Dos centímetros de cercanía. [Priv]

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Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Sata Kyouya el Jue Nov 17, 2016 5:01 am

Los días habían transcurrido de manera aburrida, como siempre, las clases no eran un gran desafío que digamos, Kyouya tan sólo asistía porque de lo contrario podría enterarse su padre y eso era lo último que quería. Claro que ya era un adulto, a pesar de ello, no podía evitar ser regañado por su progenitor, después de todo se suponía que estaba en la universidad para mantener el prestigio de su apellido; no tenía permitidas las fallas. Tsk, todo eso le causaba un enorme dolor de cabeza, parecía que sus problemas nunca terminarían, y hablando de cosas que le provocaban molestias innecesarias se había metido en ese asunto del modelaje, no se cansaría de darse maldiciones a sí mismo por haber accedido, tenía que aprender a rechazar cordialmente. Como detestaba esa jodida parte de sí que lo obligaba a actuar como un príncipe cuando estaba rodeado de personas, esa falsedad suya que todo el mundo se creía, ¿qué eran estúpido o qué? ¿En verdad no podían ver a través de él? Pensándolo mejor, eso estaba más que bien, suponía que era más detestable que lo conocieran a la perfección.

Como sea, ya habían pasado un par de días y la gata le había hablado por mensajes. Desgraciadamente al retirar su teléfono no se encontraba precisamente en soledad como para ignorarlos, por lo que se vio obligado a responderlos a brevedad con una cálida y fraudulenta sonrisa. No te preocupes, ahí estaré.Era el mensaje que le había escrito, y porque a pesar de todo, no era tan desalmado ni falto a su palabra como se pensaría, aquel sábado temprano se dio una ducha antes de comenzar a arreglarse y emprender su pequeño viaje. Vistiendo algo sencillo, un par de jeans claros, una camiseta color crema y un suéter verdoso junto a un par de zapatos castaños, supuso que estaría bien, tomando sus llaves, móvil y billetera se dispuso a salir de su hogar sin prisa alguna. Quizás llegaría un poco tarde pero qué más daba, llegaría al fin y al cabo.

El día estaba especialmente tranquilo, el sol no hacía estragos y una ligera brisa podía acariciar los rostros de los transeúntes. Sata caminaba sin apuro por las calles con las manos en los bolsillos de sus pantalones, una expresión calmada se dibujaba en su rostro tratando de hacer oídos sordos a los comentarios poco disimulados de más de una fémina que lo divisaba a lo lejos. “Las mujeres son tan molestas.” Sí, porque no era capaz de comprender qué tanto le veían cuando sólo estaba caminando por la calle, sí, era guapo y todo, pero no veía razones para armar un alboroto por ello, eran demasiado ruidosas para su gusto. Ugh, de sólo pensarlo casi podía sentir como su ceño se fruncía. “Cálmate, Kyouya.” No le quedaba más que tratar de tranquilizarse.

Una hora a pie y ya estaba en las cercanías de la dirección que se le había confiado empero no iba a ir hasta allá por sí mismo, no, la felina tenía que moverse si es que lo iba a usar de modelo, no se la pondría tan fácil. Creo que estoy cerca, de todas maneras te estaré esperando frente a una pequeña cafetería pintada de azul que hay aquí. Te esperaré. ” Corto y preciso, un mensaje de texto sin caracteres de sobra. Guardando su teléfono nuevamente se cruzó de brazos, apoyando su espalda en un árbol que se encontraba plantado a las afueras de dicha cafetería.

Un suspiro pesado se coló de sus labios para contemplar a su alrededor con discreción, atento a la figura femenina. Sólo esperaba que no lo hiciera esperar demasiado. "Más le vale a esa gata.” Una sonrisa ligera para amenizar el ambiente y hacerlo más pintoresco. ¿Cómo terminaría todo eso?




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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Miu Nyanpire el Mar Dic 27, 2016 4:35 am

El sábado era un día sagrado para Miu, quien, por más que detestara hacerlo, no había tenido otra alternativa que invitar al joven de dorados cabellos a su morada, y no es que tuviera algún motivo, como que él no le cayera bien, después de todo, si necesitaban preguntarle, Miu diría que Kyouya era un joven bastante galante, y por sobre todo, excelentemente educado, por ende, el problema no estaba dirigido a ese ámbito, sino que, le tocaba utilizar su día de descanso para hacer tarea, además de deber levantarse temprano porque sería muy mal visto invitar al chico en la noche, cuando finalmente hubiera agotado su agenda social.

Por suerte, al rubio príncipe de la universidad parecía no molestarse ese hecho, de lo contrario no hubiese respondido su mensaje de manera tan carismática a su parecer, accediendo a ir a su morada. Con todo acordado a la felina dama no le quedaba otra opción más que acomodar su alcoba, seguido de preparar el material necesario para la faena, porque cuanto más rápido terminara todo, más rápido liberaría al chico del sufrimiento de ser su modelo del día.


- ¿Cuánto demorara? –el reloj de pared posado en su alcoba marcaba como los minutos pasaban con velocidad, dando un horario tardío al joven, logrando que Miu creyera que quizás, y solo quizás, el varón le había mentido u olvido su compromiso - Debería llamarlo –como toda una novia aguardando por su pareja, el corazón gatuno empezó a latir con fuerza debido a la preocupación de no tenerle junto a si, aunque en esta ocasión todo era por el problema que generaría no presentar su tarea, porque si bien asumiría las culpas pero eso, no quería decir que estuviere dispuesta a repetir una materia de su carrera si todo era fácilmente evitable, por ello, de ser requerido, iría a la casa del chico, le desvestiría ella misma, tomaría sus medidas y luego obligaría a modelar el día de la entrega de sus deberes, porque Miu podría ser muchas cosas, pero no la catalogarían como alguien que se diera por vencida sin dar buena pelea - Maldición… lo voy a llamar –tomando con algo de salvajismo su móvil, la pantalla se encendió indicando un mensaje de texto en el momento exacto de marcar los números del celular ajeno, quitándole un peso de encima cuando leyó que le esperaba en un café cercano, dándole la sensación de que el joven solo se había perdido y era por ello el motivo de su tardanza.


