero al final llegando al lugar que menos se había esperado, aquella puerta, tan bien cuidada no era otra que la de la habitación de Shu. En un inicio dudo de entrar o no, prácticamente había estado desde el momento en la zapatería, hasta ahora, ignorándolo o tratándole con la misma cortesía que las demás empleadas de la mansión le daban, pero tampoco es como si, ahora que sabía el motivo de sus actos, pudiera decirle tan libertinamente que volvía a ser la chica de antes porque, inicialmente lo creyó enamorado de alguien con quien podía estar pero ahora que sabía que la chica murió, los acosos volvían.

Decirlo de esa manera sonaba, no solo cruel, sino estúpido y bastante caprichoso, pero, si Shu se había vuelto en un hombre retraído, que al parecer con ella y sus locuras se mostraba más animoso -aunque no tanto -entonces lo que él chico quería de ella, no era compasión, tampoco excelentes modales -aunque si un poco de respeto -sino, que ella fuera completamente natural, algo que el resto de los empleados no eran por mera precaución de conservar su trabajo, pero Momo no tenía nada que perder, en realidad en la vida no tenía nada, y si lo poco que ahora le daban le era arrebatado, podía vivir con ello sin ningún problema.

Cansada de darle tantas vueltas al asunto en su mente, ingreso al cuarto del varón sin siquiera haber golpeado, topándose al chico acostado en la cama, con su mirar cerrado y seguramente -aunque no podía terminar de ver bien -los audífonos puestos. A paso lento la súcubo se aproximó donde él, sin emitir mucho ruido, gateando con suavidad conforme se acomodaba sobre el varón, rozando sus piernas con las ajenas, acomodando su pecho sobre el estómago del varón y su mentón sobre el pecho ajeno, mirándolo con curiosidad, esperando que la notara antes de hablar.


- Corderito -lo llamo de manera melosa, con una de aquellas traviesas sonrisas que le mostro desde el primer día que fue a la mansión, y que desde hacía bastantes horas no le dedicaba, volviendo a ser la Momo de antes, tan alegre y juguetona como siempre - Creo que es malo estar tantas horas apartada de ti... espero que me extrañaras -lo molesto antes de incorporarse lo suficiente, para, con sus manos sobre el colchón, una rodilla entre las piernas masculinas y la otra en el lateral, acercara su faz a la del chico, entrecerrando su mirada conforme rozaba sus labios en los ajenos, capturándolos con delicadeza, en un pequeño beso que si bien carecía de intensidad, no así de profundidad, provocando que el corazón de Momo empezara a repiquetear de gusto, y su cola demonial empezara a moverse tras su espalda, ante el delicioso bocadillo que sus labios degustaban - Vaya, vaya... sabes tan bien como el día en que te conocí -su lengua relamió sus propio labios antes de volver a besar al mayor, suponiendo que o bien podía corresponderle, quitarla o reclamarle aquellas actitudes de Señorita Cortez, antes de volver a ser tan atrevida como siempre, pero, sin embargo, esta vez se estaba limitando, no lo manoseaba, solo besaba con el deseo que contuvo todas aquellas horas en que se marcó una separación entre ambos, pero que ahora, buscaba borrar, regresando a lo que siempre fueron. Un vampiro amablemente dormilón, y una súcubo adorablemente libidinosa.

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Re: Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

Mensaje por Shu Toirumi el Lun Ene 30, 2017 9:26 pm




Empecemos donde nos quedamos
Con Momo en La mansión a las 21:10 hrs


Decir que el rubio había pasado una buena noche sería mentir por completo, después de todo, además del cansancio adicional por las compras realizadas luego del ocaso, el encuentro  inesperado con quien él creía era su antiguo amor había causado una serie de acontecimientos que incluso para él eran difíciles de argumentar. En primer lugar, momentos después de la confusión presentada, la súcubo que hasta el momento se había mostrado ante él como una verdadera acosadora dejó repentinamente de seguirle y hostigarle; de un instante a otro Momo había dejado su actitud pícara y coqueta para suplirla por una personalidad relativamente más tranquila que no dio problemas en la zapatería ni en el trascurso de la noche una vez que hubieron llegado a la mansión, de hecho, le había dando la impresión de que la menor había comenzado a ignorarle y evitarle en cierto modo.


En segundo lugar… como si el aire fuera pólvora, se había extendido el rumor de la pelirrosada caminando a las habitaciones de los sirvientes, donde se dirigió al cuarto específico del chef particular de la mansión. Según las maids –que parecían estar emocionadas con el tema al grado de haber hablado de el todo el día- la súcubo había vuelto a salir pasado el medio día y algunos testimonios de los vecinos de habitación habían dicho que no habían sido silenciosos a la hora de “jugar” juntos. Aquello no hacía más que confundirle ¿Ella no se había mostrado interesada en él desde que había sido adquirida o incluso antes? No podía negarlo, estaba enfadado y no porque ella hubiera decidido alimentarse de otra persona –después de todo el había dado tal permiso/orden- lo que le llegaba a fastidiar era el cambio de actitud repentino en la menor que al parecer no había mas que buscado sexo con él y al no conseguir nada acabo por elegir a alguien más. “Típico en las adolescentes” había pensado en un primer momento acabando por  ignorar todo lo referente al tema para evitar disgustos innecesarios, después de todo, la chica no llevaba ni siquiera una semana en aquella casa y generar una enemistad  en ese momento sería inmaduro y poco beneficioso. ¿Cómo había resulto todo? A la manera usual: durmiendo. El ojiazul había llegado a la mansión la noche anterior para casi al momento dejarse caer en la amplia cama de su habitación, permaneciendo tumbado de aquella manera hasta el amanecer. Levantarse para ir al trabajo no sería necesario por ser aquél un día de descanso, cosa que aprovecho para solo acomodar su postura de sueño y volver a dormir sin problema alguno. El vampiro ignoró absolutamente  todo lo que sucedió después: no abrió la puerta a las maids que le llamaban para desayunar y no dio respuesta a las preguntas de algunos empleados con respecto a las modificaciones del jardín -Que molestos…- murmuraba cubriéndose el rostro con las almohadas a su alrededor para apartarlas a los pocos segundos, pues le jalaban los auriculares a cada movimiento.


