Te recuerdo... [Priv. Megumi]

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Te recuerdo... [Priv. Megumi]

Mensaje por Shin Tsukinami el Jue Sep 29, 2016 11:48 pm

-Claro, incluso puedo darte un par de consejos para que te sea mucho más sencillo establecer una conversación con ella. Créeme, bajo mi instrucción tienes 100% asegurado conseguir una cita antes de la próxima semana-


Esas eran las palabras que había dedicado el licántropo a uno de sus compañeros de guardia que llevaba ya un tiempo hablándole de una joven de cabellos castaños que había llamado su atención tan pronto la visualizó: más allá de su físico, el muchacho había quedado fascinado por la responsabilidad que caracterizaba cada una de sus acciones y la seriedad con la que se tomaba el trabajo –Ejemplar… verdaderamente ejemplar- había dicho entre suspiros. Shin se limitaba a sonreirle y animarlo a hablarle, pero el contrario era tímido hasta la médula y se negaba a cada una de las propuestas que sugería. ¿Cuán grande puede ser el deseo de admiración de una persona? Inmenso si esa persona era el Tsukinami: no lo negaría, estaba harto de los suspiros enamorados de su colega y lo estaba todavía más de fingirse el “amigo servicial” que se ofrecía a ayudarle a conquistar a su Julieta. Conforme el tiempo pasaba en aquella fría noche de vigilancia, el del parche se frustraba más y más ¿Es que el otro no podía tomar la iniciativa de una vez? Suspiró buscando calmarse un poco de esa manera y se quitó las gafas para limpiarlas un poco con un pañuelo que extrajo de su bolsillo  -Y… ¿pensaste en invitarla a beber algo? Si te sientes incómodo por estar a solas con ella, puedes decirle que invite a sus amigas y tu invita a tus propios amigos. Una salida en grupo no debería ocasionarte muchos problemas- volvió a ponerse los anteojos y le observó fijo esperando una respuesta positiva…


Habían pasado tres días desde aquella conversación y el licántropo refunfuñaba en su hogar: de pie frente al espejo, terminaba de colocarse una chaqueta color marrón oscuro para la salida de esa noche; si bien, fue él mismo quien sugirió a su compañero invitara a otras personas a su “cita” con la oficial de policía, no esperaba que el tuviera el “honor” de ser uno de los amigos que le acompañaría –Ese maldito….- gruñó metiendo en su bolsillo las llaves de la residencia luego de haberla cerrado y, en su lugar, sujetando entre los dedos las que servirían para encender su motocicleta. El camino no fue largo pero tampoco corto, la distancia no era precisamente poca de su casa al bar que funcionaría como escenario para la velada, pero el tráfico estaba a su favor y tan solo le llevó quince minutos llegar al punto de encuentro con su colega. Una vez estuvo estacionado y se hubo quitado el casco que protegía su cabeza, el licantropo dedicó al chico una de sus típicas y falsas sonrisas –Tranquilo, todo irá viento en popa- aseguró entrando al local que mostraba poca clientela pero no por eso carecía de ambiente.  Tanto él como su amigo habían llegado puntuales a la cita y ninguna de las chicas había hecho aparición aún, lo cual tranquilizaba al pelinegro y aumentaba la impaciencia del rubio. Ambos jóvenes habían pedido una cerveza cada uno mientras aguardaban la llegada de las féminas -…Ahí están- luego de escasos diez minutos, dos jóvenes ingresaban al bar: la primera era considerablemente alta, de cabellera celeste y brillantes ojos violetas; la segunda era un tanto más bajita, de cabellos ondulados y castaños con profundos ojos color olivo. El Tsukinami las observó a ambas atento, encontraba mucho más atractiva a la primera que a la segunda, pero había algo que no podía ignorar por completo en la morena; le recordaba a alguien pero no estaba seguro a quién… no le dio más importancia de la necesaria, después de todo sólo acompañaría al otro para evitar que sufriera un infarto mientras “ligaba” -…¿Cómo se llama tu novia?- quizás la pregunta fue demasiado directa, pues aún cuando sólo fue un susurro cerca de la oreja contraria, el chico se había teñido de rojo y transpiraba nerviosismo puro, temeroso de que las jóvenes (de momento aún distantes) hubieran escuchado tales palabras –¡N..n…no es mi no..novia!- aseguró –S..su nombre es Megumi… Hoshino Megumi-.


Al menos 11 pares de ojos (distribuidos por todo el bar) se posaban sobre el semblante pálido del joven de cabellos claros; su mano había soltado el tarro con la bebida y éste se había hecho añicos en el suelo -….¿M..megumi?- tartamudeó sorprendido,  observando alternativamente a la castaña y a su propio colega –… Tengo que hablar con ella-  Sobra decir que el amigo del rubio no estaba nada contento con aquellas palabras -¡¿Pero que dices?!… si tu ya habías conseguido el número de la cajera del otro día- Shin simplemente le ignoró y avanzó hasta la joven policía quedándose a un metro de distancia, frente a ella; como si la acompañante de la chica hubiera presentido algo, se excusó y caminó hacia la barra para pedir algo de beber dejando solos al par que se quedó cerca de la entrada -¿Megumi?- repitió el nombre contrario aguardando que ella le reconociera aún con su cambiada estatura, con su complexión un tanto más fuerte, el cambio que su voz había experimentado y, por encima de todo aquello, aún con el parche cubriendo la ausencia de uno de sus ojos –Soy yo… Shin. Tsukinami Shin…- le ayudó diciendo su nombre en voz alta con un ligero temblor. Estaba alegre de que su amiga de la infancia estuviera ahí, frente a él.