Como ya estaba vestida adecuadamente desde hacía un buen par de horas, la joven platinada no demoro mucho en abandonar la morada, dirigiéndose al sitio citado, formando en su cabeza la interrogante de si él se daría cuenta de quién era en realidad, después de todo según podía recordar, Sata jamás le vio con forma humana, solo con la de una adorable gatita universitaria. Excelentemente vestida eh de agregar.

Sus pasos ataconados cesaron al haberse hecho ella misma aquella pregunta ¿Qué hacer si él no le creía? Bien podría transformarse en una gatita y demostrar que no mentía, pero estaba tan acostumbrada a portar prendas, que mostrarse desnuda –aun cuando fuese forma animal –le daba cierta pena.


- Creo que abogare a su lado amable… espero que pueda comprender y creerme –largo fue el suspiro que soltaron sus finos labios, los pasos confiados ahora se volvieron un tanto más temerosos, la visión del chico contra un árbol se hacía más cercana y con ello el nerviosismo así como las esperanzas - Sata-kun… –pronuncio con cierto dejo de nerviosismo, dejando salir sus puntiagudas y félidas orejas cuando le nombro - Soy Miu… aunque no sé si puedes darte cuenta así –se había grabado en su mente que no cambiaría de forma, no en ese instante, mucho menos en la calle. Si él quería confirmar algo, le mostraría su celular donde albergaba los mensajes o similar - Lamento la espera, ahora podemos irnos, tengo todo preparado para comenzar con la tarea –anuncio virándose a la espera de que el chico le siguiera, empezando a caminar a paso lento a su morada, virándose cada tanto al mayor - Espero no haber arruinado ningún plan que tuvieras, pero es más cómodo para ambos trabajar en esto un día que no tengamos clases ¿No lo crees? –buscaba dar una conversación más o menos decente, aunque dudaba lograrlo - Si tienes algún estilo de ropa que no te agrade llevar, dímelo con confianza y omitiremos eso… así como también telas a las que puedas tener alergia –trabajo, trabajo y más trabajo, cuando la mente gatuna estaba alterada, lo único que podía hacer era mencionar temas simples de sacar, aportando lo necesario a la charla, y esta vez, aquellos temas eran moda.

____________________________________________
Atuendo

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Sata Kyouya el Jue Ene 12, 2017 3:00 am

El tiempo tenía su propia forma de avanzar y es por ello que aun cuando sólo habían pasado un par de segundos, Sata ya se encontraba completamente cabreado, en verdad detestaba que lo hicieran esperar, es más, ¿en alguna oportunidad alguien lo había hecho? No lo podía recordar, quizás por lo mismo es que se sentía tan impaciente. Ansioso o no, lo único que podía hacer en ese instante era continuar aguardando con una serena expresión, emitiendo uno que otro saludo a las mujeres mayores que salían o ingresaban a la cafetería cercana.

Maldita, gata.” Se repetía mentalmente una y otra vez para cruzarse de brazos, acomodando su espalda en la corteza del árbol. “Respira.” Porque era lo único que podía hacer en ese entonces, mantener sus ojos cerrados por unos instantes buscando tranquilidad y la paciencia que proyectaba pero realmente le faltaba.

-- ¿Mh? -- Una delicada voz lo obligó a abrir sus orbes marrones con lentitud y fijar su mirada en una joven vestida de blanco. Le costó un poco procesar lo dicho por la fémina, pues extrañamente debía aceptar que la madurez que ésta irradiaba era ligeramente atrayente, no había nada de malo en quedársele viendo, ¿verdad? -- Oh. -- Dijo reconociendo finalmente los decibeles de la voz de la felina. -- Nyanpire. -- Sus labios se curvaron en una ingrávida sonrisa, la que falsamente podía disfrazarse de amabilidad. -- No te preocupes, acababa de llegar. --  Eso era lo que suponía que todos los “caballeros” decían, claro que para él era una soberana estupidez, es decir, había llegado desde que envió el mensaje y eso no era precisamente un “recién”. Tenía que controlarse o terminaría frunciendo el ceño. “Cálmate Kyouya”.

Sus pies se comenzaron a mover siguiendo el paso de la muchacha, manteniendo un rostro fresco y tranquilo como si su encuentro fuese lo más normal del mundo, el rubio era un excelente actor. -- Tranquila. -- Pronunció mirándola de reojo para llevar sus manos a los bolsillos de sus pantalones. -- Creo lo mismo, no me gustaría que te vieras en medio de muchas cosas durante la semana por mi culpa. -- Aquello no podía ser una mentira más grande pues, desde el fondo de su ser, al demonio le hubiese encantado ver a la chica detrás de él buscándolo entre sus clases para avanzar con el dichoso trabajo, sí, aquello de seguro sería sumamente divertido, era un príncipe sádico. Esta vez la sonrisa en sus labios era genuina, sus pensamientos lo trasladaron a un entretenido escenario que esperaba llevar a cabo en alguna oportunidad. “Tal vez el día del desfile.” Su ensimismamiento fue interrumpido una vez más por la fémina, no obstante, el ser infernal hizo que no se notara. -- Pues no tengo preferencias por nada ni ningún tipo de alergias. -- Comentó mirándola de reojo. -- Estoy a tu disposición. -- Ugh, el haber dicho eso con esa cálida sonrisa en verdad le había disgustado, se sentía tan estúpido, más todavía al sentir los suspiros de un par de jóvenes que pasaron cerca de ellos.