Toda la mañana trascurrió de aquel modo y parte de la tarde fue lo mismo; Shu se las había arreglado para que las personas dejaran de molestarle, bastó con salir de la habitación y decir que tenía un asunto pendiente, darle la vuelta a la mansión y volver a entrar a su habitación por la ventana. Así de sencillo. Ya que “el amo no estaba en casa” no tendrían que preguntarle nada más. La limpieza en la habitación solían hacerla por la noche, cuando el estaba en horario medianamente activo y no estaba dentro. Podría descansar al fin sin interrupciones aparte de las que el realizaba mentalmente y es que su cabeza no dejaba de repasar lo ocurrido la noche anterior -Si seré idiota…- había gruñido en un par de ocasiones. ¿Cómo se le ocurría pensar una locura tal como que Mika estaba viva y parada frente a él en aquella tienda?... ante sus propios reclamos, el blondo atinaba a menear la cabeza en negativa y apretar los ojos un poco más, así en repetidas ocasiones hasta que finalmente volvió a quedarse dormido. No supo cuánto tiempo continuó de aquella manera y tampoco le importaba mucho enterarse de ello; lo único que le concernía es que su sueño se había visto interrumpido por movimiento encima de la cama, algo se estaba aproximando a él. Que más da... se aclaró mentalmente estando por volver a dormir cuando la sensación de movimiento se convirtió en peso. Algo estaba sobre su abdomen y por el aroma y la textura de aquello podía adivinar sin abrir los ojos que quien le hacía compañía en la habitación no era otra persona que Momo. No separó los párpados, por el contrario tomó como opción el solo dejarlos cerrados y dar  oportunidad a la chica de explicarse por su cuenta. Las palabras que brotaron de la boca femenina iban a ser debatidas con un sencillo “No en realidad” cuando los labios ajenos se posaron contra los suyos en un suave beso que por momentos hizo su respiración se cortara. Ante tal gesto, era evidente que el Toirumi terminaría  por entreabrir los ojos observando a la menor conforme la misma se apartaba.


-Y al igual que en aquella ocasión- dijo ante el comentario del sabor que tenía -Me estás probando sin mi permiso…- terminó la frase a tiempo para recibir el nuevo beso. Si bien, no se podía decir que lo estuviera correspondiendo (porque no lo hacía en lo absoluto) tampoco podía tomarse aquello como un rechazo total, ya que sus manos no apartaban a la pelirrosada y sus labios no estaban rígidos al contacto femenino. -Es suficiente, Momo- finalmente la cortó, sujetándola por ambos hombros y enderezando su torso hasta quedar ambos sentados, uno frente al otro. Su mirada no era dura, ni mucho menos cruel, pero tampoco estaba del común “humor tranquilo” como para permitir aquellos jugueteos. Una sonrisa ladina se formo en su rostro conforme soltaba a la joven y se llevaba la diestra al cabello, peinándolo un poco hacia atrás (aunque éste volvió a su usual forma por su cuenta en dos segundos). Un largo suspiró abandonó los labios del vampiro -De verdad que no comprendo a las mujeres, son criaturas completamente misteriosas para mí- al pronunciar aquello miró a la súcubo -En determinado momento se comportan como personas normales, luego pasan a armar un escándalo entre los empleados de la mansión y al final vuelven a sus juegos de seducción…. Vaya ciclo- la sonrisa irónica se borró de su rostro y se levantó de la cama sin volverse a ella de nuevo, colocándose los zapatos y una remera (porque hasta ese momento había estado solo en pantalones) -¿Y bien?- la miró directo a los ojos -Supongo al menos tienes una explicación que darme con respecto a tu comportamiento… no soy brujo ni leo la mente para tratar de adivinar por mi cuenta.. además de que eso es demasiado trabajo- suspiró caminando a la puerta y mirando luego a la menor una vez más -¿Qué? ¿Acaso no piensas acompañarme a cenar? Muero de hambre y no quiero esperar eternamente -.


Shu no lo negaría, le había sentado mal el supuesto reencuentro con Mika y el que de pronto la pet de la casa le ignorara no había sido aún mejor. Deseaba al menos reponer un poco ese tiempo con una buena charla… quizás era por eso que, mientras andaba por el pasillo con dirección a las escaleras, una expresión de tranquilidad se dibujaba a la perfección en su rostro.



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Re: Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

Mensaje por Momo el Vie Feb 03, 2017 4:44 pm




Empecemos Donde Nos Quedamos
Con Shu en la Mansión a las 21:00hrs

Los besos de Momo continuaban, realmente deseaba hacer más cosas con Shu, pero se estaba conteniendo, principalmente por el hecho de haberle ignorado todo el día, sabiendo que de un modo u otro el rubio vampiro podría estar molesto, pero, cuanto más lo pensaba, más se daba cuenta de que aquel hombre rara vez podría llegar a fastidiarse por el hecho de haberle ignorado, porque una Momo distante significaba 0 acosos para él, que al parecer es lo que más deseaba en aquellos instantes. Sin embargo, a pesar de todo, Shu no parecía del todo molesto con sus besos, en parte el varón no estaba correspondiendo sus besos como solía suceder, pero no estaba tan inmóvil como creería, de otro modo, sus labios no serían tan suaves y fáciles de mover con los propios, aunque, a final de cuentas el varón le había separado al completo, musitando cosas extrañas respecto al hecho de que las mujeres eran complicadas, pero por las palabras que decía estaba segura de que hablaba de ella, muy raro seria que ahora comentara sobre otra mujer, cuando, según lo que Momo sabia, ella era la única quien le acosaba y había ignorado hacia no mucho.