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Re: Te recuerdo... [Priv. Megumi]

Mensaje por Hoshino Megumi el Vie Sep 30, 2016 2:41 pm

Era fin de semana, tiempo en que los colegas se reúnen intentando olvidarse de su molestos días de trabajo, pero para la ardilla aquel bar donde se le citó en conjunto con una amiga y grupo de desconocidos -porque para Megumi se trataba de eso-, no era para nada la idea que tenía sobre un divertido fin de semana, y no se debía a que fuese una persona que detestara cualquier ámbito social, para nada, porque de ser así no trabajaría en la policía donde debía de tratar con gente de todo tipo y especies día con día, pero, entre pasar una noche de licor al cual en realidad no era muy resistente pudiendo acabar en situaciones que arriesgarían su puesto y esfuerzo en la policía, contra adelantar sus investigaciones ante el sospechoso fallecimiento de sus padres, sus preferencias decantaban en muchos grados al último punto, pero entonces nace la pregunta ¿Qué demonios hacía en ese sitio? La respuesta decantaba en aquella amiga de celestes cabellos.

Hacia dos días, la sirena -especie a la que pertenecía la de morados ojos -sorprendió a Megumi en medio de una charla con un pelinegro, aquel era nada más ni nada menos que un soldado, quien temblaba como una hoja conforme trataba de pronunciar la más mínima oración, tensando a la menor quien simplemente quería continuar con su ronda. Apenas la ardilla vio a su tan querida amiga, intento pedirle algo de ayuda, pero en cambio, solo se vio sumida en una charla entre esos dos que decanto en el actual encuentro.


- No puedo creer... que me hicieras venir hoy -las calles no estaban concurridas, pero en la mente femenina cada pequeño paso que le separaba de su destino, era un suplicio. En serio no quería ir, no tenía ganas de convivir con extraños, tampoco hacer amistades o conseguirse un novio, como muchas de sus allegadas insistían debía de hacer
- Son solo unas copas y nos vamos, no pierdes nada con venir -alegre y jovial, la contraía paso el brazo derecho por sobre los hombros de su amiga, abrazándola suavemente desde aquella posición un tanto peculiar, como dándole apoyo, o quizás, era una táctica para que no huyera
- Supongo que no será tan malo... pero, no te separes de mi ¿De acuerdo? -vio a su amiga asentir y eso le alivio, porque si le tocaba sufrir, no lo haría en solitario.


Luego de la advertencia, habían arribado al bar, empezando a buscar con la mirada al pelinegro quien les invito, porque si bien tenían en mente que otra persona más iría, solo conocían al soldado quien propuso el encuentro, mas no a su amigo, pero toda búsqueda ceso tras oír el ruido de cristal partiéndose en el suelo, siendo sus miradas guiadas al punto desde el cual el ruido parecía nacer. Lo siguiente que paso la joven ardilla no lo comprendió, en un dos por tres, el destructor de vasos estaba frente a ella, inspeccionándola y mirándole con aquel ojo visible cubierto de un brillo peculiar, mientras la traidora de su amiga se marchaba a quien sabe dónde, luego de haberle prometido no dejarle sola en toda la noche.

Megumi quiso hablar, mas no pudo emitir palabra alguna ¿Que podría decirle a ese sujeto, cuando fue él quien se dirigió como buitre contra su presa? Se suponía que si el rubio no le decía que buscaba de ella, la muchacha no comprendería nada. Suspirando sus ojos se cerraron, quería algo de paz, volver a su trabajo, al tan hermoso papeleo que ningún problema le causaba y de hacerlo, la picadora de papel estaba ahí para culminar la vida de los documentos en medio de una oleada de destrucción masiva.


