Bajo la luna nace la llama -Priv. Deuce-

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Bajo la luna nace la llama -Priv. Deuce-

Mensaje por Izac Snider el Lun Oct 10, 2016 7:17 am

Cerca de medianoche, con una luna en cuarto menguante alzándose por encima de Myr, el rubio licántropo recorría las calles de la ciudad donde, a pesar de no residir, poseía una casa para cuando visitaba a su madre y a su hermana. No era su costumbre pasearse a tan altas horas, aunque tampoco podía decir que le desagradaba, pero estaba más que consciente de la clase de personas que rondaban en cada esquina nada más se asentara el sol por el Oeste, y eso era lo que no le agradaba mucho.

Se desvió de una calle secundaria al ver a algunas chicas vestidas de forma provocativa reunidas al final de esta, no quería tener ningún contacto desagradable esa noche (o ninguna otra). Pensó en lo desdichadas que alguna de ellas debían ser, y que Mirai pudo haber terminado igual o peor de no ser por la oportunidad que había recibido en el Colegio Militar. Suspiró ante la idea y sus pasos le llevaron hasta un callejón con poca iluminación que recorrió sin mucho problema, la obscuridad no le molestaba y se sentía bastante entrenado como para tampoco tener que temer si alguien se le acercase.

Al llegar al otro extremo, un ruido llamó su atención y tuvo que voltear el rostro hacia la derecha para ver de qué se trataba el aparente disturbio. Apenas notó de qué se trataba, su entrecejo se frunció y se volteó de lleno hacia lo que parecía ser un pequeño grupo callejero. —Oigan —su voz resonó desde lo profundo de su pecho, acercándose un par de pasos, pero no demasiado. Uno de ellos se dio la vuelta e Izac notó que le veía con mala cara, aunque por supuesto el teniente no se dejaría amedrentar por algo así. En el espacio que había dejado descubierto el chico, pudo ver a otro más en el suelo, cabizbajo; daba la impresión de que había recibido una paliza. Ante ello, el militar se disgustó por una actitud tan cobarde que era arremeter contra uno solo siendo cinco aquellos abusivos. —Será mejor que se retiren ahora mismo. —Su tono se volvió un poco más grave pero no gritó, no por nada se encargaba de instruir a las tropas. No supo si había sido su decisión de encararlos, el hecho de que portase el uniforme militar, o la seriedad con la que había hablado; cualquiera que fuese la razón, el grupo entero le miró y, tras unos gestos entre ellos, salieron corriendo en dirección contraria.

Izac no se movió ni cambió su gesto hasta que se aseguró de que se hubieran marchado por completo, hasta que su sentido auditivo no fuese capaz de registrar ya las pisadas apuradas sobre el pavimento. Tras eso, dirigió su atención al muchacho de aspecto realmente mal, preguntándose de inmediato si se trataba de alguien que vivía en la calle o algún miembro de una pandilla enemiga. Aunque no sabía la razón, quería verificar que el otro, al menos, no estuviese herido de gravedad. Su expresión se suavizó un poco pero la seriedad nunca abandonó su rostro. —¿Estás bien? —Su voz también se había tornado neutra, y continuó— Si estás herido, puedo llevarte a alguna clínica u hospital cercano —Ofreció como lo hubiera hecho con cualquier civil visto en alguna situación donde su bienestar peligrase.


Última edición por Izac Snider el Miér Nov 09, 2016 4:49 am, editado 1 vez

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Re: Bajo la luna nace la llama -Priv. Deuce-

Mensaje por Deuce Lenne el Mar Oct 11, 2016 12:02 am

Esa noche, era hermosa. Aquella noche había una luna menguante que mecía los cuerpos celestes dibujados en el manto nocturno, sin embargo, el sufrimiento de las personas no cesa ni en las noches tan bellas. Deuce Lenne, un nombre que además de diablo tiene una relación con el número 3, un apellido que no era suyo, una de las pobres almas que debían estar encerradas a esa hora por el toque de queda en el mercado negro, pero él escapo.

El elemental de fuego sabía que no duraría demasiado fuera, al menos no más que tres horas y a este ritmo ya había desperdiciado una de ellas; no tenía suficiente fuerza, ni los medios para ejercer su elemento, con cada suave brisa otoñal llegaban recuerdos de los pocos que seguían brindándole ganas de vivir, por mucho que odiase su vida, seguía pensando en la persona por la cual hizo un sacrificio que le envolvió en aquel infierno, ¿arrepentimiento?, a veces, había perdido peso, sus pies y brazos poseían heridas, su espalda poseía cicatrices antiguas y recientes, a veces sí, se arrepentía. A pesar de eso no pudo evitar pensar en su primera y única amiga de la infancia, le debía muchas cosas y tan solo imaginarse a la chica en este tipo de situaciones le dolía más que las heridas.