- ¿Corderito? -murmuro tras verle levantase y vestirse, quitándole lo que para ella era una vista magnifica - Está bien, vamos a cenar -soltando una leve risita, la joven de cabellos rosados tomo el brazo del varón, caminando de ese modo con él, dirigiéndose al comedor para luego tomar asiento, percatándose de que a pesar de estar ambos juntos, el lugar se veía sumamente espacioso, dándole la sensación de que hacía falta más personas ahí, no comprendía como su amo pudo pasar tanto tiempo en aquel amplio lugar en completa soledad, aunque... tras recordar lo sucedido con la supuesta Mika más cosas empezaban a quedarle en claro, suponiendo que ella misma, en caso de haber sido una jovencita adinerada, llegándose a enamorarse perdidamente de alguien para luego perderle, se quedaría en su morada, sin desear dejar entrar a nadie más en su corazón, pero, la vida sigue y a su parecer Shu era un hombre demasiado amable como para quedarse estancado en tanta soledad - Oye Corderito... -por un segundo la chica pensaba decir sus opiniones, tal cual siempre hacia, pero la voz de Edgar corto el ambiente, solo para decir que pronto llevaría la cena, sin olvidar dedicarle a la fémina una mirada un tanto picara cuando dijo "Cena", marchándose al poco, sumiendo el ambiente en silencio hasta que finalmente regreso, depositando los platos, y al final, nuevamente retirándose - Por cierto... ¿Cuándo me pedias explicaciones referentes a mi comportamiento Shu, te referías a que me alimente de Edgar o que te ignore un poco el día de ayer? -no estaba muy segura sobre que hablaba el rubio, por ello prefería poner ambas cartas sobre la mesa, incluso llego a pensar que el chef les había oído, porque el sonido de utensilios cayendo en la cocina no le pasó desapercibido a Momo - Si es sobre Edgar bueno... no negare que me atraes Corderito, pero muerta no podre acosarte y creo que te mencione que debía alimentarme en estos tres días, y créeme que te espere hasta el último segundo, pero supongo que no te despierto el libido, al menos de momento... además él es mi amigo y dijo que podría ayudar, pero no te preocupes no pienso alimentarme de cada hombre de esta mansión, no es mi intensión crear ningún tipo de molestia... aunque claro, si tu aceptas alimentarme solo lo haría de ti -nuevamente lo miro pícaramente, en verdad tenía ganas de hincarle el diente a Shu- Pero, espero no creas que estoy buscando una relación o que mi deseo por ti es un enamoramiento adolescente... Shu, me gustas, demasiado a decir verdad, pero sería muy extraño enamorarme o algo similar a simple vista, solo que... no lo sé, por un momento pensé que me rechazabas por mi edad o porque creías que planeaba convertirme en tu pareja, créeme no aspiro a tanto -un pequeño bocado corto su monologo, sopesando que decirle sobre el haberle estado ignorando - Y si hablabas de lo que paso luego de la zapatería... digamos que tú me ignoraste primero -sus ojos de tonalidad morada, estaban algo dolidos tras recordar la manera en que Shu casi la derriba, todo por ir tras esa mujer que se parecía tanto a su difunta prometida - No es agradable que la persona con quién andas, casi te tire al suelo solo por perseguir a una mujer Shu... aunque, sabes... es curioso, cuando te vi con ella no supe que sentir -una sonrisa un tanto melancólica se había formado en los labios de Momo, si bien ella jamás se había enamorado añoraba poder sentir aquel sentimiento, y el hecho de saber que, sin importar cuanto atrajera a los hombres ellos fácilmente le cambiarían por una mujer que consideraran apta para ellos, y seguramente Shu no sería la excepción, porque, aunque ahora él decidiera aceptar y convertirse en su alimento, si otra mujer similar a su antigua prometida llegaba, no dudaría en olvidarla solo para continuar con su vida y eso, independientemente de que supiera que a la larga llegaría a pasar, no le borraba el mal sabor de boca - Como te dije antes, no pretendo nada extraño contigo, realmente me gustaría que fuéramos cercanos porque, en poco tiempo te tome demasiado aprecio, creo que eres el primero que es amable conmigo sin buscar que me acueste con él, creo que hasta Edgar actuó amable conmigo al saber la raza a la que pertenezco -nuevamente se rio, aunque su risa era más bien de aquellas en las cuales aceptas la realidad, y no por mera gracia - Supongo que... a lo que me refiero es que, cuando me ignoraste por ella, y vi tu cara, supuse que podrían tener algo o que tú la querías pero ella a ti no y bueno... te deseo con locura Shu, pero si a ti ya te atrae otra persona, créeme que no soy el tipo de mujer quien buscaría algo con un hombre quien ya se siente atraído por otra persona, creía que si me alejaba lo suficiente de ti... olvidaría ese deseo que siento y podríamos ser amigos más normales... no unos en donde yo intento violarte a cada momento del día -dijo la palabra "violar", para quitarle un poco de hierro al asunto, aun cuando sabía que las cosas no eran del todo así - Después de todo, se diferenciar bien las cosas... pero... cuando buscaba distraerme un poco de la situación, descubrí por qué fuiste tras esa mujer... encontré una foto y bueno, omitiendo detalles supe que estaba equivocada en todo y quería continuar siendo yo misma contigo -en esos momentos, Momo no estaba del todo segura de porque lo decía tan calmada, cuando, en lo más profundo de su ser estaba consiente de que quizás, estaba hablando de más, pero Shu quería motivo de su extraño comportamiento, y ella debía dárselos - Pero si en verdad no te agrada, y quieres que sea distante contigo... supongo que puedo volver a ser así, aunque claro, por mi parte me agradaría seguir como siempre -su pierna derecha había pasado a acariciar la del varón, rozándole suavemente de abajo hacia arriba, y viceversa, cortándose todo al escuchar pasos presurosos acercándose y al poco tiempo una presencia femenina de rubios a quien Momo no estaba segura de conocer, haciendo que sus ojos viajaran hasta la faz de Shu - ¿Corderito... quien es ella?


El rostro de Momo, su curiosa manera de actuar y sus previas declaraciones, todo parecía compaginarse para crear la tormenta perfecta, dentro del hogar Toirumi.

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Re: Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

Mensaje por Shu Toirumi el Jue Abr 13, 2017 8:01 am




Empecemos donde nos quedamos
Con Momo en La mansión a las 21:25 hrs


Con prontitud su caminata por los pasillos de la mansión se veía acompañada por la presencia femenina que se aferró a su brazo. Suspiró sin decir nada, simplemente continuando con la trayectoria hacia el comedor donde podría cenar; sobró decir que más de una maid le miró extrañada ante la visión del amo "ausente" que además se mantenía a un lado de la súcubo que tanto había dado para hablar aquel día; el rubio ni siquiera se molestó en dar explicaciones: aquellas personas no las merecían y hablar de todo aquello sería como condenarse a seguir en la boca de todos.... además, gastar voz era un trabajo que no le apetecía realizar en aquel momento. Ocupó su lugar en la enorme mesa de madera y aguardó a que la menor se sentara a su lado, como había tomado por costumbre en los escasos días que llevaba habitando la casa, su mirada pronto terminó posada sobre la ajena, en espera de que las palabras que la joven pronunció tuvieran pronta continuación... cosa que no sucedió gracias al inoportuno grifo, que apareció haciendo el anuncio de la comida en compañía de pequeños mensajes ocultos para la de cabellos rosados.


Los momentos siguientes fueron confusos y en cierto modo cómicos a la vez; para el vampiro el sonido de la loza cayendo en la cocina fue como una pequeña porción de gracia en lo que hasta ese momento había sido un día de aburrimiento. -Creo pertinente comentar ahora que no me interesa en lo absoluto la alimentación particular que requieres... al menos no en el sentido que incluye conocer a quien funciona como tu plato principal. Yo te dije que te alimentaras de cualquier empleado que desearas así que me confunde el que ahora inquieras sobre si las explicaciones que pido se relacionan a ello....- suspiró. Dada esa intervención, no fue necesario que pronunciara más de ahí en delante: Momo se había encargado de arrastrar a la conversación todos los puntos que el vampiro había querido tratar en un momento ¿Ella se había dolido por su supuesto reencuentro con la castaña? Vaya, parecía tener sentido común después de todo; Shu hasta aquel momento había dudado si la joven conocería algún límite a la hora de acosar a alguien o simplemente se guiaba de su gusto y deseo sin prestar atención a nada más. Había estado tranquilo todo es tiempo, escuchándola, con los ojos fijos sobre su rostro, solo separándose para mirar la comida que se llevaba a la boca cada tanto; aquella conversación estaba resultando normal, al menos de forma relativa: hablaban -más bien, ella hablaba- sobre el deseo existente hacia el Toirumi y sobre las causas que, en un primer momento, habían impedido a la más joven continuar con los intentos de "allanamiento corporal". Sin embargo, en cuanto la chica alegó conocer los motivos por los cuales Shu había perseguido a la falsa Mika en la zapatería, éste casi se atraganta con lo que estaba masticando. Fue necesario que el vampiro bebiera algo de agua para terminar de pasar el bocado, centrando sus ojos azules en los violetas de Momo, serio, algo intranquilo... si la pelirrosada pudiera leer la mente de las personas, se habría dado cuenta de que en aquel momento el mayor estaba asesinando mentalmente a quien había abierto la boca demás. ¡Podía imaginarse la escena! Ella encontrando la foto y preguntando por la joven que aparecía al lado y el sirviente inepto relatando la relación no consentida entre el amo y la joven cuervo, la intervención del jefe Toirumi de aquella época, el incendio y la muerte de su prometida... su rostro se había puesto pálido y por segundos no supo que palabras articular para no delatar del todo su incomodidad con el asunto -.... bien.. si dices saber el motivo por el que perseguí a la mujer en la tienda, entonces supongo será más sencillo para ti excusarme por ese comportamiento. No pretendí empujarte, lamento eso- pidió disculpas sólo por aquello, el haberla ignorado no estaba fuera de lo común así que a ello le restó importancia (además, intentaba desviar el tema de lo relacionado a Mika) -Ahora comprendo un poco mejor el por qué de tu actitud después de ese acontecimiento.... vaya que las mujeres son sensibles: te empujo por accidente y decides dejar de dirigirte a mi y evitarme por todo un día- meneó la cabeza en negativa, un tanto divertido mientras intentaba molestar un poco a la chica.