- ¿Eh? -su nombre dicho como una pregunta le alarmo, en especial tras ver su pálida faz y oír el timbre vocal temblar conforme el hombre se presentaba. Actuaba como si se conocieran, pero no un encuentro casual, tampoco era debido a un antiguo trabajo que pudieran haber hecho en conjunto, aquellas expresiones Megumi las había visto tantas veces en su pasado, era el mismo rostro de ilusión que sus cercanos habían puesto tras oír su pérdida de memoria, ese brillo en su mirar era la ilusión de un viejo conocido por ser recordado - Yo no... -sus manos se juntaron en su pecho, apretando aquella camisa del uniforme policial que ni tiempo tuvo de quitarse para ir a la cita, su pie derecho retrocedió un poco y su mirada se había desviado escasos segundos. Se sentía mal, pero no por ella, sino por aquel joven rubio ¿Cómo le diría que no lo recordaba? ¿De dónde se supone que le conocía? ¿Porque su corazón parecía estrujarse, como si estuviera reclamándole el haberse olvidado del tal Shin? - Lo lamento pero no sé quién eres -repentinamente el sonido de un trueno en el exterior corto toda la tensión, iluminando más de la cuenta el pálido rostro de aquel hombre, clavando una estaca en el corazón de la ardilla, quien no demoro en hacerle una seña a su amiga, poco antes de tomar la mano de Shin, llevándolo a uno de los cubículos un tanto apartados el bar, donde podría hablar más cómodamente - Escucha... -la lluvia en el exterior amenizaba aquella escena sacada de una obra literaria, las bebidas puestas frente a ellos fueron el indicativo de que podrían hablar sin ningún problema. Si bien la policía no era muy partidaria del alcohol, no dudo en darle un pequeño sorbo a su licor de nuez, quemando así su garganta como un mudo castigo por olvidarse de su acompañante que tan cariñosamente parecía recordarle - Yo... no es que no te recuerde por mero placer -sus verdosos ojos buscaron aquel dorado con cierto temor, no le agradaba hablar de su pasado tan a la ligera, pero había algo en Shin que le exigía contárselo, como si tuviese que excusarse por un abandono - Realmente tengo buena memoria, pero si no te recuerdo, solo se debe a una cosa -suspirando largamente, los primeros botones de su camisa se desprendieron y el collar que tanto solía esconder quedo a la vista - Si me conociste antes de que llevara esto, no podre recordarte aunque lo intente... porque, cuando tenía doce años, perdí todos los recuerdos de mi pasado y créeme cuando te digo que desde ese mismo instante, llevo intentando buscar un modo de recobrarlos sin mucho éxito -un nuevo sorbo a su bebida le enmudeció, el sonido de los truenos en el exterior, y las personas que ingresaban al bar en búsqueda de refugio empezaba a ir en aumento - Nadie sabe bien que paso, pero en aquella época... -su labio inferior fue mordido, sus ojos se cerraron por medio segundo, como si aquello le trajera a la memoria lo que aconteció, a pesar de no ser así - Según tengo entendido, solía escaparme mucho de casa para volver a altas horas, pero un día no volví... evidentemente mis padres se preocuparon y emprendieron una búsqueda, pero acorde a lo que me explicaron después, de la nada llegue a la playa donde estaba mi hogar, completamente lacerada y con este collar que no se puede quitar, perdiendo la conciencia al poco tiempo -su diestra se puso a jugar con uno de sus largos mechones, sopesando que más podría decirle al varón - Estuve unos días hospitalizada, cuando recobre la conciencia no podía recordar nada... los médicos no estaban seguros si fue debido a una droga o quizás por las heridas de mi cuerpo que se produjo la falta de memoria, pero, el caso es que no puedo recordar quien eres Shin... lamento si eso te causa un inconveniente pero comprende que no es algo sobre lo cual tenga control -no estuvo segura de porque, quizás en un acto de dar consuelo, pero su diestra se posó en las manos del canido, colocadas sobre aquella mesa que les dividía al uno del otro, tal cual parecía estar haciendo su falta de memoria, misma que ahora jugaba un antes y después en la relación que parecía habían llevado ambos viejos amigos. Quería recordarle, Megumi de verdad añoraba poder tener aquellas antiguas memorias que le fueron arrebatadas tras su secuestro, pero, tal como intentar detener la lluvia exterior, rememorar viejos tiempos era quizás, completamente imposible.

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Re: Te recuerdo... [Priv. Megumi]

Mensaje por Shin Tsukinami el Dom Nov 06, 2016 10:29 pm

Shin permanecía quieto, la expresión de su rostro no denotaba una alegría desmesurada pero tampoco era lienzo de una expresión fría por completo; ¿Que podía decir? la chica con la que compartió 4 años de su juventud estaba ahí, frente a él, buscando sus ojos con los propios y... oh, mentira. El rubio no pudo evitar arquear una ceja un tanto confuso cuando la morena desvió la mirada de él por un instante justo antes de pronunciar las siete palabras que le harían sentir un puñal atravesar el pecho, el trueno a espaldas de la fémina dio a toda la escena el aspecto de una película donde el protagonista estaba con la boca entreabierta, las pupilas dilatadas y la garganta seca de pura ansiedad. "Un teniente debe ser de temple fuerte" / "No te puedes dar el lujo de permitir que cualquier cosa te sorprenda" / "Ja, y pensar que un idiota liciado de la vista como tu sueña con ser algo más que un simple cadete" .... repentinamente todas las frases que el licantropo había recibido durante su entrenamiento en la milicia se agolparon en su frente, no como un mal recuerdo o de forma inconsciente: más bien, ese era el método que el joven utilizaba para darse ánimos a sí mismo. Si había conseguido aquello... ¿por que no podía evitar sentir que su cuerpo de destrozaba solo por enterarse de que la ardilla frente a él no le recordaba?. -¿Q..que?- la voz se le cortaba aunque hacía lo posible por controlarse. Pasó saliva un par de veces y su vista se dirigió al suelo mientras un estremecimiento le recorría desde la nuca hasta la última vertebra de su espina dorsal; el chico podría jurar que la tierra se había abierto a sus pies y en ese momento el se desplomaba a las profundidades del abismo creado. Lo único que le salvó de la terrible caída fue la mano de la joven oficial, que sostenía la suya y le jalaba a quien sabe donde ¿Eso importaba? él estaba mucho más centrado en tragarse las emociones del momento; si la situación hubiera sido otra, quizás Shin estaría burlándose en voz baja de su amigo por la cara que había puesto al ver que se alejaba con su cita a uno de los cubículos privados del bar.