--¿Será su novio? -- ¡Qué envidia! -- Los comentarios de chicas notoriamente menores, las que se habían detenido a mirar a la pareja tan sólo incrementaban la molestia interna del de dorados cabellos, tragarse toda esa frustración le haría mal en algún momento. -- Y, Nyanpire… -- Comenzó antes de darse una breve pausa para procurar contemplar los alrededores y así no perderse en cuanto regresara a su morada. -- ¿Ya tienes algo en mente? -- Porque suponía que era así, no podía esperar a que él le dijera qué quería ponerse, qué clase de diseñadora sería entonces. -- Insisto en que no tengo problemas con nada, confío plenamente en tus habilidades. -- Esperaba rotundamente que no lo vistiera de mujer pues de ser así, el señor perfecto y educado desaparecería por completo dejando salir la verdadera naturaleza del economista en desarrollo. -- Debo confesar que realmente me sorprendió que me pidieras algo así. -- Y a quién no, es decir, nadie en su sano juicio espera que le pidan ser modelo para una confección, ¿no es así? -- Pudiste escoger a cualquier persona del campus. --

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Miu Nyanpire el Jue Feb 02, 2017 8:50 pm

Conforme el tiempo estaba pasando, y la caminata al hogar de la felina empezaba a verse más y más corta, Miu comenzaba a suponer que algo no estaba bien con aquel joven rubio. Si, era agradable un chico caballeroso, pero, tras haber convivido toda su vida con un hombre -evidentemente hablaba de su hermano- estaba más que capacitada para decir que nadie, pero absolutamente nadie, es tan perfecto como Kyouya demostraba, lo cual le llevaba a suponer que algo no estaba marchando bien, o que quizás, ese sujeto ocultara algo, pero de momento, la felina no sabía el que.

Suspiros, murmullos, miradas, todo aquello acompañaba su pequeña travesía, pero Miu no estaba haciendo mucho caso a los comentarios, más bien, prefería ignorarlos, conforme sus triangulares orejas se movían debido a la fría brisa, y en su mente la idea de un conjunto en tonos marrones, o más bien ocres, hacían acto de presencia, porque para ella, Sata, era la viva representación del otoño, sin embargo, quería probar un poco que tan principesco era en verdad el chico, porque para bien o mal, si estaba en lo cierto respecto de que ese hombre intentaba engañarle de algún modo, seguramente no podía trabajar a gusto, porque nunca se sabía si en su mente la idea de estropear su pequeño desfile de moda, organizado por un profesor para que sus alumnos aprobaran la materia que ejercía, se convirtiera en una realidad.


- Me alegra que me dejes en las manos, toda tu confianza Sata-kun -sonrió enormemente, un tanto falsa a decir verdad ¿Pero quién notaria la diferencia? - Estaba pensando en colocarte unos pantalones verde limón, junto a una camisa de manga corta y vuelos en el cuello en tonalidad rosa pastel, combinado con una linda corbata roja con puntos blancos, y unos zapatos de gamuza azules, aunque claro, no olvidemos el sombrero de plumas de avestruz, seguro te verás muy bien en esa ropa -estaba bromeando, ni loca se atrevería a vestirle así, pero eso el chico de rubios cabellos no lo sabía, y no estaría al tanto de nada hasta el momento en que Miu confesara, sobre todo porque en los moldes que haría inicialmente, utilizaría una tela de esas tonalidades, después de todo temía porque el papel se rasgara y le tocara volver a hacer moldes, para eso los viejos retazos de material seria buenos elementos - Aquí es mi casa, por favor subamos al cuarto, ahí podemos hablar más cómodos, en lo que preparo el material


Sin mucha demora, tras haber atravesado el enrejado, seguido del portar principal, y luego subir las escaleras, finalmente estaban en el cuarto de la Nyanpire, que consistía por un lado, en su cómoda y acolchada cama, además de los clásicos accesorios de toda mujer, menos un mueble para la ropa, porque en su caso, el armario estaba detrás de una puerta cercana a la cama, ya que ningún mueble podría contener toda su vestimenta. En contraparte, el otro lado del cuarto, estaba compuesto por tres sofás, uno para dos personas y dos individuales, mientras que una gran mesa, máquina de coser, maniquíes y telas aguardaban a pocos metros de ello, era como combinar comodidad y trabajo, todo en uno.


- Iré por algo de beber, en un momento regreso -la traviesa chica no tardó mucho en abandonar a su suerte al demonio, regresando al poco tiempo con té y galletas, sin saber si el chico se había atrevido o no, a tocar su cuaderno de dibujos donde los diferentes modelos que tenía en mente estaban reposando, o tan siquiera espiar algo del interior de la recamara - No sé bien si te agrada esto, si quieres otra cosa solo pídela -tras servir la cálida bebida, Miu intento recordar la vieja pregunta de Sata, respecto a porque lo había escogido a él - Por cierto, cuando me preguntaste porque te escogí, la verdad es que ni yo lo sé bien, conozco muchas personas atractivas pero puede decirse que en cuanto te vi, supuse que serias el indicado para mí, es casi como intuición... eso, o desesperación de encontrar rápidamente a mi modelo, pero, sin importar realmente, al menos ahora estamos haciendo un equipo ¿No? -nuevamente recordó la pequeña/gran mentira que le dijo de la ropa que le haría llevar, misma que aún no desmentía, solo para ver qué tanta era la determinación de aquel joven sobre el clásico "Estoy seguro de que harás un buen trabajo, confió en ti", aun cuando ella era una completa desconocida, sabiendo que era imposible semejante nivel de confianza en alguien con quien realmente se llegó a hablar lo mínimo - Por cierto... antes de comenzar a trabajar, dime ¿Porque aceptaste tan fácilmente ser mi modelo? Además, estas confiando mucho en mi sin siquiera saber qué cosas diseño o si alguna vez hice algo para un hombre -su claro mirar se centró en la faz ajena, estaba segura de que debía de tener una buena explicación, no todo lo que brillaba era oro, y definitivamente él brillaba demasiado para ser verdad - Por favor no me malinterpretes, pero me sorprende un poco tu actitud, estoy muy agradecida en verdad, pero al mismo tiempo curiosa


Nuevamente dio un sorbo a su bebida, esperando las respuestas del chico, mismas que esperaba fueran creíbles, o de lo contrario, la incomodidad se haría presente de ahora en más.

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Sata Kyouya el Mar Mar 14, 2017 2:31 am

Tenía que estar bromeando. Si no hubiese sido por la fresca brisa que chocaba en sus mejillas y por el constante murmullo de las féminas en los alrededores, de seguro el rostro del demonio se habría desfigurado por completo, ¿qué tipo de diseñadora sería con esos colores? Sonaba como el conjunto más horrendo que su imaginación hubiese tenido el disgusto de presenciar, pero ella no tenía que saberlo, por supuesto que no, manteniendo una sonrisa ligera volvió hacia la felina como si se tratara de lo más normal del mundo. -- Bueno, supongo que la creatividad es tu fuerte. -- Diplomacia, el haber crecido en un ambiente donde la imagen lo era todo le había dado varios trucos para proyectar una falsa amabilidad donde era casi imposible quedar mal con alguien, no sólo era un estudiante modelo sino también un hijo modelo.