Su plato estaba casi vació por ese momento, quizás en dos bocados más habría concluido la cena; Su cubierto tomó una pequeña porción y estaba por meterla en su boca cuando una presencia familiar le alertó, la comida volvió rápidamente al plato mientras el vampiro se ponía de pie casi al mismo tiempo en que el eco de pisadas se detenía frente al comedor, mostrándose la rubia mujer de elegantes vestimentas ante él y Momo. No pronunció palabra alguna, solo la miró con la seriedad típica en el, respirando calmado sin apartar su mirada de los penetrantes ojos azules de la dama recién llegada que no aparentaba superar los 30 años de edad -Vaya...que descortés... ¿Acaso nadie te enseñó que antes de llegar a una residencia que no es la tuya debes llamar al dueño de la misma?- inquirió frío -No es un buen momento... agradecería que te fueras- gruñó un poco. Sin embargo, ante ese comportamiento que para cualquiera sería algo grosero, la mujer no hizo más que reir suavemente y mirarlo con cierto desafío y a la vez gracia -Araaaa... vengo a verte y sin importar cuanto tiempo deje pasar entre visita y visita ¿Sigues repudiándome?- bromeó mientras, de un segundo a otro, aparecía cerca del rubio, abrazándolo contra su pecho afectuosamente y besando su rostro en repetidas ocasiones -Cariño mío, con ese mal genio te quedarás solo el resto de tu larga y perezosa vida... mírate nada más ¡apostaría mi mano derecha a que despertaste hace poco!- mientras hablaba le acariciaba el rostro y le revolvía un poco el cabello. El grifo que había permanecido todo ese tiempo en la cocina no demoró en acercarse a la mesa y situar en el puesto continuo al del amo un nuevo plato con comida para la recién llegada -Shu, tesoro, no te revuelvas tanto, un poco de afecto no te vendría mal ¿Sabes?- afirmó la mujer, mirando con fijeza al rubio antes de posar su atención en la joven que estaba en la misma estancia. Sus ojos la recorrieron con sutileza y una sonrisa se posó en su rostro, dirigiéndose de nuevo al frustrado vampiro que en ese momento hacia planes mentales para escaparse -Vaya... si eres todo un pícaro; estar compartiendo tu amor con dos mujeres a la vez. No tienes vergüenza- sonrió, estrujandole un poco más antes de tomar su puesto frente al plato que le habían servido.


Shu le miró con dureza, enfadado por su actitud tan melosa; tanto ajetreo ni siquiera le había dado oportunidad de responder a las cuestiones de la pelirrosada, que seguramente ya estaría sacando sus propias conclusiones por lo dicho antes por la recién llegada -Momo...- llamó la atención de la chica buscándole la mirada -Te presento a la única persona que me acosa más que tú incluso.. mi madre- miró a la rubia que le sonreía de lo más alegre a la de ojos violetas -Madre... ella es Momo, nueva empleada de la mansión...- presentó también a la sucubo. La mayor sonrió inclinando la cabeza a modo de saludo -Un placer conocerte, Momo... te pediré disculpas en lugar de mi hijo si este se comporta algo distante. Déjaselo pasar, es un gruñón con todo mundo; seguro un caramelo como tú no tendría porque soportarlo... aunque te sugiero lo conozcas bien, tiene su lado tierno después de todo- le guiñó el ojo a la pet luego de haber dicho eso -Madre... basta- gruñó de nuevo el amo de la casa, dejando caer la cabeza sobre su mano, doblada sobre la mesa a modo de soporte para su mejilla. Tal parecía que de verdad aquel día (o lo que quedaba de él -contando la noche-) sería bastante largo si aquella extraña mujer que se hacía llamar su progenitora permanecía en la mansión.


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Re: Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

Mensaje por Momo el Vie Abr 28, 2017 9:25 pm




Empecemos Donde Nos Quedamos
Con Shu en la Mansión a las 21:00hrs

La presencia de aquella rubia en la estancia había sido algo sorpresivo para la súcubo, pero no negaría que el aroma que desprendía, tan familiar al de Shu, le habían dado una idea clara de quien se trataba, o al menos presuponía que era su pariente.  Pero aun tras saberlo, no negaría que no podía dejar de sorprenderse por la forma en que estaba mimándole, siendo que al vampiro rara vez le agradaban aquellos actos tan afectivos, bien lo sabía ella que día tras día buscaba ganar terreno en aquel mundo inexplorado que era ese hombre, pero, volviendo al tema principal de aquella velada, finalmente la mujer fue presentada como la madre de su amo, despertando la incertidumbre de la pelirrosada, es decir ¿Cómo una mujer tan alegre, tenía un hijo tan dormilón y serio? Momo quería saberlo, investigar más a fondo a su tan querido amo, a quien… ¿Debería tratarlo como su empleador o como lo que era en verdad, su total y completo dueño tras haberla comprado?

Shu le había presentado como una empleada más de la mansión, sin embargo tanto ella como él sabían que las cosas no eran así, o al menos no completamente de esa manera, no por nada la chica estaba tan apegada a él, sentada en la mesa, comiendo codo a codo, cuando el resto de las empleadas –y uno que otro miembro del sector masculino – se morían por hacer lo mismo. Él le había comprado con un propósito, y aunque intentara hacerlo ver de otra manera esa era la realidad, y Momo, meramente debería seguir el juego aquella noche, porque si su amo no debelaba que era una mascota, sus motivos tendría y ella no era nadie para cuestionarle, pero no por ello, dejaría de divertirse con el mayor.