Sus lentes comenzaban a resbalar por el puente de su nariz por la inclinación de su cabeza, que parecía estar siendo atraída hacía el suelo por una extraña fuerza; desganada, su diestra subió a reparar el daño, sería un problema si se quedaba sin gafas por un motivo tan simple y vergonzoso como ese ¿no?. Su desánimo era tal, que se limitó a asentir cuando el camarero llevó su bebida a la mesa, una igual a la que había pedido en la barra y en realidad no pensaba probar, no le apetecía en el momento. Su mirada se elevó a los ojos verdes de la joven tan pronto ella habló, dándole toda su atención al instante aunque la contraria no la había pedido... pero era su amiga, aunque ella le estuviera jugando aquella cruel broma en que fingía no recordarle. eso esperaba el licántropo, en serio lo estaba deseando con todo su ser: esperaba que en cualquier momento la chica le regalara una de sus cálidas sonrisas, le diera un codazo y le dijera "Has caido en mi broma, idiota~" seguramente entonces el le estiraría las mejillas como solía hacer cuando eran pequeños "¡Desgraciada! ¡No vuelvas a hacerme algo así!" y entonces la abrazaría... "Te eché de menos, tonta". Sin embargo, los segundos se marcaban uno tras otro en su reloj de pulsera y aquellas añoradas palabras no salían de la boca femenina, que en lugar de hablar bebían un poco del licor antes dispuesto por el servicio. Shin permaneció callado todo el tiempo siguiente, sus labios apenas se separaron intentando reprimir un pequeño quejido cuando la joven reafirmó no recordarle en absoluto; su ojo se posó en el collar que fue expuesto a él tan solo segundos después: le miraba con una mezcla de curiosidad y rencor ¿Esa cosa la llevaba la ardilla cuando se separaron hacía casi 9 años? No recordaba habérsela visto jamás... además, ese cachivache debía tener algo maligno si la castaña afirmaba no le recordaría si le había conocido antes de llevarlo -Antes no lo tenías....- fue lo único que dijo, bajando la cabeza de nuevo y posando una mano sobre la otra encima de aquella peculiar mesa.


Lo siguiente que ocurrió fue algo confuso incluso para él mismo: conforme la ardilla narraba los acontecimientos que provocaron su pérdida de recuerdos, el teniente se mordía el labio inferior intentando soportar el desolador sentimiento que se apoderaba de su interior a cada momento. Sus puños se apretaron tanto que los nudillos normalmente rozados de sus manos se tiñeron blancos por la fuerza aplicada; sentía que sus garras iban a acabar atravesándole las manos si no se controlaba un poco. ¿Megumi no lo recordaba? y lo que era peor... ella había dicho 12 años: ¿todo el incidente había ocurrido cuando el se marchó a la milicia? ¿Todo justo después del incidente en el bosque? Nuevamente un gemido ahogado se le escapó, estaba entre la ira y la locura, Shin se sentía capaz de levantarse y destrozar todo lo que se le pusiera enfrente por el terrible hueco que comenzaba a formarse en su pecho. La lluvia arreciaba en el exterior del establecimiento y golpeaba con fuerza la ventana del cubículo en el que ambos se encontraban, el silencio invadía la estancia mientras el del parche intentaba asimilar todo lo que la menor había dicho, apretando los dientes para evitar decir cosas que podrían sobrar. Sus manos se apartaron con brusquedad cuando la chica poso su diestra sobre ellas -¡No hagas eso!- su voz estaba quebrada en millones de pedazos que probablemente no conseguiría volver a tener juntos en un buen rato -No... n..no hagas eso....- pasó saliva intentando calmarse en vano, estaba por ahogarse en sus propias emociones -¿Por que... por que hacer eso con alguien a quien no recuerdas?- sus manos aun empuñadas temblaron con cierto descontrol; el licántropo no quería echarle en cara a su amiga que le había olvidado, sólo era duro para él aceptarlo.. no podía ni quería -Supongo que ya no importa ¿no?... todo lo que sucedió para ti en realidad no pasó..- su voz se cortó aun más mientras sus ojos se humedecían -Nunca te conocí cuando tenias ocho míseros años... no me mordiste la lengua porque intente jugar contigo... no pasaste tus tardes conmigo mientras ambos huíamos de casa... no intentamos hacer una balsa a otro planeta... no fuimos super héroes...- sin poder soportarlo, las lagrimas comenzaron a caer de su ojo en gruesas gotas que rápidamente mancharon el cristal de sus anteojos, debiendo el joven quitárselos para frotarse el pómulo con el dorso de la diestra -¡Nunca dormimos tranquilos bajo un árbol viendo el sol hundirse en el mar! ¿Cierto? ¡Jamas lo hicimos!- exclamo aquello gimiendo un poco entre lagrimas -Y lo más importante..... supongo que tampoco existió nunca el esfuerzo que hice por mantenerte a salvo de esos sujetos en el bosque cuando tenías doce años...- apretó los dientes al recordar la escena y por instinto llevó la mano izquierda a su parche, acariciándolo con la yema de los dedos -Pero dime, Megumi.... si todo eso no sucedió..... ¿Dónde esta mi ojo?.... porque... si yo no peleé para que escaparas, debería estar conmigo aún... ¿No?- sollozó de nuevo y agachó la cabeza, ocultando el rostro entre las manos negando una y otra vez mientras se atragantaba un poco por lo errática que se había vuelto su respiración. No podía creerlo.... al final todo el esfuerzo que había hecho había sido en vano... y lo peor de todo:  Ella ni siquiera había recordado su nombre.


