Lo mejor viene en envase pequeño... ¿O era lo peor? (Priv.)

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Lo mejor viene en envase pequeño... ¿O era lo peor? (Priv.)

Mensaje por Donnie el Mar Nov 29, 2016 7:59 am

Calculaba que era alguna hora aproximada al mediodía, era difícil saberlo sin tener un reloj a la vista y tampoco era como que le importara mucho. No tenía sitio en el cual estar a tiempo, aun si lo tuviera probablemente habría llegado tarde, pero ahora se veía confinado en lo que había apodado como "su caja" de forma casi infantil. Se terminó por arrimar contra la pared de su caja, su espalda tocando el muro, usando este para recargar todo su peso. Ciertamente había perdido algo de este, incluso semanas antes de que le metieran a ese maldito hoyo de la sociedad, cuando su progenitor le había dejado a su suerte y sin manera de subsistir. No lo admitiría, tal vez el pensamiento tal cual no cruzaría por su mente, pero muy dentro sentía algo de temor al hallarse ante un futuro incierto y posiblemente, seguramente, escabroso. Una cosa era ser prácticamente huérfano en las calles de Myr, donde al menos trataría de hacerse de una vida de alguna forma; otra muy diferente estar a completa disposición de los encargados del sitio donde se hallaba, o peor aún, de alguien que estuviera dispuesto a pagar dinero por tenerle. Aunque, si lo pensaba bien, prefería mil veces que alguien le "adoptara", así al menos tendría la posibilidad de escapar, seguro de alguna manera se las ingeniaría. Por otro lado, ahí dentro tenía pocas posibilidades de hacer cualquier cosa. No tenía buen uso de sus poderes y tampoco podía usar su forma animal para escapar, todos los caminos que intentaba buscar llevaban a un sendero sin salida. —Los odio... Los odio tanto... —masculló pensando en sus padres. Aunque no tenía una imagen materna a la cual repudiar, igual sentía el mismo desprecio que con la paterna, quien le había "cuidado" por todos esos años para luego soltarlo al mundo cruel. ¿Para qué adornar las cosas? Incluso su hogar había sido cruel.

Bufó cortamente por la nariz y atrajo sus piernas flexionadas contra su pecho, cruzándose de brazos con expresión seria. No era su estilo, pero comenzó a reflexionar acerca de todo lo que había pasado en los últimos días. Se lamentaba solo un poco de los acontecimientos que le habían puesto en ese sitio; ese sentimiento le hizo hundirse más en la posición que ocupaba, pareciendo un pequeño animal callejero y miserable. Había dejado caer su capucha hacia atrás, así que su cabello salía disparado en varias direcciones, escondiendo un poco las orejas felinas que eran del mismo color. A la vez, su cola que daba a conocer su otra raza estaba perfectamente alineada con la pared, con la puntita levantándose y asentándose en el suelo lentamente. No se pondría a llorar como un niño, por más que muchos otros lo hubieran hecho de estar en su situación; en primera porque no era su estilo, y en segundo porque no se podía mostrar debilidad en un sitio como ese. No podía dejar que le vieran vulnerable, su tamaño ya le desvafocería bastate... ¿Por qué rayos era tan pequeño? Su padre había sido un hombre de músculos visibles y cara que asustaba. Donnie, en cambio, daba todo menos eso. Solo podía culpar a su fantasmal madre.

Unos pasos cercanos le alertaron, levantando la cabeza e irguiendo las orejas, con los ojos bien abiertos. Percibió una leve agitación en el resto de celdas, pero se quedó en la misma posición, esperando que los pasos dieran paso a la imagen de una persona. Así lo hicieron, era uno de los sujetos que trabaja ahí, más que eso, uno de los más molestos. —Levántate, pulga, ya traen la comida. —Golpeó los barrotes que mantenían a Donnie adentro, lo cual le provocó sobresaltarse aunque estuviera vigilando las acciones del contrario con sus ojos afilados. No tenía idea de por qué se la traía contra él, o si solo era con él. De cualquier forma no se dejaría. —¿Por qué no vienes aquí y me lo dices de frente, imbécil? —Se puso de pie apoyando sus manos en sus rodillas y se acercó a la estructura metálica que los mantenía separados. El tipo era más alto que el joven híbrido, pero eso ya no le amedrentaba, no lo hacía desde su tardía infancia. El trabajador detuvo sus pasos cuando la mascota le enfrentó y se le quedó viendo, así se quedaron unos segundos, sosteniéndose las miradas. Otro fuerte golpe de su parte hizo saltar a Donnie en su sitio, muy en contra de su voluntad. El sujeto rió burlonamente y siguió caminando por el pasillo, sin dignarse a responderle.