- Vaya corderito, así que es tu madre –la rosada estaba encantada con la idea de conocerla, incluso tuvo que medirse para que su cola no saliera a relucir ante la sorpresa - Es un placer conocerla, señora Toirumi –haciendo gala de los modales que en su niñez le enseñaron, la menor se levantó de la mesa, haciendo una ligera reverencia ante la recién conocida - Como el lindo corderito dijo –no pensaba dejar el apodo, Shu afirmo que su madre le acosaba más que ella, entonces si el acoso estaba en el contrato, no iba a dejarle de lado - Actualmente estoy trabajando en la mansión para él, mi nombre es Momo y espero sepa disculpar que no tenga mucha experiencia en este ámbito, y que mi edad no le afecte –no dudo mucho en acercarse al vampiro, tomándolo del brazo para que no se escapara - Pero su hijo es una dulzura como usted dice, me deja trabajar aquí y es bastante amable conmigo aunque no lo parezca, porque ¿Qué otro amo de una mansión como esta, dejaría a una huérfana como yo, trabajar para él? –los ojos de la chica no dejaban de ver al vampiro, sabía que luego se las cobraría con ella, pero de momento, tenía que explicar porque una niña de  16 años estaba en ese lugar, supuestamente trabajando para él a tamañas horas en vez de estar en su hogar con su propia familia, porque dudaba que la mujer se tragara la historia de que fuera la hija de algún empleado, seguramente esa vampira tenia a toda la nómina de Shu memorizada - Si fuera un poco más amable, terminaría enamorándome de él –rio suavemente, y otro plato cayo en la cocina, haciendo bastante ruido, seguido de unas cuantas maldiciones - Creo que Edgar está muy distraído hoy –ladeo su cabeza curiosa, como si así consiguiera ver lo que el pelinegro estaba haciendo, pero, en menos de unos cuantos segundos, su mirada volvía a estar en la mujer de elegante porte, más precisamente en la zona de sus pechos que poco antes habían estrujado a Shu, y el aroma que ella desprendía, y no, no es que Momo estuviera planeando comérsela ni nada similar, simplemente trataba de imaginar lo que sería tener una madre amorosa como ella, que te abrazara y mimara al grado de intentar escapártele, ella no había tenido nada de eso durante su infancia, solo recordaba los castigos, el encierro, las clases que iniciaban muy temprano y acababan tarde en la noche, los te quiero y te amo que solía decir sin obtener respuesta alguna, sumados al deseo por que su familia realmente le quisiera como en aquellas historias de cuento de hadas, pero, por sobre todo, recodaba como desde su pequeña ventana, veía el exterior, ansiando poder salir y conocer todo lo que solo anhelaba en papel, pero que se le negó año tras año, hasta que aprendió como convencer a ciertos hombres, para que te dieran no lo que querías, sino, lo que realmente necesitabas para subsistir - ¿Eeh? –parpadeo un par de veces volviendo a la realidad, no supo quién dijo su nombre, pero sí que eso fue su cable a tierra - Lo lamento, me perdí en mi mente… es solo que… –sus ojos violetas se posaron en Shu, y después en su madre - Siempre quise tener una madre que me abrazara como usted hace con Shu –sencillamente no había podido evitar decir aquellas palabras, algo en la mujer despertó su lado infantil necesitado de amor y afecto, aquella parte de su ser que rara vez mostraba al mundo y que Shu aun desconocía, o quizás, se había dado una idea aquella noche en el salón de música, cuando le ofreció el que pudiera estudiar y un sinfín de cosas más que para ella representaban una gratitud infinita para con el vampiro - Es que, en verdad tiene un aura maternal que me hacen pensarlo –no supo muy bien que decir, o cómo actuar en aquellos momentos, se sentía bastante vacía, con aquella necesidad que hacia añares no tenia, ese sentimiento que se describía como melancolía, pero una sin fundamentos, porque ¿Realmente se puede extrañar, lo que nunca se había tenido?

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Re: Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

Mensaje por Shu Toirumi el Dom Jun 18, 2017 4:27 am




Empecemos donde nos quedamos
Con Momo en La mansión a las 21:50 hrs


El rubio necesitaba arreglárselas para superar aquello de la mejor manera posible, su madre era completamente lo opuesto a él con respecto a energía y entretenimiento. Una mujer demasiado activa que intentaba hacerle ser igual en ese aspecto no era la mejor persona del mundo... al menos no en su opinión. No había que malinterpretar el asunto: Shu amaba realmente a su madre, era la única mujer que le había mostrado una cara amable cuando estaba en problemas y una de las pocas personas que siempre tuvo esperanza en él cuando todos los demás lo veían como un caso perdido. Sin embargo, los mimos no era exactamente el mayor gusto del vampiro.  Mientras la mayor hablaba y se presentaba de nuevo con la súcubo, el se las arreglaba para buscar una manera de escaparse de ambas, pues en cuanto su madre escuchó el exageradamente meloso apodo que la pelirrosada le había puesto a él, no había cesado de dirigirle cada un par de segundos miradas picaras, con una ceja enarcada como si le dijera en silencia "Así que corderito ¿Eh?". Gruñó en voz baja, dirigiéndose a la pet con una mirada un tanto sombría -Ya ha sido suficiente de ese sobrenombre, Momo... no deberías abusar tanto de él- dicho eso volvió a caer en el silencio, rogando a la suerte, la fortuna, o a lo que fuera porque la conversación entre ellas dos no llegara a puntos demasiado peligrosos para su persona.


En un principio no se había percatado de las mal-interpretaciones que conllevaba el decir que momo era una empleada común de la mansión; todas ellas llegaron a su mente en cuanto la menor comenzó a explicarse a partir de historias sobre orfandad y caridad.