Para huir del mercado tuvo que usar lo último de su fuerza como elemental en derretir los barrotes y quemas los sistemas eléctricos de una zona pequeña, si había sufrido quemaduras eléctricas, pero no importaba, ver la luna acunando los astros esa noche era suficiente, sentir la brisa otoñal en su rostro sucio era más que suficiente por una vez más. Su mirada azulada no tenía el mismo brillo de los años perdidos, pero tan solo con ver la belleza nocturna volvía a la vida. Los pies descalzos del de cabellos azul nocturno llenos con heridas disfrutaron sentir las hojas secas en algunos sectores de la calle; inexperto y extrañando un poco los amplios paisajes nevados, avanzó por uno de los estrechos callejones, mala idea. En el callejón había un grupo de personas, peligrosas personas. En cuanto vieron a Deuce le rodearon como si se tratasen de moscas en torno a plato recién servido, hizo sonar su lengua en disgusto cuando vio las drogas, se encontraba débil pero eso no significaba que actuaría como tal, ese fue otro error, tratado como una peste, un vago fue golpeado por los hombres solo por su mirada desafiante, pero, sintió la voz de alguien más; ¿Quién era ese sujeto?, su mirada divisó los cabellos rubios y una silueta que se veía dominante; cerró sus ojos y cuando los abrió los sujetos ya habían desaparecido.

Elevó su mirada viendo mejor al hombre frente a él extendiéndole la mano –Mmf, ¿Quién eres? –Se levantó por si solo tambaleándose levemente, y de una forma un poco cómica sacudió sus ropas como si fuesen las mejores –Gracias por ayudarme, por otro lado no necesito un hospital ni nada, me encuentro bien –Eso era una obvia mentira, en su cuerpo se podía ver la desnutrición aparte de la zarza de golpes que tenía en su cuerpo, lo que Deuce temía era alejarse del radio permitido y sufrir una descarga de frío, la última vez que lo hizo sufrió durante tres días el dolor y los “cuidadores” lo único que hacían era burlarse de la deplorable situación en la que se encontraba el elemental.
Miro nuevamente de reojo al mayor fijándose en el parche –No parece que sea usted un enviado a capturar a alguien, es un alivio. Puedo mantener un poco más de seguridad en ese caso –Se acercó a unas cajas de madera y rompiendo un poco su camiseta limpio la sangre que salió de sus heridas en la mejilla y el labio, luego la doblo con cuidado y envolvió uno de sus pies en ella. Deuce al no ser uno de los “pets” sumisos tenía un pésimo trato, no era porque fuese agresivo, sino porque pasaba de los demás, era de aquellos a que les ordenaban hacer algo y no lo hacía porque no era su problema, prefería permanecer en la celda antes que salir al “patio” para ver la miseria en la que había vivido durante cuatro largos años.

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Re: Bajo la luna nace la llama -Priv. Deuce-

Mensaje por Izac Snider el Miér Nov 09, 2016 4:49 am

Teniente Snider, a su servicio —espetó, observando las acciones contrarias, llegando a arrugar un poco la nariz debido al olor del callejón combinándose con los rastros de sangre en el cuerpo del peliazul. No le resultaba agradable en lo más mínimo, pero fuera de aquel gesto con su rostro, no dio alguna otra señal de aquello. No era su estilo demostrar cosas como esas, menos con la situación que se le presentaba entre manos. —Me parece obvio que es todo lo contrario —se atrevió a diferir. Le era más que claro que aquel chico no aceptaría de buenas a primeras la ayuda que le estaba ofreciendo por más que su condición fuera precaria; sin embargo, insistiría. Su sentido del deber era más fuerte y firme que cualquier negativa. Hizo caso omiso de su último comentario, encarrilando su pensamiento hacia porqué habría dicho una cosa así. Para bien o para mal, su mente no tardó en inferir a lo que se refería.

Entrecerró el ojo visible y examinó atentamente la silueta en frente de él, la forma en la que se movía, los ligeros temblores que podía ver recorrer su cuerpo, atribuyéndoselo al maltrato que acababa de recibir; pero había más que eso. —¿Cómo te llamas, chico? —se atrevió a usar aquel término, asumiendo que el de menor estatura no le alcanzaba en edad. —Parece que has tenido una noche difícil —añadió. "Por no decir toda una vida", pensó, guardándolo para sí mismo. Izac era un hombre que trataba de medir sus palabras y acciones; si bien su instinto era por demás una fiel guía, su raciocinio jugaba también una parte importante como impulso para cada siguiente paso que daba.