Para su suerte el camino se hizo corto, no estaba tan lejos de la morada de la chica y aunque le hubiese gustado hacerla caminar un poco más para ir en su encuentro, también agradecía poder llegar a un lugar cerrado donde suponía no habría tantos chillidos molestos. -- Permiso. -- Una sutil reverencia dictaminaba sus perfectos modales antes de que siguiese a la de cabellos platinados por aquella casa, mirando con disimulo cada rincón. A diferencia del hogar de su padre, la decoración era mucho menos ostentosa, aunque igual de agradable a la vista, porque era obvio, sus orbes castaños examinaban cada rincón sólo para saciar su curiosidad. Se podría decir que la habitación de Miu iba a juego con el resto de la morada, claro que el sector donde tenía sus materiales no era precisamente el sitio más ordenado que haya vislumbrado mas no es como si fuese a hacer algo para arreglarlo, ni muerto, suficiente había sido que se encontrara ahí, ¿no?

Kyouya no perdió tiempo, sentándose en el sofá de dos cuerpos a la espera de la dueña de casa. Un largo suspiro salió desde sus labios mientras se apoyaba en el respaldo y echaba su cabeza hacia atrás a ojos cerrados, tratando de relajarse. -- Tsch. -- Su ceño se frunció, aquella careta de príncipe era más desgastadora de lo que parecía, estaba por llegar a su límite. Inhalando, exhalando, el mal humor no desaparecía, pero tenía qué.

Unos pocos segundos más y su postura retornó a la que debió ser desde un principio. Perfecta sincronía, y es que la fémina no tardó en aparecer. Sata extendió ambas manos para tomar su taza con cuidado. -- Gracias. -- Sus comisuras se elevaron con ingravidez, ahí iba de nuevo, ¿cuánta energía le quedaba para seguir así? Suponía que no demasiada, tomando en cuenta que ahora se veía en la obligación de beber esa cosa. “Ugh.” Aquel brebaje, a los ojos del chico, se veía de todo menos apetitoso, ni en otra vida se lo tomaría. “Cálmate Kyouya.” Se repetía mentalmente, pues la respuesta contraria no pudo ser menos satisfactoria, el nivel de molestia acrecentaba a un nuevo ritmo, él ni siquiera lo sabía.

Sus pies parecían moverse por sí mismos, y es que se levantó con cuidado, dejando la taza en la gran mesa para darle la espalda a la chica, ya se estaba aburriendo por lo que optó por husmear un poco entre los bocetos ajenos. -- ¿Necesitaba una razón para aceptar? -- No es como si la tuviese, él hacía lo que se le antojaba cuando quería, bueno, en otras ocasiones era mera presión social empero eso o tenía que saberlo nadie, ¿verdad?

Lento, muy lento, la personalidad del demonio se asomaba.

Sus falanges comenzaron a tomar una que otra hoja de las que estaban regadas, contemplándolas con suma detención. Su ceja diestra se arqueaba para que ladease su cuerpo hasta volver a la minina. -- A veces se hacen cosas por mera diversión. -- Una nueva sonrisa, diferente a las demás, con un ápice de malicia, aquellos deseos ocultos salían a flote paulatinamente, ¿qué tan pronto lo notaría la joven? -- Además, no es como si dejara que me fueras a humillar, Nyanpire. -- Soltando los papeles, los dejó danzar hasta que terminasen en el suelo. -- Creo que por tu bien harás algo más que decente, ¿o me equivoco? -- Su ceja volvió a elevarse sosteniendo su mirada fija en la figura femenina antes de que caminara hacia una pared, terminando por apoyar sus caderas en esta al momento en que cruzaba sus brazos, ahora sí se estaba entreteniéndose.

-- Ahora ya dime, ¿qué es lo que piensas hacer? -- La paciencia de Kyouya estaba por agotarse. ¿Miu podría con la verdadera forma de ser del rubio? Al menos tendría que agradecer algo, sería la primera de la lista en ver su “forma original”. El príncipe demoníaco de la facultad de economía haría su primera aparición.

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Miu Nyanpire el Jue Mar 30, 2017 9:53 pm

Fascinante, simplemente fascinante, no había otra manera de describir a aquel hombre que empezaba a demostrar sus verdaderos colores, era como ver a un príncipe de precioso aspecto y porte, enseñar su verdadera careta de maldad, con ansias por destruir la vida de sus súbditos, meramente para entretener su perversa y abominable mente. Eso, es lo que Sata parecía ser en realidad.

La cuestión ahora era que Miu, no era un tonta, tampoco se creía la plebeya en aquel cuento que empezaba a desarrollarse entre ambos, algunos podrían decir que era la princesa de otro reino que buscaba ponerlo en su lugar, quizás la cortesana con el temple y la autoconfianza necesaria para no dejarse pisotear, o quizás, simplemente era una mujer a quien no debería ponérsele título porque su reino estaba destruido, pero, que aun con todo en su contra no iba a dejarse amedrentar por un hombre como él, incluso podría llegar a divertirse con aquel peculiar juego, el cual dos persona podrían jugar sin ningún problema, después de todo, la falsedad es algo que uno puede obtener, no necesariamente se debe nacer con esta.