Si bien, Shu había presentado a Momo como una empleada ordinaria de la mansión antes que como una pet que había comprado en el mercado ilegal, tenía sus motivos para ello: en primer lugar, el blondo se encontraba entre las personas de aquella isla que aún con el pasar de los años estaban en contra de la categorización de individuos de acuerdo a su posesión de bienes. Por otra parte, el haberse comprado a una chica para mera compañía, sumando a todo la raza de la misma, la edad y explosiva personalidad podría hacer que cualquiera le tomara como alguien de mente retorcida. Sumido en esos pensamientos, solo volvió a la realidad cuando la súcubo mencionó algo referente a "Amor" y los utensilios volvieron a chocar contra el suelo en la cocina, comprobando la teoría del rubio respecto a cierto cotilla en las conversaciones ajenas. No le prestó atención a aquello y decidió aprovecharlo como oportunidad para escaparse a la seguridad de la sala de música, a su oficina o a la biblioteca de la mansión, donde fuera que quedara fuera del cariño de ambas féminas. Sin embargo, su madre pareció darse cuenta de su intento de escape y decidió hacer algo al respecto; antes de que el varón se diera cuenta, su muñeca estaba fuertemente atada con sangre sólida a la silla de su progenitora, que le observó de reojo sonriendo -Shu, intentar marcharte cuanto tienes visitas es de muy mala educación ¿Que acaso no te enseñé modales?- dijo ella divertida, generando un nuevo gruñido en su hijo que terminó por dejar caer la cabeza hacia atrás, como si quisiera recostarse en la silla (aunque no podía hacerlo por la altura del respaldo, que era demasiado bajo) -Vamos, vamos, siéntate derecho, cariño. Cerca de cumplir doscientos años y sigues comportándote como un niño a veces- le reprendió la fémina al notar su postura, pellizcándole una mejilla para hacerlo obedecer. Shu apenas podía creerlo, ella le regañaba por actuar inmaduramente pero seguía tratándole como un pequeño después de todo -No son doscientos años aun... faltan más de treinta para eso...- se quejó apartando el rostro del tacto ajeno, aunque aquello duró poco: su madre lo había vuelto a apretar contra su pecho -Y deja de pellizcarme, tu eres la que actúa como si yo siguiera teniendo diez. harás que Momo pierda aun más el sentido de res...- se interrumpió a si mismo al notar a la menor completamente ida. Intercambió una mirada con la mujer adulta, que también se había quedado observándola con curiosidad. La pelirrosada no tenía el mismo aspecto de tranquilidad o seriedad, más bien, parecía estar soñando despierta, mirando a un unto fijo en la mesa como si se hubiera desvanecido del presente -Momo- la llamó el rubio con su típica seriedad, aunque algo confundido en un primer momento -Momo, linda...- al ver que ella no respondía, la Toirumi había decidido llamarla también aunque no obtuvo respuesta -Momo- Shu volvió a nombrarla, esta vez pareciendo sacarla del lago mental en el que se estaba hundiendo. Se observaron mutuamente y pronto recibieron explicaciones por parte de la súcubo ¿Amor de madre? Shu lo comprendería mejor si llevara un poco más conociéndola, pero no conocía absolutamente nada de su pasado, llevaban muy poco tiempo en convivencia, después de todo.


Mientras el chico se planteaba aquello, su madre ya estaba completamente roja de las mejillas, con los ojos acuosos y los labios humedecidos -Momo... snif- parecía al borde del llanto y quizás demasiado conmovida por aquello no demoró ni tres segundos en levantarse de su sitió para acercarse velozmente hacia la menor, enredándola en sus brazos y frotando su mejilla contra la ajena -¡Momo eso suena muy triste! ¡No tener quien te mime!- había comenzado a llorar un poco y apretaba con más fuerza a la menor contra su pecho, acariciándole los cabellos y aún restregándole su mejilla. Sobra decir que en ese momento la expresión del jefe Toirumi era digna de una pintura: shockeado por el cambio de actitud de su madre, el repentino llanto y la cascada de mimos hacia Momo le hicieron paralizarse momentáneamente.... y si, solo de momento, porque instantes después se percató de que la distracción de su madre en cuanto al tema emocional había generado que la atadura en su mano desapareciera y así, sigilosamente para no interrumpir el cariño de ambas, se fuera flotando levemente sobre el suelo hasta salir del comedor. Aquello era perfecto: la pelirrosada anhelaba cariño maternal y su progenitora estaba más que basta de él, podrían llevarse de maravilla en su opinión. Subió las escaleras igual que como había salido de la habitación, sin tocar el suelo, todo con tal de evitar ruido, distracciones y más mimos exagerados hacia él; necesitaba al menos un momento de soledad y por ello terminó buscando las habitaciones más apartadas en aquella mansión, esas que solían usarse únicamente cuando había visitas (lo cual no era muy frecuente). Subió al tercer piso y atravesó varios corredores hasta la estancia en la que descansaría por los próximos instantes... porque aun cuando llevara poco más de una hora despierto, entre la conversación referente a su pasado con Momo, las disculpas por lo acontecido en el día previo y la excesiva "amorosidad" de su madre, el rubio necesitaba un poco de descanso para seguir vivo. Se tendió en el primer sofá que encontró sin siquiera quitarse los zapatos, sólo subiendo el volumen de su reproductor para sumirse en la música y, posteriormente, en el sueño.

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Más abrazos y un par de besos en las mejillas eran los que obsequiaba la elegante mujer a la empleada que les acompañaba en la mesa; si bien, se caracterizaba por ser una mujer seria ante la sociedad, inteligente y culta, no podía evitar que su corazón se ablandara en extremo ante la triste imagen de la pelirrosada sola de niña, llorando sin que nadie la atendiera, abandonada quizás en las calles de donde su queridísimo hijo la había rescatado probablemente porque si bien, sabía que su hijo era frío y de pocas palabras, estaba más que segura que no era del tipo de persona que simplemente ignora el mal de otros -Estoy segura de que a partir de ahora tu vida será mucho mejor, trabajando aquí podrás progresar y Shu ayudará a que...- al haber nombrado al varón, se había vuelto hacia su asiento, notando la ausencia del rubio inmediatamente. Soltó a Momo y despacio caminó hasta la silla vacía del rubio -Ups... creo que se me escapó...- susurró antes de volverse hacia la menor -Bueno, supongo que ahora podremos tener una charla de chicas como corresponde, pero ¿Que te parece si la tenemos mientras buscamos a ese vago? No pienso perdonarle que haya huido de su madre así de la nada- agregó aquello con una sonrisa ligeramente sombría, volviendo a su cara de tranquilidad a los pocos segundos -Momo~ quisiera que me contaras desde cuando trabajas para Shu y cual es tu diferencia con los demás empleados para que tu te encuentres comiendo a su lado, tengas la posibilidad de acosarle (cómo él dijo) y le llames corderito... no creo que mi hijo sea taaaaaan amable como para dejar que cualquier persona le dedique tantos mimos y miradas- sonrió, después de todo ella no era ingenua y podía darse cuenta de algo aunque el vampiro y la sucubo le dijeran lo contrario -¡Bien! busquémoslo juntas, Momo- dicho ello, tomó la mano de la menor y la hizo ponerse de pie y comenzar a andar a su lado en dirección a la puerta de aquella estancia -¡Gracias por la comida, Edgar! Y procura cuidar tus modales y no estar espiando a las personas desde detrás de la puerta- se despidió del grifo también, observándolo salir de la cocina para recoger los platos vacíos de la mesa -Lo tendré en cuenta, señora Toirumi...- inclinó la cabeza en una tenue reverencia antes de verle salir por completo en compañía de la sucubo, a quien le sonrió antes de volverse a la cocina.


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Re: Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

Mensaje por Momo el Miér Jun 28, 2017 6:06 am




Empecemos Donde Nos Quedamos
Con Shu en la Mansión a las 21:00hrs

Muchas cosas le habían pasado a la súcubo desde que inició su vida con Shu, demasiadas para contarlas en realidad, pero, jamás llego a creer, en ninguna ocasión, que la madre de este se volvería tan maternal con ella, luego de escuchar sus más profundos deseos que solo eran la punta del iceberg, porque muchos deseaban oro, joyas, una buena posición económica, mujeres y hombres por montones, pero para Momo, su más grande ilusión se formaría cuando tuviera una familia, no aquellas ficticias donde los hombres que estuvieron en su vida le ofrecieron, diciendo que la adoptarían para que así pudieran jugar a la "casita" ya que ¿Cómo perderse la oportunidad de llevarse a la cama a la mujer que podía cumplir sus fantasías y solo pedía a cambio cariño? aunque claro, esas fueron las suposiciones de esos idiotas que pensaron la mente de la menor era tan manipulable como suave podría ser un malvavisco, pero a todos y cada uno les rechazo, después de todo en esa época Momo solo jugaba con los hombres para conseguir alimento, aprendiendo lo que era el arte del engaño, todo fuera por mantenerse con vida.