En ese momento, al teniente no le importaba estar perdiendo su adoradísimo orgullo frente a una fémina... tampoco tenía importancia estar llorando como un niño cuando uno de sus amigos no asistía a su fiesta de cumpleaños. Para él en ese momento lo único importante era que estaba ahí, en el bar, con la chica que le había sacado tantas sonrisas durante su niñez y adolescencia... esa chica que había intentado proteger como el tesoro más valioso del mundo. Había fracasado: el muy imbécil había acabado golpeado, sin un ojo y muriendo como un idiota creyendo que su querida amiga estaba a salvo, en casa de sus padres, contándole a su madre del susto que habían pasado. Ja... pensar que ni siquiera eso había hecho bien, el único "triunfo verdadero" que contaba en su vida había resultado ser un total fracaso donde la niña casi fue asesinada a golpes y, para colmo, sometida a quien sabe que cosa que además impedía recordara su pasado -Que estúpido fui....- murmuró en una sonrisa nostálgica que atraía las lagrimas de su ojo hasta su comisura para que luego cayeran en gotas por su barbilla. Fuera de ese cubículo todo mundo seguiría igual y sería como si nada hubiera sucedido: eso se demostraba en que el móvil de color ocre posado sobre la mesa vibraba una y otra vez, dejando ver en parpadeos luminosos el nombre del soldado que inicialmente había invitado a las chicas a aquel bar. Seguramente el pelinegro intentaba llamar a su "amigo" para pedir explicaciones de por qué se había llevado a su cita a solas de manera tan sospechosa... cansado de la incesante vibración, Shin acabó apartando por un momento una mano de su rostro para apretar el aparato con una fuerza tal que con un crujido las piezas metálicas cayeron al suelo poco después. El rubio acabo colocando se vuelta la mano en su rostro y siguió callado, sumergido en su propio mundo que acababa de ser semiderrumbado.

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Re: Te recuerdo... [Priv. Megumi]

Mensaje por Hoshino Megumi el Jue Nov 10, 2016 6:47 am

Existen momentos en la vida donde las palabras sobran, otros en donde tu mente, alma, corazón y labios no saben trabajar con armonía, e incluso aquellos cuando simplemente no tienes idea de cómo actuar, pero para Megumi, justamente en ese bar, frente al destruido muchacho que hacía poco había apartado su mano con cierta fuerza consiguiendo la sorpresa en la ardilla, se estaba formando una especie de curiosa mezcla, todo porque la chica no tenía idea de cómo actuar, simplemente ¿Que debía hacer en una situación como aquella?

No es que el tal Shin fuese el primero a quien viera destruido porque ella le hubiera olvidado, aun podía recordar los lamentos ahogados de su madre cada noche, suponiendo que su pobre y desmemoriada hija dormida no pudiendo oírle llorar, pero, aun cuando esos días habían sido negros para la policía, nunca, jamás, pensó que su corazón se comprimiría tanto, llegando a dolerle, causando un picor en sus verdes ojos que rogaban por acompañarle en el llanto. Aquello era una tortura ¿Porque? ¿Porque Shin parecía ser tan importante, y de serlo así... porque diablos lo había olvidado?