- Vaya, vaya… así que la perfección tiene su punto de quiebre ¿Verdad Sata-kun? –musito continuando con aquella bebida, hasta que no quedara una gota de líquido dentro de la cuidada porcelana - Es una lástima que te mostraras tú mismo… quería ver cuánto más jugueteo aguantabas hasta que explotaras –suspiro con un pequeño maullido que no pensó soltar, menos en un momento como aquel, pero, con tan solo ver el semblante del chico, su porte, su mirada y aquel tono de voz, era fácil de comprender para alguien que se crio en una familia tan estricta como la de Miu, cuando buscaban amedrentarte, y si algo la minina alada sabia, era como no dejarse pisotear por otra persona - No pienso decirte que es lo que hare contigo –manifestó, levantándose de su asiento, para caminar los pasos que le separaban del chico, cruzando ambos brazos bajo su pecho, debiendo elevar su faz para así confrontar la mirada del chico, todo porque este era más algo que ella misma y no quedaba otra opción que verle para arriba, cosa que seguro le encantaba al rubio - Pero no te preocupes, no te humillare, porque hacerlo conllevaría a dañar mi orgullo de diseñadora ¿O qué? –una traviesa sonrisa se formó en los labios femeninos, de una manera tal que parecía una carcajada silenciosa o como un bofetón sin daños físicos al ego ajeno - ¿De verdad te creíste el cuento de que te vestiría como un payaso? Quizás y debería hacerlo, tú mismo lo dijiste, que confiabas en mí, y sea verdad o una frase trucada, me da chance a hacer lo que quiera contigo, después de todo, no vas a renunciar a mí, lo se –se encogió de hombros, caminando al sitio donde se encontraba su mesa de diseño, con la cinta de costurera, justamente la que necesitaba para tomarle las medidas - Y no, no lo digo por ego como puedes estar pensado, simplemente si cambiaste tanto de actitud desde que te vi en la universidad por primera vez, hasta ahora, dudo que quieras que el campus se entere de que me dejaste sola en un proyecto que representa gran parte de mi calificación real… porque bien puedes mentir y decir que te eche, pero, existirá un grupo que me creerá a mí al decirles que te fuiste… y sea pequeño o no, dudo resistas la duda sobre tan ínfimo asunto ¿Verdad, Sata-kun? -las pequeñas orejas felinas salieron de su cabeza, al igual que aquella serpentil y felpuda cola que la minina tanto amaba, simplemente por lo traviesa que se sentía en aquellos momentos al estar jugando con fuego, era como adrenalina recorriendo cada una de sus venas - Ahora señor, quítate el abrigo, y déjame tomar tus medidas, para así poder iniciar con la tarea – la cinta se extendió, al igual que los brazos de la chica, los cuales la sostenían, poco antes de llevar la misma hasta sus labios, intentando ocultar una pequeña risa, acompañada por su divertida mirada - ¿O acaso aun quieres discutir este asunto, diablillo principesco? –lo apodo con cierta gracia, sabiendo que era más que seguro, que aquello, lo haría rabiar, pero si debía ser honesta, adoraba notar el enfado en la faz contraria.

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Sata Kyouya el Lun Abr 17, 2017 9:41 pm

¿Punto de quiebre? Era una forma de decirlo, sí, es decir, ¿quién rayos no se cansaría de actuar como un estúpido por tanto tiempo? Sólo imaginarlo le hacía doler la cabeza, se había acorralado por sí mismo al haber accedido a ser un modelo, sin embargo, eso no significaba que no pudiese encontrarlo…divertido, por decirlo de alguna forma. ¿Realmente le importaba ser descubierto tan pronto? Que va, su ceja se mantuvo alzada y sus brazos cruzados, la delicada figura femenina al parecer no iba con la personalidad que ésta tenía, era casi como, ¿si estuvieran a la par? No, antes muerto que ponerse al nivel de esa mujer. El rostro de Kyouya lo decía todo, ver desde arriba hacia la muchacha realmente le estaba agradando, sus comisuras se elevaron con ingravidez, quizás si ella misma no lo hubiese dicho entonces no tendría esas enormes ganas de hacerlo, ahora deseaba dañar ese orgullo a como dé lugar. “Esto se pondrá interesante.” O es lo que quería creer.

-- Tsk. -- Un chasqueo de lengua evidenció la molestia casi inmediata que se había albergado en el cuerpo del joven demonio, detestaba admitirlo, es más, nunca lo haría, empero sabía que no podía arruinar la imagen que tanto esfuerzo le había tomado proyectar. ¿Qué pensaría su padre si por esas casualidades de la vida se terminase enterando del posible alboroto con a gata? Ugh, ni siquiera quería pensarlo, porque de alguna u otra manera terminaría en un desastre, ni muerto regresaría a esa casa, necesitaba su vida tranquila.

El rubio suspiró cerrando sus ojos al momento en que una nueva y vil sonrisa se dibujó en su perfecto rostro, esa chica había osado intentar jugar con él, tendría que vengarse, habría tiempo para meditar en ello más adelante. Apartando su cuerpo de la pared, se quitó su verdosa chaqueta para que repose sobre uno de los sillones, antes de que se acercase peligrosamente a la felina. -- Sabes… -- Pronunció con calma extendiendo su diestra al mentón ajeno para levantarlo un poco mientras aproximaba su cara. -- Eres una gata que da demasiados problemas. -- Dijo presionando su pulgar un poco su pulgar en la piel contraria, no para dañarla, simplemente para molestarla. -- Debí haberte dejado encerrada en el casillero. -- Sus orbes se fijaron en los de azulino color como si quisiese examinar lo más profundo de su alma. Una sonrisa ladina completó la expresión de diversión para que por fin la soltara retrocediendo un par de pasos. -- Dudo que necesites que me desvista más que esto, ¿no? -- Su ceja zurda se alzó para que volviese a cruzar sus brazos. No planeada desnudarse más que eso.

Como sea, mientras más rápido terminara con ese martirio, más pronto podría regresar a la tranquilidad de su morada, no digamos que le apetecía demasiado pasar toda su tarde allí. Procuró cerrar los ojos y abstraerse en alguna vieja lección de la universidad para que al extender sus brazos no fuese tan desagradable el toque de la chica. ¿Gentil sería la palabra adecuada? No podía definirlo con exactitud, y es que desde lo más profundo de su ser suponía que ella se desquitaría de alguna u otra forma, pero no, muy por el contrario, sus pequeñas manos medían y anotaban con, ¿profesionalismo? Tsk. Su vista volvió a la muchacha para analizar sus movimientos, hasta parecía estúpidamente concentrada. -- Tsk, no lo entiendo. -- Se le escapó en un susurro. No lograba comprender como es que existía tanta pasión por algo tan tedioso como el diseño de vestuario, ¿estaba loca o qué?  -- ¿Cómo puedes tener esa expresión ahora mismo? -- Soltó sin más, mirándola de reojo. Quizás era el aroma frutal que desprendía su cabello o la calidez que sus porcelanas le proporcionaban cada vez que acercaba la cinta de medir a su cuerpo, mas parecía que un extraño y fastidioso cosquilleo recorría su espalda. Necesitaba su metro cuadrado, su espacio personal. -- ¿Ya terminaste? -- Suponía que con las medidas de su torso bastaban, ¿no? Bien podía deducir así una talla de pantalones standard y listo, ¿no es así? ¿Estaba siendo un iluso? Maldición, porque justamente en ese instante, tenía que evocar recuerdos de su niñez en los que se vio encerrado por horas acompañando a su padre para hacerse trajes a medida con más de algún sastre. “Maldita sea.” Se estaba poniendo de mal humor una vez más, quizás sólo tendría que llegar alguien para que cambiara de modo otra vez, quizás aquel toque de la puerta lo haría obligaría a reiniciarse. No sería muy extraño, ¿o sí?