Sin embargo, lo que la madre de Shu le estaba otorgando no era una ilusión, no era aquella pantalla de humo que la súcubo tanto odiaba. No. Aquello era genuino, único y tan real como el aire que se necesita para respirar, y eso la menor podía saberlo, estaba escrito en su dulce calor, en las suaves palabras que solo una madre podía darte, en las cálidas lágrimas de angustia que habían tocado la piel de la pet, todas y cada una, muestras reales de afecto que ablandaban mas y más la coraza que Momo siempre creyó, había construido alrededor de su corazón.


- Gracias... -suave y apenas audible, tal como lo eran las cálidas brizas que traían consigo susurros y deseos de seres lejanos, así había sonado la voz de Momo, siendo avasallada por el torbellino que era aquella vampira, sin embargo, no podía hacer más que sonreír ante sus actos, siguiéndole sin rechistar, después de todo ella le había entregado algo sumamente valioso y debía devolverle el favor, sin embargo, en cuanto abandonaron la seguridad del comedor, iniciando el recorrido en búsqueda de Shu, empezó a creer que estar tanto tiempo sola con aquella mujer, sin un plan de batalla previo, no era buena idea. No, si deseaba mantener el aparente secreto de que era la mascota de aquel hombre - Aam... Señora Toirumi -musito siguiéndole, notándose por primera vez tímida, y no porque lo fingiera, realmente no quería hacer nada para que una mujer tan cálida le odiara, pero a su vez, los nervios por envenenar la visión del vampiro con su madre le hacían pensar a mil por hora - No llevo mucho trabajando aquí... en realidad aun no cumplo la semana -no podía mentirle en ese punto, porque si se equivocaba de fecha, la mujer seguramente lo sabría ya que Momo no tenía idea cuan frecuentes eran las visitas de la mayor, o cualquier otro tipo de situación que pudiera ponerle al descubierto - Y lo de sentarme con Shu, o acosarle... no estoy muy segura de porque me deja, yo solo lo hago... aunque a veces se molesta y me aparta, sobre todo si es en público -el recuerdo de intentar mantener relaciones en el probador de la tienda, retomo a su mente, pero eso era algo que la vampira no debería de saber - Y supongo que el tratarle así, es lo que le lleva a dejarme estar en la mesa... pero ¿No sería mejor preguntarle directamente al Corderito porque me permite hacerlo? -sin realmente desearlo aquel apodo había salido de sus labios, aun cuando sabía que era mejor no llamarle de aquella manera estando en presencia de la elegante dama, peor aún fue el hecho de que Momo empezó a guiar el camino, tenía una idea de donde estaba Shu y esas sospechas aumentaron al percibir el aroma de su amo en los rincones más alejados de la mansión, aquella zona que según se entero estaba reservada para los huéspedes que nunca iban a la morada - Seguramente esta durmiendo ahora, siempre duerme, es casi como si fuera su deporte favorito y tuviera un record mundial -rio de manera tenue, no podía negar que estaba encantada con el rubio, porque sin saberlo su cariño se había ido convirtiendo lentamente en algo más, un algo que le hacía desear estar a su lado con todo su ser, pero aquello, era un secreto que era mejor esconderlo, hasta de ella misma - Usted dijo que quería tener una charla de mujer a mujer conmigo ¿Verdad? Entonces señora Toirumi... ¿Qué es lo que desea saber? - puede que aquello se volviera espontaneo, irrelevante o sorpresivo para quien sea, pero, Momo sabía que la única a quien podía preguntar cosas para aprender más de su amo era ella, y quizás... algún día, podría terminar de descubrir quién era la Mika que el rubio idolatraba al grado de hacerle sentir preocupada de perderle, por más que esa mujer ya no pudiera arrebatárselo.  

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Re: Empecemos Donde Nos Quedamos [Priv. Shu]

Mensaje por Shu Toirumi el Dom Ago 20, 2017 10:36 pm




Empecemos donde nos quedamos
Con Momo en La Mansión


La rubia mujer no necesitaba ser una detective para entender los gustos e intereses de aquel a quien había traído al mundo, más cuando había estado a su lado por tantos años aún cuando aquello era extraño para todo el mundo; por tanto, las palabras de la sucubo a su lado no le resultaron sorpresivas o novedosas en ningún sentido -¡Oh si, linda! Estoy doscientos por ciento segura de que ese vago ya se fue a dormir a algún lado donde nos cueste un poco encontrarlo... o al menos eso quiere creer él. Piensa que todos somos tan perezosos como él para desistir de caminar más de lo necesario. Supongo que es también parte de mi culpa el que ahora se planteé dos veces las cosas si tiene que levantarse de donde este tumbado para ello- sonrió ante su propia broma, cruzando su mirada con la ajena mientras tarareaba un poco, despreocupada por lo que sucedía a su alrededor. Reflexionaba sobre todo lo dicho antes por Momo, juntando las piezas que cada frase otorgaba para armar una idea general sobre el curioso comportamiento de su hijo hacía la menor. No lo negaría, ya en ocasiones anteriores Shu había optado por invitar a empleados a cenar con él, únicamente para no sentirse solo... Ella le había repetido que podía quedarse en la mansión principal a su lado para evitar ello, pero estaba segura de que al varón no le había hecho gracia el saber que viviría bajo impetuosas muestras de afecto a cada momento -Hay que ver- negó con la cabeza divertida, deteniéndose en una especie de sala de descanso cerca de uno de los ventanales del segundo piso, una sala de concepto abierto con algunos sofás, sillas y macetas alrededor; si no se equivocaba, lugar en el que su hijo solia sentarse a leer en ocasiones o a practicar cuando no le apetecía hacerlo encerrado en su estudio -Quedémonos aquí un momento, Momo, para que podamos tener una charla adecuada- instó a la chica, tomando asiento ella primero y observando la noche estrellada por los amplios cristales, a cierta distancia se veía también el gigantesco grupo de luces que suponían la ciudad de Berlín. Inspiró y tranquilamente se dirigió de nuevo a la joven, con semblante sereno -no te preocupes por nada, estoy segura de que Shu no morirá si dejamos de buscarlo un poco para estar más cómodas, de hecho, tal vez nos lo agradezca- sonrió y apartó la mirada de nuevo, como si buscara perderse en la distancia.