Es una noche fría —prosiguió tras unos segundos, notando como una ráfaga se había colado entre los callejones para alcanzarles, revolviendo algunos papeles, basuras y hojas que se hallaban en el suelo a su alrededor. Pese a que el lugar donde se hallaban estaba escasamente iluminado, para el licántropo eso no representaba dificultad alguna. Aun así, agradeció cuando una nube que había acobijado a la luna la dejó desprotegida para que esta pudiera iluminar la ciudad. Izac le daba la espalda al astro, fijándose en cómo su sombra se alargaba en el piso frente a él. Soltó un leve suspiro y parpadeó de forma un tanto lenta. —¿Tienes hambre? ¿O hay algo que pueda hacer por ti? —El rubio no se consideraba un alma caritativa ni nada por el estilo, sus proceder se regía por otras cuestiones más allá de la bondad o la benevolencia; no por ello se comportaría como un tirano.

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Re: Bajo la luna nace la llama -Priv. Deuce-

Mensaje por Deuce Lenne el Dom Nov 20, 2016 5:40 am

El de cabellos nocturnos habría sonreído ante el hombre frente a él, pero su estado no era bueno y se notaba, su rostro era serio, su mirada de un profundo azul se encontraba fija en aquel hombre, prefería no decir nada, e incluso pensaba en escaparse de aquel hombre. Ante las palabras del desconocido solo ladeo su rostro, él no era ningún niño, pronto cumpliría los 23 años de edad, sin embargo ante la palabra comida, volvió su mirada azulina a la del rubio –No tienes ni idea como me gustaría disfrutar de un buen trozo de carne, ni lo que daría por una barra de chocolate, a pesar de que no sea mi golosina favorita –El viento removio sus cabellos, los que a pesar de estar limpios lucían opacos, y esto no era únicamente debido al factor de oscuridad. En esa “prisión” le dejaban bañarse, pero, solo algunos podían adquirir el deseado jabón e incluso perfumes, aquellos eran los favoritos/as, no eran como Deuce, quien había escapado anteriormente, pero recapturado y de paso, le dieron un buen castigo.

El elemental levanto su vista para acercarse un poco al teniente Snider –Teniente, si usted puede entender mi situación, perfectamente podría dejarme escapar, no necesito un médico, lo que necesito es libertad, aunque sea por esta noche, supongo que se imagina de donde provengo. Si me alejo más, recibiré algo peor que la paliza de esos sujetos, en el momento que descubran que no estoy en “mi habitación”, vendrán a buscarme, por eso me queda poco tiempo, y no pienso desperdiciarlo en un hospital o hablando con uste- –Al mencionar las últimas palabras su voz se cortó de forma repentina, se llevó las manos al estómago para comenzar a toser, al momento escupió un poco de sangre –Si hubiese podido… no sabes cómo hubiese dejado a esos sujetos hechos un malvavisco en el fuego, por cierto, Teniente, no soy un niño, tengo 22 años, no falta mucho tiempo para mis 23... –paso su mano por sus labios para limpiar el rastro de sangre y con una bolsa de basura cubrió las pequeñas manchas que había dejado, para el joven de 22 años, lo primordial era eliminar todos los rastros de que se encontró en el actual sitio. Comenzó a darle vergüenza, un débil sonroso apareció en sus mejillas mientras su mirada caía de lleno al suelo, hace tiempo que no experimentaba aquel sentimiento frente a alguien, sus ropas sucias por su propia sangre y vieja, descalzo, con moretones en su blanca piel y sus cabellos sin brillo, además de que el joven Deuce no tenía una personalidad agraciada, por lo cual era poco probable que alguien le comprara, era un cabeza dura, sin embargo, no se lamentaba de eso, prefería ser un cabeza dura a ser un lame suelas como muchos de las mascotas o pets en venta, no tenía fuerza en su estado, pero no le importaba, su corazón aun la tenía, eso era suficiente, aunque en los últimos días quedara poca de ella. Aclaro su garganta y miro al rubio dedicándole una mirada brillante, además de una sonrisa ladina –Oiga señor Teniente Snider, será mejor que vaya a casa, no será bueno para usted si ese grupo de idiotas regresan, y con más idiotas, ya sabes que los débiles atacan en manada, espero no volver a verle por estos lugares, y mucho menos en… el mercado ilegal –el de ojos nocturnos dio media vuelta para comenzar a alejarse, sin dejar la sucia pared, su única ayuda para regresar sobre sus pasos atados a aquella “esclavitud”, a la cual debía regresar, escapaba, pero debía volver, debía regresar a sentirse nuevamente como un prisionero, a ser vendido como ganado, Deuce sabía perfectamente bien, que no mucho le faltaba para quedarse dormido en una oscura celda.