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Miu Nyanpire el Sáb Abr 29, 2017 8:00 pm

Tal como Miu había creído en un principio, aquel sujeto no era tan perfecto como siempre mostraba al mundo, y ahora que su fachada era descubierta finalmente demostraba la realidad de su actuar, lanzando aquella careta de chico sensible y extremadamente amable a quien sabe qué lugar, pero, sin importar nada, la felina seguía impasible, saboreando no solo el gusto de aquel té que aún se mantenía en su paladar, sino también el atisbo de victoria tras haber descubierto el otro lado de aquel rubio.


- ¿Y dañar tu linda reputación? –rio suavemente, enfrentándole con su mirada cuando menciono lo del casillero, después de todo, había descubierto algo bastante divertido de aquel hombre, con lo cual jugaría sin problema - Tu y yo sabemos que si estoy en problemas y estas cerca, no te quedara de otra que darme una mano, sobre todo si involucra a tu sequito de fanáticas enloquecidas –imitando la sonrisa del varón, se levantó de su lugar, buscando todo lo necesario para empezar con el trabajo que seguramente, y tomando él cuenta el modelo, le tomaría un buen par de horas, aunque… si cooperaba, todo sería más rápido para ambos - Si, será suficiente, después de todo, no tengo ganas de verte desnudo –se mofo, colocándose aquellos lentes de cuadro rojo, antes de iniciar con la medición del chico, escuchando las palabras que musitaba, pero sin que le afectara realmente su hablar, porque si no se concentraba lo suficiente, terminaría con un lado más largo que el otro, y para nada resaltaría la “belleza” ,que bien sabia, ese maldito tenia - A cada quien le apasiona lo que le apasiona diablillo, tu estas en economía o algo así ¿Verdad? Supongo que te gustan los números, y mucha gente no comprende eso… pero déjame decirte que –su mirada se clavó en el color de ojos ajenos, por escasos segundos conforme descendía, volviendo a su trabajo, porque para bien o mal, también necesitaba el tamaño del pantalón, y eso conllevaba a tomar medidas de su entrepierna, aunque eso, lo haría al último - Para alguien que combina su ropa, y se denota que no es nada barata, burlarte de una persona que desea realizar el mismo trabajo es absurdo, tu buscas profesionalismo y por ende dedicación y pasión en la ropa que llevaras, con tal de asegurarte que sea buena, entonces, deja de buscarme pelea y quédate quieto, o no me hare responsable de donde se te termine clavando un alfiler cuando me toque ajustar la ropa en ti – negó de nuevo, escuchando el sonido de la puerta, a lo que simplemente, y sin detener su labor dijo un claro - Adelante – para escuchar luego el sonido de la puerta abrirse
- Señorita Nyanpire, venía a recoger los trastos y… –un notable sonrojo cubrió la faz de la maid en cuanto vio a la señorita de la familia, en aquella posición tan comprometedora con un hombre - Lo… lo lamento… no sabía que estaba aquí con su novio y yo…
- No te preocupes, no es mi novio ni nada de eso, solo me ayuda con tarea –la chica se levantó, colocando la cinta de medir en sus hombros, mientras anotaba en su pequeña libreta, logrando un suspiro de alivio en la maid, quien finalmente comprendió lo que en realidad había estado haciendo la gata vampírica, comenzando a llevarse las tazas de té del lugar, despidiéndose con una leve reverencia, y una curiosa risilla - Me pregunto qué le pasara, eso fue demasiado extraño –se viro al chico, ladeando su cabeza y llevando el índice al mentón, intentando procesar que es lo que había ocurrido - Solo te estaba midiendo, para colmo ahí abajo, no puede creer que te estaba besando –negó un par de veces frustrada, señalándole el sofá al varón, para sentarse ella misma en su pequeña mesa, terminando de hacer unos diseños - Toma asiento diablillo, en un momento terminare con las platillas y luego podrás irte, pero, te tocara volver para las pruebas de vestuario –lo miro divertida, golpeteando sus labios con el lápiz con el que anotaba - Sabes, ahora me pregunto si la universidad completa creerá lo mismo que aquella maid, que tú y yo somos algo más que compañeros de estudio… eso seguro o te resta puntos con las chicas de ahí, o te los suma por ser más difícil de atrapar –negó riendo de manera melodiosa, cortándose todo al darse cuenta de algo. Si todos lo creían su novio, eso significaba que ella podría no conseguirse uno - Tendremos que desmentir eso, a diferencia tuya si quiero tener un novio y un primer beso, y si piensan que soy algo de ti, seguramente eso me lo impedirá –suspiro ofuscada, sin haberse percatado de que había soltado más información de la que realmente debería.

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Sata Kyouya el Miér Mayo 17, 2017 10:42 pm

Era obvio que su fin de semana ya no sería tan dulce como los demás, definitivamente aquella experiencia lo ubicaría en un ranking de las peores actividades que pudo haber ejecutado alguna vez. Maldecir a quienes ya no se encontraban en el mundo no era nada muy sensato, ¿en verdad todo eso era culpa de su progenitora y su hermana? Por supuesto que no, claro que tenían que ver con aquella retorcida personalidad que terminó formando, no obstante, tenía esclarecido que quien lo había formado para llegar a ser lo que ese día se encontraba junto a la felina, no había sido otro más que su padre. Sí, aquel molesto hombre que insistía en arrastrarlo a esas fiestas sin sentido donde todos pretendían ser amables bajo esas asquerosas caretas. Ugh, su humor se enfurecía una vez más, frunciendo el ceño con ligereza. Era mejor que se concentrase en otra cosa.