Los segundos transcurrieron uno tras otro en un silencio provocado que la vampiresa no consideraba incómodo, más bien, estaba calculando que decir a continuación -Espero que no hayas tomado a mal el cariño que demostré en el comedor, linda. Y tampoco quiero que pienses que soy una vieja chiflada, cualquier cosa que te diga Shu de ello es parte de una artimaña de venganza... lo que quiero decir es. Los Toirumi... o al menos los que vivimos ahora, no somos del tipo de personas que creen que hay que fijarse en quién es el sujeto externo para decidir si podemos ser buenos con el o ella. Lo que sucedió hace minutos... no negare que es algo duro de huir que alguien como tú, tan joven y bonita, haya tenido que crecer privada de una madre... y se que acabas de conocerme y que sería extraño pedirte que me consideres una porque eso es imposible- suspiró -Pero, al menos te diré que no dudes en comunicarme lo que te aqueje si consideras que yo podría ayudarte de algún modo- volvió a regalar una sonrisa a la sucubo y entrecruzó los dedos de sus manos sobre su regazo -Ahora si, tengamos la charla a la que quería llegar- esta vez su sonrisa fue algo pícara -Si bien, antes dije que Shu tenía sus maneras para pedir compañía sin aparentar necesitarla demasiado, es curioso que te lo haya pedido a ti cuando tienes un aroma que me es familiar en exceso. Que raro ¿Verdad? Yo juraría que te conocí hace un rato apenas y sin embargo tienes el mismo aroma que el empleado de la cocina que lleva trabajando un décadas en esta mansión- arqueó una ceja al tiempo que reía brevemente -Vaya que eres traviesa, ni una semana aquí y ya poniendo de cabeza el mundo de los muchachos, nada mal Momo- lo dijo como si le apremiara, aunque no era eso con precisión -Ahora, te dire lo que me es curioso con eso: Shu no suele continuar permitiendo compañía cercana de quienes tienen aroma de alguien más... más si ese alguien es Edgar a quien en realidad contrató como mero favor hacia mí- soltó, dando a entender a la menor que había identificado perfectamente las pistas hasta el momento.


Sus ojos volvieron a posarse en el exterior, relajada en apariencia aunque una sonrisa de satisfacción se mostraba en su semblante -Te he dicho todo eso porque hay algo que me hace sentir muy feliz: las madres tenemos peculiar habilidad para identificar cuando nuestros hijos guardan cierto sentimiento en su interior y quisiera preguntarte ¿Que hiciste para que Shu se comporte así? ¡No me malinterpretes!- se apresuró a agregar, aun serena -No estoy del todo segura pero podría jurar que mi lindo tesoro esta planteandose dejar de lado su vida de amargado- al final se quedó callada y luego, perdiendo todos los atisbos de seriedad, comenzó a mover las piernas en una especie de pataleta, inflando las mejillas y quejándose entre murmullos mientras meneaba su cabeza de un lado a otro -¡Mooooo ¿A quién quiero engañar?! En realidad no estoy segura de lo que le pase por la cabeza hacia ese bajo pero..- miró a Momo y atinó a sonreír de lado una vez más, esta vez algo melancólica -Pero quisiera creer que esas actitudes son porque al menos una parte de su corazón quiere volver a reconocer el cariño- admitió suspirando y quedándose quieta de nuevo, armando un plan que no demoró en comunicar a la pelirrosada -Quizas tu podrías ayudarle un poco con ello; Momo... no te pido que lo engañes o lo enamores. No. Pero quizás podrías ayudarle un poco a dejar esa actitud desinteresada para que entienda que estar solo no es bueno. No quiero que termine como yo después... aunque vamos, tampoco estoy tan mal y soy relativamente joven. Me refiero a solo, pensando en las cosas que no hizo en el pasado- suspiró y posó sus ojos claros sobre los violetas de la joven frente a ella -Si el te dijo acosadora solo puede significar que eres linda, persistente y seguramente mucho más activa de lo que él podría ser en un mes junto- aseguró -Tal ves podría decirte qué tipo de mujeres le gustan y así tu puedas averiguar si encuentras a alguien... no lo se, a menos que tu desees intentar querida~ A ver... suelen ser mujeres inteligentes, amantes de la música, divertidas y... eh...- se llevó las manos al rostro -Ahh...en realidad tampoco estoy segura de eso, creo que no es del tipo de chico que le cuenta a su madre como son sus citas... aunque si no me equivoco el señor en cuestión no ha tenido citas en muchísimo tiempo. Solo salidas comunes- en su voz un deje de frustración se mostraba ante la Deviluke, esperaba no estarla asustando con todo aquello pero alguien tenía que preocuparse por Shu de manera sincera, alguien además de ella, su madre.


La señora Toirumi no intentaba manipular a los cercanos a su hijo ni mucho menos, solo recurría a quienes creían podían hacerle cambiar su perspectiva del mundo, ese punto de vista tan gris, desinteresado y frío que el varón había tomado desde que las cosas más importantes para él habían quedado reducidas a la nada. Necesitaba verlo completamente feliz otra vez, recordar el aspecto de las sonrisas sinceras de Shu y el sonido de su risa cuando esta era de tranquilidad y no de sarcasmo o burla... quería que su hijo viviera ocupado en algo más que la música y el sueño -Bueno...- en medio de esos pensamientos había estado buscando otras opciones para armar a la sucubo para la batalla -Creo que también el conocer cosas secretas de él podría serte útil- sonrió y levantó una mano haciendo ademán de enumerar con los dedos lo que diría a continuación -Shu habla dormido: puedes preguntarle algo y el lo responderá con sinceridad, eso la mayoría de las veces, otras ni siquiera te escucha. Le gustan mucho los perros y mientras más esponjado sea un cachorro menos duro se vuelve él y más le cuesta intentar pasar de lado sin al menos acariciarlo...De niño tenía un amigo imaginario que se llamaba Duddy y según el lo llevaba a todos lados consigo... Babea cuando duerme de lado.... De pequeño una vez por intentar escapar de lecciones de francés se atoró en una valla de alambre y su pantalón se rasgo, tuvo que ingeniárselas para entrar a su habitación sin que lo viera ningún empleado...- uno tras otro, fue diciendo cosas desde temores (el fuego) hasta causas de risa, anécdotas cortas, costumbres y manías -¡es un gran pervertido aunque intenta simular lo contrario! hubo una época en que le descubrí con unas revistas de lo más reveladoras y... ¡Kyyya!- en ese momento, al lado de la rubia cabeza femenina había pasado un libro, que acabo estrellándose de lleno en la pared, llegando a incluso agrietarla un poco. El autor de aquello no era otro más que el vampiro tema de la plática, quien miraba a su progenitora con el entrecejo fruncido en una especie de molestia que incluso asomaba a través de su rostro de aparente desinterés -Que molestia.... simplemente pasaba de regreso por aquí para saber si te habías marchado y te descubro hablando de idioteces sin sentido con terceros... ¿No crees que eso es muy bajo, madre?- la miró aún enfadado, al parecer no le había hecho nada de gracia pasar por la escena justo cuando la Toirumi parecía entretenida en revelar secretos ajenos a quien acababa de conocer.



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