- Shin yo... -su voz flaqueo, el timbre tembloroso de Shin le había opacado completamente. Aquel hombre de porte fuerte estaba desnudando su alma frente a ella, reclamando no que lo hubiera olvidado, Megumi sabía que lo que de verdad escondían las palabras de Shin era una muda suplica porque le permitiera regresar a su mente, que sus viejas memorias volvieran con una velocidad tal, que todo el asunto fuera una terrible pesadilla. Pero ella sabía que no era posible, tantas veces antes intento rememorar el pasado sin siquiera lograrlo, entonces ¿Que conseguiría con hacerse daño a sí misma, o mentirle a aquel hombre, asegurando que volvería a recordarle? - Shin... -repitió su nombre en un susurro, sorprendiéndose no solo por el hecho de que aquel joven hubiera dado un ojo por verla segura, sino por la forma en que el dolor parecía incrementar en él. Quería escapar, desaparecer para no ver esa imagen tan desvalida, no podía, simplemente dolía demasiado contemplar a quien decía ser su amigo de ese modo. Necesitaba disculparse, rogar perdón, mentirle incluso, lo que fuera con tal de que él dejara de sufrir así, pero, estaba más que consiente que sin importar lo que pudiera decirle, nada aliviaría su pena. Con un largo suspiro la menor se levantó de su lugar, pisando aquellos restos del destruido celular, tomando asiento a un lado del rubio, dejándolo entre la ventana y su cuerpo, cortándole las vías de escape que podría tener - Así que... es culpa tuya que muerda la lengua de cada persona que intenta comerme ¿Cierto? -puede que iniciar la charla de un modo tan apagado y alejado del tema principal no sirviera, sin embargo ¿Cuál era la forma correcta de abordar una situación como aquella? Megumi no la conocía, y por ello, solo actuaba como quien era realmente, aquella faceta que solo dejaba para sus amigos, la de la muchacha amable, que se preocupaba por todo y todos - Shin... deja de llorar de ese modo, se te caerán los ojos si sigues -su zurda fue a parar a la nuca del chico, acercando su faz a la propia, para así pegar ambas frentes, mientras la diestra se encargaba de limpiar con el dedo índice y pulgar las lágrimas que el chico estaba derramando, regalándole una suave sonrisa que buscaba contagiarle, sin saber siquiera que no era la primera vez que hacia algo así con él, porque aquello era un acto un tanto típico en su niñez para con Shin, pero no negaría que un sentimiento de nostalgia se agolpaba en su pecho, separándose con extrema lentitud, pero igualmente con un leve sonrojo al tomarse aquellos atrevimientos - No importa si ya no te recuerdo o no Shin, tampoco digas que todo aquello que aseguras vivimos no importa realmente... tú me querías ¿Verdad? Éramos buenos amigos ¿Cierto? Entonces, buscare consolarte aunque no te agrade, después de todo una amistad se supone que está ligada por los sentimientos y las memorias... pero si yo no tengo lo último, solo queda buscar nuevos momentos ¿No lo crees así? -en esos instantes no lo estaba viendo, sus ojos se posaron en cualquier otro lugar que no fuera Shin, se estaba muriendo de pena por hablar de una manera tan libertina y tan segura, cuando la realidad era que solo deseaba dejase de llorar - Yo... no sé si algún día podre recordarte, no puedo, ni quiero mentirte… pero... -un largo suspiro resonó como una delicada melodía, acompañada por la sinfonía de la lluvia - Cuando te vi llorar... sentí que iba a romperme... es curioso, nunca antes lo había sentido, y créeme que no eres el primero a quien veo sufrir por culpa de mi memoria, por ello, creo que algo en mi aun te recuerda -sus ojos regresaron al rostro masculino, la zurda se elevó para tocar con cuidado aquel parche. No podía terminar de creer que aquel joven hubiera entregado algo tan valioso por protegerle, o al menos es lo que él decía - ¿Fue... mi culpa? -la normalmente brillante mirada oliva, se había opacado, su pecho ardía, y las lágrimas se estaban derramando mientras ella no entendía que le pasaba, era como si su yo del pasado controlara las emociones, mientras la Megumi actual no podía hacer nada para oponerse a demostrar tanta fragilidad frente a alguien que decía conocerla, quererla y al mismo tiempo estar enfadado porque ya no compartieran un pasado que aun seguía ahí - Yo no... ¿Porque estoy justo ahora...llorando así…? -la mano que no estaba en la faz de Shin toco su propia mejilla, cerciorándose de que las lágrimas realmente estaban volcándose - Shin yo...
- ¡Aquí estabaaaaash Tukiyami! -el chico que les había invitado al bar se encontraba a un lado del cubículo, al parecer un tanto ebrio y completamente colérico, apreciando la escena con enfado y cierta indignación al notar lo cerca que el soldado y la policía estaban - ¿Comooo te atrblesh a hasher llorar a Megumi-shama? -la cara de Megumi era un poema, no comprendía ni pio de lo que estaba pasando, pero antes de tan siquiera hablar, su amiga sirena había llegado corriendo, excusándose por no poder detener al ebrio muchacho
- Vámonos -murmuro sacando dinero de su billetera, colocándolo en la mesa, volteándose para tomar de la muñeca a Shin, saliendo con él fuera de aquel bar, utilizando salida de emergencias que daba a un callejón, dejando adentro a su amiga y el alcoholizado muchacho completamente pasmados. El problema de hacer aquello, es que afuera estaba lloviendo, sin embargo a la ardilla no le molestaba un poco de agua, era mejor eso que aguantar las preguntas del par de amigos de ambos, mismas que no tenía intención de responder - Lamento haberte sacado así Shin... pero, dudo que quisieras hablar con ellos justo en ese instante -completamente mojada de pies a cabeza, la policía acomodo unos cuantos mechones pegados a su faz detrás de la oreja, intentando retomar la charla desde un punto más agradable - Lo que te dije en el bar era cierto... quiero recordarte Shin, cada que te veo, siento que es posible hacerlo contigo... y si no se puede, al menos me agradaría volver a tener aquella amistad que tanto añoras... porque creo que algo dentro de mi te tiene un cariño muy grande -carraspeo fuertemente, relajando el semblante - Aunque no esperes que te diga cosas tan penosas de manera seguida -un pequeño codazo en la cintura del lican lo invitaba a relajarse también, aunque fácilmente podría mandarla a comer nueces - Entonces... ¿Crees que... puedas tolerar tenerme cerca?