Estaba aburrido, y su mirar lo denotaba, examinando con detención cada rincón de aquella femenina habitación, era tal vez demasiado desorden para alguien tan esquematizado como lo era el rubio. -- Ambos sabemos que no te atreverías a hacerlo. -- Un nuevo chasquido de lengua se dejó escuchar antes de que la puerta terminase por abrirse. Como si alguien hubiese apretado un botón de amabilidad, de pronto los labios del muchacho se curvaron en una sonrisa ligera para que ladease hacia la sirvienta quien parecía que había malinterpretado todo. “Maldita.” Pensó para que negase hacia ella. -- Oh, no. Por favor, tal y como dice Nyanpire, sólo soy alguien quien le está ayudando con su tarea de la universidad. --Alguien que acaba de joder su existencia.” Porque continuaría reprendiéndose a sí mismo por su decisión.

Los segundos habían sido tortuosos, pero por fin la tercera se había marchado y un pesado suspiro resonó en el lugar. -- ¿Ah? -- Arqueando una ceja su afilada mirada se dirigió a la fémina que lo acompañaba. -- ¿Sólo eres virgen o también eres estúpida? -- Quizás se trataba de una mezcla de ambas porque de otra forma no había una explicación a su comentario, ¿en verdad era universitaria? Imposible, tal vez sólo se trataba de una jodida puberta que había hechizado a los rectores de la universidad o algo así, porque de lo contrario no entraba en la cabeza del demonio, la posición era comprometedora y más que evidente a que no se trataba de un beso, o bueno, tal vez sí, pero algo para mayores. Tsk. Su palma diestra viajó a su frente para darse un ligero golpe, ahora no sólo estaba destinado a trabajar con una gata que atraía problemas, sino que además tendría que convivir con su extraña “inocencia”, eso ya era demasiado para él, ¿qué había hecho para merecer tal tortura? -- Eres idiota ¿o qué? -- Soltó sin más. -- No pensé que fueras tan aburrida, Nyanpire. -- Rio por lo bajo, arqueando una ceja para cruzarse de brazos. Picarla definitivamente tenía algún tipo de diversión, por otro lado, ¿esa chica tenía novio? Bah, como si le interesara saberlo.

En verdad terminaría exhausto. Kyouya movió un poco sus hombros hacia atrás buscando relajarse, vamos, que parecer un príncipe encantador por tanto tiempo era desgastador, pero estar en aquella situación de “ayuda” era mil veces más agotador que cualquier sonrisa a un grupo de mujeres chillonas. -- Ugh. -- Se le escapó masajeando su hombro zurdo con la mano contraria, ¿de dónde había salido esa enorme cantidad de estrés en su cuerpo? Necesitaría una buena ducha caliente una vez que llegara a su morada. -- No estás hablando en serio, ¿o sí? -- Cuestionó con seriedad, clavando su mirada en la chica para caminar un par de pasos acercándose a ella. -- ¿Nunca has dado un beso? -- Eso tenía que ser una broma. Una risilla corta, casi imperceptible resonó en la habitación, aquella sí que era una muy estupenda broma. -- Eres mucho más aburrida a cada segundo. -- Comento quedando frente a la chica para agachar un poco su postura, acercando su rostro al contrario, terminó por fijar sus orbes en los azulinos. Más, necesitaba saber un poco más, toda esa información sería útil en algún momento. -- No me digas que eres de esas que esperan que tras chocar sus hombros con un chico juran que encontrarán a su verdadero amor y todas esas patrañas. -- Porque para el rubio no eran más que estupideces para niñas soñadoras, carente de lógica y realidad, bien que era algo normal de ver plasmado en una hoja de papel, pero de ahí a que le pasara a alguien, había un mundo de improbabilidad. -- Puras estupideces. -- Susurró apartándose una vez más.

Caminó hacia uno de los sofás para dejarse caer, apoyando sus brazos extendidos en el respaldo mientras se cruzaba de piernas para mirar a la chica, con aquella sádica expresión. -- Sabes, deberías tener más cuidado cuando hablas, nunca sabes qué es lo que podría filtrarse, la universidad es muy grande después de todo. -- Arqueando una ceja mantuvo sus labios curvados en una retorcida sonrisa, listo, ya tenía un plan para vengarse por aquel fallido fin de semana. Nadie le ganaba, Sata no aceptaría eso.

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Miu Nyanpire el Dom Mayo 21, 2017 10:18 am

El ambiente en el cuarto empezaba a tornarse pesado, o al menos la gata lo estaba sintiendo de esa manera, es decir, ese demonio podía convertir cualquier situación en algo que terminaría por arruinar su reputación, o eso daba a entender, sin embargo, a Miu no le molestaba en lo más mínimo que el mundo lo supiera, principalmente porque de conseguirse un novio no podía irle con mentiras, inventando que era una mujer experimentada en el romance, una sexópata o sabelotodo en materia de amoríos, cuando no era así, y tarde o temprano podrían atraparla en la mentira, abandonándola por ser de ese modo tan falso. Bien decían que la mentira tenía patas cortas, y las de Miu, seguramente eran microscópicas.