¡Juro que si te encuentro fuera te destrozaré! —Se apuró a los barrotes y sujetó estos con fuerza, sacudiéndolos un poco pero ni por asomo logrando nada. Pateó estos y siseó por la sensación desagradable, pero eso solo logró calentarle aun más la sangre. Apretó la quijada y ahora fue su turno de golpear su jaula, mascullando y luego yendo en crescendo: —Lo juro, lo juro, ¡lo juro! —Dio un golpe más y el clang que le siguió se desvaneció rápidamente, tras el cual lo que podía escucharse era su jadear errático debido al enojo. Bufó de nuevo, pasándose la manga de su ropa por el rostro, se sentía asqueroso en más de un sentido. ¿Y qué podía hacer? Nada. Eso podía hacer, absolutamente nada.

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Re: Lo mejor viene en envase pequeño... ¿O era lo peor? (Priv.)

Mensaje por Hachimenroppi el Sáb Dic 17, 2016 9:46 am

Su día había iniciado y Hachimenroppi se encontraba en el mercado negro, había tenido la osadía y el descaro de pernoctar allí solo porque la pereza de regresar a su domicilio le ganó. Aquello era algo que solo él podía hacer sin tener miedo de ser apresado o asesinado, puesto que aún siendo un flojo de primera, no dejaba de ser un demonio con más de mil años de experiencia, motivo por el cual el dormir en un sitio como ese parecía ser idílico si lo comparaba al infierno que le vio nacer. Pese a lo dicho, Hachi nunca se levantaba tarde ante el odio que tenía por dormir, puesto que el tiempo que pasaba durmiendo fácilmente lo podría ocupar en actividades más placenteras, pero al despertarse recordó que no podría salir a divertirse ante las órdenes claras del dueño de ese mercado. Su deber para su turno era trabajar dentro, en el cuidado básico de las mascotas, lo cual iniciaba con los alimentos, pasaba por el aseo y la revisión de cada celda. Esa actividad podía durar unas horas o días, todo dependía del rigor con que fuesen efectuadas, por lo que Roppi sabía que demoraría bastante. Se levantó de su improvisada cama situada en la zona de castigos, donde varias mascotas estaban prisioneras allí, unas dormían, otras agonizaban famélicas y las menos seguían despiertas solo por la presencia del demonio allí.

— No es necesario que me miren de esa manera, después de todo, hoy no me toca jugar con ustedes  —sentenció sereno Hachi al observar el temor en el rostro de un infernal, de un cuervo en concreto — Te ves terrible, deberías descansar...  — Roppi se le acercó yendo descalzo, apenas vestido solo porque no quería ensuciar el único atuendo que tenía consigo, se agachó y se atrevió a acariciar suavemente la cabeza del cuervo — Ya tendremos nuestro turno, no lo olvides — y dicho eso se levantó, se devolvió a buscar sus cosas y salió del lugar. Como si fuese una mascota más, se duchó junto a otras mascotas sin tener problema alguno, le conocían y no faltó el inocente que le creía Izaya, lo cual le facilitó las cosas enormemente. Sería completo decir cual de los dos era mejor opción, puesto que cada uno tenía una retorcida forma de ser, orientada a diferentes cosas, pero en lo que todos coincidían era que ambos podían ser igual de odiosos y nefastos que el otro.