En esos momentos lo mejor a su parecer era cortar aquel doloroso tema e intentar iniciar de nuevo, pero también estaba al tanto que, hiciera lo que hiciera, aquel pasado olvidado la estaría persiguiendo y un recordatorio de ello era el collar que aún se mantenía sujeto a su cuello, sin embargo, no todo el pasado parecía ser malo, Shin era una prueba de aquello y esperaba, en lo más profundo de su ser, que su reencuentro fuera un buen augurio y no el prólogo de otro aterrador suceso.

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Re: Te recuerdo... [Priv. Megumi]

Mensaje por Shin Tsukinami el Lun Dic 26, 2016 6:31 am

Su mirada permanecía clavada en la mesa de madera que parecía desenfocarse de su vista, en primer lugar porque las lagrimas seguían agolpándose contras su ojos y en segundo, porque sus manos seguían cubriéndole el rostro. El licántropo podía escuchar perfectamente su corazón repiquetear con fuerza contra su pecho, alborotado, inquieto y a la vez temeroso. La pérdida de la memoria por falta de la castaña estaba afectándole demasiado porque ¿Quién no sufriría al enterarse de que su única amiga de la infancia no le recordaba en lo absoluto? No prestaba atención a nada más que al hecho de que ahora todos las cosas vividas con la ardilla no serían más que sombras borrosas existentes sólo en su mente; nada más. Punzadas terribles recorrían su cabeza desde la parte central de su frente hasta detrás de su oreja izquierda, síntoma que denotaba su estrés emocional del momento; no levantó la mirada sino hasta que la contraria se aproximó a él y se sentó a su lado, dejándolo arrinconado contra el muro y la ventana  ¿Había dicho algo sobre morder la lengua? sus ojos se elevaron para buscar los de ella, aún sollozaba y aunque intentaba controlarlo le era imposible; desvió la vista una vez más, esta vez al lluvioso exterior donde las personas corrían cual hormigas buscando donde protegerse de la tormenta. Necesitaba distraerse, pensar en cualquier cosa que no fuera la chica de ojos verdes que en ese momento sujetó su nuca y volvió su rostro hacía el suyo; si Shin hubiera estado en sus ánimos usuales, quizás habría bromeado al respecto o hubiera intentado robarle un beso.... pero no era así, en su lugar, sus mejillas habían adquirido un rosado pálido y su semblante estaba ahora debatiente entre la nostalgia y el cariño porque, si no mal recordaba, así solía tomarle la chica cuando eran mas pequeños. vaya que lo recordaba "Shin baaaaka, te dije que me esperaras y no lo hiciste, ahora me deberás tres nueces" aunque, si lo pensaba mejor, la ultima vez que la ardilla le había sujetado de ese modo había sido para besarle antes de salir huyendo poco después de una curiosa confesión... eso había sido solo un par de días antes del incidente. Tragó saliva e intentó contener un par de lagrimas redondas que, pese a sus esfuerzos, escurrieron por sus mejillas y fueron secadas por los suaves pulgares ajenos. Megumi no había cambiado, no lo había hecho en lo absoluto... parecía tener el mismo carácter de siempre, la misma gracia y el mismo compañerismo hacia sus cercanos.


Cada una de las palabras que la joven le dedicó momentos después causaron un remolino en su mente que ni él mismo fue capaz de comprender por instantes ¿Preguntaba si la había querido? ¡Claro que lo había hecho! ¡El realmente la había apreciado! fue la única compañera que tuvo en su niñez, donde su padre y hermano no le prestaban la mínima atención, su madrastra le jodía la existencia a cada minuto del día y su medio hermano arruinaba sus pertenencias una a una... entre todo ese caos, Megumi había sido su balsa salvavidas, la que lo sacaba de la tormenta para llevarlo a un lugar calmo y sereno, a las tardes de diversión y a las travesuras infantiles que perdurarían en su mente grabadas a fuego. De verdad la había querido... no por nada había terminado siendo ella su primer fantasía, la primera persona que llego a gustarle y aquella a quien consideró para pasar mucho tiempo juntos, algo que jamás se dio por el incidente del bosque y su partida al ejército. Asintió por ello a las palabras de la chica; si... la había querido y la quería aún ¿Si no por qué estaría tan abatido? Esas preguntas inundaron sus pensamientos y pronto los mismos se interrumpieron al sentir el suave contacto de la mano femenina sobre uno de los extremos en su parche ¡Ahora ella se culpaba? ¡Esa no había sido su intención! no quería hacerla sentir culpable, solo... solo lamentaba que su esfuerzo hubiera sido vano; porque Shin habría dado ambos ojos si pudiera haber asegurado que Megumi regresaría completamente a salvo a casa... -No... no fue asi...- dijo aquello en un susurro intentando controlarse un poco pero sin lograrlo, terminando por abrazar a la castaña al no soportar verla en estado de tristeza. había pasado cuatro años de su infancia protegiendo su sonrisa como para arruinar eso ahora. Sin embargo, algo parecía estar en contra de ambos, pues no habían pasado mas de dos segundos desde que sus brazos rodearon a la joven cuando su ebrio amigo entró siendo seguido por la acompañante de la ardilla que evidentemente intentaba detenerlo. No fue necesario que el licántropo emitiera palabra alguna, pues la policía ya había tomado el control de las cosas y le jalaba al exterior del bar donde no tardaron más que escasos instantes en quedar completamente empapados.