- No me importa lo que tu pienses, no eres mi tipo de hombre, diablillo bipolar –se encogió de hombros continuando con su labor, virándose cuando sintió la presencia del varón cerca de ella, estando sus rostros demasiado cerca, terminando por forzarse para no sonrojarse, después de todo el idiota malnacido aquel era atractivo, pero no lo daría a relucir, porque entonces si la molestaría con más afán - ¿Y que si no eh besado antes? Te reitero, no soy una cualquiera, mucho menos alguien como tú que seguramente se anda besuqueando y manoseando a cualquiera con buen cuerpo que pueda manipular como un juguete, porque así se vuelve divertido ¿No? –se viro a su trabajo, en verdad estaba cabreada por las risillas de Sata, sentía que el muy desgraciado podría llegar a humillarla con esa información, pero como antes pensó ¿Qué tenía de malo ser así? ¿Era pecado acaso el no ser una cualquiera? Porque, según sabia, ningún hombre que conoció en el pasado valía realmente la pena - Y no, no creo en ese tipo de encuentros, pero sí creo en que antes de entregarte a otra persona, sea de la manera que sea, debes al menos conocerle y no jugar con sus emociones o su cuerpo, ni mucho menos dejar que jueguen contigo ¿Eso es tan malo? –se levantó, caminando los últimos pasos que le separaban del demonio, pegando su nariz a la ajena, quedando de esa manera en una posición muy comprometedora, con una Miu colérica posando ambas manos en el respaldo del sofá donde estaba el varón, con una rodilla entre las piernas masculinas y la pierna restante haciendo de soporte en el suelo - Si no fuera una “aburrida” –enfatizo la última palabra, apretando más su nariz con la contraria - En estos momentos te estaría besando, pero como soy una chica aburrida que espera una pareja que valga la pena y no el chico del momento, me aguantare y así todos felices ¿No lo crees? –se separó chasqueando la lengua aun molesta con aquel hombre, no solo por los comentarios, sino, porque se acaba de dar cuenta de que simplemente a su lado no se controlaba como normalmente haría, era como si la furia se arrebatara su sentido común, volviéndola en un ente que solo actuaba por mera inercia y eso no era bueno, nada bueno, mucho menos si el sujeto se daba cuenta, estaba segura de que entonces Sata se volvería en verdad su peor pesadilla - Como sea, creo que puedes irte, terminare los moldes hoy y mañana haremos prueba de vestuario –cambio de ideas rápidamente, llegando a sostener del brazo al mayor, todo con tal de correrlo de su cuarto, pudiendo finalmente pensar en paz, pero no sabía si era por el peso de mayor o porque este mostraba resistencia el que no podía levantarle del sofá - Anda vete ¿Qué no querías hacer eso? –lo miro con desafío, volviendo a jalarle con fuerza para sacarlo de una buena vez de aquel lugar, sin embargo, lo que no espero es que terminara por trastabillar y caer sobre el chico en el sofá, pero ese no era el problema, tampoco la posición o que alguien pudiera verles, sino que, sus labios habían terminado por juntarse con los ajenos, convirtiéndose aquello en un detestable, primer beso robado accidentalmente, y como si las cosas no pudiera empeorar, justamente había sido con ese hombre que lentamente empezaba a odiar.

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Re: Dos centímetros de cercanía. [Priv]

Mensaje por Sata Kyouya el Mar Jun 13, 2017 8:21 pm

El demonio hasta ahora sólo había pensado en lo molesto que se había tornado todo, no pensó en ni un mísero segundo que toda esa maldita patraña le llevaría a un grato momento, hasta que claro, terminó por dar con el punto débil de la chica, vaya descubrimiento. Sus comisuras se elevaron en una sonrisa, una un poco retorcida al imaginar las diversas posibilidades de hacer un infierno la vida de la gata. -- Tsk. -- Bien, el que ella pensara que era un casanova no era precisamente lo mejor que le pudo haber pasado, empero sabía que gran problema no iba a ser, es decir, él continuaba siendo el príncipe de la facultad de economía, donde las locas que suspiraban por él estaban en una especie de alianza para que nadie lo tocara, eso era realmente desagradable pero útil, pues sabía que a pesar de todo lo defenderían dejando a la felina como una mentirosa que sólo busca atención. -- Solo eres una aburrida. -- Recalcó. No había motivos para que dijera algo más, su cabeza comenzaba a dolerle producto del malestar que la peligris le había proporcionado. Si ya no tenía nada más que hacer ahí lo mejor sería volver a su morada.

-- Como sea. -- El rubio ya planeaba largarse de allí, sin embargo, debía admitir que picar a la otra le hacía mucha gracia, por lo que aunque se había alejado del respaldo del sofá, volvió a acomodarse una vez más, no se dejaría vencer. -- Creo que he cambiado de opinión. -- Comentó arqueando una ceja. -- Tal vez me quede aquí un tiempo más, disfrutando de tu compañía. -- Con claro sarcasmo, sonrió de medio lado quedándose sentado. Era obvio que, con su porte, la muchacha quedaba en una notoria desventaja por lo que Kyouya no necesitó realmente mucha fuerza para mantenerse firme. “Debilucha.” Definitivamente no le gustaba eso en las mujeres, o en nadie.

Los juegos no son eternos. “Debe ser una broma.” Sus labios de pronto se encontraron con los de la fémina en un sutil toque, que a pesar de no tomar más que unos segundos pareció eterno. Sata arqueó una ceja antes de fruncir el ceño, cuando de verdad pensaba que nada podía empeorar, pasaba eso. “Tsk, que molesto.” No estaba en sus planes besar a esa chica, pero ya que estaba hecho, al menos procuraría hacer de esa experiencia la peor para ella. Se separó por breves segundos sólo para tomarle el mentón con la diestra y así poder presionar entre sus fauces el labio inferior de la chica, dando una pequeña mordida lo suficientemente fuerte como para que le doliese e inclusive pudiera dejar alguna marca. Atreviéndose a pasar su lengua posteriormente, se apartó evitando así cualquier golpe que la gata pudiese tratar de darle, no iba a aceptar una bofetada ni nada por el estilo gracias a algo que inicialmente no fue su culpa.

--Debes tener más cuidado con tus acciones. -- Dijo por fin, apartándose por completo. Una sonrisa ladina en una mueca divertida que ocultaba por completo el desagrado que le habría proporcionado ese beso, ¿quién en su sano juicio querría besar a una gata jodidamente complicada? Casi sentía lástima por la criatura que terminara junto a ella.

Poniéndose de pie la miró cruzando sus brazos y arqueando una ceja. -- No me digas que vas a llorar por algo como eso, después de todo, es simplemente un roce de labios. -- Tenía que restarle importancia aun cuando el mismo no se sintiera del todo relajado, lo importante era no hacerlo notar. Si no hay sentimientos, un beso no es nada, o eso se suponía, ¿no es así? -- Bien. -- Ladeando su rostro caminó con lentitud para ir por su chaqueta y colocársela nuevamente. -- Eso es todo, ¿no? -- Un ligero sentimiento de superioridad y satisfacción se albergó en el universitario para que volviese a la chica dando una sonrisa divertida y un poco sádica. -- Creo que entonces me podré marchar. --

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