Una vez estuvo listo se dirigió al área de trabajadores donde le tocaría recibir los alimentos y distribuirlos, tuvo que esperar debido a la demora de los encargados y varios de ellos eran mascotas, lo cual dejaba las cosas más y más lentas. Hachi se aburrió, peor no se movió hasta que le dijeron que iniciara con su labor. Le entregó los alimentos a las celdas de la zona sur, donde se resguardaban del sol diferentes razas nocturnas, golpeó con una barra metálica sujeta por su cola la puerta del mismo materíal, de tal forma en que todos en ese sector reconocieran el sonido y esperasen lo que les tocaba para comer. El menú del día apenas si varió, ese día tocaba algo de carne solo para que las mascotas no olvidasen su sabor, lo cual a Hachimenroppi no podía interesarle menos, es más, dudaba que siquiera eso fuese carne de verdad. Entregó las raciones celda por celda, discutiendo vagamente con algunas mascotas ansiosas por interactuar e ignoró a los humanos, ni siquiera les alimentó.

Cerca del mediodía ya estaba en la zona final de las celdas, estas eran las más próximas al área de ventas, por lo que el flujo de personas allí era mayor que el de otros sectores. Hachi llevó el carrito con la comida, sonaba estrepitosamente y a su paso, toda mascota atenta le recriminó por la demora, ante lo cual  el demonio ni siquiera respondió, le aburrían siempre las mismas tonterías. No fue hasta el último tercio donde algo captó su interés, una pequeña disputa entre uno de los cuidadores y una mascota, una a la que él no conocía. Su cola se meció sin soltar la barra metálica, pero no fue debido al cruce de palabras entre esas criaturas, sino que Roppi percibió en esa mascota la misma esencia asquerosa que su propio hijo emanaba. Desde ese momento lo odió. No demoró en llegar a esa celda, pero el grito ajeno le mantuvo alerta y no le dio la comida, primero debía verle solo para satisfacer su curiosidad. Roppi podía ser muy caprichoso si se lo proponía, solo que rara vez alguien podía definirlo como caprichoso, por lo general solo le tomaban como excéntrico y más nada.

Su cola azotó la barra contra la cerradura de la puerta de esa celda, quería captar su atención — No es bueno que grites, no tan temprano  — masculló meneando aquella oscura y delgada extremidad — En especial si vociferas semejante falacia — tomó con la diestra la dichosa barra y jugó con esta mientras que se aproximaba sin temor alguno a los barrotes — Dime, niño... Si te dejara con él a solas, ¿Podrías desmembrarlo? — se agachó y quedó en cuclillas frente a la celda, quería algo de plática mientras aquel mocoso le pareciera mínimamente interesante — ¿Qué tan crueles serían tus actos si tuvieses la oportunidad? — Roppi no mostró mayor expresión que una total neutralidad. A él no le importaba el bienestar de sus compañeros, tampoco el de las mascotas, él estaba allí solo por ocupar su tiempo, ya que el torturar a los insolentes tampoco figuraba como una de sus prioridades en la vida.

Acercó el carrito con la comida y tomó una bandeja, le acercó al único espacio horizontal, estaba al pie de la puerta, metió la bandeja con la ración matutina y apenas si la entró, debía tomarla el muchacho y Roppi esperaría — Tendrá mal una rodilla — dijo de la nada — Quizás las dos  — dudó unos instantes y se subió las largas mangas de su chaqueta — Tal vez un brazo, no sé, depende de si prefieres un codo o una rodilla  — murmuró finalmente sin ser del todo claro, pero para él con solo esas frases parecía ser suficiente. Si no lo entendía, estaba perdiendo su tiempo. Inclinó el rostro hacia un costado, de manera pausada, cambiando de posición en intervalos aleatorios de tiempo. Le analizó descaradamente, se parecía en cierto nivel, pero distaba de ser la lacra que tenía como hijo y eso le dejó contrariado. Por un lado quería encontrar más similitudes para tener motivos de atormentarle, pero por otra parte prefería que se alejara lo mayor posible, de esa manera sería capaz de jugar con lo que parecía ser el miníno más tierno posible a la mirada del demonio.

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