El agua manchó rápidamente sus anteojos y fue necesario para el rubio retirarlos de su rostro y guardarlos en un pequeño estuche que sacó de su bolsillo. Continuaba sin hablar prácticamente nada, le costaba encontrar una manera de entablar una conversación cuando minutos atrás había acabado mostrando sus sentimientos al desnudo ante una completa extraña porque, si bien, Megumi era alguien preciada para él, en sentido contrario ella no le conocía de nada y probablemente le estuviera considerando un loco por llegar y contar todo eso sin más. Aún asi, no pudo evitar sentir unas palpitaciones fuertes en el pecho cuando la menor reafirmó (tal como lo había hecho en el bar que quería recordarle y que haría lo posible por hacerlo... aquella promesa le daba esperanzas, por mínimas que estas fueran, de recuperar a su amiga, los momentos y que todo volviera a lo que había sido antes. Que pudieran reírse de ese momento, Shin lo soportaría, de verdad que lo haría: dejaría a la ardilla reír todo lo que quisiera de que el día que se reencontraron el había llorado como un niño porque ella se había olvidado de él. Estaba dispuesto a todo si ella recuperaba sus recuerdos. Lo siguiente que ocurrió lo tomó por sorpresa, no esperaba que ella le diera un codazo y comenzara a hablarle con la confianza que se tenían antes, como si realmente se acordara de cual era la relación entre ellos; se llevó la diestra al rostro y limpió un poco el agua que escurría por su nariz y barbilla, ahora no eran lágrimas, sino la fría lluvia -Quién querría que le digan cosas tan cursis todo el tiempo...- murmuro sonriendo nostálgico, aunque de su semblante no se borraban los rastros de la tristeza previa. Sólo quería que aquello no se volviera más incómodo de lo que ya era, por eso siguió el juego de la de olivos ojos -Uhhmmm... no lo se... creo que podría hacer el intento por soportarte... si.. podría intentarlo- le sonrió de nuevo, no le importaba lo más mínimo que su cabello estuviera escurriendo y que su ropa estuviera quedando cada vez más pesada y vulnerable al frío; lo único relevante era la sonrisa que comenzaba a formarse en el rostro de la fémina. -Bien... supongo que toca que me presente de nuevo- suspiró volviéndose a la chica y tendiendo la mano derecha hacía ella con una media sonrisa -Un gusto... mi nombre es Shin Tsukinami... y esta vez no te estoy masticando...- bromeó con aquello intentando hacer más liviana la charla entre ambos. Digo, en su primer encuentro con la Hoshino la había dejado babeada y luego había sido golpeado por raro.... muy mala primera impresión. Y ahora, en su segundo encuentro, había roto un tarro y... y sobra decir todo lo demás. El licantropo dedico una nueva sonrisa a la joven y una idea se cruzó por su cabeza al mismo instante en que un relámpago iluminó el cielo -Megumi... me dijiste hace un rato que tu falta de memoria es retrospectiva desde los doce años, ¿no?- se llevó una mano a la nuca y sacudió un poco con ella sus cabellos, salpicando algo de agua -Quiero saber que fue de ti después... desde que tengo 16 no volví a saber de ti y no negare... me siento curioso. ¿Te apetece ir a cenar conmigo? Hay algunos restaurantes agradables por aqui cerca...- empezaba a recobrar su ánimo, al menos una parte de él, la parte que le permitía mantenerse con compostura  y tomar su pose de amigo servicial -Yo invito... después de todo tu pagaste las bebidas aquí- señaló con la cabeza el local que habían abandonado -¿Que dices? ¿Te apetece?-


En aquel momento, el rubio no estaba interesado en lo que pudiera reclamarle luego su compañero de guardia, eso le valía poco o nada, tampoco le importaba mucho tener que dar explicaciones luego o llegar un poco mas tarde de lo usual a su casa. Megumi tenía toda su atención y quería explicaciones: quizás los dos habían estado solos pero ahora estaban juntos de vuelta, el destino por algo los había reunido y si la ardilla no podía recuperar por si misma sus memorias y todas las que tenía previo al accidente, el se encargaría de ayudarla. Alguna explicación debía tener todo aquello. Juntos tendrían doble oportunidad de resolverlo... si tenían suerte, podrían incluso encontrar a los sujetos de aquella tarde. La vida acababa de ponerlos en un tablero de ajedrez gigante donde sólo ellos dos podrían definir si el juego se ganaba o se perdía.

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