Pasos lentos, pasos deteriorados, lentamente desvaneciéndose entre las calles, su consciencia estaba viva, pero su cuerpo comenzaba a fallar; el elemental había caído entre la basura, se sentía impotente, no debía mostrar su debilidad al encontrarse en una condición tan deplorable, no lloraba por su situación, se tenía lastima, en su mente se escuchaba a sí mismo – Levántate, ponte de píe, ya nada te queda, hazlo por ti, no quieres morir aquí, aun puedes vivir –Con cada uno de sus músculos, sus piernas, su espalda y brazos temblando, se levantó nuevamente, pero, temía dar un nuevo paso, si lo hacía caería, él lo sabía, con gran vergüenza, y dejando un poco su ego de lado miro al hombre rubio un par de metros más atrás y en un susurro, menos que eso, con su aliento llamó, de forma suave y algo necesitada –No quiero morir… ayúdame –sus ojos estaban húmedos levemente, y en su rostro lleno de suciedad se lograban ver los rastros de las lágrimas que derramo, podían decir de todo, pero Deuce siempre tendría la fuerza en su espíritu.

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Re: Bajo la luna nace la llama -Priv. Deuce-

Mensaje por Izac Snider el Sáb Dic 17, 2016 10:33 pm

Lo sabía, o al menos lo había intuido, de dónde venía aquel muchacho, qué era lo que hacía en las calles de Myr, lo adivinó por su aspecto, y sus palabras terminaron de confirmar lo que ya teorizaba en su mente. En ese momento, lo que conocía como "deber" se convirtió en una dicotomía; por un lado, su educación le estaba orillando a tenderle la mano al de cabellos obscuros, que prácticamente le estaba rogando por ayuda; por otro, llevárselo sin más significaría quebrantar las reglas bajo las cuales la escoria de sociedad se regían, estaría robando propiedad ajena porque, en esos momentos, es lo que en estándares bajos era él. No solo eso, sino que pensaba en lo que pasaría si, de alguna forma, le otorgaba la tan deseada libertad. ¿De qué viviría? ¿Quién le aseguraba que no robaría o cometería crímenes con tal de sobrevivir? Él mismo lo había dicho, de poder, hubiera lastimado a quienes lo estaban enfrentando hacía apenas unos minutos. Su mente siguió argumentando ambos lados del debate, uno que estaba llevando a cabo en contra de sí mismo. Qué fácil sería solo darse la media vuelta e irse, estrictamente hablando no tenía razones para intervenir, nada lo ataba... Pero él no era esa clase de persona.

No se movió ni un ápice incluso cuando el menor cayó ni escupió sangre, estaba demasiado acostumbrado a ver las fuerzas fallarles a los reclutas, a que siguieran hasta no poder más. Esperó. De alguna forma, quería ver qué tan lejos podía llegar, se preguntó también cuánto camino ya había recorrido antes de decir basta. Su expresión era serena, sus latidos no habían perdido el ritmo, se había endurecido con el paso de los años y una situación difícil que afrontar. No estaba conmovido, todos tenían sus propios problemas. La vida no era fácil, en un momento podías estar en la cima y al siguiente arrastrándote por las calles, tal y como lo hacía el joven de rostro pálido frente a él.

Meditó la situación, cómo proceder, qué decir, qué hacer. A partir de ese momento sabía que sus pasos debían ser medidos con suma cautela o el mismo podría meterse en un gran problema. No necesitaba más de eso. Decidió que intentaría algo. Avanzó por el callejón los metros que los separaban, al acercarse pudo apreciar mejor su rostro afligido. ¿Hacía cuánto que él no derramaba lágrimas? No podía recordarlo. Se agachó lo suficiente para quedar a la misma altura, acuclillado sobre las puntas de sus pies. —Te ofrezco libertad, pero trabajarás por ella. Vendrás conmigo y te enlistarás como un recluta. Tendrás comida, un techo, salud, y eventualmente un modo de sostenerte a ti mismo. Eso es todo lo que puedo ofrecerte. —Cada una de sus palabras eran dichas apenas por encima del silbido del viento, en un tono extrañamente suave en el licántropo. Quizás, de alguna forma, se estaba viendo reflejado, su imagen de hace casi diez años atrás, cuando también creyó que no tendría un mejor futuro; sin embargo, alguien le había tendido la mano y sacado de su miseria. Estaba dispuesto a hacer lo mismo por él. Le volvió a tender la mano y ladeó el rostro. —Dime tu nombre, y si aceptas mi oferta, toma mi mano. Si no, este será el adiós.

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